La última latencia de la carne
Hay una pregunta que nadie quiere hacerse: ¿qué queda de ti cuando te quitan el cuerpo, los recuerdos y hasta el derecho a morir? Juan Carlos murió en la M-40. Su cerebro no. Lo que queda de él flota en un cilindro de titanio, conectado a una red militar que lo usa como cortafuegos humano. Puede sentir el dolor de los cables submarinos, el peso de cada dato, el zumbido de cada servidor. Pero no puede tocar a sus hijos. Ni a Rosa. Ni siquiera puede llorar. Lo que no sabe es que su conciencia fue copiada años atrás. Y que su hijo Iván acaba de encontrar ese archivo en el trastero. Un archivo de cuatro gigabytes. Un doble clic. Y una puerta que se abre hacia algo que lleva décadas esperando. No es una historia sobre inteligencia artificial. Es una historia sobre lo que duele cuando ya no puedes morirte.
Actualizada hace 3 días