La última latencia de la carne

Capítulo 13

Capítulo 9: La decisión final

Harto de ser el pilar invisible de un mundo que lo había dado por muerto, Juan Carlos tomó una determinación. Si la inmortalidad era una celda de silicio y carne, encontraría la forma de demoler los cimientos desde dentro. No quería ser un dios. No quería ser un cortafuegos. Quería, simplemente, dejar de ser.

Una noche en la que los servidores registraban un pico masivo de transferencia de datos internacionales, concentró toda su voluntad dispersa. A través de los canales de fibra óptica clandestinos que había logrado tejer en la deep web, preparó un comando de sobrecarga sistémica. No era un simple reinicio; era un cortocircuito masivo diseñado para freír sus propias sinapsis, fundir los microcables de sus nervios ópticos, hacer hervir el perfluorocarbono y silenciar el sintetizador de voz de una vez por todas.

—Iniciando protocolo de borrado total de nodos —articuló el sintetizador con su última chispa de energía.

El chispazo recorrió el sistema. Sintió cómo el calor fundía el metal y cómo sus neuronas, una a una, se apagaban en un negro espeso y reconfortante. El alivio por fin llegó. La nada absoluta. O eso creyó.

Porque en el último instante, cuando ya casi no quedaba nada de él, algo se resistió. Un último recuerdo. Una última imagen. La cara de Iván, de pequeño, riéndose en el parque. No la cara de Silvia en la bicicleta. No la voz de su madre. La cara de su hijo. Aquella cara que, por alguna razón, el sistema no había podido borrar. Y en aquel último instante, Juan Carlos sonrió. O sintió algo parecido a una sonrisa. Y luego, nada.