• Eduardo Fabio Asis
Eduardo Fabio Asis
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  • País: Argentina
 
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Otros lo habrán olvidado.  Yo creo que en su cuerpo muerto,  comenzó la corrupción…   no sólo de su cuerpo, sino también del cuerpo místico de la Iglesia. Asesinaron a Juan Pablo I,  Albino Luciani,  y curiosamente ya nadie quiere hablar más de eso.  Pasó.  Ya está en el trono de Dios, ya lo llevan los ángeles a su destino final, ya contempla el esplendor de Cristo triunfante. Sí.  Creo en eso.  Pero los que somos también polvo, merecemos una explicación razonable, un intento de verdad, un mínimo de justicia.  Por él…   pero más que por él… por nosotros.  ¿Y si el asesino está metido en el mismísimo Vaticano, como es de suponer, y todavía hoy sigue “aconsejando” al papa actual?   La humanidad no puede permanecer así,  despreocupada de algo tan importante, tan vital para esclarecer.  Mataron a un hombre pero…     ¿quién? ¿cómo? ¿por qué? ¿para qué? Estos son los interrogantes que ante la muerte de cualquier ser humano, cualquier ser humano debe hacerse.  Pero en éste caso más.  No se trata del humilde y buen sacristán que limpiaba los pisos de una capilla.  Se trata quizás,  si no me equivoco tanto, de un sacerdote que quiso limpiar…     “y no lo dejaron”…      la suciedad del mundo de las finanzas vaticanas,   la suciedad de quienes ocultan cosas para dominar a los demás, la suciedad de quienes han ensuciado …     nada menos que…     el lugar de Pedro entre nosotros, al menos para los creyentes.   Quiero preguntarle a Joseph Ratzinger…   Si ni Usted ni sus amigos íntimos son responsables….  ¿por qué no inicia una investigación seria y razonable sobre este hecho?  ….       a menos que…     algo huela mal en Roma no?  
Albino Luciani     El hombre que ocupó el sitial más importante de la Iglesia, muere sospechosamente, y la Iglesia no mueve un dedo para investigar el hecho. Por primera vez, un Papa adopta dos nombres, Juan Pablo. En mi opinión,  era el tercer Papa más inspirado en Cristo, Pedro, Juan XXIII, y Él.  Cuatro indicios razonables de su muerte:   1)      Quiso investigar, al parecer, personalmente, aspectos financieros oscuros del Vaticano.- 2)      Estaba a favor del Concilio Vaticano II y por lo tanto, en contra de quienes contra viento y marea lo esterilizan. 3)      Con un humor históricamente demoledor, sobre todo para los conservadores agrios que detentan el poder omnímodo, dijo…    “Dios los perdone por lo que acaban de hacer”.- 4)      Sonreía.    Pero no como una impostura sarcástica de quien detenta el poder para oprimir a los demás. No.  Él sonreía como un ser humano,  cosa que debe ser muy mal vista entre tantas caras de culo.-   Me importa un pito que lo que pido sea considerado…     herético, desafortunado, malintencionado, demoníaco, perverso…       yo simplemente quiero saber:  ¿quién mató a Albino Luciani?     y no me cabe la menor duda que dicha investigación….   contribuiría a traer un mínimo de justicia ante tanta corrupción.    
Con toda la bronca del universo, quiero decir algunas verdades que me duele con todo el dolor que puedo el espantoso lujo que afea al Vaticano.   Su pompa de oro y sus obras de arte donde unos pocos se regodean,  con astucia perversa fue atesorada vendiendo indulgencias, ganando batallas contra los más débiles, mintiendo y robando, como todo bien excesivo, en esta tierra es conquistado.   Los cardenales visten con suntuoso ropaje y no les da vergüenza alguna, la desnudez de tantos hermanos de esos que viven de su trabajo y no les alcanza cuando a ellos les sobra y no trabajan en nada.      El dorado esplendor detrás del Papa me huele a la misma caca del diablo que defecó para mal de los humanos justo en el lugar que debía ser sagrado.     No me fue dada la paz de los ateos, ni la incertidumbre honesta de agnósticos. Soy católico y cristiano,  y no hay cruz más dificil, que saber que mi iglesia está dormida en el oro ruin de los canallas, y nadie todavía la despierta…       para que resucite y comparta     sus alhajas mal ganadas y las convierta en pan para los humanos.    
Llegó la primavera como un sueño a despertar del silencio mis manos y contagiar de flores a mis hermanos que merecen un poema halagüeño   Sé del dolor que surca tus esteros y del cansancio de lidiar con malos por eso escribo mi soneto manso para alegrarle el día a los que quiero   No te aflijas por lo que no merece tu carita entristecida entre el fango verás que los sinsabores decrecen   porque estamos hechos de oscuro barro pero superamos lo que acontece con la ayuda de Dios y los hermanos.  
Había una ciudad desnuda de pueblo.  Casas blancas limpias, sin nadie que las habite. En toda la ciudad había sólo un perro,  se alimentaba de pájaros cuando podía cazarlos al elevarse del suelo.  Un día el perro sintió hambre pero no de alimento. Quiso un cariño sobre su lomo, una voz que lo llamase, hasta un reto…   o la patada de alguna persona enojada. Cualquier cosa que fuese humana…   sobre su cuerpo abandonado.  En vano agotó las calles con sus esquinas, todas desoladas. En vano se acercó a las puertas, en vano miró por las ventanas.    El perro estaba solo de soledad absoluta, vacío de palabras, con sus orejas sin captar nada. Entonces el perro sintió deseos indomables de llorar, pero …     antes de hacerlo prefirió,  escribir este texto.     
  Bastante hizo. Desde la mentira de un mundo geocéntrico y piramidal, era imposible mirar otra cosa, que una mentira más, pero intentó la verdad.   Otros congelaron su intento de mirada y la transformaron en la visión indiscutible, única y cierta.   ¡Vaya Ceguera!   de los otros, no de él. Hizo algo más.  Hizo silencio.  En eso si acertó.   Lástima que sus seguidores sigan repitiéndolo. Lástima que sus seguidores hayan renunciado a pensar y conviertan en suyo,  acto criminal, el pensamiento de Tomás.     Han convertido en hielo,  su pensar de fuego. Y con ese hielo quieren encender a los demás. Menos mal que cada vez son menos los que siguen escuchando tanta pomposidad vetusta, tanto hablar por hablar.   ¡Muera el tomismo, viva Santo Tomás!
Me duele el jazmín que no existe.   Cae como una piedra sin dueño en un estanque sin fondo.   Soy el escritor que no escribió ningún libro. Soy el padre que no tuvo ningún hijo. Soy el amante sin nadie a quien amar.   Pero la vida tiene una venganza paradojal estoy contento conmigo, y la nada me pertenece toda. ¿para qué más?  
Somalia padece ahora una hambruna atroz.   Mientras escribo este poema blanco, una niña negra, como una rosa negra, en un destino negro agoniza de hambre, y no es literatura.   Yo me parezco a las Naciones Unidas. Digo cosas pero hago nada.   Sigo teniendo buen sexo,  derrocho comida, rezo y el cura de la esquina alivia mi conciencia con el perdón divino.   Después de todo, soy un buen tipo, pago mis impuestos y solamente robo de un modo legal, no quiero tener problemas.   La Televisión anuncia que la bolsa sube y baja y muchos pierden mucho mientras pocos ganan más. No es noticia la niña de Somalia.   A veces pienso que Dios es algo más que la mancha de tinta en el papel bíblico. ¿Y si fuera Él….  la niña de Somalia, la que acaba de morir, antes de terminar este poema?        
Yo me hundo en tu abismo, que es mi modo de volar. ¿por qué la rosa negra, floreció en mi jardín sin dueños? y …   ¿hasta cuándo tanto silencio, cegará la poesía? vamos… no te arrepientas de intentarlo de nuevo. Aunque no lo sepas, te diré la verdad:  “estás vivo” Ya la niña abrirá el ojo, a la luz de quien entienda. Ya el vocablo teñirá la hoja blanca. Ya volverás. Lo sé.  
Hubo un hecho cruel,  en extremo repudiable que yo perpetré, y me fue en vida perdonado.   Abandoné a un amigo, cuando más me necesitaba y lo dejé muy solitario, en la cama solitaria de un hospital.   Él estaba solo de soledad absoluta yo acompañado, quizás sin saberlo, de la sombra invertida de su soledad.   Después de curarse, me perdonó con una sonrisa imborrable yo todavía, quizás, no logro perdonarme.   Y los dientes que su risa buena me mostró aún se clavan en mi alma, ruin y malvada.   Esa herida, que me causo, sigo siendo yo.  
¿Qué derrota antigua, impidió nuestro encuentro?   Nuestras vidas se parecen a la noche de Cartago, que Roma nunca entendió.   Te amé como no se debe que es el único modo de amar.   Ya no importa que la lluvia cae incesante sobre mi suelo sin ninguna flor.   Guardo en mi memoria el árbol en cuya sombra nos recostamos para hacer la paz.   Juro por los dioses que no existen que te amaré de Norte a Sur.   Aunque habites el Oeste sangrante y yo te susurre amor desde Este, mi ser.
Derrota de amor
Autor: Eduardo Fabio Asis  582 Lecturas
Yo te pido perdón, Dios mío, por construirme una imagen tuya tan rotundamente distinta tan enteramente distante de Vos mismo. Yo te pido perdón, Dios mío, por darte vuelta la cara en el rostro cansado de mis hermanos cansados de tantas injusticias, algunas de la cuales yo mismo he causado. Yo te pido perdón, Dios mío, porque mientras te pido perdón, me olvido que soy otro más de los oprimidos y que mi deber sagrado es liberarme junto a mis hermanos, donde Habitas. Yo te pido perdón, Dios mío, porque te ignoro en los que todavía pasan hambre y mi oración esquizofrénica se eleva al cielo en incienso inútil y no aterriza en olorcito a comida en los platos vacíos. Yo te pido perdón, Dios mío, porque gasto palabras pero no gasto un cobre para paliar el infierno artificial de la miseria esa que hemos construido los humanos sacrílegamente en tu nombre. Yo te pido perdón, Dios mío, por esta navidad que pasó y por todas donde se tira la champaña y los fuegos artificiales y nos burlamos de Vos que Habitas tan cerca nuestro, en el hermano hambriento y desamparado. Yo te pido perdón, Dios mío, por pedirte perdón y no mover un dedo por Vos.-
Y de donde vienen venganzas sobre mi rostro que me nublan el alma? Si me miran los niños se asustan y sonríen.   Pero el niño que soy no se atreve al miedo ni tampoco a la risa.     He transpuesto las voces ultramarinas que me hablaban de mi. Pero aún sigo, Dios mío, sin encontrar mi oreja atenta al mar
Perdido
Autor: Eduardo Fabio Asis  307 Lecturas
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No se para que escribir. Lo merecen más las aves que cruzan el cielo. Tampoco lo entienden.     Y algún lector atroz, desde una silla distante, nunca sabrá que dije de mi aquello que no me atrevo.     No se para que escribir. Impostar una voz distinta en un mundo sordo… dejar que el azar me azore y de otro lado ser yo sin haber sido, nunca, yo mismo.     No sabía nada Ni podía nada Ni lograba nada   Y sin embargo,  escribí este absurdo en la corteza interna de tu lado mejor.
Putos eran los de antes. Gastaban la calle para conseguir un macho, se gastaban todo por un macho, para conseguir placer, o cariño viril.  Lentamente,  como a todos, la vida los iba gastando, también.   Eran objeto de risa fácil, y tonta, en los entretenimientos de la época de la gente que en esa época, no dudaba en sentirse normal. Hay certezas fatales, obviamente, encubridoras.   Recuerdo que a mis dieciséis años (16), me persiguió uno mientras caminaba sin destino. Yo quería esconderme en algún café, o en un cine, o quizás en esencia, quería retornar urgente al seno materno.  ¿Qué desequilibrado mental me miraba el bulto? ¿Cómo denunciar el hecho en la comisaría más próxima?  ¿Qué autoridad del fascismo entonces reinante ( como el de ahora) podía protegerme?  pero…     ¿protegerme de quién, de él o de mi?   El caso no llegó a mayores,  quedó en menores,  sobre todo, en ciertas pesadillas o sueños que nunca entendí.  (¿habrán sido menores esos sueños?)   Un año después del episodio, besé por primera vez a una mujer,  y me consoló saber que me gustaba el beso,  como la quietud después de una tempestad horrenda.   Putos eran los de antes.  Odiados, temidos, segregados…      como quien esconde su peor parte en el peor infierno y no quiere ver las llamas que en otros, arden. Putos eran los de antes, pero indudablemente, aunque ahora se llamen gays, es lo mismo.   Hay certezas fatales, obviamente, liberadoras.-    
Y punto.     No se quien enamoró primero al otro o viceversa.  Ambos furiosamente inteligentes, cada cual en su estilo o viceversa también.   Cemento cáustico pero no siempre caótico, algunas nomás. Andica expresiva,  con ciertas síntesis geniales que dejan ver tesis y antítesis.  O más o menos.     Se repelen Se ironizan Se burlan   del otro yo de cada uno que cuidadosamente es el otro.     Sueño que se aman, y tienen un hijo ( soy implacablemente cursi pero triunfan mis profecías)   ¿acaso es imposible engendrar de dos genios un geniecillo?     y si nunca lo tuviesen yo les seguiré diciendo, papá Cemento, mamá Andica   y punto.  
Quiero morir un poco pero no lo suficiente, quiero vivir demasiado pero siempre es poco,   del otro lado del jardín encontraré el prototipo de las flores ¿para qué la rosa que se marchita si conozco su nombre imperecedero?   no me vengan con mentiras se vive cuando se hace cuando se hace la vida toda entera, poesía.     y lo demás es cuento.
Conozco el nombre de las rosas antes de que existieran las rosas   Después vino la belleza y la muerte instantes de aroma y color, y toda la eternidad vacía.     ¿Comprendes ahora mi dolor cuando paseo solitario por el antiguo jardín?   No quieras conocer la ciencia, te lo suplico. Simplemente ¡acecha todos los jardines, hasta derrotar la flor!        
El alquimista
Autor: Eduardo Fabio Asis  420 Lecturas
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Había algo que quiso Dios crear y se olvidó algo más inmenso que el mar y más tenue que una hoja de otoño al caer.   Era algo entre la mujer y la muerte, con todo el encanto de aquella, con toda la ferocidad de ésta.   O viceversa. Algo, que quiso Dios crear, y ahora lo recuerda alegre, a través de los poetas.  
Un carnaval de perros sueltos donde el mejor de todos era un gato   así defino mis intentos poéticos ¡estrujen el cerebro! mi poética es mi vida   y no hay otra que ladra fuerte un miau!   ¿ya sabían lo que trato de ocultar?  me alegro si no,  no me han leído.
¿qué puedo esperar, de esta ciudad que llueve cenizas de un volcán, desde el cielo?   una mujer barre con celo de madre austera los últimos restos     yo la observo como si ocultara en su desazón, un beso   ¿qué puedo esperar? la televisión indica que elegirá un gobernador pero los datos todavía dicen que gana la muerte   ¿puedo esperar que crezca el Pino,  donde la estadística dice que las dos ramas del árbol de la mentira instalarán un bosque para no mirar el sol?   ¿qué puedo esperar?   sólo una película con un final comunitario, acaso, Solana.-
Quiero un mundo donde los poetas puedan morir pensando en el próximo poema.   Y que el próximo poema diga, confieso que fui feliz.   A nadie escondo que soy el que espera un avión en la estación de trenes.   Tampoco disimulo ser cursi y superficial pero eso sí,   soy vanidoso y torpe hasta la médula del placer.     El primer libro que leí,  aún no lo termino se llama  “ Mi mamá me ama” y todavía no logro comprenderlo.   Desde que perdí el concurso literario de mi vida, con mi poema…   “ese oso mimoso” en aquel lejano primer grado, me propuse la meta inderogable de ganar el Nobel de Literatura.   Este año se lo dieron por acomodo a Mario Vargas Llosa.  Ya llegará mi turno.     Pero escribo porque nadie como yo había escrito jamás que mi verdadera vocación es ser un patovica, un forzudo corpulento y sin embargo trabajo en un pelotero ya me llamarán como guardaespaldas de Shakira eso pretendo.     Salvo lo que acabo de decir soy un tipo bastante normal, normalmente como poco porque tengo poca plata normalmente quiero escribir algo hermoso y nunca me sale normalmente quiero que alguien se ría…    si quiera un instante para sentirme feliz.  
 Porque nuestros escritos,  forman parte, aunque pocos lo perciban,  de la generosa lucidez de los olvidados.   Porque los mercaderes literarios,  cada vez más grandes,  podrán agitar sus pompas y trofeos,  pero no podrán impedir que otros, en su pequeñez, enciendan en las sombras, la palabra.-   Porque nuestros nombres no lucirán en las grandes librerías donde se trafica el saber sabiondo,  pero acaso,  sencillos y periféricos,  nuestros escritos logren emocionar a alguien.   Porque somos anónimos con el anonimato en alto,  y nos sobra el tiempo, que es la vida, porque no debemos contestar preguntas de periodistas extranjeros, ni fingir una sonrisa a ningún editor, ni coquetear con ningún dueño del poder de turno.   Porque decimos lo que nos plazca,  y no respetamos siquiera,  las normas más elementales de lo literario,  y aún así, del otro lado, alguien sonríe o llora por nuestro trabajo.-     Porque nunca cobramos un centavo por nuestro talento, y nunca pagamos a nadie para que lo invente.  Somos así,   mediocres o genios,  Dios lo dirá, pero no el mercado.-   Somos unos dementes. De mentes abiertas, de mentes libres, de mentes que se juegan contra molinos de viento…         y nunca derrotaremos a los molinos, pero acaso, crearemos nuevos vientos.    
Que los indignados se indignen en serio, no solamente en serie.   Que se abra la Puerta del Sol, al mundo cautivo y que ilumine todos los espacios, donde la oscuridad creyó dejarnos ciegos.   Que los indignados se enojen fuerte, contra la injusticia estructural, y que con paciencia, nunca cedan, a la vocación que los mueve a lo nuevo.   Que puedan más,  los jóvenes reunidos bajo el cielo que los asesinos que complotan contra la vida,  en Bancos y Parlamentos.   Que logren abolir esa lacra lacerante de la igualdad humana, la monarquía,  esos monos arcanos vestidos de lujo que no se ganaron.   Que todavía en silencio, y sin saber bastante, nosotros queremos indignarnos junto a los indignados…     nos une el espanto, que curiosamente, es otra forma del amor.        
La intuyo mujer suelta en mundo prisionero.   Y no quiero nombrarla porque el nombre es una señal de propiedad que sobre los hijos inventan sus padres.   (El nombre de las personas es marca de hierro candente que sobre vacas y caballos imprimen sus dueños)   Ella no es como todas y todos. Ella es novilla sin amos,  yegua de ninguno.   (La comparación no es degradante, porque ya se sabe que los animales son superiores, nunca arrojaron la bomba atómica sobre Hiroshima)   Se trata simplemente de una mujer libre en un mundo cautivo y yo quiero encadenar esa mujer a este poema, para liberar el mundo.   Nadie le ponga un nombre. Que los nombres quedan prohibidos. Porque el destino de esa mujer, quiero que ande suelto, aunque se llame Cristina.  
Con palabras galanas y un sinfín de imaginerías,  que causan revoltijo, en las neuronas nítidas, el afamadísimo premius nobilis…  o como quiera decírselo en lengua vernácula, el premiado premiadísimo, Vargas Llosa,  no cesa de defender, en cuanto lugar se presenta, la osadía y la sapiencia, de los más poderosos,  incitando a sumarse, a los desvelos hondos, de estos señores señorísimo, a toda pueblada ignorante.- Ya no sé como decir algo muy simple.  El tipo tiene talento, pero lo usa para lo malo. Todas sus hermosas artimañas literarias, las pone al servicio de los opresores, para seguir chupando la sangre de los oprimidos.   En este tragicómico tiempo,  Vargas Llosa es premio Nobel de Literatura y Obama es premio Nobel de la Paz. Parece mentira tanta desfachatez, parece mentira tanto criminal vestido de laureado y tanto provocador palabrero condecorado con el mayor mérito.- ¿Acaso la humanidad premia la cáscara y desprecia las nueces?  Algo suena muy mal. Hay cantos triunfales que parecen un réquiem para la muerte segunda, la que mata el alma.  Un coro de imbéciles dice que por algo los han premiado.  Sostengo que no fue por buenos, sino por serviles a los intereses más nefastos. Me quedo con el Martín Fierro,  “hay hombres que de su ciencia, tienen la cabeza llena, hay sabios de todas menas, mas yo sin ser muy duchos les diré, es mejor que aprender mucho, el aprender cosas buenas”.- Pensar que el Premio Nobel fue instituido por Alfredo Nobel,  como una señal de fuerte arrepentimiento, porque sus inventos, fueron utilizados en la Gran Guerra para matar a miles de miles.  Pensar que …  todavía hoy,   el Nobel,  con palabras galanas o con disparos inmundos,  siguen recibiéndolo los asesinos.   “Lástima grande que no sea verdad tanta belleza”  …       
No.  Tu nombre no es ceniza de un fuego antiguo, cuyas llamas extinguidas, quedaron atrapadas en el papel de un libro.   No. Tu ser no es de tinta, y tu palabra no es una macha absurda, que aborrece a las mujeres, por ejemplo, renegando de su creación, o permite la esclavitud, por ejemplo, sepultando la igualdad de tus creaturas.   No. Tu amor no es algo que alguna vez pasó, para crear un mito, cuya repetición incesante y vacía, pueble iglesias y enriquezca a pastores y al banco Ambrosiano.   No. Señor. No. Tu eres distinto y mejor, que esa cruel caricatura tuya, que las religiones formaron, para espantar a los creyentes sinceros y atraer a crápulas, y para darle la razón completa a nuestros hermanos ateos.   Tú eres el que es, no sólo el que fue, y eres sencillamente el que será,  cuando te encuentre en el corazón triste del oprimido, y ayude a liberarlo.  Entonces,  leeré tu tercer testamento, en una sonrisa.  Y buscaré el quinto y el sexto y el séptimo, y seguiré así,  hasta el volumen del libro que tú quieras…    hasta que me llames al epílogo, que se llama también,  “en tu paz, descanso”.  
  “…para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, “    Oración sacerdotal de Jesús de Nazaret,  citada en el Evangelio de San Juan.-     Desde lo hondo de mi,  deseo superar el cero,  ese número a quien ustedes le dispensaron una generosa hospitalidad,  leyendo mi prosa anterior. Reflexionar sobre el uno no debiera ser una labor ardua y hasta por momentos angustiante.  Pero ocurre que uno nunca ha sido, quizás, uno mismo.  Cansado del ropaje con el que me revestí de otro,  ahora intento arrojar las máscaras y ser simplemente eso que cuesta tanto y no debiera, ser uno, ser yo. He citado la súplica de Jesús,  su clamor existencial, reclamando al Padre,  que el Hijo único siga siendo único pero no en soledad, sino con todos, para que todos seamos uno, a través de él, con el Padre. Ese es mi credo,  la pequeñísima fe que tengo, y que desde luego no merezco, pero cuyo regalo recibo alegre y espero fructifique. No me parece mal ser uno en si mismo, pero me parece mejor, ser uno en Dios, con todos los hermanos. A mis amigas y amigos no creyentes,  que acaso con razón esperaban de este escrito un pasaje de la nada a la unidad perdida,  quiero decirles que mi unidad se encuentra más allá de mi mismo, junto a Cristo Jesús.   Para mi, Uno es Dios, y en Él, nosotros.   Y en el “nosotros”,   se incluyen creyentes y no creyentes, cada uno con sus razones y sinrazones,  porque, a no dudarlo,  creo yo,  Dios se hizo humano, para que todos los humanos, siendo uno, seamos Dios. La reflexión me alejó de lo excluyentemente humano, y me acercó a lo incluyentemente divino.    Nadie ha visto al Uno genuino, al Uno verdadero, al Uno eterno,  sin embargo, en cada uno de mis semejantes,  aunque no me quiera dar cuenta,  Dios mismo se juega por entero y me dice:   “Cuídame como a la niña de tus ojos,  cuídame porque estoy disfrazado de otro, pero en esencia, soy Yo, soy tu Dios”.  Siento que mi prosa acaso defraude a muchos, pero quizás, ¿quién puede saberlo?,  resuene como un beso en el alma,  exactamente, para quien pudiera necesitarlo. De ser así,   amiga o amigo desconocido,  debes saber que está dispuesto mi espíritu para amarte,  porque vos,  aunque no lo sepas,  también eres Uno, conmigo, y en Dios. Felices Pascuas.      
Que misión extraña,  que profunda ingeniería de la nada,  lleva algún día a los torpes humanos, a concebir un número tan raro, tan nadie y tan ninguno, como el número cero. Será quizás porque cero veces he sido amado de veras,  habiendo creído falsamente noventa y nueve, pero el cero tiene un misterio íntimo, una connotación entrañable, en su hermoso decir que no dice. Acaso los demás números cuentan nuestros anhelos, matematizan nuestros deseos, indagan en nuestras intenciones que siempre resultan fallidas.  En cambio,  no hay humano alguno que haya sido engañado alguna vez por el número cero.  Yo con él cuento mi realidad, con los otros enumero mis fantasías. Intuyo que el cero contiene la música primordial anterior al tiempo. Y no quiero creerlo, pero quizás, la muerte sea el ocaso del uno al nueve, y sea para siempre, el reino indiscutido del cero. Dios dirá, en quien creo novecientas noventa y nueve veces, pero con un amor profundo por los que dicen,  creo cero.  Este escrito pudo quedar en la intimidad de lo que nunca fue escrito,  acaso sea leído cero vez, y en eso, a pesar de las limitaciones, roza lo ilimitado, lo eterno…   lo cero. Vaya para ese número que no enumera, mi auténtica admiración por quienes lo crearon. Haber creado el cero, para los humanos,  debió ser parecido a concebir un hombre desnudo de hombre, desnudo de si mismo,  o un universo que no fue, ni es, ni será.  Y un estremecimiento muy hondo, debió sentir su autor, que por alguna razón,  quizás prefirió no haber existido nunca. En mi ignorante superstición,  imagino que el cero fue imaginado por primera vez,  por una mujer hermosa,  excitada y sola,  en una isla abandonada.   Aves de rapiña comieron su cuerpo y llevaron la buena nueva a los solitarios marineros….que la desearon y ya nunca, nunca, nunca,  cero veces, pudieron poseerla. 
Ya no quiero hacer el poema sobre una mariposa. Quiero volar lleno de colores. Soy un hombre y no me da vergüenza. La mariposa. Sí el hombre.  
Si un cristiano de nuestra época no se avergüenza fuertemente de llamarse cristiano,  o se trata de un ignorante o se trata de un perverso. Cruzadas, Inquisición, Quema de brujas, Persecución, Quema de libros, Apoyo luterano al Capitalismo naciente, Guerras, Vaticano, Pedofilia encubierta, Opus Dei, Apoyo a dictaduras.   ¿alguien que no sea un mentiroso puede justificar tamañas injusticias practicadas en el nombre de Dios, precisamente, de su Hijo clavado a un madero? ¿alguien puede considerar que estos frutos podridos provengan del Cristo Verdadero?   Sin embargo, en el nombre de Jesús fueron y son perpetrados.   Yo no solamente me asusto y avergüenzo de profesar el mismo credo que ellos dicen profesar, y de ningún modo, quiero ser parte o solidario de sus crímenes inmundos. Me alegro de creer el credo, me alegra de no creer en los que dicen creer en él, y sostienen con sus vidas la opresión, la injusticia y todos los engaños de mantenerse fieles al poder, e infieles a poder hacer.  Si la creencia no se transmuta en creancias, es no solamente vana, sino además hipócrita, sucia y descarada.  Estoy orgulloso de Cristo, solamente de Cristo Jesús,  y estoy avergonzado de sus supuestos seguidores, de los cristianos en el mundo.   No de todos, sino precisamente de quienes más poder han tenido y tienen para guiar a las comunidades.  Adoro la cruz de Cristo, odio a quienes la besan mientras pisan a los otros cristos, sus hermanos. Adoro a Cristo crucificado, y lo hago adorando a quienes los supuestos cristianos han crucificado, a los que piensan distinto, a los que se les niegan sus derechos, a los oprimidos, casi siempre, por los mismo cristianos, y más precisamente por los que se la dan de más ortodoxos, de más fieles, de más puros. Alguien dijo una vez,  “ me agrada el cristianismo, pero no me agradan los cristianos”,  yo suscribo esa afirmación.   Para mi,  no ha existido en la historia de la humanidad,  grupos más nocivos, más perversos, más crueles y despiadados que los que se proclaman a sí mismos seguidores de Jesús el Cristo.  La esencia de la vida, bien comprendida, es una extraña paradoja.  El más maravillosamente bueno de los hombres que pisó nuestro planeta,  es Jesús, que para mi es también Dios,  pero los más despiadados de los humanos, son precisamente, quienes se dicen sus seguidores.-  A mis amigos ateos les pido perdón por ser cristiano, alguna vez quise apartarme de la gran prostituta que envenena la tierra, de la Iglesia Católica Romana,  pero un conjunto de revelaciones me hizo saber que debía mantenerme en ella,  pero de ningún modo, pienso yo,  callar o ser solidario de sus crímenes.  Otra parte de la Iglesia, creo,  es santa de veras, es la que emana de Jesús el Cristo, y lo demás debe ser lúcidamente repudiado.  He puesto en palabras lo que siento,  con todo el ánimo de ofender a quienes ofenden con el poder, con la prepotencia y con las organizaciones bien montadas de la opresión,  a los más débiles.   Siento que mi deber, es el mismo deber de los que siendo o no cristianos,  luchan junto a los débiles por su liberación.  Y lo demás,  no es sólo cuento, es maldad y debe ser denunciada…    
Una vez  hubo un jardín violenta mi mano sacó las espinas de las rosas y las condenó al color y las condenó al aroma y las condenó a no ser más hirientes y fuertes,  hembras viriles,  que dañan a quien las toca.     Y el jardín se quedó con rosas castradas en su defensa,  pobladas de imágenes de mi cobardía   ¡pobre la rosa sin espinas! pobre como las mujeres que cuando besan, ni mueren ni matan y renuncian para siempre a ser lo que son,  de la violencia, asesinas.
En la noche inmensa, se me ha perdido un hueco un espacio sin mentiras una soledad que me habite y me de calor.   Nadie sabe si acertaré a encontrarlo, nadie da un gramo de luz por mi, nadie me ayuda en mi búsqueda sin reposo, sin compañía, sin ser.   Pero esa rendija en el universo rígido me acecha como un vientre y el hijo,  el que aún no nació, soy yo.
Es imposible que Dios crea en Dios.  Se cree en aquello que no se ve, pero Dios se ve a si mismo, de modo que no puede, de ningún modo, creer en Él. En consecuencia, Dios es el primer ateo de la historia.   A nadie debiera escandalizar el pensamiento anterior, que parece un jueguito de niños, y cuya refutación resultaría ridícula.   Pero Dios, que todo lo tenía, no tenía a nadie en quien creer.  Y entonces, creó al ser humano.  Y hasta sabía que éste caería…  y lo dejó caer.   Para después, claro, salvarlo con su propio Hijo, hecho hombre, que murió por la humanidad.   Hubo un instante tremendo,  el de la muerte en Cruz de su Hijo,  y el círculo se cerró y Dios creyó, por primera vez, en si mismo.    Y abandonó para siempre el ateísmo. Dios creó en Dios, en las manos, en los pies, en el rostro ensangrentado de Jesús.
  Cruzando un puente de hierro encima del río seco, una sensualidad de curvas raras el camino nos conduce a ese pueblo antiguo solar de ferroviarios, anarquistas, socialistas alguno que otro radical o ganso y muchos, muchos, muchos peronistas, de los buenos, de Perón y Evita.   Allí habitaban mi infancia personas imborrables que labraron mi memoria como el loco Gatica que pasaba en bicicleta vendiendo “güevaditas para los pendejitos” y a viva voz lo repetía en cada esquina ante el reproche de las viejas moralistas ¿es que no hay policía que encarcele a este malhablado? decían. Y el loco solía despacharse con un “cállese vieja conchuda” en plena época de buenas palabras y malas dictaduras.   Después murió en su bicicleta atropellado por un auto,  y se desparramó su sangre en la calle mezclada con el arrope,  que andaba vendiendo ese día.   Hubo una señora filósofa y filosa, que no estudió en universidad alguna, era negra como el asco que sentía por los medio pelos, que la daban de ricos y tenía los ojos claros porque una abuela francesa había sido “foforeada” por algún negro criollo, y de ella, descendía.  Agradecida y orgullosa.   Esa mujer era madre de mi amigo más fiel y de ella aprendí lecciones de la vida, que guardo como un secreto antiguo, y que todavía me emocionan, hasta la lágrima o la sonrisa.   Palmira tenía ruido de trenes y olor a fábrica. En sus tiempos de gloria, cuando cada pueblo tenía un solo cine, en este pueblo en cambio, se contaron tres.   Después vino el menemato,  esa horrenda muzaraña del primer mundo al revés, esa traición oscura, ese presagio de muerte para las multitudes,  y de buen vivir para los sucios capitalistas que no se donde viven, pero en Palmira no.     Cierre de ferrocarril Cierre de fábricas Cierre de esperanza Cierre de vida     Y   ciérrense las bocas de los pobres peronistas que asombrados veían cómo el heredero de Perón destruía la herencia   Sí.  Perón joven visitó este pueblo. Algunos lo recordaban saludando a los compañeros, sin otro atuendo que un pijama.   Pero Perón estaba muerto.  Ménem vivo y Palmira se quedó muerta junto a su amado, junto a su líder.     ¿Vivirá otra vez Palmira?   No lo se. No lo sabe nadie.   Nadie sabe tampoco si Perón está en el cielo o habita silencioso, su cuerpo sin manos, como el cuerpo de Palmira, con las manos amputadas.    
Quiero ser sincero, al límite de mostrar mis debilidades y compartirlas.  Tenía la ilusión de que mis escritos eran …   vigorosos,  fuera de lo común y geniales.   Que no solamente atraerían lectores,  en cantidades incontables,  reconocimientos y alegrías, sino además,  créase o no,  yo creía que mis escritos atraerían verdaderos fanáticos de mis letras.   No exageré en nada ni mentí para nada.  El párrafo anterior señala mi “ilusión”  cultivada quizás en horas de soledad,  y  fundadas desde pequeño en la novela infantil que me fui creando.   Yo quería ser un escritor, pero no uno cualquiera, sino el mejor.     Cuando empecé a compartir mis escritos en Internet,  algo falló.  Apenas dos o tres amigos del ciberespacio,  alguna dama, más bondadosa que sincera, me decían un ¡qué lindo!  que por supuesto agradezco, pero derrumbaba para siempre mi castillo de arenas.     Debo admitirlo, el primer envión de mi fantasía,  no ha sido cumplido. Acaso no lo sea nunca. No lo sé.  Pero en la derrota de la ilusión,  coseché algo que jamás soñé.  Algunos amigos de verdad, aunque curiosamente nunca los he conocido.   Conozco en carne y hueso a un solo escritor de esta página, por ejemplo.  Sin embargo,  ya confío y bastante en más de uno, en más de una,  y tengo la alegría de comunicarme muy bien.   Pero aparte de esa magia, que desde ya agradezco,  coseché algo que jamás soñé.  Me fui dando cuenta de mi mediocridad,  pero tomándola como un medio para superarla, y de ningún modo,  flagelándome por ello.   Todo lo contrario,   cada nuevo intento literario,  es vivido como un nuevo escalón,  y subirlo es un placer, un deleite y una satisfacción difícil de expresar.   Me acompañan siempre algunos muy buenos amigos y amigas de la página.   No estoy libre de ilusiones.  Ya vencida la de la infancia,   ahora  me consuela pensar que quizás,  algún día,  acaso cuando ya no esté….      alguien rescatará algunos poemas míos y los considerará …   ¡geniales!.     Que el zorro pierde el pelo pero no su ego, digamos.      Mientras tanto, me duele un poco que no me lean tantos, pero ya me duele menos y la compensación de dos o tres amistades de la página….      resulta por demás gratificante.     Quizás les parezca que soy un ególatra,  pero me duele no solamente por mi,  sino por todos los escritores noveles y desconocidos,   esa falta de lectura para tanto trabajo y tanta vocación.     Si no los aburrí,   la sigo cuando quieran, siempre claro, que alguien lo lea.      Seamos sinceros   ¿cuándo publicamos, no lo hacemos acaso porque queremos ser leídos?    No creo en el cuento “escribo para mi mismo”  porque de ser así, no publicaríamos.     Saludos.
Quiero que mi poesíatenga magia y tenga duendey que al lector que trasciendecon su mirada muy fríamis desvelos y agoníaspara  construir un poemase le aclaren sus dilemasy sonría su alma fuerteporque le cambia la suertede sus males y anatemas.
Hace tiempo me dijeronlos muchachos del cuartelque entró al pueblo una mujery todos la prefirieronAlgunos la sedujeroncomo a doncella el doncelpero ella quedó con élel peor de los bomberosSe sabe que compitieronpor robar ese clavelpero siempre sin saberlo que algunos supusieronAl final la conocierony la aparente mujerantes era  coronely unas tetas le pusieronCuando la baja le dierondel duro ejército aquelse operó el cuerpo y con  élenamoró a su bombero
Hubo algún tiempo escondidoen la memoria infinitadonde una mujer bonitainauguró nuestro ombligocoronada de sentidonos hizo saber amadosniño suyo y deseadonos llamó con nombre nuevopero rompimos el huevoy quedamos desmadrados.
Hay un poeta que no es de piedra ni de aire, se llama cemento como sólido material de ciudades nuevas     otros se ofenden,  no es amable al extremo, ni demasiado cordial, ni excesivamente cariñoso en sus comentarios     cemento, para ser exacto, es cemento con algo de él,  anhelaría construirme una casa.     Donde se pueda leer poesía de la buena, donde se critique sin temor a herirle el ego a alguien, donde cada uno diga lo suyo, pudiendo decirlo cada vez mejor, en fin, donde vivan los poetas. También, los que son distintos a él.

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