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        Hay renglones vacíos, que se hacen notar,      por ausencia de su alma, por ausencia de       su identidad...que expresaban  palabras que,      sigilosas, buscaban anidar, donde el sentimiento,      el más puro entre todos,tenía un sitio de felicidad.      Hay renglones vacíos, sin letras de tinta negra      que dejan al descubierto...un vacío de soledad,      un vacío que duele..porque enellas...en ellas       estaba el alma que me ayudaba a caminar       Vacíos sin sus melodías , que me hacían lagrimear,      cuando analizaba mis palabras..las que yo...      en verbos expresaba para colocar a mis poesías      el marco de mis sueños...que nunca fueron...      que nunca fueron en mí...una realidad.      Imagino leer en esos renglones vacíos aquellas      frases que me enaltecía ,dentro de la tinta negra,       frases que me enseñaron que más allá de mi vida      otra vida...¡una hermosa vida ! podía encontar.       Hoy...esos renglones vacíos, hablan de un olvido       y mi vida...sin ese aliento quimero,he de continuar.       Pero, en mis renglones ocupados  de tinta negra       habrá palabras escritas extraida del mejor...pero       ¡del mejor de los abecedarios !, y con un perfil       de nostalgia ,en ellas mi promesa he de dejar:       serás esa luz brillante que quedó...allá, en el horizonte       para yo poder mirar cuando mis recuerdos se apaguen,       y... con esa melodía nueva en mi alma poderme marchar                                     Raquel...       
          Serena la noche ,  poblada de estrella,      parece que luce,  un vestido de seda .      El sol ya sabe, que ella es muy bella,      y ella del sol,   que tiene alma de poeta.       Todas las mañanas ,   al cielo le cuenta      que en todas las tardes  se esconde      en el ocaso , para ver pasar a su noche      vestida de fiesta      ¡pero el sol se duerme!...     ¡se duerme....! ....¡se duerme!...¡se duerme...!      La noche lo acuna,y al oido susurra:     "duérmete querido...duérmete mil sol";         muy de madrugada, la noche se marcha,       sin luz de estrellas, el sol descansa.      A la mañana  temprano el se despierta      al cielo le cuenta que la noche no pasó       porque se fue de fiesta .  La noche...      la noche se marcha   y le deja un regalo.      EL sol  abatido extiende su brillo     y la luna le entrega ese beso...¡ese beso     ese beso apasionado que la noche      al marcharse , con amor ,al sol le dejó .                                Raquel
Me  miras  con  parsimoniosa   insistencia  Como  robando   a  la  luz   más  intensidad. Me  buscas  desnudando  mi   mirada Escudriñas  en  mis  pupilas. Ingresas  por  los  pasillos  del  iris. No  sé  qué  quieres    lograr, Quizás   encontrar   lo  que  no  te  puedo   dar. Distraes   mi  atención. Pero  no   dejare que   llegues  al  fondo  de  mi  alma. Si  lo  hago. Seré   vulnerable   a  tus  caprichos. Enlazaras   mi  vida   a  la  tuya Crearas    sueños   como  mi   dueña. Dibujas  un  presente  al  mirarte  en  mi  frente. Diagramas   una  utópica   vivencia. No  intentes  la  distracción. Debes  entender  que   esa   condición. No   es  la  más  conveniente. Si  en  verdad  buscas  la  convivencia, Libertad  es  la  convicción. El  amor  dictara  las   reglas.  
Rubén Alas Bueno era el hombre más pobre de la ciudad. No deseaba privilegios ni caprichos banales, aquellos que dan placer y caen en el lejano recuerdo. Era un mortal al que la suerte le había dado una bofetada. Las deudas eran el único testigo de su pasado glorioso y sus penas perseguían cada paso que daba. Su apariencia reflejaba la descomposición que estaba deteriorando la vitalidad del anciano joven. Recorría las estrechas y frías calles de la ciudad sin rumbo. Tenía necesidad de encontrar un consuelo. Un hechizo que pudiera borrarle la memoria para poder empezar de nuevo o una máquina del tiempo. Tenía que renovar, renacer. Se sentía como el peor virus que pudiera existir. El poder le hizo perder la cabeza. Nuestro pobre tenía bajo su mano todo lo que se pudiera imaginar. Vivía en una amplia casa en el centro, el barrio con más prestigio. No le faltaban ni coches ni prosperidad en la empresa familiar. Vestía con bonitas chaquetas y zapatos de piel. Aunque se propusiera repetir algún complemento durante la semana, le era imposible. Tenía más relojes que horas el día y más camisas que perchas en el armario. Sin embargo, su pobreza no radicaba en lo material. Su miseria tenía las raíces en la sequía sentimental. Sus pupilas no sentían como antes, estaban apagadas y sombrías, incluso en el mejor día del año. Los latidos de su corazón paseaban entristecidos por su esbelto cuerpo. Se sentía como un náufrago en un mar infinito, una llama apagada por un suspiro. Anteriormente, todo había ido como en un sueño, hasta que este se convirtió en pesadilla. Rubén había sido un hombre bueno y preocupado por su familia. Había gozado de felicidad casi plena. Sin embargo, esta se había visto reducida por su frustración laboral. En esa época anterior trabajaba como becario en una pequeña empresa. Estaba disconforme. No podía ver el tiempo que deseaba a sus hijos. Para curar sus remordimientos, cada noche, cuando llegaba, les narraba preciosas historias a sus hijos. Sus sonrisas quemaban todos sus males interiores. Virginia, su mujer, entendía a su marido. El pobre se estaba sacrificando por la estabilidad familiar. Mientras Rubén trabajaba por las tardes, ella tenía el privilegio de tener su trabajo por las mañanas. Así podía ver crecer a sus preciosos hijos. Eran una familia feliz. Sin embargo, llegó el día del cambio. Rubén tuvo la oportunidad de emprender un nuevo vuelo. Desde siempre había soñado con ser dueño de su propia empresa y, gracias a una generosa beca, pudo conseguirlo. A partir de ese momento, podría realizarse como persona. Los días fueron consumiéndose con lentitud y, con ellos, la “cordura” del soñador. Rubén se encerraba en su oficina manejando las diversas posibilidades de proyectos. Reuniones con otros empresarios, conferencias para ampliar conocimientos, cursos intensivos… La obsesión nunca había encontrado un referente tan claro hasta ese momento. El prometedor empresario se había aficionado a vivir solo. Su vida giraba en torno a su trabajo. Nada más. El éxito le dio la mano un día de verano. Las lágrimas derramadas los meses anteriores se habían transformado en las alas que le permitirían volar al cielo. Le llegó el ofrecimiento de fusionarse con otra empresa de gran prestigio. Rubén no podía creérselo… La incredulidad se paseaba por casa vestida de luto. Virginia y sus hijos no podían entender la obsesión de Rubén. El frío invernal resultaba ser mera brisa en comparación con su vida. Ya no había besos de buenas noches ni relatos fantásticos antes de dormir; ya no había sonrisas cómplices en la cama ni abrazos sinceros. Ya no había nada. La llama familiar se apagaba a pasos de gigante. Rubén, cegado por el trabajo, dejó de lado la parte más importante de su vida. Ante la falta de reacción, Virginia decidió tomar una solución radical: abandonar el lecho conyugal para “nacer” de nuevo. Tras haber tenido un día exitoso, el empresario llegó muy animado a casa. Era tarde, como de costumbre, pero quería celebrar su alegría contemplando el dulce sueño de sus hijos y mujer. No había pisado la casa en tres días. Solo con ver el rostro durmiente de sus seres queridos le bastaba. Abrió la puerta con lentitud. Avanzó por el pasillo sigilosamente hasta llegar a su habitación. Ahí estaría Virginia, su dulce esposa. Sin embargo, la cama estaba impoluta; sin nadie. Su primera reacción fue visitar a sus hijos para asegurarse que todo iba bien. Tampoco estaban. Angustia. Miedo. Silencio. Temeroso, cogió una carta que había sobre la cama de su hija mayor: Rubén, cariño: Sé que estas palabras no forman parte de tus proyectos. Son el más profundo lamento de una mujer que ve a sus hijos llorar porque no ven a su mayor ídolo, su padre. Estoy hecha pedazos y no pienso consentir más dolor. Nosotros éramos uno, ahora parecemos desconocidos. Empezaste muy ilusionado con tu trabajo, pero éste nos ha quitado la ilusión. Te quiero, no lo dudes. Por esto hago este sacrificio. Los pequeños y yo nos vamos. Ellos no se merecen esta vida. Quiero que crezcan con buenos recuerdos y felices. Escribo con lágrimas esta carta. No sé si habré hecho algo mal. No me vale el dinero, no me vale el éxito, no me vale el vacío decorado que me provocas con tu ausencia. Quiero tus besos al amanecer, tu comprensión y apoyo en los peores momentos. Nunca imaginé que tú nos podrías abandonar. Estaba equivocada… Espero que pienses cuáles son tus preferencias. Si eliges seguir siendo el empresario más exitoso de Europa, olvídanos. Si quieres ser un buen padre, llámame. Esto no significa un adiós. Tampoco una mera llamada de atención. Rubén no pudo reprimir su rabia. Empezó a gritar y a romper todos los objetos que había en la habitación. ¿Por qué su mujer no le apoyaba en sus proyectos? Por sus venas no fluía sangre, circulaba una mezcla de cólera y frustración. El mes siguiente fue difícil. Iba a las conferencias y a las reuniones con otro ánimo. No tenía ilusión. Por su mente, como un oasis, se aparecía la imagen de una familia feliz. Una familia ya no existente. Por mucho dinero que tuviera, era el hombre más pobre de la ciudad. Las alas que el trabajo le había otorgado habían sido de papel. Una mera quimera frágil y engatusadora. No quería seguir cultivando un huerto de desolación. Tenían que llegar el tiempo de siembra. Rubén abandonó todos sus sueños para poner los pies en la tierra. Renunció a la empresa. Empezó a vivir una vida real. Sus días se hicieron inmortales. Ya no tenía ocupación laboral ni tenía cerca el calor de su familia. Sin embargo, todavía no se sentía preparado para reencontrarse con su mujer e hijos. Para mantener su mente ocupada intentaba hacer todo tipo de planes, aunque no resultaban efectivos. No sabía cómo renacer de sus cenizas. Una tarde de otoño, paseando por la Travesía de los Afligidos, vio algo que le llamó la atención. En una de las farolas había un bonito cartel que ponía: “Llega Tu salvación, la nueva novela de Alejandro López. No te pierdas la presentación en la biblioteca local”. A Rubén se le iluminaron los ojos. Parecía un mensaje del cielo. Asistía a la presentación del libro, sentía esa necesidad. Ese día fue especial, de nuevo sentía esa chispa que se había apagado por su egoísmo. Llegó el momento. Se había puesto su camisa preferida, reservada para las ocasiones especiales. Salió a la calle. Sintió que el Sol le daba un afectuoso abrazo. De camino a la biblioteca no podía parar de imaginar cuál sería el tema del libro. ¿Su corazón le habría engañado o le habría conducido a su verdadera salvación? Estando en la biblioteca, fue al salón de actos y se sentó en la primera fila. Estaba impaciente, nervioso, ilusionado. Tras unos minutos que le resultaron eternos empezó la presentación. Ciertamente su corazón no le había traicionado. El libro parecía ser el vivo reflejo de la superación. Sentía correr la vida por su sangre. Después de salir del acto, un hombre apuesto se le acercó: –  Hola, soy José. ¿Cómo te llamas? – Buenas, yo soy Rubén. Encantado. – Como te he visto en la presentación, te quería hacer una propuesta. – Dime, ¿sobre qué trata? – ¿Te quieres unir al club de lectura? Te he visto interesado en la nueva novela y como vamos a iniciar su lectura conjunta… En ese momento Rubén no sabía qué hacer. Hacía mucho tiempo que no trataba con desconocidos. El miedo le invadía. No quería causar mala impresión. Sin embargo, una corazonada le llevó a aceptar la propuesta. Acababa de comenzar un nuevo reto, una nueva meta. Cada día iba ilusionado a la biblioteca. Sentía sed de lectura y de compartir sus pensamientos con los integrantes del club. Todos eran encantadores, en especial José. Siempre se interesaba por él, era un hombre bueno. Con cada capítulo que leía lograba iluminar una parte de la celda en donde estaba su corazón encerrado.  Después de acabar la lectura, la confianza con José iba en aumento. Le había quitado la venda que le nublaba la visión. Además, ambos se confesaron sus mayores temores y secretos. Habían pasado de ser conocidos a mejores amigos. La vida de José no había sido fácil. Era un hombre luchador que había logrado resurgir de sus fracasos.  Se había convertido en un referente. Una tarde, en casa de José, Rubén se derrumbó al recordar a su familia. Este se había convertido en un tema tabú. Sin embargo, con tal de desahogarse, confesó todos sus errores a su amigo. – Te has equivocado, Rubén. Mucho. Lo principal en esta vida es la familia. Sin ellos no podrás encontrarte a ti mismo. ¿No te das cuenta? – No sé cómo recuperarlos. Fui un estúpido. Ahora estoy solo, sin nadie. – Aunque te conozco desde hace poco, sé que eres bueno. Rubén, te garantizo que siempre estaré contigo. Pero júrame que llamarás a tu mujer. ¿Me lo prometes? – Te lo prometo. No había pasado ni diez meses desde que su vida se había ocultado tras las tinieblas. Sin embargo, un miedo voraz había poseído el alma de Rubén. Se sentía desolado sin sus hijos. Virginia era el motor de su vida. No podía vivir sin ellos. Necesitaba de nuevo tenerlos a su lado. Después de cavilar sus palabras durante un buen rato, decidió llamar. Su hija cogió el teléfono. Los ojos de Rubén se humedecieron al llenarse de lágrimas. Su querida hija le había dicho cuánto le echaba de menos, cuánto le quería. No se había olvidado de su amor. Virginia rompió a llorar cuando supo de Rubén. Llevaba esperando ese momento desde que se fue de casa. Su marido se había equivocado, pero le tenía un amor tan puro que logró perdonarlo. La noche insistirá en su misión aterrorizadora, pero el astro real imperará con su omnipotente luz. Ese fue mi antiguo “yo”. Un hombre engañado por el poder. Un hombre que cayó en la telaraña delicadamente confeccionada por la oscuridad. Sí, me equivoqué. No me siento nada orgullosos de haber defraudado a mi familia. Sin embargo, los inocentes libros me ayudaron  a vivir. Gracias a ella, pude encontrar a José, mi mejor amigo. La biblioteca se convirtió en mi hogar, allí encontré el cariño que no encontraba. Fue mi templo, mi Olimpo, mi única salvación. Estaba ciego. La lectura, con sus suaves manos, logró quitarme la cinta que me ocultaba el horizonte. El viento vuelve a acariciar mis mejillas y a susurrarme al oído. Mi alma respira la felicidad de mis hijos. Escribo con tinta del corazón estas sinceras palabras. Soy un espíritu nuevo.
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Nunca intente borrarte de mi mente nunca intente ser de otra persona  por que cada segundo y cada momento de mi vida que estuve a tu lado ,tu fuiste ese segundo ese momento fuiste y sigues siendo mi vida Al partir de mi lado No sólo te perdí También perdí todo lo que tenia sentido en mi Tu me enseñaste a conocer el amor puro sin mentiras sin tabús Nunca terminaría en describir lo que vivimos juntos fue unico he inigualable hay momentos que no se pueden evitar pensar en ellos  para sentir que aun sigo vivo Aquel día que vimos el mar desde el balcón , fue sin duda un día muy especial,un día como no habrá otro igual, donde nos entregamos al amor. al deseo y a la pasión. Hay tantos recuerdos que no hay forma de decir cual es el mejor  por que en todos ellos tu fuiste lo mejor Es tarde para esto y se que nunca sabrás lo que aún siento por ti Te sigo amando ,tu recuerdo duerme cada día a mi lado , mis pensamientos no se pueden apartar de ti Te amo y te extraño tanto que nunca me voy a perdónar el no intentar buscarte para pedirte que me perdonarás que fui un tonto que pensaba que el mundo estaba a mis píes sin saber en ese momento que mi  mundo eras tu. Eres  todo lo que necesito para vivir un regalo de la vida, para mi eres lo único que necesitaba para ser feliz pero tarde me di cuenta de todo No se si es mejor esperar el final de mi vida recordándote o creer que hay otra vida después de la muerte y pasarme ahí buscándote. TE EXTRAÑO TT
en estos dias mi cuerpo y mi menteestan como separados mi mente le dice a mi cuerpo preocupate ...mi cuerpo no escucha razon de nada,de lo que mi mente le dice...ella(mente) le envia señales clarasella(mente) le habla con suavidad para que el mensaje llegue sin tropiesos el (cuerpo) se divierte y no escuchael (cuerpo) solo se preocupa de lo vanal....ella (mente) ofuscada y cansada se duermeella... solo dejara de trabajar el.... no entiende por que no se mueve el... asustado quiere moverse pero no puede ....ella.... ve como  ha reaccionado y cree que ya esta entrando en razon pero  no es asi..el ... solo quiere seguir en la joda y en la farra por que siente que ya perdio belleza... perdio mosculatura y sobre todo perdio años .....el..... dejo que pasara tan rapido el tiempo que no se dio cuenta que ya no tiene los  años en  que la piel los huesos no son lo mismo ella.... le dice nunca quisiste  escuchar  .. te avise varias veces cuando fumabas.. cuando bebias...o cuando solamente no respetabas nada de las señales que envie...el... cierra los ojos  y duerme emn un sueño eterno ella ... lo mira y solo dice adios.......  
                                                                      EL INTRUSO                 Una de las cosas que más me irritan es perder objetos dentro de mi casa, justo antes de salir, sobre todo las llaves, la billetera o los documentos. Me hacen perder minutos preciosos que después tengo que recuperar corriendo por la calle para alcanzar el autobús.  En varias oportunidades  me ha pasado de tener que irme de mi casa sin alguna de estas entidades preciadas  y sufrir sus terribles consecuencias.                  Sin embargo, últimamente no es esto lo que más me preocupaba,  ya que con el tiempo he aprendido a prevenir los hechos y los he minimizado al máximo, sino que he descubierto que me está o fallando la memoria, o directamente tengo un intruso en mi casa que insistentemente  me cambia las cosas de lugar.  Me inclino por la primera de las hipótesis, la más lógica, la más acorde a mi edad y la que  no contradice mi historial de objetos perdidos en mi hogar.              Todo comenzó no mucho tiempo atrás, con desapariciones insignificantes, como vasos, cacerolas  o simplemente  artículos de limpieza que aún  no he podido localizar a ciencia cierta.  Quizás los he tirado y no lo recuerde, o también quizás los he perdido y punto .En este caso lo que me está fallando es la memoria y lo mas atinado es que consulte a un médico. Pero no todo parece tan sencillo. Han sucedido otros hechos inexplicables que abonan la segunda teoría, la del intruso.                  Para comprobar la segunda teoría me armé un plan de acción sencillo que consistió en hacerme un pequeño inventario  de objetos,  muebles y  adornos antes de salir a la calle. Lo llevé  a cabo sacando fotos de todas las habitaciones, armarios y cajones. Lo hice antes de un viaje corto que tuve en el comienzo de la primavera; las conclusiones fueron determinantes, cuando retorné encontré todo  fuera de lugar,  cambiado a propósito  por alguien que evidentemente tenía mis llaves,  conocía mi departamento por dentro y estaba buscando algo. Lo llamativo del caso es que no me habían robado nada, el hecho  parecía suscribirse  a  una rara maniobra intimidatoria sin una causa aparente.              Lo primero  fue descartar a mis vecinos, la mayoría ancianas incapaces de violar una propiedad  y menos  de tener una copia de mis llaves. Nadie tenía una copia y ese era  el punto de partida de mi investigación. ¿Cómo se apropiaron  de mis llaves, sabiendo además que yo moraba  solo en esta propiedad  hacía solamente seis meses? ¿Cómo sabían mis movimientos,  mis horarios y mis costumbres? Evidentemente el intruso me conocía y además  era un experto  y sabía cómo abrir mi puerta sin una llave.                   Resuelto el tema de las llaves, ahora solamente me restaba atraparlo y para eso me idee   un sistema  fácil de cámaras que puse en algunas habitaciones, las más concurridas. Estas cámaras eran muy pequeñas y estaban conectadas a mi computadora. Una estaba en mi dormitorio  y otra en el living  de frente al pasillo de entrada. Antes de usarlas las probé un domingo a la tarde y las calibré  para lograr una mayor nitidez. Las imágenes eran un poco difusas pero funcionaban a la perfección.                       Al otro día las conecté  antes de partir y me cercioré  de que estuvieran grabando. Dejé algunas luces prendidas por si el intruso entraba a la tardecita, saqué  fotos de los cajones  y roperos y me marché  ansioso a esperar mi regreso a la noche.  Ese lunes  fue más complicado de lo común y volví muy tarde. Abrí la puerta  como si estuviera entrando a una casa ajena  o a una casa ocupada. Deduje  a simple vista que estaba  todo en  orden, los  muebles, la cama, ropero y demás;  las camaritas seguían grabando,  me pude ver  reflejado en una de ellas  cuando me acerqué  a desconectarla. Luego me dirigí a mi computadora y rebobiné  el día entero de grabación. Eran muchas horas, opté  por pasarla en cámara rápida. Y fue justo a mitad de camino que lo vi entrando a mi casa por la camarita del living; únicamente se veía una silueta, era casi de noche, no pude distinguir su cara, pero lo vi revolviendo mis cajones   y armarios en la otra cámara como buscando algo. Ahora tenía la prueba irrefutable de su presencia, la demonstración de mi teoría; pensé en acudir a la policía, pero…  ¿para denunciar qué cosa,  si no había ningún faltante?                 Desistí de inmediato de pedir ayuda para resolver este misterio. No tenia prueba ninguna, ni identificación del  sospechoso, ni nada, haría un papelón en la comisaria, pensarían que estaba loco o algo por el estilo. Revisé  minuciosamente cajones y armarios, estaban revueltos  pero  no faltaba nada, o  mejor dicho, casi nada, porque descubrí  después, que había un faltante y era nada menos que un cuchillo de plata que había comprado en un pueblo del interior. El cuchillo yo  lo había dejado dentro de un cajón por si tenía que usarlo  como un arma de defensa. No tenía mucho filo, pero  así y todo  era una tranquilidad saber que estaba allí. ¿Esto era lo que buscaba el hombre, todo este movimiento por un simple cuchillo?               El intruso, sin embargo ahora poseía un arma y esto era peligroso,  tanto para mí como para terceras personas.  Se me ocurrió  poner más cerrojos  a la puerta, una segunda llave que pensé era la solución. Con eso logré que se alejara, al menos,  por un período, que se redujo   cuando el misterioso hombre descifró  la combinación de la segunda llave y la camarita lo registró  nuevamente, pero ya no buscando el cuchillo, sino que se lo veía de un lado para el otro hablando  en solitario o con alguien que no pude verle bien  la cara. Ahora eran dos las personas que violaban mi hogar y eso era imperdonable. Se los advertía a veces discutiendo, pero el sonido de mi equipo no me  permitió distinguir el contenido de la conversación.           A lo largo del tiempo esta historia del intruso derivó  en una rutina que me resultó  a veces hasta  divertida; esperaba ansioso terminar mi jornada en la oficina para irme a mi casa  a ver en qué  andaría la historia del intruso y su  misteriosa compañera. Hasta  que un día, esas conversaciones se transformaron en acaloradas discusiones de las que yo  sin querer me hacia partícipe. Discusiones que terminaban generalmente con violencia, lo que me puso en alerta de que algo raro estaba pasando frente a mis narices. No podía permitir que eso sucediese en mi propia casa.             Los insultos y cachetazos pasaban desapercibidos para los vecinos pero no para mí; los gritos de ella  eran muy agudos y desgarradores,  solo les ponía fin el intruso tapándole  la boca y  atándola sobre la cama con una cuerda que creí reconocer. Los abusos ocurrían con ella atada a mi cama y siempre a la misma hora. Decidí ponerle fin a esta tortura llamando a la policía pero no fue necesario, ya que una tarde cuando entré  a mi casa y prendí  la computadora y rebobiné  la cinta, vi que el intruso  la mató  con el cuchillo de plata y descartó  el cuerpo sin que nadie, ni siquiera los vecinos se enterasen de nada. Evidentemente  se trataba del trabajo de un verdadero profesional.            Se produjo un largo silencio en mi casa por mucho tiempo y mi vida  retornó a  la normalidad. El intruso no había dejado ningún rastro de su paso por mi casa y menos de la mujer,    a la que  tampoco  pude reconocer. Las cintas las volví a ver una y otra vez  sin poder sacar ninguna conclusión, las imágenes no me permitieron distinguir ningún rostro y el sonido era muy precario, apenas  diferencié  algunas palabras de la mujer pidiendo clemencia. No obstante, debo confesar, que eché de menos  a las cintas,  a ese momento tan esperado de la noche, a esas imágenes perturbadoras,  a su desenlace fatal.          El intruso desapareció pero me dejó  algunas inquietudes intrigantes. ¿Qué haría yo de aquí  en más con las grabaciones? ¿Debería hacer la denuncia o quedarme así y convertirme quizás a la larga, en un encubridor? Tampoco  podía caer en la inocencia de creer que yo no tenía algo que ver, los hechos ocurrieron en mi casa, en mi propia cama y sin forzar mi cerradura. Alguien en algún momento se aparecerá preguntando por el paradero de la mujer. Yo lo sabía  y tenía que estar preparado para ese momento.               Momento que no se hizo esperar, porque a los pocos días  sonó mi timbre  un sábado a la mañana. Recuerdo que hacía mucho frio y  estaba muy nublado y una vecina se quejaba de que no andaba la calefacción. Era la policía buscando el paradero de una mujer desaparecida y que según sus contactos ella había estado en mi casa. Yo negué en todo momento conocerla, lo cual era cierto,  pero supuse según la breve  descripción física que podría ser la mujer del intruso. El policía traía una orden de allanamiento al que accedí sin ofrecer resistencia.                  Examinó  toda mi casa sin encontrar  nada que le sirviera a su investigación, salvo por  las camaritas que por un descuido  yo las había dejado olvidadas y enchufadas. Las  trató  de conectar a la computadora para ver su contenido,  pero fue en vano, porque el intruso, como pude observar luego yo en la cinta, no se lo permitió.                                .                                                                                                                                                                 
                                          Hay renglones vacíos, que se hacen notar,                     por ausencia de su alma,por ausencia de su                     identidad.                     Renglones que expresaban palabras y buscaban                     anidar donde el sentimiento,¡el más puro de los                     sentimientos tenía un sitio de felicidad.                     Hoy, esos renglones vacíos sin letras de tinta                     negra que dejan al descubierto la soledad                     es un vacío que duele, porque en ellas estaba                     el alma que me ayudaba a caminar.                     Renglones vacíos, sin sus melodías...las que solo                     al leerlos, me hacía lagrimear ...cuando analizaba                     mis escritos que ,con verbos de anhelos ,ponía                      de marco a  mis poesías...de sueños ...de lo yo                         nunca vivía en mi realidad.                    Imagino leer en esos renglones vacíos, aquellas...                    aquellas frases que me enaltecían , por que adentro´                    muy adentro de esa tinta negra me mostraba que,                    más allá de mi propia vida ¡estaba una hermosa postal                     de una vida que yo no conocía .                     Hoy...esos renglones vacíos, hablan de un olvido.                      Un olvido que ,envuelto de nostalgia,en mi alma                     quedará escondido...                     ¡Pero...en mis renglones ocupados de tinta negra,                     habrá en esta poesía, frases, palabras,promesas,                     con letras sacadas del mejor de los abecedarios, y                     con perfil de nostalgia ...he de decirte:                     serás esa luz que ha quedado allá...en el horizonte                     y con una dulce melodia en tus renglones hoy vacíos                      aquí queda  alguien .. para quién simpre serás                       el recuerdo más latente...el único ... que le dió                      a mi alma felicidad...sin fecha de devolución...porque                       aquí conmigo...se ha de quedar                                                                          Raquel...                                                                                                                                       
Nunca seremos capaces de escribir como sentimos, porque  escribir es crear, y el crear lleva implícito una buena dosis de atención y sobreenfoque. Somos los mismos que ahora nos avergüenzan en sus desatinos, y los que vendrán para ser admirados por otros, los que odiábamos tanto a veces y quisimos engrandecer a lo bruto, los que hoy sonríen plácidos y agradecidos porque todo está en orden. La realidad que nos define es infinita e inabarcable, y mientras la exploramos y aprehendemos resulta bello pararse a recomponerla en letras, más o menos torpes o universales como una puesta de sol. El fin justifica los textos, pienso. Galimatías u obra cumbre, serán tal vez el impulso justo de otros pasos que se pierden un día cualquiera en el camino. 
Recientes
    cuando te pienso en el agua y en el todo fundido a mí, y en la cadencia de nuestros cuerpos, destilando ternura y sentimientos profundos, hilando cada sílaba sin sentido, a la deriva cuando  los detalles se astillan o se elevan en verdades. azuleando en el horizonte con sus viejas historias  prescritas.   ¡Como  duele esta oquedad invencible cada vez! Cuando los mitos se estrellan en el vacío torpe de los recuerdos punteando nuestros equívocos, nuestras debilidades.     Solo soy  esa  mujer,  complice de su propia verdad. la que  retuerce palabras  para no olvidarte, la que le  urge   burlarse de su prehistoria la que  es libre de hacer el amor sin contratiempo, hilandera de sus propios sueños, extenuados fragmentos, de azul anquilosado perdidos en el influjo propio, de esa  añosa ternura que retorna, para enjuagar el tiempo de lo ya vivido.   Doris Melo Derechos reservados 2012
en estos dias mi cuerpo y mi menteestan como separados mi mente le dice a mi cuerpo preocupate ...mi cuerpo no escucha razon de nada,de lo que mi mente le dice...ella(mente) le envia señales clarasella(mente) le habla con suavidad para que el mensaje llegue sin tropiesos el (cuerpo) se divierte y no escuchael (cuerpo) solo se preocupa de lo vanal....ella (mente) ofuscada y cansada se duermeella... solo dejara de trabajar el.... no entiende por que no se mueve el... asustado quiere moverse pero no puede ....ella.... ve como  ha reaccionado y cree que ya esta entrando en razon pero  no es asi..el ... solo quiere seguir en la joda y en la farra por que siente que ya perdio belleza... perdio mosculatura y sobre todo perdio años .....el..... dejo que pasara tan rapido el tiempo que no se dio cuenta que ya no tiene los  años en  que la piel los huesos no son lo mismo ella.... le dice nunca quisiste  escuchar  .. te avise varias veces cuando fumabas.. cuando bebias...o cuando solamente no respetabas nada de las señales que envie...el... cierra los ojos  y duerme emn un sueño eterno ella ... lo mira y solo dice adios.......  
Hay tantas cosas que se podrían calificar de "placenteras", que parecería difícil resumirlas en una sola palabra, y por muy vanal que parezca, y con el conocimiento de que no soy el indicado para generalizar sobre algo tan delicado como lo son los placeres del ser humano... Me siento casi que obligado, empujado a redirigir cualquier palabra que se relacione con el placer, la noche; ¿y cómo no? Si sólo con relacionarla con el periodo de sueño (algo muy relativo) ya no tendría necesidad de algún otro argumento, pero es que una cosa tan sublime cómo el periodo comprendido entre el crepúsculo y el alba no sólo puede ser catalogado cómo la hora del sueño.Continuará... 
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