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Hoy tuve como un bajón, no de salud, sino una depresión literaria. No encuentro la inspiración para que el texto que estoy escribiendo se convierta en novela. Como me considero un loco compungido, ahí estoy preguntándome sí vale la pena seguir mostrando mis escritos a los amigos, que por ser eso, mis amigos, no me critican literariamente. Así que para quitarme esa “depre”, esta mañana me eché una larga ducha bien caliente, luego me vestí para ir a pasear al único parque que hay en Tirana. Solito, me perdí entre veredas, pinos y cantos de pajaritos. Me atreví a cantar Yolanda de Pablo Milanés a todo pulmón. Me di cuenta que ya me salen menos gallos desentonados. En mis rizos se atoró una flor nombrada diente de león que, supuestamente, es medicinal, pero a mí, me causa una puta alergia, que me quisiera arrancar los ojos para lavarlos en agua oxigenada y meter un cepillo largo el interior de los oídos para rascarlos. Luego de estar en la soledad con la alergia y la naturaleza, fui a saborear el paladar con un capuchino y la vista con la belleza femenina albanesa. Recreándome con las morenas, las trigueñas, las rubias de ojos azules, verdes y casi amarillos, escuchó la voz de alguien que, en verdad, sí tenía depresión. Así que para no dejar mi plan de escribir, mínimo, cincuenta palabras por día, le hice este poema a AMY WINEHOUSE: Era una mujer débil disfrazada en un tono de negra poderosa que necesitaba el verso de la desesperanza del amor para que su cuento abandonado saliera de su hermosa voz mojado por las gotas de sus lágrimas que no le dejaron la libertad para ver la esperanza de una futura ilusión que encontró en los jugos gástricos del alcohol donde empezó a vagar en la invencible depresión con melodías suicidas ironía que fueron su éxito personal con una poesía en la oscuridad donde su beso inseguro tenía que comprar un beso seductor de un hombre con ideas sueltas que la sedujó en el hechizo de la droga que le abrieron la duda sangrante de su vida tatuada sin la comprensión en un apretón de una mano conocida que la dejó ir con sus hojas en blanco tirada sobre la cama con el frío sobre su espalda...
El científico Luke y el astrónomo Rick en una mañana de 1900 deccidieron viajar a Alaska; con el propósito de poder invetigar el asteroide Bennu que había sido reconocido hace poco por la Nasa.Una tarde el astrónomo Rick se le ocurrió construir una máquina que los podría llevar hacia el asteroide Bennu.Ese viaje podría tardar muchas semanas. El astrónomo estuvo cinco años construyendo esa máquina.El viaje comenzaría el 11 de mayo y tenían pensado llegar el 20 de julio de 1905.10 de mayo 9:00 PM: Rick y Luke se preparaban para s gran viaje que sería el siguiente día a las 7 AM.11 de mayo 7:00 AM. El astrónomp Rick sabía que se encontrarían con muchos obstaculos y que sería muy difícil llegar al asteroide.26 de mayo 5:00 PM. Sienten que algo golpea la máquina y empiezan a tener pensamientos raros.6 de julio 3:00 AM. La máquina se rompe pero logra posarse en el asteroide. - ¡Llegamos!!! - se impresionó Rick.- Si pero... la máquina ya no puede utilizarse.El científico Luke encontró una sustancia de color rojo pero no tenía idea para que servía. Rick supo que esa sustancia era la que había dejado inutilizable la máquina.Luke se fue con guantes y bolsas para buscar materiales prebióticos, para cuando vuelvan a la tierra y poder investigarlo mejor.20 de julio 7:00 PM. Era el día para regresar a la tierra pero necesitaban una nueva máquina para regresar.Rick se llevo una gran sorpresa, había muerto al tocar una planta pequeña pero muy venenosa muy distinta a la vegetación de la tierra.Luke angustiado contruyó una nueva máquina y regresó a la tierra pero con el veneno que había matado a Rick.Luke logra presentar los materiales encontrados en el Bennu y en el medio de la demostración se desmayo, agarrándole una enfermedad llamada enfermitibitis. Lo llevaron al hospital tratando de salvarlo, luego de muchos estudios el doctor dice: - es una enfermedad incurable-.Luke y Rick mueren; jamás se supo como crear un antídoto para enfrentar ese veneno.
Eran las ocho y media del prematuro anochecer en Molina de Segura cuando salí del Edificio Tívoli. Llevaba todo el día entero comiendo dieta de tomates frescos y lechugas más frescas todavía que los tomates. Eso y un poco de espinacas más verdes que las miradas del vecino del sexto a la chavala minifaldera que cruzó el semáforo de la calle Mayor como un relámpago y a punto de ser aplastada por el 21. Fue una visión celestial pero mi estómago seguía sufriendo el ataque de las verduras. Llevaba ya una semana entera en que, al pasar por la confitería "Los Murcianicos", me entraba la tentación que me podría llevar al abandono más completo de todos los que confiaban en mi resistente voluntad para no pecar más veces. Pero en este amanecer prematuro de las ocho y media del anochecer en Molina de Segura todo era diferente. Por esos milagros que, de vez en cuando, llegaban a mi vida, en el bolsillo derecho de mi pantalón se hallaban 2 euros y un remanente de 20 céntimos más. Una vez que la chavala minifaldera se perdió dentro de la panadería Carrasco, encendí mi sempiterno "Bull Brand" y comencé a caminar, con el cigarro en mi mano izquierda, en dirección a la tienda de mi amigo Luis con la sana intención de contarle que estaba venciendo a la tentación; que esta vez sí que iba a ser que sí y que siguiera confiando en mí porque iba a demostrar que seguiría resistiendo una semana más. Me encontré en plena calle Mayor con Luis, en la puerta de su tienda, y al contarle mi proeza me regaló un euro más. En el bolsillo derecho de mi pantalón vaquero de color azul, por aquello de que los milagros siempre tienen el color azul celeste, ya se encontraban 3 euros y un remanente de 20 céntimos más y mi mano derecha, mientras de la izquierda seguía saliendo la humareda del "Bull Brand" infaltable, sobaba las 3 monedas de euro y aquellos 20 céntimos que podrían ser mi salvación eterna o mi hundimiento total en el mundo de los pecadores. Cuando saludé al vendedor de loterías comencé a sudar. Era un sudor frío mientras la voz de Pepito Grillo, la voz de mi conciencia convertido yo ya en Pinocho trasnochador, me recriminaba los pensamientos. Juro que no estaba pensando en la chavala minifaldera sino en algo de mucha mayor trascendencia para la fama de mi firme voluntad. Quise ir hacia la calle de la Estación y acabar, de una vez por todas, con aquella ansiedad que clamaba a gritos mi cuerpo. Pero el lotero me animó a que siguiera adelante porque él también había apostado a mi favor. Así que a la altura de Menéndez Pelayo, para superar el suplicio que atormentaba mi mente, me concentré en la "Historia de las Ideas Estéticas en España". Pensar en mi cada vez mejor estética personal, que mejoraba semana tras semana, me servía de calmante vitaminado pero yo, cargado ya de tanta vitamina vegetal, no podía seguir resistiendo más. Mi mano derecha, sobando y sobando los tres euros con veinte céntimos, seguía gritándome ¡atrévete, atrévete, atrévete!, ¡sé valiente y atrévete!; pero no quería decepcionar ni a Luis, ni al vendedor de loterías ni a la guapa del piso octavo del Edificio Tívoli que también confiaba plenamente en mí. Veía, en mis imágenes mentales, a mi Princesa animándome a continuar resistiendo y cómo toda mi familia española y ecuatoriana me alentaban a seguir adelante. Me concentré en la Historia de Tívoli, en la belleza escultural de la reina Septimia Bathzabbai Zainib, en latín Julia Aurelia Zenobia, más conocida por sus envidiosas cortesanas como la simple Zenobia, y en la Medalla de Oro al Mérito Civil que me había prometido la alcaldesa Esther Clavero quien, a pesar de que ya le había confesado que yo ni era socialista ni estaba en mi mente ayudar jamás a los socialistas en ningún tipo de elecciones, me la había prometido si era capaz de superar la prueba. Mi sudor ya era super frío y sentía mi cuerpo desfallecer al pensar en los tomates, las lechugas y las acelgas verdes, pero escuchaba la letanía de las amonestaciones de los Padres Capuchinos de la Plaza Circular de la ciudad de Murcia puesto que hasta la cercana capital había llegado la noticia de que estaba a punto de cumplir una semana entera sin haber pecado. Media población de Molina de segura confiaba en mi fuerza de voluntad; pero la otra media no hacía más que vitorearme para que fuese capaz de romper aquella pesada cadena. Entre la libertad de acción y la esclavitud de mis obligaciones transitaba en una continua batalla entre el "Sí Puedo" y el "No Quiero". Al llegar a la San Francisco, recordé la historia del lobo manso al que maltrataban vilmente todos los corderos y reaccioné a tiempo cuando, sabiendo que el lobo había decidido ser lo que es un lobo y dejarse de historias masoquistas, se me acercaron con sus sonrisas de profidén los dos testigos de Jehová. Les grité harto ya de escuchar sermones y monsergas. ¡No os acerquéis ni un paso más, gentes de sectas, porque estoy hambriento! Los dos testigos de Jehová huyeron con el rabo entre las patas y me sentí momentáneamente feliz cuando descubrí que había vuelto a ser un lobo. Faltaba Caperucita Roja pero eso ya era demasiado tentador así que decidí dar media vuelta y dirigirme a la Estación, calle donde la tentación iba a aumentando en calidad y en cantidad. Me acerqué al escaparate de "Los Murcianicos" sin querer ya oír para nada las recomendaciones del lotero y los chistes de mi amigo Luis. Mi voluntad era enorme pero mis tripas me gritaban para hacer justicia social. Así que entré en la confitería, donde tanta consideración tenían hacia mi persona, por un total de tres veces seguidas pero en las tres ocasiones salí sin decir nada. Estaba convencido de que podía vencer. Pero esta vez a la cuarta fue la vencida.Una vez comprobado el costo descubrí que la exactitud de los tres euros con veinte céntimos era intacta y entré ya decidido a acabar con aquel calvario. Pedí la tarta completa rellena de crema y chocolate y con licor de chantilly. Cuando saqué las tres monedas de euro y las dos de diez céntimos cada una, mis manos temblaban. Estaba a punto de llevar a cabo un sacrilegio y sabía que eso no me lo iba a perdonar jamás el cura de la Asunción. Pensé a la pobre Asun pasando frío en el mismo momento en que estaba dispuesto a llevar a cabo aquel terrible y horrible acto sin tener en cuenta el hambre de los demás. Pensé que yo solamente era un hombre de carne, huesos, sangre y corazón, pero ningún santo de piedra o, al menos, mis tripas seguían rugiendo para hacerme saber que era un humano y que de humanos es pecar de vez en cuando para poder seguir viviendo sin tanto tomate, sin tanta lechuga y sin tanta acelga de color verde que tanto les encantan a los vegetarianos que tienen la "sangre de horchata". Estuve a punto de decir que no, que no necesitaba nada más que aguantar 24 horas más solamente para haber vencido a los tentáculos de crema, chocolate y licor de chantilly; pero cuando intentaba renunciar a lo que mi cuerpo pedía no me salía voz alguna de tan desmallado como me hallaba y, al final, terminé con la tarta bien envuelta en papel de regalo. ¿Qué hacer? ¿Salir en busca de algún mendigo y regalársela con la hipócrita sonrisa de un santurrón? De repente me di cuenta de que yo no era San José y tiré hacia delante. Para no tener que recibir las amonestaciones del lotero y algún chiste cruel de mi amigo Luis, decidí irme por la Estación abajo hasta empalmar con el Paseo Rosales. Mis amigas las estanqueras de la Mayor, ajenas a todo aquel tormento interior que estaba yo sufriendo, habían acabado de cerrar el negocio. Y en la Asunción sonaron las nueve campanadas de mi suplicio. Las fui contando mentalmente: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y nueve. Hasta un total de nueve veces, al llegar al Paseo Rosales, busqué a algún mendigo para ofrecerle aquel regalo inesperado pero, ante mi desesperación que ya llegaba al límite de lo impensable, descubrí que todos los paseantes y paseantas pasaban por mi lado sin dirigirme ni tan siquiera un "hola" de salvación. Me reconfortó saber que la que "estaba por mí" no me recriminaba nada en absoluto y que la de la sonrisa alegre me aplaudía con su mirada. Fue entonces cuando recobré el ánimo y decidí pecar a gusto.Sin saludar a Ponce, que se quedó como clavado ante mi infeliz desgracia, entré al portal y tuve que soportar, en el ascensor, las miradas airadas de la musulmana. Menos mal que ella salió en el piso primero y, ya más tranquilizado, llegué hasta el noveno. Pensé que algunas beatas de la Asunción comenzaban, en aquellos momentos, con sus rezos de la novena. Pero yo era del noveno y no de la novena, así que volví a tranquilizarme; mas lo peor fue que la casa permanecía vacía. Todos se habían ido a dar un paseo hasta Las Torres de Cotillas dejándome la cruel nota: "Te hemos estado esperando hasta las nueve en punto pero como no has llegado nos hemos ido a Las Torres de Cotillas a tomar helados de fresa y nata". Pensé en las cotillas que irían, al día siguiente, a murmurarle a mi Princesa que me habían visto pasar y pasear con la enorme tarta entre mis brazos. Pero también era cierto que a mí nunca me habían deslumbrado las cotillas jamás en la vida; así que comencé a correr como un loco por el largo pasillo en penumbras. Era como huir de los fantasmas verdes que, en forma de alcachofas, parecían estar dibujados en las paredes. Llegué a mi habitación privada y dejando sobre el velador la causa del pecado me tumbé sobre la cama rogando a San Ambrosio que me diera valor para no cometer aquel horrible pecado. Pero me harté de San Ambrosio y pensé en la ambrosía, el dulce manjar de los dioses del Olimpo. Pensé en Shakespeare y sus dudas metafísicas. ¿Ser o no ser? ¿Caer o no caer? ¿Gozar o seguir sufriendo? Encendí el aparato de radio para escuchar algún sabio consejo en forma musical. Escuché el "Azúcar, azúcar" de los Archies; pero en un arranque de valentía final apagué el transistor y vencí al miedo.De pronto, cuando ya las tinieblas me envolvían en la penumbra de mi habitación, tomé el envoltorio con papel de regalo, lo fui abriendo lentamente, muy lentamente, dispuesto a ver la tarta solamente para renunciar a ella; pero, sin embargo, nada más verla rellena de crema, chocolate y licor de chantilly, con el máximo cuidado de no desperdiciar ni una sola de sus migas, me metí en la cama y me sumí en la oscuridad mas absoluta oculto bajo la sábana y la manta. No veía nada, absolutamente nada, pero escuchaba el potente tictac acusador de mi corazón de león. ¿Era un lobo convertido ya en el rey de la selva? Sí. Me había convertido en "Corazón de León" derrotando a "Juan Sin Tierra". Así que, en medio de toda la oscuridad, tapado por completo con la sábana y la manta, comencé a morder con toda el ansia del mundo de los hambrientos. Como homenaje a todos ellos y a todas ellas, los que pasan hambre cualquier día del año, en menos de cinco minutos devoré toda la tarta completa y, saliendo a la superficie, me quedé profundamente dormido. 
La barbería estaba hasta el tope, en unas horas habría desfile del veinte de noviembre; corría el año de 1970.      Todo el día se la pasó pensando, como se cortaría el pelo y el bigote. Ahora, sentado en la silla del peluquero, agitaba su vista observando las muestras de fotografías enmarcadas sobre las paredes, gobernadas generalmente, por imágenes de héroes de la revolución mexicana o expresidentes nacionales: refinados bigotes ingleses, o los revolucionarios pelos ligeramente sobre el labio de Zapata, un poco más toscos y más oriundos.      Carirredondo y rubicundo, rosaba los sesenta años, ninguna cana se pintaba sobre la melena negra de greñas grifas y resecas. Soltero por gracia de la fealdad, aún a su edad mantenía la nostálgica vanidad del joven seductor, empoderado por intentar un nuevo look, que, quizá, le ayudara a copular antes de perder la circulación fálica, que era ya algo evidente de ver en la parábola de sus esporádicas erecciones matutinas.        La capa de corte cubrió a Fulgencio antes de resolverse, el barbero saca de su bata una navaja y con la otra mano, unas tijeras cromadas, las sostiene en el aire, se pausa un segundo y pregunta. –      Fulgencio, y ahora ¿Cómo quieres el corte? –      Estaba pensando en algo diferente. –      Claro, como siempre hombre, anda dime, que hay muchos caballeros esperando y ahora el chalan no vino. Mira que barbas tan desarregladas. –      Tu qué me recomiendas…mi pelucas.      Así le decían, “el pelucas”, porqué él era el único barbero del pueblo, y era sometido por un miedo irracional que le impidió por muchos años cortarse él mismo el pelo, tampoco confiaba en las mujeres del lugar, que para lo único que sabían usar las tijeras era para cortarle las alas a las gallinas y a los cúcunos. Pero en el fondo le dolía el mote, porqué le recordaba lo cobarde que era, y al mismo tiempo la idea irónica de un barbero greñudo le lastimaba hasta los pelos. Era un secreto a voces, pero esta era la primera vez que Fulgencio se lo decían en la cara. –      ¿Quieres algo distinto, verdad Fulgencio? Déjalo en mis manos, creo saber que corte te vendría bien. –      Entonces adelante, mi pelucas.      El pelucas buscó con malicia cobrar la afrenta de escuchar ese apodo lanzado por un don nadie, que había vivido hasta entonces de las sobras de una herencia repartida entre cuatro hermanos, – el greñas también vivía solo, pero él no era un mantenido, y aunque también era soltero, por lo menos sabía leer, no como el analfabeta de Fulgencio– lo que más le dolió fueron las risas borrascosas de algunos alumnos que esperaban un corte de pelo. El pelucas, aprendió a leer ya de grande, con la ayuda del maestro del pueblo que le mostró, usando los periódicos las vocales y las consonantes, por eso al paso del tiempo, se agilizó su lectura y también su conocimiento sobre las noticias más generales, que comentaba con su clientela de vez en vez.      Inició el ataque con las tijeras, después la espuma, la navaja también entró en acción sobre la cabeza de Fulgencio, todo sucedió de espaldas al espejo, afeito la barba, suavizo la navaja en el asentador de cuero, el bigote comienza a tomar forma, seca la piel con una toalla, aplica alcohol y el toque final lo da con una brocha con olor a talco. Gira la silla, Fulgencio se mira y esboza una sonrisa satisfecha, le ha gustado la obra de arte. Los muchachos que esperan su turno lo miran con extrañeza. El pelucas sabe que es un chiste fino que anda sobre dos pies. Fulgencio paga gustoso y sale del local.      Baja las tres escaleras de piedra del negocio, se encuentra de frente con el maestro de pueblo. –      Buenos días profesor– dice Fulgencio sonriente. –      Buenos días Fulge…–el profesor se quita el sombrero para saludar y en el acto se pasma, achica los ojos pues no da veracidad a lo que ve, sigue a Fulgencio con la mirada más absorta.      Fulgencio camina con la seguridad y altanería de un capataz. Da un par de vueltas al quiosco, después da un par de vueltas a la plaza de los sábados infestada de puestos de nopales, frijoles, tepache, macetas y otros artículos afines. La gente se ríe de él, no con él, Fulgencio nunca fue dueño de la belleza –esta vez tampoco- por eso aceptó las sonrisas como clarines amistosos.      Se detiene, contempla la pasada del desfile, no sabe que se festeja, pero le gusta el confeti y las acrobacias de los jóvenes de la prepa, también le goza mirar las pantorrillas de las adolescentes que bailan con vergüenza en las tablas rítmicas.      Pasadas las dos de la tarde, se topa con el cura del pueblo, antes de que éste note la presencia de Fulgencio, él ya le ha tomado la mano para besársela. –      Que Dios esté contigo hijo mío- dice el cura antes de que su oveja levanté la cara sumisa, al verlo de frente, le arrebata la mano con violencia de las fauces. Se persigna con rapidez, antes de intoxicarse con aquella forma. – ¿Fue el pelucas, verdad? –no es que el cura conozca a su grey como la palma de su mano, sino, como ya dijimos, era el único barbero. –      ¿Qué, lo del pelo? Si, ¿Por qué? –pregunta Fulgencio, mientras se acaricia la nuca recién rapada. –      Mira mijo, hay cosas que están fuera del entendimiento cristiano, la maldad pura, por ejemplo. Te me vas volando con el pelucas, dile que te mandé yo para que te arreglara, y que pase después al curato para echar una platicadita con él.      Fulgencio, intentó besarle la mano de nuevo, pero el cura lo rechazó. En el periplo a la peluquería, le volvieron a llover las miradas del pueblo, las sonrisas brillantes de las mujeres eran como pétalos de flores que alfombraban sus pasos; caminaba más erguido que de costumbre, hasta parecía más alto, en ocasiones las miradas súbitas lo llegaron a confundir con un turista, de no haber sido por la ropas típicas, y por los “buenos días seño” que repartía entre las tenderas de los diferentes puestos con los que se cruzaba, la gente lo hubiera dado por extranjero.        Estaba a dos calles de llegar a la barbería, cuando se encontró con el otro único intelectual del pueblo capaz de entender el chiste que el pelucas dibujó sobre la cara de Fulgencio, era Isaac Fontes, el dueño por tradición de la botica.      Isaac Fontes, emigró al pueblo junto con su botica, después de que la muerte de su padre ocurriera en la capital hace unos cuatro años, con la intención de hacer lo inasequible: arrancarse de las entrañas el pasado.     Él y su padre llegaron a México en un barco en el año de 1939, después de ser rechazado su arribo en Cuba, y bueno, la madre de Isaac, fue parte de a una lista de once millones que nunca regresaron a casa. La profesión de boticario la aprendió del padre, y el idioma español de una vieja nana mexicana que se dedicaba a la casa, mientras su padre atendía la tienda. Cuando Isaac llegó a México en 1939, apenas tenía dos años de edad, por eso mamó la profesión y el idioma con la misma facilidad que con la que aprendió a jugar. –      Buenos días doctor – dice Fulgencio. –      Buenos, Fulgencio– con voz trémula, y mirada como con la que se contempla la estatua de un dictador. – ¿A dónde caminas? – Antes de que pudiera decir nada– ¿Sabes qué quedaría perfecto con ese corte? Unos aceites y una loción estupenda que tengo en la farmacia. –      Lo que pasa es que el cura me mando a… –      ¿A una diligencia?, no digas idioteces y vente ándale.      Fulgencio fue arrastrado por el carisma que impone cualquier icono de cultura local, imposibilitado para poder decir “no”. Las calles que conducían a la botica eran solas, y frías, había que intentar no pisar los resquicios entre las piedras para no enlodarse los zapatos –había llovido por la madrugada-, Isaac guiaba el camino conocido, y volteaba con frecuencia para asegurarse que su dubitativo invitado aún le seguía el paso.      Entraron al local por una pequeña puerta contigua, y por un pasillo bordearon la tienda y terminaron en una sala angosta, rodeada de pinturas de hombres barbones, y candelabros exóticos de siete velas. –      Ándale, Fulgencio siéntate.      Isaac no podía quitarle la mirada de encima, era como si tuviera en su sala al dueño de aquella calamidad que fue su vida, siempre viviendo en la nostalgia de la madre ausente, del exilio obligatorio de su familia, de su separación, y de su dolor. Allí estaba sentado ese maldito, enmascarado en una sonrisa irónica y con otra ropa, pero, ese símbolo sobre su labio no podía evocar algo diferente al odio. El doctor salió de la sala en dirección a la farmacia. Si lo envenenaba… ¿Quién podría darse cuenta?, regresó, después de un extraño largo rato con un vaso con agua roja, parecía de fresa, y con dos frascos pequeños, un aceite y una loción. Fulgencio miraba un periódico, que tomó por aburrimiento, de entre una columna gigantesca de papeles que estaban al lado del sillón. –      Mire, mi Doc., este señor tiene el bigote y el corte igual al  que me hizo el pelucas, quién sabe qué será, pero parece rete importante. –      ¿No sabes quién es? –      No, yo ni sé leer. –      ¿Sabes dónde está Europa? –      Mmm ni piensos, yo nunca he ido a ese rancho.      El doctor arrojó el agua con  cianuro de potasio en una maseta, y se acomodó por un lado de Fulgencio. Platicaron largo y tendido, en lo que fue una catedra de historia exprés, arrojando sin tapujos a la mente de Fulgencio, las escenas más crueles y sádicas de aquel evento, el hombre sencillo, no entendió del todo, pero lo que comprendió lo puso pálido como un plato de porcelana. Terminó asqueado del mundo, del mal, y de su corte de pelo y bigote. Isaac le ofreció navajas y jabón, lo invitó a pasar a su baño a rasurarse, y así lo hizo. Ahora sin la sombra de aquel símbolo gobernando la cara de Fulgencio, se despidieron en la puerta, como dos buenos hermanos, se sintieron víctimas del mismo mal.      Fulgencio se alejó, con la mirada clavada en el suelo, aún asqueado por aquellas imágenes, por aquel demonio hecho hombre, sintió un odio intenso. Isaac, cerró la puerta de la calle, pensando en lo trágico de su mundo, y en cómo sería su vida si aquella escoria nunca hubiera existido, sintió rencor.      Esa madrugada, las campanadas iracundas de la iglesia despertaron a todos en el pueblo, los gallos aún no cantaban, fueron los hombres los primeros en quitar las trabas de las puertas y asomarse a la calle. A media colina, una abominable nube negra, se apoderaba de un cielo casi oscuro, brillaban de rojo lumbre los ojos de los espectadores, era inútil pretender apagar aquel fuego, sólo quedaba contemplarlo. Algún mocoso que salió escurridizo, a ver la escena, le preguntó a su padre. –      ¿Qué es eso qué se quema a lo lejos tata? –      Es la barbería hijo. Váyase pa´ dentro.
La barbería estaba hasta el tope, en unas horas habría desfile del veinte de noviembre; corría el año de 1970.      Todo el día se la pasó pensando, como se cortaría el pelo y el bigote. Ahora, sentado en la silla del peluquero, agitaba su vista observando las muestras de fotografías enmarcadas sobre las paredes, gobernadas generalmente, por imágenes de héroes de la revolución mexicana o expresidentes nacionales: refinados bigotes ingleses, o los revolucionarios pelos ligeramente sobre el labio de Zapata, un poco más toscos y más oriundos.      Carirredondo y rubicundo, rosaba los sesenta años, ninguna cana se pintaba sobre la melena negra de greñas grifas y resecas. Soltero por gracia de la fealdad, aún a su edad mantenía la nostálgica vanidad del joven seductor, empoderado por intentar un nuevo look, que, quizá, le ayudara a copular antes de perder la circulación fálica, que era ya algo evidente de ver en la parábola de sus esporádicas erecciones matutinas.        La capa de corte cubrió a Fulgencio antes de resolverse, el barbero saca de su bata una navaja y con la otra mano, unas tijeras cromadas, las sostiene en el aire, se pausa un segundo y pregunta. –      Fulgencio, y ahora ¿Cómo quieres el corte? –      Estaba pensando en algo diferente. –      Claro, como siempre hombre, anda dime, que hay muchos caballeros esperando y ahora el chalan no vino. Mira que barbas tan desarregladas. –      Tu qué me recomiendas…mi pelucas.      Así le decían, “el pelucas”, porqué él era el único barbero del pueblo, y era sometido por un miedo irracional que le impidió por muchos años cortarse él mismo el pelo, tampoco confiaba en las mujeres del lugar, que para lo único que sabían usar las tijeras era para cortarle las alas a las gallinas y a los cúcunos. Pero en el fondo le dolía el mote, porqué le recordaba lo cobarde que era, y al mismo tiempo la idea irónica de un barbero greñudo le lastimaba hasta los pelos. Era un secreto a voces, pero esta era la primera vez que Fulgencio se lo decían en la cara. –      ¿Quieres algo distinto, verdad Fulgencio? Déjalo en mis manos, creo saber que corte te vendría bien. –      Entonces adelante, mi pelucas.      El pelucas buscó con malicia cobrar la afrenta de escuchar ese apodo lanzado por un don nadie, que había vivido hasta entonces de las sobras de una herencia repartida entre cuatro hermanos, – el greñas también vivía solo, pero él no era un mantenido, y aunque también era soltero, por lo menos sabía leer, no como el analfabeta de Fulgencio– lo que más le dolió fueron las risas borrascosas de algunos alumnos que esperaban un corte de pelo. El pelucas, aprendió a leer ya de grande, con la ayuda del maestro del pueblo que le mostró, usando los periódicos las vocales y las consonantes, por eso al paso del tiempo, se agilizó su lectura y también su conocimiento sobre las noticias más generales, que comentaba con su clientela de vez en vez.      Inició el ataque con las tijeras, después la espuma, la navaja también entró en acción sobre la cabeza de Fulgencio, todo sucedió de espaldas al espejo, afeito la barba, suavizo la navaja en el asentador de cuero, el bigote comienza a tomar forma, seca la piel con una toalla, aplica alcohol y el toque final lo da con una brocha con olor a talco. Gira la silla, Fulgencio se mira y esboza una sonrisa satisfecha, le ha gustado la obra de arte. Los muchachos que esperan su turno lo miran con extrañeza. El pelucas sabe que es un chiste fino que anda sobre dos pies. Fulgencio paga gustoso y sale del local.      Baja las tres escaleras de piedra del negocio, se encuentra de frente con el maestro de pueblo. –      Buenos días profesor– dice Fulgencio sonriente. –      Buenos días Fulge…–el profesor se quita el sombrero para saludar y en el acto se pasma, achica los ojos pues no da veracidad a lo que ve, sigue a Fulgencio con la mirada más absorta.      Fulgencio camina con la seguridad y altanería de un capataz. Da un par de vueltas al quiosco, después da un par de vueltas a la plaza de los sábados infestada de puestos de nopales, frijoles, tepache, macetas y otros artículos afines. La gente se ríe de él, no con él, Fulgencio nunca fue dueño de la belleza –esta vez tampoco- por eso aceptó las sonrisas como clarines amistosos.      Se detiene, contempla la pasada del desfile, no sabe que se festeja, pero le gusta el confeti y las acrobacias de los jóvenes de la prepa, también le goza mirar las pantorrillas de las adolescentes que bailan con vergüenza en las tablas rítmicas.      Pasadas las dos de la tarde, se topa con el cura del pueblo, antes de que éste note la presencia de Fulgencio, él ya le ha tomado la mano para besársela. –      Que Dios esté contigo hijo mío- dice el cura antes de que su oveja levanté la cara sumisa, al verlo de frente, le arrebata la mano con violencia de las fauces. Se persigna con rapidez, antes de intoxicarse con aquella forma. – ¿Fue el pelucas, verdad? –no es que el cura conozca a su grey como la palma de su mano, sino, como ya dijimos, era el único barbero. –      ¿Qué, lo del pelo? Si, ¿Por qué? –pregunta Fulgencio, mientras se acaricia la nuca recién rapada. –      Mira mijo, hay cosas que están fuera del entendimiento cristiano, la maldad pura, por ejemplo. Te me vas volando con el pelucas, dile que te mandé yo para que te arreglara, y que pase después al curato para echar una platicadita con él.      Fulgencio, intentó besarle la mano de nuevo, pero el cura lo rechazó. En el periplo a la peluquería, le volvieron a llover las miradas del pueblo, las sonrisas brillantes de las mujeres eran como pétalos de flores que alfombraban sus pasos; caminaba más erguido que de costumbre, hasta parecía más alto, en ocasiones las miradas súbitas lo llegaron a confundir con un turista, de no haber sido por la ropas típicas, y por los “buenos días seño” que repartía entre las tenderas de los diferentes puestos con los que se cruzaba, la gente lo hubiera dado por extranjero.        Estaba a dos calles de llegar a la barbería, cuando se encontró con el otro único intelectual del pueblo capaz de entender el chiste que el pelucas dibujó sobre la cara de Fulgencio, era Isaac Fontes, el dueño por tradición de la botica.      Isaac Fontes, emigró al pueblo junto con su botica, después de que la muerte de su padre ocurriera en la capital hace unos cuatro años, con la intención de hacer lo inasequible: arrancarse de las entrañas el pasado.     Él y su padre llegaron a México en un barco en el año de 1939, después de ser rechazado su arribo en Cuba, y bueno, la madre de Isaac, fue parte de a una lista de once millones que nunca regresaron a casa. La profesión de boticario la aprendió del padre, y el idioma español de una vieja nana mexicana que se dedicaba a la casa, mientras su padre atendía la tienda. Cuando Isaac llegó a México en 1939, apenas tenía dos años de edad, por eso mamó la profesión y el idioma con la misma facilidad que con la que aprendió a jugar. –      Buenos días doctor – dice Fulgencio. –      Buenos, Fulgencio– con voz trémula, y mirada como con la que se contempla la estatua de un dictador. – ¿A dónde caminas? – Antes de que pudiera decir nada– ¿Sabes qué quedaría perfecto con ese corte? Unos aceites y una loción estupenda que tengo en la farmacia. –      Lo que pasa es que el cura me mando a… –      ¿A una diligencia?, no digas idioteces y vente ándale.      Fulgencio fue arrastrado por el carisma que impone cualquier icono de cultura local, imposibilitado para poder decir “no”. Las calles que conducían a la botica eran solas, y frías, había que intentar no pisar los resquicios entre las piedras para no enlodarse los zapatos –había llovido por la madrugada-, Isaac guiaba el camino conocido, y volteaba con frecuencia para asegurarse que su dubitativo invitado aún le seguía el paso.      Entraron al local por una pequeña puerta contigua, y por un pasillo bordearon la tienda y terminaron en una sala angosta, rodeada de pinturas de hombres barbones, y candelabros exóticos de siete velas. –      Ándale, Fulgencio siéntate.      Isaac no podía quitarle la mirada de encima, era como si tuviera en su sala al dueño de aquella calamidad que fue su vida, siempre viviendo en la nostalgia de la madre ausente, del exilio obligatorio de su familia, de su separación, y de su dolor. Allí estaba sentado ese maldito, enmascarado en una sonrisa irónica y con otra ropa, pero, ese símbolo sobre su labio no podía evocar algo diferente al odio. El doctor salió de la sala en dirección a la farmacia. Si lo envenenaba… ¿Quién podría darse cuenta?, regresó, después de un extraño largo rato con un vaso con agua roja, parecía de fresa, y con dos frascos pequeños, un aceite y una loción. Fulgencio miraba un periódico, que tomó por aburrimiento, de entre una columna gigantesca de papeles que estaban al lado del sillón. –      Mire, mi Doc., este señor tiene el bigote y el corte igual al  que me hizo el pelucas, quién sabe qué será, pero parece rete importante. –      ¿No sabes quién es? –      No, yo ni sé leer. –      ¿Sabes dónde está Europa? –      Mmm ni piensos, yo nunca he ido a ese rancho.      El doctor arrojó el agua con  cianuro de potasio en una maseta, y se acomodó por un lado de Fulgencio. Platicaron largo y tendido, en lo que fue una catedra de historia exprés, arrojando sin tapujos a la mente de Fulgencio, las escenas más crueles y sádicas de aquel evento, el hombre sencillo, no entendió del todo, pero lo que comprendió lo puso pálido como un plato de porcelana. Terminó asqueado del mundo, del mal, y de su corte de pelo y bigote. Isaac le ofreció navajas y jabón, lo invitó a pasar a su baño a rasurarse, y así lo hizo. Ahora sin la sombra de aquel símbolo gobernando la cara de Fulgencio, se despidieron en la puerta, como dos buenos hermanos, se sintieron víctimas del mismo mal.      Fulgencio se alejó, con la mirada clavada en el suelo, aún asqueado por aquellas imágenes, por aquel demonio hecho hombre, sintió un odio intenso. Isaac, cerró la puerta de la calle, pensando en lo trágico de su mundo, y en cómo sería su vida si aquella escoria nunca hubiera existido, sintió rencor.      Esa madrugada, las campanadas iracundas de la iglesia despertaron a todos en el pueblo, los gallos aún no cantaban, fueron los hombres los primeros en quitar las trabas de las puertas y asomarse a la calle. A media colina, una abominable nube negra, se apoderaba de un cielo casi oscuro, brillaban de rojo lumbre los ojos de los espectadores, era inútil pretender apagar aquel fuego, sólo quedaba contemplarlo. Algún mocoso que salió escurridizo, a ver la escena, le preguntó a su padre. –      ¿Qué es eso qué se quema a lo lejos tata? –      Es la barbería hijo. Vallase pa´ dentro.
¿Haz tenido esa sensación de algo que te emociona y te asusta a la vez?Hoy vino a mi ese "emosusto". Después de hace meses que decidí salirme del trabajo, hoy salí emocionada, sintiéndome capaz de lograr cualquier cosa. En este caso, esa cosa era conseguir un empleo del cual me había platicado una amiga.Llegué antes de tiempo a la cita (cosa que rara vez sucede dado a mi incapacidad de ser puntual) y esperé ahí. Esperé 36 minutos para pasar y mientras tanto pensaba puras pendejadas.A decir verdad es que los empleos convencionales me asquean muy pronto.Sin embargo no siempre me siento capaz de emprender algo, de ser creativa, de conseguir algo más allá de un simple empleo.Y luego viene a mi mente la pregunta: ¿cómo es que aprendí a tener tanto miedo?Probablemente la respuesta a esa pregunta sería con frases que justifiquen el miedo. Y entonces es que me pregunto: ¿cómo es que terminé enrrollada en este estado de preguntas existenciales?Todo esto pasó, real, en 36 minutos esperando a ser entrevistada...
Sol sintió que el tiempo era eternidad, que se congelaban los segundos sin cesar. Agonía de pensar que no había más que ese circulo de azar.Edad para haber hecho tanto y no haber culminado nada. Edad para alejarse del mundo, para algún rumbo. Inciertamente cierta era esa idea fija de creerse capaz de que nunca  llegaria a ser capaz. Temor y desamor fue el titulo de su película de terror, que transcurrío minuto a minuto , segundo a segundo, dentro de su sensación más profunda e intrínsecamente astuta. ¡ Caótico corazón delator ! Desesperanzador lo apodó su razón, a ese lapso de dolor, que silencioso avanzó  y destructivamente borró los recuerdos más bellos de su verdadero amor... Se alejó, lo alejó y además se enojó.
La edad de Sol
Autor: Rose 
En: Cuentos & Historias 
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                                                     16/4/98.                         Pastor casi siglo 21.   Cuando hablo del pastor...       Cuando evoco al pastor...                  Cuando pienso en el pastor... hablo de verdes campiñas, de fértiles valles, de cerros rocosos, y , aún de desiertos y sabanas interminables. Evoco el trinar de su silbido, la fina melodía de su flauta, el golpe del cayado en el suelo, el ladrido de su amigo y fiel colaborador perro. Pienso en su indumentaria humilde, jubón al hombro, con su colación exigua, con sus pies descalzos y su manta de basta lana enrollada. Sin duda, que desde hace muchos años esta es la figura que nos viene a la mente, ubicado en una época en que no había escuelas, que no era necesaria la instrucción y aún era contraproducente ser instruido. Una época lenta, casi bucólica, de días y noches sin grandes sobresaltos, en la cual abuelos, padres, hijos, compartían la misma casa, la misma majada, el mismo trabajo para lograr sus sustento de la tierra. La sabiduría trasmitida de boca en boca. En los cuentos de las largas noches de fogatas e inviernos, en las actividades diarias, de vida, de ejemplos, de todo esto enmarcado en un entorno de lento devenir, lentas culturas, lentos desarrollos, lento....   Lento al ritmo de la madre naturaleza,                    a su influjo...                          a su remedo... Pero, pero con la aparición de nuevas formas de trabajo, de vida, de actitudes con respecto a la vida, de... de sociedad de consumo         de sociedad organizada                 de sociedad apurada                         de sociedad casi culturizada. De televisión, de comunicaciones, de movimiento, de arte, de radio, de mucho movimiento, de clonaciones, de reproducción a destiempo, de consumo de animales y hombres. Yo había supuesto que el cambio había llegado hasta el pastor, hasta el rebaño, hasta la campiña, hasta todo lo imaginado, que el cambio había llegado ... Hasta que un día, allá en el Barrio Obelisco, en Las Piedras, Uruguay, donde vivía, lo vi.... Lo miré muchas veces, durante muchos días, antes de llegar a verlo. De zapatillas raídas, de pantalón vaquero roto, de campera, hiciera calor o no, sin medias, piel cetrina, cara hosca, ojos huidizos, de mirada perdida, en un horizonte que estoy seguro no divisa. Sentado en “ la vereda” de pasto, al lado de la cuneta, de mañana, de tarde, con sol, con frío, con tristeza, con apagada imagen, allí estaba de pronto, “el pastor”.   Sin cayado, sin rebaño, sin flauta, sin jubón, sin manta, sin bucólico entorno. Rodeado por casas, de mugre de sociedades humanas, al borde de una pobre y agostada cañada, carente de vida, sentado contra el muro de bloques de su  propia casa, de 12 o 14 años, cuidando, estando y compartiendo soledades con... una única , sola, esmirriada, oscura y balante , oveja. Qué será de él cuando ella no esté,        cuando sea festín de fin de año,               cuando cese su contrato de cuidador y cuidada,                     existe el pastor del siglo 21,                           subsiste, vive y casi no lucha...                                   Resistiéndose al tiempo y... a los tiempos.
Finalmente, después de casi un siglo, un valeroso caballero consiguió superar todas las adversidades que se le presentaron y llegar a la torre en la cima del volcán, para liberar a la bella princesa que sería su esposa. Para su sorpresa, lo único que encontró fue un esqueleto vestido con ropajes de sedas blancas desgastados por el tiempo tumbado en una cama carcomida y un basilisco muerto de hambre que debía vigilar a la princesa en su encierro.Más relatos en... http://relatosycuentosbreves.blogspot.com.es/ 
Mientras desayunaba su americano consistente en café con leche, jugo de naranja, un par de huevos y tostadas con mermelada, completamente a solas en el Hotel Marriott de Orleans, Joseph Liore seguía aprendiendo, cada vez con mayor ahínco y voluntad, el idioma español. Así que, ahora, abrió "El Ingenioso Hidaldo Don Quijote de La Mancha", de Miguel de Cervantes Saavedra, y leyó en voz alta.  - Paréceme, señor mío, que todas estas desventuras que estos días nos han sucedido, sin duda alguna, han sido pena del pecado cometido por vuestra merced contra la orden de caballería, no habiendo cumplido el juramento que hizo de no comer pan a manteles ni con la reina holgar, con todo aquello que a esto sigue y vuestra merced juró de cumplir, hasta quitar aquel almete de Malandrino, o como se llama el moro, que no me acuerdo bien. - Tienes mucha razón, Sancho -dijo Don Quijote-; mas para decirte verdad, ello se me había pasado de la memoria, y también puedes tener por cierto que por la culpa de no habérmelo tú acordado a tiempo sucedió aquello de la manta; pero yo haré la enmienda, que de modos hay de composición en la orden de caballería para todo.  Una voz sonó muy cerca de él.  - ¿Puedo compartir el tiempo contigo mieentras tomo mi desayuno americano? Te prometo que guardaré silencio. Joseph Liore cerró "El Quijote" y, al levantar la vista, se encontró con la mirada inteligente del ya muy anciano "Porthole Stubble". - No se preocupe por el tiempo. Dispongo de mucho y no me importa compartir parte de él con personas que me aportan calidad de compañía. Cuando eso sucede no me interesa el silencio.  El ya muy anciano "Porthole Stubble" agradeció con una leve sonrisa y se sentó frente a Joseph, con su camisa con pajarita, quitándose el sombrero canotier y dejando el bastón de madera de avellano en la silla vacía que tenía a su izquierda. Fue todo lo más directo posible.  - ¿Por qué no le dices ya, directamente y sin ambages de ninguna clase, que la amas de verdad?- ¿Se está usted refiriendo a mi pareja?- Si yo tuviese una chica así como pareja no dudaría ni una sola décima de segundo para convertirla en mi esposa. - Habla usted de duda y, en este caso, no es ese el asunto. Me veo tan lúcido como siempre pero es díficil de interpretar una reflexión que lo explique todo. Quizás se pueda decir que las nostalgias de un pasado feliz serán siempre condenas para el futuro aunque estoy seguro de que hay una interpretación mucho más profunda que el hecho de casarse o no casarse en solo una décima de segundo.- ¿Y puedo saber qué interpretación mucho más profunda es esa?- El amor noble, que es el único que me interesa, es un viaje extraordinario porque rompe con toda esta moda de los amores libres que son los únicos que no me interesan.- ¡Jajajajaja! Sigues siendo tan inteligente como siempre lo demuestras. ¿Qué clase de viaje extraordinario es ese?- No es tan importante el lugar, ni la hora ni tan siquiera la manera. Lo que importa es el viaje en sí mismo. Podemos viajar, por poner un ejemplo, por toda Galicia a través de sus ríos, sin haber salido para nada de nuestra sala comedor. O podemos viajar por todo el continente americano haciendo viajes tan sorprendentes que hasta las lunas se conviertan en cometas. Así es la vida bohemia de quienes soñamos y vivimos al mismo tiempo. Vida. Sueño. Todo cabe en el alma cuando de viajar se trata. No es tan importante el lugar, ni la hora ni tan siquiera la manera. Lo importante es el viaje en sí mismo.- Y si traspasamos esa forma de pensar al mundo del amor resulta que tú buscas lo unívoco e intransferible.- El ser humano es unívoco porque su propia experiencia es intransferible. La puede compartir con los demás seres humanos pero sólo la vive él. Su experiencia le hace único y únicos son los significados y los significantes de su experiencia. "Porthole Stubble" cada vez se quedaba más atónito al escuchar a Joseph.  - La verdad es que no había visto nunca jamás a un orador hablar con tanta consistencia personal y eso que el mundo de los oradores me lo conozco porfundamente. Me entusiasma escucharte. ¿Puedes seguir explicándolo?- Sigo si tanto le interesa. Si nos detenemos un momento a pensar, también puede ser que una larga serie de reflexiones, unidas en un solo concierto de ideas y no de ideologías sino de ideas solamente, pueden mostrar todo un conjunto de sentiemientos a través de sensaciones encontradas entre sí. Es lo que me sucede con mi pareja. Posiblemente la relación de Peter Pan con la exigencia de escribir cuando llega la noche, que es manera bohemia de hacerlo, se deba a que siempre tenemos que preguntarnos si hay dos Peter Pan, y dos Wendy, y hasta dos Campanita diferentes por lo de cantar mientras acariciamos el rostro de la mujer que amamos de verdad. Posiblemnte es mejor no dibujar siempre a Peter Pan de verde manzana como si fuese Adán comiéndose la fruta de Eva como un simple impostor. En el verdadero amor noble siempre hay que ejecutar una doble tarea: interpretar sueños e imaginaciones y tener que traducirlos al idioma que cada uno lleva dentro de su corazón. ¿Cuántos Peter Pan y cuántas Wendy e inclusos cuántas Campanita es necesario de imaginar para encontrar una respuesta a nuestros sueños?- Me dejas sin saber qué responderte porque no conozco la respuesta a pesar de lo ya muy anciano que soy.- Existen muchas respuestas, "Porthole Stubble", pero quizás la mejor de todas es la que tienen los niños perdidos del bosque; los que andan descalzos por las orbes del mundo observando las atmósferas terrestres para ver volar a su propio Peter Pan, a su propia Wendy o incluso a su propia Campanita. Traspase usted esto al mundo de los mayores y tendrá la verdadera solución a la pregunta del porqué. ¿Por qué no le digo abiertamente que la amo de verdad? ¡Porque la amo de verdad, "Porthole Stubble"  pero es ella la que de verdad se debe sentir amada! - Admiro tu imaginación porque la basas en el conocimiento de la realidad. ¡Vaya manera más limpia de concebir lo que es una mujer a la que se ama con total renunciación de uno mismo!- Este oficio de comentar tienes estas cosas. Por eso yo quizás no creo en El Páis del Nunca Jamás sino que construyo y creo El País de Siempre Feliz aunque alguien me diga que no sé analizar lo que es el amor. Es igual. Expreso mis sentimientos mientras llega la noche y mis dedos acarician su rostro para expresar las sensaciones internas de mi alma. Quizás ver volar a Peter Pan pueda ser hasta posible aunque alguien comente que yo no sé comentar porque me detengo mucho en mi alma para verme sumido en mis propios sueños. Por eso voy mucho más allá de los expertos "académicos del amor lire" en los cuales ni creo ni he creído jamás y espero no creer nunca. Dejar alojado el silencio interpretativo en mi alma y plasmar hacia el exterior lo que sale de ella. Eso sí que es el amor noble en el que siempre he creído y en el que nunca dejaré de creer. - Si yo te hubiera conocido hace muchos años...- ¿Qué hubiese ocurrido si hubiésemos sido compañeros de Generación?- Que hubiese aprendido otra manera mucho más completa del vivir.- Sólo puedo decirle, y no sé si acierto o no acierto al decirlo pero le hablo a usted con todo respeto y con toda mi alma, que no es necesario matar a Peter Pan si tienes el alma infantil y el corazón joven.- ¿Es por todo lo que me has explicado de manera tan sólida y consistente por lo que estabas leyendo ese trozo del "Quijote"?- Si usted cree que sí es totalmente cierto; pero solamente si usted cree que sí. - Creo que sí pero... ¿qué pasaría si hubiese creído que no?... - Que no se hubiese sentado a mi lado para desayunar su americano.- ¡Jajajajaja! ¡Acertaste! ¡Me senté a tu lado porque creo en lo que sientes que es lo mismo que dices porque tienes una coherencia absoluta!  - Por eso Sancho Panza me sirve como contrapunto para entender mis ideales. - ¿Y cómo eres capaz de ser tan coherente en un mundo tan desquiciado como el actual?- ¿Ha leído usted alguna vez a Rilke?- Conozco "Las Elegías del Duino". - Pues si lo ha leído tengo que contarle que a mí me parece, como dice el poeta alemán, que nos acostubmramos mucho a ser terrenales quizás porque lo angelical nos aturde y nos elimina la verdadera naturaleza de nuestro ser. Lo "seguro" de los humanos es precisamente ese prodigioso sentimiento de expresar lo efímero, lo impermanente, lo volátil que se convierte, de repente, en dimensión absoluta cuando encontramos el verdadero amor para toda la vida, a la vez que nos naturaliza con nuestros propios pensamientos. Las belleza de la palabra, y de esto sabía muchísimo es la belleza del dolor, y de esto sabía muchísimo "Don Quijote", pero es, mucho más todavía, la belleza de la alegría porque el dolor y la alegría son dos maneras de justificar nuestras vida cuando la vida pasa a ser nuestra verdadera existencia. ¿Me ha comprendido bien del todo?- Te he comprendido bien del todo. Adiós, jovencito. Fue para mí tan grande honor el poder haberte llebado a conocer que me arrepiento de muchas cosas cometidas por no ser tan inteligente de haber buscado seres humanos como tú y haberme conformado con seres tan ignorantes como Max Emilington. - ¿Conoce usted bien al abogado Max Emilington?- Demasiado bien. Tanto como para poder afirmar que de mayor no quiero ser como él. - ¡Jajajajaja! ¡Muy buen chiste, "Porthole Stubble"!- De algo me debía servir haber podido conocerte a tiempo de poder vivir todavía algunas décadas más.  El ya muy anciano de la camisa con pajarita, el sombrero canotier y el bastón de madera de avellano, que ya había terminado de desayunar, le dio la mano a Joseph Liore y se despidió de él.  - Pero no tardes mucho en decirle que la amas de verdad.- Voy a tardar mucho menos de lo que los demás creen. - A eso lo llamo yo ser valiente. ¡Hasta siempre, chaval! Y se marchó mientras Joseph Liore leyó otro trozo de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha" de Miguel de Cervantes Saavedra. - ¡Ay, señora de mi alma y de mi vida! ¿Para qué me despertásteis? Fue en ese mismo instante cuando sonó su móvil. - Hola, Diana...- ¿Estás levantado ya!- Ya estoy levantado. - ¿Has desayunado ya!- Ya he desayunado?- ¿Te has enamorado ya?- ¡Jajajajaja! ¡Ya me he enamorado!- ¡Jajajajaja! ¿Para cuándo la próxima acción?- A la hora del té en "Canine Connection". - Lo recuerdo bien. Mientras tanto no cuentes conmigo para nada. - ¿Porque vas a ir de tiendas?- ¡Jajajajaja! Sí. Porque voy a ir de tiendas. - Cómprate toda la ropa que quieras pero a la cita del té acude de manera completamente informal. - ¿Cómo chica de barrio?- ¡Eso es! ¡Como chica de barrio! - Lo haré.  Caundo se produjo el silencio Joseph Liore pensó en Giuseppe y en su barrio de la infancia; cuando estuvo durante unos pocos años viviendo en Madrid. Lo musitó en voz baja. - Falta el vendedor de los melones en medio del boulevard, la quiosquera que vendía regalices y el lechero del portal de al lado que tanto ruido hacía con su Volkswagen de tipo escarabajo… ah… y me olvidaba que el paseo de las tupidas acacias ahora debe ser todo de cemento y un pasar frío de gentes desconocidas. Después recordó a la infancia en Nueva York. - Con sus camisetas canariñas dando cuenta al dia de una jornada decisiva o simple y llanamente “cantosa”, las estrellitas del barrio suspiran por suceder a la Charlize Tharon interpretando un papel de modelo “playboyano”. Las estrellitas del barrio toman té con limón para aliviar su propia resurrección temprana. Las estrelitas del barrio vienen y van cuando quieren y porque quieren ya que están buscando vida humana con un vaso de té con limón entre sus manos. El barrio huele a jazmines de algún secreto enamoramiento singular. Alguien mira con sus prismáticos a las celestes estrellitas del barrio.  Sonrió al coparar ambas realidades. ¿Giuseppe? ¿Por qué le venía a la memoria el hermanastro del asesinado alcalde de Nueva Orleans, el tan apreciado por todos Bonaventura Facio? Dio un repaso mental. - ¿Alguien te ha dicho de la existencia de Centenario?- La señora viuda de Facio me habló de su existencia.- Todos sabemos de su existencia pero nadie sabe dónde se encuentra aunque yo tengo una idea muy clara. Por eso es necesario que veais mi obrilla y la recordéis en su totalidad. Yo no puedo estar más tiempo en Nueva Orleans porque si me encuentran me eliminan del todo. Sólo quiero vengar la muerte de mi hermanastro Bonaventura y es por eso por lo que llevo ya casi un año y medio en Estados Unidos pero tengo que regresar a Madrid. - ¿No vivías en París?- Viví en la bohemia parisina hasta que asesinaron a mi hermanastro. Desde entonces estoy en Madrid pero tengo noticias de la existencia de Centenario y que es alguien fundamental para encontrar al verdadero culpable de su muerte. Necesito que le encuentres pero no puedo salir a la luz pública porque me están persiguiendo. - No te preocupes tocayo. Como somos iguales los dos yo lo haré por ti de la misma manera que tú lo harías por mí. - Entonces, adiós, tocayo. Yo tengo que desaparecer para no estorbar tu trabajo. Pero antes de eso te puedo regalar un ejemplar de mi última obra. Giuseppe sacó, del bolsillo de su chaqueta color azul, un ejemplar de su novela histórica y se la mostró a Joseph.  - "Morir por tí Siempre". Me interesa, colega.- Pues te la regalo porque quizás también te sirva de mucho para lo que estás buscando para tu vida.- ¿Cómo sabes que estoy buscando al amor? Gisueppe sonrió antes de responder...  - Recuerda que tú y yo somos iguales. Esa novela la empecé a escribir cuando tenía 33 años de edad. ¿Te dice algo eso?- Es la edad en la que Jesucristo hizo el esfuerzo redentor. - Exacto. Estoy seguro de que cuando leas "Morir por ti siempre" lo vas a recordar muchas veces y te podrá servir de Luz para lo que tanto deseas encontrar. - ¿Puedes firmarme la novela?- Con todo gusto. Lo que escribió fue solamente "De Giuseppe a Joseph porque somo la misma circunstancia". Y lo firmó.  - Hasta siempre, Giuseppe. Gracias por ser igual que yo. Dedujo con total claridad que si Giuseppe estaba tan a gusto viviendo en Madrid es porque había vivido parte de su infancia en Madrid aunque hubiese nacido en cualquier otro lugar del planeta. Era lógico y natural pensar de aquella manera. Siguió razonando en voz baja. - La bola se mueve de un punto A a un punto B... de un bunto B a un punto C... de un punto C a un punto D... y Dios es el punto De donde el llando de un bebé nos da siempre a entender que la lógica es simplemente la sinceridad con la que tratemos a la imaginación para construir nuestra realidad.  Al terminar de pensar en todo ello se le acercaron una pareja compuesta por un joven de 20 años de edad y una jovencita también de 20 años de edad. - Hola, caballero... somos dos jóvenes estudiantes de Periodismo de la Universidad Tulane y estamos llevando a cabo una encuesta entre los residentes en Nueva Orleans para medir la actualidad social de nuestra ciudad en sus aspectos más humanos. ¿No le importaría a usted contestar solamente a 10 preguntas?- De acuerdo. Soy Joseph Liore y solamente tengo 29 años de edad. Sentaos y decidme cómo os llamáis antes de empezar con vuestras preguntas.- Yo me llamo Paul Boiler Fatwoman y mi pareja es Paula Griddle Lisa que, además de convivir juntos, también estudiamos juntos. - Y, naturalmente, follais juntos. Paul se quedó de repente cortado y tuvo que ser Paula la que le sacase del apuro. - No lo consideramos un pecado.- El problema no es lo que considereis vosotros sino lo que considera una maestra llamada Experiencia que rige todas nuestras vidas. - ¿Ha dicho usted una maestra llamada Experiencia?- Sí. Veo que no la conoces bien, Paula... o prefieres que te llame Paulina... - Prefiero llamarme Paula porque dejé de ser una niña hace muchos años.- Pues es una verdadera pena que hayas dejado de serlo. Pero, en fin, de todo tiene que haber en la Viña del Señor porque en caso contrario sería cualquier cosa menos una viña. Así que a ver si consigues memorizar en tu linda cabecita lo siguiente y si te pierdes házmelo saber para ver si te puedo rescatar de la ignorancia: Un amanecer es ese tiempo que Dios nos regala para sacarnos de un espacio de la nada donde sólo existen horas vacías que no se nos quedan en la memoria porque es como si las hubiésemos “no vivido” para hacernos introducir en un espacio de todo dónde se desarrollan nuestras experiencias vivenciales. Un amanecer es un despertar y un despertar es empezar a tener consciencia de lo que nos queda por vivir durante el día. El día se compone de experiencias nuevas que debemos de tener deseos de experimentarlas para llenarlas de vivencias que pueden ser positivas o pueden ser negativas según sea nuestra manera y modo de vivirlas. Entramos por tanto en la dialéctica de ¿qué es la existencia humana?. Lo principal de todo es despertar si Dios nos da la oportundiad de hacerlo y, una vez despierto, comenzar a caminar y no quedarse estancado ni anclado en el tiempo viviendo las experiencias del camino. Si el vivir es un andar por el tiempo es necesario que Dios nos ofrezca el amanecer, que siempre es un despertar, para llenar esa nada que hemos superado y comenzar a llenar el día de todo lo que vemos, oimos, sentimos en cada fragmento del día. Porque cada día tiene su afán y cada afán es una experiencia nueva. ¿Te ha gustado, preciosa jovencita o te lo matizo un poco para que te aclares del todo sobre lo que es caminar derechos o caminar inclinados hacia la izquierda o inclinados hacia la derecha que siempre conduce a la caída fatal? Paul sabía que llevaban las de perder si continuaban escuchando las sabias palabras de Joseph Liore, solamente 9 años mayor que ellos, y prefirió centrarse en la encuesta.  - ¿Podemos centrarnos en la encuesta?- Pensé que habíais venido a aprender algo... pero si es a través de una encuesta de 10 preguntas también puedo intentarlo... Paul comenzó a preguntar un poco inquieto. - Primera pregunta: ¿De una puntuación de 0 a 10 cuál sería la que usted daría a Nueva Orleans y por qué?- A la ciudad de Orleans la puntúo con un notable alto, que quiere decir un 8, porque el 9 siempre me lo reservo para el Paraíso Celestial y el 10 para la Eternidad. Paul se quedó un poco acojonado... pero siguió...  - Segunda pregunta: ¿Qué personaje histórico nacido en Nueva Orleans es el que más le llama su atención y por qué?- El dramaturgo Tennessee Williams porque fue capaz de ganar el Premio Pulitzer nada más y nada menos que con "Un tranvía llamado Deseo" que ya es bastante atrevimiento si consideramos que la estrenó en 1947 y habla de alcoholismo, prostitución, drogas, homosexualidad y otras causas más o menos atrevidas. Claro que el atrevimiento es propio de la ignorancia real y, en el fondo, Williams ignoraba muchas cuestiones vitales para que los seres humanos no se sequen como los higos cuando se les toca demasiado. Paul siguió acojonándose y se mostró un poco más humilde...  - Tercera pregunta: ¿Qué obra teatral recomendaría usted para la juventud de Nueva Orleans y por qué?- Sin duda alguna "La Carreta" del trotamundos Giuseppe, hermanastro de quien fue alcalde de esta noble ciudad, Bonaventura Facio, porque enseña lo que los demás no desean ni quieren enseñar porque se les viene abajo todo el negocio. Esta vez Paul resistió mejor la "marejada" pero estaba ya muy nervioso. - Cuarta pregunta: ¿Qué opina de la juventud de Nueva Orleans y por qué?- Si te refieres a la juventud blanca opino que están "en blanco" porque creen que esto es el paraíso del cielo de San Pedro y si te refieres a la juventud negra opino que están "en negro" porque consideran que esto es la oscuridad del infierno de Pero Botero. ¿Sabeis ya la diferencia o tengo que desmenuzarla para que podáis digerirla mejor? Paul se sobrecogió y estuvo a punto de abandonar pero la encuesta estaba siendo algo tan importante que ni él se creía que hubiese algún residente de Nueva Orleans capaz de responder de aquella manera. - Sexta pregunta: ¿Qué opina del jazz de Nueva Orleans y por qué?- Por las noches todos los gatos son negros así que el jazz de Nueva Orleans es muy bueno para quienes se mueven como los felinos por la vida nocturna de esta ciudad y no caen en las trampas de los ratones. Y ya sabéis que un ratero viene de rata.  Paul siguió nervioso mientras Paula se mordía las uñas.  - Séptima pregunta: ¿Le ha gustado alguna película de cine con argumento rodado en la ciudad de Nueva Orleans y por qué?- "American Ultra", dirigida por Nima Nourizadeh, británico de origen iraní, y escrita por Max Landis. Me interesa porque es un verdadero refrito de escenas más o menos fuertes, pero muy atrayente para el espectador, en el cual Mike Howell (Jesse Eisenberg) es un joven que no tiene ninguna motivación y que vive junto a su novia Phoebe (Kristen Stewart) en una pequeña y aburrida ciudad. Un día, su vida da un giro inesperado cuando el pasado de Mike vuelve para perseguirle y se convierte en el blanco de una operación de alto secreto del gobierno. Cosas de fantasmas más o menos encubiertos pero fantasmas al fin y al cabo. El cerebro de muchos de por aquí está lleno de fantasmas y es bueno desenmascararlos para que dejen de ser fantasmas. Paul no sabía qué iba a suceder con la octava pregunta pero se decidió a hacerla.  - Octava pregunta: ¿Es el Periodismo un poder en manos de unos irresponsables y por qué?- Si estáis estudiando Periodismo es por algo que tiene que ver con la conciencia social liberada de cualquier axioma ideológico de cualquier partido político y si no es así os convertís en unos pequeños gilipollas al servicio de unas gilipollas grandes. ¿Me he explicado bien del todo o tengo que definir bien lo que se ser "tonto útil" o ser alguien capaz de convertirse en autónomo independiente para no ser precisamente un "tonto útil"? A Paul le temblaban las manos mientras escribía las contestaciones y Paula ahora mascaba chicle sin parar.  - Novena pregunta: ¿Existe futuro para Nueva Orleans y por qué?- El pasado es todo lo que recordamos. El futuro es todo lo que soñamos. El presente es todo lo que vivimos. Pasado, futuro y presente es todo lo que existimos. Ocurre en todas las ciudades y en todos los pueblos del mundo. Como creo que Nueva Orleans todavía sigue formando parte del mundo gracias a Dios pues gracias a Dios sí existe futuro para Nueva Orleans. Paul respiró profundamente antes de cerrar la insólita e inesperada encuesta con la décima pregunta. - Décima pregunta: ¿Qué eslogan propondría usted para quienes estudian Periodismo en Nueva Orleans y por qué?- Émil Dovifat, padre del periodismo francés, dijo de manera muy acertada algo esencial: "Se puede ser escritor sin tener que ser periodista pero no se puede ser periodista si antes no se es escritor". Me parece que el porqué está tan claro que no hace falta explicarlo a no ser que quienes preguntan sean los tontos del pueblo de esta ciudad; lo cual no es este el caso. Digo yo. Paul y Pula dieron por terminada la entrevista y fue ella quien habló. - Nos ha entusiasmado haberte podido escuchar. - ¿En qué periódico se van a publicar los resultados de vuestra encuesta y qué día salen a la luz?- El próximo domingo en el "The Times-Picayune".- ¿Os puedo pedir un pequeño favor?- Favor con favor se paga. Tú nos has hecho un gran favor y pides solamente uno pequeño. Nunca había visto a un profesional hacer tal cosa.- Sólo consiste en que me regaléis una copia de la encuesta que me acabais de hacer a mí. - ¡Eso está hecho! ¡Ahora mismo salgo en busca de una fotocopiadora y vuelvo en menos de 10 minutos mientras vosotros dos podéis haceros amigos charlando como dos hombres en la hora de ser dos hombres. - ¡Jajajajaja! Estña bien. Tu Paul y yo seremos dos hombres en la hora de ser dos hombres para que nadie lo ponga en duda. Paula Gridle Lisa cogió las hojas escritas de Paul Boiler Fatwoman y salió en busca de la fotocopiadora. - Beuno, Paul... como habrás visto es muy fácil conectar conmigo a través del tuteo respetusoso; así que espero que tu también sepas hacerlo. - Intentaré no equivocarme. - Puedes llamarme Joseph mientras yo te yamo Paul. - De acuerdo.- ¿Qué quieres tomar?- Lo mismo que tú. - Imposible. Yo no quiero tomar nada ahora pero quiero invitarte por ser un valiente que se atreve a morir luchando.  Paul volvió a comenzar con los nervios...  - Esto... yo... si puede ser... un bacardí... Joseph Liore llamó al camarero...  - Por favor, para mi amigo Paul Boiler Fatwoman un ron bacardí y para mi vaso de agua fresca. Y cóbrese para que no se me olvide pagar después.  El camarero cogió el billete y le devolvió lo poco que sobraba.  - No. Eso quédeselo usted para comprarse algún capricho.  El camarero sonrió, dio las gracias y se fue a cumplir con su labor que era servirles el ran bacardí y el vaso de agua fresca. - No sé cómo agradecértelo, Joseph. - Quizás contestándome a una pregunta tan sencilla que una gran parte de la población mundial la convierte en complicada porque dan demasiadas vueltas al asunto. Paul Boiler Fatwoman se relajó del todo y comenzó a sentirse tranquilo gracias a la seguridad con la que hablaba Joseph Liore. - ¿Qué pregunta es esa?- ¿Tú amas de verdad a Paula Griddle Lisa?- La quiero de verdad.- ¡Muy bien! ¡Menos da una piedra!- ¿No es suficiente con quererla?- ¿Sabes bien lo que es querer y sabes bien lo que es amar?- Nadie de la Universida Tulane sabemos cuál es la diferencia.  En esos momentos regresó el camarero, les sirvió lo pedido y se marchó. - Vamos a ver si me llegas a comprender, amigo Paul: Querer, poder… soñar que se quiere y soñar que se puede… en el corazón caben muchas paradojas y contradicciones para las verdades sentidas con el libre albedrío. Eso es parte de tu libertad, Paul, pero no de la liberación. Mientras no sepas distinguir entre querer y amar serás siempre un esclavo. Y ser un esclavo en pleno Siglo XXI después de Jesucristo si que es una verdadera desgracia. - Nunca había pensado de esa manera... - Pues aprende, si eres capaz de aprender porque crees que todavía no lo sabes todo, que en el amor, que es un querer infinitamente grande, o se ama y se quiere demasiado o no se ama ni se quiere lo suficiente. Ama para que todo los que sabes que sientes sea muy duradero o simplemente quiere para que todo lo que crees que sientes sea muy corto. Amar, que es un quere tan ggrande que deja de ser un simple querer, es un instante inolvidable que dará a  toda tu vida el verdadero sentido de lo que es vivir casado con la mujer que de verdad amas. Querer queda solamente para los pusilánimes que no saben dar el paso adelante porque les da miedo el precipicio.- Pero estás diciendo que es un precipicio y eso le da miedo a cualquiera. - Hay dos formas de lanzarse: la de quienes saben que saldrán más rejuvenecidos del desafío ante lo infinito porque saben caer de pie y los que, como hizo Judas Iscariote, se lanzan al vacío sin Fe para caer de cabeza y morir sin tener nadie que empujarles. Ante el precipio del verdadero amor o eres valiente y lo superas o eres cobarde y te echas para atrás.- A mí nadie me ha amado jamás de esa manera... - Pues debes saber algo esencial: ser capaz de amar bien cuando se nos ha amado mal. - A pesar de tener sólo 29 hablas como un verdadero profesional de los sentimientos.- Déjame que te cuente un pequeñísimo trozo de una historia muya larga: La heroicidad es aquello que efectuamos todos los días para poder levantarse de la cama e ir al encuentro del verdadero sentimiento hacia una mujer concreta. La cobardía es ese miedo que les entra a algunos cuando la mujer concreta se encuentra  ante ellos. De ser un heroico a ser un cobardica sólo hay una decisión: bajar las escaleras de nuestro egoísmo para poder subir a la cima de nuestros sentires. En el mundo actual, ser héroe consiste en descubrir un envoltorio; mientras que ser cobardica es tener miedo cerval para descubrirlo. Entre el heroismo y la cobardia cada día es para vivirlo sin pensar en nada más que encontrar a la mujer amada y no salir huyendo. ¿Sabes cuánto me costó a mí amar a una sola mujer sin miedo al precipicio?- ¿Tal vez un par de años?- Tal vez alguna década de años. - ¿Y cómo superaste lo que casi nadie supera?- Sé a lo que te refieres. En ciertos asuntos lo mejor es no poner la mano sobre el fuego. Terminas quemado para toda tu vida y además no tan caliente como creías. ¿Sabes por qué lo digo?- Porque amar no es follar. - No. Porque amar es follar amando.  Paulo volvió a sentirse totalmente nervioso.  - ¡Buf! ¡Eso es demasiado para mi cuerpo!- ¿Y te has preguntado alguna vez si es demasiado para el cuerpo de Paula o es lo que el cuerpo de Paula necesita y no lo que le estás dando?- ¡Joder! ¡Todas unas cuántas generaciones de hombres totalmente equivocadas! - Tú lo has dicho. Todas unas cuántas generaciones de hombres creyendo que habían descubierto la libertad y resulta que son los más esclavos de toda la Historia Humana.  - ¡Tengo la cabeza hecha un lío! ¡No sé qué hacer!- Es muy sencillo. Tanto Paula como tú lo tenéis muy fácil. Al primer hijo que tengáis si es varón ponerle de nombre Paulino y si es mujer ponerl de nombre Pauliana. De esta manera cuando os hayáis separado del todo y estéis viviendo muy lejos el uno de la otra tendréis siempre una referencia, Paulino o Paulina da lo mismo, para poder pensar, mientras sentís la soledad de los ausentes, que hubo un cierto tiempo en que os quisistéis mucho pero que fuistéis incapaces de amaros de verdad. Paul se quedó en silencio mientas bebía de su bacardí y Joseph respetaba dicho silencio. - Joseph... me has convencido del todo... ¡me voy a casar con Paula!... - Si es esa tu voluntad no dejes que nadie te la quite. - ¿A mi voluntad o a Paula?- A las dos cosas a la vez. Si pierdes tu volutnad pierdes a Paula y si pierdes a Paula tu hijo Paulino o tu hija Paulina sólo serán recuerdos de lo que pudistes llegar a tener hasta que te abanodones porque se van a casar. ¿Lo has entendido todo?- ¡Me voy a casar con Paula antes de que nazca mi hijo o mi hija y la pierda para siempre! Llegó Paula con la fotocopia y se la entregó a Joseph Liore mientras Paul dejó su bacardí a medias y pidió al camarero un vaso de agua fresca. - ¿Ha sucedido algo malo en mi ausencia?- ¿Qué es lo malo para ti?- Yo creo que lo que acaba siempre mal, Joseph. - Pues eso es lo que ha descubierto Paul y no desea acabar de esa manera. Paul ya no esperó más.  - ¡Vamos a casarnos, Paula, antes de que nazca nuestro bebé! - Eso mismo estaba yto pensando decirte desde hace mucho tiempo pero nunca me atreví a planteártelo porque sabías que me ibas a rechazar.- ¡Te pido que te cases conmigo para no formar parte del grupo de la Soledad.- ¿La mujer que vende su cuerpo a cualquiera que está desesperado?- Eso es, Paula. No quiero ser como ellos.- Gracias, Joseph. Te debo una. - No me debes nada, Paula. Quizás en algún momento os acordéis de mí cuando estéis todos juntos compartiendo alguna actividad.  Paul tomó la palabra...  - Vámonos ya. A partir de este momento nuestra historia humana deja de ser la historia de dos perdedores que no se supieron amar para ser la historia de dos amadores que sí supieron vencer al miedo para amarse con la misma nobleza que Joseph me ha demostrado tener. - Nada más verle sabía que los tiene bien puestos...  Después, Paula y Paula se marcharon abrazados y Joseph volvió a  leer otro corto párrafo de  "El Ingenioso Hidaldo Don Quijote de La Mancha" de Miguel de Cervantes Saavedra para seguir mejorando en el arte de dominar el idioma español. - Una de las cosas -dijo a esta sazón don Quijote- que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa.  Sonó el móvil de Joseph Liore... - ¡Hola, princesa!- ¡Buenos día, Joseph! Por lo menos se da los buenos días... digo yo...- Es que prefiero dártelos en persona. - ¡Jajajajaja! ¿Qué estás haciendo ahora, sinvergüenza?- Mejorando un poco más mi español leyendo "El Quijote" de Miguel de Cervantes Saavedra. - Pero si ya lo dominas a la perfección... - Lo único que conozco yo y que sea perfecta eres tú.- ¿Y ninguna más que yo?- Hay algunas que se aproximan mucho pero sé defenderme bien. - ¿Quizás por ser un dibujante bohemio que se entretiene investigando casos raros?- Me vienen bien para tener en plena forma mis neuronas.- ¿Y qué dibujas ahora?- Arte simbólico en servilletas de papel de las cafeterías de medio mundo.- ¿Sólo a través de tu imaginación o copiando algún ismo?- Ni imaginación ni ismos. Sólo con un bolígrafo y un poco de fantasía.  Admirada quedó Diana de Still al oír este razonamiento. - Eres un bohemio muy sinfular, Joseph... - Y además Liore...- Está bien, artista. ¿Recuerdas que tenemos que ir a "Canine Conection"?- Eso es lo que te iba a dedir pero tú eres más rápida.- ¿Puedo saber a qué hora te has levantado? Joseph respondió tarareando...  - ¡Tú serás el pájaro pinto que alegre cantas por la mañana!- ¡Ah, pájaro! ¿Eso quiere decir que te has levantado cuando los pájaros se despiertan?- Poco más o menos; pero gracias a eso he podido hablar con un amigo.- ¿Alguno de tu famosa bohemia? - Exacto. Alguno de mi famosa bohemia; pero resulta que tú también le conoces. - ¿También es amigo mío? ¿Desde cuándo tengo yo amigos de esa bohemia en la que vivies tú?- Desde que me has llegado a conocer un poco.- Estoy segura de que habéis estado hablando de mujeres.- Un poco. - ¿Y quién es ese amigo de nosotros dos?- He estado hablando con con el ya muy anciano "Porthole Stubble".- ¿El del combrero canotier, la camisa con pajarita y el bastón de madera de avellano?- Has vuelto a dar en la diana, Diana.  Ella no quería que él se escapase por los cerros de Úbeda para cambiar de tema...  - ¿Y a qué resultado final habéis llegado?- Le he derrotado del todo y le he hecho cerrar la boca para siempre.- ¿Es tu amigo y te has peleado con él? ¡Vaya amigos que tienes!- Es que a ciertos amigos no hay que regalarles ni agua porque si te descuidas te roban el botijo entero. - ¡Jajajajaja! ¡Nunca entenderé a las gentes de la bohemia! - Pues yo creo que se aprende bastante estudiando esa clase de vida.- ¿Puedes decirme algo concreto que se pueda aprender a través de la bohemia?- Escucha esto, pequeña: Estalla la bombilla de la luna en pálidos reflejos de fulgor. Suena el acordeón tanguista. En el callejón riela la plata de la lluvia  y los versos que desgrana el poeta se llenan de café y tabaco. Bajo la sombra del teatro los arlequines dialogan con las damas y hay un farol encendido que habla… Más acá, en el centro de un coloquio de artistas, toca sinfonías un pianista. Se asoma a la esquina del quejido la pública mujer de las cerillas y un cadencioso rumor de nostálgicas pulsaciones late en un corazón de enamorados. Duerme una paloma blanca entre las ramas del árbol, suena el silbido del aire entre las solapas del sentimiento y con los dedos se juega a ser prestidigitadores del sueño. Después de un breve silencio, Diana volvió a hablar...  - Hablando de prestidigitación... ¿tengo que ir provocativa?... - No es necesario ni conveniente. Sólo quiero que vengas atractiva pero de manera informal. - ¿Algo así como una guapísima chavala de barrio humilde?- ¡Exacto! ¡Eso es lo que te pido!- ¿Cuál es la razón?- Que si todo sale como estoy pensando vamos a tener que ir a un lugar muy poco recomendable para chicas como tú. - ¿Algo novedoso para tu investigación?- Nuestro objetivo principal es tu tesis doctoral. Lo demás sólo es una forma de ganar la pasta que se necesita para que hagas la mejor tesis doctoral sobre la vida y costumbres de la sociedad de Nueva Orleans. - Eres muy generoso, Joseph... pero... ¿qué sucedería si te quedas sin nada?... - Eso sólo lo decide Dios. De momento, y mientras Dios lo decida, lo importante es que necesitamos testimonios e imágenes inéditas. - ¿Dónde tenemos que ir después de haber conectado en "Canine".- Quiero que sea una sorpresa para que actúes de manera espontánea e inédita. Todo lo natural que eres sin preparar nada de antemano. - Cuando piensas así me das miedo... - Tú solo actúa como si fueras del Grupo CTC pero recuerda siempre que doy mi vida por ti si algo sale mal y se nos complica el asunto.  - No te mando a paseo porque tengo cosas más importantes que hacer. - ¿Puedes venir al hotel?- ¿Te viene bien dentro de una hora?- ¡Okey, princesa! Te espero en la Sala del Hotel Marriott dentro de una hora pero no dentro de un siglo más después de Jesucristo ni dentro de un siglo menos antes de Jesucristo. - ¡Jajajajaja! ¡Todavía no sé por qué me he enrrollado con un loco!- Posiblemente sea porque canto muy bien- ¿Como Caruso?- ¿Eso rima con ruso?- ¡Jajajajaja! ¡Ya sé lo que estás buscando!- No se lo digas ni a tu padre...- ¡No te preocupes por eso porque si mi padrese entera puedes darte por muerto y, de momento, prefiero que estés vivo! - El actor, escritor, productor, comediante y director de cine estadounidense, Billy Cristal, ha publicado unas tarjetas con la siguiente frase: "cuando te das cuenta que quieres pasar el resto de tu vida con una persona, quieres que el resto de tu vida empiece lo antes posible". Y yo añado que si estás muerto es imposible conseguirlo. - En verdad que vivir a tu lado es ir de follón en follón sin morir nunca jamás. - ¡Jajajajaja! ¡Genial manera de concebirlo!- Es que ya todas las mujeres inteligentes sabemos que la vida no es un juego sino que a veces es una tragedia y a veces es una comedia; pero siempre es divertida. - Supongo que te estás refiriendo a las que estáis muy buenas. - Buen día y hasta luego. Chao bambino.- ¡Espera! ¡Espera! ¡Lleva un pañuelo rojo al cuello, por favor! - ¿Para qué quieres que lleve un pañuelo rojo al cuello?- ¿Sabes lo que es una mosca en el arte de la pesca? - La pesca con mosca es una modalidad de pesca que utiliza una caña y señuelo artificial llamado mosca. La pesca con mosca se practica usualmente en lagos y ríos, aunque también se puede realizar en mar. También es conocida como "pesca con cola de rata".- ¡Jajajajaja! ¡Muy bueno eso de cola de rata! Has acertado.- Ya me imagino por donde suenan los tiros. - Pues por eso mismo... - ¡Iré con el pañuelo rojo! ¡Hasta luego y otra vez chao bambino!  Al terminar de hablar con Diana de Still y habiendo concertado una cita con ella en el mismo lugar donde él se encontraba ahora, Joseph Liore volvió a abrir "El Quijote" de Miguel de Cervantes Saavedra y continuó con su lectura en voz medio alta.  - Es verdad, señor don Quijote -dijo el barbero- que no lo dije por tanto y así me ayude Dios como fue buena mi intención, y que no debe vuetras merced sentirse.- Si puedo sentirme o no -respondió don Quijote- yo me lo sé.  Joseph Liore se sintió tan repentinamente inspirado como para poder intentarlo; así que sacó su block de notas, arrancó una hoja en blanco y, usando el bolígrafo de tinta azul, escribió pensando en Cervantes mientras hablaba en vez medio alta según iba escribiendo para seguri dando la sensación de que era más bien inculto; lo cual era lo que le convenía hacer. - En un lugar de Molina, de cuyo nombre yo bien me acuerdo, hallábanse varios sujetos malencarados discutiendo sobre asuntos del dominó más, al final de todo ello y por esas cosas de Dios que suelen suceder muy a menudo a pesar de la voluntad de lo hombres y en contra de todas dichas pero no dichosas voluntades, llevóse la tajada un despierto muchacho que por allí hallábase merodeando. -Veo que ya eres todo un experto en el idioma español. Levantó la vista Joseph y descubrió a una dama que le miraba sonriendo... - Perdón, señora... no quise ofender a nadie... - No te prepcupes. Estoy segura de que sólo ha sido para expresar un fugaz momento de íntimo sentir. Bonita revelación y bonita tu factura literaria.- ¿Con quién tengo el sumo placer de hablar?- Me llamo Jeanette pero muchos me dicen "The Crazy". - ¿Y quiénes se atreven a llamarle loca a una mujer tan hermosa como usted. - Solamente los paletos con boina que son los más paletos que existen porque además de ignorantes son zotes. - Si no me equivoco zote deriva de zoquete y zoquete es hombre que tiene dificultad para comprender las cosas, aunque dichas cosas sean sencilllas de entender. - ¡Jajajajaja! ¡Acertaste! - ¿Y a qué se dedica usted si es que puedo saberlo? Le prometo que no se lo voy a decir a mi abuela materna que en paz descanse. - Buen humor el tuyo y por eso voy a serte sincera a tope. Me dedico a desplumar a los incautos... pero no soy prostituta sino corredora de seguros... - ¡Preciosa manera de ganarse la vida! - Gracias por lo de preciosa. Te lo agradezco de verdad. - Es que la verdad siempre es la verdad y nada más que la verdad. Muchos zotes dan miles de vueltas por el mundo sin llegar a saber nunca que la verdad es la verdad y nada más que la verdad. - ¿Puedo sentarme un momento?- Adelante. Espero que sea un momento muy interesante. - ¿Qué es para ti lo más interesante del mundo?- Decía el gran escritor romano Marco Valerio Marcial que “siente dolor verdadero el que se duele sin testigos”. ¿Cuántas veces le preguntamos a nuestro corazón por cosas que fueron o no fueron, por cosas que se hicieron o no se hicieron? Resuena por todas partes nuestro corazón cuántas más verdades vivimos.- Corto pero interesante de verdad.  - Escuche Jeanette: Yo baja y yo sube. Yoyó baja y sube mientras en la pared se refleja la sombra del yoyó que baja y el yoyó que sube. Lo defino como la verdad del yoyó.- Jamás he conocido a ningún hombre que me haya hecho pensar tanto. - Interesante es la palabra. Ese juego de la dualidad de nuestros yos en la originalísima representatividad de un artefacto que baja y sube para explicar al espectador algo tan esencial en la vida como los vaivenes que nos da. - ¿Es el ello la sombra del yoyó?- ¡Lo cogió, Jeanette! El ello es la somra del yoyó reflejada en la pared. Conocemos la verdad de los demás cuándo observamos la sombra que les acompaña.  - Realmente eres genial.- No lo creo pero lo acepto viniendo de una mujer como usted. Me está entusiasmando el planteamiento dialéctico que hemos iniciado, con gran capacidad, hacia el multidiálogo. Estoy interesado en saber los análisis planteados con sensatez. Sísifo fue un rey legendario de Corinto, célebre por sus crímenes, que fue condenado por los dioses a permanecer en los infiernos y a empujar una roca hasta la cima de una montaña, pero que siempre volvía a caer antes de llegar a ella. Este mito también tiene una simbolización. Simboliza lo absurdo de la condición humana que choca con la voluntad divina. Esto es lo que yo puedo aportar yo al conocimiento humano. Lo que sucede es que los paletos con boina son incapaces de saber quién fue Sísifo y por qué Dios siempre está en presente. - ¿Es la incapacidad mental lo que les convierte en ignorantes a esos paletos con boina de los que estamos hablando?- Escuche con mucha atenció y después dé su veredicto imparcial: Mientras llega el día paso la noche indagando en mí mismo, preguntándome qué es lo que me conmueve y qué es lo que me impide salir a la superficie a expresar lo que me conmueve. De repente, debido a implicaciones del universo inconsciente del ser humano, los sucesos internos de mi pensamiento se desarrollan como escenas de un film que me impulsa a una conexión con los arquetipos universales y ellos crean una fascinación donde conjugo realidad con fantasía que tiene fronteras apenas imperceptibles. Eso es lo primero que se derrumba entre incomprensibles deficiencias narrativas y las impávidas situaciones de mi sueño que me hacen despertar para regresar violentamente a la realidad. Enciendo entonces un cigarrillo para meditar que estoy frente a una película, pero no me distancio de esos momentos sino que me alejan de ellos el sonido del reloj de pared y un espacio delicioso de enajenación experimental que termina por diluirse entre los anillos del humo del cigarrillo. Sin embargo, estas objeciones impresionistas no son las que más me preocupan. De hecho se dejan maniobrar a pesar de su pertenencia a un ritmo a veces excesivamente parsimonioso. Hay entonces un momento de intensidad dramática, donde recreo lo verosímil en mi escenario epocal, pero ese mismo momento me conmina a cuestionarme la posibilidad de la creación de imaginarios sociales. La historia de la noche constituye una posibilidad de remirar mi pasado para impulsarme hacia el futuro mas este principio no cuenta con respaldo suficiente y termina por disiparse también por culpa de un cañonazo que lo destruye todo. Nada puedo hacer, nada puedo desenmovilizar, me queda una sensación de desconcierto, de desconsuelo mientras se consume el cigarrillo y la idea de emanciparme de mis ideas se vacía de sentido en la medida en que como suceso resulta aislado, sin capacidad de potenciar los hechos siguientes porque la narración permanente queda cortada por el ecuador de la nada. Sé que solo es un ejercicio de concepción individual, sin compromiso con un colectivo simbólico y al final, derrotado, pierdo la sangre de mi fiebre creativa esperando que llegue el día en donde la incapacidad de retomar la historia pensada como algo imposible vuelva a legitimizarse de nuevo y me reafirme ese poder imaginario del dominado cuya mínima voluntad de insurrección se enfrenta a un poder omnímodo, eternizado y cínico, que no sé cómo se llama en realidad pero que se encuentra al doblar la esquina de la primera calle que doblo cuando salgo a tomar el sol en el aledaño jardín de las esperanzas.- Sin duda alguna entre el paleto con boina y tú existe todo un abismo. Te proclamo vencedor. Puedo darte el beso de la victoria. - Espero que no sea demasiado...  Jeanette, conocida por los paletos con boina como "The Crazy" porque no podían nunca concebir que una corredora de seguros fuese amante de la bohemia, se levantó y, dando un beso en la cara a Joseph Liore se fue sin decir nada más. Joseph quedó pensando en voz alta. - El silencio es la palabra más entendible que escuchamos. Y es que hay dos clases de silencio. Aquel que nos duele y que nos hace sufrir porque no quiere escucharnos; al cual lo llamo silencio de las negativas y que arrasa todas nuestras esperanzas y nos hace hundirnos en la desesperación porque es la negativa total; y  el otro silencio que te escucha y te deja abrir una pequeña puerta a la esperanza, el silencio que te consuela y el que te hace querer seguir insistiendo una vez más. Entre ambos silencios, el destructor y el que da esperanza, existe toda una multitud de diálogos mundiales que son incapaces de comprender los paletos con boina ya que su ignorancia es enorme. Si Jeanette está loca quienes dicen que está loca sólo son los impotentes que no saben hablar con ella. Les pasa a muchos que van pregonando conquistas que no seducen a nadie. Si tuviera que conquistar a una mujer jamás lo haría queriendo saber más que ella. Es la única manera inteligente para conseguirlo. Y esto tampoco los paletos con boina pueden ni tan siquiera imaginar. En fin. El mundo gira y gira en su espacio infinito y el conocimiento gira y gira en el pensamiento sin límites cuando se piensa en mucho más que en una sola cosa.  Una extraña fuerza le hizo que volviera a consultar "El Quijote" de Miguel de Cervantes Saavedra. - Sancho amigo, la noche se nos va adentrando a más andar, y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso, adonde tengo determinado ir antes que en otra aventura me ponga, y allí tomaré la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea; con la peligrosa aventura, porque ninguna cosa desta vida hace más valiente a los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas. Sonó otra vez el móvil...  - ¡Buenas tardes, Príncipe Valiente! Diana de Still estaba tan atractiva como siempre había sido. Vestía totalmente de blanco: polo de tenis ajsutado a su cuerpo y pantalón vaquero igualmente ajustado. Y llevaba pañuelo rojo en el cuello.  - ¡Caramba! ¡No sabía yo que a las diosas les gustasen las corridas!- ¡Pero qué estás diciendo, loco! ¡A ti también se te ve demasiado con tu gorra azul turquesa, tu camiseta más amarilla que la del loro de mi abuela y ese pantalón vaquero tan azul que pareces un buscador de ágatas. - ¡Un momento! ¡Yo todavía no he buscado ninguna ágata! Y en cuanto a mi forma de vestir así es porque voy a ver si cazo a un jilguero bicolor por eso del ánodo y del cátodo unidos en una misma persona! ¿Has entendido bien lo de bicolor! - ¡Jajajajaja! ¡No me des más pistas que ya he caído del todo! - Pues esta noche vamos de Fiesta. - ¿De Fiesta con un bicolor?- ¿Qué estás pensando, princesa?- ¡Explícamelo tú a ver si nos ponemos de acuerdo!- Yo me estoy refiriendo a la "Fiesta" de Ernest Hemingway. - ¿Me estás diciendo que parezco una corredora de los sanfermines de España?- Por un momento pensé que sí, pero lo más intenso empieza ahora. ¿Nos vamos?- ¡Nos vamos aunque terminen por encerrarnos en un manicomio a los dos juntos!- Si es a los dos juntos estoy dispuesto a hacerme pasar por loco sin remedio alguno.- No seas tan vivo, por favor, y vámonos ya.  Dentro del "escarabajo" de Joseph y antes de ponerse en marcha comenzaron a platicar.  - ¿Puedes explicarme, ahora que estamos los dos tranquilos, qué es eso de la "Fiesta"? - ¿La de Hemingway o la que vamos a vivir esta noche?- Espera un momento. ¿En qué movida me quieres meter?- ¿Te cuento primero la movida de Hemingway?- ¿Me va a servir de algo para mi tesis doctoral?- Espero que sí... aunque sea solo como referencia complementaria...- Cuéntame sólo la sinopsis, por favor.- "Fiesta" fue la primera gran novela de Ernest Hemingway, que lo consagró como uno de los mejores escritores de su tiempo. En ella se resumen las angustias de la generación que surgió tras la Primera Guerra Mundial conocida como la "generación perdida". Esta hermosa y punzante historia narra a excursión a Pamplona de un grupo de americanos e ingleses exiliados en París en los años veinte, donde se reencuentranla seductora Brett Ashley y el desventurado Jake Barnes, que durante la guerra tuvieron un amor genuino e irrealizable en el ambiente del París "rive gauche" y las descripciones de las corridas de toros en España, brutalmente realistas, que son la metáfora de una era de bancarrota moral, amores imposibles e ilusiones perdida.- ¿Y todo eso es lo que vamos a encpntrarnos en nuestra "Fiesta" de esta noche?- Caliente, caliente.- ¿Qué quieres decir con eso de caliente, caliente?- Que por ahí van los tiros salvando las diferencias. - Me interesa mucho para dar por terminada mi tesis doctoral que estoy a punto de darla por finalizada. - Te advvierto que esta noche va a ver una movida.- ¡Espera un momento! ¿Qué clase de movida?- Una parecida a las de Hemingway pero completamente moderna.- ¿Estás seguro de que va a haber una movida?- Estoy seguro de que sí. - ¿En dónde va a ser esa Fiesta?- Todavía no lo sé; pero los de "Canine Connection" nos lo dirán si no estoy equivocado. - ¡Vamos ya a la cita, Joseph! Y a marcha lenta se dirigieron hacia la tienda "Canine Connection" de la Tchoupitoulas 4920. - Quiero contarte un secreto, Diana.- ¿Detu vida social?- Eso es. De mi vida social en el momento en que te conocí en Nueva Orleans cuando "Mister X" nos puso en contacto para trabajar juntos.- ¿Alguna aventura de mujeres perdidas?- ¡Ni tan siquiera parecido a eso sino mucho peor que eso!- Estamos para hablar sin ninguna clase de censura entre los dos.- Bien. En dos ocaisones "Los Larrys" a los que acabamos de destruir para bien de la ciudad de Nueva Orleans contactaron conmigo para que formara parte de ellos. - ¿Y llegaste a ser uno de su tribu?- Nunca jamás. En las dos ocasiones les rechacé por completo y sin darles ninguna otra oportunidad de que se acercaran a mí.- ¿Qué les dijiste en la primera ocasion?- Y regresasteis todos con vuestras miles de razones aprendidas y experimentadas en miles de variables… pero yo me quedé más lejos, más perdido para el regreso, y por eso no pude regresar nunca adonde estábais todos vosotros deshojando la vida entre palabras… yo me quedé más lejos… perdido en los silencios de la noche en que me encontraba envuelto por la niebla. Sí. Perdí el camino de regreso y por eso no me queda otra cosa que seguir siempre hacia adelante en la errante aventura de esta existencia que hemos llamado vida pero que podríamos haber llamado sueño quizás o quizás quimera o utopía simplemente. Y desde esta utopía os tengo que decir lo mismo: ¡no seré jamás uno de vosotros!. Mi Sueño pertenece a dimensiones tan distintas a las vuestras, que no soy de los “del puñal del godo” como más de uno que yo sé… así que dejadme seguir soñando… con el teatro de Don José. Adiós definitivo. Mi meta es mi Destino y construyo mi futuro segunda tras segundo. No. No pertenezco a los teatros de las zorrillas de corral sino al de Don José Zorrilla… y no necesito vuestras navajas. Qué sorpresas nos da la vida dijo Rocky Navajas por citar sólo un caso… En fin, queridos “larrys”, yo no cambio una moneda legal por un millón de billetes falsos. Que La Farsalia es un poema inacabado, como vuestros versos de billar y ping pong y los míos más o menos románticos.  Sin embargo los míos tienen los 12 cantos legales para ser considerados como ciertos. Doce son los meses del año, si no cuento mal, aunque vuestros calendarios son mas bien chinos y es por eso que mis meses no coinciden con los vuestros. Decidle de mi parte a vuestro líder que lo vuestro sólo es de barriobajeros pero no de bohemios marineros de la alta mar. Aunque mi barca sólo sea un pequeño cascarón de nueces mecido por las brisas que levantan las gaviotas al rozar su proa; que los yates con los que soñáis vosotros no forman parte de mi historia y que mi historia es sólo un punto infinito perdido entre las galaxias oceánicas. Y de paso le decís a a vuestro líder que pesque mejor con caña y no intente reclamarme con sus silbatinas nocturnas. No. Prefiero los cantos de las sirenas aunque enloquezca de amor por ello… Yo me quedé más lejos y por eso he olvidado ya el camino de regreso… lo he olvidado porque mis caminos van siempre hacia adelante y no se quedan jamás detenidos en vuestras bodeguillas. Yo prefiero, y seguiré siempre prefiriendo, las humildes tascas que encuentro en cada puerto de mar… - ¡Joder, qué bueno! ¿Y la segunda vez que les dijiste?- Escucha porque es todavía mejor. - Escucho. - Ya os dije que estoy lejos… muy lejos de las ambigüas coordenadas de vuestro existir “moribundo” entre el billar y las tardes tediosas vividas bajo las continuas partidas de futbolín. Adiós dije a “las navajadas traperas” de colegas contra colegas por culpa de alguna hembra. No. No me interesa ser nunca parte de vuestras peleas de gallitos callejeros. Lo mío pertenece a otra perspectiva muy diferente de la vida. Para mí no es posible dejar mi Sueño… porque Ella ocupa todas mis decisiones. ¿Y qué me importa a mí que me llaméis “mandarina” por ello?. Prefiero ser “mandarina” que pertenecer a vuestras bandadas de buitres carroñeros. Tan opuestos sois a mis humildes ideales que yo encendía mientras vosotros estábais con el “marlboro” subido a las expresiones geométricas de caeros al suelo para fornicar con las “heroínas” de la barriada, que no me interesan ni vuestras “heroínas” ni la Marijuana que… por cierto… hace mucho tiempo que la desterré de mi pensamiento… porque nunca jamás la usé.  Sabéis trazar muy bien las trampas en eso de los póqueres de damas… pero yo me he especializado en el sencillo juego de las escaleras de color que valen incluso más que todos vuestros ases que os guardáis entre las mangas. Ya sabéis que mi estadía en Nueva Orleans no es para estar con vosotros sino para seguir viviendo mientras vosotros os cansáis de vivir… Guardad, si queréis, silencio. Que a mí me sobran palabras para decirle a Ella que no tengo más horizonte que el de sus miradas y que mi barca siempre seguirá navegando en el extenso océano de sus ojos. Adiós “larrys”. Seguid matando al tiempo navegando en los cócteles de la Ginebra de la Negrita Bardinet. Y que os aproveche. Y para terminar de cuestionarnos preguntas sin respuestas os doy yo la mía: “No se debe de andar como los cangrejos, siempre para atrás, sino como las liebres, siempre hacia adelante”. Al menos adelante están las sorpresas mientras que atrás solo queda la desesperación de no salir nunca al universo de la ideas libres. Que al fin y al cabo de ideas os estoy hablando… Diana de Still se quedó mirando fijamente a los ojos de Joseph Liore antes de hablar... - ¡Cada vez te admiro más!                
El es algo estrovertido un poco arrogantes..........Ella es muy centrada le encanta lo que hace auque sigue atada a un gran dolor que no la deja respirar......El escribe fantasias auque de un tiempo aca a olvidado como ¡raro no! a lo mejor necesita una inspiracion....Ella necesita alguien que la haga reir de nuevo y que le muestre que todo pasa y que no se puede vivir de malos recurdos,......El alguien aquien admirar que lo saque de la "monotonía" ......Ella solo quiere hacer bien lo que haces.. El volver a sentir una gran pasion que lo haga extremecerce de nuevo y suspirar, quizas incontra el amor ese que ya ha vivivido con otra personas pero que a lo mejor no eran ellas la indicadas..... Ella un amor tierno, arrogantes, extrovertido,inocentes, loco que la lleve de regreso a la simplides de la vida algusto por  las noches de vinos que dure astas el amanecer  TAN SOLO NECESITA AMARSE SIENDO                               I LOVE CASTLE  
siempre
Autor: gisell 
En: Cuentos & Historias 
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      Un tiempo largo que te aleja de las cosas que te gustan . Y no alejarse de un chocolate porque tu médico dice que no puedes comerlo porque hará más daño a tu quebrantada salud; o de tomarse un sorbo de un Beaujolais nouveau servido en fina copa porque el licor te puede afectar cuando estás tan débil, te has alejado físicamente de esta máquina que te ayuda a plasmar tus ideas, tus pensamientos .Que te da compañía en esta soledad infinita y triste.Me alejé de mi pagina Sitio Web:www.textale.com/view-user-details.html  que bajo mi seudonimo rosa camargo aparece en TEXTALE y no la puedo recuperar porque me piden un correo eléctronico que he tenido que eliminar porque fue hakeado.Todo en la vida siempre es así .Nunca volverás igual que eras antes. Habrá más carga sobre tus hombros. Tus pies se pegaran al piso , sentirás que se arrastran por el paso de los años... El cansancio hace más dura la jornada !Me pregunto ¿ porqué si se vuelve siempre se ha de hacer con otro nombre? Con otro ánimo? con otro dolor ?    
VOLVER!
Autor: rosa camargo 
En: Cuentos & Historias 
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Al cumplir los quince años de edad yo empecé a desarrollarme no solamente en mi parte física sino que, al mismo tiempo, me estaba convirtiendo en un verdadero filósofo humano. Fue a raíz de las clases de Filosofía impartidas, en el Instituto San Isidro de Madrid (en aquel entonces solo para chicos y ninguna chica que llevarse a la memoria), por el profesor Falero cuyo apellido era muy conocido por los seguidores del baloncesto ya que uno de los jugadores del Real Madrid, durante aquellos años, se apellidaba también Falero y, aunque no era titular, de vez en cuando salía en las páginas del diario deportivo "Marca". Pero volviendo a la Filosofía yo ya era un excelente polemista planteando discusiones (algunos pensarán que "bizantinas" pero, sin embargo, eran muy profundas para nuestra edad) con mis compañeros una vez acabadas las clases. ¿Qué pasaba, entre filosofías y filosofías, con la "chica de mi vida"? Que tenía solamente ocho años de edad y estaba formando su inteligencia en base a un cuerpo físico sensacional y un rostro tan bello que resultaba ser inolvidable.  Yo todavía seguía jugando al fútbol de manera "informal" y sin participar en ningún equipo con uniforme completo (lo sería un año más tarde con el Esparta de San Isidro de camiseta amarilla limón y pantaloneta azul celeste). Algunos dirían que yo deambulaba filosofando a solas con mi segunda personalidad pero resulta que aquello que no entendían los demás era lo que estaba formando un intelecto capaz de meditar sobre asuntos tan transcendentales como la "esencia humana en el contexto de la existencia natural". Era tan natural mi naturaleza (y valga aquí la redundancia) que resultaba fácil sacar conclusiones mientras mi chavalilla "de toda la vida" ya estaba preparándose para seguirme el rastro. Y es que, a escasos metros del Instituto San Isidro de Madrid se encontraba el famoso "Rastro" de la capital de España. Fue precisamente en el "Rastro" madrileño donde compramos, con lo que cada cual pudo reunir, las camisetas amarillas, las pantalonetas azules y las medias azules (con vuelta amarilla) que completaron un equipo de futbolistas adolescentes que formaría parte de la "Filosofía Castiza" de la Pradera de San Isidro y otros campos de arena y piedras en los que mi filosofía natural me convertiría en el líder indiscutible que se armaba de argumentos deportivos lo mismo que a los quince años se había armado de argumentos filosóficos. Ese líder era yo. 
Naci un 22 de enero en el año 1998, lo primeo que recuero de ese nacimiento es a mis familiares tratando de ponermeun nombre, y me pusieron axel emanuel. Antes de empezar a contar mi historia, quiero decirles que no me suicide sigo vivo en fin.  Mi infancia fue dura sentia que no encajaba en esta familia numerosa de primos arrogantes, todo el vecindario jugamos a las escondidas, recuerdo que una ves todos los nenes venian a esconderse conmigo, no entendia por que hasta que lo entendi querian abusar de mi, como eran chicos no savian que hacian y solo me tocaban, yo no sabia que hacer era un nene que iba a saber.
Suelo leerte cada vez que te miro, tal vez tratando de hacerme a la idea de que eres un libro prohibido, de esos que me gustaría ojear para toda la vida... 
Llevo horas caminando sin descanso. Me duelen los pies, tengo la boca seca y el sudor se me escurre pesadamente por la frente. Es una noche sin estrellas, calurosa, eterna. Ya me cuesta respirar pero tengo que seguir andando, aunque mis pantorrillas parecen que están a punto de acalambrarse. No hay viento, ni sonido; tal vez  tengo los oídos tapados, aunque no lo sé con certeza, pues desde dentro escucho voces retumbantes. Tengo mucho sueño pero no hay manera que pueda descansar un instante. Debo seguir… sin pausa. Hace rato que la luz de la ciudad se ha quedado atrás, escondida tras los cerros, los árboles y la noche. El único albor que se puede ver es un punto diminuto en el horizonte. De vez en cuando volteo a ver si alguien viene detrás de mí, pero no veo nada. Camino a tientas y tropiezos, chocando con rocas y árboles. Me siento sucio, cansado y perdido. No sé cuánto más seguiré así, pero debo intentarlo, debo continuar. Si me detengo, moriré. Tengo que sobrevivir, pues se han perdido muchas vidas por mi culpa. No puedo parar pues tal vez sea el único que ha sobrevivido.  Atrás he dejado los alaridos y el bullicio de las masas. Ese sonido que aun rebota en mi cabeza. Jamás en mi vida había visto tanta gente junta, aunque no creo que pueda llamarles así, pues solo eran caminantes sin vida. El cúmulo de gritos y gruñidos era algo ensordecedor, alucinante. El solo escucharlos me causó ansiedad y desesperación por salir de ahí. Y su olor, ese olor nauseabundo y penetrante, me sacó fuera de mí. Era increíblemente asqueroso. No podía soportarlo, aunque, por ese olor, pude mantenerme con vida. Podría decirse que soy un cobarde, que abandoné a todos, pero no podía hacer nada, el mar de entes se abalanzaba sobre nosotros. La puerta de la biblioteca era frágil y no pudo soportar el peso de todos ellos. Uno tras otro entraban sin cesar, llenándolo todo de vociferaciones y olores nauseabundos. Habíamos tenido demasiada suerte al durar medio día ahí dentro. Era muy arriesgado, pero decidimos quedarnos en ese lugar. Desgraciadamente nos oyeron y todo empezó a descontrolarse. Fueron llegando en grupos pequeños, atraídos por el ruido que iban haciendo los demás, hasta que afuera se convirtió en un rio de furia. Por fortuna me había alejado de la puerta para vomitar pues el olor me había causado nauseas. —¡Regresa, Regresa! —me gritaban— ¡Regresa! Necesitamos de tu ayuda. Pero no hubiera marcado diferencia si me hubiera quedado ahí soportando el peso del tumulto de muertos que querían comernos. Hubiera fallecido con ellos, pues, cuando la puerta se vino abajo, todo acabó. Yo no hice otra cosa más que correr. Después de eso, no supe de ellos.  Quizás murieron. Hui por la ventana del baño, por esa pequeña rendija que da al estacionamiento. Corrí entre los autos, salté la cerca y traté de llegar a casa, pero la ciudad entera estaba enloquecida. Había gritos y desorden por cada rincón. Decidí alejarme de la ciudad, apartarme de todas esa personas que acabarían por convertirse en voraces asesinos sedientos de carne viva.  Salí por la carretera al norte de la ciudad, cruzando por el puente Dalila. Había autos abandonados y basura por todos lados. Era una locura vivir el fin del mundo en carne propia. Caminé y caminé y sigo caminado. Me alejé de la carretera y ahora sigo por los cerros. Realmente no tengo idea de a dónde ir. Solo quiero alejarme de todo. Seguir viviendo. No sé qué hora es ni cuánto he caminado, pero creo que pronto debe amanecer. El pequeño punto se hizo una mancha, una pequeña localidad. No conozco ese lugar, pero cualquier cosa es mejor que la ciudad con su ruido atemorizante y su olor a muerte. Los escucho y los huelo como si siguieran ahí, metidos en mi cabeza y en mis sentidos. Cuando llego al pueblo, no hay gente en las calles ni rastros de destrucción. Parece un lugar vacío.  —¡Ayúdenme! ¡Necesito ayuda! —grito, pero nadie responde.  Una a una recorro las calles, pero están vacías. Llamo las puertas y nadie responde. Parece que todos se han ido. No hay autos, ni animales. Solo las pequeñas casas huecas y levemente iluminadas. Llego a la plaza y todo parece en calma… salvo el sonido de gruñidos y alaridos en mi cabeza. Insisten en regresar, como recordatorio recalcitrantes de lo que he hecho. —¡Salgan de mi cabeza! —me digo— ¡Salgan!Retumban y resuenan como campanas. Murmullos que gritan sin parar recordándome lo que he hecho. Las oigo cerca, aunque apagadas. Levanto la vista y veo una pequeña capilla, vieja y derruida. De nuevo, el olor a muerte llega de a mí. Corro hacia el templo intentando refugiarme del recuerdo. Toco la puerta, pero nadie respondo. En mi desesperación, le doy de golpes una y otra vez. El olor continúa con más fuerza. Caigo al piso y me tomo la cabeza. “Debo escapar” pienso. Me levanto y sigo golpeando la puerta sin cesar.—¡Ábranme, necesito ayuda! ¡Ábranme por el amor de Dios!Mi insistencia cobra fruto; Un golpe desde dentro me responde, después otro y otro más. Sorprendido me alejo un poco de la puerta. De pronto, la puerta cae, y un mar de gente muerta sale de ella. Otra vez su olor, otra vez los gritos y los gruñidos.
xxx continuará  Abel Guzmán "Roñoso" Artemiso.   Desde 1980, cuando Sendero Luminoso (SL) inició la lucha armada, que concluyó 20 años después, son casi 70.000 los muertos, la mitad a manos de la organización maoísta. Los siguientes son los principales datos y la cronología de Sendero Luminoso tras la captura hoy del "camarada Artemio", el último de los líderes históricos de esa agrupación terrorista peruana:Sendero Luminoso fue fundado en 1979 por el profesor de Filosofía Abimael Guzmán con el objetivo de crear en Perú una "república popular" basada en la doctrina maoísta, y su primera acción fue el asalto a una oficina electoral de Chuschi (Ayacucho), el 17 de mayo de 1980.A partir de entonces, las acciones de Sendero se sucedieron en forma de masacres de campesinos, atentados terroristas y asesinatos selectivos de militares y políticos.  Según el Registro Único de Víctimas, más de 1.400 menores fueron desaparecidos durante del conflicto armado que asoló al país entre 1980 y 2000. La Defensoría del Pueblo entregó constancias de ausencia en 223 casos; uno de ellos tenía apenas 7 meses de nacido.    Rescate de niños cautivos de Sendero LuminosoPublicado en 12 julio 2012Los menores estaban desnutridos y eran adoctrinados para combatir al Estado peruano.Por  Mariángel Calderón, 11-06-2012Con claros signos de desnutrición y cantando himnos subversivos fueron encontrados 11 niños de entre dos y siete años que permanecían secuestrados por la organización terrorista Sendero Luminoso en Perú. Las precarias condiciones de vida que enfrentaban los menores, entrenados a la fuerza para combatir al Estado peruano, fueron expuestas en un video difundido por la Oficina de Prensa del Gobierno de Ollanta Humala.Según publica el portal de noticias Perú21, las imágenes revelan las condiciones infrahumanas en que los pequeños eran retenidos por la agrupación para ser adoctrinados. Viviendo en chozas ubicadas en la localidad de San Martín de Pangoa, en la provincia de Ayacucho, los niños fueron rescatados de su cautiverio con claros signos de desnutrición.En la llamada “Operación Albergue”, las fuerzas de la División Contra el Terrorismo y Operaciones Especiales de la policía, rescataron a los pequeños, quienes, según indicó la ministra de la Mujer, Ana Jara, se encontraba entonando “canciones subversivas” y se han mostrado muy poco comunicativos.En entrevista con el diario El Comercio, Jara señaló que “desde que recibí a los 11 niños vienen entonando cantos con letras subversivas de matar, de dar paso a una nueva república, de viva la guerrilla. Es un cántico que constriñe e indigna porque viene de niños cuya inocencia les ha sido arrebatada”.Los niños rescatados, fueron encontrados junto a sus madres, quienes están siendo investigadas por su presunta participación en la organización terrorista. La ministra reveló, además, que “todavía hay un promedio de entre 150 y 200 niños en manos de las hordas delictivas, de acuerdo con los informes del servicio de Inteligencia que viene operando en la zona”.
Comenzaron a salir cando tenía unos 13 años. Al principio pensaba que eran algo único e interesante. Pero a los chicos de mi edad les interesaba hablar más, como es lógico, de los tres o cuatro pelos en sus axilas (Y los testículos). Esos eran sus símbolos de virilidad, las presuntas marcas de los futuros machos alfas. A mi solo me importaba saber por qué las canas eran blancas. Mi cabello solía ser tan negro como el carbón y sin embargo, ahí estaba, ella, la cana, recordándome los tiempos en los que la gente preguntaba si mi madre tinturaba mi cabello. Muy rápido supe que aquellos hilos blancos, pronto serían legión. Imagina a un niño sintiéndose como un abuelo, con una cuenta regresiva. Aprendí deprisa sobre los precios intrínsecos de la vida. ¿Quieres tener algo único y significativo en tu vida? Pues paga el precio. El mío fue casi como un recordatorio. “¡Chico, tú también te harás viejo!”. Las canas eran lo de menos, lo que me torturaba cada mañana en el espejo era su Tic-Tac. Cuando le pregunté a mi madre por qué carajos las canas eran blancas, ella me contesto que eso venía de familia. Mi padre las había tenido, y sospecho que su manera de combatirlas fue mediante el uso de sombreros. (El precio que pagó, fue la calvicie). Si la gente le fastidiaba con preguntas estúpidas, mi padre contestaba: “Entre más canas, más ganas”. Esto fue lo que mi madre me dijo sobre la lucha de mi padre contra sus canas. Por aquellos tiempos mi yo de entonces no tenía muchas “ganas”. Años después el sentido de aquellas frase cambió. Ahora sí que comprendo lo sabio que fue mi padre. En el mundo hay dos clases de hombres, (en realidad son muchos más) Están los que nacen para ser esclavos, y los otros, son los que aprenden a romper sus cadenas. Hoy, a mis veinticinco años, sé muy bien que la gran guerra de los hombres no es contra el tiempo, sino contra la imagen que tengan de si mismos. Cada mañana al mirar en el espejo, veo un ejercito blanco acercándose a la cima. Las canas son una mierda, pero no están tan mal, en medio de tantas tragedias. -Noctámbulo
CANAS
Autor: Nelson Corredor 
En: Cuentos & Historias 
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  No es fácil escribir cuando tienes el alma apretada de llanto, cuando tu,  formadora de juventudes te  vas a referir a los jóvenes estudiantes, músicos, gente toda que es asesinada a mansalva por Organos guardianes de la soberanía nacional y  por organismos paramilitares armados por un gobierno que ya ha pasado la línea, violando su Carta Magna y Convenios Internacionales suscritos como Estado Miembro de la ONU . de la OEA violentando los derechos humanos, llenando de dolor los hogares venezolanos .No tenemos la menor duda de que conforme  a que estos delitos de lesa humanidad no prescriben,  sus autores serán castigados con sanciones consagradas  en la Ley.Todos sin excepción no escaparán a la Justicia; los perpetradores,  los que han dado esas órdenes criminales y los que con su silencio y actuar cómplice  convalidan esos crímenes .   Mientras estos castigos no sean impuestos a los responsables, las heridas no cerrarán ; al margen de ello, pedimos de la Misericordia Divina su protección para que aleje de suelo venezolano tanto dolor y que se pare la masacre que roba el sueño y esperanza de una Venezuela que llora.NOTA: La foto que se acompaña, no tiene ninguna restricción de derecho de autor ni reserva . 
De la segunda década de los años 50 del siglo XX tengo muy buenos recuerdos porque la falta de grandes juguetes la superábamos con "pequeñeces" que nos hacían felices. Antes del fútbol de chapas no sólo estaban los tebeos sino que una de las grandes aficiones que teníamos en nuestra casa de la calle madrileña de Alcalde Sáinz de Baranda, número 56, escalera iquierda y puerta 5-D, era aquella gran mezcla de recortables que, en forma generalizada, consistía en soldaditos para los niños y en muñecas con diversas prendas para las niñas. Me refiero a los recortables de papel. Ya en aquellas primerizas actividades lúdicas a Emilín le gustaba lo "violento" y por eso amaba sus recortables de legionarios y soldados "duros". Los tres pequeños teníamos mucha variabilidad y nos conformábamos, muchas veces, con ver cómo Emilín gozaba él solo a la hora de recortar con las tijeras mientras nosotros mirábamos su quehacer e Isabel se dedicaba a los recortables de niñas. Pudiera ser que, de vez en cuando, a los tres pequeños (Maxi, Boni y yo) nos dejara Emilín recortar algún que otro soldado de marinería o vaquero del oeste pero a sus legionarios no los podíamos ni tocar. Le tiraba eso de la afición por la "violencia mental" así que en algunas ocasiones jugábamos a "pelear" con nuestros ejércitos de recortables pero con la ineludible condición de dejarnor ganar o se acababa el juego. Y como a nosotros tres nos importaba menos que un pimiento ganar o dejarnos perder pues nos dejábamos perder en las "peleas" de los recortables porque de esta manera nos asegurábamos seguir jugando. ¿Ganar? ¿Perder? Esos dos verbos no entraban en mi memoria. Mi único verbo era jugar. Y así fue cómo pasamos, rápidamente, al "enorme universo" que creamos, entre los cuatro, con el fútbol de chapas. Como estábamos acostumbrados a dejarnos ganar en las "peleas" de los recortables y de los juguetes de "indios y vaqueros" (que fue otra de nuestras grandes alternativas de juego siempre dejándonos ganar, por supuesto, para que no se enojase el Emilín o, dicho más claramente, el "ojito derecho de mamá") no tuvimos ninguna clase de dificultad en seguir haciendo el "paripé" para que Emilín ganara en el juego de fútbol de chapas con tal de que no pillase una pataleta tal como las del famoso "Rabietas" del tebeo "Mendoza Colt".  A veces llegó José Angel, el hijo de los Merino, a jugar con sus recortables de soldados con los nuestros y recuerdo que, una tarde, era tanta la cantidad de recortables "a gogó" sobre la mesa del comedor que hasta tuvimos que aprovechar la mesa redonda pequeña y alguna que otra silla para dar cabida a todos ellos. Recortables a gogó y una moral "de hierro" para soportar todo aquel "trajín" que nos traíamos con eso del perder adrede no fuera que si ganábamos alguna vez se pusiese de "morros" el "ojito derecho de mamá". En realidad a mí no me importaba demasiado estar a un lado o al otro de la frontera entre "la verdad" y la frontera de "la mentira" porque estaba tan ilusionado con mis libritos de bolsillo de la colección de "Pulgas" que lo de los recortables sólo me servían para observar la distancia que había entre ser reaccionario o empezar a saber lo que era la democracia infantil. Y los mismo digo con los indios y vaqueros de goma. El caso era pasar la vida lo más soñador posible. Por eso pude tantas veces soñar. 
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