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Grandes músicos tocan en un funeral de nueva Orleans, en el cementerio de ST Louis…Fusionan ritmos africanos y cantos espirituales negros.  Las barcazas cruzan el Mississippi (donde se juntan todas las aguas) Huckleberry Finn duerme en la cabaña del árbol y “un tranvía llamado deseo” atraviesa las calles y los campos cercanos a las plantaciones de caña de azúcar, tabaco y algodón…  T.S. Eliot bautizó al río en su poema “El rescate árido.”: “No sé mucho de dioses, pero creo que el río es un dios pardo y fuerte, hosco, intratable, indómito, paciente hasta cierto punto…” Los lugareños están de fiesta, es Mardi Gras (Carnaval) y ya terminaron su jornada de explotación laboral. Acuden a bailar y cantar por las calles. Se oye música de Jazz, Blues, Gospel, Soul, Rhitmandblues y otros mestizajes. Con el alcohol llegan las borracheras y las reyertas. Los hombres pelean por las chicas indígenas y la Reina mulata del Vudú toma Bourbon y predice futuros tsunamis…Louis Armstrong sopla a la trompeta y la voz de Billie Holiday le acompaña…siempre con los “frutos extraños” colgando de los árboles (Hombres negros colgados por miembros del Ku Klux Klan) A pesar de la abolición de la esclavitud, conquistada por Abraham Lincoln en la guerra de Secesión, las leyes del régimen de Jim Crow, propugnan la segregación racial con el lema «separados pero iguales» en escuelas, transporte, baños y restaurantes públicos existen fuentes de agua potable para los blancos y para los negros. El ejército estadounidense también fue segregado.  Los nativos encienden fuego para hablar con sus ancestros.  El niño emigrado, comprado en áfrica, aplica el betún y con el trapo y las ganas de obtener medio dólar confederado, lustra las botas, Unas botas viejas olvidadas en la cuneta, sucias de barro del sur, de diplomáticos obesos, con sus puros habanos, colgando (eternamente) de sus grasientos y repugnantes hocicos con restos del desayuno de la mañana.  Existe una imagen del sueño americano, la gran mentira del norte…Ella, una chiquilla achocolatada, nos mira sentada en una silla de paja, sus hermanos, al lado del carro de papá. Es la época de la segregación racial, los niños juegan con armas. Los ricos blancos golpean con su indiferencia y odio a los esclavos negros…muñecas blancas, muñecas negras.  La campesina esconde la cara con las manos, no quiere descifrar su dolor…se arrastra y huye, con ella se lleva el sufrimiento. Y las octavillas de queja que planeaban por la calle de las luces rojas, la gente no las lee, tiene miedo al “gran cerdo capitalista”. Malcom X muestra un periódico donde los policías de los angeles apalean sin miramientos a chicos afroamericanos... Gordon Parks, el fotógrafo negro, activista en defensa de sus hermanos. Nos enseña el dolor y el llanto de la impotencia y la injusticia social hacia una raza que pide igualdad y libertad. Martin Luther King confesó: ‘yo tengo un sueño… ¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Pero lejos de cumplirse, la intransigencia emerge como humo sobre la tierra húmeda, y en su resquebradizo raciocinio, existen nubes recluidas y cielos cautivos…  Negros, blancos, esclavos, razas, desigualdad, enfermos, delirios sociales, discriminación, pobreza, intolerancia, odio al extranjero, castas, repudias sexuales, fobias, fanatismos religiosos…En los campos cantaban a modo de protesta contra el amo blanco:  "No más migajas de maíz para mí, no más, no más, No más latigazos del amo para mí, no más no más..."
Ayer anduve por tu barrio, di patadas a las piedras y latas vacías de las callejuelas estrechitas, conocí la iglesia demolida por los “rojos” en la guerra civil española, vi críos sin escuelas, esnifando pegamento en bolsas, envueltas en papel de regalo. Por entre la arena y la hierba iban y venían, bicicletas “maquis” de colores tristes, sobre el polvo húmedo de la lluvia ácida del amanecer, abuelas enfermas de Chernobil rezando a vírgenes comunistas, vestidas de generales nacionalsocialistas alemanas…en este pueblo tuyo, visité las arterias de Vietnam, Corea, Irak, Afganistán… Crecían por doquier albañiles edificando muros…éstos separaban tu mundo del mío. Las flores sesgadas en  los áridos campos de internamiento marchitaban, mis recuerdos electrocutados por camisas de fuerza y fusilamientos de la razón, saludé al sol con la amputación de mi brazo ¿recuerdas las minas en el sembrado de alambre de espino? Sí, también lo crucé jugando al escondite Inglés…El cielo estaba ensangrentado, creo que habían degollado  las blancas nubes con formas de ovejitas…tan rojo estaba el territorio, que por un momento vislumbré el carmín de tus labios besando la aurora de los sentimientos, y el pétalo de rosa carmesí, aplastado, entre las páginas beige de “El corazón de las tinieblas” Ah…el horror, el horror…
Ella olía a pastel al óleo cuando la conocí.Y pinté con Ella hasta que se acabó. 
Solo me faltaban unas pocas cuadras para llegar a la escuela. Miré la hora. Eran las seis y media de la mañana. Perfecto. No pasaron ni cinco minutos cuando ya me encontraba sentada en las escaleras de la entrada. Aún no había nadie allí, ya que las puertas abrían a las siete de la mañana, por lo cual tenía una larga y fría media hora de espera. Abrí mi mochila y saqué mi anotador, junto con una lapicera, y comencé a escribir palabras sin relación alguna. Suelo hacer eso cuando me aburro, o cuando necesito desahogarme. Mientras mis manos no dejaban de escribir, comencé a pensar en el día de ayer. No había ido a casa en toda la tarde, pero no es algo que me preocupe, seguro mi madre debe creer que estoy en la casa de alguna amiga o algo así. Ahora que lo pienso, jamás terminamos el maldito trabajo de Química que se supone que debemos entregar con Max, hoy. De todas formas, iba a suspender esa materia.
prueba
Autor: Sofi 
En: Cuentos & Historias 
7 Lecturas
LA JUSTICIA TIENE LOS OJOS VENDADOS.    Fue una llamada de segundos que cambió mi vida. Llevaba poco tiempo trabajando en un exclusivo gabinete de asesores, por supuesto ni que decir que trabajaba más horas que una tonta y siempre intentando destacar…ora traigo la documentación antes de pedirla, ora aparezco con ese detalle que sé que te gustó, ora me presto…. Y así me ofrecí a quedarme con la mascota de mi jefa una semana mientras estaba de vacaciones.             Lo que no contaba era con mi madre.             A veces mi madre iba a mi pequeño piso y lo limpiaba o me dejaba comida. Una madre es una madre. No se me ocurrió contarle lo de la mascota. Y sus pocas palabras hicieron el efecto de un tsunami: —Hija, te he dicho mil veces que cierres siempre el balcón. Te ha entrado un gato y lo que me ha costado echarlo. No había forma. He tenido que coger la escoba para asustarlo y encima me miraba con descaro y de reojo cuando se iba con paso lento. Vamos… El vaso que sostenía en mi mano se quedó paralizado en el aíre. Los ojos se me abrieron hasta que creí que se me iban a salir. No podía pensar. Mis esfuerzos, mi constancia, todas las horas de trabajo… Se habían ido con la gata… Tuve que obligarme a parar de pensar y articular palabra. Tenía que pasar a la acción. —Mamá …es …una…gata. Y es la gata de mi jefa… La estaba cuidando esta semana… Por Dios, llego en cinco minutos… No me acuerdo de todas las lamentaciones de mi madre mientras recorría como una loca las escaleras del edificio gritando el nombre de la gata. ¡Marisol! El nombre no tenía desperdicio. Era un edificio antiguo de seis pisos y de dos vecinos por planta. No estaba. El cuerpo me empezó a temblar, el pánico quería su protagonismo, pero no era el momento. Todavía no. Tenía que quemar todas las posibilidades de encontrarla. Si se había ido a la calle todo estaba perdido, pero a lo mejor había entrado en casa de algún vecino… Nos dividimos, mi madre por los pisos debajo del mío y yo por los de arriba.  En dos no había nadie, el tercero, un viejo malhablado y protestón me echó en cara que si no sabía cuidar mi gata que me estaba bien empleado. Tuve que callar para no mandarlo a… Y en la cuarta puerta que toqué me abrió una vecina casada que tiene una niña de seis años. Ella no trabaja y su marido es policía. Me invitó a pasar para darme la gran alegría de ver a Marisol con su esponjosa cola venir a mi maullando y restregarse en mis piernas. Me estaba regañando, tal vez por tener una madre poco comprensiva o por no haberla prevenido. Casi se me saltan las lágrimas al mirar esos ojos verdes y comprobar que no la había perdido. No encontraba palabras de agradecimiento a Susana, mi vecina. Avisé a mi madre por el hueco de la escalera que la había encontrado. Y mi madre que es muy cumplida subió porque quería ella también dar las gracias. Susana nos ofreció café ya que era temprano, aún la hora del desayuno. Ya había llevado a su hija al colegio y su marido estaba trabajando. Iba a rechazar el ofrecimiento pensando en volver rápido a la oficina, pero mi madre me cogió del brazo y con mucho desparpajo aceptó la invitación alegando que ya la gente no se conocía ni siquiera entre los vecinos. Que a dónde íbamos a llegar.             Susana sonrió y se le iluminó la cara. Entramos y me llamó la atención la gran lámpara que lucía colgada del techo de hierro forjado que seguramente pesaba mucho. Un gran aro de hierro coronaba nuestras cabezas. A lo largo de éste aparecían bombillas y todas unidas con un hierro en cuyo centro destacaba una especie de flecha que recordaba las insignias celtas. No pude evitar evocar la Dama de la Justicia (Iustitia), la diosa femenina de la justicia, llevando en una mano una balanza (la fuerza) y en la otra una espada (la justicia), con los ojos vendados (fe en la objetividad). No entendí por qué esa lámpara me hacía pensar en la Justicia. Me hipnotizaba la lámpara. Nos hizo café y sacó unas magdalenas de su pueblo. Yo no me separaba de la gata, con el susto que me había dado, pero viendo la mirada de recriminación de mi madre, dejé la gata en el suelo y me senté con ellas en la mesa de la cocina. Tardé varios minutos en envolverme en la nueva situación, el café, las magdalenas, el estómago llenándose con la parsimonia de la buena charla iba influyendo en mi estado de ánimo y dejando el susto en un mal sueño. Hablando de la vida en un pueblo versus en la ciudad...             Sonó el teléfono de la casa y Susana lo cogió. —No, son las vecinas que su gata se les escapó y entró en nuestra casa… Sí… La niña en el colegio… No, digo la verdad, el ruido son las vecinas… No, no miento. Solo estábamos tomando un café… Sí, no… Que sí, de verdad que no se me olvida… Solo es un café en casa y sí… Hago lo que tenía previsto y recojo a la niña. Sí, cuando vengas a comer … Tal vez no hubiera significado nada esa conversación sino fuera por el gesto de mi madre. Le cambió el semblante. Miraba a Susana con preocupación y ésta bajó la mirada y la voz, excusándose que su marido le había recordado la cantidad de encargos que tenía para esa mañana antes de recoger a la niña y hacer la comida. Mi madre se quedó sentada mirando fijamente a Susana y yo empecé a mirar a mi alrededor. La casa estaba como si acabara de limpiarse, todo en orden, ni un juguete por en medio, la cocina ordenada, pulcra y olor a limpio. Mi madre seguía sin mover un músculo mirando a Susana; ésta empezó a moverse en la cocina como ordenando, yo cogí a Marisol y levanté a mi madre de la silla cogiéndola del brazo. Mi madre parecía una piedra inmóvil y dando las gracias nos despedimos. Mi madre parecía en shock. Llegamos a casa. Dejé a Marisol y me llevé a mi madre a su casa. Le di un beso y me quedé mirando a mi madre que en ningún momento había movido un músculo. Me fui a trabajar. Y cuando salí del trabajo y llegué a casa, me llevé la sorpresa de encontrarme a mi madre sentada en el sofá con la gata en el regazo. —Bueno, ¿Qué has pensado hacer para ayudar a Susana? ¿Te has fijado en los morados que tiene en el antebrazo y en las rodillas? Esos son golpes. — ¿YO…? Pero si no sabemos si quiere ayuda o de qué se los ha hecho, cómo nos vamos a meter en algo que ni siquiera sabemos que existe… —Carmen, te he dado unos estudios, te he criado con unos valores, estás echando el hígado en un trabajo que es una de las mejores asesorías, eres abogada… Y todo ¿para qué? Para sacar dinero y sobrevivir, ¿Eso es todo…? Me parece que eres mucho más que eso. Y si te tengo que darte una patada para que te pongas las pilas e investigues te la doy. Así que he decidido venirme una temporada aquí contigo. Me miró de soslayo para ver mi aprobación y con ese gesto decidido y maternal que tan bien conocía se fue a la cocina a preparar la comida. No me molestó. Más bien sentí que volvía a ser mimada y no estaba mal un poco de mimos. Comimos y mientras recogíamos los platos y nos disponíamos a lavar los cacharros, nunca me ha gustado un lavavajillas cuando hacer un poco de ejercicio después de comer no es malo, mi madre estaba muy callada; y eso me preocupaba… Y sí, justo cuando terminamos me dijo de preparar una infusión y hablar.             —Hace muchos años, cuando tú todavía no habías nacido y yo era una jovencita que vivía con mis padres, teníamos un matrimonio vecino, que todas las noches oíamos sus broncas e incluso alguna bofetada por parte de él cada vez que le iba mal el día. Mis padres se hacían los tontos y me decían que en los problemas del matrimonio no había que meterse. Ya sabían de alguna mujer que se volvía de la comisaría con la explicación de que si no había preparado bien la cena o no había sabido contentar bien al marido pues lógicamente lo había cabreado.             Así que yo veía que por las mañanas iban los vecinos a consolar a la pobre desdichada, pero todos callaban.             Y un día ocurrió, tal fue el empujón y la bofetada que le dio que al caer inconsciente se dio con el pico de la mesa en la sien y murió en el acto. El médico declaró que la muerte fue un accidente por el golpe en la mesa. Dejó dos niños pequeños y un viudo que al año ya estaba casado.             Se me quedó clavado en el corazón, para siempre, que una mujer había muerto estando en compañía de todos sus vecinos porque no era de nuestra incumbencia.             Así de sencillo. La mataron y la vida siguió sin inmutarse. Me cogió las manos. ¿Lo entiendes? Y claro que lo entendía, ahora nos tocaba a nosotras actuar. Al final de la semana mi madre me indicó que llevaba varios días hablando y siendo confidente de Susana. No había expresado a las claras que su marido utilizara la violencia, pero sí el miedo que le tenía por no estar todo en su justo orden o preparado. Mi madre iba buscando pruebas o algo fiable para acusarlo por violencia de género. Yo por mi parte me intentaba asesorar en qué tipo de pruebas o en qué terreno nos movíamos al ser policía este hombre. Por de pronto mi madre se había hecho niñera de Marina, la niña, para que Susana pudiera hacer sus cosas sin tanta presión. La tercera tarde que estaba cuidando mi madre a Marina en su casa y Susana ya había llegado de hacer compras, su marido se presentó de pronto, vestido con el traje de policía y con la consiguiente pistola en la cintura. Fue una sorpresa para las tres que pegaron un respingo. No llevaba cara de amigable y con mucha educación le pidió a mi madre:             —Muchas gracias señora por haber sido tan amable de cuidar de mi hija estos días; aunque todavía no comprendo la necesidad de la ayuda cuando mi mujer no tiene que trabajar fuera. Y que yo sepa una casa y un hijo se puede llevar perfectamente como hasta ahora lo estaba haciendo mi mujer. De todas formas, muchas gracias, pero entenderá que la intimidad de la familia se debe quedar ahí, en la propia familia y Marina ya me ha contado que estaba usted muy interesada en nuestras costumbres y le gusta preguntar cosas… ¿Cómo diría yo…? Personales quizá. Se quedó muy serio y derecho cerca de mi madre para que sintiera la fuerza de su persona y que se cohibiera ante el uniforme. Susana acercó a su hija a su regazo en actitud protectora, justo cuando yo entré por la puerta. Venía a recoger a mi madre. Mi madre sintió perfectamente esa fuerza que quería intimidarla y sintió también la deuda que tenía con el pasado:             —Claro que entiendo. Entiendo que utilizar la brutalidad en el seno del hogar le hace sentirse a uno como si fuera más masculino y así, una cortina de humo… ¿Cómo lo diría…? Cubre la debilidad quizá… ¿O es acaso más profundo aún, lo que esconde? No me gustó nada el cuadro que vi. Mi madre intentando no recular ante el gigante de hombre que tenía delante. Susana echando pasos hacia atrás con su pequeña entre sus faldas y muertas de miedo. Entendí en ese momento lo que es la madre naturaleza; ese hombre me daba mucho miedo, pero el solo hecho de ver que se acercaba a mi madre. La rabia y mi sentido de proteger a mi progenitora me salió desde las mismas entrañas y con paso rápido me interpuse entre ellos. El tío bestia sacó la pistola y la levanto paseándola ante nuestra mirada. Se le subió el ego y empezó a decir palabrotas para achicarnos. Ahí mi madre no se calló. Habló de denunciarlo, de llevarlo ante la justicia y que allí, a ver si era tan gallito, que cada vez se estaba retratando más y dejaba claro lo que realmente era. Como si le hubiera dado un tic, empezó a temblar su labio y toda su cara se convirtió en un gesto asesino.  Las piernas me temblaron, mi madre quería ponerse delante para protegerme, Susana y la niña se encogieron con un grito ahogado ante el terror… Y disparó.             Un solo disparo al techo. Era una advertencia.             Solo puedo decir que tuvo que ser la mala fortuna la que intervino. Disparó a la lámpara. Esa lámpara antigua de hierro forjado heredada de sus abuelos; la lámpara de la justicia; la lámpara que yo veía con la espada y la balanza. Fueron segundos lo que tardó en desplomarse y ver todo el pico de la lámpara incrustado en el cráneo del vecino. No hubo mucha sangre, pero si un orificio profundo y en una zona vital.             Se quedó desplomado, a todo lo largo que daba su cuerpo. Nadie se movía y la escena era difícil de creer. Se había matado él mismo, sin ser un suicidio. Nadie pestañeaba ni se oía ningún ruido hasta que la música de mi wasap lo interrumpió todo y, como una autómata, saqué el móvil, y sin saber lo que hacía, leí el mensaje que acababa de recibir. Era mi Jefa: “¿Te puedes quedar con mi gata otra semana?”                      
   LA ENFERMEDAD ...-MIA   Llevaba varios días con dolor de cabeza al despertar mi hermano Raúl no le dio importancia, seguramente debía ser el cambio del tiempo me decía y debía tener razón porque pronto vendrían las lluvias. Me vestí rápido con mis vaqueros, camiseta y camisa grande a cuadros que llegaba tarde al trabajo.  Vivo con mi hermano desde que murieron mis padres hace ya unos años, él es cinco años mayor que yo y la semana que viene cumplo ya los veinte; tendré una fiesta sorpresa como todos los años y es que mi hermano hace de padre, hermano y amigo...es mi única familia. La cafetería en la que trabajo aunque es grande, yo me encargo de servir y hacer los pedidos mientras otro compañero está en la cocina. El dueño aparece al mediodía y se queda hasta el cierre después de comer. Me gusta. Me siento cómodo, la clientela me conoce y el jefe, siempre, al final de la semana me da una gratificación por el buen trabajo, si un día no puedo ir a trabajar lo aviso y no me pone pegas. Otra vez el maldito dolor de cabeza, si sigue así mañana me escapo y a primera hora voy al médico que me mande algo porque las pastillas de dolor de cabeza no me hacen nada. -Lucas, que sorpresa, no sabíamos que trabajabas aquí- dos chicas rubias con una sonrisa encantadora, que no me sonaban de nada sabían mi nombre y me dieron un par de besos cada una -te queda bien el pelo suelto, hemos entrado a tomar un café y que suerte de verte. Cuando quieras volvemos a repetir la marcha del otro día...Un café a cada una nos vendrá bien, gracias. Las he saludado como si las conociera pero estoy casi seguro que me están confundiendo con otro. Han seguido con risas y mirándome de reojo Y otro par de besos al irse. El día ha sido como el lunes que se esperaba, ejecutivos a primera hora para el café, a media mañana las amas de casa que han terminado su gimnasio y vienen de tertulia ante un zumo, hablan de los hijos y familia, se desahogan como buena terapia que es y se marchan felices. Ya al almuerzo vienen trabajadores que nos le da tiempo a ir a sus casas y prefieren nuestro menú, casi siempre son los mismos y puedo llamarles por sus nombres y preguntarles por la jornada laboral. Algunas veces me cuentan alguna anécdota de clientes ; la verdad es que la realidad supera la ficción, no me aburro nada y siempre acabamos echando unas risas. A la hora del cierre veo al jefe muy callado, debe haberle pasado algo, espero por si quiere contarlo, entre nosotros ya existe confianza -Lucas, ya hace dos años que trabajas aquí y eres de mi plena confianza y sé que eres buen muchacho; sé que estás en la edad de disfrutar pero... - ¿Pasa algo? ¿Se me ha olvidado algo o he hecho algo sin querer mal? _Verás, varios clientes me han comentado que te han visto de noche hasta altas horas de madrugada de juerga, con chicas...y bebido. Yo les he contestado que si te han visto es que ellos estaban allí, pero claro, al decirlo varios distintos y en distintos días es que parece ser que no te pierdes ni una... -¿Yo?, pero...si solo salgo los fines de semana. Pregúntale a mi hermano, yo entre semana no salgo, tu sabes que me gusta el deporte y lo hago por la tarde, luego a casa. Y los fines de semana salgo con los amigos, eso sí. -Sí, si lo sé, ...pero como últimamente estás cansado, agotado y con dolor de cabeza, he pensado... -Sí, sí que es verdad que no me encuentro bien, pues mañana voy al médico. Vendré más tarde, ¿Vale? Al llegar a casa no le dije nada a mi hermano para no preocuparlo ya que parecía muy pensativo últimamente. Y me fui pronto a la cama. La cabeza me iba a estallar me levanté temprano y al mirar al espejo no me reconocí, algo me pasaba, me encontraba muy mal y seguro que estaba enfermo. Dejé una nota a Raúl que me iba al médico y que luego le llamaría. No quería despertarlo. Esperé en Urgencias un buen rato; me hicieron varias pruebas y volví a esperar resultados , no quería pensar pero la verdad que el miedo empezó a instalarse, me cuidaba , comida natural, deporte, salía poco por las noches... El doctor apareció con cara preocupada y me hizo entrar en su despacho, llevaba informes en la mano y estuvo un rato en silencio pensando - Doctor, por favor, ¿qué pasa? -No lo entiendo. Tu estuviste en este hospital hace unos meses a vida o muerte por un accidente . Te dábamos por muerto y milagrosamente en dos días te recuperaste gracias a tener un cuerpo joven y saludable y ahora..¿la analítica me dice que das positivo en casi todas las drogas y en alcohol? ¿Eras una persona sana, vuelves a vivir y decides arruinar tu salud?... -¿ ¡Cómo dice? ¿Yo en el hospital por accidente? ¿Yo, tomo drogas? ¿Yo, alcohol? ..¿Está seguro? ¿Yo?..no puede ser -vértigos, incredulidad y mareo me hicieron tambalearme y me tumbaron en una camilla donde cerré los ojos y no sé el tiempo que pasó. Abrí los ojos y estaba a mi lado mi hermano con lágrimas en los ojos, me abrazó y me susurró que me tenía que contar una historia: -Era nuestro primer día de vacaciones y teníamos montado todo en el coche para irnos a escalar dos semanas; yo iba conduciendo y tú me ibas contando la anecdotas del trabajo, siempre has sido muy gracioso e íbamos riendo. No iba rápido, pero de pronto, de la nada, apareció un camicace en sentido contrario y con reflejos lo pude esquivar, nos salimos de la calzada y dimos tres vueltas de campana hasta que un árbol nos paró. Con la mala fortuna que tú te golpeaste la cabeza y lo supe en ese mismo momento. Me volví loco, eras lo único que me quedaba te quería más que a mi propia vida. Grité, imploré, invoqué al Diablo para que me llevara a mí en vez de a ti ...y se me escuchó; no lo creí pero se me escuchó, pero no como yo quería:  Durante el día tu cuerpo te pertenecería pero las noches eran para él. Dos días después salías del hospital como nuevo y sin recordar el accidente y pensé es una oportunidad, incluso en tu trabajo no llegaron a enterarse ...lo mismo podías vivir sin enterarte de lo que pasara por las noches...   Hubo un silencio en el que llorar nos hacía cómplices del momento y apareció la gran pregunta : -"Entonces, ¿Quién soy yo ahora?"                
LA ENFERMEDAD
Autor: Mar 
En: Cuentos & Historias 
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PrólogoTuve esta revelación cuando estaba escribiendo un microcuento llamado “Romántico incurable”. Pensaba en recurrir a las mismas cursilerías de siempre. Invocar la misma poesía barata. Pero, nuevamente, la escritura vino para sorprenderme y salvarme.Hay un secreto que mi corazón escondía, más bien, hay palabras que aún no había podido pronunciar. Al menos no a la persona adecuada. Y aunque el tiempo pesa y los lazos se van volviendo más estrechos, sigo sintiendo ese miedo. O quizá sea inseguridad, que siempre trata de frenarme. Pero, esta vez, no la dejaré llenarme.Y es curioso como las nuevas narrativas se van introduciendo en tu vida y ya no son solo parte del pensamiento, de creencias que fuiste pregonando en tu mente. De pronto, sin que te dieras cuenta, se van haciendo parte de tu vida; de lo que respiras, lees y cantas. Y, en mi caso, de lo que escribo.Siempre he escrito para alguien más, esperando que pueda leer al menos un párrafo de este cuento, esta historia tan íntima que quise compartir. Pero ahora, en medio de mis treinta, es primera vez que me escribo a mí mismo. Y me emociona como toda esa celebración, ese gozo, finalmente se refleja desde mi imaginario.Para mí y para todes, con amor...
A ver, que jodido es todo esto, que jodido es tener que lidiar con tantas mierdas a la vez, como me permito sentir cuando no se ni por dónde empezar. Estoy MOLESTA, estoy muy molesta por todo el mal que hay en el mundo y que de uno u otra forma llega a mi vida, no me gusta ver a gente que quiero sufrir, quisiera poder decirles que todo va a estar bien pero como lo hago? Como les miento en la cara cuando ellos mismos saben que yo no me siento bien? Cuando ellos mismos saben el proceso por el que estoy pasando!. La depresión no es juego, es una de las condiciones mas desgastantes que hay, la tristeza en el cuerpo, la apatía, el insomnio, la ansiedad, la frustración de que muy poca lo entienda y que por mas que quieras explicarlo, no lo van a entender, tener que escuchar cosas como, sal, haz ejercicio, mente positiva, piensa en otra cosa, comentarios de eso tipo, aunque no sean con mala intención son peores que no decir nada. Aquí estoy yo, tras seis meses de tratamiento decidí cambiar de psicóloga, porque sentía que lejos de mejorar, estaba retrocediendo, cumplió su función y me ayudo en su momento, pero ahora necesito de alguien que vaya mas allá, que me ayude a descubrir el por que de mis miedo y mis carencias, que no solo vea el proceso, si no que vea la causa. No ha sido fácil, ha sido  una montaña rusa de emociones, unos días bien, como si nada pasara, pero hay otros días donde la ansiedad de apodera de mí y cuestiono todo lo que hago, de un tiempo para acá la mejoría fue notoria, volvía a ser yo, con altas y bajas, porque ninguna persona es perfecta y todos tenemos derecho de ponernos tristes, molestos, frustrados, en fin, si no lo hiciéramos seríamos robots. A finales del 2019, empecé a tener ansiedad de nuevo, se lo atribuí a las fechas, pasar navidades lejos de la familia, extrañar antiguas tradiciones y toda esa nostalgia que acompaña las fechas, pero no era solo eso, venía muchas cosas detrás, cosas que aún no descubro, y llegó el bajón mas repentino y fuerte que he tenido en estos casi 7 meses de tratamiento, no sabía que estaba haciendo mal, aún no lo sé, esa sentimiento de pérdida, sentir que te perdiste en el camino, que ya no eres tú y que no sabes quién eres ahora, no reconoces a esta persona vulnerable, ansiosa, que se juzga por todo, que no tiene gana de nadas y ese sentimiento de no saber si podrás salir de ahí. Algo que me ha costado entender es que el mundo no se detiene, que mientras uno lucha con su propio proceso hay millones de cosas pasando y pasándote, cosas con las que no sabes cómo lidiar, querer ayudarlos a todos pero ni siquiera saber cómo ayudarte a ti mismo. Ahorita mismo, de acuerdo con lo que me dijo mi psicóloga, estoy pasando por un sentimiento de duelo, de pérdida, pudiera interpretar eso de tantas formas, puede ser porque tuve que dejar mi zona de confort, mi casa, mi familia, mi país y salir con una maleta y mi pareja que ha sido un apoyo enorme, creo que no supe asimilar todo lo que emigrar significaba porque todo fue muy rápido, no me permití sentir nostalgia por lo que estaba dejando y trataba de enfocarme en lo positivo, pero el problema es que nunca lo dejé salir, nunca enfrente ese sentimiento de pérdida, pero mas allá de todo eso creo que en el proceso me perdí a mi misma, cambié mi forma de ser, de pensar, de actuar, de tener cero responsabilidades a llevar una casa y una familia de dos, fue como si tuviera que madurar de la noche a la mañana, y me extraño, la verdad es que me extraño, extraño ser espontánea, disfrutar el momento, vivir el hoy, DIOS! Como lo extraño, se me van los días planificando que hacer, que no hacer, organizando todo para mañana, pasado, la semana que viene, en que momento me perdí?, en que momento me convertí en una super maniática del orden y la organización?, me perdí a mi misma, me olvidé de disfrutar los pequeños momentos, mi mente no descansa y está agotada. Creo que eso fue lo que hice mal, hice mis terapias, tomé mis medicamentos pero yo no cambié mi forma de ver y hacer las cosas y ahí es cuando mi cuerpo me pasó factura, el insomnio fue fatal, eso fue lo que me desarmo completamente, no poder conciliar el sueño, no descansar, que se acercara la noche y no saber si iba a poder dormir, lo peor es que no quería tomar nada porque me daba miedo crear adicción. La verdad es que todos tenemos un límite, no sé si yo alcancé el mío en ese momento, y si no fue así estuve muy cerca, tuve que hacer cambios, lo de la psicóloga fue uno de ellos, también fui al médico para cambiar la medicación, porque no es justo que queramos hacer esto solos, no es justo querer hacernos los fuertes y pretender no necesitar ayuda, NO!.   Ahora me encuentro tomando ansiolíticos, con supervisión médica y me he sentido mejor, sé que es un alivio temporal para poder salir del hoyo en el que me encuentro, pero no hay razón para hacerlo más difícil, está bien pedir ayuda, no sé cuál será el próximo paso, sé que seguramente más adelante tendré que replantearme muchas cosas, también sé que no será fácil, pero hay que ir un día a la vez para que pueda encontrar un equilibrio entre la persona que fui y la que soy hoy en día, poder ser responsable y aun así permitirme sentir, no preocuparme por si lloro o no lloro, por si los demás me ven vulnerable, que no me de miedo caerme, ser espontánea y disfrutar las pequeñas cosas de la vida.
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