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                                                         [Cuento. Texto completo.] La noche fría y lluviosa anunciaba el macabro episodio que estaba por llegar. No se escuchaba ni la algarabía de las aves, tal ves mediante sus instintos lograron concebir la gélida noche, enjuta y con olor a miedo, por ello tras caer la tarde rápidamente treparon en sus lechos, lo que sí trinaba como campanitas por doquier era el denso sonido de las gotas haciendo eco sobre las margaritas que se hallaban entre La Última Lágrima; un vetusto cementerio vigilado por Nicolás Larrazábal Bonatre; viejo casacarrabias, con calvicie prolongada, cejas pobladas, barba blanca, panza sobresaliente y baja estatura... un longebo de mirada sigilosa y picarón por demás, que le apetecía desplarse de forma constante entre las tumbas  y añoraba encontrarse por ahí con la sirenita azul de sus macabros sueños... al caminar se sentía tranquilo porque era guiado por la lumbre de las luciérnagas y dibujaba en su rostro una elocuente sonrisa dado que portaba su más preciado tesoro, nada menos que una mochila de fique atada a su hombro derecho  la cual contenía una botella de tequilla, una caja de cigarrillos y otra caja de chimó. El condenado caminaba cuán despacioso como si contara los pasos, pateaba una que otra piedra y escupía sobre las mismas, riachuelos de chimó.  La lluvia era fuerte, pero al cabo de un tiempo bajó la intensidad y los nubarrones del cielo dieron paso al oro de las estrellas. La calma parecía haber llegado, el reloj marcaba  las 3:33 a.m. y la gélida brisa  sola titiritaba; mientras un leve sereno le daba brillo a la grama sobre la que se veían  partículas de flores, aquéllas que traían  los fieles, ya marchitas a la merced del olvido;  por demás, no se oía el respiro de un grillo, la tranquilidad  estaba en hipnosis, alguien hubiese añadido que se trataba de un osario  fantasma, pero... de un momento a otro un pavoroso quejido le puso los pelos de punta a aquel silencioso lugar. Era el clamor de varios espíritus quienes desde el otro mundo quisieron regresar... De inmediato el viejito Larrazábal se atrincheró en la entrada,  desenfundó su revólver  y echó mano a las balas, con criterio encañonó a una de las figuras grisáceas, lo que  no imaginó fue que en tan solo un parpadear se le desaparecerían.— ¿Qué se hicieron? — ¿Dónde están?  —Alto ahí o disparo— Gritaba el viejo, y bien tembloroso  que  ya casi se desmayaba.  Pronto se formó adentro la querella, decenas de veladoras al piso, al tiempo que se escuchaban  gritos de una desgarradora voz femenina: — ¡Auxilio!— ¡Alguien que me ayude, por favor!  —una almita que se compadezca de mí  — ¿quién me saca de pena? —¡Papá ven tú; sí, tú, te estoy viendo, viejo!—Soy tu hija mayor, Beatriz— ¡Ay! hijita por Dios — ¡De veras! —¡Eres tú?—Gritó el viejo, mientras que la gresca tomaba a cada instante  mayor misterio. El pobre hombre con inminente rasca pronunciaba en sus adentros: ¿Cómo hacer que esta  macabra tempestad muera en los brazos del olvido? ¿Cómo hacer que estas putrefactas sombras fenezcan en la memoria del ayer? dicho esto, solo tuvo fuerzas para disparar dos veces a los murracos, pero complicó más aquello, en tanto que, un fortísimo golpe en la sien lo hizo rodar varios metros, y una espeluznante voz terminó de despertar el poco silencio que dormía en esos momentos: "Espectros somos, y tú; adorada muerte ahora tomas tequila en la esquina del olvido donde el adiós abre sus ojos". Minutos después, dos sujetos llegaron vestidos de negro, parecía que del infierno vinieran, pero  era el cura junto al parapsicólogo del pueblo; dos hombres que tras escuchar el cantido de los gallos y el aullido de los perros, decidieron cada uno echarse una camándula a la boca y acercase hasta el interir del cementerio para mediar los hechos, y vieron cómo entre los sabanales la sangre del hombre aparentaba ser un espejo donde se veía hervir coágulos en completo  silencio, y allá en los panteones, con una linterna se alumbró abundante cuota de cabello largo, dos huesos atravesados en  cruz, y muy cerca; tres gatos negros que se peleban entre sí, salieron corriendo. Tras ello, empezó a incomodar los gritos  de un niño cuyos sonidos se confundían con el resoplar del viento. ¡Oh Virgen del Agarradero, agárrame a mí primero!, La situación era tan espeluznante  que  las dos personas se miraban sin despabilar un momento.  La tempestad de la noche  guardaba entre sus alas aquel secreto, un florero de nostalgias y con olor a miedo que iba a hilvanar su gracia cuando la voz del infante elevó su eco. El experto en lo paranormal con su lengua echa bola le costó hablar, pero cuestionó el suceso: — ¿Quién eres y qué quieres? — ¡Confiesa, jovencito! —porque aquí ya hay un muerto.—Soy Ignacio Larrazábal y perdí mi vida  cuando tenía seis años como consecuencia de hambre y frío intenso, jamás distinguí a mi papá, sólo sé que mi madre se llama Beatriz Larrazábal Freyre.—Ay, no puede ser... — dijo el parapsicólogo con voz entrecortada.—Sí señor, y ella todos los días me dio rejo, en últimas,  me sepultó entre un lejano bosque  por lo cual no sé qué es descansar en lugares como estos. Todo se soluciona si  mis huesos son sacados y enterrados aquí. Mi mamá y mi padrastro  hace instantes que se fueron, ellos siempre pelean bastante y esta vez no fue la excepción.  ¡Cuánto lamento que hayan  asesinado al abuelo! en realidad  lo que buscaban era apartarme una bóveda. —Concluyó el niño, que en menos de que cantara un gallo se desapareció por completo. El parapsicólogo derramó lágrimas, no podía sostener la cámara con la que filmaba aquel encuentro, y con evidente dolor murmuró:  — Sé que tu alma sigue aquí entre nosotros  —y cómo me duele decirlo: —Soy tu padre. — ¡Hijo, hoy más que nunca te pido me perdones!, los hombres como yo no valemos... no deberíamos existir. — ¡Pronto tendrás  cristiana sepultura!—Me siento desgarrado, jamás imaginé que eras uno más de los tantos retoños que tengo, y menos que este cuerpo inerte sea el de mi exsuegro;  quien ha quedado con un ojo entre abierto; ¡oh diablos y hasta pareciera que me estuviese viendo! Siento mi corazón una bola de papel hecha pedazos, me duele hasta el alma saber que por mi culpa pasa todo esto. Ahora dejaré que por mí, hable el silencio, ¡porque esto da mucho miedo, parece el mismísimo infierno!. Muy rápido la fragancia de las flores sucumbió ante el  lúgubre hedor del muerto; mientras que  la mañana fue abriendo su velo y de sus pestañas dejó precipitar una gélida llovizna que terminó de lavar la sangre sobre la que ya zumbaban alocados insectos.                                                                     FIN©Javier Alfonso Camargo Cruz.                                                        Seudónimo: Jesler PoeDerechos ReservadosImagen: De la Red. 
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Estás sonriente dentro de un recuadro. Parece que ignores  la cámara, sin embargo sabes que yo te miro. Por eso, o porque te gusta lacerarme, yergues tu espalda para exhibir tus flamantes pechos. La camiseta amarilla deja de serlo para desvanecerse en comunión con el tono de tu piel. Y tu pelo… Cómo se enreda en susurros alrededor de tu cuello estrangulador. Esa estampa de la belleza suicida me eriza por momentos. Ahora quisiera que dejaras de arrebatarme con tus ojos el escaso flujo de otros órganos que no sea mi pene, pero me resulta imposible… No puedo detener mi impulso, el esbozo por dibujarte mientras te hago el amor con mis libidinosas pupilas cobra resistencia. Ella se bandea entre el lujo y el miedo, sin tener muy claro cuál de las emociones es sincera. La foto se empequeñece ya desgastada de su exposición impúdica y me envía lejos de allí, lejos de donde existes en realidad. 
... al que prometiste volver (Parte II) Te veo tomando cuidadosamente tu ropa; eligiendo el atuendo que usarás el primer día del resto de tu vida. Y me habría encantado estar ahí, ¿sabes? Aunque fuese doloroso verte partir de mí, de nosotros.  Ya no sé si decidiste irte, si te eché o si fue de mutuo acuerdo, pero ¿qué importa? Cuando te das media vuelta por el espacio que compartimos tanto tiempo y pareciera que no vale la pena ni un minuto más. Dando los últimos pasos por lo que fue nuestra vida, apartaste el papel en blanco de tu mano, pero lo impregnaste con tus palabras antes de salir y cerraste la puerta para no volver atrás. Y sé que de haber estado ahí, te habría abrazado tan fuerte que no hubieses sido lo suficientemente valiente para partir, pero las promesas se rompen al igual que el corazón.
Un hombre cansado, de los que ,con o sin sombrero, viste su edad, vino a visitarnos. En su caso, el sombrero negro era lo de menos.Los surcos y arrugas salpicaban el rostro del viejo, sus argumentos no nos convencieron de prácticamente nadaNos habló de un lugar cerca de la fuente de entrada estrecha. Dentro, gemidos extraños y voz queda. ¿ Hay alguien?Salió de sí y dirigió la mirada a un punto inconcreto. Ahora más palabras que fluían en una amalgama de significados.- !Para ya por favor!.-espetó mi mujer. Su barba se extendía gris camuflando las dos mitades de aquel labio revelador.- Allí había algo más real... Podía verme en perspectiva, mucho tiempo atrás. - Todo esto no tiene ningún sentido. Si quiere, puede quedarse a cenar, no tenemos problema. incluso puede dormir en el sofá, la chimenea mantiene la habitación templada toda la noche. - Mañana no habrá más humo  - Mira, lo mejor es que se vaya, nos está asustando ya.El viejo no dijo más y abandonó de un portazo el exiguo espacio formado entre los conversadores.Deslicé la cortina para ver qué camino tomaba. Nadie. Luz mortecina, como si los faroles emitieran sus últimos estertores. De repente, negro. Clara clavaba sobre mi una mirada lánguida y terriblemente triste. El cuchillo agarrado con fuerza por su mano derecho refulgía gracias a la única luz sin fundirse.- ¿ Qué haces con ese cuchillo?-¿Por qué has tardado tanto en echarle? - Cariño... Ese hombre estaba aterido y no parecía haber comido nada en todo el día.Dio un paso más hacia mi- Me trae sin cuidado, tenía miedo--  Clara, deja el cuchillo, ya se ha ido...( Golpes de aldaba que provocaron estruendo)La mirilla no mostraba el exterior - ¿ Quién es?-Los faroles de la plaza recobraron lentamente el halo de luz El cuchillo cayó al suelo y la sonrisa histriónica de Clara se despidió anunciando una ducha antes de dormir.Abrí la puerta. En ese instante un frío gélido acometió las entrañas de la casa. Suspiré, tomé aire.-Clara!-
                                                       La vida es una cometa" Hace muchos años deje de ser aquel niño que una vez mis padres acunaban en sus brazos para dormir, ahora en brazos de mi padre, luego a los brazos amorosos de mi madre, donde finalmente me dormía para luego ser llevado con mucho cuidado a mi cuarto y depositado en un mullido colchón. Cuando cumplí los siete años mi abuelo Manuel me regalo una cometa y me dijo. _Heres muy pequeño ahora Samuel  y no vas a entender lo que te voy a decir.  _ ¿Qué quieres decirme abuelito? _Hijo "La vida es una cometa" De pequeño la guían tus padres hasta que llegue el momento en que tu tomaras el mando de la misma. Tienes que saber manejarla muy bien, unas veces achicando la cuerda y otras soltándola, así es como único vas a poder controlar tu vida y salvarla de los escollos que se te presenten a lo largo de la misma. Unas veces vendrán a tu entorno tormentas muy fuertes y tendrás que achicar la cuerda para que el hilo que la sujeta no se rompa y te arrastre con ella. Otras tendrás que soltarla para que el viento, la suba y la suba perdiéndose en el cielo que es parte de la existencia. Ese día mi abuelo me enseno como volarla, fuimos a la parte de atrás de su casa donde se alzaba una montaña y allí en la sima mi abuelito me ayudo a subir y subir a los cielos aquella bella cometa de tres colores. Azul, blanco y rojo. El mismo la confecciono con papel de china y varillas de bambú, me dijo que esos eran los colores de la bandera de su país, donde el había nacido y criado a sus hijos. Uno de esos hijos era mi padre. Mi abuelo Manuel era Cubano y de pura cepa, como solía decir. Al paso de los años siendo ya un adolescente me di cuenta cuánta razón tenía mi abuelo. Mis padres siempre guiaban mi cometa unas veces achicando la cuerda para que yo no me desviara del camino correcto y otras veces soltándola, seguros de que iba en la dirección apropiada.  Siempre con la ayuda de mis padres, mi madre guiándome con sus buenos consejos y mi padre un hombre recto pero de muy buen corazón, a veces parco en palabras pero eso no importaba ya que yo lo entendía a la perfeccion. Recuerdo cuando me gradué de collage, quería estudiar periodismo, siempre me gusto desde pequeño escribir. Soñaba con  algún día tener la oportunidad de escribir  una novela. De llegar a entrevistar personas importantes y de tener un programa en televisión. Todo eso lo soñaba en mis noches de desvelo, porque si, a veces me desvelaba y cuando eso me sucedía  me sentaba frente a mi ordenador como estoy haciendo en este momento. Por fin me gradué de periodismo. Ese día fue el más feliz de mi vida ya que logre mi meta, estudie duro y ahora iba a recoger mis frutos. Mis progenitores estaban que no cabían en sí de felicidad, era el primer expediente en mi clase por lo que me sentía orgulloso de ofrecerles a mis padres el diploma de periodista. Recuerdo que salimos a cenar a un restaurante italiano pues a mí me encanta la comida italiana. Brindamos, tomamos vino y de ahí marchamos a la casa. A la semana comencé a buscar trabajo y llenar aplicaciones en los periódicos importantes de mi ciudad que es Miami. Con tan buena suerte que me llamaron de una de ellas. Ese día estaba feliz, mis padres, para que hablar y mi novia porque hacía poco había pedido a una chica que desde que estudiaba en la universidad me gustaba, o sea que mi felicidad era completa. Cuando llegue a la casa de mis padres, ese día después de salir de la entrevista los salude, fui a mi cuarto descolgué la cometa que de niño me había regalado mi abuelo y la cual conservaba como algo muy preciado. Me subí al coche y me fui a la montaña donde mi abuelo me llevaba a volarla cuando era niño. Allí rodeado de la naturaleza, podía sentir los diferentes olores que se mesclaban como una amalgama de colores y cerca muy cerca del cielo. Tome mi cometa y mire a lo alto, contemple las nubes y dije.  _Abuelo cuanta verdad tenían tus palabras cuando me dijisteis que la vida era una cometa. Desenrolle la cuerda y de pronto vino un aire bien fuerte y la cometa comenzó a subir y subir a lo alto, allí estaba mi abuelo sonriéndome entre las nubes y muy cerca de la cometa que un día siendo un niño me había hecho con todo el cariño del mundo. Hoy le digo a mis hijos lo mismo que mi abuelo me dijo a mí una vez, y los traigo a volar la cometa diciéndole las mismas palabras que abuelo Manuel me decía "La vida es una cometa" Fin Nelly Pinin Jun, 16,2016  
Selina y blake eran hermanos gemelos blake era rubio con ojos azules y selina pelirroja con ojos azules vivían muy felices con sus padres lila y scott hasta q un día todo cambio ah y un pequeño detalle q me olvidaba eran una familia de vampiros bueno como iba diciendo lila y scott tenían un viaje de trabajo y yin la mejor amiga de lila iba a cuidar,a blake y selina por cierto yin también era vampiro lila y scott se dirigieron al airopuerto y tomaron él primer vuelo y yin se encontraba con selina y blake q tenían 8 años blake estaba jugando selina mirando tele yin estaba cocinando hasta q él teléfono sonó era del airopuerto diciendo q él avión había caído y q lila y scott estaban muertos yin no sabia como decirles a blake y selina q sus padres habían muerto pero para su sorpresa selina y blake se estaban por enterar continuara.....
Día 1El cielo está nublado, personas vestidas de negro entran y salen del velatorio, algunos no pueden controlarse y se desbordan en lágrimas, otros simplemente guardan silencio mostrando respeto. Me pregunto si, ¿sabrás que hay flores adornando tu lecho?, ¿si puedes sentir el calor de las cuatro velas que rodean tu sepulcro?, aún sigo esperando que esto sea una más de tus bromas, que en cualquier momento tu salgas, cual Houdini, de esa caja que te aprisiona y riendo nos digas: “que buena broma ¿no creen?” dándonos a probar parte de ese sentido del humor que tanto te caracterizó, pero en el fondo se, que eso no sucederá. Los empleados de la agencia funeraria llegan, tratan de mantenerse serios pero a leguas se ve que uno de ellos quiere soltar una carcajada, nos explican cómo será todo el proceso del sepelio, te toman en hombros y salen por la puerta trasera, dejando solo el eco del sonido de la puerta al cerrarse. El trayecto a la casa de los muertos es horrible, el cielo ya no puede contener más sus lágrimas y empieza a llover, tal parece que sabe que un ángel se ha ido.  Llegamos al lugar que será tu hogar por la eternidad, paso al frente y los demás esperan que diga unas palabras, sin embargo solo soy capaz de quedarme en silencio frente a todos. Comienzan a bajarte y las lágrimas no se hacen esperar, empiezan a brotar y rodar por los rostros de la gente, una intensa desesperación me invade, quiero decirles que paren, que aún hay una posibilidad, por mínima que sea de que vuelvas. Pero en el fondo sé que solo es un simple deseo mío y que por mucho que pida, ruegue, rece, aclame, imagine, no se hará realidad. 
“EL SOL Y LA LUNA”   Hay Ocasiones donde existen dos cosas diferentes, dos mundos, dos personas, o dos hermosas estrellas que son parte del eterno cosmos infinito. Como lo bueno atrae a lo malo y como la polaridad se atrae entre sí. Ellos eran un ejemplo, el cómo el sol, fuerte, ardiente, con muchas ganas y mucho potencial, siempre lleno de luz; ella, como la luna, tan tímida, pero a la vez brillosa que enamoraba a cualquier amante en la noche, tan fugas, tan variable en cada fase de su vida.  Nunca pensaron que se cruzarían sus caminos, ellos eran opuestos, no había nada ni nadie que pudiese unirlos, tenían todo distinto; su carácter, su forma de pensar, su edad, y sobre todo la forma de amar. Eran opuestos o, mejor dicho, Vivian en mundos opuestos; ella no conocía el día y el no conocía la noche. El siempre acostumbraba a salir al alba, lleno de fuerza, esperando que todos apreciaran la luz que emanaba de él, su temperamento a veces variaba, de vez en cuando era muy explosivo que hacía que todas las personas que le rodeaban reprochaban cosas de él, por la intensidad del calor, era muy difícil que él se diera cuenta de esto, pues solo lo balbuceaban o lo decían cuando encontraban las sombras, cuando se refugiaban alejados. Siempre daba lo mejor, su trabajo ni su vida eran fácil, se requería de mucha fuerza y empeño para no apagarse, inclusive si estaba cansado. Él nunca había escuchado de ella. Ella…. Un lucero aparecido en la oscuridad, siempre ocultada de todo, pero brillante, hermosa para quienes la amaban y la apreciaban, nunca sola, siempre en compañía de sus estrellas que son lo más importante para ella, en ocasiones tenía varias fases dependiendo de su estado de ánimo o confianza que tenía, desde tan cuarto creciente hasta tan luna llena. Siempre buscando alegrar a los demás e iluminarlos cuando se encontraban en la oscuridad, ella les mostraba el camino seguro a casa. Todos querían conocer o explorar de ella, pero nadie se atrevía a conocer a él, todos tenían miedo de que si se acercaban podían ser destruidos. Estúpido y patético error. Ella siempre estaba acompañada, mientras que él estaba solo. ¿Qué difícil ha de ser llevar una vida así, no creen? Que la mayoría de las personas se quejen de ti, o que no se sientan cómodas con lo que tú haces, que creen falsos mitos o malas impresiones en las personas de ti; pues bien, eso él vivía cada día. Como una estrella de este hermoso mundo, podía tener una mala reputación. La razón; no lo conocían bien. Ha pasado mucho tiempo, se ha empezado a compartir rumores que se acerca un encuentro…. ¡Nadie puedo creerlo! ¿Cómo es posible que pase eso? Se acercaba el día en el que el universo había preparado para que el sol y la luna se conocieran, dos almas gemelas que nunca se habían juntado, nunca se habían visto y que nunca habían escuchado la existencia del otro. Vaya sorpresa.  MONICA RIVERO SALGADO 2  A medida que el rumor se esparcía, ellos se inquietaban más… al fin se conocerían, claro conocer a algo o alguien distinto de lo que estaban acostumbrados a convivir no era tan cómodo para ellos.  La luna ha escuchado del sol, el sol ha escuchado de la luna. Y es ahí donde emerge esas ganas de conocerse más, de saber quién es aquel que ha estado robando sus pensamientos, suspiros y su mente. Morían por conocerse, pero había una gran barrera, el día y la noche. Cuando ella se ocultaba, el empezaba a aparecer…. Se veían a lo lejos, siempre habían estado enfrente el uno del otro, pero jamás se habían dado cuenta de ello. Se fueron enamorando poco a poco, pero seguían sin poder verse, ni abrazarse. Habían olvidado aquel rumor que decía que en algún momento inesperado se iban a cruzar. … han pasado los meses, ha llegado el gran día. La luna llena de ansias, el sol nervioso; un eclipse lunar se acerca. El sol cubrirá y protegerá de la luna ese día, y marcará la memoria de ambos…. Ha pasado, se han conocido, han hecho un lazo tan inseparable, tan irrompible llamado amor. Cada día, al salir el sol, ve a su novia la luna… se miran a los ojos y se despiden en paz…. Se acerca un eclipse solar, le toca a la luna visitar al sol. Cubrirlo y abrazarlo lentamente amando el calor que emana, el universo se ha puesto a su favor. Lo que ellos no saben es que, dentro de un tiempo, ya no se podrán ver, se ha ido reduciendo el número de eclipses. Ha llegado una sorpresa, la luna debe salir más noche y esconderse más temprano, ya no se topan, ya no se ven. Pero siguen sabiendo que el otro está detrás, esperando con ansias el día que el universo les prepare otra vez una cita, que les permita verse, no han perdido la fe.  Ellos siguen teniendo amor el uno por el otro, ella anhela ver a su amado, el anhela verla a ella. Y seguirán así, amándose, ante la implacable desesperación de no poder verse, saben que se acercan nuevos obstáculos, pero tienen la esperanza de que cada cambio de horario podrá verse, aunque sea 5 minutos, y que cada eclipse podrán abrazarse y decirse cuánto se quieren. Porque de eso se trata el amor, el amor es más fuerte que cualquier distancia, más fuerte que el odio, más fuerte que el rencor, cada uno ha aprendido a amar los defectos del otro, por ejemplo, su temperamento de él, o sus cráteres de ella y sus fases lunares, han aprendido a amar la diferencia, han aprendido que es el amor. 
Han pasado tres días desde que te fuiste, trato de vivir lo más normal posible siguiendo la rutina diaria, durante estos últimos tres días, cada mañana me levanto y preparo la mesa para desayunar, pero me es inevitable poner un plato donde tú te sentabas, el abrumador silencio de la cocina me hace caer en la realidad recordándome tu partida. Limpio la casa como siempre primero por las recamaras pues a ti te tocaba la sala y el comedor, el sonido de la escoba se siente vacío como si le faltara algo o mejor dicho alguien. A esta hora de la mañana lo común seria escuchar el sonido de la ducha acompañado de tu desafinado canto, casi puedo escuchar el “Sono Chi no Sadame” del opening de JoJo y al instante la voz de la vecina gritándote que te calles. Y como siempre yo riendo a carcajadas o cantando contigo a todo pulmón para que se enojara más y al instante saliera para cortarnos la energía eléctrica, pero eso poco nos importaba pues seguíamos cantando… No tienes idea de cuanto extraño oír tu desafinado canto.
--->Pocas veces puedo darme cuenta que darle tiempo al tiempo te trae buenos frutos.       nuevamente me enamore de ti..como lo fue desde un principio.. Nunca me olvide de ti       solo es de que hubo un poco de distancia entre TU Y YO..       pero ahora que nos tenemos..puedo decir esto no tiene palabras, o  no hay razon        alguna para explicarte lo que siento.            Nos podemos ver lo se.. pero YO te quiero para una eternidad...toda una vida compartiendo      Bellos momentos a lado tuyo. No importa lo que diga la gente y mucho menos las personas      cercanas a nosotras.Todo se puede hacer eterno con un simple TE AMO o un BUENOS DIAS      Hagamos de esto algo inolvidable...algo que ni tu ni yo recordemos al dia siguiente.     Algo que quede para nuestra historia...algo para sonreir todos los dias.     Algo que nos motive al hacerlo...pero Algo que realmente nos haga sentir FELIZ.          No necesitamos intermediarios para poder hablar...     TU no necesitas estar lejos para llegar a donde estoy     YO necesito ha alguien aquien puedo hacer feliz         Y ESA ERES TU.       NO habra distancia..no habra horas que nos detengan ni minutos que nos separen       solo que estemos juntas <--- 
A Través de ti De tu mirada. De tu transparencia e imparcialidad. Así veo yo el mundo y lo que el mundo no ve. Son tantas cosas que el mundo no ve…Son tantas las cosas que el mundo se pierde… Desde actos de amor puro y bondad, hasta atrocidades impensables (que  si no fuera por nuestros ojos, no alcanzaríamos a creer). Seguramente yo tampoco vea todo, pero con lo que alcanzo a ver, me basto y me sobro. Lo que el mundo no ve, es la complicidad de nuestras miradas, en lo que parece una eternidad, dulce y placentera eternidad. Tampoco ve las horas muertas uno delante del otro, como si tuviéramos el poder de parar el tiempo y como si fuésemos dueños del todo y la nada, y responsables de lo que sucede a nuestro alrededor. No ve esa pareja de ancianos que han dedicado media vida a superar los traumas de la Guerra Civil, de la postguerra y el franquismo; y la otra media a adaptarse a los cambios constantes de esta sociedad caprichosa y cambiante. Cuando la veo observar la vestimenta de los jóvenes, o escuchar las nuevas palabrerías y esos anglicismos que empobrecen nuestra rica lengua; puedo oír sus pensamientos. “¡Cuánto ha cambiado todo! Y solo en un abrir y cerrar de ojos”. Se lamenta del cambio degenerativo. Cambio, que por momentos parece que quiere volver al inicio, como si buscase mejorar su error, hacerlo aún  mayor e irreparable. Lamenta los pocos modales de la chica del jersey de lana azul. Ella jamás habría contestado de tal forma y con tanta impulsividad a su propia madre. Y si hubiera cometido ese majadero atrevimiento, le hubiera llegado una respuesta breve pero contundente. De esas que te hacen replantearte tu comportamiento y modales. Sí, esas de esas que cuando estás a punto de llevar a cabo una mala acción, te viene a la mente y dispersa cualquier intento de pillería.  El mundo, ciego y encima con una venda que sobreprotege su ceguera, esa dedicación de los ancianos para con su familia. Los paseos veraniegos, las compras, que un día eran pan comido y hoy les suponen el 80% de su energía y economía. El mundo solo ve esos billetes entregados a escondidas, a modo de delito en nombre del amor, a los nietos en cada visita familiar. La anciana, personalmente, se siente una delincuente potencial, desafiando la ley que ella misma creó. Cuando lo hace, se le dibuja una sonrisa en su rostro y salen de su escondite los hoyuelos, ahora ya menos pronunciados debido a las arrugas y la flácida piel. Cualquier pintor que aprecie y sepa de arte, podría hacer un cuadro de su sonrisa. Pero el mundo no ve como la anciana rebusca en su cajón de la ropa interior, esperando alcanzar ese tesoro que escondió tiempo atrás, sabiendo ya, que en un futuro cercano le haría falta. No ve su cara de angustia cada vez que su hijo le llama. Otro mes que no pueden pagar la hipoteca, le dice el hijo. Y ella, veterana ya en la pobreza y precariedad, va en busca de ese tesoro. El mismo del mes pasado, y el de hace ya 2 años. Tesoro que permite que su hijo aún tenga un techo y sus nietos puedan comer. El mundo no ve como se esfuma su pensión en cuestión de horas.  Tanto esfuerzo, tanto sufrimiento y tanto trabajo duro… Pero siempre vuelve su sonrisa, capaz de iluminar al universo entero. Yo si veo a los ancianos, tú me acompañas sólo como un fiel camarada haría. Somos cómplices de sus caricias reservadas y tímidas en el banco nuevo del viejo parque. Hace poco que quitaron el viejo, donde ellos se conocieron, donde se dieron su primer beso y done años más tarde él le pidió la mano a ella.  Somos cómplices de sus charlas aparentemente banales sobre cualquier tema que les da un aliento más de vida y esperanza.  Y de esas charlas no tan banales, donde rememoran los infiernos que atravesaron durante su infancia y su juventud, lamentándose de que años después su esfuerzo y sufrimiento solo haya servido para hacer un retroceso años más tarde y vean a su hijo en la misma situación que se vieron ellos. Tampoco ve como me ruborizo ante la idea de un futuro así, a tu lado. Ojalá sea así. Seguirías iluminando la oscuridad que asola al mundo, y sobre todo, la que asola mi vida. Dando luz a esos pequeños detalles, esas escenas que pasan desapercibidas ante el ajetreo de las masas. Me guiarías por cada de una de ellas y enriquecerías mi mente y mi corazón, dándome un aliento más de vida y esperanza. Lo que el mundo no ve, es como me proteges. De todo, y a la vez, de nada. Te sientes y te crees fuerte, capaz de frenar cualquier ataque hacia mi persona. Me abasteces de seguridad. Ese tipo de seguridad que te permite vivir al límite y enfrentarte a dragones que escupen fuego. Pero eres más débil de lo que permites ver. Y  yo, aunque callo, lo sé. Te rodea una fragilidad desconcertante. A veces, en sueños, temo por ti. Incluso yo, que te adoro y te acompaño en cada aventura de esta vida, podría hacerte un daño irreparablemente mortal y destructivo. Te reduciría a pedacitos tan infinitamente pequeños, que se perderían en la inmensidad del olvido y en la oscuridad. Pero eres pura inocencia. En tu ser, no albergan cabida los sentimientos negativos ni destructivos pese a que vemos maldad en todos lados, a cualquier hora, en cualquier lugar y de cualquier persona.  Tú te mantienes distante, firme, sin temor alguno. Te sitúas en primera línea y me das una visión realista de todo. Tienes el poder absoluto y el privilegio de la verdad, y eso el mundo no lo ve. No conozco a nadie, a parte del tiempo y  el momento, que sean poseedores de tal privilegio. A veces, siento que lo que te sucede y por eso te es concedido ese don, es una gran falta de sentimientos (negativos o positivos), pero entonces, una vez más, me sorprendes con tu genialidad única. Y el mundo, no lo ve. No ve esas tardes de estudio en las que me paso más tiempo  observando tu belleza transparentemente cegadora, que los libros. No ve como me quedo mirándote con la vista perdida en tu inmensidad, imaginando un mañana en el que ambos seremos mayores y estaremos deteriorados, cada uno a su modo. Estaremos curtidos de más experiencias. Estoy convencida de que nuestra relación estará totalmente consolidada y seguiremos cuidándonos mutuamente. De hecho, si el mundo viera y conociera nuestra relación, nos envidiaría. Viviremos esa etapa donde tendremos momentos de “somos uno”. Ese momento tópico que todo el mundo nombra, pero del que nadie entiende el verdadero significado.  Tengo la opinión de que se usan y pronuncian sentimientos y emociones a la ligera. Sin conocer la repercusión que conlleva ese acto mezquino y aborrecible. El mundo tampoco ve las tardes, los días y las noches lluviosos.  Esas lluvias que te aportan calma y al mismo tiempo desestabilidad y jaleo. Incluso esas lluvias que son reflejo de nuestras vidas o estados de ánimo. Caóticas, fuertes y devastadoras. No ve las nubes que se levantan protestando y reclamando más protagonismo y consecuentemente, presencia. No ve como se lucen y nos muestran su belleza y su furia. Como si estuvieran en un desfile de belleza. Como si estuvieran bailando. No os imagináis cuanta belleza resplandece en el cielo en momentos así. Como crean una mezcla explosiva que aturde y repercute al mundo y a cada ser humano de una forma distinta. Por un lado, el jaleo de esa madre corriendo calle abajo con la compra, sin paraguas porque el hombre del tiempo dijo que sólo habría nubes y cielos oscuros y maldiciendo al cielo, pero sobre todo al apuesto hombre del tiempo con quien se permite fantasear en momentos de intimidad. Se para a mirar la hora y se da cuenta de que el tiempo le ha jugado otra mala pasada, y sus hijos la están esperando hace ya 10 minutos, en la puerta del colegio. Vuelve a maldecir, esta vez al tiempo, al reloj y a la amiga de yoga que le ha entretenido 40 minutos hablando de no sé qué.  Le había prestado poca atención porque estaba pensando en el menú semanal y en las actividades que tenían hoy sus hijos, en si había puesto la lavadora y a qué hora llegaría su marido hoy de trabajar. Corre hacia su coche y piensa en si hay alguna pócima mágica que retrase la hora y le permita llegar a casa, coger dos paraguas y recoger a sus hijos. Es la 2ª vez que le pasa en 6 meses, pero ella se flagelará durante un tiempo. Por otro  esos niños. ¡Que inocencia tan envidiable! Disfrutan cada gota, cada charco. Lamentan dejar el parque, único lugar donde encuentran compañeros de guerra y armas suficientes para afrontar la rutina y el aburrimiento, pero sobre todo para derrotar al tenebroso dragón escupe fuego, que custodia un tesoro en una montaña perdida en el fin del mundo, a la cual solo pueden llegar auténticos héroes valientes. Tienen esa inocencia, esa felicidad constante que florece en forma de imaginación y ternura. Tienen la virtud de ver todo lo positivo dentro de todo lo negativo y más allá. De hecho, los adultos siempre aprenden más de un niño que viceversa. Pueden dar auténticas lecciones a cualquier adulto. Como la de derrotar dragones, salvar princesas, o capturar Pokémons. Cerca de la madre desesperada por la alteración de su día, está la chica joven. Un poco mayor que nosotros. Es su hora de comer. Trajeada, con tacones y el resplandeciente y embellecedor maquillaje, pelea con el suelo resbaladizo y la saboteadora lluvia que ejerce la engorrosa tarea de desmaquillarla horriblemente. Maldice, igual que la madre, pero sólo por el mero hecho de pensar en su maquillaje corrido, su pelo crispado y su ropa oliendo a humedad. Aunque mayormente se cabrea porque hoy iba especialmente bonita para intentar atraer, almeno visualmente, la atención y el agrado del camarero del restaurante donde como diariamente. “¡Qué vergüenza como me vea así!”. A mí la idea de que resbale con esos taconazos me resulta inquietantemente graciosa y tentadora. Miro al cielo mientras me observas y adivinas mis pensamientos, como intentando llegar a un acuerdo con el cielo. “Haz que resbale un poco” pienso. La pareja de ancianos, curtidos ya a su edad de mucha experiencia  y sabiduría (aunque desconfiar del ignorante hombre del tiempo también les ha ayudado) no asoman la cabeza. El anciano ya sabía que llovería ( la noche anterior le dolían las rodilla) y aprovecha la mañana para escuchar los debates de los programas matinales. La anciana se asoma a la ventana y se alivia pensando que hoy podrá descansar.  Como se nota la experiencia que tienen. Bastantes lluvias les pillaron ya desprevenidos durante su juventud. Como aquella ocasión que estaban tomando helado y la lluvia les planteó desmelenarse. Bailaron, corrieron, rieron, cantaron y disfrutaron bajo la lluvia. Y finalmente, tú y yo. En  casa, uno enfrente del otro. Tranquilos, relajados y un tanto expectantes con la situación en el exterior. La televisión calma el llanto del cielo y los gritos de las nubes, que van cogiendo fuerza. Tú continúas con tu hazaña de protección y con tu papel de espectador. Sabes que me dan miedo los truenos y los relámpagos. Pero tú calmas esa inquietud con ese instinto protector tan característico. En ocasiones me viene a la cabeza que tu misión en esta vida es únicamente esa. Pero no, no dejas de sorprenderme y cautivarme día tras día ayudándome a ver, oír y sentir lo que el resto del mundo no quiere ni puede. Tienes un inimitable, inigualable y adictivo don envolvente capaz de cautivarme y parar el tiempo y mi vida. Me regalas esos silencios abrumadores que sólo pueden romperse con todo lo que el mundo no ve. A día de hoy, te has mantenido muy fiel y sobre todo, muy cerca. Has mejorado notablemente mi calidad de vida, has inyectado una vacuna de felicidad que tiene el mismo efecto que un caramelo o un juguete en un niño. Me has sacado sonrisas, me has conquistado con belleza y amor y me has protegido del mal. ¿Recuerdas esa pareja joven? Él me recuerda a ti. Se le nota tanto el afán de amar, proteger y hacer feliz a su pareja…Pocas veces he visto sonrisas como aquella (y la de la anciana). Se respira el amor que éste le procesa allá por donde pasan. Sus ojos brillan. Su corazón emite un espectáculo de fuegos artificiales. Y ese amor, envuelve a la chica y la cubre con un escudo de protección y felicidad. Llevan poco en la barriada, pero sé que escribirán una larga ida aquí. Por como la mira, planea pedirle matrimonio. No está convencido de tener hijos a juzgar de como mira la pataleta del niño que vio en el supermercado el otro día. En ella, en cambio, habita el deseo ardiente de la maternidad. El instinto maternal le llaman. Se puede leer su mente fácilmente y adivinar que espera con ansias que él agilice los pasos previos. La boda, la vida matrimonial y todo lo que precede a la maternidad según las costumbres sociales aceptadas. Ella le huele la inseguridad, pero no duda ni una pizca de él. Será un buen padre y un mejor esposo. A veces, mira a la mujer que vive dos portales más allá y se siente identificada. Piensa en un futuro y lo ve exactamente igual. Está ansiosa por vivir todo lo que la maternidad te da. Tanto lo bueno, como lo malo. Si es que te trae algo malo, claro está.  Se imagina a si misma siendo víctima de la lluvia y de los contratiempos. Decir que te debo la vida es mucho, pero decir que te debo mi felicidad y que nunca pagaré mi deuda, lo considero justo. Lo que el mundo no ve ni oye son los discursos de mi madre. Dice que te dedico demasiado tiempo. Opina que no eres buena compañía, que eres egoísta y yo demasiado ingenua. Lo dice ella que fue quien nos unió. SI no fuera por ella, no te hubiera conocido. ¿Qué sabrá ella? Es ciega, como el resto del mundo. Entiendo su preocupación y puedo respetarla, pero no pienso separarme de ti.  Ella tampoco ve los animales callejeros vagando de un lado a otro. Algunos felices y despreocupados; otros, cargan con la soledad, la pena y el deseo de formar parte de una familia. No son muy distintos a nosotros. Salvo porque ellos son nobles, puros y leales.  Cualidades que escasean mucho en la humanidad. No ve cómo andan clandestinamente buscando cobijo, comida, protección e incluso afecto de algún ser humano. A veces me siento tentada de rescatarlos, pero tu presencia me frena. Como si pensaras que no es buena idea por muy noble que sea mi  intención. Usas a mi madre, que se une a ti por conveniencia, para impedírmelo ya que su palabra va a misa. Nuestra relación, como cualquier otra es o debería ser, se basa en la reciprocidad. Yo también te cuido, y por supuesto, te protejo. Me gusta recorrer tu cuerpo entero, acariciarlo lentamente. Sobre todo cuando paseo la esponja por tu cuerpo, limpiando tu dolor, tu angustia (y obviamente la “suciedad”). Sé que esos sentimientos habitan en ti. En muchas ocasiones, te veo temblar y me preocupas. Me preocupa que un día no puedas más o no quieras seguir viendo a mi lado lo que el mundo no ve. Igual tiemblas por esa angustia o quizás por frío.  Es por eso que cada noche, cuando ya no tenemos nada que ver y estás débil, te arropo. Lo hago yo porque sé que es lo que quieres. Te mantienes alerta y expectante, esperando el momento. Te tapo con tu manta favorita: la negra con esos rectángulos blancos, bueno, más bien transparentes. Te gusta porque aun durmiendo, podemos seguir viendo lo que el mundo no ve. En verano no suelo taparte con la manta de noche, más bien te cubro con sábanas de día, bien fresquitas. Además adorno tu espacio preferido, nuestro rincón. Ese espacio vital  cubierto con unas cortinas donde encontramos vida, alegría y nos permiten escondernos mientras observamos. Me gusta esa belleza brillante y transparente tuya, tan tuya A través de tus grandes ojos, me acompañas en cada aventura, en cada delirio, en cada escena. Eres confidente de mis sueños, de mi imaginación, de mis pensamientos e inquietudes. Lo sabes todo de mí. Siempre  que me voy, no dejas de observarme, haciéndome saber que lo ves todo y que me proteges constantemente, sin descanso. Haciéndome saber que siempre me esperarás en el mismo rincón, pendiente de cada detalle, de cada gesto. Lo que el mundo no ve, son las horas muertas, que pasan a contrarreloj en la realidad, de tomar el aire, de cotillear, de pensamientos en alto, de discusiones matrimoniales, de juegos infantiles, de complicidad amorosa… Como cuando me da por imaginar, inventar y dialogar sobre la vida de la gente, conspirando contra la humanidad, inventando historias dignas de película americana nominada a 10 premios Oscar. A ti te puede la timidez y la humildad y te limitas a observar. Eres como el espectador que acude a un cine, adaptado a la rutina de la vida. Y el mundo no ve, no oye, no sabe ni entiende. No ve esas escenas, no oye el mensaje que dejan suspendido en el aire, no sabe la importancia de éstas ni entiende lo que se pierde. Que estas pequeñas escenas son el mejor y mayor resumen y la esencia de la vida. Son el reflejo de lo que somos y vivimos.  Y yo, tengo la suerte de verlo a través de ti. Por todo esto y más, te aprecio y valoro más que a la mayoría de la humanidad. No juzgas, no tienes prejuicios, me enseñas la vida y me concedes el privilegio de la verdad. Me enseñas a vivir y me acompañas durante el viaje, mostrándome el camino y la luz, permitiéndome entonces, ver y conocer la verdad que el mundo no ve.   Gabora Alonso.  
 Selina miraba tele hasta q un informe de noticias interrumpió lo q ella miraba y vio q se trataba sobre un avión q había caído y q los pasajeros habían muerto y empezaron a nombrar a la gente muerta y en esa lista estaban sus padres selina llamo a blake y le contó todo  del rostro de selina cayeron lágrimas y blake la abrazo diciendo q siempre se tendrían él uno al otro o eso era lo q creían blake y selina fueron con yin y le dijeron los tres se abrazaron y yin dijo q q su madre la había puesto a ella como su tutor legal y q irían a vivir con Ella pasaron unos años y blake y selina tenían 14 años un día decidieron ir al cementerio a ver a sus padres cuando vieron la tumba decía si son blake y selina digan esto ...LOS PODERES SON HEREDITARIOS Y VIENEN A NOSOTROS ...ellos lo dijeron y de repente recibieron poderes los dos se alegraron lo q no sabían es q ese poder los distanciaría mucho CONTINUARA.....
  
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