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La vida es una pérdida constante, perdemos juventud, fuerza, afectos, pertenencias, salud, bienes, ilusiones... Desde que despertamos cada mañana, ya hemos perdido minutos de nuestro día... Desde que nacemos, estamos ya próximos a la muerte... También creo que así como perdemos, ganamos en cada jornada algo nuevo: experiencia, amistades, cariño, bienes, tolerancia, ilusiones, esperanza... Si pudiésemos detener nuestro andar por algunos minutos y sentarnos a la orilla de nuestra propia vida, para observarla pasar, para vernos...¿cuál sería nuestra reacción?..., este pensamiento me llegó mientras acompañaba a un amigo en su partida, me senté en silencio y como casi siempre, mi mente comenzó a divagar. Al mirar a su familia, sus rostros llenos de dolor ante su féretro, por un momento sentí ganar de reír, sé que les parecerá irreverente, pero no es así, con mi amigo teníamos largas charlas mientras solíamos caminar sin rumbo, paseábamos disfrutando del paisaje, de sus sorpresas, de los detalles. A él le gustaba conversar de cualquier tema, tenía una visión muy particular de ver la vida, nos gustaba analizar al mundo, ver sus distintas expresiones, sus innumerables posibilidades... Aunque amaba a su familia, no se sentía particularmente apegado a ella, la consideraba muy de su tiempo, para nada soñadora, empeñada en lograr un estatus que decía, no servía más que para colgar en una pared del comedor y poder presumirlo ante las visitas... Tenía razón... Por eso casi se me escapa una risa al ver esos rostros llenos de lágrimas y no dudo, auténtico dolor ante su partida... Si pudieran ellos sentarse a la orilla del camino de su reciente vida pasada, habrían visto lo feliz que era mi amigo mientras ellos lo ignoraban por estar demasiado ocupados trabajando por lograr una posición social, que de nada les sirve ahora que no saben qué hacer ante esta partida, y en la cual solo tienen una gran rumba de remordimientos por lo que no dijeron, por lo que no expresaron a tiempo, por no haber estado cuando los precisaba, por haber dado por hecho que sabía cuánto lo querían... aunque tarde, mal o nunca, se lo hayan dicho alguna vez... El ser humano se desgasta en vanidades, en apariencias, se empodera de un estatus que cree le da notoriedad, le da clase, se envilece tontamente de logros inútiles, que tal vez, y no lo niego, pueda colocarlo en una posición por sobre muchos otros y enorgullecerlo y fastidiarlo al mismo tiempo haciéndole creer que es omnipotente, pero, ¿de qué le sirve? si eso solo lo llena de enemigos o de falsos amigos, o lo que es peor, lo hace desaparecer ante los ojos de las personas importantes: aquellas que solamente por amor y afecto, por amistad verdadera, son las únicas que lo ven realmente en su más básica esencia: como ser humano, que lo acepta con todas sus limitaciones, cualidades y defectos... Realmente, creo, mis estimados amigos/as, que todos en alguna oportunidad deberíamos poder sentarnos a la orilla de nuestra vida y vernos pasar por un instante. ¡Nos sorprenderíamos! (En mi corazón por siempre, mi estimado amigo Q.E.P.D.) Siempre tendrás de mi parte, una sonrisa en tu honor. Estoy feliz por ti. (JMGV)  
    
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