• javier castillo esteban
raskolnikov
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
  • País: España
 
Camisa abrochada  de deseos y recuerdosSolos todos ellos , marchitos de emprender rumbo al futuro A lo incierto A donde tú y yo nos conocemos 
 Abre la ventana y entrecruza sus brazos sobre el marco. Más allá, el mar. La brisa de primavera atenta contra los sentidos. Y su amor, lejos de de donde ella mira, emite ecos sin voz. ¿ Seguirá allí? Las barquitas viejas lucen sus astillas al atardecer, se bambolean y vuelven a su posición una y otra vez, flotan para siempre. La bahía se retuerce hasta desfigurar el estrecho margen que da cabida a embarcaciones de mayor tamaño. ( Seguro que no)Un velero...Nunca le gustaron, no valían para la pesca.   
El puerto
Autor: javier castillo esteban  123 Lecturas
Esperar y esperar…  Así, con esta reiteración pronunciada sin una clara dicotomía, podríamos resumir el sino de los protagonistas de este film estrenado en 1942, una fecha que no obviaremos si tratamos de entender  el contexto histórico e interiorizar el mensaje propagandístico presente en prácticamente toda la película, algunas veces de manera más sutil y otras más diáfana. Meses antes de la proyección de la película, EEUU había sufrido un ataque en su base naval de Pearl Harbor, lo cual supuso la posterior entrada del país en la Guerra. Sin embargo, la población se encontraba en ese momento fraccionada entre los fieles a  la participación en el conflicto y los que se mostraban reticentes y abogaban por una postura neutral.   La premier  de la película en Nueva York fue un éxito y se tornó en un  elemento catalizador, una suerte de catapulta para escépticos e indecisos. Ingrid Bergman y Bogart hicieron el resto suscitando el deleite de la crítica delante y detrás de la pantalla y sirviendo de puente para el gobierno americano. pues el rodaje coetáneo con sucesos actuales ganó en profundidad y tuvo un fuerte impacto en una sociedad  avezada a soñar con el cine que engullían.   Casablanca respira sin asistencia y escupe  desabridamente su verdad, aquella que los ávidos lectores evocarán irremediablemente del Argel camusiano. La ciudad está ambientada en 1941 y refleja la colonia francesa bajo el gobierno de Vichy- La relación entre el prefecto francés Louis Renault y el Mayor Strasser manifiesta este patrón colaboracionista con el régimen nazi- A medida que transcurre el metraje nos imbuimos de la desesperación que portan quienes se dejan caer por el Café de Rick, un lugar de encuentro para refugiados y de todo aquel que huye de la Guerra con la esperanza de hacerse con un visado que los conduzca al otro lado del atlántico, un guiño al país de las oportunidades que represente el continente americano. Rick (Bogart) regenta este café/casino, y se presenta  como un hombre cansado y en cierto modo cínico y aparentemente situado al margen de la problemática que lo rodea, actitud que la narración expondrá debido a un desencuentro amoroso en el pasado con Ilsa( Ingrid Bergman). Las frases que contiene la película cobran una importancia capital y son la base del mensaje propagandístico que arroja su visionado. Así en las primeros compases de la película, presenciamos la visita que recibe  de Ferrari, dueño de otro local de la ciudad, en donde éste desafía la actitud  desentendida y poco colaborativa de Rick, cuando dice “El aislacionismo ya no es una política práctica”, haciendo alusión a la población americana contraria a la Guerra.   Por otro lado,  los estereotipos formados en pantalla ejercen de paradigma para muchos soldados americanos que tuvieran miedo de no volver a ver a su familia después de partir hacia la Guerra. Para ello, tanto la figura de Rick, al dejar partir al amor  de su vida con otro hombre por  ayudar en Casablanca, diciendo: “ Yo tengo mi labor aquí” , o Laslo, quien a pesar  su matrimonio con Isla pide a Rick que le dé un visado con el fin de salvarla, anteponiendo el honor de la lucha a una vida los dos juntos. La Guerra está por encima de lo demás, incluso del amor. Siguiendo esta misma línea, otra escena resulta significativa  y apela a la virilidad del potencial combatiente en su aportación a la causa por justificar el alistamiento.  En la segunda mitad de la película, la presencia de oficiales nazis en el café se incrementa al punto de apropiarse del piano que antes tocara Sam, entonando canciones alemanas. La respuesta se traduce en un canto de la Marsellesa a pleno pulmón por parte de los franceses que allí se encuentran. La consecuencia de este atrevimiento es la clausura del local de Rick. Por último, me gustaría señalar una de las últimas escenas de la película que creo, por su duración incisiva en pantalla y su muestra cuasi publicitaria, se convierte en el eje vertebrador y  sirve como colofón. Después de que Rick tienda una emboscada al Mayor con ayuda de Renault, el prefecto descorcha una botella de agua (Vichy Water), no sin antes percatarse de su procedencia. Una vez así, la tira a la papelera y después la patea, posiblemente en un gesto por rebelarse contra las directrices que imponían los nazis al gobierno colaboracionista de Vichy  La estridencia de la escena es reemplazada por otra en laque  la dirección de dos rostros contemplan 
Las llamas amplían el cerco. El secuestro no anda lejos. Uno de estos cae solo, de lado, esgrimiendo su corteza seca.  Ahora el cielo adopta un tono incierto, ni vivo ni neutro, tampoco muerto.Hebra tras hebra se desgarra la última cuerda que conduce al otro lado.   Algunos pasos tímidos y vacilantes de los curiosos con pies sin recorrido. ora adelante ora atrás. Más savia en señal lacrimosa  Cuatro cerillas desprendidas expelen su última risotada antes de terminar y yacer para siempre. Alguien las encuentra, siguen allí aún después ennegrecer. - !Han sido ellos!Haciendo un esfuerzo, en la gran distancia que marcan los lindes de la hacienda, se pueden oler las huellas de la tiranía.  Clemencia que da paso a la lluvia, extraña en la cara, contaminada de humo en sus partículas, tiznan la piel de aquel rostro que, a pesar de todo, la agradece como hizo siempre. Las montañas se cierran en un espejismo de eternidad. Mañana amanecerá de luto. Las cenizas flotan de un gris artificioso y consentido.
INCENDIO
Autor: javier castillo esteban  161 Lecturas
  IMagina, Desde cualquier punto las veo a todas ellas,  hablan de algo con voz queda, no sé de qué, pareces tú el objeto de las hadas intocables  Por un instante vuelas, alto, lo suficiente para no detenerte con facilidad, ni olvidar a quien desde abajo pideGritas sujeto al trasiego de la calle, aunque no a escondidas, pues si exhibe valor para amar que lo haga si aún le queda cuerpo, de frente a la corriente Y como acompasados mueven repetidamente los labios y algún gesto más, de sobra, girando a su alrededor . Te da igualAbandona la balaustrada el pensamiento tan dejado por la mano de alguien que dispone elevadoAllí se revuelcan las ganas y los sollozos se desbocan alumbrando el futuroNo quieres saber de ninguno. Nada de su goce ni de su  miseria fasciculada Huyes, sin alas, tan rotas de restregarte entre guijarros y carestía Te cuesta remontar el vuelo una vez más. Aleteas sin remedio . Lloras.Imagina 
Celos
Autor: javier castillo esteban  160 Lecturas
( Me acariciaba después de hacerme el amor. El misterio hedía al tocar su piel desde abajo, mientras una gotita caía a trompicones por su pecho, resbalando en cada curvo vestigio de placer. En otra dirección, antagónica al fluir de mis pocas palabras , la seguí hasta que desapareció en el ombligo)- ¿Piensas en la muerte a a menudo?- Sólo cuando dejas de tocarme- Lo digo en serio...- Yo, también. Pero creo que no es real, sino una ilusión fruto de la ansiedad- ¿Una recreación nerviosa?- Algo así. Siempre nos imaginamos el final como un agotamiento del que no se puede deducir paz.    - ¿Repentino?    - Depende de cada muerte    - Al final... todas son iguales.(Se quedó largo rato mirándome con una sonrisa inescrutable que duró unos instantes.Sus ojos, tornados en desprecio, pronto me anunciaron el reflejo que empuñaba debajo de la almohada)   - No lo creas
-Ha sido del tercero, pregunte por el telefonillo.   -¿Está segura ?-Ya lo creo que sí... Llame si quiere. No es mi trabajo molestar a nadie-El mío tampoco, señora. No se preocupe... La hilera de botones estaban alineados perfectamente y no presentaban la menor resistencia al presionarlos. Cada uno con su número, ninguno parecía estar hundido. En ese momento el hombre de uniforme fingía no tener miedo. Pulsó el metal hasta dos veces sin respuesta. Cuando volvió la cabeza, la mujer guiñó un ojo al tiempo que dirigió su mano abierta al cielo. Un remolino invisible comenzó a formar betas rojizas alrededor de su cuerpo. -  ¿Quién es?....- Soy... Bueno, el caso es que ha llamado una mujer quejándose de que han caído varios objetos de su vivienda_ ¿ Qué mujer? La plaza está vacía.- Pero...- En ese momento se interrumpió la voz dejando en suspenso varias palabras distorsionadas - ¿ Oiga?- E S T A   M U E R T A-!Policía! !Abra la puerta inmediatamente!La estridencia del timbre hizo desdoblarse la imagen que tenía del cristal, su reflejo mostraba la plaza gris, sus columnas en apariencia torcidas... Abrió la puerta en un contradictorio impulso por aclarar el entuerto. El panel del ascensor únicamente anunciaba tres pisos. Marcó sin vacilar el número tres La puerta se cerró por módulos y sus ojos, llenos de pánico, pestañearon por última vez.
Cuenta el romance a través del pasado, detenido y con ganas de no acabar. Durante semanas, las personas que por allí paraban, le preguntaban por el lugar donde se habían fotografiado las calles empedradas o aquellas vidrieras mediterráneas.  Respuestas prolijas en un ejercicio por no olvidar y cristalizar el recuerdo.La última de estas imágenes en blanco y negro esgrime la sombra de un amor. Detrás, la ventana anega de luz una habitación que, por lo demás, parece dialogar con el silencio.  Los hombros caídos y la mirada más allá del revuelo de las hojas me permiten seguir esa linea invisible que crece hasta el cielo como raíz húmeda y fértil. El marco también es blanco y matiza su profundidad en contraste con una oscuridad que no suena a nada. Sólo el viento, sin instrumentos ni cuerdas , escurridizo e insolente en su llamada, sostiene la observación.
MARCO
Autor: javier castillo esteban  128 Lecturas
La mejor suerte de liberación es escribir, o por lo menos lo concebía así  No sé cuándo dejaron de importarme tantas personas a mi alrededor. Esa ruptura con el mundo, mi mundo, no ha sido algo premeditado. Supongo que los años no pasan en balde y las excusas tampoco. El hecho de barrer la suciedad fuera de tu casa, la que va a parar a otra, no preña nada bueno ni real. El juego ha sido la última válvula después de agotar el coqueteo con las mujeres y los sórdidos escarceos nocturnos. Así, harto de todo ya, me voy a prestar al consejo de quienes con o sin ayuda han podido y querido salir de este atolladero  A pesar del tiempo las lineas parecían diáfanas y fingían no emborronarse con facilidad. Todo apuntaba a él, pero, ¿ Quién era él realmente? Guardé el retal no sin antes advertir lo que sucedía en la cafetería.Una mujer ataviada con una gabardina gris me miraba desde el umbral de la puerta. Otra, de idéntico aspecto, posaba la taza para volver a sorber café en un bucle extraño. La conexión entre ellas y yo dejó de ser cierta, las paredes, en su lucha por no desaparecer, decoloraban el espacio. Allí quedaba poco de veraz.  Un saxo de fondo amenizaba el baile del líquido que ahora no era café. 
Un cielo límpido se nutre de la luz que proyectan los ladrillos .  Toma una forma inexacta ante quien lo mire, de cerca o de lejos. Allí dos ojos sortean la pantalla para mirarme de soslayo. También aprendí de él a observar , así escribo rápido, más de lo que debería.  En ese momento alguien se acerca con su intención por delante.  Sigue tecleando mientras su  pensamiento castiga letras a ordenador.  Hacia el final de la calle se puede contemplar el destello que emite el acero. La madre, siempre con piedad, aprende más de lo que hiciera  por parirlo. - !Escóndete Paco! - arguye la mujer aterrada. Él se ríe sin quererlo, como ríen quienes no entienden de preguntas. Saca su mano de la chaqueta y emula con la última falange el torcimiento de su disparoLos pasos se encaminan, aciagos, al destino de la pareja. Proyectiles de venganza y un eco interminable en el giro del tamborCeño a ceño, ojo contra ojoPum !Un retal ensangrentado sobresale del bolsillo trasero de su pantalón-Yo estuve allí- El ordenador en silencio. Yo, también
CRIMEN
Autor: javier castillo esteban  130 Lecturas
Es primavera, y una bandada de pájaros recorre desnortada la ciudad. En este momento parece muerta, aunque no lo está. Escudriña por debajo y por encima de nubes. Allí se encuentra, sola en una esquina, la verdad más sublime y dolorosa. - ¿Qué os pasa ?- Ya no me hablaSu mano empuja la cuchara, casi con rabia, hundiéndola en el potaje. No puedo ver más adelante, pues se encoge y endurece el gesto. De mirada prácticamente torva me devuelve los intentos por comunicarme y sentirlo cerca. - ¿ Es bueno contigo?- No lo tengo claro A escasos metros del incidente una sombra merodea impaciente, próxima al desencanto y de inefable movimiento, Se acerca a la puerta y toca la aldabaUna, dos y detiene el golpeo.-! Vete de aquí!(...)- Tranquila, no va a pasar nada.- Por favor... dile que se vaya .- ¿ A quién?---- AHHHHHHLa visión del sol en lo alto se difumina después de la lluvia. Lo niños pisan los surcos que describe la tierra roja y quebrada.
CUALQUIERA
Autor: javier castillo esteban  157 Lecturas
PapáHe soñado contigo, me agarrabas de la mano con gesto dichosoYo, embelesado, me resarcía con ese brillo , aquel en donde atiendes mis caprichos a menudo sin mesura y a destiempo.Únicamente hay algo que advierto diferente en mi sueño, Caminas con prisa y tus oídos apremian una noticia, aunque no se cuál ya que he despertadoVoy a tu cuarto a regalarte mi sonrisa presenteTe estiras en las sábanas  y abres un ojo remoloneando por un día,Pásame el testigo, sé, por apenas un instante, el hombre de la suerte, quien compra el último billeteCuanto te debo...Que prodigio desahogarme cobijado en tu caniculaY yo me digoJamas los sentimientos más puros afloran en soledad aunque descansen libres sin esperar nadaPor eso prefiero el remanso de tu inocencia a perder el brío de la poesía que albergo para tiApretare los dientes y contendré mi anhelo  a Fin de no adentrarme en una desbandada de emocionesQuiero oírte sin hablar,Abrazar tu vida como si fuera la mía, Cabalgar entre la guerra y la avenencia Cuidar de las traviesas que guían este tren ligero y cadenciosoTe quiero mientras fluye mi sangre sobre tu sangre
Un dolor que se localizaba en mi cabeza. Su forma, la de un yelmo que no sé si ha tocado la razón. Ni médicos ni consultas entienden por qué. Se lo contaba a ellos sin otra intención que la remisión, aunque únicamente fuera trabajando. No funciona. Entonces hablo con Clara. Finge dormir debajo de la manta, donde cobija no solo su cuerpo, también su pena. - Deberías cuidarteDemasiado tarde- Lo séEl cielo se abría obturando su imagen igual que un vórtice. Alcé las manos desde la azotea e intenté abrazar aquel remolino que se dirigía a otro lugar más oscuro, ni cerca ni lejos de allí.En ese momento sonó un portazo y despejé mis pensamientos. En postura recta me estreché fuertemente la cabeza . Seguía allí, pero no parecía la misma.
SENSACION
Autor: javier castillo esteban  112 Lecturas
-No esperes a que, muerto , caminen tus pasos-Me dijo contrariado un hombre que reconocía el sol de mirarlo y no por calentarYo, así, sin saberlo, sonreí.Que habría la decrepitud de encontrar a su edad, asustada y a distancia de la nuestra- no resuelvas por vergüenza en soledad  las dudas que seguirán siéndolo - esta vez incurriendo en un gesto que dobló su cuerpo en señal de vencimiento Aquel ser ,venido sin anuncio, me dejó una nota después de morir.- yo ya he estado allí , ¿y tú? Sigues imperecedero, pero de piedra-Fueron igual tres veces las que hicieron tañido las campanas¿Para qué?-Para vivir, supongo.Su voz se dispersó  lejos de allí , en cualquier otro lugar del futuro 
-Sé de un refugio que, al alba, susurra a través de la ventana Ella, con los ojos entornados-¿Quién?- -O qué escapa de ti y de la lluvia mojada ( No hay respuesta) Sin miedo de sentirla igual que un blanco escurridizo Se volvía  una vez más de costado Y aún , si quisiera, sabía que allí moría igual que todos Penetrando en ese estado de las cosas Postrada y henchida por latidos Que suben, que bajan, que sin ellos gris o nada Entonces mi mano en su espalda de ojos Saben que son vistos y que miran de lejos Es mi gana la que insiste de buena, la ansia Por despedirme hasta mañana De lo que parece dormido y no lo está Sueña conmigo la vida esparcida debajo de la sábana
TU Y YO
Autor: javier castillo esteban  145 Lecturas
 “De un cielo más gris que claro cayeron las palabras,Como empujadas por las escalerasEn ese leve instante se oyó el alarido impronunciable de una de éstas.Me recorrió un escalofrío al temblar el sueloCreí estar vivo pero había muerto junto a ellaSu música envolvía cada esquina escondidaLas partituras en mil pedazos echaron a volar tan tristes como siempre”
La pequeña pantalla, si es que todavía queda alguna con suficiente fondo, asiste a un gran éxito, sin pretensión de ser confirmado. En esta ocasión no son temibles criminales los que pululan por nuestras calles, ni aquellos que juegan al gato y al ratón con el virtuosismo del Fbi, o los que, a pesar de todo, son más astutos que el ojo del espectador. Tampoco será necesario transportarnos al mundo de los caballeros, en donde una espada vale más que mil palabras y una nevada conmueve más bien poco. Menos es más en esta serie, un canon artístico obsoleto y rancio, quizá, para los creadores de las vastísimas producciones actuales, estiradas sin remedio hasta la postración.   Los antihéroes del Imperio, ambos tras el paso bidireccional de la adolescencia y el reniego, irrumpen con fuerza en este cómico drama para estómagos preparados. Café sin azúcar, gracias. Sangre y arena para los gladiadores, un espacio para revelar que se trata de una historia comprometida, de las de verdad., de esas que se cuentan con fuerza y rabia y, sin embargo, no pueden tener un deje más comercial y televisivo. Lo bizarro es seducido por la ternura, muecas, visajes y aspavientos  son algo más que gestos en esta suerte de canción triste y sonriente, de tintineo estridentemente  real. Y ellos, finalmente... Dos rostros pueriles detrás de un papel, otro par de pupilas implorantes que, lejos de compartir lo insulso del amor, llegan más allá de la frontera entre la playa y el mar. Entender en ese mismo instante que" lo que nos une a las personas" resulta ser la piedra angular de esta fábula contemporánea sobre el final de este puto mundo.  
Por primera vez no había regalos debajo del pino, tampoco  púas que recoger. En su lugar una suerte de ramas plastificadas sostenían las bolas a una distancia escasa al suelo Algunas eran de cristal otras de un material indefinible. Por lo demás, el espumillón se encargaba de tapar las bajezas de su descaro.  Las lágrimas, seducidas por nuestro encuentro, fingieron ser fluidas y sinceras, no cejaban en su empeño por hallar surco resbaladizo. Ellos, mi familia, no querían repetírselo, el abuelo ya se había despachado suficiente en ausencia de su mujer, y con cualquier rastro de sonrisa en la mesa. La Navidad, ¡qué regalo para el recuerdo! Pero no era allí donde yo portaba mis pensamientos, aunque allí cavilara, deshaciendo el poco tiempo restante, sobre si hubo siquiera un ápice de verdad digna de relatar. Salí de mi ensimismamiento, necesitaba respirar. Me disculpé y corrí hacia la sala de estar. –¿ A dónde vas?- Gritó papá. Allí una única ventana alumbraba un espacio ocupado por un juego de visillo y sillón. Me acerqué y miré a través del cristal, por encima de los edificios de ladrillo rojo. Una estrella se pavoneaba torcida, con uno de sus picos mirándonos inquisitivamente . No tenía palabras para ella ni para el resto. Sola, luz marcada en el cielo negro, se desprendía de  despojos y paseaba libre de la misma manera que los ornamentos sin vida se adherían al pino sin olor, pues de su misma condición se hacían fieles, durante un mes, quizá más, dependiendo de cada casa… Siempre me gustaron las mañanas, incluso ésas que aún despierto crees entender por qué un chaval grita mientras su novia disimula los sollozos con una manga, justo debajo de sus ojos.  Ésas en las que individuos que todo y nada tienen en común se reúnen en torno a los cafés más madrugadores. 
Buenas, Como otros años, te escribimos unas lineas para que te emociones un poco. El ordenador antes del papel para no emborronarlo con un pensamiento detrás de otro, cosas que luego ves que no encajan o pierden el sentido. No por ello es menos sincero, sino que soy proclive al jalón y al adorno, pero ahora es Navidad y no desentona. Han pasado algunas semanas desde que cumplieras 26, en este tiempo has experimentado cosas que no son agradables, sin embargo nada en esta vida se da en vano y con perspectiva aprenderás más de lo que crees, si no lo has hecho ya. El dicho es sabio y la suerte, de verdad, llega para los que saben esperar. Así que ánimo y fuerza para este periplo que no termina ni comienza con la pena, tampoco con la UNIVERSIDAD y sus "educadores"...Por otro lado, tampoco debemos culpar de nuestros baches a la familia, pues aun no eligiéndola, sí la proyectamos en cualquier dirección con nuestros actos, decisiones e indecisiones...Este mundo, nuestro mundo, es el que nosotros construimos, y, por desgracia o caridad cristiana, debe acoger a toda suerte de indeseables como nosotros, tus amigos, los que siempre custodiarán y serán embajadores de tus rabietas, tus paridas y también tus lágrimas. Después de todo ya sabes que nos encanta refutar tus argumentos, de si es mejor ir a Madrid en furgoneta o en autobús, o simplemente por el gozo que nos causa afirmar que no tienes ni puta idea de arte después del siglo xix. Un abrazo
-Tú padre y yo estamos muy disgustados- Aquellas palabras surgían de lo más hondo, tocando la aldaba de emociones que prefería no despertar. La mañana siguiente amaneció en silencio. Únicamente el color blanco, que anegaba la habitación, me condujo a días atrás, con mi perro en posición inquisidora ante los pájaros que se aventuraban a picotear las avellanas desperdigadas por el suelo.  Me desperecé. Debía disculparme, pues un nuevo curso truncado en la universidad no era motivo para perder la dignidad. Afuera las ramas se hollaban bajo la altiva mirada de los grajos. ¿Me miraban a mí? Bajé las escaleras no sin antes asegurarme de que el pasamano seguía en exacta posición a la de ayer. La puerta de la cocina estaba cerrada. Dentro, el murmullo de mis padres, ambos compartiendo idéntica dinámica, palabras en apariencia difusas  que convergían en lo cotidiano. Podía escuchar las cucharillas removiendo el café. Pensé en aquel mejunje marrón, hastiado de removerse a diario en la misma dirección y custodiado por esas tazas ovaladas de grueso fondo a modo de muros carcelarios. El hecho de contemplar cómo su destino, al igual que el mío, continuaba imperturbable a pesar de los años me desesperanzaba sobremanera. Abrí la puerta.– ¡Buenos días!- No me contestaron, incluso fingieron no reparar en mi presencia.- Siento lo de ayer, no me gusta discutir con vosotros- Nada, ni siquiera la sonrisa socarrona que asomaba en las veces que me creía con la razón y claudicaba. ¡He dicho que lo siento ¡¿Por qué  se afanaban en echar por tierra cualquier conato de disculpa? Un instante después, mi padre: -  Iré en breve al mercado, a estas horas todavía no se habrá abarrotado. Mi madre asintió y siguió dando otra calada al cigarro, más profunda de lo que yo hubiera imaginado, mientras leía una revista de moda. Se levantó mi padre de la silla y me sorteó de una manera extraña, casi como si su cuerpo tuviera la capacidad de traspasar explícitamente el mío. Mi madre se pasó el dedo por la lengua y saltó a otra página. Estaba furioso, incontenible, al punto  que di un puñetazo sobre la mesa resquebrajando parte del cristal de que la cubría. – Mi madre se sobresaltó y desparramó el café. El líquido cobró entonces una apariencia de fealdad, de cuadro ignominioso pintado en una superficie imposible.- ¡Fran, algo le ha pasado a la mesa!, gritó mi madre. Mi padre regresó con un rostro de sorpresa y terror. -¿Qué ha pasado?- No lo sé, estaba leyendo cuando de repente el cristal se ha partido. – Qué extraño, llamaré a la agencia de seguros y  vendrán a cambiarlo, voy a buscar el teléfono. En ese momento  experimenté una sensación más que real acerca de mi inmaterialidad. El café se deslizaba entre el margen que ofrecía la madera blanca y el panel de cristal formando una clara línea divisoria. Me obsesionaba su movimiento que avanzaba inexorablemente entre nosotros. El timbre sonó y mi madre dejó la revista del lado anverso. -¿Quién es?-  Una voz desde fuera: -Señora estamos buscando su hijo- La conversación se celebraba sin contacto visual. – Lo siento, pero nuestro hijo hace tiempo que ya no vive aquí- No nos consta otra dirección- Nosotros tampoco tenemos constancia de su domicilio, creo que cerca de aquí, aunque tampoco sé si allí sabrán su paradero.- Allí, ¿Dónde?- Mi madre preguntó contrariada:-¿Quiénes sois?- No contestaron desde fuera. - ¡Fran!, preguntan por nuestro hijo. Mi padre no respondió. - ¿Dónde te has metido? Pasaron varios segundos hasta que mi padre salió del garaje. –He oído lo que hablabais, no quería aparecer para aportar lo mismo que tú. – Igual eran sus amigos. – No lo creo, ellos ya saben que no vive aquí. – ¿Y por qué preguntan?- ¡Estoy aquí, joder!, alzando todo lo que pude mi voz- Mis padres se quedaron impertérritos el uno frente al otro. –La próxima vez saldré yo a advertirles de que aquí no vive nuestro hijo, finalizó mi padre. El corazón me latía con fuerza, notaba el bombeo incesante en mi sien. Mi madre volvió a la cocina y siguió leyendo la revista.- ¡Mamá, soy yo!- El café se había tornado en una costra oscura sobre el suelo de baldosa, una mancha familiar muy reconocible. Se escucharon los primeros motores de la mañana. Los coches cruzaban la calle, uno tras otro. Anhelaba mi perdón, tenía derecho a reclamarlo. Por primera vez derramé una lágrima, tan fina como la arena, delante de mi madre. Nunca había llorado delante de ella. Y ahora, solo, comprendía mi sufrimiento, yermo e inválido, mientras mi madre recogía el desayuno. 
Pondría en otras manos la decoración de mi casa, incluso el color de las cortinas. Pero lo que nunca dejaría al mal o buen Agüero es el derecho y el deber de quererte
Frase
Autor: javier castillo esteban  145 Lecturas
Un hombre cansado, de los que ,con o sin sombrero, viste su edad, vino a visitarnos. En su caso, el sombrero negro era lo de menos.Los surcos y arrugas salpicaban el rostro del viejo, sus argumentos no nos convencieron de prácticamente nadaNos habló de un lugar cerca de la fuente de entrada estrecha. Dentro, gemidos extraños y voz queda. ¿ Hay alguien?Salió de sí y dirigió la mirada a un punto inconcreto. Ahora más palabras que fluían en una amalgama de significados.- !Para ya por favor!.-espetó mi mujer. Su barba se extendía gris camuflando las dos mitades de aquel labio revelador.- Allí había algo más real... Podía verme en perspectiva, mucho tiempo atrás. - Todo esto no tiene ningún sentido. Si quiere, puede quedarse a cenar, no tenemos problema. incluso puede dormir en el sofá, la chimenea mantiene la habitación templada toda la noche. - Mañana no habrá más humo  - Mira, lo mejor es que se vaya, nos está asustando ya.El viejo no dijo más y abandonó de un portazo el exiguo espacio formado entre los conversadores.Deslicé la cortina para ver qué camino tomaba. Nadie. Luz mortecina, como si los faroles emitieran sus últimos estertores. De repente, negro. Clara clavaba sobre mi una mirada lánguida y terriblemente triste. El cuchillo agarrado con fuerza por su mano derecho refulgía gracias a la única luz sin fundirse.- ¿ Qué haces con ese cuchillo?-¿Por qué has tardado tanto en echarle? - Cariño... Ese hombre estaba aterido y no parecía haber comido nada en todo el día.Dio un paso más hacia mi- Me trae sin cuidado, tenía miedo--  Clara, deja el cuchillo, ya se ha ido...( Golpes de aldaba que provocaron estruendo)La mirilla no mostraba el exterior - ¿ Quién es?-Los faroles de la plaza recobraron lentamente el halo de luz El cuchillo cayó al suelo y la sonrisa histriónica de Clara se despidió anunciando una ducha antes de dormir.Abrí la puerta. En ese instante un frío gélido acometió las entrañas de la casa. Suspiré, tomé aire.-Clara!-
UNA VISITA
Autor: javier castillo esteban  125 Lecturas
Una rosa roja   Después del bochornoso espectáculo del primero de octubre, no confundir con la revolución, uno se pregunta si tanto alarde de democracia resulta, no solo ingrato, sino falso. La última vez que un clavel se cimbreaba en la boca de un cañón tuvo lugar en Portugal, una rodilla militar implorando paz. Aquello fue bello y emotivo, y simbolizó el clamor de un pueblo harto y cansado. De la misma manera interpreté el pasado domingo la mano del president al esgrimir una flor como prueba fehaciente de libertad. Pero en concreto, de su libertad. No la del ciudadano apaleado delante de las cámaras o de la acometida policial tergiversada en televisión.  Todos, hasta el menos informado, sabíamos de sobra que el referéndum no tenía ningún tipo de base legal ni fundamento constitucional. Lamentablemente la Constitución del 78, al igual que el estatuto de las autonomías únicamente tiene validez cuando de exigir privilegios fiscales se refiere o la creación de instituciones paralelas al órgano central. Instituciones sufragadas con dinero público de los catalanes y que trabajan por los deseos de unos pocos. El año que viene se cumplirán 40 años de democracia en este país, 40 años de farsa para algunos y décadas de ejemplo internacional para otros. Porque no debemos olvidar que la Ley para la Reforma Política sentó las bases del sistema participativo que hoy conocemos. Con todo, desde la Corte más rancia nos llegan noticias de represión, española por supuesto, aquella que impide el ambiente festivo de una votación yerma y no vinculante. Pero lo más triste no es ver a un niño entre una porra y un manifestante, tampoco la actuación de maquillaje de la academia o los lingotes de sangre comprados para la ocasión, pues el festival de cine de San Sebastián se había clausurado el día antes y no quedaban más conchas que repartir. Lo más insultante estaba por hacer su aparición en el escenario, el sumun del paripé teatral. Un hombre de traje y corbata , adelantaba un discurso de investidura propio del mayor orgasmo megalómano cuando, después de la jornada dominical, dedicó un brindis al sol al anunciar la independencia para la pasada semana. Detrás, en la sombra, una alcaldesa pidiendo la dimisión del Gobierno electo por el simple hecho de desbaratar una votación, ilegal desde el primer momento, llevada a cabo hasta las últimas consecuencias. Manos a la cabeza y disgusto, pena y conmiseración para su pueblo. Argumentos de impotencia y de manos encadenadas para no perder la confianza de los catalanes, pues ellos siguen inmersos en el sueño de Compayns.
Igual que siempre sigues aquíDe alguna y más maneras interpretandoY yo, empecinado, vuelvo a escribir para tiEn busca de recodo que dobla para hacerse más extrañoNo más halagos, rodeada de gracias y más graciasNo te mueras porque yo te hallo aun cuando hago mal y de mirada pueril te pido perdón con ansiasCóseme contigo pues el mejor de tus zurcidos me quisoJunto a este verso, junto a tus besos
Estás sonriente dentro de un recuadro. Parece que ignores  la cámara, sin embargo sabes que yo te miro. Por eso, o porque te gusta lacerarme, yergues tu espalda para exhibir tus flamantes pechos. La camiseta amarilla deja de serlo para desvanecerse en comunión con el tono de tu piel. Y tu pelo… Cómo se enreda en susurros alrededor de tu cuello estrangulador. Esa estampa de la belleza suicida me eriza por momentos. Ahora quisiera que dejaras de arrebatarme con tus ojos el escaso flujo de otros órganos que no sea mi pene, pero me resulta imposible… No puedo detener mi impulso, el esbozo por dibujarte mientras te hago el amor con mis libidinosas pupilas cobra resistencia. Ella se bandea entre el lujo y el miedo, sin tener muy claro cuál de las emociones es sincera. La foto se empequeñece ya desgastada de su exposición impúdica y me envía lejos de allí, lejos de donde existes en realidad. 
He caído. Después de perder buena parte de mi sueldo en la ruleta y otra suma, nada desdeñable, prestada por un amigo, puedo decir que se acabó, o eso creo.De la misma manera dejo el tabaco, asociado a una supuesta creatividad y a una certera miseria, a alcohol y a dolor de cabeza. Hasta ahora no lo he compartido con nadie porque es humillante y penoso, vergonzante a más no poder. Noches calmando mi frustración expeliendo humo, una densa nube en misión de envolver las luces del casino, de cubrirlas para que no deslumbren .Incluso las letras han buscado refugio ante el poder letal de mis impulsos. Se han alejado, no sonríen, y miran escondidas detrás de un árbol con formas extrañas cuyas raíces se hacinan en el parque. Temerosas pues, una, no la única, ha regado con un aleteo de luz este inhóspito alto en el camino. ¿ Quién eres? A veces no lo sé, quizá un vago recuerdo de infancia y juventud destartalada, una sombra de otra sombra, noche engendrada por el sol y alba parida por la noche.
La vida, en cada tiempo, sostiene de suspiros palabras suicidas que van al mar. Piélago extraordinario que hoy regala una visión destartalada y libre de reflejos. Allí navegan mis ganas, tristes, desconsoladas, que con breve aliento recuperan agua, manantial, fruto fresco y descompensado en gusto.Qué alborozadas suenan las letras en este viaje, qué alud de mentiras, bellas y sinceras, las que ahora por vez primera he visto fenecer al abrigo de la noche.Mueren los párpados de nuevo, mueren para ser buscados en torno a tierra seca, de pegada pesada y raíz beata, de sueños ensangrentados tras arañazos indefensos
DE RATONES Y HOMBRES Ni el mismo John Steinbeck debió  de ser consciente de la impresión que marcó su obra. Tampoco los cientos de alumnos que leen la novela a diario en las escuelas americanas.  Una historia acerca de la amistad y el vasto precio de su contenido. Quizá, no es seguro, algunos encontremos en aquellas líneas un espacio recóndito y rodeado de zarzas para creer en el ser humano.  Lo pretencioso de esta carta pugna seriamente con la sensibilidad, pues el objeto de la misma no es urdir un ensayo sobre el literato ni regodearme escribiendo de literatura contemporánea. Dos sucesos con los que, sin quererlo, he tropezado esta semana, y que para mí son dignos de mención, me han llevado a recordar a aquellas personas que aún leen las Cartas al Director. Éstas, plasmadas en una única hoja, pueden parecer intervenciones rutinarias, incluso hay quien las considere exclusivamente reforzadoras de una la línea ideológica. Puede que sí, puede que no, un contingente irremediable. En cualquier caso, tras haber recibido la gratitud de dos personas (ellos son los sucesos) y el respeto por opiniones como la mía y el resto de ciudadanos escritores en este espacio, me siento orgulloso, no de mi persona, sino de las bases que sustentan la opinión y son altavoces del pueblo.  Vivimos una era de escasez lingüística, y lo que es peor, adolecida de buenas palabras, en donde el misil informativo prima sobre las pequeñas aportaciones de los héroes anónimos, los que pican piedra y recogen montones. Ya es hora de que nuestras incursiones verbales no queden relegadas a conversaciones de bar. Que salten al papel, que emborronen de tinta el soporte que únicamente convierte la voz en algo tangible y veraz. Es ésta, una simple razón como cualquier otra, la que me ha hecho volcarme sobre el ordenador una vez más. Ánimos  para todo aquel que conserve un ápice de interés por conocernos a nosotros, y a la sociedad que configuramos, porque, a pesar de que el verbo destile debilidad, no es irreductible, y hallará razones todos los días para expresar lo que otros no tienen ganas o simplemente dejan para otra ocasión. Que no quede faro sin luz ni astillas sin arder. Leamos, escribamos y compartamos, no como doctrina ni dogma trasnochado, sino como lanzadera de ideas y juicios, aunque sean reprobables, pues en la reprobación duerme la crítica de otro individuo disconforme, y por lo tanto real.  Sorteemos el miedo que tuvieron los protagonistas tras elegir la vida. Ni es frágil ni se quiebra con tanta facilidad como aparenta. El Diario sigue vivo y nosotros con él.
LA PELICULA Un lugar apartado del centro se nutre de adictos al cine. 8 de la tarde. Las conversaciones discurren entre nombres de actores e influencias que recibe el director para idear la película. Detrás de la misteriosa cautela de los espectadores se esconde desconfianza .Pido el ticket. Recibo una sonrisa extraña de la vendedora. Guardo las entradas y alzo la vista hacia ella. Parece que quisiera advertirme de algo, lo que provoca que demore la acción absurdamente. Meto la última moneda. - ¿Palomitas?- No, gracias. Recogen la cinta que da paso a un pasillo de luz tenue. Los tickets se cortan por uno de los vértices, separando la numeración de las butacas de pequeños retales en blanco que se vierten sobre una papelera verde. Algunos espectadores esperan a que la fila se deshaga para hacer de su paso algo triunfal. Yo soy uno de ellos, de hecho, el último en entrar. La persona encargada de comprobar la entrada me mira a mí y a la vendedora. Rostros hieráticos, una seña imperceptible aunque cómplice. Me seco las manos de sudor y recojo el ticket. Ahora soy yo, con una irrefrenable duda, quien contrasta que no me haya equivocado de sala. Todo normal. – Tercera a la derecha- . La alfombra roja está más ennegrecida a cada paso que doy. Llego al número 3. Delante de la cortina una mancha, no sé de qué, protege el umbral. Más sudor. Miro hacia la cinta inicial, no hay nadie custodiando el pasillo. En ese mismo instante la cortina se ondula libremente creando un efecto irreal. Una emoción violenta me empuja a descorrerla. Compruebo aterrado que no existe puerta. ¿Una salida ciega? Desando el camino hasta la cortina inmediata. Nada. Escucho un murmullo al otro lado. Algo no funciona. Una risotada incontenible me estremece cuando poso la oreja en la pared de terciopelo. Ahora se unen más risas. Salgo al hall respirando con dificultad. Nadie. La cristalera de la planta baja se ha empañado por completo. Mi sien bombea sin remedio, un poco más fuerte cada vez.  Noto la sangre densa, impedida en su circulación. – ¿Dónde están todos? Paso las manos frenéticamente sobre el vidrio de izquierda a derecha, algo más áspero de lo normal. Delante de mí se deforma una sombra con forma de cámara. Más allá el equipo técnico y poco público. Allí está la vendedora y el guardián del pasillo. Una gorra se asoma detrás de la cámara. Una silla de dirección. La película comienza, o termina ya. Silencio.
LA DIVINA TRAGEDIA  Cerca del 40 aniversario de la Revolución Iraní lideradapor Jomeini, muchos nos preguntamos si, con posterioridad a la destrucción de un proceso autocrático y fuertemente alicatado por las castas palaciegas, ha habido de verdad un cambio detrás de un paradigma socializador traducido en lo que hoy conocemos  como Estado Islámico. Ya advirtió Trump que quien arropa al terrorismo “se arriesga a ser su víctima”, después del ataque que perpetró en junio el ISIS al mausoleo de quien fue más héroe que villano derrocando al último Shah. Unas palabras que, con razón o sin ella, conducen a una inevitable reflexión sobre la situación que sufre, no solo occidente, sino el mundo entero.El jueves en Barcelona, y, lamentablemente, otro día cualquiera en que luzca el sol y la brisa recorra la aparente cotidianeidad, la primavera árabe corre el riesgo de derramar una nueva lágrima mezclada con almizcle, pues un conflicto de semejante envergadura carece de la composición de una tierra fértil y la profundidad de un nicho suficiente en la que enterrar un conflicto global y con demasiadas partes involucradas.La Guerra Santa se declaró hace ya tiempo y nosotros: armados. Pero, ¿De qué?; Del skyline de ciudades que se han deleitado con el regusto metálico de la sangre, de crespones edulcorados que adoptan idéntica tipografía en telediarios y redes sociales, de programas “informativos” y de declaraciones sensacionalistas que pretenden alimentar la tragedia. ¿Cuándo hemos recibido nosotros, de la jurisprudencia cristiana, la vara para medir actos tan desalmados de una forma tan trivial?Nuestros verdugos: 17, 22 ,24 años… Son solo algunos de los diques artificiales que ha impuesto el destino a su supuesta causa. Vidas frágiles, y yermas ya. Edades que, sin identidad en el futuro, sorbieron las lacerantesenseñanzas de sus maestros y que han cicatrizado con la muerte. Los primeros, aquellos que han tragado con la interpretación “ad hoc” de estos últimos al enunciar Yihad. Ya no como “esfuerzo” por crear una comunidad musulmana mejor y presta a una causa noble, donde la paz y la armonía, desde la vivencia y el respeto de los principios del Islam, auspicien la propia vida. No.  Sino, más bien, como un salvoconducto entre Alá y la tierra, cuyos únicos intermediarios son la miseria y la soledad que circunda la juventud, ese espacio inhóspito y anodinado por la sociedad.En nuestro objeto reside, pues, la capacidad de captar la belleza de esos rostros jóvenes y con aspecto pueril. Cojamos aliento, respiremos una vez más y afrontemos elreto, en ocasiones ímprobo, de atisbar una brizna de fe en la convivencia. Un “esfuerzo” por regar cada mañana, entre todos, un jardín sin dueño, un lugar que acoja tallosverdes y sin forma, que den frutos y no polinicen de virosis a los que están por nacer.
COMANDANTES DE SILLON        La semana pasada vinieron los padres de mi pareja a pasar unos días por Pamplona. Agosto. Cielo gris. Como es habitual en cualquier visita, les enseñamos los apartados más notables de la ciudad  cuando, a la altura de la calle Chapitela, reparamos en un grupo de individuos apostados en uno de los chaflanes. Tenían montado un stand con diferente merchandising revolucionario, sendas banderas comunistas y una pancarta con un lema que rezaba: “Solo el pueblo venezolano es dueño de su presente y su futuro”. El cielo seguía amenazante, hacía frío. Las opciones de piscina u otras actividades estivales estaban descartadas para ellos, por lo que era preferible pasar la tarde adoctrinando a una juventud gratuitamente sin tener cuidado de si existe de verdad una masa que calla y difiere mucho de ser engañada, pese a su silencio.  Nos dirigimos a hablar con ellos y preguntar la posición que tenían ante la situación que vive el país de los barriles vacíos, pues mi pareja y sus padres son venezolanos y han tenido que abandonar el país por razones más que obvias y fundamentos demasiado prolijos como para enumerarlos en pocos párrafos.  Ajenos a la posibilidad de entablar un diálogo más o menos sereno, se dedicaron a elevar la voz y enfrentarse , no especialmente asertivos, y a proferir apelativos como “ escuálidos”, por otro lado bastante trasnochados y de adolecida imaginación.  Apelaban al sinsentido y nos acusaban de ignorancia sobre el tema, desoyendo la historia incómoda de quien ha sufrido una experiencia directa. Pareciera que a miles de kilómetros se acumulase más material y más riguroso para ahondar en la problemática y defender ciegamente lo que le dicta la dirección homóloga en Navarra. La discusión no duró por mucho tiempo. Sin embargo, en el momento en que me dedicaba a convencerlos en desistir, basándome en la invalidez de nuestro propósito y su yerma reacción, aparecieron dos chavales oriundos de Caracas. No pasarían de los 25 años, pero, al igual que mi pareja, habían aprendido a sobrevivir lejos de su familia, en un exilio mitigado por rostros  que fingen que “la situación no está tan mal” a través de una pantalla, a no volver la cara ante la insensatez de quien se empecina en sostener palabrería y fanatismo, a soportar a quien sostiene una soberbia recalcitrante desde el calor de un lugar que no padece hambre ni carece de libertad. Arropados por ellos les dijimos “sinvergüenzas”, aunque eso poco les importa, pues su destino únicamente les aguardaba variaciones entre u bar u otro para potear después. Al fin y a la postre las lágrimas se sienten más sinceras en soledad, sin necesidad de dar audiencia al artículo, pero con el fin de apostillar la crítica sorda, que no escucha reproches, y que sin ningún tipo de cortapisas ni censura, todo el mundo puede atender.
Nueco conato de conflicto.Parecía Carlos empecinado en no escurrir el bulto. Alfredo, en la misma intensidad de ceguera, dio un manotazo a la carrocería de cuero blanco. Yo ensimismado, si una, si otra si las oportunidades perdidas.flarMiraba por el cristal, los edificios hacían un esfuerzo por camuflar su ignominiosa contemplación . No lo conseguían.Antes de cenar fui al cajero y saque la tarjeta olvidando el dinero , nuevo y liso, en la boca expendedora.Me habían robado. ¿Rabioso, resignado? Creo que ninguna de las dos. Mi acompañante en el cajero salió silbando con cara de no conocer la calma. Cené de prestado aunque prometí devolver el dinero a Carlos después de jugarme la calderilla a rojo o negro. Casino cutre, dependiente más si cabe. hurgué en cualquier recóndito bolsillo con cremallera. Ahí estaban mis 20 euros robados y pocas monedas más.Rojo, impar, tercer tercio...10 euros de vuelta a las arcas de Carlos. Fingía incredulidad al comprobar que nadie me robó el billete.Cuando salimos pido el cambio de monedas por billetes . El rostro detrás de la cabina me hace el cambio a regañadientes. Noche suave después de la tormenta. Miro a Carlos y dejo que sea Feliz unas horas más, Previa promesa, mediante este relato, la vuelta de los 20 euros sin retorno que creyó colarme disimuladamente en la cartera.
Robo
Autor: javier castillo esteban  143 Lecturas
PortoEl xilófono emite un sonido perturbador, inquieta a cada paso. La calle termina abruptamente, como casi todas las del lugar. Tiendas cerradas y restaurantes sin ideas. Las ventanas no transmiten nada de su interior: persianas desvencijadas y cristales emborronados.Algunos edificios despiden decadencia, otros la fingen como reclamo turístico. El tiempo se ha detenido, aquí y en otras ciudades de inconfundible signo barroco . Voces , muy bajitas, en forma de murales desconchados. También suntuosos mosaicos con grandilocuentes escenas. Arte rezumando arte. Las bicis sortean, entre botes, a un tráfico avezado al asfalto empedrado.La música sigue sonando, las luces se ciernen sobre el rímel descolorido de algún bohemio arrepentido.Un verso, otro verso, la oscuridad inspira soledad, ganas de comerse a la ciudad, de apagar las bombillas insolentes que penden todavía.
O Porto
Autor: javier castillo esteban  186 Lecturas
Por un motivo que solo sabía él, ya no era más que una pantalla encendida. Afuera el sol se agotaba entre nubes dejando entrevista pesadez y densidad. Habíamos llegado cansados, extenuados, libres de trabajo y dispuestos a morir. Éramos hijos del desprecio, ánimos recortados, sonrisas frágiles, un montón de sentimientos enterrados, clavados al suelo. La grapadora esgrimía una boca peligrosa, amenazante, como si esperase el hilo de un viento para cerrarse para siempre y estrangular la vida.
Se ríen de mí por no reír como ellos, por no hablar como ellos hablan. Creen en la inocencia de su violencia aun cuando me ven llorar. No deben significar nada las lágrimas, pues, tan olvidadas en pupilas yermas.Su piel es tostada, seguramente por pasar largas horas debajo de la esfera irritante. Tampoco son ellos más mundanos al tragar con la vida igual que un carro de mil piedras.Yo también sé cargar sacos llenos de dolor sobre mi espalda. Las calaveras chirrían por el roce, se sienten ocultas, pero detrás de la tela las oquedades del hueso ofertan lugar para las alimañas.Ahora, y más adelante, el lienzo será la expresión de un confidente acusado de traición. OBligaré a su ahuecada oreja a escucharse las venas.
Era vasto y concurrido. Un camino agujereaba los recovecos del recinto bajo cuyo cabellera verde el mundo hedía primavera.No era motivo para detenerse, pues las gramíneas sedimentadas en la ribera del camino empedrado remontaban un vuelo suave y amenazante para mis pupilas. Seguí recto, desoyendo los consejos del mapa atajante,hasta donde pude anunciar la cuesta que bajaba para volver a subir. Más lejos de allí el alféizar y la jaula desvencijada imitaban tintineantes el ritmo de la tarde, aunque no quedara sino un trecho vertido en trámite. Tres árboles más, y el gris sustituiría a la tierra artificialmente húmeda. Último escoyo, el colmo del camino, unos ilusorios zapatazos con los que abandonar el cielo límpido . La mujer ,con la espalda recostada sobre la hierba y los pies arañando la corteza de un castaño enfermo devuelve su altiva mirada a la bicicleta de radios quietos. Lleva puestas las medias de rejilla que siempre quiso exhibir a escondidas mientras simula leer el libro que sostiene con índice y pulgar, pese a mirar al infinito de frente, dispuesta a colisionar consigo. Planea su deseo, aún con la esperanza de que pueda ser refrenado, ella juega sin que él lo sepa, estira su pierna apuntando a la copa, cae una falda en desuso,la hojas se mueven con una racha de viento. Ambos sonríen y lloran, humos y bocinas retoman su día. 
Qué malo escribir al fluir de tu corriente Al henchirme de motivos que anhelan entenderte De no saber que eras gota de arena en un mar de desierto Pirámide de espinas que mis versos penetran sin aliento Sortean,  deambulan, ente vías delirantes y ardiendo recuperan el color Porque aún de suspiros y noches embriagadas vive tu olor Más prosaico que nunca más vivo que siempre Y es que tus ojos han abordado sin intención este recuerdo inerte
Atrapa a un 3 de diciembreSólo me queda plagar de sarcasmo estos renglones para demostrarte que, yo, también soy tú,al margen y por encima de quien prefiere descoronarte y convertirte en terruño de diversidad,sobre cuyas raíces no sólo el sentido común aflore, sino donde la paralela aventurasecesionista que nos “une”, venza la batalla que libra contra las tropas invasoras, asentadas enPríncipe de Viana nº1.Lo bizarro y lo real se mezclan cuando de ondear la bandera de nuestra comunidad se trata,tornándose éste en un síntoma subversivo, en unos indicios de enfermedad rancia ytradicionalista, en un arma arrojadiza de la que este gobierno”plural”, que tilda de resentidos atodos los que nos sentimos orgullosos de colgar en nuestro balcón el rojo y las cadenas,pretende proteger.No parece casualidad entonces que el día del euskera se fije el 3 de diciembre, como tampocoel hecho de invertir el orden de los idiomas, de izquierda a derecha, en los impresos ycomunicados emitidos por la administración. Pero sin duda, esgrimir spots publicitarios ensalas comerciales, previos al visionado de una película, aludiendo a la fibra más impresionablede los navarros mediante palabras tales como: Kiliki, Txistorra u Osasuna, con el único fin dehacernos entender qué éramos antes, dónde radicaba nuestra intolerancia y los pingüesbeneficios de declamarnos diferentes, resulta, cuanto menos, repulsivo. Todo ello por cortesíadel Gobierno de Navarra y merced al afán de fomentar el pequeño comercio frente a lallamada en orden del general capitalista.Entiendo, pues, que hemos pasado de ser viejos aniquiladores de la cultura a loables yconsiderados vecinos, sometiéndonos a un revanchismo más innovador y sofisticado que nosconduce subrepticiamente a euskaltegis y demás senderos populares, eso sí, de la manera másdemocrática que ha conocido esta tierra.
governum
Autor: javier castillo esteban  157 Lecturas
Escapa el ratoncito ante el silbido de las púas plastificadas. La vieja blande el viento en busca de un roedor precavido. Las dos brillantes cápsulas rodeadas de pelo escudriñan la inútil tarea cuando la silueta reaparece como un resorte al final de cada hilo invisible. Negra, más aún que la noche, de tibia permanencia y agotada espera continúa haciendo lo que mejor sabe y peor recuerda.El hombre simula una sonrisa, vuelve sobre sus pasos, pero no quieres perderlo de nuevo. Recortas la distancia y consigues abrir fácilmente la puerta que hasta hace un momento estaba atrancada. Hojas que no cesan de vibrar en círculos. La casa también es negra y el camino describe meandros que sortean sauces comidos por la hiedra. La puerta está abierta, no así la tuya que después del portazo ha sido cerrada desde dentro. La vieja sujeta las cortinas para apremiarte, te giras y encaras el vacío extendido más allá del umbral. Se oye  musitar al ratoncito, un chillido lánguido, cada vez más lejano. Los contornos de la oscuridad adoptan formas familiares cuando la puerta se voltea.
La escena del ratoncito, luego la vieja buscando la escoba y el vecino de negro que mira por la ventana. Cada uno de los personajes presos en su papel, pues ante la mirada fija del espectador no mutan su expresión. Sales del punto refulgente que hay frente al sillón para observar el exterior. El hombre no está y en su lugar han volado un montón de hojas en dirección al jardín contiguo. Oyes el movimiento pendular de una escoba actuando encima de la baldosa. Piensas en que las baldosas son de otra época, mueves repetidamente la ceja, te llenas de extrañeza y vuelves al hueco, que ha sido ocupado desde siempre. La madera detrás de la pared sigue formando viruta que asoma su cuerpo en espiral, el ratoncito te mira y tú le devuelves, mediante un desdeñoso movimiento, la mirada afligida reflejada en sus dos esferas violentas, henchidas de estridencia por no perecer aplastadas. Escapa el ratoncito ante el silbido de las púas plastificadas. La vieja blande el viento en busca de un roedor precavido. Las dos brillantes cápsulas rodeadas de pelo escudriñan la inútil tarea cuando la silueta reaparece como un resorte al final de cada hilo invisible. Negra, más aún que la noche, de tibia permanencia y agotada espera continúa haciendo lo que mejor sabe y peor recuerda. 
PÉNDULO
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