• javier castillo esteban
raskolnikov
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
  • País: España
 
Absortos ante sí   En la mitad sombría de la calleSurge el reencuentroDel mismo vuelo que el OtoñoPues todavía parece entero Corteza dura , sin nada huecoDos manos se cogen de extrañezaNuevos surcos en la pielOquedades barnizadas con esmeroOjos que refulgenDe tenerse pese a todoEl otro al uno, alteraciones que no sufrenUn producto entre estacionesQue no se ha olvidado de amarNi de agujas mirando al marLa bahía de los sueñosSiempre más pequeña desde lejos Emite ecos de pasitos cortosDeslizándose sin mucha prisaLos amantes , apodados de mote,Firman con silencio todo lo que suena a tormentaDe terror y comediaPara una mueca incontenible del caprichoResultado de lo inquietanteDe miedo a reírse otra vez juntos Se marchan por donde han venido
Con legañas o sin ellas   Abres los ojos    Son muecas, balbuceos y carantoñas   Ilusionas   Te arrastras y luego caminas   Creces Te ilusionan    Noches y palabras de alcohol   De risa y de algún que otro hostión     Te maldicen     De paso y sin carencias la encuentras   Principio del formulario Como una flecha en mil pedazos   Se parte el corazón Sois dos, luego tres, luego cuatro Compone la sinfonía aceras en curva  Luego volvéis a ser dos Carreteras rectas y miríadas de pupilas Altivas, tristes, con ganas Decreces Una muerte del pasado  Otra Final del formulario El presente la alcanza Arrugas tu sonrisa Colocan una cruz, después una flor   Alguien lee un poema  
Te he vuelto a veral solaz de unas piernasque deambulan sin graciapues ya no se insinúandebajo de ese vestido negrolargo y sin vueloa juego con tus ojos tristestintineantesde mirada hastíade los que no vivensino señores del tormentosólo tu pelo enredadoque en otros tiempos crecíade sueños y desafíosse alicata a sus palabrasde cariño embusteroalimento masticadoimprimido en sus manoscobardes extensiones que atenazan la carne estremecidanostálgica de otro tiempodesprende una nueva lágrima de amor malentendidohenchido de alabanzasde muecas falsasy ahorasin fuerzas yade sentirte desdichadagritas por última vezqueriendo escucharteaunque no queda voz detrás de esas cuerdasbarnizadas de herrumbreavezadas y obedientes al silencioa lo cotidiano
Al principio fue una insinuación , algo con lo que entretenerse en una de esas reuniones amigas del desdén. Dos parejas o cuatro amigos, todo depende de quien lo esté leyendo.Ensalada agria, gambas y kéfir expendían sus restos por el plato como excrementos.Menú ponderable en calidad para estómagos insaciables.Tintineo de copas , todo listo para alzarse la voz los unos a los otros. También hubo silencios.Antes de que el cine corroyera el debate, H reparó en la ventana que daba a la noche.- Sabemos nuestros nombres, de nuestros ascensos y algún que otro secretos todos estamos servidos, pero seguramente ninguno sabe quién vive en la ventana de enfrente.Unos y otros se miraron furtivamente en busca de alguna expresión familiar.- ¡Es verdad, coño! ¿ No os habéis dado cuenta de que esa ventana tiene siempre la persiana subida ?Aquella pregunta me inquietó por lo retórico, como si H. pudiera aclararlo de repente, aún más cuando mis amigos parecieron quedarse mudos, sin nada que aportar al misterio.Como un resorte me levanté sin mediar y me dirigí al balcón . Coches, humo y algunas personas que en otras circunstancias hubieran sido sospechosas, pero que ahora sólo conversaban estáticos. La ciudad y la noche se presentaban extraordinariamente ajenas a los delirios de H.Me volví hacia los tres.- Quieres acojonarnos, tío - le dije con temple aparentado. - Lo que tú digas- ¿ Qué quieres conseguir con todo esto? - Solo digo que nadie se plantea la vigencia de cosas tan cotidianas por muy extrañas que resulten.Ellas se mantenían calladas, de un semblante indefinido,  aunque nunca he sabido si por miedo. Sentía aquello igual que una farsa destinada a reírse de mi .- Bueno, ¿ los demás no decís nada ?Los cristales se rompieron formando un estruendo infinito. Alguien aulló algo desconcertante desde la calle . Me asomé de nuevo acariciando las jambas del resquebrajado marco sin secciones en sus lados  .Las personas Que instantes antes charlaban, me advirtieron ahora con desprecio.- ¿Esto es una puta broma, H ?- Mira detrás de ti. 
En realidad, no son muchosCada alma con su rostroLigado a sus mentirasY otro voto que me embuchoQue se note que militoQue nadie juega con mi ira Nuevo día en reflexiónDe otros cientos sin corduraEsperando una propuesta Y no me falta la razónCuando hablo sin mesuraDe mi paciencia indispuesta Pero ya vienen Ataviados con eleganciaInadvertidos como arpíasEllos nunca mientenAl tratarse de abundanciaDe negarse las victorias Ojos de avariciaUna vez sin esperanza ¿A quién sirve este mantel?Voto de obedienciaLugar para alabanzasLucha sin cuartel
Es castaña y tiene los ojos verdes. Nadie como ella para saber de qué se componen sus insinuaciones. El miedo, claro, siempre está presente, por eso creemos conocerla. De no ser así, no diríamos que su vestido está manchado de sangre. Hablan estruendosamente en torno a ella, como queriendo desatornillar los secretos. Pero son intangibles, indelebles a la huella sigilosa. ¿ Quieres conocerla? Pues llámala, aunque con cautela. Siente pavor a ser descubierta, igual que tú. Camina lento, despacio, actúa sobre ti mismo.
Aprendí a escribir y supe que no hay mina que mine sino palabra que muere mojadaque solo dice la verdad que pesa aunque no quierastan naturalmente engranada a tu espalda De tus días por ella se sabe que aún sueñas en torno a sus encantos pero no le gusta recitar poesíasiempre la creyó falta o desprovista quizá de fingida entonación de zalamerías sin costumbre Hoy es tu momento, como mañanaiguales, quieren ser más que números abyectos polizones de algo que se muevede traqueteo sobre traviesas, de agrietadas carreterasla vida nos espera en la siguiente confesióntras el polvo, tras los días 
 EL TRAJEAlmidonado y correcto, hecho a ti. Y el sastre, escudriñador, como siempre en en esas ocasiones. Lucías negro, de pupila a pupila, con la misma intensidad. Engreído, creyéndote alguien delante de tu madre. Ella intentaba maquillar el surco hollado por las lágrimas. Harta en años de esperar aquel momento tras una mezcla de ilusión descolorida Por sus antiguos, los de antes, de los que ya no se recordaba sino el latente resuello de los últimos díasLuego las mangas, que más tarde habría que recortar, colgaban en deseo por la blanquísima novia  
EL TRAJE
Autor: javier castillo esteban  64 Lecturas
"Hola", me dijo antes de despertar. !Otra vez no! Aquel día, según la predicción, el mundo se preparaba para morir. Miré a través de la venta y contemplé las últimas hojas del manzano cimbrearse. Una ráfaga de viento, una pueril sonrisa, el manillar apoyado en el suelo. Pupilas abiertas, cerca de los 10 años. No lo sabían. Caminé largo rato por la carretera, que a esas horas monopolizaba el espacio que sigue al mediodía y conduce a otro sueño. Las cortinas quietas en las ventanas de los edificios de ladrillo rojo. Habitaciones negras, sin presencia observable a pesar del desasosiego.  Nos habían anunciado un inminente impacto. La radio lo difería una vez más. Por lo visto, nuestros coetáneos se habían desprendido felizmente de sus rutinas, aquellas que preservaban celosamente horas antes. Yo había quedado con Salvador, mi ángel destructor. Más allá de la balaustrada en la que se erige la urbanización, por encima del puente de M, una cultura de otro tiempo se reunía en el centro de la plaza central. Parecían compartir algo más. Se susurraban reiteradamente en un movimiento casi mecánico . Salvador estaba sentado en uno de los bancos , al margen de la confusa amalgama. Fumaba tranquilamente. Una , otra calada y exhalaba el humo. Su indiferencia me daba miedo y al tiempo me atraía . Un comportamiento absurdo como cualquier otro, un libro o una película para hacer culto. Más que eso.La luz se eclipsó de repente.- ¿ Qué hay?Él sacó otro cigarro 
Acherito: Un Oasis despierto dentro del Pirineo El mítico lago aragonés sigue intacto, presumiendo de su inmortalidad, a pesar de nuestra concurrencia     Seis de la mañana o 06.00 am, según la credibilidad de cada cual o la legitimidad de sus ojeras. El alba huele a humedad o es ésta, quizá, la que inspira un día presto a la aventura. El sol aún no ha salido, pero ya poco queda de una noche que agoniza en su duermevela. Será la emoción de un espacio que sueña con rocas y nubes lentas, de latidos lejanos y escondidos detrás de cada sendero, que suben y bajan hasta la cúspide, donde llegas mecido entre resuellos para constatar que allí el ruido todavía no se ha hecho eco.   Pero estoy despierto, de hecho, estamos los dos. Mi compañero, escudero de más grandes hazañas que este conato de montañismo, me recoge tarde, haciendo acopio de las buenas costumbres. “Ya lo siento, pero se me ha hecho tarde”, comenta con esa mirada inquisitiva en ademán de averiguar si ha colado una vez más. – Arranca, le espeto simulando cierto enfado. La carretera se torna progresivamente sinuosa al tiempo que el coche sufre los primeros embates del terreno. Entretanto, subimos un poco más, donde la altura hace gala de sus condiciones, volviendo la vegetación un bien escaso, prácticamente hirsuto sobre las enormes paredes que suben hacia el cielo azul, límpido por definición. Por fin, detenemos el coche, no sin antes reparar en todos aquellos caminantes que han acampado cerca del rumor del río. Algunos calientan café, y otros, los más recalcitrantes, obvian el desayuno en pos de recoger los restos de la jarana de anoche.   “¿Preparado? Esta es una de las más duras, pero es agradecida por sus vistas”, comenta sarcásticamente mi socio en la ascensión antes de comenzar. La respuesta, sin embargo, viene más adelante, después de las primeras e inocentes zancadas que conducen al constante jadeo. Una hora repleta de sed, hambre y rozaduras. Aunque también los hay que, como yo, han venido con zapatillas deportivas y no botas, por lo que el trayecto se hace más ameno al cumplirse ese consuelo que es mal de muchos.     “Detrás de Acherito sólo hay niebla”   El término de mi sudor coincide con una senda desprovista de inclinación que discurre paralela a los grandes riscos que dominan el resto de las montañas vecinas. Me detengo y escudriño lo que parece una enorme sima. Ante mi detenida contemplación, otro montañero interviene: “Detrás de Acherito sólo hay niebla”. “Pero siempre quedará La Mesa”, sonríe y concluye soñador, con la mirada igual de perdida que la mía. La Mesa, acortada por su apellido de tres Reyes, se erige en lontananza como faro receptor entre los dos picos, sirviendo de frontera con Huesca.  Incluso pareciera decirnos algo más desde el otro lado, pero tampoco tengo esa certeza ahora que la niebla pugna por elevarse.   Una vez huido de mi ensimismamiento toma la palabra la suntuosa oquedad reminiscente, pues hubo una fecha marcada y rusiente en la historia en que el mar cubría todas esas montañas de las que ahora únicamente algunos glaciares como Acherito quedan de inexcusables testigos. Pronto, el chapoteo de los valientes nadadores se mezcla caprichosamente con el vaivén arrullador que regala el mediodía y el reverberante lago. Es hora de comer.
Qué sola se deja ver la lágrima , apartada incluso de terrenos sin hollar y construcciones horripilantes. Camina siempre evitando haces de luz que la hablen de sus mentiras , de sus idas y venidas, de mártires compromisos con la vida . Tan desterrada, que cae de bruces sobre otra hoja infesta de tinta. En ese lugar los monstruos escriben literatura de altura . Empujada al fin desde la otra fila de butacas , vierte lo que solo ella sabe a cierta ciencia. Consigue únicamente volverse ante el público harto de pena.De una vez, amalgama de culturas y estrambóticas decencias, acuden a sus pómulos rosados. Aquellos endurecen afiladamente sus curvas  sirviendo de impulso vehemente. Páramos, montañas y ríos son sobrevolados de actuación, fruto de una mezcla entre sensibilidad artística y el verdadero objeto que impone sus reglas .
  Cordero cadavérico  Un cuadrado se arrastra entre la niebla. Tira sus paredes y queda plano, a ras del asfalto. Apenas puedes distinguir el límite de la estrecha carretera, sólo su final en línea recta.Vista de día parece más sola que de noche. Silencio interrumpido por conductores extraviados. Primeras luces al atardecer que nacen de faroles. Un ladrido pugnando con otro no muy lejano cerca de una casa recién concluida. Las casi tres plantas se yerguen inquietas . Murmullos provenientes del interior de un hostal iluminado. Allí lo que parece una celebración. Apoyas tus manos contra el cristal, te escondes detrás del vaho.  Los imaginas deteniendo sus pupilas cuando el motor del coche ya no suena.  El horno está apagado   
Pondría en otras manos la decoración de mi casa, incluso el color de las cortinas. Pero lo que nunca dejaría al mal o buen Agüero es el derecho y el deber de quererte
Años después. Un noviazgo infructuoso. La mano detrás de la intención, que llama presurosa. Me pregunta acerca del rostro sin apellido que se pasea conmigo. No me saludó porque estaba acompañado. Y mientras, yo tengo que creer que anhela una amistad sincera y sin pasado, sin las tardes en que nos amamos furtivamente. También debo olvidar  cuánto nos laceramos. Pero la grieta sigue abierta como una herida que despeña sus rocas ensangrentadas hacia el vacío. A pesar de todo, sueño con otra caída, bella y cadenciosa, alicatado a su estrecha cintura. No hubo rosas, ni siquiera marchitas. Vino tinto, eso sí, mucho. De eso debe seguir mi tensión y mi carne trémula al recordar sus pupilas dilatadas y su voz nerviosa cuando me buscaba, de noche, a través de una llamada aislada. "¿ Qué haces ? " Nada que no sea esperar tu hilo a medianoche, por supuesto.Sin buscar demasiado, reparo en algunas calles que, aun desiertas, forman un torrente alrededor de mi vena excitada. Por mucho que apremio mi paso solo se oyen ecos que ya han caminado antes delante de mí. Persigo a mi sombra, vuelvo al camino descrito por los años perdidos.Vuelvo sin brújula hasta donde estás. Vuelvo a la juventud implorada en balde. Allí se retuerce ella de nuevo, prorrumpiendo en una risotada incontenible. Siempre fue destartalada y soñadora en igual medida. Una Aída contemporánea azuzando a su marcha triunfal, tildándola de remolona y lenta . Ahora ,sin memoria, suma con los dedos retales de una redondez únicamente aspirativa . De final sin picos ni estridencia, sin imágenes violentas que asusten a nuestros días. Pero la sangre es densa y exhibe su color casi negro.El péndulo no vacila, nosotros sí, pues estamos montados sobre el oro de una onomatopeya que nadie acierta a descifrar. No habrá entre nosotros más despedidas ni más reencuentros , solo una fracción infinita, donde  yo siga pidiendo de ti lo que tú ya no puedes darme. Y así siempre, rogando al tiempo que siga siendo tan dichoso como siempre, me muero si no dices mi nombre.  
Agazapado,  en su lugar respira versos sin que nadie escuche el dolor de su pecho. Más solo de lo que el siempre pensó. Con el portátil había encendido lo que hoy parece una pantalla de despecho. Lágrimas indecorosas, nostalgia desgastada. Dejados atrás, más allá, pasado y presente irrumpen con sus renglones cargados de furia, atiborrados de desatino. Oportunidad malograda, o no. Quizá una brizna de inspiración que va y que viene al ritmo de un faro de destellos. Así, una lámpara de lava, hipnotiza más a quien los escribe que a quien lo lee.  Hija de la literatura ,parte de la misma ,cuyo germen destila impía los pulsos de la creación. El sol, la luna y los astros.. ¿ qué significan sin este último punto suspensivo? ¿ Son acaso, por sí solos, fruto del desvarío que nada creyó entender?
EN-SAYO
Autor: javier castillo esteban  104 Lecturas
Besos, de los de siempre, quizá con algo más de empeño- ¿Cómo estás, cariño?- Bien, algo preocupado.- Tranquilo, no será nada.Friega en la espalda y consuelo. No supe qué decir, solo la miré ,agradecido por terminar con esa condena que sostienen las palabras camufladas. El coche no estaba lejos. Conduje lo más deprisa que pude la primera mitad del camino, sin hablar, aparentemente tranquilo. Paramos antes del peaje a echar gasolina.-       ¿Quieres conducir un rato?-       Sí, dos veces. -       Tienes que coger el coche, Charo. Ya verás cómo te arrepientes cuando tengamos que ir a vivir a Vitoria. -       Entonces lo cogeré… -       Ok, dije. Supe que aquella conversación acabaría con un “cuando lo necesite”. Es curioso cómo el chantaje resulta muy eficaz, usado con cautela, contra la cerrazón. Pero el miedo es otra cosa. Algo mucho más punzante que una dirección opuesta Apreté el acelerador para dejar atrás ese paisaje desolador del sur de Navarra. Promontorios de arcilla que se confundían con la aspiración por reverdecer de algunas plantas bajas. La nacional constituía un oasis de asfalto, el único aliciente que podía asumirse sin bostezar.  5 Las últimas curvas de la carretera provocaban en mí el efecto de un pájaro antes de estrellarse contra la corteza de un árbol. No quería llegar, quizá un último desvío antes de atajar por el puente oxidado, una excusa por dilatar a tiempo mis esperanzas. -       Bueno, pues ya hemos llegado… ¿Qué tal cariño?, ¿Cansado?-       Solo ha sido una hora. Tenía ganas de llegarMe miró con ese semblante irremediable, contrato en exclusiva de los enamorados, y acto seguido señaló en diagonal -Están ahí- 6 Agosto, la canícula de los meses. El sol caía sin consuelo sobre los meandros. La presa había comido tanto terreno que el río parecía un arroyo artificial, una cascada con bomba de las que decoran los parques japoneses. Eso sí, el cartel no había perdido su encanto. Viejo, blanco, anunciador de atávicas costumbres y sofisticadas puñetas. Malena, Isca, Luis, Cintia, Álvaro y, por supuesto, Belén. Todos ellos mudos cuando aparecí. Intenté mostrarme sereno, incluso con gracia, pero no conseguí que mis palabras fuesen menos fútiles, improvisaciones mal construidas. Desistí y me centré en Charo, escudo siempre a tiempo. Malena por fin dijo algo- Teníamos ganas de verte primo, luego hablaremos, ahora vamos a probar el vino que hemos traído. 7 La casa de nuevo, sin evocaciones. Real. La puerta era azul, de barrotes desconchados. Siempre estuvo atrancada y aquel verano también. Empujó Malena y detrás entraron las tres mujeres. Luis, Álvaro y yo nos reíamos de cualquier tontada e intentábamos no reparar demasiado ni en sus gestos ni en sus ademanes involuntarios. Querían ellas hablar pese a postergar la confesión.  8Y lo contaron, ya lo creo que sí    
El parque y sus polarizaciones. Un viejo cansado, taciturno, que nada quiere o puede pensar más allá que la doblez de su pantalón . Mientras, el sol sigue su curso en perpendicular a mi lectura . Un libro como cualquier otro arroja ansia y tradición , luces que desentrañan él pensamiento de varios hombres muertos .Pero allí mismo surge otra reflexión venida de dos jóvenes que no alcanzan la adolescencia . Se ríen a escondidas detrás de la corteza del árbol. Me miran creyendo en el atrevimiento de su conducta. Me piden fuego. Una calada. Se van por donde han venido. Otra calada. Disfrutan. Y el sol sigue cayendo a cada rayo . Imperturbable. Solo Las virtudes de aquella tarde eluden aún  el trabajo y el marasmo inicial.Descuelgan sus pies ante el abismo del foso amurallado. La ciudad sigue viva al fondo, o por lo menos su silueta. Agacho la cabeza una última vez antes de levantarme , la hierba está quemada aunque también respira. 
1 “De mi pueblo son las cerezas”, dicen. Y también las miradas como lanzas. Mi pueblo no tiene un aspecto diferente al mundo, pero la asfixia es mayor, casi material. Enclavado entre un río caudaloso y su afluente, destaca su campanario sobre el resto de abominables construcciones Aquel verano, como todos los demás, jugábamos a no vernos en un embrollo de calles, que subían y bajaban, que huían despavoridas. ¿ A dónde iban con esa premura si allí, arriba o abajo, nada esperaba? Quizá una ráfaga de viento encabritado, o el calor aplastante de aquel verano, apostado hasta en la sombra. Nada más. En ocasiones me escuchaba y me compadecía de esas cuestas susurradas por viejos de los de bastón y sus chismes incombustibles, también por sus rencillas vestidas de fanfarroneo.  Los niños, empujados por sus abuelos, y éstos por los retorcidos propósitos de sus hijos, salían como un rayo a casa de la "Patro" o del "Peje" para anunciar al forastero. En mi pueblo, si no vives durante las cuatro estaciones del año, eres "forastero". "Forastero" significa un estatus diferente, ni bueno ni malo, simplemente otro estado de cosas y personas.    2Existe todavía en lo alto de mi pueblo una iglesia de ladrillo marrón, sin espadaña, pero de grandes tañidos . La casa de la familia se sitúa a dos palmos del templo, a su cobijo. " Tolón, tolón" , así, formando una tediosa onomatopeya, algunos nos desvelábamos de noche, a cada hora.  Hasta hace poco ese sonido hubiera sido nostalgia, amor, familia, cariño... ahora me taladra la sien.La sacristía tiene una entrada exterior, como queriendo no ser vista, pero yo la veía muy bien. La relación de mi abuelo con el cura también la veía yo bien, sin extrañeza, aunque escondido. Mi abuelo siempre tuvo buen trato con la iglesia y todo lo concerniente a la institución, sin embargo decía que “la calderilla p´al cura". Una calderilla que traducida en monedas de cobre ganadas al parchís. Esa forma despectiva de referirse al párroco y sus acólitos entroncaba con las ganas de llevar la contraria al más pintado, incluso los que pensaban como él y tenían idénticas creencias.  Mi abuela lo reprendía a veces, las menos, cuando soltaba perlas contumaces. " Tú qué sabrás, si en la radio no paran de decir que es bueno", refiriéndose a un venerado delantero centro que tenía la selección española de fútbol. Para mi abuelo era un "mierda seca", solo en palabras, claro, mientras éstas sirvieran para promover desasosiego.  Y ella de mirada torva y él sonriendo, por fuera y por dentro. 3 El 23 de agosto me llamó mi prima. Noté su voz alicaída, cansada. - ¿ Te pasa algo?, dije cortando sus últimas palabras. Ella se mantuvo en silencio durante unos segundos. - No , no. Todo bien... hemos quedado en el cruce todos los primos. ¿ A qué hora llegarás?- Todavía no lo sé, depende de Charo . Viene desde Madrid en tren - Vale, llámame cuando llegues y voy a buscarte.- Un beso, Belén. Mi prima nunca ha sido especialmente risueña, pero sí alegre y distendida, por lo menos para nuestras conversaciones y también, creo, para lo cotidiano.  La quiero, aunque creo que no se lo diré jamás. 4Dieron las 5 en la estación. Las traviesas vibraron y la suspensión chirrió implorando una revisión temprana. Ahí estaba.Cuando Charo pisó el último peldaño el andén se había vaciado de abrazos, sonrisas y ojos crisolados.
Leo a un autor y después miro al cuadro. Allí , lo que parecen dos rosas de tono anaranjado,  se mantiene estático. No vuelo ni vibro como yo quisiera, como lo siente el autor .Vuelvo a mirar mientras escribo , tan rápido que ahora mismo no recuerdo la imagen , solo sé que está allí. Quizá hablar de intuición suene presuntuoso, pero aquí estoy escribiendo de nuevo y otra vez cada renglón da sentido al anterior . Literatura y conciencia alcanzan los niveles de tu propio yo . Ahora ya lo tengo , no veo las rosas ni el marco , se desvanecen conmigo en una habitación parecida a cualquier otra. Única
Una visita inesperada, ahora que ya no soñaba con nada .Entró por la misma brecha, de noche, sin hacer demasiado ruido. La reconocí enseguida por su silueta desgarbada, casi con gracia, inclinando la cabeza de lado. No aparentaba.Su pelo, desprendido de mí y de mi hallazgo,  flotaba en silencio . No era mi imaginación ,  pese a que brillaba la luna Intensa, artificial. Dañaba de solo mirarla, o de mirarla solo, no lo sé . Ella delante del espectro incandescente se esmeraba  por hablarme en vano.Yo tampoco podía. Era incapaz de serme fiel¿ Quiénes éramos nosotros a través de la negrura ?Allí arriba, por encima de las últimas estrellas, una nube cortaba la luna a manos de quien parecía rodar la escena . No era aquello una película,  pero sí una disección, agonizante ,sin etiqueta, llena de símbolos. La vida hediendo vida.Ahora escribiría sin ella, junto a su desvanecida aparición, ambos muy lejos.
“De mi pueblo son las cerezas”, decían. Y también las miradas como lanzas. Mi pueblo no tenía un aspecto diferente al mundo, pero la asfixia era mayor, casi material. Jugábamos a no vernos en un embrollo de calles sin linde, que subían, que bajaban, que huían despavoridas. ¿ A dónde iban con esa premura si allí, arriba o abajo, nada esperaba? Quizá una ráfaga de viento silbando, o el calor aplastante de aquel verano, apostado hasta en la sombra.A veces escuchaba mis pensamientos y temía por su voz, pues esas cuestas susurradas por viejos de los de bastón seguían custodiadas de rencillas y chismes inagotables. Los niños, empujados por sus abuelos, y éstos por los retorcidos propósitos de sus hijos, salían como un rayo a casa de la "Patro" o del "Peje" para anunciar al forastero. En mi pueblo, si no vives durante las cuatro estaciones del año, eres forastero.Existe todavía en lo alto de mi pueblo una iglesia de ladrillo marrón, sin espadaña, pero de grandes tañidos . La casa de la familia se sitúa a dos palmos del templo, a su cobijo. " Tolón, tolón" , así, formando un tedioso ritmo onomatopéyico, algunos nos desvelábamos de noche, a cada hora.  Hasta hace poco ese sonido hubiera sido nostalgia, amor, familia, cariño... ahora me taladra la sien.La sacristía tiene una entrada exterior, como queriendo no ser vista, pero yo la veía muy bien. La relación de mi abuelo con el cura también la veía yo bien, sin extrañeza, aunque escondido. Mi abuelo siempre tuvo buen trato con la iglesia y todo lo concerniente a la institución, sin embargo decía que “la calderilla p´al cura". Una calderilla que significaba monedas de cobre ganadas al parchís. Esa forma despectiva de referirse al párroco y sus acólitos entroncaba con las ganas de llevar la contraria al más pintado, incluso los que pensaban como él y tenían idénticas creencias.
TerrorCon una mano, de infundado respeto, me dijo ven.Yo la seguí, malcreída de mí. Y a mí , de nuevo, eso de saberme tan astuta... qué felicidad tan aparenteAún así apreté una vez más los dientes, horadados , de huecos invisibles que dejó el amor de los primeros tiempos . Quién era, yo no sé, de tanto mirarme arrugada, transida, sumida en la irrealidad. Esa era y soy yo, pese a todo. Tan lejos de mí, cerca de tí.
Procesión Desprovista de solemnidad, igual que un desgarro, recupera su bandeo la virgen a cada flanco. Aupada por decenas de costaleros se siente dubitativa, más sola que nunca.   Y llora, impía,  derramando litros de agua salada sobre los embriagados, incluso encima de quienes caen en la cuenta de que es ella, a la vuelta de una esquina. El llanto silencioso cobra más fuerza en el pecho de éstos.   Otro descanso invisible que da pie a trompetas, tambores y bombos. Mi corazón tiembla al son de una mujer que me mira de noche, tras un reflejo. Sonríe, rezuma una descripción inexacta.   Ya se detiene la carroza frente a una iglesia que al contrario que sus coetáneas no muere inadvertida. La ciudad despide sus aromas entre estandartes y chaquetas almidonadas. Vivas a la Virgen, a la madre de Dios.   La evocación, lejos de concluir, retumba victoriosa en ese hueco lleno de zarzas dedicado a no olvidar. Todos respiran aliviados y emprenden otra peregrinación más intrincada y compleja. Ella ha desaparecido, yo también.
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VOZ
Autor: javier castillo esteban  112 Lecturas
La última vez que la vieron sonreía sin ganas. - La hemos buscado en  los andenes de salida, pero no nadie allí la ha visto- No ha podido salir del edificio, Marta me ha llamado al mediodía preguntando si estaba enferma- Volveremos a la comisaría, nuestros compañeros siguen con los testigos - ¿ Qué testigos?- Perdone, hay dos vecinos que está muy exaltados que pretendían contarnos algo´- ¿Y por qué no nos habíais dicho nada? - Ahora debe tranquilizarse y dejarnos trabajar. Le informaremos tan pronto tengamos nuevas pistas- ! No quiero tranquilizarme! No quiero pistas! Las diez plantas se recortaban detrás del bosque. Dentro, a través de un enjambre de ramas, una plaza y una fuente solitaria, dos bancos rojos en los que aparentemente no pasaba nada. El polvo se mezclaba con las bolsas vacías y los restos de la merienda. Remolinos en espiral guiados por el mal aguero condujeron a nuestro protagonista hasta el portal. Primer piso.Un hombre de gran envergadura volteó la puerta escondiendo la mitad de su cuerpo. - ¿ Qué desea? - Busco a mi hija, no la encontramos por ningún lado. Se llama Clara, creo que ya la conocesEl hombre negó con la cabeza insistentemente. Algo giraba a una velocidad delirante- ¿ Estás seguro? - Ya le he dichos que no. Hasta luegoEn se momento interpuso el pie entre el marco y la puerta . Respiraba hondo, más fuerte de lo que hubiese imaginado. La puerta cedió un poco más en el forcejeo- !!Clara!!- !No puede entrar a mi casa!  Los cuartos vacíos despedían su hedor detrás de cada cortina . La humedad había desconchado techos y paredes. Todo simulaba parte un decorado hecho a medida del espectáculo. - ¿ Qué es este sitio ?, se preguntaba en realidad a sí mismo con la cabeza abajo. -El hombre prorrumpió en una inefable carcajada - deberías decir quién es este sitio...- Cuando se volvió ya no reconoció aquel rostro con los labios pintados y la raya de ojos descorrida.El gramófono se detuvo-! Ámame!
PERDIDOS
Autor: javier castillo esteban  77 Lecturas
- me tengo que ir Eso fue lo que dijo después de que el centelleo imantara aquellos cuerpos tendidos sobre el césped.Entrelazaron sus manos y juraron pasar el verano juntos.Los caminos hasta la presa, los guijarros esculpiendo el río- que a esas horas no presumía de corriente-Las idas y venidas por una rampa maldecida  a la hora de la siesta.Ella era su primer contacto con el pudor .De repente espabiló con un “ come que se enfría”Preguntaba al abuelo día sí, día también, acerca de su infancia . Sonreía, pero no decía más. Era suficiente .Tenía un mostacho estricto, igual que su carácter. - Cómete la fruta y lávate los dientesY mis ojos abiertos de par en par creyeron en volverla a ver una vez más- No vengas tarde La esquina de la casa de gitanos , Pascual , su boina y sus sempiternas arrugasLa huerta y la finca de la CheloAllí por fin , las escaleras blancas y su rostro que, desde abajo , encarnaba los atributos de una mujer.- Mis padres han preguntado por “ el capitán “- Está bien. Me ha hecho unas alubias con chorizoNo entendí nada de esa carcajada . Me sentía idiotaEntonces bajó, despacio, y antes de pudiera él echarse atrás , lo apartó con su dedo índice y empuñó el manillar- Vamos al río, hace calor .
LA MANZANA Gira y gira De gala presume con su miriñaquePor no hospedar retorcidos intrusosGira y gira  La que da vueltas y viste de verdeNo eres  quien sin descanso la rodea por verla desnudaGira y giraY su rabillo travieso baja de vergüenza por no enfrentarse a esa bocaDientes que azuzan el sueño de la malditaGira y giraMordida y de dolorExpuesta a párpados cerrados Gira y giraMustia flaca y tristeSin más ganas que patearla ahora que no robustece
-  ( bla )- ( bla ) (Blue)- ( bla ) ( bla ) ( bla )- ¿ No crees ?- (.               .) 
Una historia verdadera Era un lugar extraño para acabar la noche. Las cortinas, amarillentas en sus bajos ,guardaban sintonía con la sordidez de aquellos rostros destruidos, alicatados superficialmente.Pasé el umbral y dirigí de soslayo un repaso a los presentesDeshice la doblez de la falda. No había sido buena idea. Allí estaba, en la última mesa de una interminable disposición.- ¿ qué haces por aquí?- fingí desinteresada- Esperar mi wiskiYo pensé en algo más que reproches. Sin embargo, su aspecto, lejos de asquearme, me hundió con familiaridad.Llevaba idéntico sombrero al de la primera vez que llovió y él lo sabía.Elevó su dedo índice como hacía siempre y lo pasó delicadamente bajo el ala para inclinarlo . Me miraba sin perderme, se recreaba.Conseguí controlar el impulso de mis comisuras por sonreír. Endureció el gesto y, después  de vacilar, lo dejó en la misma posición. - Siéntate  - No tengo mucho tiempo- Entonces ¿ por qué has venido ?- No lo sé...Me entraron unas ganas incontenibles de llorar . - ¿ Qué te pasa ahora ? ( conocía ese tono condescendiente)De repente no pude mirarle más y me volví sobre mis pasos- Adiós  - ¿ A dónde vas ?- gritó iracundoCerré de un portazo aunque el gozne pareció secundarlo con un retardo interminableLlovía a cántaros. Sentí mi corazón desbocado.Me quité los tacones y corrí desconcertada . Las calles se repetían, nada permanecía cuando se trataba de huir . Quiero salir , odio estas baldosas, los árboles que nunca mueven sus hojas . Un charco, otro charco, el reflejo de la muerte, sus ojos sanguinolentos que aprietan más las venas detrás de mi . Tropecé, otra vez el tobillo. Me retorcí de dolor. ¿ Quedaba algo dentro de mi ?Busqué debajo de mis bragas, advirtiéndome. Otra vez el sombrero, su polla sucia. Comencé a masturbarme. Solo una vez más.Abrí la boca , lo más que pude . La lluvia rompía en canal por mi garganta. La expulsé, no podía . Tosí sin parar. Estaba mareada y confusa Entonces una figura se acercó con el paraguas invertido, convertido en un amasijo de varillas.- Llamaré a alguien , no se preocupe. Su pobre rostro arrugado no expresaba sino terror y angustia Pronto llegaron las luces y las sirenas, los curiosos y la policía con su cinta aislante .El que conducía levantó la camilla con más fuerza que sus compañero.Con la cabeza abajo me sentí más aliviada Allí estaban mis piernas , lo único que me gustaba de mi, su blancura arrebatada a moratones, tan reales.Lo siguiente fueron las puertas, primero una, luego la otra.Cerré los ojos. Estaba en casa.
Me giro sobre las sábanas y veo la incipiente luz de la mañana.  Aunque no lo creas, Tengo miedo... con tu espalda expuesta a los surcos del dibujo. Mis yemas recorren algo que todavía no sé si es tu espalda.  Y yo... qué más da. sigo Sorteando granos de arena en un ejercicio que extrañamante se parece a una letra . Decía  A... y tú no adivinabas mi nombre. Cerrabas los ojos con fuerza, como si quisieras descifrar con arrugas aquel juego sin sentido. No había apuro , seguía allí , arrullando con esmero los vaivenes de la marea . Tampoco hacía falta ver para imaginar cómo la espuma se deshacía y retornaba hacia aquella inmensidad azul oscura. Entonces , en un arranque incontrolado, la rodeé con fuerza antes de que sintiera mi verdadero llanto.-¿Me quieres ?  Y fueron dos , juro que fueron dos  Tan vivas y tan  quietas  las que me responden “ te quise”
 me encantaría hacerte el amor envuelto en palabras y pese a todo no hablar
Camisa abrochada  de deseos y recuerdosSolos todos ellos , marchitos de emprender rumbo al futuro A lo incierto A donde tú y yo nos conocemos 
 Abre la ventana y entrecruza sus brazos sobre el marco. Más allá, el mar. La brisa de primavera atenta contra los sentidos. Y su amor, lejos de de donde ella mira, emite ecos sin voz. ¿ Seguirá allí? Las barquitas viejas lucen sus astillas al atardecer, se bambolean y vuelven a su posición una y otra vez, flotan para siempre. La bahía se retuerce hasta desfigurar el estrecho margen que da cabida a embarcaciones de mayor tamaño. ( Seguro que no)Un velero...Nunca le gustaron, no valían para la pesca.   
El puerto
Autor: javier castillo esteban  113 Lecturas
Esperar y esperar…  Así, con esta reiteración pronunciada sin una clara dicotomía, podríamos resumir el sino de los protagonistas de este film estrenado en 1942, una fecha que no obviaremos si tratamos de entender  el contexto histórico e interiorizar el mensaje propagandístico presente en prácticamente toda la película, algunas veces de manera más sutil y otras más diáfana. Meses antes de la proyección de la película, EEUU había sufrido un ataque en su base naval de Pearl Harbor, lo cual supuso la posterior entrada del país en la Guerra. Sin embargo, la población se encontraba en ese momento fraccionada entre los fieles a  la participación en el conflicto y los que se mostraban reticentes y abogaban por una postura neutral.   La premier  de la película en Nueva York fue un éxito y se tornó en un  elemento catalizador, una suerte de catapulta para escépticos e indecisos. Ingrid Bergman y Bogart hicieron el resto suscitando el deleite de la crítica delante y detrás de la pantalla y sirviendo de puente para el gobierno americano. pues el rodaje coetáneo con sucesos actuales ganó en profundidad y tuvo un fuerte impacto en una sociedad  avezada a soñar con el cine que engullían.   Casablanca respira sin asistencia y escupe  desabridamente su verdad, aquella que los ávidos lectores evocarán irremediablemente del Argel camusiano. La ciudad está ambientada en 1941 y refleja la colonia francesa bajo el gobierno de Vichy- La relación entre el prefecto francés Louis Renault y el Mayor Strasser manifiesta este patrón colaboracionista con el régimen nazi- A medida que transcurre el metraje nos imbuimos de la desesperación que portan quienes se dejan caer por el Café de Rick, un lugar de encuentro para refugiados y de todo aquel que huye de la Guerra con la esperanza de hacerse con un visado que los conduzca al otro lado del atlántico, un guiño al país de las oportunidades que represente el continente americano. Rick (Bogart) regenta este café/casino, y se presenta  como un hombre cansado y en cierto modo cínico y aparentemente situado al margen de la problemática que lo rodea, actitud que la narración expondrá debido a un desencuentro amoroso en el pasado con Ilsa( Ingrid Bergman). Las frases que contiene la película cobran una importancia capital y son la base del mensaje propagandístico que arroja su visionado. Así en las primeros compases de la película, presenciamos la visita que recibe  de Ferrari, dueño de otro local de la ciudad, en donde éste desafía la actitud  desentendida y poco colaborativa de Rick, cuando dice “El aislacionismo ya no es una política práctica”, haciendo alusión a la población americana contraria a la Guerra.   Por otro lado,  los estereotipos formados en pantalla ejercen de paradigma para muchos soldados americanos que tuvieran miedo de no volver a ver a su familia después de partir hacia la Guerra. Para ello, tanto la figura de Rick, al dejar partir al amor  de su vida con otro hombre por  ayudar en Casablanca, diciendo: “ Yo tengo mi labor aquí” , o Laslo, quien a pesar  su matrimonio con Isla pide a Rick que le dé un visado con el fin de salvarla, anteponiendo el honor de la lucha a una vida los dos juntos. La Guerra está por encima de lo demás, incluso del amor. Siguiendo esta misma línea, otra escena resulta significativa  y apela a la virilidad del potencial combatiente en su aportación a la causa por justificar el alistamiento.  En la segunda mitad de la película, la presencia de oficiales nazis en el café se incrementa al punto de apropiarse del piano que antes tocara Sam, entonando canciones alemanas. La respuesta se traduce en un canto de la Marsellesa a pleno pulmón por parte de los franceses que allí se encuentran. La consecuencia de este atrevimiento es la clausura del local de Rick. Por último, me gustaría señalar una de las últimas escenas de la película que creo, por su duración incisiva en pantalla y su muestra cuasi publicitaria, se convierte en el eje vertebrador y  sirve como colofón. Después de que Rick tienda una emboscada al Mayor con ayuda de Renault, el prefecto descorcha una botella de agua (Vichy Water), no sin antes percatarse de su procedencia. Una vez así, la tira a la papelera y después la patea, posiblemente en un gesto por rebelarse contra las directrices que imponían los nazis al gobierno colaboracionista de Vichy  La estridencia de la escena es reemplazada por otra en laque  la dirección de dos rostros contemplan 
Las llamas amplían el cerco. El secuestro no anda lejos. Uno de estos cae solo, de lado, esgrimiendo su corteza seca.  Ahora el cielo adopta un tono incierto, ni vivo ni neutro, tampoco muerto.Hebra tras hebra se desgarra la última cuerda que conduce al otro lado.   Algunos pasos tímidos y vacilantes de los curiosos con pies sin recorrido. ora adelante ora atrás. Más savia en señal lacrimosa  Cuatro cerillas desprendidas expelen su última risotada antes de terminar y yacer para siempre. Alguien las encuentra, siguen allí aún después ennegrecer. - !Han sido ellos!Haciendo un esfuerzo, en la gran distancia que marcan los lindes de la hacienda, se pueden oler las huellas de la tiranía.  Clemencia que da paso a la lluvia, extraña en la cara, contaminada de humo en sus partículas, tiznan la piel de aquel rostro que, a pesar de todo, la agradece como hizo siempre. Las montañas se cierran en un espejismo de eternidad. Mañana amanecerá de luto. Las cenizas flotan de un gris artificioso y consentido.
INCENDIO
Autor: javier castillo esteban  150 Lecturas
  IMagina, Desde cualquier punto las veo a todas ellas,  hablan de algo con voz queda, no sé de qué, pareces tú el objeto de las hadas intocables  Por un instante vuelas, alto, lo suficiente para no detenerte con facilidad, ni olvidar a quien desde abajo pideGritas sujeto al trasiego de la calle, aunque no a escondidas, pues si exhibe valor para amar que lo haga si aún le queda cuerpo, de frente a la corriente Y como acompasados mueven repetidamente los labios y algún gesto más, de sobra, girando a su alrededor . Te da igualAbandona la balaustrada el pensamiento tan dejado por la mano de alguien que dispone elevadoAllí se revuelcan las ganas y los sollozos se desbocan alumbrando el futuroNo quieres saber de ninguno. Nada de su goce ni de su  miseria fasciculada Huyes, sin alas, tan rotas de restregarte entre guijarros y carestía Te cuesta remontar el vuelo una vez más. Aleteas sin remedio . Lloras.Imagina 
Celos
Autor: javier castillo esteban  142 Lecturas
( Me acariciaba después de hacerme el amor. El misterio hedía al tocar su piel desde abajo, mientras una gotita caía a trompicones por su pecho, resbalando en cada curvo vestigio de placer. En otra dirección, antagónica al fluir de mis pocas palabras , la seguí hasta que desapareció en el ombligo)- ¿Piensas en la muerte a a menudo?- Sólo cuando dejas de tocarme- Lo digo en serio...- Yo, también. Pero creo que no es real, sino una ilusión fruto de la ansiedad- ¿Una recreación nerviosa?- Algo así. Siempre nos imaginamos el final como un agotamiento del que no se puede deducir paz.    - ¿Repentino?    - Depende de cada muerte    - Al final... todas son iguales.(Se quedó largo rato mirándome con una sonrisa inescrutable que duró unos instantes.Sus ojos, tornados en desprecio, pronto me anunciaron el reflejo que empuñaba debajo de la almohada)   - No lo creas
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