• javier castillo esteban
raskolnikov
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
  • País: España
 
Un ramo de rosas embotelladas se dejaba meter mano por los que explicaban al resto. Lo hacían gesticulando histriónicamente, siendo la escena una sombra más de su arrogancia. El atardecer, sin embargo, causaba un efecto embriagador en los sentidos de quien se detenía a mirar el fresco, y Héctor lo podía captar sin vacilar. A esas horas los matices parecían casi rosados y habían perdido la blancura inicial Héctor creía que la obra, si bien no de manera explícita, recreaba el fugaz apogeo del color, desde su nacimiento hasta la sequedad marchita, aunque esperaba a escuchar, de boca de los artistas de la galería de enfrente, las pedanterías más selectas: “Estruendosa” o “quimérica” se concluyó lacónicamente sin más aportación que la del silencio que sentencia.   El recital terminó y se marcharon igual que habían entrado. Hablaban en clave de cuchicheo con aire ingenuo y despistado, acrecentando la imagen de personas de pensamiento elevado y críticos de la exquisitez. La exposición era, en verdad, una farsa, pero una farsa de su gusto, de profusos y distinguidos paladares que confundían  las bellotas frescas con las podridas. Era su farsa diaria y vital.   Héctor escupió a las rosas repetidamente hasta caer derrotado. Le pregunté, simulando un horror poco convincente, por qué lo hacía. Apoyado en la tarima expositora y sin mover un ápice su deprimente postura,  me respondió- -¡Míralas, no han sobrevivido, están muertas, no sufren ya más! Pensé que Héctor era otro artista más, otro comediante que fingía el ultraje de su obra. Pero supo ver a través de mi intención y su mirada se trocó amenazadora. Depuse, pues, mi sinceridad y en seguida argumenté que  no estaba hecha la miel para la boca de ciertos animales…”   Aún hoy sigue pintando, a pesar de todo, pues la nueva temática continúa triunfando igual de “quimérica” y “estruendosa” gracias a los intrépidos ojos que recorren una vez más el cuadro preguntándose por las pezuñas que sostienen vigorosamente las rosas. 
LA RECUA
Autor: javier castillo esteban  130 Lecturas
  Se fue mirando de reojo…  Cientos de pájaros rebosantes de color desenfundaron su onírica vestimenta a fin de constituirse en la quiebra de las lustrosas plumas, en el abandono reiterado e ineludible. La tormenta había pasado, y aunque la humedad traspasó los huesos y la razón, acordó, con las prematuras hojas caídas, las últimas condiciones del otoño. Estaba cansado, derrotado, sumido en la habitual desazón de los desenlaces. La expectativa de la noche anterior se tornó en  un cielo indeterminado, encalado en nubes y espacios diáfanos que conforman  cualquier día en las postrimerías del verano. La oscuridad con su efecto igual de embriagador que pernicioso me cautivó hasta los confines que delimitan lo real de lo ficticio. Era grande en el sueño, poderoso,  incluso cruel. Hoy, sin embargo, me siento igual de vulnerable que la hortaliza, zarandeada por dos manos vulgares y desgastadas, exorbitantes garras que me sujetan contra el filo de un cuchillo alborozado La piel tostada se desprendió, también, de varias capas ofreciendo al mundo la desnudez de nuestra alma, la auténtica experiencia vital y descarnada que habita en nosotros con pleno derecho y sin reparos. Se esfumó Epicuro, y en la nube de polvo arrastró consigo los placeres infatigables, la depravación recalcitrante que precede al tedio y a las buenas maneras, al decoro indecoroso. Antes de ahogarnos, en el borde de un río rumoroso y constante, se cristalizó nuestro reflejo en el agua, allá donde nuestro ego quedó varado eternamente y aguarda codicioso la llegada de la nueva estación, la más pérfida y maldita, la más propicia para escapar, a través de hechiceras imágenes, hacia la inefable voluptuosidad de lo arrinconado. 
  Los veo allí, moviéndose como hormigas, con sus cascos blancos apuntando al sol, inquietos por repeler sus rayos lacerantes. Sudan gotas exhaustas y hablan alto, muy alto, pues sufren de ignorancia, de oídos taponados y miradas esquivas, de pasos que todas las mañanas recorren el lugar a esa misma hora. El color de alguno resulta extraño, y de cuando en cuando la piel blanca se mezcla con las costumbres de las incivilizadas maneras para tornarse en otro extraño y descolorido compañero. También comen, seguramente de ayer, pero comen.   En las sillas y mesas de los locales más nobles y selectos nos encomendamos a la providencia, y nos indignamos cuando alguien menciona el asunto, pues creemos sin dudar que la providencia, con todos sus ángulos y prismas, los debiera arrullar lo suficiente para conseguir un lustroso empleo y un exquisito pan duro. Por ello, no queremos oír ni hablar de desigualdades ni de partos provocados, bastante tenemos con gestionar la sobredosis de estrés que discurre, como un guijarro arrastrado por el río de la cotidianeidad, para además procurar la refinada reflexión de nuestras vastas mentes a galimatías inútiles y tareas triviales.    Probablemente no sea necesario acudir a clichés ni difamar a locales de moda para perorar sobre la voracidad, nacida cual pájaro de fuego que a cada exhalación arrasa las inmediaciones y contagia su fuego eterno y secular.                                                                                                                                 
En la misma habitación que antes, Ludiko, con los ojos cerrados, tarareaba una canción conocida. Cuando llegó al estribillo cogió más aire y lo retuvo, confiriéndole  a su rostro un aspecto más grave e inquietante. Era la piel de una bestia en apariencia dormida, tersa y sin arrugas. Sus ojos, negros y pequeños, inspeccionaban los primeros botones de mi camisa cuando me senté enfrente. -         ¿ Dónde está el cuerpo, Ludi?- Le pregunté con voz queda y conciliadora Estiró el cuello hacia atrás expulsando el aire viciado mientras movía de arriba abajo su quebrada nuez, proponiéndome una idea igual de repugnante que probable. La saliva caía de sus comisuras igual que un cuerpo comatoso y agonizante, y reía, reía entonces con furia para hacerme fingir y aparentar no tener miedo.  Su dedo índice finalmente indicó sutilmente su estómago y el horror se apoderó de cada poro de mi cuerpo. De repente, un estruendo sonó en todo el edificio haciendo vibrar la mesa metálica. El fluorescente se apagó y la risotada se perdió en la oscuridad. La humedad se había hecho tangible y la exigua habitación parecía menguar aceleradamente. Podía distinguir el sonido de las esposas recreando un bucle en su azaroso movimiento. Intenté mantener la calma, pero el incesante traqueteo no cesaba. En mi cabeza se atropellaban imágenes siniestras y la posibilidad de no salir de allí. Grité pero nadie respondía al otro lado del cristal, las llaves las tenía mi compañero. Aporreé la puerta sin resultado. Apoyé la cabeza contra la puerta, exhausto, impregnándola de desesperación. Las esposas ya no emitían ningún ruido.   Volvió la luz igual que se había ido, y miré por debajo de mi brazo. Ludiko seguía allí con una sonrisa diabólica y las manos liberadas. Se acercó el monstruo arrastrando mecánicamente  sus pies mientras las manos iban de lado a lado, inertes. Me sostuve con fuerza al tirador de la puerta concediéndome a mi inexorable destino con resignación. De su mirada impía deduje que ya no habría tiempo sino de aguantar la presión de sus estilizados dedos desgarrando mi cuello.   Instantes antes de perder el conocimiento, justo cuando las fauces de la criatura se entreabrieron, pude reconocer a la víctima suplicando en su interior. Sus ojos llenos de pánico me resultaron extrañamente familiares, y  entre la deserción de alusiones recordé los veranos al sol y la casa con piscina. También apareció en una neblina insondable el bueno y fiel Ludiko, nuestro cocinero, tan hacendoso y siempre dispuesto a probar el primer bocado antes de servirlo a la mesa.
HAMBRE
Autor: javier castillo esteban  168 Lecturas
Mientras miraba por la ventana ella miraba al techo, postrada sobre arrugas de hacía semanas. Olía a hierba recién cortada y a lo lejos un perro vacilaba antes de atravesar el asfalto. Caminaba sin saber a dónde, así que pensé en abrir la puerta de casa y ofrecerle algo que echarse a la boca. No tenía mal aspecto, y parecía bien alimentado. Empero, un bocado caliente hubiera reafirmado su seguridad basada en los asuntos que debía emprender, o dejar de hacer. Tenía un pelaje marrón, tan liso que deducía la fragilidad de su carácter y la débil resistencia al maltrato, su hocico sin embargo reunía las mayores costras que había visto jamás. De repente,sobresaltado,me giré al escuchar un gruñido terrible detrás de mi. Era ella la que, poseída por la rabia, quería disuadirme de acoger al perro.Cuando me volví de nuevo el perro ya no estaba y la luna se hallaba más baja.
PERROS
Autor: javier castillo esteban  149 Lecturas
El poema más sencillo se compone de nosotros, de la sempiterna habilidad en embrollarnos con palabras que desembocan en una catarata interminable de adjetivos. Adjetivos que, bien descritos, acuñarán más de una nueva expresión a nuestro carácter renombrado. Es por esto que prefiero, entre todos, los renglones torcidos y sin rima, solitarios, bebidos y drogados de nuestra execrable sustancia, embrutecidos... Sólo actuar de este modo nos elevará más alto que la sabihonda pluma que todo lo quiere adornar vilmente. Imágenes para recordarlágrimas para llorarlágrimas para reír caer para vencerpelo para mirarojos para mirarojos para evitarmanos para tocar tocar para saber personas para amaramar para sufrirsufrir para vivir 
Imagen
Ella
Autor: javier castillo esteban  158 Lecturas
LA MULA"!Qué fácil fue otras veces!, pero su cuarteado hocico en un día como el 31 crepitaba lastimero.Cuando llegamos, la Lola me dio su adios. No era un adios convencional pero era el suyo, sin duda a la altura de los incomparables adioses a los que era extraño. Eran las dos de la tarde en S. y la brisa se colaba entre los irreductibles muros de hormigón que vestían el nuevo polideportivo. En la calle, el sol impertérrito se apoderaba de las aceras y desgarraba las sombras convirtiéndolas en luz.Todo era luz en la tarde gris, hedor a recuerdos sumergidos y alcoholes de inopinado vacío . América era un destino ignoto para mis ininteligibles sentimientos que se aferraban a la tozudez del que vive y muere en un pueblo.Compungida, tiraba una vez más de mi brazo, pero mis articulaciones inermes solo querían refugiarse de la gratitud del verano, sudar el futuro en la sombra de aquella mole y olvidarse de articular. Quería exprimir los últimos resquicios de nuestro paso por S., grabar el lugar en un espacio de obligado regresoCuando volvió a acercarse a mí, ya había desaparecido. "
la mula
Autor: javier castillo esteban  151 Lecturas
CINE PARA DOSUna garrapata irrumpió en la máquina de hacer palomitas cuando el niño pidió su cucurucho. La muchedumbre comenzó a arremolinarse en derredor dando pasos cortos y contemplando la escena. La alimaña devoraba el contenido de la máquina al tiempo que repasaba de soslayo la amalgama de ojos fijos en su abdomen La visión se deshizo tras caer una montaña de palomitas sobre el bicho. El montículo se erigía mudo y desolador ante la impresión de los no convocados. Creyóse entonces segura, sepultada como estaba por la sal y el viscoso aceite que se impregnaba por doquier.A escasos metros del acontecimiento un señor ataviado con un sobretodo y un ridículo sombrero se acercó y consoló al niño, pues las lágrimas comenzaron a brotar, irreprimibles, de aquellas dos pupilas sinceras.Le preguntó el hombre acerca de su aflicción y éste le habló de la muerte con una pena inefable.-¡Pero si es solo una garrapata!-Espetó el extrañoEl niño, que apenas alcanzaba las rodillas de su benefactor, respondió que el cine era la experiencia más increíble que su padre conocía. Detrás del cristal apareció, entre las ruinas de maíz, el vientre hinchado del arácnido y el imperceptible guiño que el niño había reconocido.
AGUACERO     02 de febrero Quiero cambiar. Lo he decidido al ver a un tipo esperpéntico en la solapa de un best seller. Me parto de risa con estos libros basados en personajes cotidianos y sonrientes, que quieren decir: “Es fácil, pero no todo el mundo vale”. Seguramente por este motivo y por su repugnante peinado, he ideado algo parecido a un diario, intentando detallar los pormenores de un personaje que no difiere de alguien cotidiano. Supongo que es más “fácil” reconocernos en vidas mediocres que sorben café en presentaciones, que en epopeyas escandalosas. Creo en verdad que sería mucho más estimulante y provechosa una entrevista entre borrachos que exudara la gloria y las bajezas del escritor, las nubes y los claros de una oda al ingenio, porque realmente no todo el mundo vale… En cualquier caso, no creo en mi mediocridad pero sí en el día a día, y también en el día siguiente, espantosamente parecido al anterior. Ahora, sin embargo, nace de mis entrañas un pájaro con las garras afiladas transportando un bulto viscoso que hará estallar nuestra aflicción de un momento a otro. Se detiene en lo alto y mira de soslayo a las cabezas que caminan sin par, solitarios viandantes del bucle.  03 de febrero He soñado algo realmente extraño. Un payaso era proyectado hacia el cielo con su prominente nariz brillando, marcaba una dirección constante, sin perder altura,  hasta perderse en la oscuridad. El público se ha quedado absorto con las palmas de sus manos (izquierdas y derechas) por encima de las cejas, como un tejadillo para la luz de las estrellas. Al poco rato ha descendido y se ha quedado clavado en la tierra mientras padre, madre, hermanos y el resto de la caterva circense tiraba de sus piernas. La situación era ridículamente graciosa, y recalco lo de extraña por las miradas inquisitivas puestas en mi nariz, que paulatinamente se hacía más grande a medida que el cuerpo del payaso era extraído de la tierra. 04 de febrero Intentaré no cenar demasiado, me desvelo empapado en mitad de la noche, retorcido  por la pantagruélica cita con la comida de táper. Bien sabe mi estómago que no es fácil empresa, ya que la ansiedad de estos últimos días me lleva a comerme a mí mismo con tal de no pensar y regocijarme en el dolor. He dejado a mi novia y después de unos días de aparente sosiego y espíritu limpio, me cago en mi decisión precipitada y tardía. Tengo cierta afición en prolongar una situación tediosa, y acto seguido romper la relación por la vía rápida, de cuajo, como corta el cuchillo la mantequilla dura y apelmazada, como si el tiempo transcurrido hubiera sido un segundo respecto a la estepa de nuestra existencia. Ahora le echo de menos más que antes y tengo una fijación enfermiza por tener sexo sin alma, raciones de carne dispuestas a la penetración sin resquemor, gemidos distinguidos entre la maraña de remedios silenciosos sobre hogares muertos. Ella me hace jurarle que habrá más cosas, sesiones de cine insoportable y alguna que otra cena tensa por no saber de qué despachar. Me engaño a mi mismo, y con ello le hago un daño invisible, que cercena los escasos hilos que nos unen. En el fondo me da lástima la conclusión de este capítulo, ya que Sandra ha sido el contrapunto al resto de noviazgos que he tenido, un contrapunto quizá demasiado polarizado. 07 de febrero El fin de semana ha sido magnífico, un día de vacaciones dilapidado en la cama y dos días de voluntariado en casa merced al vacío creciente que ha dejado la separación. Ha nevado y sin embargo el manto blanco no hace sino evocar la sensación de cristal opaco que delimita el bienestar de la amargura. Los copos han cesado su aterrizaje masivo tejiendo una enorme telaraña que expande una vista hiriente del horizonte, simulando los montes nevados baluartes de nuestra prisión. Leo un poco del extranjero de Camus, mientras mis párpados se cierran con el desabrido destino de su protagonista en mente, las imparables fuerzas del destino que nos conducen a parajes inhóspitos, paraísos terrenales sin esperanza. …El mismo día… Trabajo, trabajo y más trabajo… Llego  a la oficina y veo esa montaña de papeles acechándome, entonces me imagino a un leñador canadiense que a hurtadillas y por puro hedonismo aniquila árboles sin tregua, mientras ríe  como un descosido. Después se enciende un pitillo, aun cuando su pecho oscila violentamente, me mira y me guiña un ojo, mi cuerpo tiembla en una mezcla de rabia y profunda melancolía. Este sentimiento persiste al abrir el correo y un tono agudo, parecido a un timbre recorre los pabellones de mi oreja límpida y solícita, presta a escuchar las majaderías de decenas de cazurros. En sí mi puesto no me disgusta, es cómodo y no requiere una comprensión excesiva de las diversas áreas. Al principio por supuesto estaba que echaba humo, me salió un sarpullido por toda la cara y vivía el resto de mi tiempo libre acordándome de tal contrato, y de una gestión a medias. He aprendido a desconectar tanto dentro como fuera de mi labor administrativa, ahora solo me dedico a escribir cosas que mi cerebro distorsiona a menudo, relatos, poesía y excreciones como ésta. Escribo en una web autodefinida como un espacio de expresión literaria, un lugar para compartir tus escritos y recibir asimismo críticas y elogios. Me siento orgulloso de haber creado una pequeña secta de fans de mi obra, al igual que una serie de amantes en silencio que admito que no me escriben gracias a la pintoresca envidia que pulula por allí. No os llaméis a engaño, tampoco creo que lo que escriba sea ni mucho menos de calidad, pero desde luego no es peor que la mierda que escupen algunos mequetrefes. No abundo ya en fallos de estilo ni gramaticales, incluso ortográficos, sino de monerías sin sentido, más dignas de facebook que de un aspirante a escritor. Quizá me esté metiendo en un jardín ajeno, como un perro con los ojos inyectados en sangre, pero jamás toleraría cosas así: “él me ha escrito, y jo, no parece muy inteligente, pero tiene un culo… Ahora me está mirando y sus ojos brillan como los míos, pero espera, cómo sé que mis ojos brillan?, acaso estoy llorando… ¡oh, creo que lo amo!” Sería podridamente condescendiente si dijera que tengo que relamer el vómito de las comisuras para no romper en un reguero de los garbanzos de ayer. Voy a ser razonable y empático lo prometo, haré el esfuerzo por entender a la gilipollas que escribe esto, y únicamente le escribiré “es horrible” en el espacio para las valoraciones. 8 de febrero Copio una entrada que he leído recientemente en facebook: “ETA ha matado a casi un millar de personas si contamos las víctimas mortales y las colaterales. Colateral es una palabra violada en este caso y sin música. En muchos recodos no lejos de P. se ha matado en nombre de la libertad y la lucha de un pueblo oprimido, y cuando se ha hecho el “jurado popular” ha fallado en contra de las víctimas. Se ha argumentado: “algo habrá hecho”. Detesto la frase, pues no puede ser más gratuita y comodona, tan aposentada en los divanes de la indiferencia y tan al margen de la realidad. Anhelamos ser ciegos con tal de no fragmentar la belleza incólume de la ignorancia, alimentando miserablemente castillos sobre nubes jabonosas. … Algo me hace pensar en Víctor irremediablemente Víctor es alguien vacío, formado de números y de información, mobiliario inútil y desvencijado que ocupa parte del espacio reservado al pensamiento y a la reflexión. Las personas que lo conocen  rehuyen de su compañía. Lo creen pueril y homosexual, aunque esta segunda faceta de su personalidad subyace del primer calificativo, ya que prefieren reírse detrás de su conciencia a manifestarle que es un maricón. Sin embargo, pese a su vacuidad, me parece un tio fenomenal, y creo más bien que la apariencia de pánfilo que transmite se reduce a una ingenuidad vital que lo mantiene erguido. Alguien bien distinto es Carlos, el cabronazo de mi mejor amigo, obsesionado con cambiar el rumbo de su vida, despabilarse y no vivir de acuerdo a los demás, tener un criterio propio en las tareas más básicas. Lo miro mientras no calla y su flequillo años 60 ondea al viento. Cómo le gusta a Carlos graznar de las carencias de casa! Me troncho de la frialdad con la que busca gresca en cualquier ocasión, ya sea con Víctor o conmigo, haciendo de sus peroratas la pluma que nos cosquillea hasta enzarzarnos en la violencia de los silencios, en esa tensión que supura lentamente los estragos de la impotencia. Entonces  pienso en la bonita y frenética imagen de mi puño devastando su cabeza. Luego han de llegar las disculpas y las muecas santurronas, el tímido reconocimiento de la culpa y el sincero y cálido abrazo.  Así somos, unos bichos orondos y aventajados, del mismo brillo de la lata de garbanzos deglutidos, los hermanos exangües e inseparables que se rajan la cara con el viento aterrador de P. No me perdonaría añadir una palabra más sobre Víctor puesto que ni mi desarrollo personal ha fructificado en sus raíces ni soy capaz de catapultar conclusiones tan agudas y detenidas como las de Carlos. Yo más bien  lo encuadraría dentro del sinfín de entes pragmáticos que bucean en el fango diario, un funcionario del estado mayor, casado, con dos hijos y una fulana cerca de los cincuenta que le ayude a superar los baches  9 de febrero “Algo habrá hecho”, odio reconocer tópicos, pero ahora me doy cuenta de la huida de sandalias partidas de Egipto, del efecto aciago de los individuos sin pasión, y de la repulsa de los hombres hacia los que vulgarizan nuestras vidas Mis padres me preguntan por Sandra, no sé muy bien qué decirles, ni qué decirme a mí mismo. Estaré engañándome con esta pantomima, pero lo cierto es que el polvo que hemos echado hoy no ha tenido desperdicio. Realmente habíamos quedado para eso, le he recogido a la altura de de la calle C. con T. y le he invitado cortésmente a subir a la oficina para que me enseñara la nueva falda de tubo negra que se había comprado en una tienda asquerosa. En defensa de este concurrido tugurio diré que ofrece unas mujeres igual de cachondas que estrafalarias y eso me excita sobremanera. Ha bajado a por condones y se ha quedado el cambio, algo que no es de extrañar a estas alturas. Al llamar a la puerta, tenía una erección que incluso me sonrojaba. Desde la sala de reuniones he visto una persiana que descendía como una serpiente hasta la maceta del alféizar, dejándola entornada. De no haber trabajado varios años en el centro y en concreto en ese viejo edificio, habría sido más espontáneo y menos paranoico, pero finalmente he decidido arrastrarla hasta el baño. Su  redondo culo blanco asomaba debajo de la falda al tiempo que apoyaba su mano izquierda sobre el gotelé de la pared, me penetraba ella más que yo, así que toda mi atención se prestaba al movimiento pendular de su cadera. Sentado en la taza del váter, con el rostro agonizante, observaba la luz mortecina de media tarde a través del cristal translúcido que da al patio. Un dolor punzante en la sien  vaticinaba los segundos mortales en que a duras penas nos subiéramos los pantalones y nos enfrentáramos al pasado. 10 de febrero Busco algo que turbe esta paz, un asesinato o un demente quemando el bosque, un móvil capaz de despertarme de este letargo que me está consumiendo. Si sigo un segundo más en casa dormiré, pero no de cansancio sino del vertiginoso debilitamiento de los músculos. No vivo mal en casa, mis padres me quieren y me cuidan, me protegen al punto de convertirme en idiota. No les culpo en cualquier caso, mi carácter es bastante proclive a dejarme rodear por los brazos de la comprensión y el afecto prolongado sin límites, un infinito espacio al gozo. Mis amigos convienen en que debería independizarme y sacarme las castañas del fuego, y no discrepo en absoluto, quizá de esta manera comenzase a evolucionar, encontrando el ajetreo necesario para respirar sin agujeros.  Ahora estoy ahorrando y posiblemente la astucia del metal y el papel con su inherente sabiduría consigan levitar mi culo del sofá para dedicarme a escribir, el motor de mi existencia y lo mejor que sé hacer. Escribiría sobre Sígor, un loco vecino amigo mío que viajó a las antípodas para encontrar a la mujer de su vida, alguna melenuda que casara con sus ideales, otra desviada sin escrúpulos que destrozara su esternón a fin de arrancarle  los pulmones y comérselos. Él entiende así el amor, corresponde a las mujeres con su autodestructivo corazón que ama más que reflexiona, vuelca su ser a otro ser que ingiera la delicadeza de sus “cuidados”. Su casa, enclavada en el frontón del pueblo, dista unos 200 metros de la mía y compartimos casi todos los placeres que pueden demandar dos jóvenes de 26 años. Juntos vamos a alentar al equipo de casa, asimilamos el fútbol como otra demanda ineludible de la materia, bebemos cual animales y discurrimos con el café postrero acerca de las cazas nocturnas de mujeres con el badajo blindado. Fútbol y sexo, sexo y fútbol, sumas que no alteran el producto, una consecuencia ávida de las causas que lo crían. A veces pienso que las mujeres lo son todo para él, un constante flujo de movimientos desordenados para un cerebro con TDA. Trabajador y buena gente, residuo de las ensoñaciones de viajar y regresar, el bendito estímulo que justifica la insoportable paz reinante. 12 de febrero Me he comprado una bici de carretera para dejar de pensar en ella. Cuánto sufro sin su inadvertida presencia… Ha suplicado entre lágrimas que no quiere más sexo sin lugar para otras cosas, necesita ese grado de afecto ocupado en paliar el goteo incesante sobre sus pómulos. Me duele a mí también no poder ofrecer lo que ella quiere, pero desde ayer siento el deseo de seguir concretando citas, saboreando la práctica del presente. No pido empezar desde 0, sería horrible tener que asistir al derrocamiento de mi fe y mi alegría, solo apurar las horas que restan con ella, estirar el dulce esbozo de su sonrisa, tendiendo un puente hasta la mía. Tumbado en la cama he evocado el color amoratado de sus manos, presas del duro invierno, mis manos envolvían el perentorio efecto de la delicadeza, sutil y despiadada, vocalizando las diferencias de mi piel frente a la suya. 13 de febrero He rodado más de 60 Km. montado en la trotona, así la he llamado. Creía morirme a los 20 minutos, frustrado por mi nefasta condición física, pero sin duda los constructores de esta preciosidad se acordaron de los catetos con pretensiones de subir puertos, y por alguna extraña razón a los 14 Km. la rueda devoraba el asfalto. Con todo, algo debió de  escapar al entendimiento de las almas compasivas, pues a los 20 km el plato más grande ya no engranaba, y las piernas pataleaban al aire en los descensos más acusados. He seguido la ruta hacia el pirineo sin detenerme un instante, la blancura anegaba los campos confiriéndoles una asistencia espectral, mientras un cielo límpido hacía florecer las coronas a lo lejos, cuesta arriba, cuesta abajo mi cabeza se ladeaba acompasando la postura encorvada de mi espalda.  En el promontorio de U.V he parado a descansar y a echar un trago en vano, pues la fuente estaba congelada y no tenía ni un euro en el bolsillo, eran las doce y el sol se acercaba sin ruido reverberando sobre la nieve incólume. Una tablilla descansaba sobre el cartel que despide el pueblo, escoltada por un exuberante ramo de claveles blancos y amarillos, el grabado rezaba: Nuestro patrón de personalidad, por lo menos el mío, nada lo derrumba, solo Dios. Este renglón y el frescor de la mañana me han llevado a terrenos hollados por las creencias, de la mano de seres que deambulan por el mundo con la estrella, tan brillante y liviana, que quiebra su existir en el lugar más tranquilo y anhelado. Qué grato sería ahogarse en las profundidades de la literatura, del mismo modo que el ciclista pereció en aquella curva que tantas veces lo había engatusando con la gracilidad y el embrujo de su serpenteo. Confundimos dicha y destino, y aunque creo en el valor intrínseco de cada término, no se me ocurriría desligarlos. Dicha tiene una connotación positiva, y lo asumimos como tal, pero el destino lo empleamos libremente para hacer consecuencia de nuestros actos, si algo se da de fábula es un destino bueno, si algo cae de bruces, es mi destino el que me conduce a este aciago final.  Así, el ciclista prefirió los ríos de sangre que la cama de diamantes, y el destino fue la dicha que se tornó en su destino. ¿Fue un destino bueno, fue un destino malo? Lo desconozco y no soy quién para juzgar a un cadáver, pero lo que sí está claro es que fue su destino, y una piedra sepulta ahora sus vivencias, echando un cerrojo a la verdad que lo condujo a rodar en libertad. En todo caso, ¡qué  difusa es la línea que manejamos para justificar el peso de la  balanza o la dirección de la pelota que, o bien cruza la red, o anida timorata en nuestro campo…! Se terminaba la carretera hasta donde podía distinguir, pues las señales azules indicaban el paso por la autovía. Es curioso porque recibía pitadas de algún que otro coche y me ha parecido realmente increíble el afán que tiene la gente en N. con las bicicletas, se conoce que Induráin perdura en el recuerdo de muchos, entre los que me incluyo. Llegando a P. las piernas me empezaban a flaquear y mi garganta árida comenzaba a suplicar agua, cuando un aldeano con su camisa de manga corta desabrochada, pantalón de pana y zapatillas de felpa, se ha presentado haciendo ostensibles aspavientos con su manita y exhibiendo su voz fina y aterciopelada. En pocas palabras me ha informado que la autovía era para los coches, o eso he deducido porque al hombre le restaban tres dientes amarillos y hablaba más con el pulmón que con la boca. Rápidamente he levantado la bici y la he tirado al otro lado de la valla, el hombre estirando sus dos manzanas me ofrecía su calor desde el suelo, me he santiguado antes, y  así, me he lanzado encima del bárbaro fundiéndonos en un tétrico abrazo.  Me miraba con unos ojos henchidos de vicio aceitoso, rezumaban los poros del pecho amor a cero grados, y antes de que me invitase a visitar su choza junto a la autovía me he largado despavorido pedaleando a con todas mis fuerzas. Ya en la distancia el grito de “guapo” retumbaba en mis sienes y apretaba con violencia los dientes por no girarme y meterle el manillar por el culo. Me sentía ultrajado y me compadecía de las pobres ovejas que por allí pacen a escondidas del degenerado. 19 de febrero Sirven las escuelas para desamueblarnos la cabeza, sino fundamenten las dificultades en decidir, en el sufrimiento padecido al salir de la burbuja… Supuestamente es el impulso para incentivar la postura reflexiva de directrices y el conocimiento. Sin duda nos apremian, pero siempre de la mano, recibiendo un apretón al patinar de medio lado. Así nuestro cerebro asocia rápidamente para qué servimos y para lo que somos unos auténticos zoquetes.  Gracias a esta inestimable ayuda estudiamos carreras soporíferas y tremendamente útiles que confieren el pragmatismo y las ganas de ser un señor anticipado, otro vulgar hombretón que respeta los pasos de cebra y se queja de sus suegros en el trayecto a la casa de éstos, donde el tonto del culo de suegro soltará los rigurosos exabruptos por llegar tarde a comer, o cuestionará la mala educación del hijo trasto. Será que mis pensamientos sabiamente han escapado del fluido de las relaciones duraderas y comprometidas, será Sandra y sus circunstancias las que me atemorizaban cada noche creyéndome en una balsa existencial, en un transitar sin marejada, abatido por la lucidez del confort y de la podredumbre que resquebraja el dominio del crecimiento. Será, será… arremolinadas en esta sarta de pensamientos aparecen unas letras de otro siglo, no recuerdo de quien: Será que mi vida se la traga este momento y que desespero buscándolo para no soñar más, empapado de realidad y de tormento, de caricias extraviadas. Mi rumbo peregrino algún ladrón me lo ha robado , por eso me enredo a menudo en los zurcidos de otro tiempo, asido a la sonrisa eterna que blandía por las calles el señor de barlovento. 20 de febrero He pasado varios días fuera, Carlos se las ingenió para remolcarme y pasearme como un guiñapo por el pirineo. Insistió en que fuera a esquiar con él, tratando de envolverme con sus capciosos argumentos acerca de los innumerables beneficios de este deporte. Al principio, cabezón y orgulloso como yo sólo sé, me negué puesto que aún me dolían las hostias de cuando era un crío y al jefe de estudios del colegio se le ocurrió la magnífica idea de llevarnos al pirineo a desarrollar la faceta comunicativa entre los alumnos. Yo ya tenía 12 años, mis amigos y mi equipo de balonmano, no necesitaba romperme los dientes para demostrar a mis padres que, además de estúpido, era sociable . Tampoco entendí el hecho de llevar bolsas de basura a casa de la visita al punto limpio con motivo de estimular el reciclaje entre los nuestros en vez de usarlas para recoger las mierdas de mi perro. ¿Alguien se ha parado a pensar en la actitud de los policías multones si nuestros perros nos recogieran las mierdas al cagar con una bolsita de plástico?  No creo que premiasen a los perros por su civismo sino más bien nos sacudirían un porrazo merced al escandalazo. Entonces, ¿qué es civismo? ¿Es que nadie vela por la impudicia de los perros? En fin, supongo que este es otro asunto del que nadie me ha sabido dar respuesta, ni siquiera mi profesor de ciencias que me plantó un 0 atlético, pero ahora no viene al caso… Llevamos su coche para eludir la simpatía de la provincia limítrofe hacia el equipo de P., ( en la última ocasión me rompieron la luna trasera gracias al tamaño de la pegatina). Verdaderamente es más sensato así y menos excitante, últimamente mido mi integridad con el mismo rasero que mi demencia, y quizá sea el primer punto susceptible de cambio, el paso para distorsionar la pesadumbre del confort. 25 de febrero Las primeras señales de la primavera dejan huella, el despertar es más claro y el ocaso más postrero, el sol comienza a brillar con fuerza y las nubes aglutinan los rayos retenidos para abrirse paso. La inestabilidad propia de esta época me azota los sentidos, haciéndome más partícipe de lo que escribo y medito. Confío en estos papeles, de la misma manera que siempre me lo recuerda Carlos, él siempre me provoca intencionadamente para que continúe con el trabajo forzoso de la obra,  para evitar que el sueño flote en agua de borrajas y se plasme definitivamente en su forma final, ausente de remilgos y prefacios. Las opiniones de quienes mejor nos conocen no son siempre, o más bien nunca, plato de gusto, pero no por ello dejan de contener el arraigo más objetivo de un mismo, depuradas sentencias que desligan la mancha del agua radiante.  Los padres aportan por otro lado el apoyo y la duda inherente, con el aviso constante del éxito efímero, convocándonos a una nueva sesión de nuestros arrebatos pasados y despojándonos de pájaros tan bellos y ufanos como irreales.  También yo aporto al respecto la sumisión inmerecida de la edad temprana, correspondiendo con “tenéis razón”… Pero en esta ocasión será diferente, invertiré, malgastaré y me consumiré, apurando el valor que conciba mi reino estomacal sobre los restos, me nutriré de los deseos profundamente sedimentados y probaré el placer de convertirme en la mirada que devora a mujeres bien alimentadas, a culos despampanantes y a protuberancias desconocidas, esta vez me ahogaré en los recodos de lo incierto a fin de extasiarme, sólo extasiarme.           RODERO
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 Para ti mi don para ti la primaverao cualquier estaciónenredada y sinceraPara ti los versosPara mi el recitar buscando entre los más bellosno encontré el lugarPara ti la luzPara mi el ocasovestido con la cruztu nombre fue descanso
Sentí que volaba, que nada me haría daño. No necesitaba dormir porque el tiempo que transcurría en estado de coma, lo perdía en imaginarme contigo, cogidos de la mano, elevándonos más allá de donde podíamos tener fe. La prueba de un amor que era tan obvio como las ganas de besarnos, pero tan tímido que hacía gracia. La suavidad de tus labios no fue comparable a cualquier otro contacto con lo divino. Así, los caminos inciertos que nos encontraron fueron siempre resultado de nuestros deseos latentes, por tanto libres y no condicionados a tener que fingir.
  Mis labios enmudecen cuando mi sino atiende  inquieto, retozando frente a vuestra tez presto a la venganza de no evocarte en su desnudez desaliñadaacude frágil y decidido a tu visitadespreocupadamente bella  La pericia he ido perdiendo, de no escribir quizá,sumido en intrincadas cuestionesque no hallarán veredamas soy recalcitrante, letárgico intérprete de certezasafincado bajo el relente donde el grillo escucha cantar a la noche,y en cuyo silencio inspirador he vuelto a vislumbrarte  Cómo, sin saberlo, de ausencia he despertado  cavilando la forma de cosernossobre cada tarde fría y lluviosa hemos prevalecido ante los anhelos pues ya es verdad que te sientoarrebujada contra mi, encogido por tu aliento.   
En el trayecto de tu ojo, cándido y lloroso, encontré un lugar para sentir Henchido de placeres que tornan la piel rugosa Creí desaparecer engullido por las fauces del mar Inserto desde siempre en el cielo límpido de tus albas madrugadoras Confiado de brumas e impresiones confusas   Descubrí que juntos éramos menos sinceros que despiertos Aun cuando evocábamos marginales veredas sin nosotros Por ello, desmantelados los sentimientos, he comprendido mi cabeza vacía, sin afectos Vuelta una alimaña carente de obligadas tareas   Y así, propuesto a recuperarme, te he dibujado con sangre, Con el verso exprimido de enjuagues infinitos Para desvariar en cuentos de ensueño, despojados de aceras sin linde Fusionando nuestros vientres en la rosaleda multicolor Que destila labios con sabor a primavera,   Tú y yo, caricia pretenciosa y gratitud baldía Sol negruzco y azabache divino Dos tallos sin cortar, prestos a olvidarse 
POEMA
Autor: javier castillo esteban  190 Lecturas
Dos individuos con aspecto deplorable salieron de la estación asiendo una cesta de mimbre, casi tocándose con los dedos. En ese instante, desde la otra acera, la señora presenció la imagen, intuyendo un grotesco desenlace. Levantaron sus ojos hasta alcanzar los de la señora, protegidos y escoltados por sus inquietas y pobladas cejas. La señora se giró, y tomó su paraguas encañonando al cielo gris de la noche madrileña .Los destellos de los coches sorteaban a la mujer que, acuciada por el suceso, acelaraba el paso sin detenerse. Acercóse al portal y miró en derredor ante la impertérrita contemplación de la oscuridad, las copas de los árboles se erigían como reflejo de los escasos faroles que circundaban el parque. Sacó la llave y penetró en el portal Al encender el interruptor tropezó bruscamente, alarmada por su propio llanto. Su espalda resbalaba sobre los marcos de la puerta traslúcida y las piernas lentamente cedían ante el peso de la visión. La hocicos de los secuestradores ladraban en dirección a la cesta, pues en ella se hallaba la imagen de los años. El cahorro había vuelto a casa. 
Abrimos los ojos regándolos de plenilunio, los cerramos y hallamos un cielo límpido, significará entonces que brillamos, incoherentemente bellos, en esta marcha por paraísos ignotos  Llenos de literatura, charlamos de quienes más intrépidos vivieron, y así refulge nuestro aura sobre cualquier otra, sabedora de la importancia de un amistad galáctica e infinita, una realidad espiritual compuesta por granos de inconsciencia. Él  ahora nos dirá que tú y que yo no diferimos de actitudes tan honorables como la suya, creyendo que su confuso e inverosímil discurso es capaz de camuflar a la transparente vanidad. Negociaremos en virtud de la elegancia persuasoria, hasta que finalmente claudique, y nos ceda su legado, siendo ahora tú y yo los déspotas del universo. La gravedad del debate se ha invertido y lejos del suelo, sentimos miedo, odio al vendedor de poder que es feliz allí abajo y se comprende libre de unas cadenas taimadas. Ya no necesita soñar con la vida, pues la toca; ni vivir en el cielo, dado que sus ansias nunca fueron las de enraizarse con la carne, sino la de estar a merced suya, en la posición servil de la genuflexión hacia tí y hacia mí
  De tu acceso divino aprendí Que es más grato vivir que esperar Por ello vierto aquí Las rusientes ganas de explorar Con tu pelo enroscado a mi espalda Golpeo una y otra vez sin cesar A la estruendosa aldaba del alma Que una luna más alta quiso tocar Bendita ilusión de nosotros Vistos desde la altura celeste Haciéndonos calculados gestos De la caricia más hiriente Ahora que no estoy muerto, Ahora, quiero llorar Para saciar a mi cuerpo De agostos sin mar
Una de las cosas más bellas en la vida es la amistad. Gracias a ella todavía sonreímos y avanzamos. Se dice que un hombre no lo sería así, de no tener amigos, y lo creo firmemente. Hoy he recibido el regalo con más sentido de los últimos años, de hecho no recuerdo nada similar, ya que a menos de dos meses para emprender un nuevo proyecto, puedo decir que tengo la primera herramienta para pintar esta goleta, guiándola hasta el mar azul y negro.   Generalmente no suelo personalizar mis escritos, y procuro hacer giños con la intención de referirme a las personas de manera más íntima y personal. En este caso haré una excepción, dedicando los renglones a Iker.   Mi compañero, mi confidente, mi amigo. La persona que ha resistido heroicamente  vendavales y  desencuentros , juntos hemos paladeado la felicidad, la risa y también las lágrimas . Por este motivo, y por muchos otros, te regalo yo la tinta, desligando la letra de la intención y volviéndolas a unir por saberte a mi lado cuando gire la cabeza.     la tierra no anhelaba vencerse a tu lado fueron sencillos recuerdos que hoy reverdecen soles cautivos sobre cristales nacarados árboles robustos con la piel resplandeciente
a un amigo
Autor: javier castillo esteban  176 Lecturas
  Doy la tarde a todas aquellas personas que significan para mí lo que la pluma a las buenas historias. Sobre todo, y en particular, a las musas que revolotean convirtiéndose en el sostén y la inspiración cuando la desgana vence al ingenio, y escribir resulta tan tedioso de no haber nada que aportar. El hecho, es que esta vez lo hay, y empezaré, a título de privilegio, encumbrando a las razones diarias que se revierten en regalos inefables con el único fin de avanzar  y prosperar dentro de este jardín espinoso y bello al mismo tiempo. Trataré por tanto de relatar la pequeña y dulce historia sucedida hace unos días: El camino que conducía al promontorio evitaba vislumbrar las escasas esperanzas de volver a verla Ella descansaba, a la sazón, en las tierras flotantes sobre el pueblo, un rincón estable y  anegado de maravillas naturales. Grandes palmeras rodeaban el enorme recinto ubicado sobre la cantera que explotaba los escasos recursos hídricos del valle, tornándolo aún más prohibido e inalcanzable Los llamaban los Andinos, dado su origen meridional. La claridad de su voz y sus sonrosadas mejillas eran de la misma intensidad que el brillo de su poder, y ello fuera seguramente la raíz de las envidias que vagaban sin temor.La gente los tenía por una raza maldita, fruto de las diferencias lógicas de la tierra y los modales, entre la burguesía y unas bestias atoradas en tradiciones arcaicas, pero el quiste de la felicidad  en sus rostros suponía la mayor de las pesadumbres.  Mara era la hija pequeña y el color de la mañana, el período transitorio que discurre desde el nacimiento del sol, al frescor de la ribera estival del arroyo. Madre me reñía por estar como un lobo merodeando con la misión de encontrar su piel estampada en los alrededores.
    Me gustaría ahondar sobre la  particular actuación de los millones de fotógrafos al salir de casa Es curioso, pero pese ser más accesible que nunca viajar, cuando lo hacemos, vemos menos.  Vemos más fotografías eso sí, siempre en compañía de traseros hediondos arrebujados  en los asientos de cafeterías, revisando con avidez la enorme galería de fotos de nuestros teléfono, pero no percibimos las motas de vida flotando a nuestro alrededor   El primer contacto con esta deleznable realidad se produjo en París. Visitábamos el Louvre, y por supuesto nadie se quería peder la mirada inquisitiva y persecutoria de la Gioconda . A mí en sí el cuadro me pareció discretito y seguramente le saqué  muy poco jugo con respecto a los estudiantes de arte, que hablaban con entusiasmo de lo aprendido en el colegio. Lo que sí me llamó poderosamente la atención, fue el semicírculo formado por varias filas de soldados dispuestos a burlar la atención de 4 guardias jurados que escoltaban la obra de arte. Cada flash era una pantomima, supongo que ideada con el fin de mitificar más si cabe a la mona lisa, puesto que si la fotografía procedía del flanco derecho, los 8 ojos emprendían marcha en esa dirección para sustraer la imagen del cuadro mientras que daban un generoso margen al resto de unidades que acribillábamos a la pobre mona lisa. No entiendo cómo esa figura oblonga no destila más sangre que belleza a estas alturas.   En cualquier caso, y sin desviarme del tema, recordé en ese instante después de contemplar durante más de un minuto a aquella mujer, las palabras de un profesor indignado que criticaba la falta de conexión con la realidad, y el poco sabor de una experiencia digital, más que vivida. Cuánta razón tenía!, pero desde entonces han pasado unos cuantos años y el futuro que ahora es presente no es más halagüeño, después de lo visto en la cabalgata de reyes. Estaba apostado en la pared contabilizando el desfile de carrozas chabacanas, o eso me pareció desde un perspectiva en las antípodas de los cientos de rostros embelesados por la ilusión, cuando una mujer que no alcanzaría los 30 años se introdujo a empujones entre la marea. No le importó  en absoluto situarse en primera fila con su novio como guardaespaldas  eclipsando la salida de los reyes a las abuelas allí congregadas con sus nietos, pero lo más ridículo y espantoso, al margen de la imagen de la jirafa que tenía por novio avergonzado al no dejar ver a las filas traseras , fue verle como una descosida sacar fotos sin remedio, unas 50 en la misma posición calculo.   Después del boock , se marchó igual que había venido. La aglomeración se fue dispersando y antes de llegar al coche, en el inicio de la cabalgata una chaval, también muy joven, ensalzó el móvil como el mismísimo excalibur, y comenzó a soltar espadazos ignorante de estar dirigiendo sus embates a la noche estrellada en vez de al suelo
 Al sol Luz de llanto Luz de campo Sol austero que no gasta su grandeza Nos congrega a su encuentro postrero Arrancando los vestigios de una Tarde coqueta Te haces de rogar Esperando que las lagrimas echen a rodar pero aun Resistes sonriendo A la luna de mitad Para ser su sombra cuando brille Para ser su aire cuando huya En los tallos de la hierba Al raso de este valle has vuelto muy contento enrojeciendo las protuberancias de su pecho Para encender su rostro céreo Y convertir estas cenizas en la sal de nuestros cuerpos Las lagrimas han cesado Y ahora el cielo es tu redondez espléndida Tan viva Tan despierta Que ahora lloro yo por tu ausencia 
al sol
Autor: javier castillo esteban  176 Lecturas
  El cielo sigue herido de cuanto te quise,Por eso vistes de rojo, de amor concentrado que nutre mis venas  Has despertado y te has visto teñida del color de las amapolas, Será así como mi corazón te mencionaCoronada por el viento y perdida en el silencio Me estremezco aún al dibujarte desnuda e incrustada en las sábanasSucias ya de tanto mirarte, se han vuelto a mover en señal de recordarte. La cama es ahora una espiral de instantes presentes y lejanosFormando ruido de muebles viejos y desvencijados De crujir de amaneceres envuelto en el denso aroma de tus manos Adoro esas nubes fugitivas que acudían a nuestros llantos,Poblando de tinieblas el lugar dónde nos conocimos Quedábase luego la habitación impregnada de realidad y sol en la cara, Derrochando generosa pereza y melancolía, Sentí por fin el fondo de agua claraAngustiado de regresar al mismo díaSin la palidez de tu blancura Moribundo  revivo aquellas imágenes que se agotan en la memoriaY juegan sin descanso con mi cordura, convirtiendo este soliloquioEn la verdad, mi única e inalterable verdadLa que muere por contarte nuevamente esta historiaLa que aflora cuando extraña soledad.La que huye buscando regocijo
    Fin de año   Sería tremendamente insolente destacar algo de este 2014, ya que  provocaría la envidia y el recelo del resto de circunstancias que han asomado su cuerpo. Por este motivo, he querido ornamentar una serie de árboles que erijan uno mayor, para así aglutinar la apariencia y el dolor, la alegría y la tristeza, y cada una de las emociones que copan esos vacíos insustituibles   Uno de los árboles lo culminaré con las prendas de familia, que utilizan el vestidor privado, junto al gabanero, para arreglar los asuntos en su regazo, siempre con la firme batuta de la ternura.   Otro con las horas de amistad, extrañas al tiempo, y repartidas en noches de palabras y placeres. Teniendo en cuenta la posición de este árbol y para corregir la paulatina postura caída que había adoptado, he colocado dos bolas brillantes y doradas que representan el contrapeso de algunos ineludibles adioses. Ellos se sabrán protagonistas de este árbol.   Al siguiente lo dejaré libre,  pues discurre segregando un halo intermitente En este caso, la  imagen debe seguir tal cual era para refulgir con mayor intensidad y mostrar su autenticidad, a la espera de una nueva partida y de un nuevo regreso.   Otro, dedicado a la paciencia y al amor recogido de mi abrigo en invierno, y mi sol de primavera, al rumor de las olas que circundan su hogar y a la infinita resistencia de carácter.   Otro a mi pluma digital, que no se ha olvidado de navegar con y sin cabeza, atizando contundentemente a la conciencia y a la estupidez, pues somos ambas cosas por igual, aun cuando nos creemos la antítesis de la postura absoluta.   Otro estrechamente ligado al anterior, pero que merece su propio lugar, al tratarse de alguien que me hizo revivir “literalmente” y me ayudó a explotar aquellos tesoros ignotos y escondidos.   Otro a las herramientas de carne y hueso que me ofrecen el sostén  y la confianza necesaria para seguir trabajando. El aprendizaje carece de final a todos los niveles que alcanzo a comprender.   Otro por los proyectos de vida   Otro para el año venidero, alentándolo de cambios que deparen una sonrisa entre los que menos tienen, tanto por dentro como por fuera.   Y otro para ti, querido lector, que alimentas la sublime misión de plasmar lo que no soy capaz de transmitir con la voz.
  Quedose mirando la manzana rebosante, a un paso de estallar y expandir el intenso aroma derretido y evocado con asco. La apariencia noble y robusta cubría el interior decrépito y consumido por las brasas. Pensó en dejar de escribir mientras las palabras se deshacían, apremiando la vejez de una pulpa viscosa, para quedarse sepultadas bajo el tiempo Años después y cuando no había sido de él sino dos relatos superfluos, miró a su madre y atisbó el amor impregnando el plato innombrable y despreciado. La manzana daba vueltas sobre el plato de duralex  con la piel arrugada. Creyó entonces que su interior era dulcísimo y puro, que el calor magnificaba sus facultades y su sabor, y que la piel era el espejo que nunca debió dejar de entender Desde entonces la manzana descansa libre contemplando el oficio del protagonista que alcanzó la gloria aun sabiéndose ocupado por otra vida no menos sincera. El siguiente libro habló de frutas y verduras, del cultivo y el trabajo de la tierra y de su manejo en la cocina y la definitiva presentación del emplatado. Los comensales se sentaron y degustaron la creación acuciados por un hambre terrible. Al terminar los segundos hablaron entre ellos y deliberaron.  La respuesta fue unánime y se convirtió en la mejor lección que ha aprendido: La carta era fea y el plato delicioso   
    Los libros siempre han sido muy injustos con quien los busca, pues los escuchas  hasta la saciedad y desesperas buscando su contenido entre los lugares más remotos.  En uno de estos tugurios penetró nuestro protagonista dando fe de un suceso increíble. El misterioso emisor silenció la reverberante sala con la historia:   Los políticos suplantados por páginas sobadas estudiaban su cuerpo, desarrollando nuevos conceptos gracias a la profusa literatura ingerida. Inyectaron letras comprimidas de opiáceos contemporáneos. Los ojos desorbitados esgrimieron al parecer caminos  anegados de 1917. Esta fase no se alargó demasiado debido a la violenta reacción del paciente, atrapado en el casquillo de  una ak-47.EL clero maldito lo hizo incrédulo,perdiendo  así el sentido de la cirugía, una operación henchida de moral.   En verdad, aquel hombre fue voluntario del macabro experimento inconcluso, donde los científicos aún ansían retomar la herencia de  estos días, recobrando la cultura escondida en el tupido bosque de la ignorancia.  He tenido la ocasión de entrevistar a Pablo Iglesias, después de superar el show,  y me ha comentado someramente, el singular e inédito dossier  que contiene el programa de PODEMOS. Parte del relato muestra el Apocalipsis zombi, y a las palabras supervivientes alimentándose de mentiras, siendo éstas principio y final de sus creadoras. Añade también que, bajo los adoquines, la playa está sepultada  y que el espíritu del 68 sigue latente, quebrando la tierra   El relato toca su fin, ensalzando los delirios del autor y el sueño inevitable que precede al sueño real, sonríe y mira al frente, la coleta serpentea sobre sus hombros como un secuaz sospechosamente pulcro.
Bajé las escaleras agotado y con la corbata desabrochada, después de una noche entre hienas huidizas y rostros insaciables. Para entonces había sacrificado el proyecto aun no habiéndome posicionado, ofrecía constantes esperanzas a fin de quedarme tranquilo y escapar de aquel tormento.   Llegué al sótano, y me sobresalté al ver la puerta del coche abierta, me detuve y estudié el terreno para acercarme sin ser visto. Deje el maletín detrás de una columna, y agachado describí un arco rodeando el objetivo. El coche se movía de arriba abajo dando ligeros botes,  haciendo crujir el chasis del bmw. Reconocí entonces los gemidos ahogados de la asistenta acompasando las sacudidas violentas del controlador del parking Mi pulso aceleró el instante lleno de rabia e incredulidad, me incorporé de un salto y abrí la puerta trasera En el coche no había nadie, y un sobre en blanco se balanceaba al borde del asiento. Lo cogí y en su interior la cara de alguien muy parecido a mí, aunque sin ser yo, sonreía mezquinamente. A pie de página, una nota subrayada decía:   La otra noche estuve aquí, no me hiciste caso, Esta vez has accedido a encontrarme Libérame ahora para no hallarme en el ocaso Sentirás mi aliento al prenderte e iluminarme   (¿Qué sinsentido era ése?)   No le di demasiada importancia, y achaqué el suceso a algún empleado ansioso por poner a prueba los límites de la reunión, y de cambiar su asquerosa rutina   Arranqué el coche y me detuve ante la barrera, pasé la tarjeta por el lector pero no respondía, así que me introduje a hurtadillas en la cabina. Había papeles desordenados encima de la mesa y restos de comida. Retiré los desperdicios para ver el control de mandos, en ese momento guardé la respiración al comprobar la cara de la nota, El gesto era prácticamente idéntico, con alguna salvedad. Revisé cada hueco del habitáculo hasta dar con un botón verde, lo pulsé y la barrera se alzó  lentamente dejando libre el paso.   Me dirigía de nuevo al coche cuando las luces del parking se apagaron, a excepción de las señales que indicaban las salidas de emergencia. Un desagradable chisporroteo provenía de a cabina, los dos monitores de las cámaras seguían encendidos y la pantalla estaba pixelada. El monitor de la izquierda se ennegreció y mostró la difusa imagen de una figura dentro del parking, me acerqué más y vi que apremiaba sus pasos  hacia  la cabina. Tensé mis músculos para defenderme del ataque, cuando se apagaron los dos monitores y la oscuridad se hizo absoluta   El silencio era insoportable y podía escuchar mi respiración antes de manifestarse, el sudor borboteaba en mi frente. Pasaron interminables minutos hasta que me decidí a entrar en el coche y salir. Di el contacto y giré la ruleta.   Las luces de posición mostraban mi cuerpo inerte en el suelo.
    Se acerca la Navidad, en mi caso, un periodo frágil para los sentidos y donde es difícil desligar la felicidad nostálgica de la tristeza, orlada de pérdida y adioses, de rostros y lugares que se han difuminado y confundido con el tiempo.   Me gusta soñar despierto, y aún en ocasiones cuando el viento es favorable mis pensamientos viajan desnudos e inocentes ante los ventanucos del pasado. Me deleito entonces con el pino vestido y el periplo de los reyes que caminan hacia el portal escoltados por manos invisibles, protegiendo las ofrendas al niño En el sueño, el castillo de Herodes escudriña desde las alturas las vastas tierras y a los campesinos subyugados convencidos de que su poder no muere en manos de ningún salvador.   Así transcurren los días de fiesta en mi casa, con la nieve perpetua simulada con un spray y la cenefa que sustenta el colorido del cuadro, mientras los romanos caen una y otra vez de un falso promontorio, dispuesto a la derecha del belén.   A veces pienso que estas sempiternas figuritas de plástico representan algo más que un accesorio devorado por su uso, que denodan sus esfuerzos en pos de transmitirnos las sencillas imágenes que creíamos muertas, sirviéndonos de vasos comunicantes entre el presente y el tiempo perdido.
Trémulo se halla el forastero, que penetra en nuestra casa con miedo a desnudarse y respirar su ignominioso secreto.   He aquí el motivo de escribir y describir, sustentado en los versos primigenios, anfitriones de la renovación de mi pluma, tan vanidosa e inexperta en su ingenio   Esta noche me encomiendo al vasto follaje, despojado de concesiones y halagos insinceros, es momento de enfrentarse a los poetas, ricos y maltrechos   Siento las primeras relaciones, nacidas de embeleso, portadoras de las llamas protectoras de palabras sin respeto.   En privado he descubierto el calor de unos abrazos, el ininterrumpido aliento, el infatigable viento que rachea en el desierto.   Vuelve a clarear… Y En el margen orillado, allá donde escribo, deambula mi verdad, tan triste y olvidada que no quiere ni llorar, pues ni el hecho de estar triste es consuelo   Pero hoy el cielo está despierto, y permite vislumbrar las versiones doradas que proyecta tu pelo al ondear, siendo ésa la única verdad sin remedio.   Desenfundo la estrofa, y aguardo ensangrentado, a cuantos desean ojos ciegos y corazones insensibles, y es que también para ellos fueron los versos y para ellos los escribo   Os doy las gracias, por haber erigido este lugar de ladrillos bien dispuestos y cimientos de bondad, hondo resumen de pasos fugaces sin criterio y certezas sin misterio.   Ahora  enmudecido, corro ante el cobrizo amanecer huyendo cual fugitivo a fin de preservar el ánimo de ayer.  
Una historia bien documentada habla de un ser que vivía en la calle T., cerca de la esquina del abrevadero. Nadie daba fe de su rostro, mas una luz mortecina que se encendía dos veces al día, y las visitas intempestivas de la señora Roy deshacían la ficción.Congregados en la plaza, los ancianos elucubraban acerca de su imagen, como si fuera de verdad lo que sus lenguas viperinas inventaban. El 2 de diciembre, y bajo una intensa nevada, la señora Roy acudió como cada mañana a la casa, enferma y acechante, y sacó los retazos de un papel garabateado soltándolos al viento, con la ventura o la suerte de entrar silbando en mi habitación, mezclándose la revelación con los copos gruesos y esponjosos. Recompuse con celo cada parte del escrito, con las carencias del original, descifrando e interpretando lo más acertadamente posible ciertos renglones:   En ese momento estaba yo fumando en el alto de K. embelesado por el regocijo de una visión prohibida, alentando a que la vieja diera el paso. Ella sin embargo recelosa, repasaba cada palmo del casco mayor sin margen al descubrimiento fortuito en mitad de la tempestad. Finalmente sacó el manojo de llaves de su bolso y abrió la puerta del destartalado edificio para perderse en la negrura del vestíbulo. Las tejas patinaban aleatoriamente, y las grietas de la fachada acompasaban la mala salud de los cimientos. Creíamos todos que más tarde que pronto se derrumbaría el mamotreto, muriendo el misterio consigo, y provocando la vana estampida de víboras removiendo las piedras y contemplando el cuerpo aplastado de aquello con vida.  Esta sería la última oportunidad antes de evaporarme y desaparecer  de aquel inhóspito lugar, del que nada bueno perduraba ya.   A las dos ,una enorme figura se agachaba para no llamar la atención  mientras la vieja posaba las manos sobre un manto gris  de paño ocultando la cabeza y el tronco. No puedo describir el terror que sentí cuando un rabo  asomó por debajo  del escudo improvisado. Los ahogados resoplidos confirmaron la silueta demoníaca que se desplazaba con torpeza, manteniendo el equilibrio con ayuda de su protectora.   He pegado la nota de forma anónima en el tablón del ayuntamiento, esperando la reacción de los vecinos. El experimento puede salirme muy caro, los perros ladran con furia hoy, salivando rabiosos a mi paso. Rosa la panadera no me ha dirigido la palabra, incluso Javier me ha mirado con hostilidad  Los nervios se han esfumado al llegar a casa, creo ser víctima de la sugestión, nada malo rodea mis pesquisas, nadie recuerda haberme visto colocar el cartel. Voy al baño y me miro de frente, tampoco mi piel ha mutado, noto un cosquilleo en la parte posterior de mis rodillas, y respiro aliviado. Mi rabito sigue meciéndose con dulzura.
LA BESTIA
Autor: javier castillo esteban  265 Lecturas
        El otro día escuché que escribir no es trabajar, una ofensa no solo dirigida a mí, sino a todo aquel profesional o enamorado que dedica su vida a ello. De repente me sentí cansado, justo a pocas semanas de comenzar un nuevo viaje ligado estrechamente a este OFICIO.   Mi opinión, aunque merezca ser tildada de insolente, me confirma que cada persona explota sus aptitudes y desarrolla los recursos que posee, sean manidos o escasos, Sin embargo la experiencia se traduce en que nos dejamos olvidado el barro, con la intención de construir de adobe el futuro, creyéndonos ideólogos de la construcción por poner paja sobre paja, prescindiendo de la masa que la une En cualquier caso, la frase caló con posos, y me cuestioné: ¿Será que levantar yunkes es el único trabajo que concebimos digno y productivo, o que las ideas nacieron solas y fluctúan entre la niebla ascendiendo como el globo que perdió aquel niño? Las piezas encajan en este puzzle trasnochado y resulta  tristemente cierto, aun a día de hoy, y en lugares no tan recónditos, hablar de asuntos de hombres y de “cosas” de mujeres al margen de un todo. Heroicidades viriles frente a labores femeninas y abnegadas contradicciones que se camuflan en una atmósfera insostenible.   No hablaré una vez más de sexismo, sino más bien de las exiguas lindes que dispone nuestra mente anquilosada en el buen hacer y en la rectitud de una persona honorable Se me ocurren muchos ejemplos bien cercanos de frases entrecomilladas  “trabajar para ganarse el pan”, “eso son mariconadas…”,“ muchos pájaros en la cabeza…”que han conseguido bloquear nuestra creatividad, abocándonos a caminos sin salida. Pero no se trata de enumerar el  profuso legado de garrote vil que hemos mamado, sino de rebelarse contra las osadas sentencias de quienes nos ningunean y pretenden convertirnos en víctimas del tiempo que nos ha tocado vivir.   Queremos un futuro menos precario, lejos de pucherazos, con menos fútbol, con más verdades, con justicia y menos alardes. Partiendo de estas premisas, habría que ir pensando más en el deber que en los anhelos utópicos de “un mundo feliz”, donde todos nos miremos un poco menos el ombligo y prestemos un ápice de nuestra atención ahí fuera. ¿O sería ésa la verdadera utopía?
Eché una ojeada y la vi rodar sin control, arrastrando las primeras hojas de noviembre. El otoño había llegado tarde y no era costumbre, por ello los castañeros se asaban bajo sus tejadillos metálicos contemplando impertérritos a los paseantes. Para el resto era invisible, sin embargo a mi me sorprendió en el momento más astuto y atento de aquellos días, y podía apreciar el titilante sonido metálico y los pliegues cegadores que describía al circular. Una gigantesca moneda de una sola cara atravesaba calles y  pasos de cebra, cediendo el equilibrio al viento, exhibiendo la corona pero no el importe de su valor. Creí que ése, sin duda, sería el motivo de su paso inadvertido. Al llegar al cruce de m. con j. aminoró la carrera hasta detenerse apostada sobre los contenedores de una callejuela donde los restaurantes despachaban la basura. Llegué con la lengua fuera, presto a volcarme en la entrevista, cuando la inquietud centelleó delante y detrás de la imaginación más romántica y perfecta. Era demasiado tarde para echarme atrás, y ni siquiera la enorme visión de su diámetro consiguió disuadirme. La calle sombría envolvía su silueta dorada y los ecos del día morían a mi espalda, solos nos quedamos ella y yo. Le pregunté quién era exactamente y de donde venía, puesto que nunca antes había visto una moneda de única cara. Me respondió que esa era la manera de distraer a las masas y vivir tranquila rodando y conquistando en sus viajes  el aire embriagador  preñado de inesperados encuentros. También quise interesarme por su familia, si es que había recorrido medio mundo por visitarlos, y ella me contestó que el hecho de que buscara lo inesperado desmontaba la pregunta acerca de sus parientes. Me lamenté por mi torpeza y de repente me sentí profundamente triste y frustrado, entonces la moneda interrumpió mis lamentos, para orientarme hacia el origen.   Señaló el cielo, y en ese instante decenas de diminutos cuerpos dorados brillaron levemente sobre la tierra, planeando como hojas arrancados de un cuento. No era difícil de suponer que nadie más que yo presenciaba el espectáculo, y por ello mi última pregunta fue dirigida en este sentido.  -La respuesta es tuya, en esta acera y en el paso de cebra, en las ventanas de curiosos que ahora te graban hablando solo. Sin embargo, yo he salido de tu bolsillo, y te has preocupado por mi tamaño, más que por la pequeñez de las personas a mi lado. Has conocido mis colmillos, y aunque el oro nos camufle, cada uno de nosotros está destinado a elaborar su atención para evitar que mueran como otros lobos. Disfruta ahora de esta lluvia que parece eterna, mañana el cielo estará nublado.  
LA MONEDA
Autor: javier castillo esteban  179 Lecturas
Amigos virtuales, amigos que no se esconden pese a ocultar su rostro, Se han contado la vida en palabras descuidadas, calculando a ojo el alcance del disparo, cercano a la cabeza. Ya es tarde, y la noche no divaga a la hora de ennegrecerse por completo, despertando ilusiones desprovistas de significado en otro lugar     -Por los pelos… El viento ha pasado como una exhalación, llevándose consigo el soplido de otra confesión -Y tú ¿qué? -Yo… pues… Nací y crecí donde la hoja caía puntual, ubicado en la frente que tanto se retuerce , pero que pocas palabras derrocha -¿Eso es todo? Puedes mucho más! -Sinceramente no, pero prefiero saber más de ti, qué te hizo conocerme sin yo saberlo -Otro tanto a mi favor, por cierto, sigo ganando, faro distraído… de todas formas te creo, pero no estoy segura de la verdad que quiero -¿Tienes algún problema con mi silencio? -Más bien al contrario, dudo de que el silencio se adhiera a tus labios en apariencia tranquilos -Al final has resultado ser tú la suspicaz… -Bueno, quizá tengas razón, pero imagina ahora que lo vivido es un flexo bajo el cual nos escuchamos, y apartados de él, nuestro encuentro se disipa. -Yo lo llamaría fantasear, lo que existe son las letras que nacen del teclado e Internet dispone en tu chat -Demasiado relamido, ¿no crees? -Basta ya! No es sino una conversación extraña que nos quiere enredar -Tú lo has dicho, nos quiere… -Ahora la que noto extraña es a ti   Internet perdió la conexión, y las luces de la casa se apagaron en ese momento.   Fran se llevó la cuchara a la boca regocijándose de su encuentro con la creatividad. Acabó de cenar y revisó el cuadro eléctrico, comprobando que todos los pilotos habían saltado. Los subió, y la casa recuperó la calidez , ignorate de que toda acción tiene sus consecuencias. Las escaleras le condujeron a su cuarto,  al abrir la puerta una mujer apuntaba cada uno de los versos imaginados, robando la historia y escapando fugazmente por la ventana.   Fran no pudo hacer nada y lloraba sin remedio, hablando con su voz, arrepentido de soñar despierto.  
  En la parada de la Escucha todo el mundo reza, dejándose engullir por el espíritu  invisible. Acuden por este espacio las sombras de otras gentes que de tanto esperar sepultaron sus huesos sobre la acera, implorando un trago y un pan. La clemencia de pocos es reservada para las manos más rápidas que arrancan de su benefactor las migajas con apariencia exuberante cuando los clavos restantes son miradas destartaladas. Y así transcurren los días y las noches de aquellos ojos quebradizos y olvidados fluctuando en la misma estación, pendientes del tren rebosante de raíles de hierro y esperanza Entretanto la luna sonríe porque se sabe observada, núcleo incandescente de hormigas desperdigadas. Ella no tiene frío ni miedo, y por eso se cobija a la intemperie ofreciéndose confidente de la oscuridad y los relatos versados de miseria y necesidad, de astucia peligrosa en favor de la supervivencia.
RATAS
Autor: javier castillo esteban  243 Lecturas
Pocas películas transmiten tanto como Forrest Gump. La vida de un hombre apartado de la aceptable sociedad, un extranjero que lejos de interpretar los problemas, actúa desafiante, flotando entre vacuas y desagradecidas recompensas Será Dios algo parecido a Forrest, un corazón abierto, que sangra bondad y tiñe la tierra del mismo sentimiento, mientras nosotros nos encargamos de conferirle un estado negruzco para evitar que refulja demasiado.   La película recrea la abnegación de un ser que en ningún momento se presenta castigado a vivir, que conserva la fuerza de la inocencia sin el peso de lo bueno y lo malo. Vivimos en tercera persona el cruce o atropello de pintorescos personajes desembocando en un cocido de situaciones tristes y desternillantes, siempre bajo la hechizada ojeada del espectador. Escenas que rebobino y me siguen estremeciendo, aunque si pudiera grabar, a golpe de cincel, un sempiterno resumen antes de que ardiera entre mis recuerdos, hablaría del amor incondicional de Forrest hacia una mujer que ha elegido sufrir en los brazos de otros hombres, y la amistad con Buba, su fiel compañero en cuya memoria más tarde compraría un barco de gambas.   Admiro profundamente el polifacético papel de  Tom Hanks, actor relegado por los propios clichés a un estatus envidiable, donde su piel se deshace en forma de niños con cuerpo de hombre, soldados, olvidados, cómicos, tipos corrientes… Quizá por este motivo, mi crítica sea excesivamente sesgada ante el debate de los puristas, cuando quisieron rápidamente poner linde al cine comercial de calidad   Como punto final, y por encima de cualquier rostro visible, destacaría perceptiblemente su  etéreo OPTIMISMO y la encomiable carencia de hechos que lo vanaglorian produciendo humo, un espacio para la verdad del amor prevaleciente delante y detrás de la pantalla.   Se habla, esta vez, del intrínseco casamiento del cine y la literatura, yo sin embargo, matizaría esta relación, separando ambas disciplinas en su virtud y máxima expresión ya que ambas contienen la suficiente sensibilidad para tocarnos el alma y rápidamente  desaparecer para volverlas a encontrar.
    Gracias, por ser el motivo de mis versos, y sobre todo por respetarme y entender al fuego y al hielo Tienes un corazón terriblemente bondadoso, pero a veces siento miedo de no bombear la misma sangre sagrada que hace bultitos en tu sien, y me enreda agasajándome con el oro de la amistad Ambos caminos lejanos, que sin embargo deambulan en paralelo a miles de kilómetros tratando de encontrarse y tocarse, lanzándose puentes arqueados  que estampan su sombra en el cielo. No es mucho, pero la correspondencia la construyo de barro, moldeando estos pretenciosos y ordinarios renglones que aspiran a ser el sostén de tu vida, la gota de felicidad que culmina de verdor y nenúfares morados la alberca donde chapoteas jubilosa.
    Desde tu pelo hasta mi pelo Existe una distancia peligrosa Recortada alegremente hacia la espesura, Tan gruesa como insondable, madre de emociones Oblicuas y llanas, despiertas y escondidas Que se retuercen y abrazan tu piel, a fin de conocerse Expandiendo sus tejidos, encubriendo nubes sin sentido Soy tú y soy yo, cada uno de los dos Y dentro del muro que circunda nuestros claros Como dementes y extraños nos amamos Discurriendo entre fenómenos cotidianos, Impregnados de savia y de corteza seca. Hechos al fin de un pedazo de tierra y otro de aire Un suspiro tenaz que arremete y se despide Cuando todavía arden en la orilla Las ascuas malditas que dejó el viaje.

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