• javier castillo esteban
raskolnikov
" vivir soñando, la vida práctica es un lío" doblev
  • País: España
 
DEMONIZAR LA DESGRACIASería estéril, a ojos de todos, encaramarse a la ingente cantidad de demostraciones que lucen solidarias en un viernes 13. Ya lo sabemos, y es evidente la náusea que nos produce ver una vez más la bandera tricolor con nuestro rostro estampado. Ciertamente deberíamos reflexionar sobre qué está superpuesto, si el propio rostro, o la bandera. De la misma manera, todos conocemos la repulsa que practicamos hacia actitudes hipócritas, menos cuando es la nuestra. Realmente es complicado comulgar con todo lo que se escribe, se dice o se hace. Pero quizá, este último verbo reverbere con mayor intensidad en nuestra conciencia en el momento que estamos sumándonos al carro de las vanidades y la imitación de un Hermano Mayor más vanidoso, si cabe. Hacer no es rehacer, y de hecho deshacemos cuando lo volvemos a hacer. Parece patético aquello que resulta una perogrullada, sin embargo deberíamos analizar las suposiciones más pueriles y sencillas antes de rebotar la “creatividad” de algunos medios/personas con ideas estridentemente geniales.He visto el perfil de una mujer en los años 60 derramar una lágrima, aunque no sé si es de dolor o de conmiseración, pues si Audrey Hepburn ha sido cartel de algo tan descabellado como es la muerte, significa que estamos dignificando la obra a través de un retrato demasiado aplaudido.
Solo quedan mis manos que, al contacto con tu pelo rojo, se vuelvan ceniza. Tu sencillez refulge por la noche y me guía hasta tu pecho. Allí descanso al compás de un rumor entrecortado, interrumpido cuando hablas con lágrimas dilatadas, cuando los pómulos de confesiones se encogen. Quisiera escribir de tí a los demás, pues nace de mi piel la necesidad de exhibirnos juntos, mecidos por el pasado, ora arriba ora abajo, igual que el océano azul y escrutador. Pero solo queda eso...Mis manos enredadas en el fino vello de nuestro reencuentro, tan custodiado que no recuerdo si fue verdad o fue silencio
Si tu desdicha es quererme mi fortuna es no verte Si morir no es para tí vivir lno significa para mí Si aun con todo ríes seré yo en quien confíes Si tu lágrima reluce a mi eterna pena conduce Si me anhelas cerca tendrá sentido que desaparezca Si me extrañas lejos Convendrás en no vernos Si crees en la ambigüedad somos nosotros ,de verdad  
 Quizá una crítica sea más aguda y válida en torno a otro ser igual que tú. La luna será igual de bella para los dos, aunque los matices que resumáis difieran por entero. Granos que flotan en la capa más blanca, que se muestra más rabiosa y pálida a los ojos de otro bandido. La luz se ha ido apagando y no nos hemos enterado, el cielo negro es más negro y solo la pobre sombra artificial perdura con fecha de defunción.Obligados a convivir hemos nacido y también a aguantarnos , por muy lejos que estemos. Porque siempre recordará mi lecho cerca de otro hombre más fornido y menos cabal que yo, más feliz y menos confuso que los dos.
Todavía tengo la cara grabada de un tío que, con gesto displicente, nos ha invitado a apagar el flash del móvil . Pensábamos que la basura espacial se había evaporado con los créditos, pero a la pesadilla todavía le quedaba algún minutito. Los más listos y apresurados apuraban ,hastiados, las últimas estúpidas bromas del corsario sideral y el resto de sus compinches, recostados sobre el pasamanos que da entrada a la sala. Entretanto, los espectadores más recalcitrantes, entre ellos nuestro amigo barbudo,esperaban el último cohete.La bendita claridad de los focos nos ha permitido, por fin, movernos de nuestros ajados asientos y poner rumbo a la tierra.Ya los vaticinios publicitarios nos avisaban, y ya se sabe que el que avisa no es traidor, de que la película era "divertida".Ciertamente no sé qué gracia se puede concluir de quedarte más solo que la una en otro planeta y con remotas posibilidades de regresar. Pues nada, Matt nos demuestra que con un poco de ABBA y mierda humana la vida puede ser maravillosa. También se alude en la campaña comercial de la película al "papel de su carrera"( refiriéndose a Matt) De verdad espero que se hubieran comido un buen hongo para decir semejante majadería o que después de todo sean accionistas de la fundación, porque de lo contrario ya puede comerse  tranquilamente la pensión de actor jubilado con sus deliciosas patatas al ketchup. Aunque pensándolo bien, ya que nos sobra el dinero, dejémonos de repetir escenas hasta la saciedad, pues la jeta de guaperas y el cuerpo escultural ya lo tenemos...La última parte del bodrio se concreta en una oda a la moda hipster y al  patético compadreo(con celebraciones dignas del mejor fútbol americano) de todo el equipo de la NASA y la agencia secreta de Mao tse Tung.ierra. Dicen los entendidos haber ciertas películas que ,aun teniendo coraje y buenas intenciones, su lánguido e impotente desarrollo muere en soledad y dejan una huella fácil de borrar. En este caso ni la epopeya de patatero marciano, ni el disco estudio improvisado en Marte me generan nada, como mucho hiel. Algo huele mal en la meca del cine o $uena demasiado poco, pues no me creo que a Ridley se le haya atrofiado el cerebro cuando viajaba por el espacio. Por cierto ¿es Jeff Daniels el jefe de la NASA ? ¿O lo he soñado?
15/10/2015 H DE HORROR   LLEVABA VARIOS DÍAS INACTIVO, PERO NO FUE HASTA EL MARTES CUANDO SE LO COMENTÉ A CARLOS: - NO LLAMAN- SU CARA SE MOSTRABA MÁS ABSURDA QUE SORPRENDIDA Y A MI, LÓGICAMENTE, ME DABA EXACTAMENTE IGUAL. AQUEL DÍA ME FUI A LA MISMA HORA QUE TODOS CON LA NOCHE RELFEJÁNDOSE EN LAS FAROLAS. BAJÉ LAS ESCALERAS Y ANTES DE SALIR DEL PORTAL OÍ UNOS RUIDOS EN EL TABUCO DONDE GURDABA SUS TRASTOS EL PORTERO. NORMALMENTE NO SUELO PREOUCPARME POR LOS RUIDOS, YA QUE LOS CONSIDERO CASUALIDAD QUE NO ESCONDE NADA. PERO ESTO NO ERA ALGO VULGAR, ERA UN RITMO ESTRIDENTE Y MACHACON Y SE HACIA OSTENSIBLE CONFORME ME ACERCABA. CUANDO LLEGÉ A LA PUERTA APRETÉ EL POMO CON FUERZA Y ABRÍ DE  REPENTE. LOS PAPELES TRITURADOS FLOTABAN DESCRIBIENDO SURCOS EN EL AIRE. EL RUIDO HABIA CESADO Y UN OLOR PUTREFACTO GANABA EN INTENSIDAD. EL PORTERO NO ESTABA AUNQUE SUS ROPAS SE REPARTÍAN DESPERDIGADAS POR EL SUELO, COMO SI LAS PRISAS SE LO HUBIERAN LLEVADO A OTRA PARTE.  EL SUCESO, LEJOS DE PREOCUPARME VERDADERAMENTE CONSIGUIÓ QUE ME AGITARA DURANTE ALGUNAS HORAS. AL DÍA SIGUIENTE EL BUZÓN ESTABA VACÍO Y LAS CARTAS, QUE NORMALMENTE SOBRESALÍAN DEL HUECO, TAMPOCO SE ANUNCIABAN EN EL RESTO DE LOS DESVENCIJADOS CAJONES DE MADERA. SUBÍ AL PRIMER Y UNOS GRITOS ME ALARMARON. CARLOS MANTENÍA UNA FUERTE DISCUSIÓN AL TELÉFONO. LA PUERTA DE SU DESPACHO SE ENCONTRABA ENTORNADA PERO EL SONIDO DEL FAX  IMPEDÍA LA ESCUCHA.  FINALMENTE SE ABRIÓ LA PUERTA EN UN IMPASSE ETERNO. EL TELÉFONO ESTABA DESCOLGADO Y CARLOS DEVORABALOS ÚLTIMOS PROYECTOS EN VIGOR. EL SOL HABÍA SALIDO.
La coraza apelmazada cierra la atmósfera y vacía las calles de aceras fútiles, deformando aleatoriamente las lindes del pensamiento cabal y mesurado. Si de verdad llueve, que me asista su frescor y me cale de humedad. Que atienda mi discordante fortuna para inferir que no soy nada si no destilan las nubes su pesar. Así, odio igual que amo las gotitas rompientes contra mi cuero, las hojas soldadas al suelo bajo su compacta dedicación, los exabruptos de jóvenes envejecidos, sin margen para las impresiones, concentrados en el ciclo mortuorio, la chispa con que las mujeres sortean vastos charcos, las miradas extraviadas y el sinfín de paraguas horteras y frágiles. No puedo vivir sin escuchar el silencio de un domingo gris y opresivo ni el gorgoteo atorado de las cañerías cuando aumenta la presión de mis venas. Los colores del mundo pierden valor y confieren mayor subjetividad a las cosas, más incoherentes pesquisas, y menos inapetentes conclusiones.   Esto es para mí el cielo y el averno, el placer y martirio; es, sin duda, las ganas de no vernos.
ESCAPAR
Autor: javier castillo esteban  340 Lecturas
09/10/2015 TANGO   -         Quién sos ? (autor)- En verdad no lo sé, pero tomando la tablilla hablaré de lo que mis ojos han creído ver. -         No te atrevés a decirme lo mío ( autor) Entonces intentaré decirte lo mío.   Para mí, evidentemente mío. Constituyo, pues, que eres la voluptuosidad convertida en llanto, la estridencia de la belleza que raya las curvas y pule el suelo. Firmeza vestida de coquetería, encanto demostrado, que no mostrado. Vasta blancura que azota mis sentidos frenéticamente y me reduce a la onírica vega donde me has encerrado. Has pasado delante de mí, por última vez, para dejarme engatusado. Te has desprendido del velo que te recoge para que advierta tu desnudez desnuda, la inmaculada marca de tu tentativa, los inescrutables recodos hacia el caudal de tu existir. Yo intento hablarte despacio, pero no puedo. El olor de tu cuello me conmina a confesarme con astucia, sin palabras que vilipendien este mismo instante. Miro mis manos, henchidas de vulgaridad, tampoco creo que ellas dobleguen un ápice de tu cuerpo, en apariencia inaccesible. Aun así rodeo con ellas el perímetro invisible que circunda tu resplandeciente figura. Absorto abro la boca sin pensar, sin percatarme que mi rostro se ha ido y en mis ojos solo cabe la pasión, la torpe destreza que usan mis gestos cuando intentan seducirte.   Todavía oigo el aliento de la plaza resoplando, exhausta de tanto acudir a nuestros cafés vespertinos, al lento desgaste de nuestros besos esculpidos, y al infierno de sufrir tu delicioso caminar. 
TANGO
Autor: javier castillo esteban  388 Lecturas
EraseheadHistoria de una recuperación ( y de mi atrevimiento) En el universo de las alegorías existe un pequeño reducto para el orden y la interpretación. A veces , de tan exiguo que resulta el espacio, perdemos el rastro de migas de pan y lloriqueamos a fin de que alguien nos encuentre y se apiade de nosotros. En este caso nos hacemos amigo de otro héroe desubicado: Henry¿realmente su nombre es ese ?Siguiendo las instrucciones de los rumores que navegan por viejas cañerías y  en base los infructuosos intentos por abandonar su tabuco, el triste impresor se entrega a la creación de un engendro imaginario ,pero real a nuestros ojos, de una brillantez repugnante. Una criatura monstruosa que alude, ni más ni menos, a la escisión más terrorífica de nuestro ser.El engañoso viaje por el matrimonio y demás parajes sin color deberían contribuir, gradualmente,al flamante delirio que pretende apoderarse del espectador.La cabeza borradora que brinda su peinado dibuja, igual que un lapicero, el infierno en tonos grises y enfadados, cimentando su propia existencia entre porciones de realidad y paranoia. El público respira a duras penas y abre los ojos cuando el viento que sopla a lo largo de todo el metraje se detiene. iar. Durante el proceso de regeneración de la memoria...Labios mojados en agua caliente que rodean la mirada sensual de la vecina suntuosidad. Embeleso y traición consumada,Pasión y deseo soterrados que se evaporan sin darnos cuenta. Un truco más del mago.Atisbamos una luz que nos prepara para el siguiente paso, un puñal teatral que nos tiende un rostro familiarLos deshechos ,que caen como copos de nieve impulsados con un ventilador , nos indican que es hora de tirar la basura.Luz y más luz.Él termómetro va a estallar y las tijeras rusientes ya se acercan con temor a desatar el sumun de los fluidos, la escena ficticia de un  morador agonizante.Desprendido del mal, desde un cerrojo observa el cierre de una puerta sin pomo, la alicatada caricia , la media sonrisa cómplice o la imagen de un extranjero sin cabeza, un pasajero invisible.Luz blanquísima Final o principio de una segunda oportunidad. Primeros planos para 1977, angustia, horror y compasión. Una declaración profundamente triste, otra obra histriónica ,Otro fenómeno excepcional.
1     Una flauta ensayaba sola al otro lado de la pared. El grupo de amigos soñaba sobre lo que de ahora en adelante permanecería. Jaime, el mayor de los tres, no se escondía ante la espiral verde que se advertía cerca de allí. Revelaciones salvajes y desaires asumidos en la intimidad protestona. Sandro, por el contrario, conocía su aceresco destino de placer en placer y Marco; aquél no sabía nada de lo que parecía real. Tres formas irregularmente definidas encima del finísimo papel inmaculado. Líneas negras muy marcadas y colores desperdigados. Eso, tan grotesco y sublime, eran las vías, las últimas traqueteantes vías. A las 20.00 h abandonaron el silencio, truncado de repente incómodo, para coger el tren que los llevaría hacia la despedida.     2 Sandro hacía ostensible su enfado por compartir asiento con otro desconocido, y más aún el hecho de que su acompañante, decrépito y maloliente, no articulara una sola palabra y respondiera lacónicamente a los infructuosos intentos de Sandro por entablar palique. Removido en el número asignado miraba el valle cerrado y pensaba en montar una venta de quesos. La visión de la emergente luna comenzó a producirle espanto.   3   Marco, en verdad, no ofrecía mucha compañía. Pero eso a Jaime no parecía importarle demasiado. Leían y respiraban acompasados intuyéndose cerca. El sentimiento poderoso y alicatado se mostraba impenetrable frente a la apariencia del frío extenuante. La situación les provocaba una sonrisa grácil y cómplice que hablaba en silencio cuando se sentían lejos de las miradas.   4   A las 22,00 h Sandro observó, con  un entusiasmo ojeroso, a sus dos amigos levantarse e ir hacia el vagón delantero. Hizo ademán de incorporarse pero Jaime le disuadió argumentando la señal del servicio. Sandro volvió a recostarse de mala gana.   5   El servicio pretendía ser una burbuja virgen y opaca, de un tono oscuro y similar al de su entorno. Sin embargo, los dos amantes no pudieron reprimir su deseo con tanto rigor. Antes de entrar en uno de los cuartos ya se besaban , incautos y despreocupados, volteando la puerta a su paso. Sandro, que se había cansado de mirar el paisaje, entró violentamente en el servicio. La puerta de uno de los cuartos dejó de moverse por fin. Los rostros yacían pálidos en el suelo y la vergüenza había anegado el espacio.
REGRESION Todo apuntaba al desastre. Palomitas por el suelo y una antesala desierta donde los únicos tertulianos éramos nosotros. Dos mesitas redondas y sucias componían un mobiliario desvencijado y dedicado a esperar de mala gana la proyección. Demasiadas señales que evidenciar y sortear. A las once y 5 minutos comenzaba, con retraso, la película. Ignora el monstruoso barrunto, me decía en clave de soliloquio. Ya en el asiento, y después de ver a Daniel Craig inmerso en la que se anuncia como la mejor trama de James Bond en años, llega nuestro turno. Palabras borrosas que dan nombre al título y superpuestos varios renglones que nos avisan de la temática de la cinta. No entiendo cómo el suspense enseña su badajo antes de ser encumbrado, aunque buen detalle para desviar, insuficientemente a la postre, la atención del espectador. Con todo: Satán para el público bueno y para las medias sonrisas santurronas que confiábamos en la pericia del director para salir de los atolladeros. Buen ritmo desde el arranque. Atmósfera rural y decadente, lluvia y limpiaparabrisas que funcionan, también coches de policía blancos y negros que nos llenan de nostalgia y regocijo… así que carita de embobado.  Etiqueta americana para fardar de producto nacional. Hasta ahí, todo bien. Pronto comienza a truncarse el visionado cuando de soslayo y con cara de preocupación, igual que la que pone el pobre Ethan, asistimos a, no a una, sino a varias actuaciones inverosímiles que juegan al pilla pilla en las estribaciones del patetismo. Indicios de fango debajo del espejismo. La tensión, si es que en algún momento la hubo, se diluye en medio de una serie de interrogatorios más parecidos a un casting  que al abuso de una rubia, joven y bella. Tampoco Emma convence en su histrionismo a pesar de las lágrimas de cocodrilo que recorren un rostro tan grácil como acartonado. El zenit de la película se acerca lánguidamente dejando varias migas de pan detrás de las espontáneas apariciones de una joven, vencida por la bucólica juventud de graneros y alcohol, que pretende abandonar su pasado, no sin antes provocar diferentes desdichas y el desconcierto del agudo inspector y su cínico acompañante. Clarines y timbales para un desenlace abrupto e insultante, aunque en armonía con el secuestro sin rastro de la intriga y el abandono total de cualquier elemento que respire la angustia de los primeros thrillers del chileno. La sensación, una vez que todos hemos regresado, es la de una mentira mal contada. La tenencia de una idea abrumadora, incluso para Amenábar, nacida de un suceso real, quizá excesivamente real.  Posiblemente Volver, sino es de la mano de Almodóvar, está sobrevalorado.  En este caso, la ingente publicidad puede haber sido el anodino presagio para impedirnos ver el bosque y ser conscientes de la protección de que gozan los genios cuando desfallecen.
REGRESION
Autor: javier castillo esteban  334 Lecturas
Ayer   ¿Qué ha sido del viejo que tarareaba en el parque? ¡Qué solo iba siempre el muy condenado, hablando consigo mismo sin más compañía que sus palabras flotantes y su perro ciego! No se oyen ya sus pisadas ni sus estertores con sabor a muerte, pero en vez de alivio siento vacío. No es lo que quiero, me niego a apiadarme de un ser cuyo propósito se había tornado en pasear, sin embargo... Si lo volviese a ver, por algún desatendido pálpito acudiría a conversar con su voz, pues no la he oído sino rimando vetustas canciones…   Anteayer   Miraba el lago con demasiados caprichos innombrables atravesando mi mente. La paz de aquella desconocida charca era irrepetible, así como las visitas furtivas que eran testigo de la incipiente sequía. A las 19h, como cada tarde, pasaba el viejo con su perro cagándose en cualquier rincón. Él lo llamaba empecinadamente, pero era incapaz de reclamar su atención, entonces fingía, golpeándose la frente con la palma de la mano, no haberse acordado de las bolsas de excrementos, y se volvía a su paseo maldiciendo y retomando su tedioso canto con más fuerza.  En más de una ocasión, pensé en recoger yo mismo las maravillas de su perro sobre un fino papel de sarcasmo y hacer que se enfrentara cara a cara con la horripilante verdad de su compañero. Odiaba la vida cuando me detenía a cavilar en la decrepitud de la carne deambulando eternamente…   Hoy   No puede ser él, ¿! Qué hace tirado en el suelo!? Su perro estaba suelto y gemía, con más rabia que pena. –Levántese- le he dicho tendiéndole mi mano. Sus ojos me miraban, no a mí, sino quizá a algo dentro de mí. Ha bajado la cabeza y ha comenzado a arrancar la hierba de cuajo, masticándola igual que un burro. Algo no iba bien, pero he dejado que el viejo continuara con su grotesca labor. Finalmente se ha levantado y se ha dirigido hacia mí con una sonrisa cándida. -¿Cómo estás? ¿Quieres acariciarme?- No tenía respuesta. En ese momento ha cogido mi brazo y, sin freno, me ha recitado: “¿Me habrás, quizá, olvidado? Platero, dime: ¿Te acuerdas aún de mí?” He fingido no llorar.
ahaztearen gainean/ DESTIERRO     18/09/2015     Algunos, con mayor o menor sentido que otros, aparecen diseminados por la loma. Son  pequeños archipiélagos de piedra que han clavado sus raíces hace tiempo para no moverse. Quizá porque tengan miedo a la culebra de brea que circunda su badajo y observa sin pestañear. Solo mediante angostas veredas y trochas más escuetas se accede a estas creaciones huérfanas, crecidas en soledad y que hablan un idioma ininteligible. Son años erigidos sobre la historia de las montañas y por debajo del sempiterno color verdoso que esboza el paisaje.   Se farfulla, en los pueblos menos remotos, acerca de los fantasmagóricos moradores que ocasionalmente descienden para comprar leche y alquilar reses. Tienen el rostro macilento y las mejillas sonrosadas, pero más allá de su aspecto, las terribles historias brotan desbocadas y salvajes del pico de sus creadores. Así, el mito o la verdad, circulan afanosos, impulsados por la creciente curiosidad de los vecinos de abajo, alimentando con un cupo de miedo las horas vencidas y las que restan por vencer   A las 17.00 el crepitar de ramas sin secar anuncia su llegada, pero rara vez  se los ve caminar. Segundos después, el umbral queda igual de mundo que el montón de guijarros depositados en el fondo del río. Los hay que, arrebujados en mantas para soportar el frío y tapados hasta los ojos, aguardan el paso de los extraños. Sin embargo, no se alude al aviso sino a la improvisación, pues cuando perciben ojos desconocidos su imagen se evapora y recogen sus aperos.
Una botella cubre la cabeza hasta el cuello, lugar donde discurre junto a otro cuello. Cada parte sólida se halla paralela y tiene el mismo apellido aunque prácticamente no compartan más que el espacio inmediato. Se cuestiona que lo inmediato es difuso, e incluso puede equipararse a los esfuerzos de la propiedad por lindar con otra errática edificación con el fin de parecer más suntuosa.   Naia y Andrea sobreviven así, intentando ser algo más que ellas mismas cuando se tocan. Llaman relación a vivir sin molestar, a pesar de que el vínculo proceda del infierno. No se me ocurre otra acepción para los irrepetibles casos que desentraño al pasear, ya sea de día o de noche. Pero, en seguida, puedo uno percatarse de que  el término “relación” ensucia la instantánea. y que el anhelo individual sirve tan solo de fantasía o quimera. Naia murió a manos de Andrea. Ésta la respetaba, incluso a veces la quería, sin embargo el respeto dividido no es algo aceptable para nosotros, y menos el amor. Digamos que este sentimiento, nacido en apariencia apacible, puede coexistir desdoblándose, a costa de perder veracidad. Puedes fingir con la misma intensidad que se fluye, siempre y cuando conserves la careta alicatada y no se desprenda su herrumbroso interior, mas en el momento que has perdido el objeto sincero de tus actuaciones, también pierdes juventud. Por esto motivo, no es de extrañar que Andrea cortara por la mitad a su compañera de “sentimiento” cuando descubrió la infidelidad.   El hecho de dejarse arrullar por las emociones más superficiales es por igual miserable y humano, nuestro cuchillo afilado que degolla inmisericorde. De todos modos, la razón invita a pensar en capas ineludibles, sin las cuales exhibiríamos con descaro nuestro viscoso gusano, de aspecto sumamente horripilante y guardián del camino que conduce a otro paradero. A este punto final y sin retorno debieron llegar las amantes. Lugar frío que recoge los miedos y el vórtice oscuro al que debían enfrentarse solas.
Plagio era ver su espalda a través de una cerradura, colmarse de deleite encumbrando la cima de sus piernas infinitas. Sin embargo, adivinar su intimidad sin haberla manoseado ni esculpido en demenciales propósitos, era morir de enfermedad despiadada, hablar de algo tan prosaico como remoto. Plagio, seguro y obstinado, quiso pintar sus ojos sin las pistas de sus constreñidas cejas, arrebatar sus ignotos encantos dando por hecho que flotaban sobre la superficie de lo cierto. Plagio no conocía la verdad de un cuerpo virgen y desprendido de miradas, pues era él la nota común y quebradiza que emplean algunos hombres que sufren de torpeza para obtener la belleza inalcanzable. La mujer sintió en ese momento un escalofrío. La crisis y los celos que la escudriñaban se ocultaron tras el rostro del silencio perturbador. Trémula toda, igual que el trofeo de oro tambaleante que está punto de estallar en mil pedazos, soltó una estruendosa risotada, casi inhumana.     La cortina empapada de sangre seca se movía sin hacer ningún ruido. Afuera las luces de la noche y el revoloteo de algún pájaro agazapado eran los únicos testigos de un crimen que no se iba a resolver. El cuerpo grácil y tranquilo yacía con las manos sobre su sexo. Cuando llegaron, el inspector y el forense, encontraron idénticas pruebas a los casos previos. Tres horas después el viento crecía en intensidad y mecía la ventana con violencia. El frenético balanceo convirtió las ventanas en trocitos de cristal, que se esparcieron por la habitación. Cada uno de estos fragmentos reverberaba de manera distinta, pues los intentos desesperados de la luna por demostrar su inocencia se habían esfumado.
MARGINAL
Autor: javier castillo esteban  221 Lecturas
SE HA IDO     El viento se ha escabullido Blandiéndole a él Recreándose en vaticinar su destino Del color de que derrama la miel   Igual de juntos transitan Creyéndose infalible y ella queriéndose llevar Sus manos casi se alían Aun con las dudas de si llegar   Yo los miro sin pensar en otra cosa Pues son la fuerza de un arroyo embriagador Nubes que pesan como una losa Mejillas rojas de candor   El viento alardea formando ráfagas Blandiéndole a ella, Mientras el tallo cimbrea y la luz se apaga Se ha borrado su huella
SE HA IDO
Autor: javier castillo esteban  185 Lecturas
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HÚNGAROS
Autor: javier castillo esteban  161 Lecturas
Un ramo de rosas embotelladas se dejaba meter mano por los que explicaban al resto. Lo hacían gesticulando histriónicamente, siendo la escena una sombra más de su arrogancia. El atardecer, sin embargo, causaba un efecto embriagador en los sentidos de quien se detenía a mirar el fresco, y Héctor lo podía captar sin vacilar. A esas horas los matices parecían casi rosados y habían perdido la blancura inicial Héctor creía que la obra, si bien no de manera explícita, recreaba el fugaz apogeo del color, desde su nacimiento hasta la sequedad marchita, aunque esperaba a escuchar, de boca de los artistas de la galería de enfrente, las pedanterías más selectas: “Estruendosa” o “quimérica” se concluyó lacónicamente sin más aportación que la del silencio que sentencia.   El recital terminó y se marcharon igual que habían entrado. Hablaban en clave de cuchicheo con aire ingenuo y despistado, acrecentando la imagen de personas de pensamiento elevado y críticos de la exquisitez. La exposición era, en verdad, una farsa, pero una farsa de su gusto, de profusos y distinguidos paladares que confundían  las bellotas frescas con las podridas. Era su farsa diaria y vital.   Héctor escupió a las rosas repetidamente hasta caer derrotado. Le pregunté, simulando un horror poco convincente, por qué lo hacía. Apoyado en la tarima expositora y sin mover un ápice su deprimente postura,  me respondió- -¡Míralas, no han sobrevivido, están muertas, no sufren ya más! Pensé que Héctor era otro artista más, otro comediante que fingía el ultraje de su obra. Pero supo ver a través de mi intención y su mirada se trocó amenazadora. Depuse, pues, mi sinceridad y en seguida argumenté que  no estaba hecha la miel para la boca de ciertos animales…”   Aún hoy sigue pintando, a pesar de todo, pues la nueva temática continúa triunfando igual de “quimérica” y “estruendosa” gracias a los intrépidos ojos que recorren una vez más el cuadro preguntándose por las pezuñas que sostienen vigorosamente las rosas. 
LA RECUA
Autor: javier castillo esteban  153 Lecturas
  Se fue mirando de reojo…  Cientos de pájaros rebosantes de color desenfundaron su onírica vestimenta a fin de constituirse en la quiebra de las lustrosas plumas, en el abandono reiterado e ineludible. La tormenta había pasado, y aunque la humedad traspasó los huesos y la razón, acordó, con las prematuras hojas caídas, las últimas condiciones del otoño. Estaba cansado, derrotado, sumido en la habitual desazón de los desenlaces. La expectativa de la noche anterior se tornó en  un cielo indeterminado, encalado en nubes y espacios diáfanos que conforman  cualquier día en las postrimerías del verano. La oscuridad con su efecto igual de embriagador que pernicioso me cautivó hasta los confines que delimitan lo real de lo ficticio. Era grande en el sueño, poderoso,  incluso cruel. Hoy, sin embargo, me siento igual de vulnerable que la hortaliza, zarandeada por dos manos vulgares y desgastadas, exorbitantes garras que me sujetan contra el filo de un cuchillo alborozado La piel tostada se desprendió, también, de varias capas ofreciendo al mundo la desnudez de nuestra alma, la auténtica experiencia vital y descarnada que habita en nosotros con pleno derecho y sin reparos. Se esfumó Epicuro, y en la nube de polvo arrastró consigo los placeres infatigables, la depravación recalcitrante que precede al tedio y a las buenas maneras, al decoro indecoroso. Antes de ahogarnos, en el borde de un río rumoroso y constante, se cristalizó nuestro reflejo en el agua, allá donde nuestro ego quedó varado eternamente y aguarda codicioso la llegada de la nueva estación, la más pérfida y maldita, la más propicia para escapar, a través de hechiceras imágenes, hacia la inefable voluptuosidad de lo arrinconado. 
  Los veo allí, moviéndose como hormigas, con sus cascos blancos apuntando al sol, inquietos por repeler sus rayos lacerantes. Sudan gotas exhaustas y hablan alto, muy alto, pues sufren de ignorancia, de oídos taponados y miradas esquivas, de pasos que todas las mañanas recorren el lugar a esa misma hora. El color de alguno resulta extraño, y de cuando en cuando la piel blanca se mezcla con las costumbres de las incivilizadas maneras para tornarse en otro extraño y descolorido compañero. También comen, seguramente de ayer, pero comen.   En las sillas y mesas de los locales más nobles y selectos nos encomendamos a la providencia, y nos indignamos cuando alguien menciona el asunto, pues creemos sin dudar que la providencia, con todos sus ángulos y prismas, los debiera arrullar lo suficiente para conseguir un lustroso empleo y un exquisito pan duro. Por ello, no queremos oír ni hablar de desigualdades ni de partos provocados, bastante tenemos con gestionar la sobredosis de estrés que discurre, como un guijarro arrastrado por el río de la cotidianeidad, para además procurar la refinada reflexión de nuestras vastas mentes a galimatías inútiles y tareas triviales.    Probablemente no sea necesario acudir a clichés ni difamar a locales de moda para perorar sobre la voracidad, nacida cual pájaro de fuego que a cada exhalación arrasa las inmediaciones y contagia su fuego eterno y secular.                                                                                                                                 
En la misma habitación que antes, Ludiko, con los ojos cerrados, tarareaba una canción conocida. Cuando llegó al estribillo cogió más aire y lo retuvo, confiriéndole  a su rostro un aspecto más grave e inquietante. Era la piel de una bestia en apariencia dormida, tersa y sin arrugas. Sus ojos, negros y pequeños, inspeccionaban los primeros botones de mi camisa cuando me senté enfrente. -         ¿ Dónde está el cuerpo, Ludi?- Le pregunté con voz queda y conciliadora Estiró el cuello hacia atrás expulsando el aire viciado mientras movía de arriba abajo su quebrada nuez, proponiéndome una idea igual de repugnante que probable. La saliva caía de sus comisuras igual que un cuerpo comatoso y agonizante, y reía, reía entonces con furia para hacerme fingir y aparentar no tener miedo.  Su dedo índice finalmente indicó sutilmente su estómago y el horror se apoderó de cada poro de mi cuerpo. De repente, un estruendo sonó en todo el edificio haciendo vibrar la mesa metálica. El fluorescente se apagó y la risotada se perdió en la oscuridad. La humedad se había hecho tangible y la exigua habitación parecía menguar aceleradamente. Podía distinguir el sonido de las esposas recreando un bucle en su azaroso movimiento. Intenté mantener la calma, pero el incesante traqueteo no cesaba. En mi cabeza se atropellaban imágenes siniestras y la posibilidad de no salir de allí. Grité pero nadie respondía al otro lado del cristal, las llaves las tenía mi compañero. Aporreé la puerta sin resultado. Apoyé la cabeza contra la puerta, exhausto, impregnándola de desesperación. Las esposas ya no emitían ningún ruido.   Volvió la luz igual que se había ido, y miré por debajo de mi brazo. Ludiko seguía allí con una sonrisa diabólica y las manos liberadas. Se acercó el monstruo arrastrando mecánicamente  sus pies mientras las manos iban de lado a lado, inertes. Me sostuve con fuerza al tirador de la puerta concediéndome a mi inexorable destino con resignación. De su mirada impía deduje que ya no habría tiempo sino de aguantar la presión de sus estilizados dedos desgarrando mi cuello.   Instantes antes de perder el conocimiento, justo cuando las fauces de la criatura se entreabrieron, pude reconocer a la víctima suplicando en su interior. Sus ojos llenos de pánico me resultaron extrañamente familiares, y  entre la deserción de alusiones recordé los veranos al sol y la casa con piscina. También apareció en una neblina insondable el bueno y fiel Ludiko, nuestro cocinero, tan hacendoso y siempre dispuesto a probar el primer bocado antes de servirlo a la mesa.
HAMBRE
Autor: javier castillo esteban  189 Lecturas
Mientras miraba por la ventana ella miraba al techo, postrada sobre arrugas de hacía semanas. Olía a hierba recién cortada y a lo lejos un perro vacilaba antes de atravesar el asfalto. Caminaba sin saber a dónde, así que pensé en abrir la puerta de casa y ofrecerle algo que echarse a la boca. No tenía mal aspecto, y parecía bien alimentado. Empero, un bocado caliente hubiera reafirmado su seguridad basada en los asuntos que debía emprender, o dejar de hacer. Tenía un pelaje marrón, tan liso que deducía la fragilidad de su carácter y la débil resistencia al maltrato, su hocico sin embargo reunía las mayores costras que había visto jamás. De repente,sobresaltado,me giré al escuchar un gruñido terrible detrás de mi. Era ella la que, poseída por la rabia, quería disuadirme de acoger al perro.Cuando me volví de nuevo el perro ya no estaba y la luna se hallaba más baja.
PERROS
Autor: javier castillo esteban  168 Lecturas
El poema más sencillo se compone de nosotros, de la sempiterna habilidad en embrollarnos con palabras que desembocan en una catarata interminable de adjetivos. Adjetivos que, bien descritos, acuñarán más de una nueva expresión a nuestro carácter renombrado. Es por esto que prefiero, entre todos, los renglones torcidos y sin rima, solitarios, bebidos y drogados de nuestra execrable sustancia, embrutecidos... Sólo actuar de este modo nos elevará más alto que la sabihonda pluma que todo lo quiere adornar vilmente. Imágenes para recordarlágrimas para llorarlágrimas para reír caer para vencerpelo para mirarojos para mirarojos para evitarmanos para tocar tocar para saber personas para amaramar para sufrirsufrir para vivir 
Imagen
Ella
Autor: javier castillo esteban  181 Lecturas
LA MULA"!Qué fácil fue otras veces!, pero su cuarteado hocico en un día como el 31 crepitaba lastimero.Cuando llegamos, la Lola me dio su adios. No era un adios convencional pero era el suyo, sin duda a la altura de los incomparables adioses a los que era extraño. Eran las dos de la tarde en S. y la brisa se colaba entre los irreductibles muros de hormigón que vestían el nuevo polideportivo. En la calle, el sol impertérrito se apoderaba de las aceras y desgarraba las sombras convirtiéndolas en luz.Todo era luz en la tarde gris, hedor a recuerdos sumergidos y alcoholes de inopinado vacío . América era un destino ignoto para mis ininteligibles sentimientos que se aferraban a la tozudez del que vive y muere en un pueblo.Compungida, tiraba una vez más de mi brazo, pero mis articulaciones inermes solo querían refugiarse de la gratitud del verano, sudar el futuro en la sombra de aquella mole y olvidarse de articular. Quería exprimir los últimos resquicios de nuestro paso por S., grabar el lugar en un espacio de obligado regresoCuando volvió a acercarse a mí, ya había desaparecido. "
la mula
Autor: javier castillo esteban  169 Lecturas
CINE PARA DOSUna garrapata irrumpió en la máquina de hacer palomitas cuando el niño pidió su cucurucho. La muchedumbre comenzó a arremolinarse en derredor dando pasos cortos y contemplando la escena. La alimaña devoraba el contenido de la máquina al tiempo que repasaba de soslayo la amalgama de ojos fijos en su abdomen La visión se deshizo tras caer una montaña de palomitas sobre el bicho. El montículo se erigía mudo y desolador ante la impresión de los no convocados. Creyóse entonces segura, sepultada como estaba por la sal y el viscoso aceite que se impregnaba por doquier.A escasos metros del acontecimiento un señor ataviado con un sobretodo y un ridículo sombrero se acercó y consoló al niño, pues las lágrimas comenzaron a brotar, irreprimibles, de aquellas dos pupilas sinceras.Le preguntó el hombre acerca de su aflicción y éste le habló de la muerte con una pena inefable.-¡Pero si es solo una garrapata!-Espetó el extrañoEl niño, que apenas alcanzaba las rodillas de su benefactor, respondió que el cine era la experiencia más increíble que su padre conocía. Detrás del cristal apareció, entre las ruinas de maíz, el vientre hinchado del arácnido y el imperceptible guiño que el niño había reconocido.
AGUACERO     02 de febrero Quiero cambiar. Lo he decidido al ver a un tipo esperpéntico en la solapa de un best seller. Me parto de risa con estos libros basados en personajes cotidianos y sonrientes, que quieren decir: “Es fácil, pero no todo el mundo vale”. Seguramente por este motivo y por su repugnante peinado, he ideado algo parecido a un diario, intentando detallar los pormenores de un personaje que no difiere de alguien cotidiano. Supongo que es más “fácil” reconocernos en vidas mediocres que sorben café en presentaciones, que en epopeyas escandalosas. Creo en verdad que sería mucho más estimulante y provechosa una entrevista entre borrachos que exudara la gloria y las bajezas del escritor, las nubes y los claros de una oda al ingenio, porque realmente no todo el mundo vale… En cualquier caso, no creo en mi mediocridad pero sí en el día a día, y también en el día siguiente, espantosamente parecido al anterior. Ahora, sin embargo, nace de mis entrañas un pájaro con las garras afiladas transportando un bulto viscoso que hará estallar nuestra aflicción de un momento a otro. Se detiene en lo alto y mira de soslayo a las cabezas que caminan sin par, solitarios viandantes del bucle.  03 de febrero He soñado algo realmente extraño. Un payaso era proyectado hacia el cielo con su prominente nariz brillando, marcaba una dirección constante, sin perder altura,  hasta perderse en la oscuridad. El público se ha quedado absorto con las palmas de sus manos (izquierdas y derechas) por encima de las cejas, como un tejadillo para la luz de las estrellas. Al poco rato ha descendido y se ha quedado clavado en la tierra mientras padre, madre, hermanos y el resto de la caterva circense tiraba de sus piernas. La situación era ridículamente graciosa, y recalco lo de extraña por las miradas inquisitivas puestas en mi nariz, que paulatinamente se hacía más grande a medida que el cuerpo del payaso era extraído de la tierra. 04 de febrero Intentaré no cenar demasiado, me desvelo empapado en mitad de la noche, retorcido  por la pantagruélica cita con la comida de táper. Bien sabe mi estómago que no es fácil empresa, ya que la ansiedad de estos últimos días me lleva a comerme a mí mismo con tal de no pensar y regocijarme en el dolor. He dejado a mi novia y después de unos días de aparente sosiego y espíritu limpio, me cago en mi decisión precipitada y tardía. Tengo cierta afición en prolongar una situación tediosa, y acto seguido romper la relación por la vía rápida, de cuajo, como corta el cuchillo la mantequilla dura y apelmazada, como si el tiempo transcurrido hubiera sido un segundo respecto a la estepa de nuestra existencia. Ahora le echo de menos más que antes y tengo una fijación enfermiza por tener sexo sin alma, raciones de carne dispuestas a la penetración sin resquemor, gemidos distinguidos entre la maraña de remedios silenciosos sobre hogares muertos. Ella me hace jurarle que habrá más cosas, sesiones de cine insoportable y alguna que otra cena tensa por no saber de qué despachar. Me engaño a mi mismo, y con ello le hago un daño invisible, que cercena los escasos hilos que nos unen. En el fondo me da lástima la conclusión de este capítulo, ya que Sandra ha sido el contrapunto al resto de noviazgos que he tenido, un contrapunto quizá demasiado polarizado. 07 de febrero El fin de semana ha sido magnífico, un día de vacaciones dilapidado en la cama y dos días de voluntariado en casa merced al vacío creciente que ha dejado la separación. Ha nevado y sin embargo el manto blanco no hace sino evocar la sensación de cristal opaco que delimita el bienestar de la amargura. Los copos han cesado su aterrizaje masivo tejiendo una enorme telaraña que expande una vista hiriente del horizonte, simulando los montes nevados baluartes de nuestra prisión. Leo un poco del extranjero de Camus, mientras mis párpados se cierran con el desabrido destino de su protagonista en mente, las imparables fuerzas del destino que nos conducen a parajes inhóspitos, paraísos terrenales sin esperanza. …El mismo día… Trabajo, trabajo y más trabajo… Llego  a la oficina y veo esa montaña de papeles acechándome, entonces me imagino a un leñador canadiense que a hurtadillas y por puro hedonismo aniquila árboles sin tregua, mientras ríe  como un descosido. Después se enciende un pitillo, aun cuando su pecho oscila violentamente, me mira y me guiña un ojo, mi cuerpo tiembla en una mezcla de rabia y profunda melancolía. Este sentimiento persiste al abrir el correo y un tono agudo, parecido a un timbre recorre los pabellones de mi oreja límpida y solícita, presta a escuchar las majaderías de decenas de cazurros. En sí mi puesto no me disgusta, es cómodo y no requiere una comprensión excesiva de las diversas áreas. Al principio por supuesto estaba que echaba humo, me salió un sarpullido por toda la cara y vivía el resto de mi tiempo libre acordándome de tal contrato, y de una gestión a medias. He aprendido a desconectar tanto dentro como fuera de mi labor administrativa, ahora solo me dedico a escribir cosas que mi cerebro distorsiona a menudo, relatos, poesía y excreciones como ésta. Escribo en una web autodefinida como un espacio de expresión literaria, un lugar para compartir tus escritos y recibir asimismo críticas y elogios. Me siento orgulloso de haber creado una pequeña secta de fans de mi obra, al igual que una serie de amantes en silencio que admito que no me escriben gracias a la pintoresca envidia que pulula por allí. No os llaméis a engaño, tampoco creo que lo que escriba sea ni mucho menos de calidad, pero desde luego no es peor que la mierda que escupen algunos mequetrefes. No abundo ya en fallos de estilo ni gramaticales, incluso ortográficos, sino de monerías sin sentido, más dignas de facebook que de un aspirante a escritor. Quizá me esté metiendo en un jardín ajeno, como un perro con los ojos inyectados en sangre, pero jamás toleraría cosas así: “él me ha escrito, y jo, no parece muy inteligente, pero tiene un culo… Ahora me está mirando y sus ojos brillan como los míos, pero espera, cómo sé que mis ojos brillan?, acaso estoy llorando… ¡oh, creo que lo amo!” Sería podridamente condescendiente si dijera que tengo que relamer el vómito de las comisuras para no romper en un reguero de los garbanzos de ayer. Voy a ser razonable y empático lo prometo, haré el esfuerzo por entender a la gilipollas que escribe esto, y únicamente le escribiré “es horrible” en el espacio para las valoraciones. 8 de febrero Copio una entrada que he leído recientemente en facebook: “ETA ha matado a casi un millar de personas si contamos las víctimas mortales y las colaterales. Colateral es una palabra violada en este caso y sin música. En muchos recodos no lejos de P. se ha matado en nombre de la libertad y la lucha de un pueblo oprimido, y cuando se ha hecho el “jurado popular” ha fallado en contra de las víctimas. Se ha argumentado: “algo habrá hecho”. Detesto la frase, pues no puede ser más gratuita y comodona, tan aposentada en los divanes de la indiferencia y tan al margen de la realidad. Anhelamos ser ciegos con tal de no fragmentar la belleza incólume de la ignorancia, alimentando miserablemente castillos sobre nubes jabonosas. … Algo me hace pensar en Víctor irremediablemente Víctor es alguien vacío, formado de números y de información, mobiliario inútil y desvencijado que ocupa parte del espacio reservado al pensamiento y a la reflexión. Las personas que lo conocen  rehuyen de su compañía. Lo creen pueril y homosexual, aunque esta segunda faceta de su personalidad subyace del primer calificativo, ya que prefieren reírse detrás de su conciencia a manifestarle que es un maricón. Sin embargo, pese a su vacuidad, me parece un tio fenomenal, y creo más bien que la apariencia de pánfilo que transmite se reduce a una ingenuidad vital que lo mantiene erguido. Alguien bien distinto es Carlos, el cabronazo de mi mejor amigo, obsesionado con cambiar el rumbo de su vida, despabilarse y no vivir de acuerdo a los demás, tener un criterio propio en las tareas más básicas. Lo miro mientras no calla y su flequillo años 60 ondea al viento. Cómo le gusta a Carlos graznar de las carencias de casa! Me troncho de la frialdad con la que busca gresca en cualquier ocasión, ya sea con Víctor o conmigo, haciendo de sus peroratas la pluma que nos cosquillea hasta enzarzarnos en la violencia de los silencios, en esa tensión que supura lentamente los estragos de la impotencia. Entonces  pienso en la bonita y frenética imagen de mi puño devastando su cabeza. Luego han de llegar las disculpas y las muecas santurronas, el tímido reconocimiento de la culpa y el sincero y cálido abrazo.  Así somos, unos bichos orondos y aventajados, del mismo brillo de la lata de garbanzos deglutidos, los hermanos exangües e inseparables que se rajan la cara con el viento aterrador de P. No me perdonaría añadir una palabra más sobre Víctor puesto que ni mi desarrollo personal ha fructificado en sus raíces ni soy capaz de catapultar conclusiones tan agudas y detenidas como las de Carlos. Yo más bien  lo encuadraría dentro del sinfín de entes pragmáticos que bucean en el fango diario, un funcionario del estado mayor, casado, con dos hijos y una fulana cerca de los cincuenta que le ayude a superar los baches  9 de febrero “Algo habrá hecho”, odio reconocer tópicos, pero ahora me doy cuenta de la huida de sandalias partidas de Egipto, del efecto aciago de los individuos sin pasión, y de la repulsa de los hombres hacia los que vulgarizan nuestras vidas Mis padres me preguntan por Sandra, no sé muy bien qué decirles, ni qué decirme a mí mismo. Estaré engañándome con esta pantomima, pero lo cierto es que el polvo que hemos echado hoy no ha tenido desperdicio. Realmente habíamos quedado para eso, le he recogido a la altura de de la calle C. con T. y le he invitado cortésmente a subir a la oficina para que me enseñara la nueva falda de tubo negra que se había comprado en una tienda asquerosa. En defensa de este concurrido tugurio diré que ofrece unas mujeres igual de cachondas que estrafalarias y eso me excita sobremanera. Ha bajado a por condones y se ha quedado el cambio, algo que no es de extrañar a estas alturas. Al llamar a la puerta, tenía una erección que incluso me sonrojaba. Desde la sala de reuniones he visto una persiana que descendía como una serpiente hasta la maceta del alféizar, dejándola entornada. De no haber trabajado varios años en el centro y en concreto en ese viejo edificio, habría sido más espontáneo y menos paranoico, pero finalmente he decidido arrastrarla hasta el baño. Su  redondo culo blanco asomaba debajo de la falda al tiempo que apoyaba su mano izquierda sobre el gotelé de la pared, me penetraba ella más que yo, así que toda mi atención se prestaba al movimiento pendular de su cadera. Sentado en la taza del váter, con el rostro agonizante, observaba la luz mortecina de media tarde a través del cristal translúcido que da al patio. Un dolor punzante en la sien  vaticinaba los segundos mortales en que a duras penas nos subiéramos los pantalones y nos enfrentáramos al pasado. 10 de febrero Busco algo que turbe esta paz, un asesinato o un demente quemando el bosque, un móvil capaz de despertarme de este letargo que me está consumiendo. Si sigo un segundo más en casa dormiré, pero no de cansancio sino del vertiginoso debilitamiento de los músculos. No vivo mal en casa, mis padres me quieren y me cuidan, me protegen al punto de convertirme en idiota. No les culpo en cualquier caso, mi carácter es bastante proclive a dejarme rodear por los brazos de la comprensión y el afecto prolongado sin límites, un infinito espacio al gozo. Mis amigos convienen en que debería independizarme y sacarme las castañas del fuego, y no discrepo en absoluto, quizá de esta manera comenzase a evolucionar, encontrando el ajetreo necesario para respirar sin agujeros.  Ahora estoy ahorrando y posiblemente la astucia del metal y el papel con su inherente sabiduría consigan levitar mi culo del sofá para dedicarme a escribir, el motor de mi existencia y lo mejor que sé hacer. Escribiría sobre Sígor, un loco vecino amigo mío que viajó a las antípodas para encontrar a la mujer de su vida, alguna melenuda que casara con sus ideales, otra desviada sin escrúpulos que destrozara su esternón a fin de arrancarle  los pulmones y comérselos. Él entiende así el amor, corresponde a las mujeres con su autodestructivo corazón que ama más que reflexiona, vuelca su ser a otro ser que ingiera la delicadeza de sus “cuidados”. Su casa, enclavada en el frontón del pueblo, dista unos 200 metros de la mía y compartimos casi todos los placeres que pueden demandar dos jóvenes de 26 años. Juntos vamos a alentar al equipo de casa, asimilamos el fútbol como otra demanda ineludible de la materia, bebemos cual animales y discurrimos con el café postrero acerca de las cazas nocturnas de mujeres con el badajo blindado. Fútbol y sexo, sexo y fútbol, sumas que no alteran el producto, una consecuencia ávida de las causas que lo crían. A veces pienso que las mujeres lo son todo para él, un constante flujo de movimientos desordenados para un cerebro con TDA. Trabajador y buena gente, residuo de las ensoñaciones de viajar y regresar, el bendito estímulo que justifica la insoportable paz reinante. 12 de febrero Me he comprado una bici de carretera para dejar de pensar en ella. Cuánto sufro sin su inadvertida presencia… Ha suplicado entre lágrimas que no quiere más sexo sin lugar para otras cosas, necesita ese grado de afecto ocupado en paliar el goteo incesante sobre sus pómulos. Me duele a mí también no poder ofrecer lo que ella quiere, pero desde ayer siento el deseo de seguir concretando citas, saboreando la práctica del presente. No pido empezar desde 0, sería horrible tener que asistir al derrocamiento de mi fe y mi alegría, solo apurar las horas que restan con ella, estirar el dulce esbozo de su sonrisa, tendiendo un puente hasta la mía. Tumbado en la cama he evocado el color amoratado de sus manos, presas del duro invierno, mis manos envolvían el perentorio efecto de la delicadeza, sutil y despiadada, vocalizando las diferencias de mi piel frente a la suya. 13 de febrero He rodado más de 60 Km. montado en la trotona, así la he llamado. Creía morirme a los 20 minutos, frustrado por mi nefasta condición física, pero sin duda los constructores de esta preciosidad se acordaron de los catetos con pretensiones de subir puertos, y por alguna extraña razón a los 14 Km. la rueda devoraba el asfalto. Con todo, algo debió de  escapar al entendimiento de las almas compasivas, pues a los 20 km el plato más grande ya no engranaba, y las piernas pataleaban al aire en los descensos más acusados. He seguido la ruta hacia el pirineo sin detenerme un instante, la blancura anegaba los campos confiriéndoles una asistencia espectral, mientras un cielo límpido hacía florecer las coronas a lo lejos, cuesta arriba, cuesta abajo mi cabeza se ladeaba acompasando la postura encorvada de mi espalda.  En el promontorio de U.V he parado a descansar y a echar un trago en vano, pues la fuente estaba congelada y no tenía ni un euro en el bolsillo, eran las doce y el sol se acercaba sin ruido reverberando sobre la nieve incólume. Una tablilla descansaba sobre el cartel que despide el pueblo, escoltada por un exuberante ramo de claveles blancos y amarillos, el grabado rezaba: Nuestro patrón de personalidad, por lo menos el mío, nada lo derrumba, solo Dios. Este renglón y el frescor de la mañana me han llevado a terrenos hollados por las creencias, de la mano de seres que deambulan por el mundo con la estrella, tan brillante y liviana, que quiebra su existir en el lugar más tranquilo y anhelado. Qué grato sería ahogarse en las profundidades de la literatura, del mismo modo que el ciclista pereció en aquella curva que tantas veces lo había engatusando con la gracilidad y el embrujo de su serpenteo. Confundimos dicha y destino, y aunque creo en el valor intrínseco de cada término, no se me ocurriría desligarlos. Dicha tiene una connotación positiva, y lo asumimos como tal, pero el destino lo empleamos libremente para hacer consecuencia de nuestros actos, si algo se da de fábula es un destino bueno, si algo cae de bruces, es mi destino el que me conduce a este aciago final.  Así, el ciclista prefirió los ríos de sangre que la cama de diamantes, y el destino fue la dicha que se tornó en su destino. ¿Fue un destino bueno, fue un destino malo? Lo desconozco y no soy quién para juzgar a un cadáver, pero lo que sí está claro es que fue su destino, y una piedra sepulta ahora sus vivencias, echando un cerrojo a la verdad que lo condujo a rodar en libertad. En todo caso, ¡qué  difusa es la línea que manejamos para justificar el peso de la  balanza o la dirección de la pelota que, o bien cruza la red, o anida timorata en nuestro campo…! Se terminaba la carretera hasta donde podía distinguir, pues las señales azules indicaban el paso por la autovía. Es curioso porque recibía pitadas de algún que otro coche y me ha parecido realmente increíble el afán que tiene la gente en N. con las bicicletas, se conoce que Induráin perdura en el recuerdo de muchos, entre los que me incluyo. Llegando a P. las piernas me empezaban a flaquear y mi garganta árida comenzaba a suplicar agua, cuando un aldeano con su camisa de manga corta desabrochada, pantalón de pana y zapatillas de felpa, se ha presentado haciendo ostensibles aspavientos con su manita y exhibiendo su voz fina y aterciopelada. En pocas palabras me ha informado que la autovía era para los coches, o eso he deducido porque al hombre le restaban tres dientes amarillos y hablaba más con el pulmón que con la boca. Rápidamente he levantado la bici y la he tirado al otro lado de la valla, el hombre estirando sus dos manzanas me ofrecía su calor desde el suelo, me he santiguado antes, y  así, me he lanzado encima del bárbaro fundiéndonos en un tétrico abrazo.  Me miraba con unos ojos henchidos de vicio aceitoso, rezumaban los poros del pecho amor a cero grados, y antes de que me invitase a visitar su choza junto a la autovía me he largado despavorido pedaleando a con todas mis fuerzas. Ya en la distancia el grito de “guapo” retumbaba en mis sienes y apretaba con violencia los dientes por no girarme y meterle el manillar por el culo. Me sentía ultrajado y me compadecía de las pobres ovejas que por allí pacen a escondidas del degenerado. 19 de febrero Sirven las escuelas para desamueblarnos la cabeza, sino fundamenten las dificultades en decidir, en el sufrimiento padecido al salir de la burbuja… Supuestamente es el impulso para incentivar la postura reflexiva de directrices y el conocimiento. Sin duda nos apremian, pero siempre de la mano, recibiendo un apretón al patinar de medio lado. Así nuestro cerebro asocia rápidamente para qué servimos y para lo que somos unos auténticos zoquetes.  Gracias a esta inestimable ayuda estudiamos carreras soporíferas y tremendamente útiles que confieren el pragmatismo y las ganas de ser un señor anticipado, otro vulgar hombretón que respeta los pasos de cebra y se queja de sus suegros en el trayecto a la casa de éstos, donde el tonto del culo de suegro soltará los rigurosos exabruptos por llegar tarde a comer, o cuestionará la mala educación del hijo trasto. Será que mis pensamientos sabiamente han escapado del fluido de las relaciones duraderas y comprometidas, será Sandra y sus circunstancias las que me atemorizaban cada noche creyéndome en una balsa existencial, en un transitar sin marejada, abatido por la lucidez del confort y de la podredumbre que resquebraja el dominio del crecimiento. Será, será… arremolinadas en esta sarta de pensamientos aparecen unas letras de otro siglo, no recuerdo de quien: Será que mi vida se la traga este momento y que desespero buscándolo para no soñar más, empapado de realidad y de tormento, de caricias extraviadas. Mi rumbo peregrino algún ladrón me lo ha robado , por eso me enredo a menudo en los zurcidos de otro tiempo, asido a la sonrisa eterna que blandía por las calles el señor de barlovento. 20 de febrero He pasado varios días fuera, Carlos se las ingenió para remolcarme y pasearme como un guiñapo por el pirineo. Insistió en que fuera a esquiar con él, tratando de envolverme con sus capciosos argumentos acerca de los innumerables beneficios de este deporte. Al principio, cabezón y orgulloso como yo sólo sé, me negué puesto que aún me dolían las hostias de cuando era un crío y al jefe de estudios del colegio se le ocurrió la magnífica idea de llevarnos al pirineo a desarrollar la faceta comunicativa entre los alumnos. Yo ya tenía 12 años, mis amigos y mi equipo de balonmano, no necesitaba romperme los dientes para demostrar a mis padres que, además de estúpido, era sociable . Tampoco entendí el hecho de llevar bolsas de basura a casa de la visita al punto limpio con motivo de estimular el reciclaje entre los nuestros en vez de usarlas para recoger las mierdas de mi perro. ¿Alguien se ha parado a pensar en la actitud de los policías multones si nuestros perros nos recogieran las mierdas al cagar con una bolsita de plástico?  No creo que premiasen a los perros por su civismo sino más bien nos sacudirían un porrazo merced al escandalazo. Entonces, ¿qué es civismo? ¿Es que nadie vela por la impudicia de los perros? En fin, supongo que este es otro asunto del que nadie me ha sabido dar respuesta, ni siquiera mi profesor de ciencias que me plantó un 0 atlético, pero ahora no viene al caso… Llevamos su coche para eludir la simpatía de la provincia limítrofe hacia el equipo de P., ( en la última ocasión me rompieron la luna trasera gracias al tamaño de la pegatina). Verdaderamente es más sensato así y menos excitante, últimamente mido mi integridad con el mismo rasero que mi demencia, y quizá sea el primer punto susceptible de cambio, el paso para distorsionar la pesadumbre del confort. 25 de febrero Las primeras señales de la primavera dejan huella, el despertar es más claro y el ocaso más postrero, el sol comienza a brillar con fuerza y las nubes aglutinan los rayos retenidos para abrirse paso. La inestabilidad propia de esta época me azota los sentidos, haciéndome más partícipe de lo que escribo y medito. Confío en estos papeles, de la misma manera que siempre me lo recuerda Carlos, él siempre me provoca intencionadamente para que continúe con el trabajo forzoso de la obra,  para evitar que el sueño flote en agua de borrajas y se plasme definitivamente en su forma final, ausente de remilgos y prefacios. Las opiniones de quienes mejor nos conocen no son siempre, o más bien nunca, plato de gusto, pero no por ello dejan de contener el arraigo más objetivo de un mismo, depuradas sentencias que desligan la mancha del agua radiante.  Los padres aportan por otro lado el apoyo y la duda inherente, con el aviso constante del éxito efímero, convocándonos a una nueva sesión de nuestros arrebatos pasados y despojándonos de pájaros tan bellos y ufanos como irreales.  También yo aporto al respecto la sumisión inmerecida de la edad temprana, correspondiendo con “tenéis razón”… Pero en esta ocasión será diferente, invertiré, malgastaré y me consumiré, apurando el valor que conciba mi reino estomacal sobre los restos, me nutriré de los deseos profundamente sedimentados y probaré el placer de convertirme en la mirada que devora a mujeres bien alimentadas, a culos despampanantes y a protuberancias desconocidas, esta vez me ahogaré en los recodos de lo incierto a fin de extasiarme, sólo extasiarme.           RODERO
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 Para ti mi don para ti la primaverao cualquier estaciónenredada y sinceraPara ti los versosPara mi el recitar buscando entre los más bellosno encontré el lugarPara ti la luzPara mi el ocasovestido con la cruztu nombre fue descanso
Sentí que volaba, que nada me haría daño. No necesitaba dormir porque el tiempo que transcurría en estado de coma, lo perdía en imaginarme contigo, cogidos de la mano, elevándonos más allá de donde podíamos tener fe. La prueba de un amor que era tan obvio como las ganas de besarnos, pero tan tímido que hacía gracia. La suavidad de tus labios no fue comparable a cualquier otro contacto con lo divino. Así, los caminos inciertos que nos encontraron fueron siempre resultado de nuestros deseos latentes, por tanto libres y no condicionados a tener que fingir.
  Mis labios enmudecen cuando mi sino atiende  inquieto, retozando frente a vuestra tez presto a la venganza de no evocarte en su desnudez desaliñadaacude frágil y decidido a tu visitadespreocupadamente bella  La pericia he ido perdiendo, de no escribir quizá,sumido en intrincadas cuestionesque no hallarán veredamas soy recalcitrante, letárgico intérprete de certezasafincado bajo el relente donde el grillo escucha cantar a la noche,y en cuyo silencio inspirador he vuelto a vislumbrarte  Cómo, sin saberlo, de ausencia he despertado  cavilando la forma de cosernossobre cada tarde fría y lluviosa hemos prevalecido ante los anhelos pues ya es verdad que te sientoarrebujada contra mi, encogido por tu aliento.   
En el trayecto de tu ojo, cándido y lloroso, encontré un lugar para sentir Henchido de placeres que tornan la piel rugosa Creí desaparecer engullido por las fauces del mar Inserto desde siempre en el cielo límpido de tus albas madrugadoras Confiado de brumas e impresiones confusas   Descubrí que juntos éramos menos sinceros que despiertos Aun cuando evocábamos marginales veredas sin nosotros Por ello, desmantelados los sentimientos, he comprendido mi cabeza vacía, sin afectos Vuelta una alimaña carente de obligadas tareas   Y así, propuesto a recuperarme, te he dibujado con sangre, Con el verso exprimido de enjuagues infinitos Para desvariar en cuentos de ensueño, despojados de aceras sin linde Fusionando nuestros vientres en la rosaleda multicolor Que destila labios con sabor a primavera,   Tú y yo, caricia pretenciosa y gratitud baldía Sol negruzco y azabache divino Dos tallos sin cortar, prestos a olvidarse 
POEMA
Autor: javier castillo esteban  213 Lecturas
Dos individuos con aspecto deplorable salieron de la estación asiendo una cesta de mimbre, casi tocándose con los dedos. En ese instante, desde la otra acera, la señora presenció la imagen, intuyendo un grotesco desenlace. Levantaron sus ojos hasta alcanzar los de la señora, protegidos y escoltados por sus inquietas y pobladas cejas. La señora se giró, y tomó su paraguas encañonando al cielo gris de la noche madrileña .Los destellos de los coches sorteaban a la mujer que, acuciada por el suceso, acelaraba el paso sin detenerse. Acercóse al portal y miró en derredor ante la impertérrita contemplación de la oscuridad, las copas de los árboles se erigían como reflejo de los escasos faroles que circundaban el parque. Sacó la llave y penetró en el portal Al encender el interruptor tropezó bruscamente, alarmada por su propio llanto. Su espalda resbalaba sobre los marcos de la puerta traslúcida y las piernas lentamente cedían ante el peso de la visión. La hocicos de los secuestradores ladraban en dirección a la cesta, pues en ella se hallaba la imagen de los años. El cahorro había vuelto a casa. 
Abrimos los ojos regándolos de plenilunio, los cerramos y hallamos un cielo límpido, significará entonces que brillamos, incoherentemente bellos, en esta marcha por paraísos ignotos  Llenos de literatura, charlamos de quienes más intrépidos vivieron, y así refulge nuestro aura sobre cualquier otra, sabedora de la importancia de un amistad galáctica e infinita, una realidad espiritual compuesta por granos de inconsciencia. Él  ahora nos dirá que tú y que yo no diferimos de actitudes tan honorables como la suya, creyendo que su confuso e inverosímil discurso es capaz de camuflar a la transparente vanidad. Negociaremos en virtud de la elegancia persuasoria, hasta que finalmente claudique, y nos ceda su legado, siendo ahora tú y yo los déspotas del universo. La gravedad del debate se ha invertido y lejos del suelo, sentimos miedo, odio al vendedor de poder que es feliz allí abajo y se comprende libre de unas cadenas taimadas. Ya no necesita soñar con la vida, pues la toca; ni vivir en el cielo, dado que sus ansias nunca fueron las de enraizarse con la carne, sino la de estar a merced suya, en la posición servil de la genuflexión hacia tí y hacia mí
  De tu acceso divino aprendí Que es más grato vivir que esperar Por ello vierto aquí Las rusientes ganas de explorar Con tu pelo enroscado a mi espalda Golpeo una y otra vez sin cesar A la estruendosa aldaba del alma Que una luna más alta quiso tocar Bendita ilusión de nosotros Vistos desde la altura celeste Haciéndonos calculados gestos De la caricia más hiriente Ahora que no estoy muerto, Ahora, quiero llorar Para saciar a mi cuerpo De agostos sin mar
Una de las cosas más bellas en la vida es la amistad. Gracias a ella todavía sonreímos y avanzamos. Se dice que un hombre no lo sería así, de no tener amigos, y lo creo firmemente. Hoy he recibido el regalo con más sentido de los últimos años, de hecho no recuerdo nada similar, ya que a menos de dos meses para emprender un nuevo proyecto, puedo decir que tengo la primera herramienta para pintar esta goleta, guiándola hasta el mar azul y negro.   Generalmente no suelo personalizar mis escritos, y procuro hacer giños con la intención de referirme a las personas de manera más íntima y personal. En este caso haré una excepción, dedicando los renglones a Iker.   Mi compañero, mi confidente, mi amigo. La persona que ha resistido heroicamente  vendavales y  desencuentros , juntos hemos paladeado la felicidad, la risa y también las lágrimas . Por este motivo, y por muchos otros, te regalo yo la tinta, desligando la letra de la intención y volviéndolas a unir por saberte a mi lado cuando gire la cabeza.     la tierra no anhelaba vencerse a tu lado fueron sencillos recuerdos que hoy reverdecen soles cautivos sobre cristales nacarados árboles robustos con la piel resplandeciente
a un amigo
Autor: javier castillo esteban  195 Lecturas
  Doy la tarde a todas aquellas personas que significan para mí lo que la pluma a las buenas historias. Sobre todo, y en particular, a las musas que revolotean convirtiéndose en el sostén y la inspiración cuando la desgana vence al ingenio, y escribir resulta tan tedioso de no haber nada que aportar. El hecho, es que esta vez lo hay, y empezaré, a título de privilegio, encumbrando a las razones diarias que se revierten en regalos inefables con el único fin de avanzar  y prosperar dentro de este jardín espinoso y bello al mismo tiempo. Trataré por tanto de relatar la pequeña y dulce historia sucedida hace unos días: El camino que conducía al promontorio evitaba vislumbrar las escasas esperanzas de volver a verla Ella descansaba, a la sazón, en las tierras flotantes sobre el pueblo, un rincón estable y  anegado de maravillas naturales. Grandes palmeras rodeaban el enorme recinto ubicado sobre la cantera que explotaba los escasos recursos hídricos del valle, tornándolo aún más prohibido e inalcanzable Los llamaban los Andinos, dado su origen meridional. La claridad de su voz y sus sonrosadas mejillas eran de la misma intensidad que el brillo de su poder, y ello fuera seguramente la raíz de las envidias que vagaban sin temor.La gente los tenía por una raza maldita, fruto de las diferencias lógicas de la tierra y los modales, entre la burguesía y unas bestias atoradas en tradiciones arcaicas, pero el quiste de la felicidad  en sus rostros suponía la mayor de las pesadumbres.  Mara era la hija pequeña y el color de la mañana, el período transitorio que discurre desde el nacimiento del sol, al frescor de la ribera estival del arroyo. Madre me reñía por estar como un lobo merodeando con la misión de encontrar su piel estampada en los alrededores.
    Me gustaría ahondar sobre la  particular actuación de los millones de fotógrafos al salir de casa Es curioso, pero pese ser más accesible que nunca viajar, cuando lo hacemos, vemos menos.  Vemos más fotografías eso sí, siempre en compañía de traseros hediondos arrebujados  en los asientos de cafeterías, revisando con avidez la enorme galería de fotos de nuestros teléfono, pero no percibimos las motas de vida flotando a nuestro alrededor   El primer contacto con esta deleznable realidad se produjo en París. Visitábamos el Louvre, y por supuesto nadie se quería peder la mirada inquisitiva y persecutoria de la Gioconda . A mí en sí el cuadro me pareció discretito y seguramente le saqué  muy poco jugo con respecto a los estudiantes de arte, que hablaban con entusiasmo de lo aprendido en el colegio. Lo que sí me llamó poderosamente la atención, fue el semicírculo formado por varias filas de soldados dispuestos a burlar la atención de 4 guardias jurados que escoltaban la obra de arte. Cada flash era una pantomima, supongo que ideada con el fin de mitificar más si cabe a la mona lisa, puesto que si la fotografía procedía del flanco derecho, los 8 ojos emprendían marcha en esa dirección para sustraer la imagen del cuadro mientras que daban un generoso margen al resto de unidades que acribillábamos a la pobre mona lisa. No entiendo cómo esa figura oblonga no destila más sangre que belleza a estas alturas.   En cualquier caso, y sin desviarme del tema, recordé en ese instante después de contemplar durante más de un minuto a aquella mujer, las palabras de un profesor indignado que criticaba la falta de conexión con la realidad, y el poco sabor de una experiencia digital, más que vivida. Cuánta razón tenía!, pero desde entonces han pasado unos cuantos años y el futuro que ahora es presente no es más halagüeño, después de lo visto en la cabalgata de reyes. Estaba apostado en la pared contabilizando el desfile de carrozas chabacanas, o eso me pareció desde un perspectiva en las antípodas de los cientos de rostros embelesados por la ilusión, cuando una mujer que no alcanzaría los 30 años se introdujo a empujones entre la marea. No le importó  en absoluto situarse en primera fila con su novio como guardaespaldas  eclipsando la salida de los reyes a las abuelas allí congregadas con sus nietos, pero lo más ridículo y espantoso, al margen de la imagen de la jirafa que tenía por novio avergonzado al no dejar ver a las filas traseras , fue verle como una descosida sacar fotos sin remedio, unas 50 en la misma posición calculo.   Después del boock , se marchó igual que había venido. La aglomeración se fue dispersando y antes de llegar al coche, en el inicio de la cabalgata una chaval, también muy joven, ensalzó el móvil como el mismísimo excalibur, y comenzó a soltar espadazos ignorante de estar dirigiendo sus embates a la noche estrellada en vez de al suelo
 Al sol Luz de llanto Luz de campo Sol austero que no gasta su grandeza Nos congrega a su encuentro postrero Arrancando los vestigios de una Tarde coqueta Te haces de rogar Esperando que las lagrimas echen a rodar pero aun Resistes sonriendo A la luna de mitad Para ser su sombra cuando brille Para ser su aire cuando huya En los tallos de la hierba Al raso de este valle has vuelto muy contento enrojeciendo las protuberancias de su pecho Para encender su rostro céreo Y convertir estas cenizas en la sal de nuestros cuerpos Las lagrimas han cesado Y ahora el cielo es tu redondez espléndida Tan viva Tan despierta Que ahora lloro yo por tu ausencia 
al sol
Autor: javier castillo esteban  196 Lecturas

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