Suave Patria 3 (CAPITULOS 7 Y 8)
Hola a todos ya casi se termina esta gran novela..
Una parodia pero con mi creatividad..
Ojalá les guste
El siguiente episodio es el final con el 9, 10, 11 y el 12 juntos..
Espérenos con ansias..
CAPÍTULO 7:
A las doce de la noche en punto, la gasolinera abandonada se convirtió en el escenario del operativo de fuga más ridículo del 2027. Para no despertar sospechas con la policía o los satélites de Apache, los guaruras de Don Toño se habían quitado los trajes finos: ahora vestían de civiles con playera, short y tenis, aunque —por puro orgullo profesional— ninguno se quitó sus icónicos lentes oscuros de guarura a pesar de la negrura de la noche.
La repartición de los vehículos fue un dolor de cabeza. Dos de los guaruras en short se treparon al carro de Néstor para escoltarlo. Otros tres guaruras se acomodaron en la enorme y ruda camioneta pick-up grande y verde de Alma Flake. La excomandante estaba que echaba chispas, completamente molesta de tener que compartir su adorada camioneta con esos gorilas en bermudas; pero no le quedaba de otra, tenía que ayudar a la familia, y Rosana se subió con ella en el asiento del copiloto para ir más cómoda con su mes de embarazo.
El verdadero drama comenzó en la cochera trasera. Dos de los guaruras grandulones, de casi dos metros cada uno, intentaron acomodarse en la icónica y sagrada motocicleta Italika de Tuto y Cacho. Al ver cómo el par de simios aplastaban el asiento y hacían rechinar los amortiguadores, Tuto y Cacho les metieron un regaño cómico de antología...Hey, hey! ¡Con cuidado, pedazo de animales! —gritó Tuto, todavía con el vestido floreado rosa puesto—. ¡Esa Italika nos costó un dineral y todavía la estamos pagando! ¡Como me le raye el tanque, se las cobro de su sueldo!
—¡Y no le vayan a meter la pata al acelerador en las curvas, que esa moto es una reliquia de nuestra boda! —secundó Cacho, furioso.
Al final, la camioneta familiar quedó lista para el viaje principal. Los otros dos guaruras se acomodaron en los asientos traseros junto a Don Toño y Doña Gina. El chofer asignado era Cacho y Tuto iba de copiloto controlando el mapa. El Brujo Sabio, fiel a su misticismo mochilero y como todavía no tenía trampas ni detalles místicos planeados en su mente, decidió tomar el autobús de pasajeros por delante para abrir camino y checar que la carretera estuviera limpia..El problema fueron los trillizos adoptados. Por logística, los niños tenían que ir con Tuto, pero la ley prohibía llevar niños en el asiento de adelante. Así que, con el ingenio mexicano por delante, los metieron hasta la cajuela de atrás del auto familiar, dejando la ventana trasera abierta para que respiraran bien. Los trillizos iban felices, pensando que era una atracción de la Feria de la CDMX.A la media hora de viaje, justo cuando iban saliendo de la Ciudad de México y entrando a otro estado, las cosas se pusieron tensas. Don Toño se empezó a paniquear al ver una patrulla a lo lejos.
Cacho, frena el carro! —ordenó Don Toño con sudor frío—. Si nos paran, nos van a descubrir los periodistas o los policías corruptos de Apache. Yo voy a manejar.
Don Toño se bajó hecho una furia, tomó el volante y, para asegurar el tiro, bajó a Tuto y a Cacho y los metió directito a la cajuela a los dos. Los trillizos, por su parte, pasaron a los asientos traseros a acurrucarse con Doña Gina, quien de inmediato se puso a darles dulces para que se durmieran. Tuto y Cacho terminaron amontonados atrás, entre las llantas de refacción y con los vestidos de mujer hechos bola, quejándose a cada bache de la carretera.
Pasaron tres o cuatro horas de viaje pesado, entre carreteras oscuras, paradas exprés y calambres en la cajuela. Milagrosamente, gracias al blindaje y al disfraz de civiles de los guaruras, todos llegaron a salvo a los límites del norte.
Mientras tanto, en las oficinas de campaña de la CDMX, el verdadero Apache estaba que se lo llevaba el demonio. Al entrar al departamento de Néstor con su escopeta lista y descubrir que solo quedaban las luces apagadas y los platos sucios, soltó un rugido de rabia que hizo temblar al Candidato Méndez..
¡Se me escaparon esos payasos de microbús! —bramó Apache, rompiendo una silla de un culatazo—. ¡Búsquenlos en las salidas de la ciudad! ¡No pudieron haber ido muy lejos!
Pero la caravana ya estaba a salvo. Las camionetas, la pick-up verde de Alma y la fiel Italika avanzaban por la terracería de la sierra. El Brujo Sabio se había atrasado un poco debido a un derrumbe en la carretera del estado vecino que paró su autobús, pero por radio les avisó que ya solo le faltaban diez minutos para entrar a Durango y encontrarse con todos en las cuevas de su bar.
La familia estaba completa, oculta en la sierra de los alacranes, lista para pasar de la huida a la estrategia de guerra..
CAPÍTULO 8:
El sol de la madrugada apenas empezaba a teñir de naranja los picos secos de la Sierra de Durango cuando la caótica caravana familiar finalmente se detuvo frente a la entrada oculta de las cuevas, justo a espaldas del bar del Brujo Sabio. Los potentes motores de las camionetas Suburban blindadas, el carro humeante de Néstor y la castigada motocicleta Italika se apagaron de golpe, dejando que el silencio de la montaña fuera interrumpido únicamente por el llanto de uno de los trillizos que ya tenía hambre.
La puerta de la enorme pick-up grande y verde se abrió de un violento golpe que casi arranca las bisagras de metal. La excomandante Alma Flake bajó de un salto, pisando la tierra seca con sus botas policiales. Tenía el rostro desencajado por la furia tras cuatro largas horas de viaje encerrada en la cabina con la seguridad privada de Don Toño.
—¡Se bajan todos de mi maldita camioneta ahora mismo! —rugió Alma, acomodándose la placa de policía en el cinturón y fulminando con la mirada a los tres guaruras que venían en los asientos traseros—No los soporto un segundo más! Es la última vez en mi vida que comparto mi vehículo con un trío de gorilas que huelen a loción barata, a sudor de carretera y que no se quitaron los icónicos lentes oscuros de guarura ni para pasar las casetas a mitad de la noche. ¡Órale, a volar! Los tres escoltas, a pesar de sus dos metros de estatura, bajaron de la pick-up agachando la cabeza de forma cómica. Se veían ridículos vestidos de civiles, con playera, tenis y short de tenis, completamente intimidados por la presencia de la excomandante. Rosana bajó detrás de ellos, tomándose la pancita con una sonrisa cansada mientras intentaba calmar el coraje de su amiga...Ya, Alma, tranquila, no te me alteres —dijo Rosana riendo levemente—. Al menos esos guaruras en short nos ayudaron a llegar a salvo y no despertaron sospechas de los periodistas..En ese momento, la cajuela del auto familiar se abrió desde adentro con un crujido seco. Tuto y Cacho salieron rodando hacia el suelo de terracería, completamente acalambrados, con las pelucas rubias de utilería aplastadas en la frente y los vestidos floreados rosas hechos bola y llenos de polvo de la llanta de refacción. Justo detrás, Doña Gina bajó de los asientos traseros cargando a los trillizos adoptados, quienes venían repletos de energía tras comerse todos los dulces del viaje...Ay, mis piernas! Siento que se me ponchó la circulación como llanta vieja —se quejó Tuto, estirando los brazos con dramatismo mientras sentía un fuerte mareo de empatía por el primer mes de embarazo de Rosana—Cacho, tu hijo me estuvo pateando la espalda a través del asiento todo el camino por venir amontonados aquí atrás.
—¡Pues agradece que no te tocó la herramienta en las costillas! —reviró Cacho, intentando levantarse el cierre del vestido de mujer—. Don Toño maneja como si viniera huyendo de la Jefatura de Gobierno..
Don Toño bajó del asiento del chofer, limpiándose el sudor de la frente y revisando su reloj de oro con los nervios de punta. En ese preciso instante, un viejo autobús de pasajeros de la ruta local frenó con un rechinido de balatas a unos metros del camino. La puerta se abrió y el Brujo Sabio bajó con su bastón en mano, apenas diez minutos detrás de la caravana tras librar el derrumbe en la carretera del estado vecino...Llegamos completos, par de atolondrados! —exclamó el Brujo, caminando con paso firme hacia su ahijada Rosana para darle un beso de padrino en la frente—. Bienvenidos a mi fortaleza. Aquí ni los satélites de Apache ni los policías corruptos de la CDMX los van a encontrar...El Brujo señaló la enorme entrada de la cueva, oculta por matorrales secos. Los guaruras de Don Toño, buscando recuperar su dignidad profesional, se desplegaron de inmediato por el perímetro con sus playeras, shorts y lentes oscuros, montando guardia entre las rocas de la sierra para ganarse bien el dinero que les iban a pagar....Toda la comitiva comenzó a adentrarse en la oscuridad de la caverna que conectaba directo con el sótano del bar del Brujo. Acomodaron a Rosana en un sillón improvisado con cobijas para que descansara su embarazo, mientras los trillizos corrían explorando las formaciones de piedra pensando que era la Feria de la CDMX...Reunidos alrededor de una vieja mesa de madera iluminada por una sola lámpara de gas, Tuto, Cacho, Don Toño, Néstor y el Brujo Sabio extendieron un mapa arrugado de la capital. El viaje en carretera y la comedia de los disfraces quedaban atrás; en la profundidad de la Sierra de Durango, el consejo de guerra estaba listo para diseñar la estrategia definitiva que acabaría con el verdadero Apache antes de que su campaña política destruyera a la familia
@Luis Borrayo
2026


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