LA SEÑORITA LIZBETH BLUEMOON

Ella era la hija única de los Bluemoon, una familia adinerada y de muy buena posición social. Su padre, era un señor con mucha influencia política, militar y eclesiástica. A la par, su madre se mantenía ocupada en salones de la alta sociedad y de belleza. También ocupaba su valioso tiempo en la más renombrada boutique de la capital. Doña Teresa de Bluemoon, era una mujer muy admirada entre sus pares, una persona de buenos modales y una reputación intachable. Siempre se mantenía al margen de los negocios de su marido, solo prestaba atención cuando notaba cierta rescates al disponer para ella, su presupuesto semanal.

Don Gerónimo era un señor, digo, más bien era prácticamente un dios. Su vida la había planificado ya hace muchos años. Para ser más preciso, nuestro dios tenía tan solo cinco años, cuando comenzó con su proyecto de vida. Cada día, su mente trabajaba simultáneamente en muchas labores cotidianas, tales como estudios, cuidar a sus mascotas, molestar al sirviente regalón de su padre y al mismo tiempo, calcular toda la fortuna que invertiría en los próximos años. Gerónimo, era un niño muy organizado. Cada inversión aun no realizada que desfilaba por su pequeño, pero majestuoso cerebro, la apuntaba en una libreta de notas. Nuestro pequeño, siempre se mantenía al corriente con los sucesos económicos del extranjero y del país.

Cuando finalizó con la planificación de su vida, siete años más tarde, sus padres desaparecen misteriosamente junto con el sirviente predilecto de papá.

Poseía una inteligencia admirable, pero a la vez retorcida. No supo cómo su mente le llevó a asesinar a tanta gente. Al parecer, su inteligencia no era suficiente, como para lograr frenar su maldad a tiempo.

Los Bluemoon se habían instalado en la capital ya hacía unos años. Fueron bien acogidos en sociedad, aunque mirándolo de la perspectiva correcta, ellos son los que fueron capaces de acoger a la sociedad. Su fama era avasalladora y creció más, cuando su dulce hija fue presentada en sociedad.

Lizbeth, era una pequeña muy introvertida y silenciosa. Al menos esa impresión causaba frente a los demás. Era la típica niñita que soñaba con el hombre perfecto, en la casa perfecta, con los sirvientes más gentiles y honrados que pudiesen existir, y además, con dos hijos preciosos que gozaren de muy buena salud. El mayor, un joven bien parecido y muy caballeroso, y la menor, una señorita envidiada, pero a la vez respetada por todos.

(Continúa)

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