Hay cosas que se volvieron normales, pero no lo son. Y una de ellas es creer que arreglarse los dientes es un tema de estética.

Cuando alguien dice “tenés el hígado sucio”, todos entienden que es un problema de salud. Nadie lo toma como algo estético. Nadie piensa que es un lujo tratarlo. Entonces, ¿por qué con los dientes sí?

Tener sarro, que con el tiempo puede aparecer incluso en personas que se cepillan todos los días, porque el cepillado por sí solo no siempre alcanza para evitar su formación, no poder masticar bien o perder piezas dentales no es estética. Es salud. Porque cuando la boca no funciona bien, el cuerpo también se ve afectado. La digestión cambia, la alimentación se complica y, con el tiempo, aparecen otros problemas que podrían haberse evitado.

Sin embargo, en la práctica pasa algo que no cierra. Muchas veces, resulta más accesible sacar un diente que salvarlo. No porque sea lo mejor, sino porque es lo que se puede pagar. Y así, sin darnos cuenta, se instala una idea peligrosa: que perder un diente es una solución.

Pero no lo es. Es el último recurso.

Cualquier persona puede entender algo simple: si faltan piezas en la boca, se pierde capacidad para triturar los alimentos. Y eso, a largo plazo, tiene consecuencias en todo el organismo. Entonces la pregunta es clara: si sabemos esto, ¿por qué el sistema termina facilitando más la extracción que la conservación?

Para entenderlo mejor, pensemos en otro caso: cuando una persona sufre un accidente y necesita la colocación de placas o tornillos en los huesos, nadie lo considera un tema estético. Es un tratamiento médico para recuperar la función del cuerpo y evitar consecuencias mayores a futuro. En esos casos, la prioridad es preservar la estructura y la capacidad de movimiento, no eliminarla como primera opción.

Entonces, ¿por qué cuando se trata de los dientes, que también cumplen una función básica, muchas veces la alternativa más accesible termina siendo perderlos?

También aparece una pregunta que muchos no se hacen, pero que es clave.

En países como Perú, el Estado, a través de instituciones como el Ministerio de Salud, el Seguro Integral de Salud o entidades como DIGEMID, tiene algún nivel de intervención en medicamentos e insumos esenciales, buscando que la población pueda acceder a ellos.

Página 2

Entonces, si eso ocurre en áreas clave de la salud, ¿por qué en la salud dental esto no se percibe con la misma claridad? ¿Por qué tratamientos básicos para conservar dientes no parecen tener el mismo nivel de prioridad o acceso?

¿Tiene que ver con que, durante años, se fue instalando la idea de que lo dental es más estético que funcional?

Si es así, la consecuencia es clara: algo que es salud termina siendo tratado como un lujo.

No se trata solo de decisiones individuales. También hay una forma de ver las cosas que influye. Cuando algo se considera “estético”, se vuelve secundario. Se acepta que sea caro, que no sea prioridad, que cada uno se arregle como pueda.

Pero hay una diferencia que no se puede ignorar. Teñirse el cabello, hacerse un tatuaje o una cirugía estética son decisiones personales. Masticar bien, alimentarse correctamente y evitar enfermedades no lo son.

Con los dientes debería pasar lo mismo. Recuperar la capacidad de masticar no es un lujo, es una necesidad.

Tal vez el problema de fondo no sea solo el costo, sino cómo se lo define. Mientras la salud dental siga siendo tratada como algo estético, va a seguir siendo difícil de alcanzar para muchos.

Por eso es momento de decir lo obvio: la salud dental es parte de la salud, no un privilegio. Y entender eso no debería ser complicado, porque es algo que cualquier persona puede ver en su propia vida.

Oscar Schenone Cruz

180

Cargando comentarios...