"Por si te interesa, ella va a llegar a la escuela más al rato" - el muchacho escuchaba en su mente la voz de su amiga diciendo esa frase una u otra vez.

Sintiendose muy ansioso, el muchacho bajó la vista para ver la hora en la pantalla de su celular.

-"Se está tardando mucho y ya casi es hora de irme a trabajar, pero aún puedo esperar un poco más, ojalá que los flanes no se derritan"- pensó, viendo los dos vasos con flan que tenía a su lado en la jardinera en la que estaba sentado.

Desbloqueó su celular y vio los mensajes del chat que tenia con ella.

-"Holi ¿nos vamos juntos al rato?"- le preguntó el muchacho.

-"Claro, me encantaría, te mando mensaje cuando salga" - contestó ella.

-"Va que va, nos vemos al rato" - dijo el chico.

Apagó su celular, levantó la vista al cielo y pensó "creo que no debí mandar ese mensaje"

- Ya lo hiciste, ahora solo confía - contestó la voz de su cabeza.

Sacándolo de sus pensamientos su celular vibró, el muchacho apresuradamente y emocionado lo desbloqueó y leyó:

-"Perdón, me voy a tardar más de lo que pensé, no me voy a poder ir contigo".

Después de leer el mensaje, el muchacho vio con tristeza la pantalla de su celular, suspiró, lo apago y lo guardó en su bolsillo. El chico se puso de pie tomó los flanes y empezó a caminar rumbo a la salida, destapó uno de los flanes a medio derretir, tomó la cuchara y comió una parte del postre.

- ¡Puagh! muy amargo... - dijo en su mente mientras tomaba con la cuchara otro pedazo.

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