La celestita perdida

Microrrelato

Con los brazos cruzados sobre mi espalda, un soleado domingo por la tarde, me encuentro en medio del mercado que se extiende a lo largo de las calles Francisco Javier Mina y José María Morelos, sin imaginar lo que estaba por suceder.

Hago una pausa para observar los productos que Osiel, “El Wey del sombrero” exhibe a la venta. Me decanto por el mineral celestita, originario del estado de Coahuila. Después reanudo mi caminata para encontrarme entre una gran variedad de antigüedades, pinturas, piedras mágicas, discos de vinilo, camisas con grabados especiales, comidas, café caliente, muñecos elfos, árbol de bonsái... en fin, un domingo muy distinto a los que acostumbro.

Cerca de la salida, evoco los momentos agradables del recorrido cuando, de repente, una multitud irrumpe corriendo hacia mí —luego comprendí que buscaban desesperados la salida— con rostros perturbados, miradas tiesas, ignorando que los objetos que se ofrecen salen disparados de las mesas; unos ruedan por el suelo, otros estallan en pedazos: la señorita a quien le compré la nieve de limón me advierte: “cuidado que ya vienen, están cerca”.

Esquivo objetos y seres humanos. Atento a lo que sucede, contemplo a lo lejos cómo numerosas entidades emergidas de la oscuridad de ultratumba, persiguen a la gente. Algunos visitantes son atacados por esos desalmados seres y yacen en el suelo caliente, pisoteados, con manchas negras y humeantes, con rastro del líquido mercuriano que viaja por las cavidades de esos seres en lugar de sangre. Pierdo la cordura al analizar la escena y le abro la puerta al pánico, retrocedo y acompaño a mis semejantes en la carrera frenética. Después de avanzar unos metros perdido en mis pensamientos, la celestita cae al suelo y se pierde entre cientos de piernas, varios periódicos vuelan hacia los rostros de quienes huyen y éstos apartan el papel con movimientos torpes para enfocarse en llegar a un lugar seguro.

Página 2

Mi elección contraviene mis principios, así que recapacito: “No puedo dejar a los seres humanos a merced de estas criaturas. Con el poder conferido por el Gran Maestro, debo ayudarlos”. Me doy la vuelta y, con determinación, comienzo a eliminar a los malignos seres, uno a uno, que se desintegran en el aire tras el movimiento de mi brazo derecho, hacia sus frentes; así esfumo el terror de la muchedumbre. Al terminar, veo el sombrero de Osiel volar hacia mí y aterrizar a la altura de mis botas. Me inclino para levantarlo y, tras sacudir el polvo con la mano, me lo pruebo y embona a la perfección. Lo tomo como un trofeo por mi valentía.

Instagram: ortegaame

Obras publicadas: Ojos de vida / Ser divergente / La invención de octubre 2023 / El crujido del tiempo / Leer enamora el alma / Nimrod y elocuencia / El arancel del Mictlán / Narrativas oníricas.

120

Cargando comentarios...