Mi hermana mayor siempre fue muy dormilona; amaba tanto dormir que mis papás le decían que iba a echar raíces en la cama si seguía así. Ella nunca se reía del chiste.

Le gustaba demasiado estar en la cama, dormía tanto que hasta sus ojos se ponían rojos.

Un día tomó los caramelos del sueño del cajón de mami, me pidió que no dijera nada, que ella quería dormir muuucho y después podríamos jugar un rato como antes.

Durmió tanto que la llevaron al hospital sin despertarla. Quizás comer un frasquito entero de caramelos le hizo mal al estómago, como me pasó a mí con el chocolate; los doctores les dijeron a mamá y a papá algo de que se había convertido en un vegetal.

Era verdad que le podían salir raíces. La plantamos en un campo muy grande y bonito, también pusimos su foto en una piedra. Ojalá se despierte pronto, tengo mucha curiosidad por ver en qué planta se va a convertir. Me aburro mucho sin ella.

Mamá no deja de llorar y papá nos grita de noche, no me quieren llevar al campo para ver cómo creció la planta de mi hermana.

Papá se fue de paseo con los policías el otro día y aún no vuelve.

Mamá quiere que coma los caramelos con ella, dice que así podemos ver a mi hermana otra vez.

No puedo esperar a ver qué flores vamos a tener.

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