Gonzalo
Estoy en el Río San Juan, mis manos sujetan el libro “El arancel del Mictlán”, me siento en las piedras más cómodas que encuentro. El agua fluye apacible, pero el roce con las piedras se siente como una caricia. Al otro lado, la orilla está cubierta de flora espesa y verde, que, al concentrarme en ella, se deforma para quedar un orificio con vida propia, del cual mana una fuerza gravitatoria que me atrae sin oponer resistencia. Intento reacomodarme en otra piedra, consciente de que se aproxima una de las constantes experiencias que suelo tener al meditar en la naturaleza. Me envuelve una energía profunda y misteriosa, y ahora me encuentro de pie frente a ese agujero, lo veo girar y, por instinto, junto ambas manos con los pulgares hacia adelante dejando un poco de espacio para maniobrar. Algo me empuja hacia adentro y me introduzco en ese bucle que cambia de aspecto con cada segundo; ahora tiene el grosor de mi cuerpo y está plagado de dientes en sus paredes interiores. No es oscuro ni luminoso, solo extraño.
Pierdo la razón y el sentido del tiempo y espacio, la forma del espectro se descontrola. Me había prometido a mí mismo mantener mis ojos cerrados, pero fallé, miro mis extremidades y desaparece mi forma corporal para convertirme en un montón de pedazos. Lo dentado del agujero cumple su propósito: me pierdo, dejo de ser Gonzalo, ya no me ven mis hijos, la naturaleza ha reclamado mi esencia, ya no siento nada, mi mente desaparece. Al fin regreso a mi origen, a mi hogar ancestral, sin emociones ni sentimientos, lo último que recuerdo es el libro, ahora soy parte del universo. Levanto la mirada hacia el frente y no hay inicio ni final. Me uno al Todo; ya no necesito mi avatar, cumplió su función terrenal.
Instagram: ortegaame
Obras publicadas: Ojos de vida / Ser divergente / La invención de octubre 2023 / El crujido del tiempo / Leer enamora el alma / Nimrod y elocuencia / El arancel del Mictlán / Narrativas oníricas.


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