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Entre Vinos Y Una Rosa

Angie Katherin García Navas@angiekatheringarcia
29 ago 2026·8 min de lectura

Con una copa en mi mano, iniciaba la tortura de un nuevo día, soy un viejo de 58 años, digo viejo porque se notan mis años, y es que no me he cuidado en absoluto, hace 48 años inicié como corrector de estilo, al principio como académico, no lo negaré, pero me gustó, y hace un par de años, exactamente 10, me dieron la oportunidad de ejercer en una editorial, supongo que algo rutinario, no miento, sigo allí por la paga. Hace unos cuantos años, más de los que creen, me enamoré obsesivamente de una universitaria, puedo describirla, aún la recuerdo, allí sentada en el salón, en dónde yo impartía las clases, está su vivo recuerdo, era baja, de lentes, sensual y muy inteligente, su edad la recuerdo perfectamente, 17 años recién cumplidos en ese entonces.

Crecí con mis abuelos maternos, en las afueras de Sevilla, en España, hermosos lagos y ni mencionar los atardeceres tan espectaculares, desde pequeño me volví un adicto al vino, al buen vino, recuerdo que creí que era homosexual, no me sentía atraído por nadie, hasta los 26 años tuve mi primera relación sentimental, dicen que el primer amor es el más hermoso, puro y genuino, no sé hasta qué punto sea creíble, esa relación duró no más de un año, en ese tiempo para conmigo me sentía satisfecho, pero mi instinto me gritaba con un sonido desgarrador que vendría algo mejor, alguien por quien pasara noches en vela, algo en donde conectara con mis más recónditas pasiones, y así fue. Estudié en Barcelona, Universitat Pompeu Fabra, ubicada en el corazón de la ciudad, me especialicé en la facultad de Humanidades, desde pequeño adquirí el amor por la lengua española y la ortografía, llegué a postularme cómo candidato en la Real Academia Española, para mí era imposible competir con Jorge Luis Borges, fue él quien tomó la silla. En mi último año universitario conocí a Éloise Charms, era tierna, educada, pero se veía a leguas que era una interesada de pies a cabeza, así como le gustaba la droga le gustaba el sexo, para nadie es un secreto, a mí también, no pasó más de 9 meses, cada uno se graduó, tomamos caminos tan diferentes que nunca nadie supo del otro. Presenté varios concursos en diferentes colegios y universidades, a los dos meses luego de esto, obtuve mi primer empleo en la universidad de Francia, exactamente en Arcueil, en el Instituto de Gestión y Comunicación Intercultural, en la rama del castellano, viví en un apartamento muy elegante, mi empleo me generaba ciertas ventajas, entre ellas algunas comodidades en lo cotidiano, el horario variaba según los días, trabajaba de lunes a viernes 6 horas diarias, algunas veces jornadas en la mañana, tarde y noche.

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Una mañana a mis 29 años entré al aula a presentarme como director y profesor de la facultad, y ahí fue cuando quedé ensimismado con una joven, una hermosa joven que miraba y parecía que destellaba entre miles de estrellas, ese día me presenté nervioso, no era algo nuevo para mí, sin embargo, ese día nació cierto sentimiento confuso. Luego de la presentación pasé a preguntar nombres, Antonio Bernal que venía de México, Alejandra de la Cruz de España, Fiedrich Muller de Alemania, Lila Thompson de Australia, así unos cuantos más, hasta que la hermosa joven que inquietaba mi tranquilidad levantó su brazo y dijo: Rosa Helena Vinter Lie, Noruega, quedé pasmado con su armoniosa voz, era una hermosa melodía que cautivaba mi ser, ese día traté de no prestarle atención a mis sentimientos que ya surgían del fondo, continué con la clase introductoria, y algunas políticas y normas de convivencia que exigía desde ese momento, sonó el timbre para cambio de hora, todos salieron y esperé pacientemente el otro grupo, este era más avanzado, se graduaban ese mismo año, y por lo tanto se creían mejores que el resto. Con ellos tuve la clase inductora de Teorías Lingüísticas Avanzadas, dejé algunas actividades y unas cuantas lecturas que debían contrastar, ese día fue muy satisfactorio, llegué a casa a eso de las 3:00 pm, llamé a mis abuelos y les comenté de manera subjetiva el transcurso de mi día laboral, luego prometí hablar con ellos una vez cada semana, así les pondré al tanto y viceversa.

Pasaban los días y Rosa Helena y yo, teníamos un acercamiento más estructurado, como profesor y alumna, era muy inteligente, un poco introvertida y eso me gustaba, sacaba muy buenas calificaciones y meses después me confesó cierto favoritismo hacia mí, la invitaba a salir y ella aceptaba encantada. Teníamos una relación más sentimental, solo que ninguno de los dos lo aceptaba, cada día teníamos planes nuevos, y aunque mi trabajo fuera pesado, Rosa Helena aliviaba toda la carga, tan solo si la veía mi día mejoraba, ella era uno de esos logros positivos por los cuales me esmeraba. Por supuesto que nada es para siempre, y no todos los finales son felices, pasábamos tanto tiempo juntos, que los demás insinuaban un amorío secreto, eso poco a poco afectaba mi reputación, comentarios dañinos para ella, y acusaciones de otros profesores. En ese tiempo me alarmé por mi puesto, no quería perder mi trabajo, no quería que Rosa Helena se dejara afectar más, el director me llamó la atención y me citó, desmentí y me negué a aceptar falsas acusaciones, entiendo que políticamente eso es rechazado, un profesor no puede tener un romance con un alumno, y lastimosamente algo que empeoraba la situación es que ella, era menor de edad, las especulaciones fueron creciendo, cada vez compartíamos menos, solo eran temas de estudio a duras penas, los cotilleos no paraban en el aula. Hasta que un día me cansé de las habladurías, pedí un traslado con el dolor del alma. Se preguntarán ¿Qué pasó con mis sentimientos y el vínculo que ya estaba arraigado? Y lo cierto es que hasta ahora, ha sido la mejor decisión de mi vida, le planteé la propuesta a Rosa Helena de irnos a vivir juntos en otra ciudad, en donde nuestras vidas iniciaran de cero, solo que juntos, donde nadie nos separara. Los padres de ella habían fallecido en un crucero, le habían dejado toda su fortuna, una tía en ese entonces, recuerdo que era quien tenía su custodia, para llegar al grano, le ofrecimos una buena suma de dinero para que la dejara estar conmigo, la tía sin hacerse la rogada aceptó, tiempo después nuevamente me hallaba postulándome como profesor del castellano en varias universidades, mientras me asignaban, Rosa se había mudado a mi casa, era como vivir en un sueño, la felicidad que extasiaba al saber que era lo último que veía en mis noches y lo primero cuando abría mis ojos, era mágico, me consideraba el ser más dichoso de la tierra.

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Vivo en la actualidad con todo lo que soñé, Paris, lleno de trabajo, mi esposa, si, Rosa Helena, mis hijos, Olivier y mi pequeña Amelié, quienes son un conjunto perfectamente sincronizado de rasgos tanto de su madre, como míos, mi pequeña apenas tiene 5 años y mi hijo 12 años, al poco tiempo después de mudarnos a Millán, Rosa quedó embarazada, fue un varón hermoso, sano y grande, Rosa continuó con sus estudios, tiempo después, para el cumpleaños número 6 de Olivier, Rosa se graduó de Arquitecta, e incluso, tomó nuestros gustos y diseño nuestra casa, a la cual apenas nos mudamos hace un par de años. Decidimos que el trabajo podía aliviarse un poco si aceptaba el puesto de corrector de estilo para un periódico, la carga de trabajo no se ha reducido, pero se facilita mucho en mí, pagan bien y tengo tiempo libre con mi familia. Mi abuelo falleció tiempo después de mi segundo trabajo, un tumor cerebral, en vacaciones vamos donde mi abuela, ella quiere mucho a mis hijos, Rosa Helena igual de hermosa, inteligente y sexi, aunque los intervalos de edades sean diferentes, nos acoplamos muy bien, ella quiere tener un par de hijos más, cosa que yo acepté con un par de condiciones que no mencionaré, el tratamiento lo iniciamos la otra semana, mi edad ya no permite tener hijos, soy feliz, muy feliz, solo me queda disfrutar de mis hijos y mi bella esposa. Y aunque no todos los finales son felices, el mío si lo fue.

Para los que se preguntarán por mi nombre, se los daré. Leonardo Álvarez.

Angie García Navas

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© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
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Escrito porAngie Katherin García NavasApasionada por la narrativa, la cultura vitivinícola y García Márquez. Disciplinada en la lectura y …
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