Para: Quien pueda identificarse.
Amarle, aunque parezca sencillo, no ha sido lo más fácil que he hecho en mi vida. Hubo momentos en los que pensé que el amor no era cosa mía; sus indecisiones me hirieron, me decepcionaron, y dejaron cicatrices que aún laten en mi memoria. Sin embargo, cuando se ama de verdad, las razones se vuelven inútiles, y lo único que queda es la fuerza de un sentimiento que no sabe callar.
La felicidad que me desborda cuando compartimos aunque sea cinco minutos juntos me basta para sobrevivir un año entero. Su sonrisa se convierte en mi alimento, en la chispa que me rescata de la oscuridad, en la esperanza que me recuerda que aún vale la pena seguir.
Y aun con el dolor de la espera, con la incertidumbre de sus dudas, yo sigo aquí, aferrado/a a la certeza de que amarle es mi destino. No necesito promesas ni certezas, porque ya he decidido: si amarle es un riesgo, entonces acepto perderlo todo. Prefiero naufragar en la tormenta de su ausencia que vivir en la calma de un mundo sin usted.
Porque en usted he descubierto que el amor no es un juego ni un pasatiempo: es la herida más dulce, la condena más hermosa, la fuerza más pura que puede habitar en un alma.
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