Poco se habla del trance entre el querer y el rechazar. El corazón dispuesto a amar, la mente trayéndonos de golpe a la realidad, recordándonos el porqué de las cosas.

Abrir el corazón cuando la mente se niega es más doloroso que cerrar la mente cuando el corazón insiste en amar. El verdadero desafío está en encontrar el equilibrio entre ambos.

Nos encerramos en nosotros mismos buscando protección del exterior, mientras el interior, bajo la excusa de "estar sanando", va desgastando el sentir. Se pierde la capacidad de amar sin miedo, sin duda... Eso es el bloqueo emocional. Lo provocamos al intentar evitar que otros nos dañen, y terminamos dañándonos a nosotros mismos.

Por eso reitero: desconocemos la magnitud del sentimiento en sí, y menos aún cuánto duele realmente amar.

Amar duele, sí... pero más duele vivir sin permitirnos hacerlo.

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