Un jarrón roto, así me siento. Un jarrón que ha sido arrojado sin ningún miramiento al suelo. No era perfecto, no era el más bonito pero no esperaba este final. Un final tan cruel que hiere. Heridas que no sanan rápido. Heridas que dejan huellas, no solo en el corazón también en la mente. En esa parte que habla, habla alto. Tanto que no me deja ser feliz.

Se calla en momentos en donde consigo un atisbo de luz junto a mi gente. Con ellos siento el sonido de las olas chocar contra la pared de piedra, un poco de paz llega a mi vida. Pero nada es eterno, la gente que me rodean va desapareciendo, cada vez son menos. El estar roto y las palabras dichas por ti los han alejado dejándome cada vez más a la deriva. Y aquellos pocos que se  quedaron, siento cómo si no estuvieran. Me siento solo, los veo a ellos, pero los brazos de la soledad me arropan. En esos momentos es que las voces de mis inseguridades ganan las batallas. Hablan y hablan fuerte y seguras, seguras de que pueden derrotarme, y yo las dejo. A veces, las ganas de seguir peleando se desvanecen. 

Cansado. Cansado siento cómo el río de mi desespero baja por mis mejillas haciéndome ver mi cara más oculta. Mi verdadero yo; débil, sensible y desecho. No puedo dejar que nadie lo vea, destruirán la poca paz que me queda. Destruido.

Fallos, siento que he fallado y me siento atascado, sin remedio. Cómo un barco encallado que busca auxilio sin cesar. Busco poder salir del hoyo en el que estoy sumergido, en el que me sumergiste. Pero no encuentro cómo salir. Las ideas corren en mi mente pero yo soy el que no corre a ellas. Tengo que levantarme, lo he escuchado varias veces. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Cuesta. Aún así he podido levantar una pared, esa pared musculosa que me hace ver lo que no soy, fuerte. Aún así ayuda, mantengo la mente ocupada, alzo un peso diferente al que tengo en el corazón y en la mente. Ocupo todo de mi para olvidar.

Cristian

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A pesar de todo lo dicho y lo no dicho, lo que la niebla oculte por temor o por desgracia, yo te escucho. Eres oído y amado. La luz no se ha apagado solo que la niebla oculta su brillo. Sigues aquí, de pie y eso es lo importante. Te escuchamos, no soy la única. El peludo te escucha y ahullenta el monstruos de la oscuridad que habita en tu hogar y en tu mente. Aquellas figuras que de chiquito se veían inalcanzables, superhéroes, están aquí. Tal vez no tan presente porque con el tiempo se van debilitando y volviendo más humanos. Pero están ahí. Creyendo en ti, tanto cómo yo lo hago. E incluso aquellos que de chiquitos hacían los días más molestos. Días llenos de caos. Ruido. Siguen haciendo ruido, ya no tan alto. Pero siguen ahí, tanto cómo yo. 

No te ahogues, pide ayuda.

Aquí estamos y te escuchamos. 

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