Un eclipse destinado
Las hojas frescas, pasaban como un eco por su mente, en una suma repetición consecutiva, no cordial, pero afligida, lo afligía, los recuerdos lo envolvían, y lo que creyó que siempre necesitaría, hoy lo desecharía…
Había pasado por tanto en la vida, y ella, no conforme con eso, nuevamente lo encandilaría.
A los 30 años, cuando una persona ya debería ser realizada, trabajando en lo que soñó a sus 18, no debería prestarle atención a aquello que le resta importancia, pues a ciencia cierta se sabe que es irrelevante, indiferente, insensato.
Creemos, que eso creía Jhons, aquel niño, que había crecido en un seno familiar de clase media, con padre ausente, pero que su familia unida, le hacía olvidar, aquel vacío que su padre representaba. Creció rodeado de naturaleza, esa que era suya, esa que le refrescaba en las tardes de bochorno, esa que le regocijaba el alma, que hacía despistarlo con una leve brisa que recorría su cuerpo y que, a su vez le nublaba su ser, con un futuro incierto… Era un ser lleno de inteligencia, le encantaban las artes marciales y los museos, los cuadros que emanaban la dureza que él no representaba, la fragilidad y el desdén que, como una brújula descompuesta, lo desorientaban. Sus hermosos ojos desorbitados, hundidos, se veían y dejaban la sensación del paso de una estrella fugaz, en la cual se piden deseos, y cuando ella lo tenía en frente, sabía que su deseo era una promesa…
Soñaba con ser cantante, pero a medida que crecía, su sueño se apaciguaba porque sabía que eso no le daría para el pan de cada día. Un día de la nada eligió que trabajaría en una de esas empresas enormes, que, si la vida le sonreía, tendría para lujos, no solo comodidades, fue así como con gran desempeño, logró estudiar arquitectura, solo que, finalizando su último semestre, padeció una enfermedad que hizo que todo se viniera abajo, una enfermedad silenciosa, que aguardaba con sigilo y que les daba paso y saciedad a las promesas de la muerte.
¡Tan! Y su mente se volvía borrosa, ¡Tan! Y sus piernas ya desequilibrabas, buscaban una esperanza para mantenerse con firmeza… ¡Tan! Y en medio parpadeo se hallaba como en los eventos taurinos, aguardando su estocada final.
Con las manos sobre su regazo, esperaba pacientemente sus resultados en el centro del hospital, rodeado del murmullo que envolvía un ambiente así, sin hablar de las sirenas entrando y saliendo sin compasión, a lo lejos divisó un doctor acercarse por los pasillos, parecía la entrada de una película paranormal, ya era un poco tarde, pero al menos no dependía de una docena de cables que salían de su cuerpo, y ni hablar de la entubación, sentía que se atragantaba. Se estremeció en la silla, su apariencia cambiaba cuando el doctor le lanzó una sonrisa ladeada como saludo, seguido de ese saludo no verbal, lo primeo que espetó fue un _Mr. Jhons, que suerte ha tenido…
Ya saliendo del centro médico, luego de firmar documentos y comprar algunos medicamentos de su receta, lidiaba con poco menos, debería asistir a chequeos programados cada mes, para ver el avance, se encontraba hambriento, ¿Cómo no estarlo? No probaba bocado alguno desde hacía 3 días, por supuesto que no estaba solo, sus familiares lo habían cuidado, su madre no paraba de llorar luego del certamen médico, su hijo le había pedido que se adelantara, ahora su madre cuidaría de él hasta su superar su enfermedad, tenía un parásito microscópico, tan diminuto que no se detecta hasta que ha colonizado cada célula del organismo. Se aloja en el torrente sanguíneo como un viajero silencioso, destruyendo el equilibrio homeostático y apagando las funciones vitales poco a poco. Su presencia es como un eco interno, un susurro que carcome desde dentro, modificando el ADN de su huésped hasta convertirlo en algo irreconocible.
Tal vez la enfermedad no mate rápido, sino que convierta a la persona en un reflejo de lo que alguna vez fue, borrando recuerdos, alterando su capacidad de sentir emociones, volviendo su piel translúcida como si la vida se desvaneciera lentamente. Es una extinción paulatina. Él solo pensaba que debía presentar su tesis final, sí, ese año se graduaba como arquitecto, poco a poco y como un thriller de película pasaba la vida por su mente que cuando chico se había imaginado, su trabajo en una empresa, ser un gran diseñador de casas, hasta se veía en una familia, y aunque a sus ya veintitantos años no hubiese experimentado lo que es tener una vida amorosa, más allá que cual cosa, la vida le daría una nueva oportunidad, o mejor, él le daría una nueva oportunidad a la vida.
Por cuestiones muy claras de salud, no pudo graduarse ese mismo año, eso para él había sido una derrota, pero al menos en la universidad entendían a la perfección y no por lástima, o por cautela, le darían cierto descuento en su último semestre, ya que por obvias razones él había elegido repetirlo de cero, no le gustaban las cosas a medias, o era todo o nada, siempre frío o caliente, pero nunca tibio. Siempre daba lo mejor, no le gustaba el trozo más pequeño, mucho menos las migajas, sus compañeros lo animaban, lo visitaban, en ese tiempo su madre era quien lo cuidaba, ya se acostumbraban y se aguantaban mutuamente, aunque la convivencia al principio era muy difícil, sí, así como cuando un león asecha a su presa, o como cuando un cuervo ya tiene los ojos de alguien como objetivo.
Aunque era de tez blanca, su belleza era cegadora, era bajo, pero no mucho, 1:76 con exactitud, ni gordo ni delgado, todo sincronizaba y encajaba a la perfección, a pesar de su enfermedad seguía esbelto, radiante, y muy soñador.
Luego de superar su enfermedad, asistir a sus últimos chequeos que despertaban ansiedad, nervios, estrés y ganas de vomitar, sentía que por fin podía respirar, que ya no estaba atado, que ya no tenía ese parásito que no conforme con arrebatarle la vida, le arrebataba la ilusión, sus proyectos, por los cuales había dado todo…
Estando en esa tónica, una madrugada desesperante, asfixiante, amortiguadora, un crujido en el suelo ¡Crash! Se sobresaltó y bajó corriendo, ese sonido agudo lo había helado, estaba con los nervios de punta, cuando llego, un impacto, su madre estaba en el piso, aún estaba tibia, pero no reaccionaba, por inercia tomó el celular y marcó a urgencias, pedía a gritos una ambulancia, la cual tardó y llegó 36 minutos luego de que colgara, su madre ya no estaba tibia, cada minuto se helaba más, estaba en los brazos de su hijo, cuando llegó la ambulancia la entubaron, se miraron los paramédicos y hablaban en códigos, que para nadie era un secreto y como si fueran lanzas, se atascaban en su pecho con tal lentitud _Tenemos código rojo, iniciando RCP_ poco a poco iba agonizando, sí, no sabía que decir, cómo ayudar, qué hacer en ese momento, se subió a la ambulancia, 3 paramédicos iban a atrás con él, y uno más en el puesto de conductor.
Cuando llegaron al hospital las enfermeras corrían de un lado a otro, él lloraba, sí, porque sentía que poco a poco algo se apagaba en su ser, afuera en la sala, en seguía en vilo, adentro, los doctores reanimando a la madre, él seguía ansiando a que alguien saliera de esa puerta, 1, 2, 3, despejen, él, con los ojos más cristalinos que nunca, 12 miligramos más de adenosina por intravenosa, él solo se podía ver nuevamente con su madre, en la casa, recordando esta pesadilla, no doctor, no reacciona, él en la sala de espera, más y más lágrimas, era de madrugada, 3:36, el hospital estaba lleno, ruidoso, pacientes por aquí, una madre gritando por su hijo, otra en contracciones esperando una nueva vida, ya viene gritaba una doctora, dame un intento más, los médico de la madre ya no tenían nada que hacer, se limpiaron el sudor de sus frentes, uno de ellos tomó la palabra, con un nudo en la garganta, 3:38 hora de muerte, las enfermeras se veían unas a otras, el enfermero ya desconectaba la madre, un médico se acercaba cabizbajo, a la sala de espera, divisaba a Jhons muy deprimido, solo, y por primera vez en toda su carrera, una lágrima se deslizó por su mejilla izquierda, la limpió con el torso de su mano, disipando cualquier suspiro contenido en el aire, poniendo nuevamente su máscara de dureza, de profesionalismo, de “Este es mi trabajo, es eso, un trabajo” espetó con una agonía tangible, con una voz rota_ Mr. Jhons, lo lamento, intentamos lo que teníamos al alcance, lo que la ciencia nos ha enseñado que se hace en estos casos, pero su estado era muy delicado, necesitaba más que un milagro, su madre falleció_...
Luego del velorio, entró a la casa, lanzó las llaves contra la mesa, quería un vaso de agua, su rostro no expresaba emoción alguna, quería desaparecer, arrancarse el alma, decidió lanzar al vacío su corazón, se dirigió a la cocina, y allí estaban los restos del vaso roto, aquellos vidrios que destilaban un espeso color rojizo ya seco, y ahí, por primera en su vida reaccionó, estupefacto, engullido por aquellos recuerdos de un par de día antes, gritó, lloraba, se quería arrancar hasta el último de sus cabellos, le dolía todo, los nudillos estaban blancos, subió a la que era su habitación, arrasó con todo, en su mesita de noche, observó una fotografía de cuando era un niño, y recordó aquel día, en el campo, al aire libre, en el cumpleaños de su madre, él quería ir a recoger unas flores para darle, pues veía que sus tíos le daban regalos, y él nada, fue así como después de unas cuantas de varios colores, las ató con una liga que tenía en sus bolsillos, y se las entregó, su madre, acostumbrada a los regalos de los tíos, no expresaba mucha emoción, pero cuando él le dijo: _ Mami te amo_ y las levantó, ella entreabrió su boca, cerró los ojos, y lo apapachó como lo hacía todos los días, a esta vez, con más fuerza, y por fin, ambos se dieron cuenta, no que solo se tenían ellos dos, sino que desde ese momento o mucho antes, estaban comprometidos a velar por el bienestar y el cuidado del otro.
Fueron dos años que él tardó en intentar recuperarse, muchas personas que tenía a su lado, como su familia y amigos lo intentaban ayudar, pero él no cedía, no quería, avanzaba, con todo lo que llevaba incrustado en su pecho, cada paso que daba lo hacía derramar más sangre, no tenía hermanos, mascotas, o una pareja que al menos le hiciera un plato de comida en momentos donde su cuerpo no reaccionaba, no tenía orden en su vida, pensaba regresar a la universidad y terminar para tener su título, pero siempre buscaba excusas, se decía a sí mismo que cuando se sintiera mejor, qué cuando le notificaran al correo, lo cierto era que la bandeja de su correo estaba llena, no solo le notificaban para que volviera, también ya le habían anunciado que su beca expiraría finalizando ese mes, se veía demacrado, agotado, como si un camión le hubiese pasado por encima…
Finalizando esa semana, se forzó a contestar un correo en dónde decía, que volvería, que se disculpaba por no haber respondido, pero que se matricularía para el último semestre. Por supuesto que esa beca se perdería si no actuaba a tiempo y usando la razón, ya el domingo, alistó todo nuevamente, para volver, donde había quedado, nuevamente a tomar ese hilo o ritmo universitario, ya estaba un poco más motivado, al menos, ya no ahuyentaba a sus familiares y cercanos.
Luego de un par de semanas en la universidad, adaptándose a todo, aun se preguntaba el por qué había cambiado tanto la universidad, ya no sentía ese ambiente tan familiar, y es que la verdad hasta algunos de sus profesores eran nuevos, jamás los había visto, cuando intentó preguntar por su profesora de urbanismo y planificación, se había pensionado, ya tenía una edad considerable, pero él pensaba que no era para tanto.
Un día en la materia de diseño, se cruzó por primera vez con una chica, alguien a quien había visto muy superficialmente, pero que, si algo era verdad, era muy guapa, inteligente y misteriosa, por primera vez en su vida sentía gusto y atracción hacia alguien y era cómico, porque era una faceta nueva de él, algo que no había experimentado jamás, luego de varios intentos, y encuentros vespertinos varias veces, formalizaron una relación, genuina, de apoyo y estabilidad.
En la graduación de ambos, tuvieron una velada muy bonita, con los padres de Lilia, sí, aquella chica hermosa, se llamaba Lilia, y desprendía un aroma a lavanda delicioso, tentador…
La vida, parece que por fin le sonreía, era un gran arquitecto, estaba feliz y enamorado, viviendo un romance que solo había conocido en libros y películas de ficción, el siguiente paso para ambos fue diseñar la casa en la que se mudarían a vivir, y así lo hicieron, a pesar de unos cuantos años de diferencia, que era evidente que Jhons le llevaba a Lilia, formaban un vínculo hermoso, cualquier ser que habitaba cerca los envidiaba. Una noche, estando los dos mirándose mutuamente, Jhons se abrió y le contó su vida desde cero, sin excusas, sin rodeos, la verdad y nada más que la verdad, y finalizando aquella dura y amarga noche, que se compadecía del destello de sus ojos, Jhons se giró para quedar viendo el techo, Lilia lo miraba tiernamente, y él, nervioso, ensimismado, como quien confiesa un crimen, buscó por el aire la mano de Lilia, e inclinó su rostro para quedar a pocos centímetros de ella, con una voz uy baja, íntima, pero que irradiaba aquellos sueños que siempre había perseguido, y que hoy, algunos de ellos los tenía atrapados, como quien atrapa mariposas en su red entomológica, espetó: _ Quiero casarme contigo, ya que por fin tengo alguien por quien luchar, por quien llorar y a quién retener cuando no sepamos que hacer, cuando no tengas un sol, puedes centrarte en mis ojos, te guiarán y siempre dirán la verdad, permanecerán para ti, hasta que se cierren para siempre, y yo, miraré la luna, cuando quiera inspirarme y necesite de una compañera que me escuche y no me reproche, te miraré a ti, a tus ojos que representan y destilan amor y hermosura en una noche llena_ desde ahí se sintieron más unidos que nunca, el uno para el otro, dos piezas encajando a la perfección como un eclipse visto desde la tierra, donde el Sol y la Luna se alinean con una perfección celestial.
Sí, al final Jhons entendió que todo lo que sucedió debió pasar, y que debió ser así, que todo tiene un precio, poco a poco sana, no olvida, pero ya no se siente desprendido del mundo como en las anteriores veces, ya no es ese cigarro que su dueño olvidó aplastar, que puso en el cenicero y que se consume lentamente hasta volverse polvo en medio de la nada.
Cuando se unieron en matrimonio, Jhons no solo se comprometió con la vida, él retrocedió a aquella vez en la que estaba en su habitación, en donde había lanzado su corazón al vacío, lo tomó nuevamente, como un superhéroeen las películas de Marvel, y así, sin limpiarlo, aun desangrándose por las dagas clavadas, se lo entregó a Lilia, con una mezcla de que por fin algo había valido la pena, y se perdió, se perdió para siempre en esos hermosos ojos, que, para él, siempre han sido la luna. Por fin comprendió que el sol no salía en vano, siempre lo hacía por ella, por su Lilia.
Angie Katherin García Navas




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