Sangre en las sombras

El café quedó en silencio.

No era un silencio normal.

Era esa clase de quietud que precede a una tormenta.

Aurora miró alternativamente a Lucien y al desconocido del abrigo color borgoña. Ninguno parecía dispuesto a apartar la vista del otro.

Los clientes continuaban hablando, riendo y bebiendo como si nada ocurriera.

Como si no pudieran sentir la tensión que había llenado el lugar.

—¿Quién es él? —preguntó Aurora en voz baja.

Lucien no respondió.

Su atención permanecía fija en Kael.

—Hace mucho que no nos vemos, Lucien —dijo Kael con una sonrisa elegante—. Veo que encontraste a la muchacha antes de lo esperado.

—No pronuncies su nombre.

Kael soltó una breve carcajada.

—Sigues siendo igual de protector. Eso siempre fue tu mayor debilidad.

Aurora dio un paso atrás.

No entendía absolutamente nada.

—¿Ustedes se conocen?

—Demasiado —respondió Lucien.

Kael hizo una leve reverencia.

—Kael Dragomir. Un placer conocerte, Aurora.

Ella sintió un escalofrío cuando él pronunció su nombre.

No se lo había dicho.

—¿Cómo sabe quién soy?

—Porque hace mucho tiempo que te estamos buscando.

Lucien reaccionó un instante antes de que ocurriera.

Sujetó a Aurora por la muñeca y la apartó bruscamente.

En el mismo segundo, la enorme vidriera del café estalló en miles de fragmentos.

Los gritos inundaron el local.

Una figura oscura atravesó el cristal con una velocidad imposible.

Cayó sobre una mesa y lanzó un rugido que heló la sangre de todos los presentes.

No era un hombre.

Tampoco un animal.

Su piel era grisácea.

Las venas negras recorrían todo su cuerpo y sus colmillos sobresalían de una mandíbula deformada.

Los ojos, completamente blancos, no parecían pertenecer a un ser vivo.

Aurora quedó paralizada.

—¿Qué... qué es eso?

Lucien dio un paso al frente.

—Un Sombra.

La criatura lanzó un alarido antes de abalanzarse sobre ellos.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Lucien interceptó el ataque con una fuerza sobrehumana.

Ambos atravesaron varias mesas, destruyéndolas como si fueran de papel.

Aurora observaba la escena incapaz de comprender lo que veía.

Ningún ser humano podía moverse de esa manera.

Ningún hombre podía lanzar a otro varios metros con una sola mano.

Entonces Lucien golpeó a la criatura contra una columna.

El mármol se agrietó.

La criatura respondió con un zarpazo que rasgó el hombro del vampiro.

Por primera vez, Aurora vio sangre.

Oscura.

Casi negra.

Kael permanecía inmóvil.

Sonreía.

—No vine a pelear contigo.

Solo quería comprobar una cosa.

Lucien volvió a mirar a Aurora.

Ella seguía viva.

Eso bastaba.

Página 2

En un movimiento veloz, tomó un cuchillo de plata decorativo que colgaba detrás de la barra y lo hundió en el pecho del monstruo.

La criatura lanzó un grito desgarrador.

Su cuerpo comenzó a deshacerse lentamente hasta convertirse en una nube de cenizas.

El silencio regresó.

Aurora respiraba con dificultad.

Los clientes estaban escondidos debajo de las mesas.

Algunos lloraban.

Otros llamaban a emergencias.

Pero nadie parecía haber comprendido qué acababa de suceder.

Lucien caminó lentamente hacia ella.

—¿Estás herida?

Aurora retrocedió.

—No... No me toques.

Él se detuvo.

En sus ojos apareció algo que no esperaba sentir.

Dolor.

—Escúchame con atención. Lo que viste esta noche no puede salir de este lugar.

—¿Qué sos?

La pregunta quedó suspendida entre ambos.

Lucien cerró los ojos un instante.

Había pasado más de dos siglos evitando responder esa misma pregunta.

Cuando volvió a abrirlos, habló con una sinceridad que ni él mismo comprendía.

—Soy aquello que los cuentos intentaron convertir en leyenda.

Antes de que Aurora pudiera insistir, se escucharon sirenas acercándose.

Kael caminó hacia la puerta con absoluta tranquilidad.

Al pasar junto a Lucien, murmuró:

—Solo fue una advertencia, la próxima vez no enviaré a uno de mis Sombras.

Y desapareció entre la lluvia.

Dos días después.

Aurora no había logrado dormir.

Las noticias hablaban de una explosión por una pérdida de gas en el café.

No mencionaban al monstruo, ni la destrucción, ni a Lucien.

Todo parecía haber sido ocultado.

Sentada en el sillón de su departamento, volvió a mirar la llave de plata y la carta.

De pronto sonó el timbre.

Era un sobre.

No tenía remitente.

Dentro había una fotografía antigua.

Mostraba un enorme castillo rodeado por montañas cubiertas de nieve.

En el reverso, alguien había escrito una única dirección:

Iglesia de San Ignacio.

Y debajo, una frase.

"Pregúntele al Padre Gabriel por la familia De Valois."

Aurora sintió que el corazón le daba un vuelco.

Era la primera pista real desde que comenzó aquella pesadilla.

Muy lejos de allí, desde la terraza de un edificio frente a la Plaza de Mayo, Lucien observaba cómo la joven sostenía la fotografía entre sus manos.

Valeria apareció detrás de él.

—¿Vas a decirle la verdad?

Lucien mantuvo la vista fija en la ventana iluminada.

—Todavía no.

—¿Y si descubre quién es antes de que puedas protegerla?

Él tardó unos segundos en responder.

—Entonces no solo perderemos a Aurora... Perderemos el mundo que conocemos.

Página 3

En algún lugar de la ciudad, oculto en las profundidades de un viejo mausoleo abandonado, Kael encendía una vela frente a un antiguo símbolo tallado en piedra.

Cinco tronos.

Cinco coronas.

Y una luna teñida de rojo.

La profecía había comenzado a despertar.

Y ya no había forma de detenerla.

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