El nombre prohibido

"Fragmento del Diario de Lucien De Valois"

"12 de junio de 1779"

"Hay retratos que el tiempo no borra. Hay recuerdos que la eternidad no consigue apagar. Pero existe un nombre que jamás debería pronunciarse dentro de estos muros. Porque el castillo escucha... y nunca olvida."

El silencio de la biblioteca era tan denso que incluso el chisporroteo de las velas parecía una intrusión, Aurora permanecía inmóvil frente a Lucien, el seguía interpuesto entre ella y las puertas abiertas, como si su propio cuerpo pudiera detener aquello que estaba a punto de entrar. Los pasos resonaban con una cadencia solemne, no había prisa en ellos, solo la certeza de quien sabía que era esperado.

Una figura apareció finalmente bajo el arco de piedra.

Era un hombre alto, de porte impecable, vestido con un largo abrigo color vino oscuro bordado con hilos negros que reflejaban la luz de las velas. Su cabello, completamente blanco, caía hasta los hombros. Los ojos, de un dorado apagado, observaban cada rincón con una calma casi intimidante.

No parecía un guerrero, parecía un rey. Detrás de él permanecían cuatro vampiros, inmóviles como estatuas, Lucien inclinó apenas la cabeza, no por sumisión sino por respeto.

—Lord Volturius.

El recién llegado sonrió apenas.

—Han pasado doscientos cuarenta y siete años desde la última vez que cruzamos estas puertas, Lucien.

Su voz llenó la biblioteca sin necesidad de elevarse.

—Creí que jamás regresarías.

Lucien sostuvo su mirada.

—Yo también lo creía.

Volturius dejó que el silencio hablara unos instantes antes de dirigir su atención hacia Aurora, ella sintió el peso de aquellos ojos como si pudieran leer cada uno de sus pensamientos.

—Así que ella es la joven por la que los ecos han vuelto a despertar.

Aurora dio un paso adelante.

—Mi nombre es Aurora Castelli.

El anciano inclinó la cabeza con una cortesía impecable.

—Lo sé, conozco tu nombre desde antes de que nacieras.

Aquellas palabras congelaron el aire, Aurora miró a Lucien, esperó una explicación pero él permanecía inmóvil con la mandíbula tensa, como si cualquier palabra pudiera empeorar la situación.

Edmund apareció silenciosamente junto a la puerta.

—La mesa está preparada, mi señor.

Volturius sonrió.

—Excelente. Creo que ha llegado el momento de conversar como las viejas familias acostumbraban hacerlo.

Lucien negó lentamente.

—Ella no participará.

—No lo decides tú.

—Mientras permanezca en este castillo sí.

Los ojos de Volturius adquirieron un brillo apenas perceptible.

—Sigues creyendo que este lugar te pertenece.

Lucien sostuvo la mirada.

—No, pro todavía me reconoce.

Página 2

Un leve crujido recorrió el techo y las llamas de todos los candelabros se inclinaron hacia Lucien, como si el propio castillo hubiera respondido. Volturius observó el fenómeno con auténtico interés.

—Curioso, después de tanto tiempo aún te escucha.

Mientras los inmortales abandonaban lentamente la biblioteca, Aurora permaneció unos segundos rezagada, había demasiadas preguntas, demasiadas respuestas negadas.

Miró nuevamente el diario, después el corredor y entonces lo sintió. Una corriente de aire cálido, no provenía de ninguna ventana sino de una puerta lateral que hasta hacía unos segundos no estaba allí, la madera era oscura, antiguisima, tallada con ramas, rosas y lunas crecientes.

La puerta se abrió sola sin emitir un solo sonido, Aurora miró hacia el pasillo, nadie parecía haberlo advertido. Dio un paso, luego otro, la habitación era pequeña y redonda. Cubierta por sábanas blancas que ocultaban muebles antiguos, el aire olía a lavanda seca. Frente a ella, iluminado por un único haz de luna que atravesaba un ventanal circular, descansaba un gran retrato cubierto por un velo de lino, sintió que el corazón le latía con fuerza, no sabía por qué pero comprendía que debía verlo.

Sujetó la tela y la retiró lentamente, el tiempo pareció detenerse.

La mujer del retrato tenía una belleza serena, cabello oscuro, piel clara. Vestía un elegante traje azul profundo bordado con pequeñas estrellas de plata.

Sus ojos...

Sus ojos eran extraordinariamente parecidos a los de Aurora, no idénticos, pero suficientes para provocar una inquietud imposible de explicar. En el marco inferior podía leerse una inscripción grabada en latín.

"Isabella De Valois"

Aurora sintió un estremecimiento recorrerle la espalda.

—¿Quién eras...?

—No.

La voz de Lucien rompió el silencio.

Aurora giró sobresaltada.

Él permanecía en la entrada, nunca lo había visto así. Había desaparecido la elegancia, había desaparecido la serenidad, incluso aquella eterna calma que parecía envolverlo. Sus manos temblaban, sus ojos grises estaban clavados en el retrato, no respiraba. Parecía un hombre obligado a revivir el peor instante de su vida.

Avanzó lentamente sin apartar la vista de Isabella. Con un cuidado casi reverencial volvió a cubrir el cuadro con el velo, sus dedos se detuvieron unos segundos sobre la tela como si acariciara un recuerdo.

Cuando habló, su voz era apenas un susurro.

—Hay puertas...

Hizo una pausa.

Cerró los ojos.

—...que jamás debieron abrirse.

Aurora dio un paso hacia él.

—Lucien...

Página 3

Él retrocedió no quería que ella lo viera así. No quería que nadie volviera a verlo así. Porque aquella habitación guardaba la única herida que ni siquiera la inmortalidad había conseguido cerrar, en ese mismo instante, el reloj detenido del gran salón volvió a sonar.

Una; dos; tres campanadas, luego una cuarta y una quinta.

Cinco golpes, cinco clanes, Cinco advertencias.

En algún lugar del castillo, oculto entre los pasillos que ningún plano registraba, una figura femenina observó la escena desde las sombras, sonrió con infinita tristeza y desapareció como si jamás hubiera estado allí.

"El día que alguien vuelva a contemplar su retrato... comprenderé que mi castigo todavía no ha terminado."

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