En este cosmos
de vastas incógnitas,
donde las estrellas
tejen destinos,
somos un susurro
entre las órbitas,
un milagro bordado
en los confines.
Navegamos en mares
de lo etéreo,
con velas izadas
hacia lo divino,
somos la paradoja
del misterio,
la certeza que brota
del destino.
¿Qué somos sino
un sueño del infinito?
Un pensamiento fugaz,
pero vivo, en la inmensidad,
un punto escrito, la prueba
de que lo imposible es vivo.
Y aunque parezcamos
efímeros, perdidos,
en la trama del tiempo,
somos hilo, que en el tejido
del universo unido,
marca que incluso
lo imposible es infinito.
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