Cuando callo, algo despierta
en el borde de mi pecho.
Es una voz que se acerca
como un eco satisfecho,
una verdad que se oferta
cuando el miedo
está deshecho.
Y en su rima semidesierta,
en su pulso casi estrecho,
mi alma se vuelve experta
en escuchar lo que ha hecho.
Ya no necesita ruido,
ni respuestas, ni consejos;
solo quedarse conmigo
cuando todo queda lejos.
Porque hay palabras que nacen
cuando dejamos de hablar,
y verdades que se hacen
más claras al respirar.
Entonces cierro los ojos,
dejo al silencio su espacio,
y escucho cómo, muy dentro,
mi propia voz da un paso.
No viene a decirme el rumbo
ni a prometerme un camino;
solo recuerda a mi alma
que todavía hay destino.
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