Segundo...
Llegaron a mi vida rocas innecesarias de sentimiento, pesadas, torpes, inevitables. Y comencé a escribir lo poco que lograba comprender de mi realidad. No era lástima lo que buscaba, ni mucho menos la estima de alguien. Escribo para mí. Siempre ha sido así. Nunca mostré mis propios pensamientos por miedo a encontrarme de frente con la crítica punzante, esa que no escucha, solo hiere.
Primer momento
Invadida por sentimientos inequívocos que arden y duelen, me vi atrapada en situaciones adversas a la realidad, cumpliendo su cruel labor de construir mientras destruyen. Un proceso que parece ligero con el paso de las horas, pero que por dentro carcome, daña, desgasta lentamente, como una herida que no sangra, pero tampoco sana.
La vida avanza sin preguntar. Cada segundo pesa como un año, cada minuto se extiende como décadas, cada hora se vuelve siglos. Nunca paramos, nunca nos detenemos realmente. El camino es curvo, frío, solitario; los pies arden, pero aun así seguimos. Seguimos incluso cuando el cuerpo se paraliza y la mente comprende que la línea delgada del tiempo embiste sin compasión. Y sigue, y sigue, y sigue… sin frenos, sin pausas, sin misericordia.
El tiempo hizo con mi tiempo lo que yo no tuve el valor de decidir. Las decisiones estaban trazadas desde el inicio de mi creación, incluso cuando elegí no moverme. Incluso cuando quedarme quieta también fue una elección.
Segundo momento: Silencio
¿Cómo se siente el miedo en un mundo así? Es frío. Demasiado frío. El cuerpo se paraliza, todo se vuelve enorme, excesivo. Los sonidos se amplifican; el mundo ya no calla, grita. Las sirenas doblan la columna vertebral, apagan la poca claridad que queda. La vida deja de ser refugio y se convierte en una carga pesada, en vientos violentos que derriban incluso el alma.
La mente entonces huye. Cae. Cae sin fondo, sin final. Y en medio de esa caída, cuando el golpe parece inminente, me observo llorar, quebrarme, romperme en pedazos.
Escribo mis duelos como si fueran comprendidos. ¿Quién entiende un dolor que no ha vivido? Nadie.
Intento cada día darle forma a mi inexistencia, buscando que palabras ajenas expliquen mis preguntas, preguntas que regresan vacías. Porque de boca para afuera no hay respuesta. Vivimos en el mundo del silencio: el más ruidoso de todos. El silencio que ahoga cuando estamos solos, el que consume el pecho, el que acompaña las noches y se instala en las madrugadas.
Quisiera llorar en sus brazos, pero esos brazos solo saben ofrecer silencio. En el día no existen, y en la noche pesan más.
Tercer momento: Propósito
Si no me entiendo a mí misma, ¿qué espero de los demás? Si no logro comprender mi propio sentir, ¿cómo exijo que alguien más lo haga? Busqué refugio, pero no sabía de qué huía realmente.
¿Qué buscas con todo esto? ¿Un muerto más? ¿Otro corazón dañado? ¿Cuándo dejarás de ser tan atroz?
Tus circunstancias te formaron, pero no te excusan. Dañas sin darte cuenta, destruyes mientras existes. ¿Cómo pretendes ser comprendida si ni tú entiendes el comportamiento ajeno? Mira a tu paso los corazones rotos, observa cómo se derrumban montañas con apenas un soplo de tus palabras. Tal vez todo este dolor sea justo. Tal vez todo lo que llevas en el alma sea el precio por tanta crueldad. Nadie es completamente bueno en esta vida, pero tú te miras como la encarnación del mal. Lo peor.
(Hablo de tú a tú)
Último paso: Llanto
La tristeza me invade sin pedir permiso. Presiona el pecho, oprime el alma, empuja el llanto. Cada respiración duele cuando recuerdo que ya no existes en mi vivir. Lloro por tu partida, pero también lloro porque herí un corazón que no lo merecía. Porque amar también puede ser una forma de destrucción cuando se ama desde el miedo.
(Tú a ti)
Caminando
El viento golpea con fuerza, que fuerte sensaciion la de este viento; lastima mis poros y me raspa la garganta. Es una brisa de tristeza que obliga a callar. Que triste brisa.
Capa de valentía
Me ahogué en cada respiración. Sentí mis pulmones buscar una luz inexistente al final del túnel. Y por un momento, quise dejarme ir. Porque valiente no soy; miedosa, sí. Nunca enfrento, siempre me escondo. Una furia inmensa grita dentro de mí, se levanta como tormenta, acompañada de llanto y rabia.
Cuánto desearía ser valiente.
Cuánto desearía…
Pero hoy solo soy una cobarde más.


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