la novela de mi vida primer momento..
Es un mundo regular; vivíamos en pare por las muchas consecuencias que observamos, acomplejados por el mañana, sin mirar el tiempo. Irregular, complejo, estremecedor; a veces uno se pregunta cómo lo hizo, sin observar un proceso simple.
La vida es un pequeño camino: cada segundo es un año, cada minuto décadas, cada hora siglos. Nunca paramos, nunca nos retenemos. Es curvo, frío, solitario; arden los pies. Pese a todo, nunca nos detenemos. Sigue y sigue, a pesar de que te quedas paralizado y te das cuenta de que la línea delgada del tiempo arremete contra ti. Y sigue, y sigue, y sigue, sin frenos, sin pausas.
El tiempo hizo con tu propio tiempo lo que tú no decidiste hacer. Las decisiones ya planteadas desde un inicio de tu creación son producto de tus propias decisiones, incluso si solo te quedas paralizado.
¿Cómo se siente el miedo en un mundo como este? Es frío, mucho frío. Sientes que tu cuerpo se paraliza, todo es más grande de lo normal. Todo suena más de lo normal; el mundo es ruidoso en sí. Las sirenas curvan tu columna vertebral. Se opaca la poca claridad del mundo, la vida deja de ser silencio y tranquilidad y se convierte en una instancia pesada, con fuertes vientos que tumban hasta tu alma. Te sientes solo, solo, solo… En el momento en que comienzas a sentir todo esto, tu mente vuela hacia un mundo en el cual caes y caes y caes; no hay final.
Pero, existiendo un poco de freno en la caída, te observas a ti mismo llorar, quebrarte, romperte a pedazos.
No quería ni tenía forma de recordar ese episodio hasta que la mente fue cobrando sus propias deudas, en el momento en que los recuerdos tomaron las líneas de tus pensamientos.
Me desperté un poco pensativa, analizando al mundo desde una perspectiva nueva, desde el mundo real. Fuera de este atrapamiento, de esta cárcel que mi cerebro lleva en el celular, solo di una pequeña mirada hacia el horizonte.
Me di cuenta de que no disfrutaba ni siquiera estar allí presente, que se me habían borrado recuerdos, que mi propia mente me impulsaba a ideas en las cuales el horizonte no era algo glorioso de ver. Con el tiempo fui madurando, o simplemente dándole paso al tiempo. Me di cuenta de que estaba bien llorar, que estaba bien estar sola. Disfrutar de estos pequeños microsegundos se ha vuelto bastante excitante.
Pero ¿por qué aún me siento en esa carretera y siento miedo?, ¿por qué aún no me siento capaz de darle pedal a esta ruta?, ¿por qué me sigo sintiendo así? ¿Se superó?, ¿se olvidó?, ¿o aprendí a vivir con esto?
¿Qué le diré a mi psicóloga el día en que desee expresarme?, ¿qué diré?, ¿qué es lo que siento?, ¿qué es lo que veo en mi día a día que aún me hace tan incapaz? En realidad, ni yo entiendo qué tengo.
Hace unas semanas atrás me sentía con ganas de llorar todos los días, a todas horas: en clase, en descanso, durmiendo, con mi novia, con mi familia… ¿por qué?
Ni siquiera entiendo por qué ahora siento ese vacío en el pecho que tanto había olvidado. Me quedo en silencio. Mi boca no habla, pero mis ojos muestran parte de un sufrimiento. Mi mente se siente cansada, a pesar de que incluso cambié parte de mis hábitos, en los que trato de tomarme un tiempo para mí. No sé qué es lo que hace que ni siquiera pueda expresar una palabra sobre ello. No entiendo.
Se me eriza parte de mi cuerpo con solo leer, pensar e imaginar tal vez que no estoy bien. Me da miedo hablar, expresarme; me da miedo ser juzgada o no entendida, o simplemente ser incapaz de saber qué tengo o qué siento… Pero bueno, me toca continuar sin parar, porque hay que estudiar y preparar todo a lo que siempre sueño.


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