Por fin me había decidido a invitarla a salir, tome bastante aire y me dirigí a su oficina (ya sabía con exactitud la hora en que terminaba de trabajar), en el corto camino iba recordando las palabras que había planeado desde hace tiempo decirle, imagine miles de respuestas y eso me ponía más nervioso pero acrecentaba mi emoción. Comencé a velar cada pasillo esperando no encontrármela por sorpresa y me diera un ataque de timidez, de esos que te ponen a titubear y terminas por decir nada.
Llegue. Estaba a metros de su espalda, estaba oscuro, nublado, y el clima amenazaba con dejar caer gotas de agua. Una vez más repase mi cálida entrada y justo cuando avise el primer paso, una silueta de más o menos 1.75 metros se acercó y tomo su mano, después su cara y termino por besarla. Subieron a su auto y partieron. Mi pequeña escena en que ella aceptaba salir conmigo se fue desvaneciendo a medida que las luces traseras del auto hacían lo mismo...
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