El ambiente estaba tranquilo, un piano de fondo daba la calidez que se necesitaba.

–Guapo, dame un americano 

Grace cerró los ojos imaginando los dedos el pianista en las teclas.

–¡Chico! El que parece roquero.

Volvió en sí cuando su compañera de trabajo le tocó el hombro.

–No ignores a los clientes

–No me toques.. por favor.

Grace se dirigió al cliente esperando que este le diga que quiere. Un americano.

Con unas cucharadas de café lleno el portafiltro y con el tamper lo aplasto asegurándose de que quedara todo compacto, se aseguro de que la máquina tuviera suficiente agua. Puso el portafiltro en la máquina con un giro corto de muñeca, presiono el botón para un doble. Un olor delicioso empezó a salir de la cafetera mecánica. “El café americano es un asco” Pensó mientras sacaba la taza añadiendo agua. Sonó la campana y le dio la bebida al cliente.

—¿Por qué no lleva diseño?

—Porque no lleva leche.

—Pues póngale.

—No funciona así.

—¿Y por qué a los otros sí?

—Porque pidieron otra cosa.

Interrumpió la compañera

–Disculpe las molestias, lo que pasa es que el americano no lleva latte art, ya que como dice el nombre es para los lattes, capuchinos y otros que contengan leche. Si lo desea podemos agregarle una bebida más.

–No me interesa

Susurro el cliente.

La compañera la llevó a una esquina agarrándola del brazo con fuerza, Grace se veía afectada por el simple hecho de que le estén tocando, hizo fuerza para liberarse.

–No debes hablarle así a los clientes 

Al liberarse se fue a limpiar una mesa sin decir nada.

–Grace..

El piano dejó de sonar cuando empezó su turno. 

Las luces se apagaron y al llegar a casa ni se molestó en prenderlas, tampoco en cerrar la puerta principal bien.

Desmotivación.

Se miró otra vez en el espejo,

sus ojos cansados mostrando rendición absoluta.

Entrega total.

Tiene confianza en que pronto volverá a sentir algo,

tiene una pizca de confianza en que herirse será cosa del pasado.

Con tijera en mano mechones de pelo morado empezaron a caer, 

siempre le dijeron que tener el pelo tan largo era inapropiado para alguien así

“Princesa” empezó a ser un insulto. Cosa del pasado.

En un tazón de aluminio empezó a ligar químicos.

Su pelo morado se volvio negro al pasar de las horas.

Se preguntó a sí 

–Soy lo suficientemente bonit…? ah 

Con una yilé en la cara se empezó a afeitar,

cosa que nunca necesitaba por su cara de bebe.

Página 2

Su cejas se volvian más cortas y finas en lo que la cuchilla le pasaba.

Dos gomitas moradas  para dos colitas pequeñas de pelo; digno de una niña.

Se metió en su bañera, incapaz de mirar su propio cuerpo, solo el tinte tiñendo el agua de negro. La calidez en su cuerpo en el agua tibia le hacía cerrar los ojos, sus párpados cada vez pesaban más, su visión se volvía borrosa y todo blanco.

Sus brazos que flotaban en el agua iban cayendo junto al liquido negro, sus piernas tocaron un suelo frio, sus parpados dejaron de pesar y empezaron a doler por un fuerte brillo frente a ella. 

Una habitación blanca sin ninguna puerta, una silueta dorada estaba sentada en un banco en el centro de la tan rara sala. El agua de su pelo iba cayendo al suelo blanco cual le absorbía haciendo que desapareciera en instantes. Grace se vio a sí misma en el reflejo del suelo, como si fuera primera vez viéndose a sí mismo cayó al suelo de rodillas casi con lágrimas en los ojos. 

–Te ves hermosa hoy

Grace al escuchar una voz femenina cubrió su cuerpo desnudo con sus brazos.

–¿Hermo…sa? 

Se susurro a si misma.

–No te preocupes, yo no juzgo 

Una figura divina, un ángel con alas majestuosas se acercó a ella con una toalla, con cuidado la cubrió. Arrodillados frente a ella le acarició la cabeza.

–Ese color de pelo… Te queda muy bien

Le sonrió 

–Un ángel?

Grace subió la vista, la figura divina  estaba sonriendo con calma, sus ojos reflejaban bondad y admiración, su dorado iluminaba toda la sala blanca.

Esta miro sus propias alas moviéndolas un poco.

–Soy angel. Creo.

–¿Te llamas así? 

–Tú me llamaste así.

volvió a ver su reflejo en el suelo, tan claro como un espejo. Su piel clara llena de cicatrices en un cuerpo femenino.

–Angel? suena muy yo, claramente no tengo imaginación para nombres.

–Así parece que es.

Ambas se miraron a los ojos.

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