Hay  mujeres que en mi hiciero historia. Hay las que alimentaron mi ego y mi cuerpo con su hermosura, a ellas les he dedicado varios versos eróticos hasta en los suenos, pero están aquellas que con sacrificios y con su trabajo hogareno me ayudaron a crecer feliz y a ser como soy.

Recuerdo a mi tía Irene que no cruzaba sus piernas como mis diosas eróticas y coquetas, sino con sus enaguas largas cubria sus partes íntimas  para abrir sus piernas para darle cabida a la canasta donde limpiaba el arroz y los frijoles de las piedritas. Luego con las misma canasta se iba a recoger conchas de cocos en las huertas cercanas  para con ellas hacer fuego en su fogón de lodo donde cocía el arroz y el frijol que sus nietos y sus sobrinos comiamos cuando yo me la pasaba de vacaciones en su casa de adobe y piso de tierra.

Tambien recuerdo a su hija „La negra pochunca“ que se fue ayudarle a mi mamá a criar a sus ochos hijos, lavando un montón de ropa sucia a pura mano cada día. Luego en la noche se iba de mesera a una pozolería para ganarse una precaría propina que enviaba a mi tía Irene y con esa ayuda económica  criaba a dos de sus nietos que fueron abandonados por sus padres.

Mi hermana la mayor que, a pesar de tener casi 80 veranos, yo  la sigo nombrando la quinceanera, que por coqueta mi mamá le daba sus chanclazos, pero que se fue a trabajar muy jóven para ayudarle a mi papá con el gasto familiar. Ese esfuerzo de ella me sirvió a mi para que  yo estudiara tranquilamente hasta volverme arquitecto desde México hasta Alemania.

En la primaria, mi mamá me llevaba a la hora del recreo una torta rellena de huevo y frijol. Luego se iba a comprar lo que le alcanzaba con el dinero que le había dado mi padre, ganado con su trompeta para que no le faltara de comer a sus hijos, pues ella decia: „barriga llena, corazón contento“ a pesar, de que mi madre se quedará varias veces con la barriga vacía. Cuando llegaba a casa, se ponía a lavar los trastes o le ayudaba a la Negra pochunca“ a lavar la ropa.

Página 2

Pasaron los veranos con la barriga llena y una vez con el corazón triste porque me habia abandonado mi „Claudia Schifer“, conocí  a otra mujer que, no solamente, poco a poco me fue alegrando el corazón, sino que se animó a ser madre de hija y por eso la venero  y, como mi musa, le he dedicado muchos de mis versos libres... https://www.youtube.com/watch?v=8pNqkTbrHJ0

430

Cargando comentarios...