Te mire a los ojos, tu también me mirabas. Estábamos agotados pero nuestros ojos reflejaban satisfacción, cariño y sobre todo mucha comodidad. Acaricio tu cabello, juego con el y me aproximo con el rostro para disfrutar tus facciones con mi boca. Me detengo, respiro profundo y solo tan profundo que no quiero volver a respirar nada más en esta vida que no seas tú. Pero como siempre ya sabia que partirías, pues no era la primera vez, ni tampoco la ultima. Nos queremos tanto. Nos entendemos a tal grado que lo nuestro podemos compararlo con la primer mirada de un niño recién nacido hacia su madre, que sabe que ella es el amor de su vida aunque nadie le haya dicho nada aun y que lo seguirá siendo hasta el día que muera. Así nos compaginamos tú y yo. Platicamos, reímos, la pasamos bien y a veces peleamos, pero siempre sabiendo que en la reconciliación crecerá mas el sentimiento total que tenemos el uno por el otro. Somos sinergia sin saberlo, somos poesía escrita de tinta natural que emana de la pasión que nos protege, somos un café en el mejor de los desayunos en la mejor terraza del paraíso del Bierzo. Eso y más somos.
Pero solo eso somos cuando rompes con tu novio y terminamos de serlo cuando vuelves con el… 
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