Estoy de pie en la calle navío, al sur de la ciudad de Monterrey. Frente a un terreno baldío abandonado y sin reja de por medio, a mi lado izquierdo un ser enorme vestido de negro con la silueta de un humano, con su mano derecha me toma de la parte trasera de mi cintura y me guía directo al baldío —sin obligarme—, lo volteo a ver al sentir su brazo y regreso la mirada hacia el frente.
Dentro del lugar, hay tres mujeres, cada una con un tridente, mango grueso en madera, que usan como escudo y arma a la vez, listas para el ataque. Entre ellas forman un triángulo que abarca todo el espacio. Me observan, pero solo una llama mi atención: Felipa de Santiago. Conforme me adentro en la espesura doy pasos cortos pero constantes. Tras un casi imperceptible movimiento de las armas que portan las señoritas en las esquinas, el terreno comienza a incendiarse por montículos, uno tras otro. Sin miedo, avanzo hacia ellas. De pronto, siento una braza volar y pegarme en el rostro; tras el contacto, el ardor aumenta y me froto parte de la frente.
El fuego crece poco a poco, alcanza casi la totalidad del terreno, excepto el camino que me conduce hacia Felipa. Sigo de frente a las tres mujeres, pero la que porta el tridente más poderoso levanta la mano izquierda para indicarme que continúe hacia su posición. Sin miedo, le respondo vía telepática: "Sí voy, pero ¿para qué quieres que me acerque?" Ella sigue moviendo la mano diciendo: “ven acércate”. Continúo preguntando: "Claro que sí voy, pero ¿por qué yo?, ¿para qué quieres que me acerque?" El brazo del ser enorme en mi espalda se mantiene firme.
Al estar a unos metros de la bruja Maestra, despierto en mi cama. Abro los ojos y siento ganas de ir al baño. Mientras dudo si levantarme o volver a dormir, escucho una voz que proviene del averno, femenina, no humana, cargada de sensación antinatural, inquietante y profunda, gritar: “¡Regrésate”! Me asombra, pero no tengo miedo; está amaneciendo y solo se oyen los últimos murmullos de los grillos. La voz se repite: “¡regrésate”! Me siento en la cama, busco sentido a esa voz y decido ir al baño. De regreso, dudo si volver a dormir por el llamado de aquella mujer, pero me digo: “acepta, suelta, y confía en que todo lo que llegue a pasar es porque así debe ser”. Pocos minutos después, regreso a los confines del mundo onírico.
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Obras publicadas: Ojos de vida / Ser divergente / La invención de octubre 2023 / El crujido del tiempo / Leer enamora el alma / Nimrod y elocuencia / El arancel del Mictlán / Narrativas oníricas.
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