La competencia

Microrrelato

Me recuesto en el sofá y rápido, aparezco en una oficina de trabajo; soy empleado y estamos mis compañeros y yo congregados en el patio del recinto. Percibo que mi jefa —Teresa— no me quiere, lo siento por la forma en que me mira y se dirige hacia mí. Hay un escenario en forma de escalón, a unos cincuenta y cinco centímetros del suelo, donde está instalada una máquina tipo juego mecánico (de los que hay en una feria) con espacios para dos personas paradas, unidas a una barra de metal; solo los separa esa barra, en cada espacio hay un cinturón para sujetarse, como los de un auto. Es una competencia para ver quién de los dos soporta más vueltas y supera el reto de “volar” por las nubes.

Muchos compañeros están en el patio expectantes. Teresa solicita dos voluntarios para el espectáculo. Desde mi lado izquierdo, Jacinto me voltea a ver y corre a ocupar uno de los lugares. Yo reacciono flemático para ocupar el segundo y último espacio disponible. Teresa, al ver que avanzo sin opositores, voltea con rechazo hacia mis otros compañeros y pregunta por “La Pantera” (quien es su consentido), nadie responde, ¡qué dónde está “La Pantera” les estoy preguntando! Al escuchar eso me apresuro a acomodarme y abrochar el cinturón de seguridad, mientras aquel sigue sin aparecer —una voz temerosa le informa a Teresa que “La Pantera” está en el baño—. Ella, con mirada molesta, mueve la cabeza en señal de desaprobación.

Para ese entonces, Jacinto y yo ya estamos preparados para la contienda. Mis compañeros se voltean a ver unos a otros, asombrados por mi rebeldía y arrojo, y comienzan a vitorearme. Yo sonrío con los labios temblorosos, y hago unas muecas como Charles Manson.

A regañadientes, a Teresa no le queda otra opción que aceptar a los dos participantes. Agarra el altavoz y, con fuerza, nos indica que para que el mecanismo arranque, es necesario gritar y emocionarnos en dos etapas:

1.- Expresar cómo nos sentimos de haber sido honrados con esos dos lugares.

2.- Mostrar la mayor y más genuina emoción posible para que la máquina cobre vida y se encienda.

Página 2

Mi jefa me mira atenta, a la espera de mi reacción. Comienza el conteo regresivo: siete, seis, cinco, cuatro, tres... ¡Ahora! Tardo unos segundos en reaccionar. Giro la cabeza hacia mi compañero, que parece un obelisco, helado del miedo. Aprovecho para comenzar a gritar como nunca, levanto ambos brazos agitándolos en señal de victoria. Mi rival de juego sigue sin reaccionar.

Comienzo a pronunciar con fervor: “¡Es extraordinario! ¡Es maravilloso! ¡Lo mejor que me ha pasado en la vida! ¡Gracias madre Tierra, gracias padre cielo! ¡Reconozco mi materialización en este planeta! ¡Este es el lugar que me corresponde y había desestimado!”.

Se escucha el estruendo de la máquina al arrancar. No paro de gritar con todo mi ser, agradezco a la divinidad la oportunidad de vivir esta experiencia, siento cómo me elevo por el cielo atravesando las nubes, me entrego al momento presente: ¡lo logré!

Escucho en la lejanía a mis compañeros que estallan de júbilo, la música comienza a sonar, están dando saltos y abrazándose entre ellos; de pronto, una fuerza imperceptible me regresa al escenario, mi jefa está de pie en mi lado derecho con sus brazos cruzados y semblante hosco, al fin acepta que he superado ambos retos y para ese entonces el lugar es una barahúnda con emociones desbordadas; a Teresa le grito casi en su cara con los brazos en señal de victoria.

Hace su aparición la Dj Mariana Bo y al unísono, mis compañeros comienzan a reír y gritar he he he he he he he. Antes de dar inicio a su show, con micrófono en mano y al frente del escenario, la Dj dice que de camino para el evento se encontró a un amigo, a quien conoce desde pequeña y lo presenta como un ejemplo de vida ante todos nosotros. Para ese entonces yo sigo amarrado al artefacto, mi jefa me desabrocha el cinturón y me entrega una moneda de un peso; aun enojada, con expresión facial irritada y bramando me dice “¡todo esto por un peso!” a lo que le contesto con orgullo: esto es mucho más que un peso.

Página 3

Me libero del juego mecánico para comprobar que Jacinto desapareció, mis compañeros se dirigen hacia mí para celebrar, me siento afortunado de haber aceptado el reto a pesar de la desaprobación de Teresa, me convertí en alguien arriesgado y con agallas; ahora soy popular, famoso y estoy en el lugar que decenas de compañeros pudieron haber tomado incluso cuando la jefa me despreció y pedía a gritos a “La Pantera”. Me siento feliz, completo y pienso en cómo hubiera deseado ser más valiente y osado en lugar de esconderme y con temor a todo lo que la gente pensara de mí. Con una sonrisa franca, “La Pantera” me abraza y dice: “ese lugar te pertenece ti, yo aun no estoy preparado, es por eso que me retiré al sanitario”. Le regreso el abrazo y se convierte en uno de los mejores días de mi vida.

Instagram: ortegaame

Obras publicadas: Ojos de vida / Ser divergente / La invención de octubre 2023 / El crujido del tiempo / Leer enamora el alma / Nimrod y elocuencia / El arancel del Mictlán / Narrativas oníricas.

30

Cargando comentarios...