Las pequeñas cosas
En el silencio de la tarde, mientras la luz del sol se filtraba a través de las rendijas de la persiana bajada, un viejo reloj marcaba las horas en un rincón de la estancia; cada tic resonando como un recordatorio de los instantes que se perdían irreversiblemente en el corto tiempo que nos es dado. Atentamente observaba una polilla danzando, atrapada en la luz titilante de una lámpara de mesa. El ambiente intimista guiaba mi mente hacia lo eterno, hacia la fugacidad de la existencia, y en ese momento efímero, comprendí la importancia de las pequeñas cosas. Al final, los instantes insignificantes que compartimos con otros o con nosotros mismos son las improntas que quedan grabadas en nuestra psique, la base de lo que somos y lo que seremos en la vida. En definitiva, la vida no es más que una consecución de pequeñas cosas...



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