Se alzan los restos,

cual espectro ceniciento,

testigos mudos

de vidas que al trastero

del olvido, el mundo,

relegara

De tiempos pretéritos,

brumosa memoria

que fluye como el agua

entre las brechas

de murallas agrietadas.

Elusiva planea

sobre los escombros,

y a través de los vanos

vacíos de las arcadas.

El viento, con aullido lobuno,

roza el musgo,

y la piedra quebrada.

Emergen los vestigios,

entre la espesura

cual aparición profana.

Cubiertas por enredaderas,

húmedas paredes,

como cartón desgarradas,

desafían los cielos

con garras pétreas

y descarnadas.

Se recortan contra

la noche estrellada.

Y son por pálidas fauces

de luna hambrienta

devoradas.

Ya no hay calor en el hogar ,

ni farol que ilumine

la decrépita morada.

Solo las sombras

con mano helada

se arrastran pegajosas

por su piel erosionada.

Refugio de aves

y voraces alimañas,

coronando el otero

se hallan las ruinas...

enclavadas.

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