LA MARIPOSA Y EL GATITO
LA MARIPOSA Y EL GATITO
Al buen pastor…
Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno, porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta…
SALMO 23:4
LA MARIPOSA
¿Saben una cosa?, de niña cacé mariposas, con un palo y una bolsa de tela rígida en la punta, para que no se dañaran. Mis preferidas eran las blancas, como las rosas, luego con la edad y las experiencias, fui cambiando el color, pero nunca dejaron de ser bonitas y llenas de magia, como la vida, si borras de tu cabeza las malas rachas. Me llamo Mavi, un nombre sencillo, pero que a mi madre le gustaba mucho, porque venía de María Victoria, que daba pie a una persona dichosa. Me eduqué en la universidad pública, y se me dieron bien los estudios, suele pasar si es tu pasión, y yo era una pura humanista: me gustaba la filosofía, las lenguas muertas y la antropología, por la que opté después de leer el libro “El Clan del oso cavernario” (precioso, échenle un ojo, es una trilogía, pero vale con el primero), y además desde bien joven me encantaba buscar cosas en el campo, y qué mejor que esqueletos de nuestros antepasados, que nos explicasen, porque somos tan torpes y a la vez tan sabios. Tenía cuarenta años, la edad en la que tenías que haber conseguido total estabilidad, pero yo solo la conseguí en el terreno profesional, me centré en él, quizás porque me educaron con la idea de que lo importante era la independencia económica, porque el amor se va transformando con los años, y no era un tesoro asegurado. Y ahora, con alguna cana, pues es verdad que tengo dinero para poder vivir el resto de mi vida, sin grandes comodidades, pero sin necesidades, y lo valoraba, porque también escribía libros que eran casi textos obligatorios en algunas universidades, pero no era suficiente, les aseguro que nada es mejor que el calor humano, lo que no se me daba bien, creo que porque me acostumbré a los muertos, que no hablan ni sienten, y por eso me costaba relacionarme, quizás por los problemas, quizás por un odio inmerecido, quizás porque no me interesaban la superficialidad, que a muchos les encantaba, quizás muchas cosas, pero la conclusión es que estaba bastante sola, y eso jugaba muy malas pasadas. Mi madre había fallecido ese año, a mi padre, prácticamente no lo conocí, porque era marinero, y venía poco a casa, hasta que un día se quedó en otro puerto. No nos quería mucho, a veces queda bien tener mujer e hijos para la sociedad, por lo menos hasta que encontrases otro hogar, que te gustase más. Lo bueno es que nos dejó una casa preciosa, a la salida de un pueblo grande, que daba algo de intimidad, llamada “LA ESPERANZA”. A mi madre nunca le gustó, le daba un poco de miedo estar algo aislada, pero si la viesen, brillaba con un encanto especial, que ningún ático podía alcanzar. Tenía dos habitaciones abajo y una buhardilla, todas con su baño, una cocina unida al salón-comedor, un aseo, trastero y lavadero independientes, un patio trasero para hacer barbacoas y tomar un poco el sol, y lo que más me encantaba: un porche con macetas de muchas flores, donde se posaba alguna mariposa, y con una mecedora de dos plazas, para ver bellos atardeceres acompañada, detrás de una gran valla blanca. Así que mi padre nos abandonó, pero no nos olvidaba, porque a final de mes mi madre recibía un ingreso, para pagar los gastos del banco, por eso no le daba importancia al amor, porque no la amaron bien y encima tenía miedo de no poder alimentarme, si a él se le antojaba. Se equivocaba, porque aunque no sea todo hermoso en una relación, les aseguro que es mejor que la soledad, siempre que no te golpeen el alma. Mi padre no le pegó, hizo algún amago, pero no llegó a dejarle moratones, aunque le destrozó la estima y la esperanza, porque solía pasar del odio al amor, sin que ella pudiera comprender nada, hasta dejar de sentir la necesidad de una explicación, quería que se marchara, quizás lo supo, y cuando tuvo oportunidad, se quedó donde más le agradaba, pero le doy las gracias, porque me faltaba amor, pero tenía comida y cama, la base para una vida sana, y por eso volví a casa cuando la heredé, pensé: “quizás es el nuevo comienzo que necesitaba”, mi trabajo era por temporadas, podía ir desde allí a donde me mandaran, y mis cosas, mis recuerdos, en vez de tenerlos en un apartamento perdido en una gran ciudad, pues los tendría en mi hogar, donde me crie y sonreía, quizás porque no me daba cuenta de lo que tramaban o simplemente, era la risa típica de la infancia. En la gran ciudad me pasaron muchas cosas, que no las voy a contar, porque cada vez que lo hacía, la tripa se me soltaba, pero me llegó a perseguir la CIA y la Mafia, todas porque me veían con posibilidades de algo, pero nada que me hiciera salir de donde estaba, lo contrario, quizás me hundiera en un pozo sin agua (los peligros de vivir una mujer sola), y puede ser que por la inocencia, que no se me iba, ni llena de lágrimas, creía que me valoraban, hasta que una mañana comprendí, que no les importaba, que sería un instrumento más, para algún beneficio, que a mí ni me interesaba y quizás luego me mataran, así que no lo dudé, heredé la casa y me fui, dejando atrás, incluso joyas, pero a quien le importaba perderlo todo, si recuperabas la libertad deseada, que te quitaron, porque les dio la gana. La vida rara vez te sorprende para bien, o por lo menos a mí no me pasaba. Eso sí, la ciudad me hizo fuerte, porque tuve que lidiármelas sola ante problemas, que nunca imaginé e incluso superar graves enfermedades, sin que nadie me abrigara, así que encantada de tener dinero en el banco, pero quería que alguien me diera un beso cuando me acostara. Volví a casa, porque el poder, el dinero y la belleza dan privilegios, pero te llevan hacia lugares, de donde pocos se salvan. Gané algunas cosas, por ejemplo dejé de disfrutar del sexo, solo el cariño y el amor hacía que llegase al orgasmo, y estaba complicado, pero mi vida dejó de ser vacía, para llenarse de esperanza en algo más humano, no tan frívolo, que pudiera convertirse en algo despiadado.
Me mudé cerca de las Navidades, quería empezar el año allí. Era hija única, por tanto tenía poca familia, y había perdido el contacto con las amistades de la juventud, por el trabajo y porque la vida te va cambiando. Toda la casa estaba llena de sábanas tapando los muebles, mi madre la tenía bonita, porque no compartía muchos hobbies, y le dio por la casa, por la limpieza, el orden, la decoración, y le daba las gracias, porque a mí también me gustaban, pero el tiempo siempre me faltaba. Un gatito me dio la bienvenida, le puse un poco leche, luego me enteré que a los gatos la leche no les conviene, pero es como el que peca sin saberlo, se le perdona, si no hiere. Le llamé Tom, por Tom y Sherry, era parecido a él. De niña me gustaban los perros, pero de adulta los gatos, al principio solo por la comodidad de no tener que sacarlos, pero luego es que los veía más como yo: independientes y autosuficientes, quizás porque no hubo más remedio. Como vivía sola, opté por dejar las ventanas abiertas de par en par, sin tener claro si hacía bien, pero me acordé de la película la Ventana indiscreta y de otra más moderna, llamada Disturbia, que me gustaron mucho cuando las vi, y no lo dudé, quizás las cámaras de la farola, haría que les frenase. Deshice la maleta, mientras Tom dormía encima de la cama, se acomodó bastante rápido, creo que hacía tiempo que era su casa. Me asusté un poco, porque escuché a un hombre silbar, demasiado fuerte, como que quería que supiera que estaba ahí. No me apetecían visitas, necesitaba adaptarme y luego ya se vería. Coloqué mi bata y mi albornoz, no usaba mucho el albornoz, pero lo tenía para cuando lavase la bata. Había unas cajas de cartón pequeñas y bonitas, que hacían juego, creo que eran de los chinos, pero me venían muy bien para poner mi bisutería encima de la coqueta, junto a unas velas aromáticas y mi bote de perfume “Libre” de YSL (me apaño con cualquier cosa, menos con los perfumes y con los hombres, no valen cualquiera), y la coqueta quedó bien, ya no parecía una casa deshabitada. Me tumbé en la cama junto al gato, menos mal que no era alérgica al polvo, porque la casa estaba casi lista, pero la perfección no la rozaba. Cogí mi libretita, donde apuntaba casi todo, la prefería al teléfono (eso sí, cada año pasaba las fechas importantes a la agenda del móvil). En cada hoja apuntaba un asunto: para mis contraseñas, para las compras no inmediatas pero necesarias, para las cosas pendientes por hacer, para los cumpleaños de las personas queridas, para los números de teléfono, para apuntar caprichos futuros, posibles regalos si surgía algún compromiso, los viajes que me gustarían hacer, los restaurantes y museos que quería visitar e incluso para los menús para invitados según circunstancias, porque variaban por el número de personas. (En la perfumería Primor venden unas libretitas muy lindas, accesibles y prácticas, porque llevan su boli a juego, aunque quizás mejor comprar por internet, porque no todas las tiendas las tienen. Las que digo, valen pocos euros). También les voy a dejar un menú que hice, por si pasan las Navidades solas como yo, y no tienen claro qué hacer, si es que el bolsillo se lo permite:
Noche Buena: Langostinos como aperitivo y Chuletas de Cordero con patatas a lo pobre. Veía una buena película y a la cama. Hacía cantidad para tener el día de Navidad (No pasa nada por repetir, si no tienes invitados). El día de Navidad cantaba por dentro el villancico Adeste Fideles, que me enseñaron en el colegio, y aún recordaba, por mi afición a las lenguas muertas (canten uno, cuando se levanten el 25, les animará la pena que a veces se lleva por estar sola o solo en esos momentos)
Noche Vieja: Algunas latas de mejillones o berberechos de aperitivo, y para cenar salmón a la naranja con guisantes. Veía un programa de humor que solían hacer cada año, y tomaba las uvas, junto a los rituales (hay que buscar la suerte, luego duermes)
Año Nuevo: Un buen entrecot, para empezar el año a lo grande, con la guarnición que se te antojara
Reyes: Pollo asado con patatas, ese día no cocinaba, lo compraba. Como algunos Domingos, que me levantaba con la hora pegada
Sin olvidar tener siempre los frutos secos, patatas fritas, vino (lo hay sin alcohol: mosto), turrón o mazapán de postre, y para desayunar algún polvorón, menos en año nuevo que tomaba churros con chocolate. No solía adquirir esa comida, por su precio, pero al menos, tener algo rico, que llenase el agujero de la soledad. Mientras pudiese lo haría, ya pensaría otro menú para los malos momentos. También solía comprar un calendario de adviento a principios de Diciembre, para tener una pequeña ilusión esos días, y por reyes me regalaba un set de baño, para entretenerme por la mañana viendo lo que traía, a qué olía (siempre vienen bien, y antes o después se gastan). Me gustaba la Navidad, la disfruté de niña, me daba buenos recuerdos, y a pesar de mi carrera como antropóloga, tenía fe, creo que no la desestimé, aunque mi inteligencia dijera otra cosa, porque era lo único que me quedaba, y no quería perderla, rápido, sin avisar, como les pasan con todo a las mujeres maltratadas. Me gustaba pensar que la Biblia era un libro de bonitas fábulas, pero que Dios, como ser superior, existía y Jesucristo fue su mesías, quienes me daban las fuerzas suficientes, para no rendirme ante las desgracias. Si la vida me había defraudado, al menos pensar que tenía un apoyo, que haría que no me hundiera, porque les aseguro que la crueldad puede estar muy cerca, y puede hacer que tomes caminos que no quisieras, así que veía en la fe la guía, para no perderme en las tinieblas (llevaba la religión a mi manera, porque mi vida fue muy guerrera). Y quizás la Iglesia tenga sus vergüenzas, pero aún hacía cosas buenas, e incluso llegaba a lugares, donde al Estado ni se le espera, así que mientras lo bueno compense lo malo, para mí: merecía la pena (con tantas personas en el rebaño, es difícil que no salgan ovejas negras). También elegí al Papa Francisco como padre, el que nunca tuve, el que te quiere, te protege y te desea cosas buenas (por si les interesa)
Y bueno una vez situados, ahora solo queda contarles una bonita historia, o al menos intentarlo, si la leen hasta el final y se entretienen, es suficiente para que sea una buena novela (todo lo que supere las cincuenta páginas, es una novela, aunque sea de bolsillo)
- ¿Mavi?
- Hola Ana
- ¿Has vuelto?
- Si, como los del anuncio, por Navidad
- Creí que venderías la casa
- Me la voy a quedar, desde aquí trabajaré. He puesto en la buhardilla, mi despacho, puedo viajar desde aquí
- Que bien, te hemos echado de menos (por esa frase confirmé que era mi hogar)
- Yo también, lo que pasa, que el trabajo me tenía distraída en todo, hasta en los sentimientos
- Necesitas algo más
- Creo que con lo que llevo es suficiente
- Te la podemos llevar a casa
- Me haríais un gran favor, porque solo tenía cosas para la limpieza, y es demasiado peso
- Tu madre estuvo meses en el hospital, y fue prudente al no dejar nada
- La vació una amiga, para que no entrasen ratas
- Hizo bien
- ¿te casaste?
- Si, y hasta me divorcié
- Lo siento
- Yo también, pero él quería, no le gustaba esto, es un hombre de ciudad, y yo no me quería marchar
- ¿Hijos?
- Si un niño: Paolo, mi marido es italiano
- Es bonito
- Está bien, la verdad fue porque esperaba una niña, y le iba a poner Paola, así que cuando me enteré que se confundieron, no le quise cambiar el nombre, aunque no sonase tan bien como en femenino
- A mí me gusta
- A nosotros también, y a él no le parece que le disguste. Deja el carro ahí, se tu dirección. Mi hijo te llevará la compra, y así lo conoces
- Me encantará .¿No se va a Italia?
- Aún es joven, y se ha echado su primera novia. Si no formaliza la relación, el padre se lo llevará, no lo dudo
- Bueno así viajas un poco
- No me importa, donde sea feliz, la verdad. Los hijos hacen su vida, es lo normal, no le voy a obligar. Hoy en día es fácil estar en contacto
- Buena madre
- Lo normal, nada particular
Paolo era un adolescente alto, moreno de tez y pelo, un poco escuálido, pero con fuertes brazos. No paraba de sonreír, cero que de los nervios, le di un poco de dinero, y me dijo que cuando necesitase algo, que le llamase, que a veces hacía recados para los vecinos, para sacarse algún extra. Lo haría, y le daría algo, aunque fuese lo justo para que se lo gastase en la hamburguesería, como solían hacer los jóvenes, antes de que la corrupción aniquilase su inocencia, e incluso su estima. Coloqué la compra, esperaba que no me caducase, y puse la televisión, porque era la hora de las noticias, luego me haría el almuerzo, me cocinaría una berenjena rellena, me gustaban. Tom se sentó encima, y decidí que mañana lo llevaría al veterinario, parecía que estaba sano, pero al menos que le dieran un baño. “Buenas tardes. Se ha encontrado un cuerpo en el edificio Las Gaviotas de la gran ciudad. Se trata de una mujer de unos cuarenta años, sin identificar aún, pero muchos dicen que se puede tratar de una antropóloga, que vivía allí desde hacía varios años”. Salté de sillón. Era en mi antiguo edificio, y se creían que era yo. Me fui sin despedirme, porque no hubo mucho trato con los vecinos, y salí con prisas, ya dije que me sentía muy contralada, y eso no tiene buen final. Cuando se hace, es por mal, no para dar una sorpresa, ni de bienvenida ni de despedida. No tenía nada claro a quien llamar, debería haberme relacionado más, pero no era mi principal cualidad, quizás ahora, que me siento mejor, sin tanta presión, sin estar rodeada de tan malos sentimientos, pueda tener otra vida más agradable, que no fuse tanto trabajar y guerrear. Decidí ir a la comisaría después de comer, porque en la siesta hay menos visitas. Ya no me apetecía entretenerme con la berenjena, y me hice un sándwich de atún, con una rodaja de tomate natural y mayonesa (merecen la pena). Recogí la cocina rápido, y me vestí. Había separado la ropa de trabajo, algo más unisex, con la que usaría en mi vida normal, mucho más femenina. Hacía algo de calor, a pesar del mes de Diciembre, vivir cerca del mar te da casi siempre una temperatura templada, si no hay humedad. Decidí llevar un vestido amarillo de pequeñas flores, porque la tela no era muy fina, con la cazadora vaquera, unas zapatillas marrones deportivas de piel buena, mi bolso castellano del mismo tono, me peiné con una cola de caballo y me pinté un poco los labios (allí no tenía ni ojeras) y lista, pero preocupada, porque parecía que me perseguían los problemas, allí donde fuera. Cerré la puerta con cuidado, y cogí la pequeña camioneta de mi madre, hasta saber qué debía comprarme, porque la casa no estaba lejos, pero sin el sol, no estaba cerca.
- Miriam, que alegría verte
- Mavi, ¿qué tal?. Ya me enteré que viniste, te vio en la casa un compañero
- Sí, volví, espero no arrepentirme
- Por Dios, que comienzo. ¿en qué te puedo ayudar?
- ¿has visto las noticias?
- Me obligan a ello, al menos una vez al día
- Pues creo que cuando han hablado sobre un cuerpo en los apartamentos de las gaviotas, se referían a mí, y bueno: aquí estoy
- No te preocupes, está todo solucionado
- ¿cómo?
- Ha sido una confusión, han llamado para preguntar por ti
- ¿Y de quién es el cuerpo?
- Bueno para eso necesitarán más tiempo, porque no hay registro de otro alquiler, se suponía que todavía te pertenecía
- Me fui rápido
- ¿Por qué?
- Bueno es difícil de explicar, porque los motivos no son demostrables, así que mejor olvidarlos. Realmente creí que mi etapa en la gran ciudad había terminado, y al heredar la casa, no lo dudé, pero me asusté al ver el telediario. ¿quizás alguien me quiso matar, y se confundió?
- ¿Y quién te iba a odiar para tanto?
- Nadie y mucha gente, a veces el motivo es lo de menos, se lo pueden inventar o crear, para algún fin tan simple como el dinero, por ejemplo
- ¿Tan rica eres?
- Si ellos lo creen, quizás sea la causa. Donde hay dinero, hay mal agüero
- Las mujeres solas, son un buen objetivo
- Lo sé, pero quizás me haya dado cuenta algo tarde, creí que tanta maldad solo existía en las películas, o que estarían muy lejos de mi vida
- Nunca se está lo suficientemente lejos de lucifer
- Es cierto
Me despedí de Miriam algo triste y preocupada (era administrativa en la comisaría), porque no me pareció una conversación normal, me dio un poco de largas, después de tantos años sin vernos, no le interesaba nada de lo que le contaba, aun sabiendo que podía estar mi vida en juego (no exagero), Volví a casa decepcionada, espera el calor humano del que os hablo, como casi siempre, no me quedó más remedio que aguantarme con el silencio. Esa noche no dormí bien, pero ya saben, poco a poco se consigue todo lo bueno, me despertó otra vez ese hombre silbando, quizás le gustase pasear a la luz de la luna, pero no debía hacerlo tan alto. Después de desayunar mis galletas con colacao, una costumbre de adolescente que no se me iba, recibí un correo, que me hizo distraerme de los malos pensamientos
“Querida Mavi, aquí te dejo toda la documentación sobre la Magia en la Prehistoria, porque es de lo que se trata el próximo proyecto, que comenzará en Abril, después de la Semana Santa, para evitar contratiempos, en la Sierra de Atapuerca. Podrás venir en coche o si lo prefieres te mandamos los billetes de tren o avión, tú eliges, ya me comentas. Yo voy en coche, porque no estoy lejos, y quiero moverme libremente. No nos separaremos mucho, como siempre, así que si quieres dejar el tuyo en casa, esa preocupación que te quitas. La documentación está bastante interesante, échale varios vistazos. Estaremos en contacto, para decirte fechas y lugares exactos, nos alojaremos en un hostal, no hay presupuesto para más, pero nos han garantizado su calidad. No sé por dónde andas, ya me contarás…
Era mi compañero de trabajo: Guillermo, bueno era más que eso, era mi padre, mi hermano, mi amigo, solo le faltaba ser mi novio para ser el lote completo, pero tenía mujer e hijos, a quienes respeto. No sabía mucho de la Magia en la Prehistoria, solo que tenían rituales para casi todo, y que para ellos el cuarzo era una piedra muy importante, con propiedades, que variaban según el color, por lo que no habíamos avanzado mucho, si lo pensábamos. Estaba interesada en leer la documentación, seguro que en las cuevas hay reflejo de ese misticismo, a ver que me cuentan, no eran muy extensos los artículos enviados, así que les echaría varios vistazos, siempre se escapa algo. Y mientras me acababa el colacao en el porche, balanceándome en la mecedora, llamaron a la puerta, con un ruido estridente, como haciendo ver que era un amigo, no un visita por cortesía, aunque no hay que fiarse nunca de las apariencias, a veces es para que se le abra la puerta, sin que tengas miedo a alguien a quien no esperas, ni deseas.
- Pero bueno Don Adriano, ¿qué hace por aquí?
- Vivo dos casas más abajo, lo que pasa, que en esta parte del pueblo está todo muy separado. Saqué al perro ayer, y te vi a través de la ventana, te he reconocido, aunque hayan pasado más veinte años.
- No sé si hago bien con lo de la ventanas abiertas, pero lo seguiré haciendo, hasta que no me digan lo contario.
- No opino, no querría confundirme, pero es un lugar tranquilo, no ha cambiado mucho desde que lo dejaste. Toma, te he traído una tarta de manzana. Los clásicos nunca fallan
- ¿La ha hecho usted?
- No, la he comprado, yo cosas a la plancha y poco más, pero el panadero viene todos los días, y tiene cosillas en la furgoneta, incluso comida casera. ¿quieres que le de tu número, y así le encargas, aunque sea la merienda?
- No, prefiero ir a comprar, no saldría de casa entonces, pero mil gracias Don Adriano, además estaré por temporadas, no quiero comprometerme
- Tutéame, hace que no soy tu profesor, y quiero a una amiga, no recordar a una adolescente. Sé de tu carrera profesional, ninguno esperábamos menos, y estoy deseando que me invites a un café, para que me cuentes historias entretenidas, de tus aventuras en esos viajes a través del tiempo
- Pues claro, si quieres ponemos los martes después de la siesta, para charlar un poco, a mí también me viene bien la compañía
- De acuerdo, traeré algún dulce, y tú pones el café con la casa
- Me parece bien, pero pase, ya que ha venido, quédese un rato
- Gracias, hasta las doce no tengo clases de baile
- No me diga
- Sí, cuando quieras, te llevo de pareja.
- Lo tendré en cuenta
- ¿esos son tus libros publicados?
- Sí, ya son muchos
- Llenas casi el estante, ¿alguno pensado?
- Creo que haré uno más, sobre la Magia en la Prehistoria, y se acabó
- ¿te jubilas?
- De escribir libros sí, los artículos seguro que no los dejaré nunca, pero libros creo que fueron suficientes
- ¿Y estás piedras?
- El pequeño tesoro que me han dejado traer de las excavaciones que he hecho
- Parecen cogidas de la playa
- No, no son de la playa, son útiles prehistóricos, de mucho valor, incluso económico
- Pues que no se sepa, porque espabilados hay por todos lados, aunque sea un pueblo tranquilo, nunca se está a salvo del todo
- No lo diré, por eso no he sacado la calavera que tengo en miniatura, algunas tribus indias hacían rituales, y las reducían
- Madre mía, que barbaridad
- La quieres ver
- Pues no, no me apetece ver eso, me imaginaría al pobre hombre o mujer, no
- Por eso no la he sacado
- ¿te casaste?
- No, ando solilla, la verdad
- Pues muy mal, si no quieres acabar como yo
- Yendo a clases de baile de jubilados
- Por ejemplo, no sabes cómo me divierto con las viudas ansiosas de nuevas parejas, pero dime ¿qué pasó?
- Creo que fue lo de siempre: EL AMOR Y EL DINERO, y bueno también que hay personas que se las hace brillar, y a otras no se les permite, el motivo real, quizás nadie lo sepa. La bola fue creciendo, y al final solo quieren tirarte piedras, porque hacen del ODIO tu compañero.
- Seguro que te surgen nuevas oportunidades en todo, vales mucho, más de lo que aparentas, quizás para evitar las piedras, pero recuerda si surgen, no las desaproveches, aunque no fuese lo que esperas
- Ni una más, aunque no dure mucho, siempre que al menos sienta atracción, ya no tengo edad como para aguantar, por no verme sola, la verdad
- Creo que ni ahora, ni nunca
- Es cierto, pero ahora menos
- A ver si surge un noviete, que te alegre los viernes, por ejemplo
- Eso estaría bien
- Ya hablaremos (sonó el teléfono). Me voy, tienes cosas que hacer, veo aún cajas sin abrir, pero el martes vengo
- Claro, ya casi pasaron las navidades, seguro que tiene menos compromisos
- Soy un lobo solitario, no los tengo, ni para un entierro. Nos vemos el martes, te traeré unas milojas, que hacen resucitar a los muertos
- A ver si es cierto, debo coger el teléfono, están insistiendo, y quizás sea trabajo
- Nos vemos
Conocía a Don Adriano (se tratan a muchas personas, pero conocer a pocas, más si te gusta la intimidad y los secretos). Mi profesor era un hombre muy inteligente (siempre recordaré su teoría de los números felices e infelices), también era alegre y vitalista, camuflando todas sus cualidades haciéndose el despistado, aunque le pasase como a mí, que con una mirada sabía todo tu calendario. Y mientras le decía adiós, una mariposa blanca se posó en mi rosal, parecía que bailaba. Me quedé mirando, y aunque no lo creáis, creo que le gusté, porque al igual que Tom, no se marchó de mi pequeño jardín, reducido a macetas, quizás porque no había nadie que la distrajera. Permanecí largo tiempo quieta, por si se me posaba y la hacía mi compañera, hasta que se alejó, por el sonido del teléfono, ¡qué llamada tan indiscreta!. Lo cogí, estuvieron un tiempo en silencio, y luego colgaron. Así lo hicieron durante la tarde, y me estaba molestando, bueno más que molestar, preocupando, ya no decían nada del cuerpo en las noticias, quizás había alguna conexión, porque muchas veces, cerca de ti pasan cosas malas, mientras tú estás distraída, pero no iba a poder denunciar, podía ser una tontería de niñatos, que me habían visto en el pueblo, y querían asustar a la nueva vecina, sin saber que hay personas, que han pasado por infiernos, y cualquier contratiempo les produce pesadillas. No quería volverme a sentir perseguida, porque me habían vaciado tanto, que me quedé sin secretos y por tanto sin misterio, quizás sin atractivo, porque me habían analizado las entrañas, como a los muertos que yo descubría, y una era tímida o se volvió tímida, para aceptar que era demasiado conocida.. Entonces volvió a pasar el hombre silbando una canción, y esta vez la reconocí, era una que me gustaba de niña, que tiempos, hacía siglos que no oía su melodía. Salí para ver quién era, dudaba que fuera del profesor, a veces por los sonidos que emites, puedes saber cómo es tu físico, no miento, lo sé por mi profesión y porque soy muy observadora, por tanto no era Don Adriano o Adriano, su capacidad torácica era mucho mayor. Cuando abrí la puerta de la valla, no había nadie, incluso doblé la esquina, pero nada, nadie. Quizás era algo atlético y salió corriendo. A ver si lo lograba ver la próxima vez, si es que la había, porque ya saben, crees que siempre habrá otra oportunidad, y a veces la vida no te avisa de que era la última y definitiva. ¡La Vida, a veces tan cruel y otras tan bonita!. Lo bueno que con el silbido de la canción, se me olvidó el susto de las llamadas, me relajé al escucharla, como cuando era niña, así que quizás fuese algún amigo de la infancia, que sabía que me gustaba, y aunque parezca raro, algo me quería. Ojalá volviera a pasar, no se me escaparía, aunque tuviera que gritarle que no se marchara, si es que me oía. Me duché, me hice una infusión, puse la televisión, había una película: “Perdida”, la había visto millones de veces, pero la volví a ver, tenía algo que me atraía, creo que me recordaba todas las injusticias vividas. Te mostraba la capacidad de un mujer para engañar, y había conocido a unas pocas amigas de esa clase, que me habían sacado de mis casillas, porque sus palabras eran tan ruines, que me volvía a doler la tripa, si las recordaba mientras dormía, pero es lo que tiene la mala suerte de dar con alguna como esa tipa, porque las hay, e incluso pueden ser hasta tu encantadora vecina. Esperé hasta el final, aunque medio dormida, y luego cerré los ojos, recordando mi canción preferida.
A la mañana siguiente, volvió a salir el sol, no lo olviden. Y fui al pueblo, para llevar al veterinario a Tom, se portó muy bien en el coche, quizás porque se durmió
- Hola Abel
- Hola Mavi, cuanto tiempo
- Si mucho, pero sigues igual de guapo
- Lo intento, tú lo estás más
- Gracias
- Os traigo a Tom, para que le echéis un ojo y lo bañéis
- ¿De dónde ha salido?
- De la calle
- Ok, tienes que tener cuidado con los animales de la calle, suelen tener enfermedades, que a simple vista no se ven
- Lo sé, pero ha sido tan cariñoso, que se me olvidó
- Mavi, lo que pasó fue sin querer
- Hace ya mucho, ni me acuerdo
- Esas cosas pasan, estás con una persona, aparece otra, te enamoras, y todo cambia. Es así de sencillo
- No te preocupes, está superado. A veces se gana y otras se pierde
- Siento que te marcharas por mí
- Fue por una vocación, no por ti (siempre tan creído, pensé)
- Pues mejor
- Además creo que elegiste bien
- ¿Si?
- Si, porque si eres feliz con ella, si te atrae y si la quieres, yo jamás te hubiese gustado lo suficiente, como para dar un paso más. Somos el día y la noche (superficialidad frente a espiritualidad, resumiendo) por tanto, mejor antes que después, cuando habría más dolor. En ese momento fuiste cruel, al decirme cosas, como que te gustaba más, porque quizás fuese más guapa, más en todo, pero no te hubiese querido como yo, ni te hubiese cuidado mejor, y me dolió
- Nos va bien
- Para mí en el pasado se quedó, pero quería decírtelo
- Si necesitas algo
- Claro, lo de Tom
- Te lo dejaré nuevo
- Gracias
- A ti, perdón.
Abel fue un novio que tuve de joven, tuve muchos, a los que no les di importancia, por falta de madurez sentimental, y no querer complicarme las cosas, tenía más problemas, y ya saben, creía que siempre habría oportunidades buenas, y esas no vuelven, poco a poco se alejan, mientras tú vas cambiando, haciéndote menos bella (lo repito, por si le sirve a alguien, yo no tuve buena consejera). Pero ahora con la distancia, ya dije que hizo bien en elegirla a ella. No teníamos casi nada en común, ambos nos dejamos llevar por las circunstancias, y lo más importante: Abel vivía de su imagen, y yo de mi cerebro, con eso creo que quedó claro, que con el tiempo, nos hubiésemos separado, así que sin rencores, lo normal cuando el daño es racional, no fruto de la maldad, aunque se pusiese como excusa los buenos sentimientos. Soy inteligente, sé de mis circunstancias, lo comprendo todo, MENOS EL DAÑO INJUSTIFICADO, que ya ni eso me dolía, así que mejor tener amigos, que enemigos en un pueblo, donde siempre hay cotilleos malintencionados. Y la verdad, si tuviese que reencontrarme con alguno, no lo hubiese elegido a él, tenía cosas más pendientes por otro lado, porque con el tiempo todo se va calmando, pero cuando te dejan mal sabor de boca, el dolor se queda anclado, no quieres revivir ni el buen sexo, que te marcara en los labios, porque el corazón siempre te recordará, que fueron besos un poco envenenados. Así que por dentro sonreía, pensando “que me quiten lo bailado”, supo darme calor, cuando la vida se me iba, quedó perdonado, y dentro de poco: olvidado…
Esa noche dormí de maravilla, hacía calor, pero entraba algo de brisa. Estaba algo triste, pero tranquila (como ahora), hasta que la mariposa, se me puso en la nariz, creo que me quería dar los buenos días. Casi la cogí con las manos, pero salió corriendo, mejor, por si le hacía daño. Volví a escuchar la melodía silbando, miré por la ventana, no lograba ver al misterioso hombre, y en camisón salí corriendo, pero cuando abrí la puerta de la valla, solo estaba Tom sonriendo. Lo cogí y lo metí en casa, no era muy callejero, pero a veces le gustaba alguna gatita, y corría detrás por el celo (vamos como muchos humanos). Me puse el desayuno, iba a hojear los artículos, y la mariposa se posó en el calendario, entonces me di cuenta: 8 de Marzo, era mi cumpleaños, que pena, un día tan especial, y casi se me olvida, es lo que tiene no tener compañía.
- Buenos días
- Hola Guillermo, compi, ¿Qué tal?
- Felicidades
- Gracias por acordarte, casi se me olvida a mí
- No debería
- No, ahora salgo a comprar algo especial para comer, por lo menos eso
- Genial entonces, perdona estoy liado y no tengo tiempo. ¿has decidido cómo vendrás?
- En tren, me siento más segura que en avión
- Ok, te mando el billete por correo. También la dirección del hostal, coge un taxi, no sé si podré recogerte, ¿me disculpas?
- Por favor, mientras no me aísles trabajando, todo lo demás, perdonado
- Gracias
- A ti. Un beso, guapo
- Un beso para ti también, cuídate
- Lo hago…
Voy a dejarles mis trucos de salud, no son muchos, para poder llevarlos, pero si los hacen, les dará muy buenos resultados.
- Un vaso de agua en ayunas
- Una cucharada de miel después de desayunar
- Un yogur blando después de comer
- Una fruta al día (cada una tiene sus características, buscar la que más convenga)
- Una infusión relajante antes de acostarme
- Un paseo al SOL semanal
- Y 10 baños en el mar al año ( por ejemplo: uno cada semana en verano)
Pueden buscar por internet los beneficios, verán como les interesa hacerlo, y si fuese así, pero están muy ocupados, pueden ponerse alarmas, para que no quede todo en el pasado. Ya me cuentan, después de que pasen unos meses, si ven buenos resultados. A veces no se puede, pero no lo demoren, para llegar a viejos más o menos sanos, porque aunque les parezca una tontería, pasará como con los consejos de los ancianos-sabios, que nadie le da importancia, hasta que surgen inconvenientes, y piensas: quizás debería haber hecho caso.
Me vestí con los vaqueros, una camiseta blanca, unas deportivas adidas claras y bolso de nylon de la misma marca, ya lo dije, ante la duda, los clásicos nunca fallan. Cogí mi camioneta, decidí que no la iba a cambiar, me gustaba, sonaba fatal, no era muy segura, pero yo solo la quería para ir a la ciudad (20km), me quedaría con ella, hasta tener otras necesidades, además me iba a comprar una bicicleta, para andar por el pueblo, me venía bien fortalecer mis rodillas, de las excavaciones estaban regular (también recomendar el aceite de romero para relajar un poco los dolores musculares, los hay en cualquier herbolario e incluso en supermercados, como en el Mercadona. Verán lo bien, pero también avisarles, que hasta que no se absorba, puede manchar, tengan cuidado). Me crucé con la vecina de siempre, quien me saludó de lejos e incluso chilló: “que alegría de volver a verte”, me hizo sentir bien. Estaba en casa. Compré pasta fresca en la tienda de mi amiga Ana, para hacérmela con beicon, cebolla, pimienta y nata, que acompañaría con un buen lambrusco (la dieta la empezaría mañana), también compré lo suficiente para hacer un bizcocho de limón, si es que alguien venía a casa, si se acordaba. Las visitas no suelen ser antes de las cinco, así que me daría tiempo a tenerlo listo. Me llevé la compra, ya vendría el Viernes para hacer la semanal, y darle algo a Paulo, quien cambiaba por días, creo que para convertirse en un hombre atractivo. En la televisión escuché una vez que los hombres se diferenciaban en dos tipos: guapos o inteligentes, me hizo gracia escucharlo, porque quizás tuviesen razón, pero yo no los calificaba así, desde que vi la película “Durmiendo con su enemigo”, para mí se diferenciaban en dos grupos: un buen hombre o un mal hombre, las restantes características, después de haber sufrido lo mío, no me importaban en absoluto, mientras con él me sintiera tranquila y despertara mis instintos. Llegué a casa, y recibí mi primer regalo, uno no grato, aunque para muchos era lo que merecía, simplemente porque así se lo habían incitado. Mi casa estaba revuelta, no habían robado, pero no quedó un cajón por vaciar, ni nada más por romper. Cerré los ojos, porque significaba que no estaba a salvo, que el haberme ido de la gran ciudad, no había funcionado, para que los malos se olvidasen de alguien, que no les había hecho daño, pero que habían enfilado. Me senté en la mecedora del porche, con las bolsas, mientras algunas lágrimas caían ladera abajo. Tom se me echó encima, me lamió y la mariposa revoloteaba cerca sin descanso, creo que querían darme el calor y el consuelo, del que algunas personas me privaron.
- Hola Mavi, ¿ocurre algo?
- Hola Miriam, pues sí. Me han destrozado la casa
- Para llevarse algo de valor
- No tengo, desde que me fui a la gran ciudad, y creí tener problemas, me deshice de lo poco que tenía, para evitar peligros, viviendo sola
- Hiciste bien, ¿y entonces, por qué crees que ha podido ser?
- No lo sé, porque las conjeturas que creo, se las lleva el viento
- Dímelas, quizás sirvan para algo
- En la gran ciudad me sentí muy controlada, como que me vieron una presa fácil, un objetivo accesible para llevar a cabo sus asuntos, sin tener mucho en cuenta mi opinión, simplemente les servía para algo, y lo tomaron.
- ¿Quiénes?
- No lo sé, a veces pensaba que sería cualquier grupo mafioso, y otras me daba la sensación que podía ser hasta el servicio de inteligencia
- Mavi siempre te han gustado mucho las películas
- Es cierto, pero ¿por qué me han hecho eso en la casa?, cuando es un lugar tranquilo, y no hay nada que merezca la pena
- Pues no lo sé, porque antes de atacar un lugar, suelen asegurarse de que habría un buen botín, y si no lo había, no tiene sentido
- Yo tampoco lo encuentro, pero el resultado es el mismo
- Mira te voy a mandar a dos agentes, a ver qué opinan, ¿vale?
- Claro, pero me vuelvo a sentir insegura
- No te preocupes, pondremos un coche en la puerta, por lo menos el tiempo que necesites, hasta coger seguridad. Tienes como protegerte
- Un palo de béisbol
- Cómprate también un spray de pimienta, y lo llevas encima. No te salva de nada la mayoría de las veces, pero con suerte quizás te dé tiempo a huir
- Lo haré
- En la tienda de Ana, en la sección de caza, creo que los venden
- Echaré un ojo, tiene de todo
- Si, ha montado bien el negocio, por lo menos el marido hizo algo bien
- Hay formas de hacer las cosas, y cada una de ellas te definen como persona
- Era un buen tipo, pero no era como nosotros, se le quedaba pequeño esto.
- A veces las cosas no salen como esperabas, pero no tienen por qué ser malas
- Le dio un hijo, y los medios para sobrevivir sin él, además de una pequeña pensión mensual. Ojalá, cuando cumpla más años, esté más tranquilo, vuelva con Ana, lo quiere, pero creía que la dejaría, aunque con él se marchara
- Tenía que haberlo intentado
- Lo intentó aquí, cada una sabe lo que tiene en casa
- A ver qué tal con los años, el tiempo lo dice todo
- O casi todo, porque hasta a él se le engaña
- Bueno me voy a casa, espero a los agentes allí, ¿te parece bien?
- Sí, pero no toques nada
- Nada, me sentaré en el porche a esperar
- Antes de media hora estarán allí. Hoy era tu cumpleaños
- Sí
- Felicidades, vaya regalo
- Ya me estoy acostumbrando
- No lo hagas. Intentaré que se vayan antes de la hora de la comida, y te relajas un poco. Recuerda, se quedan en la puerta. Tranquila
- Gracias
- Lo normal, guapa
Me senté donde siempre, y a los pocos minutos, vi el coche de la policía en la puerta. Fui a abrir. Eran dos agentes, uno joven y otro de mi edad, un compañero del instituto, con quien no traté, pero sabíamos quiénes éramos. Hicieron fotos, me preguntaros cosas triviales, y cogieron notas. Miraron por las ventanas desde dentro y desde fuera. Inspeccionaron el jardín, del suelo intentaron sacar huellas, pero me dijeron que no había nada, seguramente habrían usado guantes y llevaban limpios los zapatos.
- Y ¿pelos? ( ya saben, mis películas)
- No hay nada, aparentemente, pero si ves algo o cree que te falta algo, no dudes en decírselo rápidamente a Miriam.
- Lo haré
- A ti Mavi, sé que no debería decirlo, porque estoy de servicio, pero estás más guapa que antes
- Jejeje, gracias.
Les voy a dejar mis trucos de belleza, son pocos, pero por si les ayuda:
- Acabo la ducha con un chorro de agua fría, por el cuerpo, cara y cabello
- Lavo bien la cara dos veces al día, hidrato por la mañana y uso un serum por la noche ( a mí la marca Olay, me va de maravilla)
- Me desmaquillo con agua micelar, siempre
- Para el cuerpo uso gel y crema de Avena
- Para los pies y manos, cremas con Urea
- Y me cepillo después de comer siempre o al menos enjuago boca (sin una buena piel y unos dientes sanos, la belleza se va al carajo)
No os comento nada del pelo, porque lo tengo con problemas, por diferentes motivos, así que quizás no os venga bien, pero como consejo: no usen nada abrasivo, ni en el cepillo de dientes, aunque crean que limpia más, ya que pueden estropear otras cosas. Y para terminar, pues comentarles que las personas que no tienen sobrepeso, siempre parecen más jóvenes, pero hay que ser felices, no morir en el intento.
Me tumbé en el sofá, rodeada de todo el desorden que me habían hecho, y me quedé dormida intentando comprender el motivo de este infierno, pero no, no di con ninguna razón, salvo que el mal existe y me había descubierto. Sonó el timbre, no lo recordaba, pero era Martes
- Hola Don Adriano
- Tutéame
- Perdón
- ¿Pero qué ha pasado?
- No lo sé
- ¿tienes policía en la puerta?
- Sí, me han puesto protección, hasta saber qué pasa
- Que importante
- ¿Usted cree?
- Tutéame
- Creí que viniendo a casa, todo se olvidaría, pero parece que no
- ¿Has comido?
- No
- Pues vamos a ir a comer a un buen restaurantes, y le diré a mi muchacha, que venga con su marido y que arregle este desastre. Parece mucho, pero con una buena escoba, creo que se acaba rápido
- No sé, son mis cosas
- No te arrepentirás, venga, ponte los zapatos y péinate un poco
Me hice una trenza, me cambié de camiseta y en vez de las adidas, me puse unas bailarinas con un bolso acolchado, que siempre visten algo. Me pinté los labios con mi barra de Maxfactor, Rosewood nº030 (no había ganas de más) y marché como mi profesor, a ver si me animaba, después de esta paliza espiritual, que me perseguía desde hacía años. Fuimos a un restaurante que había en el mirador, me pedí un lenguado, mi pescado favorito, junto a un vino barbadillo blanco, todo estaba rico. En el postre conversamos, mientras dejó que mi cabeza, se ordenara un poquito.
- Veo que te gusta el chocolate
- Bueno es que la tarta de los tres chocolates es mi preferida
- No haces dieta
- Ahora mismo no, demasiado presión, más adelante, me cuidaré, sin objetivos, pero sin tanta libertad como ahora
- ¿Me quieres contar algo?
- No sabría por dónde empezar
- Empezaré yo, ¿Por qué no cogiste ciencias?
- Me gustaban las matemáticas y la lógica, me parecían divertidas, pero prefería las carreras de letras, soy humanista. Quise coger mixtas, pero no hubo esa opción el curso que yo estuve, al año siguiente la pusieron, pero seguí por donde creía que debía.
- Una pena, quizás te hubiese ahorrado algunas cosas
- Bueno, yo ya me conformo con dejar los problemas atrás, y tener años buenos, porque he vivido un auténtico calvario, en circunstancias vulnerables
- Seguro que sacas algo bueno
- No creo, lo he perdido todo
- Te tienes a ti, antes creo que ni eso
- Es cierto, antes incluso se me pedía perfección, cuando mi cuerpo necesitaba auxilio y comprensión, sin obtener ningún consuelo. Fue lo más duro, creo
- Quieres que te den consuelo, puedo conseguírtelo
- Si se refiere a sexo, no lo necesito, por lo menos en estos momentos, lo que me ayudaría es el cariño y el apoyo, no más, no soy quien dicen. Me confundí al pensar que con unas acciones tendría un resultado, además de que se esperaba de mí eso, y lo que obtuve fue un dolor inhumano, así que mi consejo es que siempre deben comportarse y hablar desde su corazón, y no será un error ni una equivocación (lo digo desde la experiencia). No saquen conclusiones por su cuenta, pueden llevarles al fracaso (comentar que la perjudicada de mis fallos, he sido yo, es la diferencia)
- ¿Qué te han hecho?
- Pues la verdad, de todo un poco, y nada bueno
- Olvídalo, si quieres algún día contar, mi hombro estará para ti, siempre dispuesto, pero a veces es mejor desahogarte en un papel, y dejar que el tiempo cure, lo que otros hirieron (LEJOS)
- Sí, es lo que quiero. Mis inquietudes intelectuales y espirituales están totalmente satisfechas, ahora lo que necesito es vivir, dejar un poco el estudio y el alma, para que la vida me llene de buenos recuerdos, porque aunque no lo crean, me los merezco
- Lo lograrás, eres inteligente
- Bueno si lo soy, pero no crea que he sido muy lista.
- A veces no es cuestión de inteligencia, si no de supervivencia. No lo olvides
- Gracias, es lo que me ha pasado. Antes las presiones y los problemas me superaban, e incluso me bloqueaban, no soy muy fuerte de carácter, aunque no lo parezca. Ahora al menos, eso no será un inconveniente, si es que surge alguna oportunidad de nuevo
- Cuenta con ello. Lo ves, ya sacaste algo bueno.
- Es cierto
- Acaba la tarta, y te llevo a tu casa. Me dejé mi regalo allí, sé que es tu cumpleaños, a ver si he acertado
- ¿Se acuerda?
- Me acuerdo de todo lo que merezca la pena, como les pasa a los viejos
- Usted nunca será viejo
- Gracias, es lo más bonito que me han dicho en mi vida, pero por favor quita lo de usted o nunca me verás como un amigo
- Siempre lo fue, porque tuve pocos, yo también me acuerdo de lo bueno.
Me dejó en mi casa, y el mayor de los regalos fue que estaba como si no hubiese pasado nada. Todos los muebles casi vacíos, pero ordenado y limpio. Le di un abrazo a mi profesor, por ahorrarme ese mal trago. Y antes de marcharse, me dio el otro regalo, era un libro dedicado y titulado “Martes con mi viejo profesor” de M. Albom, dicen que es bueno, por si quieren leerlo. Fue un acierto!!!
No cené, me tomé un plátano de Canarias, porque dicen que uno al día es muy bueno para la salud, por ejemplo, ayuda a nivelar la tensión del corazón, y me fui a la cama. Cogí el libro, y empecé a leerlo, mientras Tom ronroneaba a mi lado, y la mariposa se posaba en su nariz, creo que para despertarlo, porque tenía ganas de juegos. Me quedé dormida, no sé a qué hora exactamente, pero a pesar del mal rato, pude descansar, quizás porque no me sentí tan sola ante un problema, como en la gran ciudad: mi profesor me había ayudado y el coche de policía estaba en la puerta, que más podía pedir, si sabía que era vérselas sola, mientras te jodían la vida, sin piedad, con vehemencia. Escuché un ruido. Me asusté, pero me relajé, tenía a las fuerzas de seguridad cerca. Y al abrir los ojos, vi a un hombre fuerte a los pies de la cama, con la cara tapada con un pasamontañas, quien me cogió del cuello, cortándome la respiración, y me gritaba “¿dónde está?”, y yo sin saber a qué se refería, no entendía nada. Me sentó en la cama, y con voz más baja preguntó: ¿dónde está la calavera?. Señalé el sillón de la habitación. Mi madre había hecho un falso hueco por detrás, para guardar ahí el dinero en metálico y algunas alhajas. A simple vista no se veía, así que les pasó desapercibido, cuando entraron y rebuscaron por toda la casa. No daba con la cremallera invisible, y tuve el valor de levantarme, para ayudarle. La saqué y se la di, pero antes la miré por dentro, cosa que nunca hice cuando me mudé. Había una bolsa de su color, por eso no me di cuenta, como pegada al hueso. No sé qué había en ella, ni me interesaba, pero antes de marcharse me dijo suavemente, pero con gran fuerza, no dejando dudas de nada
“La próxima vez que huyas, ten cuidado con lo que llevas (quise excusarme, diciendo que no sabía nada), pero siguió: déjalo todo, si no sabes a qué me refiero, porque te encontraremos. Ya eres parte de esto, aunque no entres en juego, y nosotros no nos andamos con titubeos. Si quieres huir de la situación, porque no puedes con ella: VETE, pero no te lleves ni al gato, ni nada de lo que esté dentro.”. Me fue a pegar, no sé, si para quitarme la vida o solo para asustarme aún más, pero la mariposa se le posó entre los ojos, y Tom fue a cazarla, se le echó encima. Eso le frenó, me sonrió y en otro tono dijo: “aquí tienes tu oportunidad, y recuerda que no eres un gato con siete vidas”. Se marchó, con la calavera en la mano, sin ruido, sin dejar huella. Miré por la ventana, y ni una señal de su presencia. Los policías me saludaron con la mano, si hubiesen estado más cerca, les saco la lengua. Entonces pensé, quizás sea uno de ellos, quizás esté equivocada, creyendo que me estaban utilizando unos mafiosos, y quizás fuese la policía, que también guarda sus secretos. Quizás tantas cosas, pero realmente no sabía nada, solo que a la mañana siguiente me marcharía, sin decir absolutamente nada.
Amaneció, la policía estaba entretenida haciendo el cambio de guardia, ya estaba vestida, y sin pensarlo mucho, cogí mi Kit de supervivencia (lo hice cuando Bruselas lo aconsejó por el ambiente hostil, que había con tanta guerra). Me atreví a llevarme eso, porque si no encontraron la calavera, tampoco la mochila, que estaba a su vera, donde tenía lo suficiente para pasar un par de días, hasta encontrar a quien creía que me ayudaría ( ya saben, quien tiene un amigo, tiene un tesoro). Apagué el móvil, cogí su cargador y a por la carretera, tenía mi bicicleta en la parte de atrás, saldría por la ventana, era blindada, pero la abriría, desde dentro no habría problemas. Solo encendería el móvil por una urgencia, supongo que sabrían cuál sería el destino que me espera, rezando para que me dejaran ir, al comprender que no era mi lugar, sin menospreciar, simplemente no quería jugar a su juego, porque sería yo quien perdiera, mientras otros seguirían su vida sin acordarse, quien era la que pagó por cualquier torpeza. Tuve suerte, Dios estuvo otra vez de mi lado, y pude montarme en un tren que salía pronto hacia Madrid, la tierra de la esperanza de aquellos, que no supieron salir de una reyerta, aunque no fueran parte de ella.
Les pongo el Kit de supervivencia que hice, por si quieren copiar.
- Una sudadera, y dos mudas, incluido calcetines
- Dos mantas térmicas
- Una linterna, con recambio de pilas
- Una bolsa de aseo, con lo necesario para una buena higiene
- Clinex y toallitas húmedas
- Una radio, y recambio de pilas
- Una navajita multiusos
- Fotocopia de la documentación
- Dinero en efectivo
- Medicinas necesarias y tiritas
- Mechero, cerrillas y alguna vela
- Apuntar en un papel los números de teléfonos de contacto, por si pierdes móvil
- Móvil, y cargador (no sé si hay otra forma de cargar el móvil que no sea por la electricidad o si hay baterías para reemplazar)
- Agua, según número de personas
- Comida: Unas latas de conserva, chocolate, barritas energéticas y Frutos secos
Ojalá nunca les haga falta, como a mí, porque significará que quizás no haya un buen futuro. Como consejo, intenten no ser una presa fácil, ni para el compañero del colegio, menos para el enemigo…
En la estación estaba Tom junto a la mariposa, a veces creía que eran humanos, pero no, eran animalitos de la bella naturaleza. Me despedí con besos y abrazos, lo que cualquier persona sensible espera, y me senté en un sillón, sola, pero tranquila, creí que dejaría atrás un dolor, que jamás una espera. Tom y la mariposa se marcharon, a la vez que el tren empezó a andar, no pude mirarlos, pero en mi corazón siempre estarán, incluso con el paso de los años. Me puse los casquitos, y sorpresa: MÚSICA, la banda sonora de la película Asesinato en Oriente Express, óiganla, merece la pena. Se me cayó alguna lágrima, pero la vida me había enseñado a ser fuerte, saldría de esta, mejor con ayuda, vaya que me rindiera. Empecé a pensar cual sería mi futuro nombre, y elegí el de Giorgia, en memoria de dos personas: una me hizo conocer el dolor profundo y la otra lleno mi corazón de Esperanza, una pura contradicción, pero marcaron mi vida, así que elegí el que creí que más significado tendría, para que no se me olvidara, que en la vida existe la maldad, pero la bondad ganaría todas las injusticias, si sabías ver la verdad, no mentiras disfrazadas. Me dormí, estaba agotada emocionalmente, y ya saben que mientras duermes, tu cerebro descansa, y aunque abría los ojos, los quería cerrados, para que nada me alarmara (cuidado si optan por no salir de la cama, y más si la postura fetal es la elegida hasta la madrugada). Me desperté justo unos minutos antes de llegar a la estación, menos mal, porque si no acabaría, quizás donde no deseaba. Creo que no me habían seguido, más que nada, porque me veían sin valor, ni valor personal en la sociedad, ni con valentía para salir de la prisión que me habían impuesto, por muchos motivos, dejé de tener importancia, a pesar de muchos logros, pero así todo sería más fácil, para quienes me maltrataban. Bajé con el pie derecho, supersticiones, pero en algo hay que apoyarse, cuando no es suficiente el intelecto. Miré la dirección de Guillermo, que tenía apuntada junto a su teléfono, y cogí un taxi, hasta llegar a su casa, esperando consuelo, porque quizás no fuese familia, pero quería pensar que en su corazón había un hueco para mí, por lo menos de cariño, no a lo que me acostumbraron (ya saben, por el odio y desprecio). Llegué sobre las dos, la hora de la comida, pero no estaban en casa. Me tomé la libertad de entrar al jardín, me sentía segura, si su valla me tapaba. Era una casa de estilo inglés, con toda su ornamentaría, su mujer tenía raíces anglosajonas, y se notaba en todo. Son demasiado orgullosos, para que otra cultura les dominara (donde hay perfección, no cabe ninguna guerra santa). Saqué de mi Kit de supervivencia algo para comer, cogí los frutos secos, porque dicen que son sanos, aunque algunos engorden demasiado. No estaba para dietas, cuando mi cabeza y mi corazón se relajaran, intentaría mejorar, porque siempre te hace sentir bien, verte guapa. Me tumbé, esperaba que no creyeran que era un ocupa, que se dieran cuenta de que era su amiga, su compañera, no podía compararme con su mujer, pero tampoco se trataba de una desconocida, que la echaras a patadas. Temía que su mujer se pusiese celosa, no la conocía, pero a ninguna nos apetece tener a otra mujer en casa. Lo comprendía, pero era por extrema necesidad, no iba a quitarle el marido, lo respetaba, además sabría que perdería, porque aunque llegase a ser cruel e incluso se inventase cosas, siempre apoyas y crees a quien le tienes más cariño, y era la madre de sus hijos. Pero advertir que a veces son incluso posibles asesinas enmascaradas en dulces miradas, pero es a quien quieren, y aunque no tengan razón, su defensa y credibilidad la tienen, más que nada porque no llegan a pensar que quien cuida a sus hijos, les hace la comida y la cama, lleve escondido instintos asesinos, mientras la dulzura de sus palabras les embriaga, acompañada de alguna lágrima. No sería el caso, la mujer era bastante normal, pero os lo comento, porque sí conozco alguna, quienes jamás podrían imaginar, porque su amabilidad, tapa su oscuridad.
- Guillermo
- Pero ¿qué haces aquí, Mavi?
- Pues es algo largo de contar, ¿podemos pasar?
- Claro, disculpa. Esta es mi mujer Margot
- Encantada
- Igualmente
- Soy su compañera de trabajo
- Si, te conozco por las fotos. Pasa, tomaremos el té
- Si, algo caliente me vendría bien
- Siéntate, ¿qué pasa?
- Realmente no sé qué pasa, solo que me tienen controlada, me persiguen e incluso me han amenazado
- ¿Pero quién?
- No lo sé, de verdad que no lo sé, no sé cómo me he metido en este lío
- Y qué necesitas
- Voy a pedirte un gran favor, pero es por necesidad, apelo a tu buen corazón, creo que con algo de ayuda, todo pasará
- Pero acude a la policía
- No, no sé si están ayudando a quienes me han amenazado, no sé nada seguro, pero ante la duda, la prudencia
- Ok, como quieras´
- Pero qué quieres
- Sé que en tu sótano tienes una especie de apartamento montado, para cuando pasan temporadas en España tus suegros
- Es cierto
- ¿Están aquí? ¿vendrán pronto?
- No, hasta el verano no vienen. Siempre vienen en el mes de Julio, en Agosto demasiado calor para ellos, y nosotrosvamos por Navidad, si las circunstancias lo permiten.
- Déjame quedarme en él, hasta que vayamos a las excavaciones, y luego, cuando terminen, ya veré qué hago.
- Claro que sí, el tiempo que quieres, menos cuando vengan mis suegros, ¿de acuerdo?, no quiero problemas con la familia.
- Mil gracias. Voy a hacer la transferencia del dinero que uso a tu cuenta, y podrías ir dándome dinero en efectivo
- No hagas eso, porque sabrán que soy yo. Hazla a mi suegro, hablaré con él. A mí no me hace falta el dinero inmediatamente, ya me lo dará, cuando vaya por Navidad, mientras te daré el mío. Al ser una cuenta en Londres, no será tan fácil de rastrear, y si son delincuentes, no querrán arriesgarse a conocer las cárceles de Londres, no son como las españolas, tampoco las leyes. Te doy el número, después de que hable con él, no te preocupes es un hombre de bien, y no querrá jaleos, ni escándalos.
- Gracias
- Pero que nerviosa estás, trae yo lo hago
- Gracias
- ¿Es mucho dinero?
- Lo suficiente para tirar un año, pero espero no tener que gastarlo
- Verás como no, como se soluciona todo rápido. Y si acaso, en Julio te vas a Londres a casa de mis suegros, y luego decides si vuelves.
- Me parece bien, lo siento no puedo tomar nada
- No te preocupes, te daré ropa de mi mujer, y te das un baño. Descansa, te llamaré para la hora de la cena, suele ser sobre las nueve
- No sé si te lo podré agradecer
- No tienes que hacerlo, eres familia para mí, sé de tus circunstancias.
- Gracias de nuevo
- Baja, es por ahí, tengo que hablar a solas con mi mujer. No le va a gustar la idea, pero yo también aguanto a su familia, que viene hasta con el perro
El sótano-apartamento estaba muy bien, casi nuevo, todo diáfano, y ni una ventana, lo que necesitaba. Le di el móvil, para que lo tirase, y a rezar. No creía haberme confundido, porque era al único lugar donde podía acudir. Dejé la mochila encima del sofá, y me tumbé en la cama. Guillermo me bajó algo de ropa, y me dio un móvil antiguo de tarjeta, que tenía para los críos, ya les compraría otro. Solucionó lo del banco, esperaba haber hecho bien, y me pidió que hiciera una lista de las cosas que necesitaba, para pasar este tiempo ahí. Primero opté por pedir cosas de aseo, diferentes a las que usaba, y un pequeño fondo de armario, para la temporada que empezaba (ya habría tiempo de ampliar, y de pedir lo necesario para cuando fuese a trabajar). Me sentía segura, y ya era algo importante.
Os dejo mi fondo de armario, por si os vienen bien (mejor de ropa elástica, por si se cambia un poco de talla):
- Dos vaqueros
- Cinco camisetas (dos blancas y tres de diferentes colores)
- Una blusa blanca y otra de rayas
- Un pantalón negro
- Una gabardina corta
- Un vestido negro
- Una rebeca color nude y otra negra
- Sujetadores y bragas de mi talla(mínimo para una semana)
- Medias y calcetines
- Tres pijamas de entretiempo
- Calzado: unos zapatos de salón, unas bailarinas y unas deportivas
- Bolsos : un bolso de nylon para diario y otro acolchado para vestir
- Y para la casa: ropa deportiva con unas zapatillas cómodas
Creo que sería suficiente, teniendo en cuenta mis circunstancias. No compraría buenas marcas, por lo que no tendría que gastar mucho. Que agradecida estaba, intentaría no molestar, tenían libros en la biblioteca, si me llegaba a concentrar, además de que también había una televisión abajo. Subiría a comer, si me lo pedían, pero por mí, si me daban algo de compra, me la hacía abajo, para que no notaran mi presencia, ni yo romper la armonía de su hogar. Mi idea era pasar desapercibida, así que mejor, que hasta ellos se olvidaran de mí. Hablaría con Guillermo, seguro que sabría qué era lo mejor, porque si algo tenían, era inteligencia para buscarme, así que esperaba que me olvidaran, que fuera una piedra que se quedó en el camino, y que ya no molestaba. Solo me quedaba decir a quien me ayudó y ayudara: GRACIAS…
Me bajó la cena, dijo que era mejor así, para que a la mujer no le molestara mi presencia. Pasaban el día fuera, así que me daría algo para cocinar, y un plato en la cena recién hecha, por lo visto su mujer cocinaba muy bien. A mí no se me daba mal, pero no había practicado mucho, y como con todo, en eso está el secreto. Después de que comiera, me dejara también toallas y un chándal de Margot, que haría de todo, hasta que llegara lo que había encargado, me sentó en el sofá y pidió una explicación más detallada. Al escuchar todo, seguía queriendo ir a la policía, pero le insistí en que no, que por el momento no, quería ver si me dejaban en paz, si al marcharme todo se olvidaba, lo prefería a más problemas, había perdido toda la confianza en las personas, pero le prometí, que si me volvían a molestar, si hacían algo por lo que pudiera sentirme otra vez en peligro, iría a la policía, mientras prefería pensar que todo se olvidaría. El negaba con la cabeza, porque pensaba que una vez que entras en su mundo, aunque fuese sin querer, no te sueltan, quizás por ser esa presa que os comento, pero yo también volví a insistir diciendo, que no quería, quería olvidarlo todo sin más jaleos, que me iba a dar esa oportunidad, de no entrar en más conflictos de los necesarios, y le volví a prometer, que en el momento que viera algo extraño, que me hiciera sentir en peligro, no me alejaría, ya lo había hecho, iría a la policía, porque no me quedaría otra alternativa, para evitar el posible daño, ya saben “no me quedó más remedio”. Terminó la conversación con un “como quieras, aquí tienes tu casa, hasta que lo necesites.” Le dije que por lo menos hasta que empezásemos a trabajar, me quería quedar, luego allí, quitando piedras, pensaría qué hacer con mi vida. A ver si había suerte, y pasaba algún año bueno.
El tiempo pasó volando, sé que lo saben, no lo desperdicien con maldades, que no llevan a buen puerto. Pasé los días en el sótano, ni subí en los cumpleaños, Guillermo creyó que era mejor que no me vieran, ni por las ventanas, y lo acepté, ante la duda, mejor ser prevenida. Nos incorporamos al trabajo el 24/4, pero antes me hicieron una pequeña despedida en el sótano. Una mañana me subí al maletero del coche, y una vez fuera de Madrid, me puse al lado de mi amigo, que no saben cómo lo amo, pero era un amor fraternal, puro, sin nada escondido abajo. Era un amor sencillo, de agradecimiento, porque no tenía otro nido, y me había cobijado. Durante los meses de trabajo, no tuve miedo. Iba siempre con gorra, y un atuendo parecido al del resto, pero no sentí que me estuvieran observando. No quería decirlo muy alto, pero creo que dejaron que me alejase del juego, quizás porque ya me habían utilizado lo suficiente, y no quería pagar las consecuencias, que suelen ocurrir, cuando una no sabe bien las reglas del juego, ni quiere conocerlo, porque las obligaciones, no son buenas consejeras, al final de un mal trayecto. Aunque creo que me dejaron ir, porque ya no les interesaba nada, estaba lejos de su terreno, pero por si acaso rezaba, para ver si ahuyentaba a los lobos hambrientos.
Estuvimos hasta mediados de Noviembre, menos mal, me dio tiempo a pensar en ese futuro tan incierto. Guillermo se marchaba con su familia a Inglaterra, y me dijo que me fuera al sótano, si quería, pero no me pareció buena idea, preferí quedarme en el Hostal, hasta después de las navidades, y buscar tranquilamente un apartamento en Madrid, donde todo está a mano, pero también bien se esconde, quien quiere estar camuflado. A principios de Diciembre me atreví a hacer una llamada, con mi nuevo móvil, porque Guillermo no solo me ayudó a cambiarme el nombre.
- Don Adriano
- ¿Mavi?, tuteameee
- Perdón
- ¿cómo estás?, ¿qué pasó?
- Bueno es largo de explicar
- Si tengo, es tiempo
- Tuve que huir, me veía muy en peligro, y…
- Déjalo
- ¿Por qué?, se lo puedo explicar
- No hace falta, te buscamos y al día siguiente te encontramos. Es verdad, no eres muy lista. Tu compañero nos contó todo, y vimos bien que te quedases ahí, con la esperanza de que nos llamaras, porque tanto Ana, como Miriam, como otros agentes, nos quedamos muy preocupados. ¿Cómo estás?¿volverás?
- No creo que vuelva, lejos estoy bien, aunque cansada, porque han sido unos meses duros de trabajo. Ahora estoy organizando todo el material, porque quiero hacer el último libro que le comenté, quizás firmado con otro nombre o simplemente lo guardo, pero lo quiero hacer, me queda una obra literaria buena y completa con él.
- Pues mano a la obra, así te entretienes. ¿llamas solo para saber de nosotros?
- Llamo para pedirle un último favor
- Dime
- Podría ayudarme a vender la casa de mi madre, no me siento segura ahí
- Normal, pero te has cambiado de nombre.
- Mire en una de las mesitas de noche de mi habitación, bueno la que era de mi madre antes, hay una tarjeta de un abogado, que siempre ha llevado las cosas de nuestra familia, no guardé su teléfono, por eso no lo llamo a él, directamente. Hable con él, dele mi número, y creo que entre todos se podrá solucionar. Cuanto antes la venda:mejor, porque quiero comprar un piso en Madrid, nunca será lo mismo, pero en algún lugar debo vivir.
- ¿Por qué no alquilas?
- No creas que es tan sencillo
- Yo te avalo, alquila mejor, y dentro de unos años decides
- ¿Cree que es mejor?
- Después de todo lo vivido: sí. ¿Tienes dinero?
- Sí, no para lujos, si para vivir, pero no en la cuenta que uso habitualmente, en una más privada. Esta es para los recibos, para el día a día, aunque como le digo, no puedo contar con casi ningún capricho.
- Suficiente, esta tarde busco la tarjeta, pero cómo entro
- Miriam tendrá alguna llave, se lo comentas o algún policía
- De acuerdo
- ¿te puedo llamar?
- Si, creo que me han dejado en paz o eso espero
- Ojalá guapa, no te mereces cosas malas
- Gracias, me habían hecho creer lo contrario
- Cuídate, te llamo
Tuve suerte, el profesor me vendió la casa pronto. No quiso decirme a quien, por reservar su intimidad, pero me prometió que la cuidaría bien. Me quedé tranquila, fui feliz en ella. No me ingresaron el dinero, pusieron el dinero de la compraventa en un cheque nominativo, que se guardó en el banco, hasta que yo decidiera la cuenta, donde quería ser ingresado. No lo tenía claro, pero tampoco quería demorarlo, ya saben.
- Bueno, ¿ contenta?
- Mucho
- Ha sido una buena venta, puedes estarlo
- Ojalá algún día pueda visitarlo
- Quizás más pronto de lo que esperas
- No creo
- ¿estás bien?
- Si
- Ya mismo es Navidad, ¿Qué la vas a pasar sola otra vez?
- Si
- Pues vente conmigo, voy a invitar a unos amigos, pasa unos días en mi casa y arreglas lo del cheque, vemos lo del alquiler de Madrid juntos. Intentamos ordenar tu vida despacio.
- No sé, no ha pasado suficiente tiempo, y si me vuelven a ver, y empiezan de nuevo, si me tienen manía, cualquier excusa es buena
- Hazte un buen corte de pelo, ya no tienes edad para llevarlo tan largo
- ¿crees que será suficiente?
- Creo que sí. No vas a tu casa, aunque estés cerca, no estarás sola, saldremos poco, si quieres, pero no la pases más sola. Me da mucha pena, vamos a intentarlo, si pasa algo, yo mismo voy contigo a la comisaría
- Lo voy a pensar
- No lo hagas, vente mañana, quedan pocos días, y mientras vamos arreglando todo lo que tienes pendiente
- ¿No cree que me confundo, que es como incitarlos?
- No, llevarás una vida tranquila. Lo has perdido todo, no has llamado a la policía, no estás incitando nada. Vas a casa de un amigo
- ¿Por qué es tan bueno conmigo?, no estoy acostumbrada
- ¿Por qué no lo iba a ser, si te conozco desde casi eras una niña?
- Perdona, es la falta de costumbre. Me parece hasta que hay algo oscuro detrás, si se es bueno conmigo.
- Cuánto daño
- Más del que imagina
- Vente, las heridas se irán curando solas, cuando tengas el adecuado cariño
- Ojalá, porque siento un gran vacío
- Miré los trenes, sé que no te gusta el avión
- ¿Si?, ¿tan seguro estaba de que me convencería?
- Lo normal, si no tienes compañía
- Pero corro riesgo
- Soy viejo, pero le parto la cara a quien vuelva a quitarte el sueño
- Jejeje gracias
- Coge el tren de las cinco, y llegas para la cena. Te prepararé una ligera, que luego no se descansa bien
- Por mi un sándwich rico es más que suficiente
- Lo tendré en cuenta
- Voy a comprar el billete, ¿me recoge?
- Claro, miraré a qué hora llega, y estaré un poco antes. Verás como no te arrepientes, quizás no vuelvas
- Si volveré, me da miedo estar sola, donde me han atacado
- Todo se pasa, hasta lo malo
Y bueno, sobre las cinco estaba en la estación, y aunque no lo crean contenta. Solo tuve que dejar en el hostal, poco más de dos camisetas, lo demás cupo en dos maletas, a veces es mejor eso, que no saber qué llevas. Me puse musiquita, y el viaje se me pasó rápido, lo disfruté viendo el paisaje, me relajaba mucho, aunque fuese muy rápido. Me puse mi gorra al bajar, y allí estaba mi profesor, quien también me estaba cobijando. Que suerte, no tener familia, y que te quieran más que cualquier hermano. Si es que pensándolo, no había sido todo tan malo, solo que el dolor siempre cuesta soltarlo. Me dio una habitación preciosa, nada de la esquina, escondida, una que daba al jardín, donde se podía escuchar a los pájaros y oler las flores, si es que sabías apreciarlo. Deshice la maleta, me había preparado un sándwich, hasta con miel por encima, y estuvimos charlando largo rato. Me enseñó fotos de la infancia, yo tenía pocas, pero las dejé en mi casa, no me lleve recuerdos, ni las reliquias de mi trabajo, pero como me dijo don Adriano, me tenía a mí, lo demás eran adornos innecesarios. Me hizo una infusión de frutos rojos, muy ricos en antioxidantes y lo bueno, no lleva teína, por lo que tampoco excitante. Y volví a pensar mal, ¿no querría sexo a su edad?, pero pensé que mal pensada, si tuviese necesidad, podría pagarlo, pero ya saben, los golpes hacen que no creas en la bondad, sin algo a cambio, pero luego pensé que yo también era así, daba sin esperar nada, así que no era tan especial en la vida, habría más como yo, solo que me costaba creer que fuera conmigo, después de tanto daño. Me notó cansada, y me dijo que me fuera a la cama, él iba a tardar un rato, porque dormía poco, y no quería levantarse demasiado temprano. Caí rendida, pero no de cansancio, fue al sentirme segura, a pesar de estar dos casa más abajo del ataque de los vándalos. Es lo que hace el cariño, se te olvida hasta de quien te hizo daño, y dormí como hacía tiempo, entre sábanas de algodón, y debajo de un colchó muy cómodo, quizás demasiado, porque todo lo bueno, me parecía que no era lo adecuado para mí, porque durante años, me lo dejaron claro.
Pasamos una semana muy entretenidos en la casa. No salimos mucho por temor, aunque lo disimulara. Arreglé mi vida, lo del cheque, lo de la casa en Madrid, aunque insistía que me quedase a su lado, aunque fuese pagando la compañía, porque le daba miedo que volviera sola a un lugar apartado. La verdad yo tampoco quería, pero no debía abusar de las buenas personas. Vendría a verle a menudo, y quizás en alguna ocasión me atreviera a tocar el timbre del vecino, solo para ver lo que fue mi hogar, y charlar un rato. Pensamos el menú de Navidad, seríamos cinco, y decidimos que lo prepararíamos todo nosotros, menos el pavo, porque no lo habíamos hecho nunca, era algo complicado y no queríamos arriesgarnos. Elegí mi look: un vestido burdeos, sencillo, evasé, midi, con un toque romántico, además dejaba la espalda al aire, si te movías demasiado. No tenía mucho pecho, así que no usaría sujetador. Era elegante, no parecería vulgar, aunque para algunos fuese un poco provocativo, si es que era anticuado. Al profesor le encantó, y tuvo el detalle de comprarme unos aros con unas piedras en burdeos, que me quedaba que ni pintado. No pasaría frío, porque teníamos la chimenea al lado y todo cerrado. Me vestí, me vi guapa, y ya dije que eso siempre anima, aunque no seas la misma de hace años. Puse la mesa preciosa, me dio su aprobado, como en el colegio. El encendió la chimenea, y preparó la leña para toda la noche, coloqué velas, saben que me encantan, esta vez eran aromáticas, todas de un mismo olor: jazmín, porque me recordaba a la infancia. Y nos sentamos agotados en el sofá, porque no paramos en todo el día. Íbamos a hacer el amigo invisible, que ya se había sorteado por el móvil, y bajé mi regalo, para tenerlo todo a mano. Me tocó regalar a un tal Jimeno, que era también profesor, pero de mi edad, sustituyó a Don Adriano, por eso tuvo confianza suficiente, para invitarlo este día tan señalado. Estaba contenta, quizás demasiado y me daba miedo pensarlo, porque a mí la felicidad me duraba poco, y me dolía hasta lo más escondido, si todo terminara en un rato.
- Pasad, ¿Qué habéis venido todos juntos?
- Sí, para aprovechar el taxi. Tomaremos alguna copa, y no queríamos conducir
- Teníais que haberos quedado a dormir, seguro que nos apañábamos.
- No Adriano, mañana tenemos compromisos familiares todos, si no estaría bien pensado
- Pues lo meditáis para otro año
- Soy Mavi, una antigua alumna de don Adriano, a quien parece que ha apadrinado
- Ha hecho muy bien, soy Jimeno
- Encantada
- Yo Lourdes, y este es mi marido Ignacio
- Pues quitaros el abrigo, y tomemos un vinito junto a la chimenea, mientras la cena se calienta
- Huele bien
- Huele que alimenta
- Todo lo ha hecho Mavi ( le miré sorprendida, pero no le contradije, él sabría porque lo decía)
- Pues seguro que está rico, tiene cara de buena cocinera
- Se intenta
- Como con todo, si no duele la tripa por remordimientos
- Es cierto
- He comprado vino caliente, porque hacía frío
- Nunca los he probado
- Son la mayoría gallegos
- Pues hoy hace tanto frío como en Santiago, así que seguro que sienta bien
- A ver qué tal, espero no haberme confundido
- Con las buenas intenciones una nunca se equivoca, aunque no haya buenos resultados
- Gracias
Me gustó Jimeno, tenía unos ojos bonitos, pero no parecía un hombre cursi, tampoco basto, era lo suficiente varonil, para que no te pasara desapercibido, para que te gustara estar a su lado. La verdad es que nos pasamos toda la noche conversando, y no de cromañones, a veces le dan por ahí a mis ligues, quieren que le resuma la historia de siglos en un rato, y una hace lo que puede, pero ya dije que quería dejar todo eso a un lado, quería vivir, no educar a niñatos. Quería vivir, compartir y mejor amando. Jimeno me gustó, y más cuando nos felicitamos, porque me pasó su mano por la espalda, y un escalofrío invadió mi corazón, como si recordara algo.
- Aquí tienes tu regalo
- Gracias, a ver. Un llavero con una piedra, es original
- Bueno no es cualquier piedra
- ¿no?
- No, es una piedra volcánica del Tibet, se la conoce como piedra de lava, se supone que aporta estabilidad emocional, protege de las energías negativas, dando serenidad y paciencia, además de aportar vitalidad.
- Ya me gusta algo más, porque no es muy bonita
- A veces la belleza está en el interior
- Es verdad
- Toma tu regalo, me tocaste tú. ¡Qué casualidad don Adriano!
- La vida
- Unos pendientes de ámbar
- La cosa va de piedras jejeje
- No se ría don Adriano
- ¿No te gusta?
- Me encanta
- Creí que al ser Antropóloga, te gustaría algo natural, que pudiera llevar
- Pues acertaste, quizás yo no, pero tú sí
- Claro que has acertado, no sabía qué era realmente
- Yo sí se los beneficios del ámbar
- No hace falta que me lo digas, con que te guste, me es suficiente
- Me encanta, ya lo he dicho
- Pues venga vamos a tomar una copa, que se hace tarde, y luego decís que no os he invitado a nada
- Por Dios vamos llenos, el pavo riquísimo Mavi
- Gracias Lourdes (qué mal me sentí)
Se marcharon al poco rato, me di cuenta de que se me pasó el tiempo volando, y que no quería decir adiós a Jimeno (ya no era una jovencita para ilusionarme tan rápido, pero me había gustado). No me resultó tan desconocido, pero tampoco cercano. Don Adriano no paró de reírse, sabía que le había funcionado. Recogimos un poco la mesa, pero estábamos cansados. Guardamos la comida, lo demás lo dejamos para mañana, por desgracia no había ningún gato, que fuese a tirar algo, y nos despertara.
- ¿Mavi?
- Si, ¿Quién es?
- Soy Jimeno
- ¿Cómo estás?, que alegría
- Gracias, ¿qué tal por Madrid?
- Pues la verdad, no es lo mío, no hay mar, y ya sabes lo que nos pasa a las que estamos acostumbradas a olerlo
- Que se echa en falta, ¿cuándo vuelves?
- Pues no lo sé, quizás por el cumpleaños de don Adriano
- Quedan tres meses
- No quiero molestar
- Ven a mi casa
- No sé, no nos conocemos casi
- No te arrepentirás
- No sé, las prisas nunca son buenas
- No tienes edad para ir despacio
- Tienes razón
- ¿trabajas ahora?
- No, hasta que no se vaya el mal tiempo, no empezamos. Estoy escribiendo mi último libro, no es el mejor, pero tampoco desentona
- ¿Por qué el último?
- Porque creo que todo tiene un principio y un fin
- Existe el infinito
- En pocas culturas
- Solo es cuestión de cambiar de dogmas, según se vaya necesitando
- Parece un poco deshonrado
- Y quien lo es pasado los cuarenta
- Don Adriano
- Porque no le quedan fuerzas
- Será eso
- Vente, quizás tengas una grata sorpresa
- Está bien, si me arrepiento, porque eres un psicópata simpático y guapo, corro con don Adriano
- No lo soy, soy mucho más humano
- Eso parece, pero ya no me fio ni de mi hermano
- No lo tienes
- Será por eso jeje
- Vente
- Voy, este fin de semana bajo
- Dime la hora a la que llegas, y te estaré esperando
- De acuerdo
- No le digas nada a don Adriano, vaya que no nos deje a solas, y quiero compensarte todo el daño
- Me vas a hacer cosquillas
- No sé, pero te dará gustirrinín
- Me vale
- Gracias
- ¿Por qué?
- Por haber aparecido, cuando ya no me hacía ilusión nada, estaba roto en pedazos
Me estaba esperando, menos mal. Aún no me relajaba, creía que quizás fuese alguna trampa, para reírse o hacerme más daño. Si no hubiese perdido tanta belleza, nada hubiese sido tan cruel ni despiadado, es así de triste, pero real, como el salto de un sapo, aunque a veces se convierte en príncipe, si sabes besarle, donde otras olvidaron. Me subí a su coche, era un Nissan Yuk, me gustó, quizás me comprase uno, si me decidía volver a conducir, aún me daba miedo tener coche. Y llegamos a su casa. SIN COMENTARIOS, HABÍA COMPRADO LA CASA DE MI MADRE, fue quien me dio el cheque, quien me hizo volver a creer en los milagros. La había dejado intacta, incluso con mi ropa, mis piedras, estaba igual que la dejé, salvo por Tom y la mariposa, entonces me señaló una foto que había en la pared. Era yo en la mecedora del porche, con la mariposa en la cabeza y con Tom en mis piernas. Me la hizo con el móvil, una vez que pasó por la puerta de la valla, que estaba abierta. Ahí los tenía, un recuerdo precioso. Entonces vi una foto al lado: era yo a los quince años, junto a un chico que me cogía la mano, y entonces lo reconocí. Jimenooo, fue mi novio durante poco tiempo, pero algo tuvo que pasar, para que después de tantos años el destino nos hubiese juntado. Lo dicho, existían los milagros, y la vida me regaló uno, cuando a mí tampoco me quedaban fuerzas para seguir luchando sola, contra tanto desarmado. GRACIAS, yo también necesitaba una señal de que no todo era tan cruel, que también conocería el buen amor, a pesar de las heridas, los castigos y de algún golpe dado. No puedo decir eso que canta algunas :”gracias a la vida, que me ha dado tanto”; pero si puedo decir, que no me quitó la esperanza, y quizás por eso me hizo ese preciado regalo…
AH!!!Don Adriano vino a vernos, y al observar la foto en la pared, recordó que mi padre era un marinero que silbaba muy bien y le gustaban los gatos, y que mi madre se llamaba Mary Bianca, todo se me había olvidadooo
PD=Si dedican su tiempo a buscar la propia felicidad y la encuentran ,o al menos dejan las penas atrás, no les importara el pasado demasiado...
VALENTINA LEONI
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