marisa montecristo
LA BODA DE TERESA
 
 
 
05/08/2025
 
 
 
 

 
 
 
                                                                                  A un amor inesperado…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                                        El Amor lo cura todo…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
LA BODA DE TERESA
 
AMAR PELO DOIS, Salvador Sobral (Portugués)
 
Se alguém perguntar por mim
Diz que vivi para te amar
Antes de ti, so vivia
Cansado e sem nada para dar
Meu bem, ouve as minhas preces
Peco que voltes, que me voltes a querer
Eu sei que nào se amoa só
Eu sei que nào se ama só…
 
Es la canción que elegí para el baile de mi futura boda, me parecía más bonita que un vals, mucho más dulce y encantadora, algo diferente, como el amor que sentí por mi prometido, que fue distinto a todos los que tuve, por culpa de un mal destino. Lo conocí una noche loca de juventud, llevaba un cordón de oro, y pensé “será hortera”. Me gustó, tenía clase hasta en sus pestañas espesas. Me miraba y no paraba de sonreír, creo que le hice gracia, y eso no me gustó, tenía que verme sexy y guapa, no graciosa, por ahí no es el camino de la seducción, hacerlo sonreír, es imprescindible, pero que la prioridad sea mi olor, mi tacto y mi dulce flor, de otra forma no sería su elección. Pregunté por él, se llamaba Nicolás, pero lo dejé en un rincón de mi corazón, porque creí que no funcionaría, había demasiados perjuicios sobre mí, hasta yo misma los tenía, eso sí, nunca olvidé su sonrisa, y aunque poco es mejor que nada, no quería ser la divertida, quería ser la mujer pasional que nunca olvidaría, yo y mis fantasías, que por lo visto él también tenía…
 
PRIMERA PARTE
 
Me fui a trabajar un lunes lluvioso, cogí el paraguas que me compré en el Museo Thyseen, no fue barato, pero ¿hay algo más hermoso que el arte bajo la lluvia?. No lo creo, así que no me arrepentí de ese pequeño esfuerzo. Era bueno, duraría toda la vida, porque no merecerlo. En mi ciudad no llovía mucho, pero me mudé a Madrid, y sabemos que hay de todo, hasta tormentas, bonitas tormentas, porque todo lo que da la naturaleza es hermoso. Mi abuelo me dijo una vez, que si conseguía hacerme amar el regalo de la Creación de Dios, me convertiría en una buena persona, y que eso debía hacer con mis hijos. No sé si lo logró, pero siempre adoré la belleza que el mundo me mostró. Trabajaba como recepcionista en un museo, no dominaba el inglés, pero me manejaba y tenía muy buena presencia, bastó para convencer al director, que me conocía por frecuentarlo desde hacía tiempo, y sabía de mis conocimientos, por lo menos una temporada, luego ya se vería según mi comportamiento. Realmente era una artista, me especialicé en hacer buenos collage, y los vendía bien, pero no daba seguridad, y de algo hay que comer. Esta vez estaba metida en un proyecto bonito, no sé si tendría problemas, porque era algo atrevido, pero quería hacerlo y quería compartirlo con el público. Se trataba de hacer cuadros con collage, siendo el protagonista Jesucristo, en diferentes escenas, y algo sexy, que le vieran también humano, no solo divino.  Conseguí un modelo perfecto, si fue guapo, no le defraudaría la elección, porque a mí nada más verlo, me temblaron los tobillos, de la emoción. Era una relación profesional, así que no debía hacerle ni un cumplido, le haría las fotos, le pagaría, y adiós, no busco sufrir más por hombres que no aprecian lo bonito que hay en un corazón algo distinto. Fue suficiente, me dije cuando sentía cosquilleos en el ombligo
-          Puedes marcharte, muchas gracias
-          En serio, ¿ya?
-          Solo quería un recuerdo bonito, para cuando llegasen los malos tiempos
-          ¿No te has divertido?
-          Más que eso
-          No lo entiendo
-          Tiene su explicación, pero se resume en que no quiero problemas
-          No te los daré, nos vemos de vez en cuando, y ya está. He estado muy cómodo contigo, me he sentido bien. Creo que funcionamos juntos
-          No, una vez me vale, para tener lo que quiero
-          ¿Qué quieres?
-          Te lo he dicho: un Recuerdo bonito
-          Pues ten más
-          No, se acabará convirtiendo el dolor
-          ¿pero por qué?
-          Te lo digo desde la experiencia, me basta esto. Te pagaré bien por las fotos, pero nada de mi trabajo
-          Como quieras, no quiero verte por dinero, lo he hecho porque me ha apetecido
-          Mejor entonces, pero no habrá más ocasiones
-          Si las habrá, sé lo que has sentido…
Y sí sentí mucho, sin habernos conocido en profundidad, puedo decir que hasta creí haberlo querido, pero sabía las consecuencias de estar con un hombre tan atractivo. Ya comenté que no suelo tirar de las personas, por lo que sería una guerra perdida antes de su inicio, sin entrar en los detalles físicos, pero también tendría un rincón en mi corazón, como una bonita ilusión, en medio de una  terrorífica tormenta del destino. Guardé sus fotos en una caja bonita, como su cuerpo dormido, y seguí mi vida, sabía que era lo mejor, para no caer otra vez, donde sufriría por un amor no correspondido, el quizás no existe, cuando no hay acertijos. Seguí caminando bajo la lluvia, con mi paraguas bonito, con los sueños de una artista, que aunque no joven, no vivía del olvido. A veces dormida, me acaricié, creyendo que sus brazos me apretaban lo escondido, pero volvía a amanecer, y el cuento tenía su final merecido. Ya se me pasaría, todo se pasa, cuando te acostumbras a ser una más en el camino, así que daría tiempo a mi memoria, porque ya saben, la vida dice que te pone en tu sitio.
Regresé a mi rutina, la mejor compañera de la soledad no querida, lo digo como consejo, no por victimizarme, hace tiempo que dejé ese adjetivo, ahora era una mujer fuerte, con secuelas, pero llena de proyectos futuros. Me compré otra libretita, y empecé a apuntar todo el material que necesitaría, disponía de un año, no era mucho para lo que tenía que hacer, además trabajando. No podía demorarlo más, porque se expondría un mes, la agenda del museo estaba ocupada para los siguientes tres años, y después es mucho tiempo, quien sabe qué será de la vida, cuando los meses navegasen sin rumbo por tu espacio, que crees eterno. Me obligaban a ir de negro, lo que quisiera, pero entera de negro, y  esa vez decidí ponerme un vestido midi, de punto, ceñido, aún la edad no se reflejaba en mis curvas. Creo que intuí algo, porque incluso me maquille con demasiado esmero, y sobre las doce, como en la cenicienta, aquel hombre del cordón de oro, fue a ver el museo. Un clavo quita otro clavo, pensé, aunque nunca imaginé, que el dolor fuese más grande, que con quien me privé de quizás algo bueno, aunque no eterno, por mi fiel compañero: un miedo, casi enfermizo.
-          Hola, ¿cómo está mi loquilla preferida?
-          No soy ninguna loquilla, fueron unas circunstancias
-          Bueno, no te enfades, ¿cómo estás?
-          Bien, ahí vamos
-          ¿Trabajas aquí desde hace tiempo?
-          No, unos meses, se supone que es temporal, pero ojalá cambien de idea
-          Verás como sí
-          ¿Qué haces por aquí?
-          Pues sabía que te encontraría, y no lo dudé
-          ¿Si?
-          No te sonrojes, la exposición temporal es de un amigo mío, y me ha invitado
-          Sabía que mentías
-          No te enfades
-          No me enfado
-          Mejor, ¿a qué hora sales?
-          Sobre las ocho
-          Pues bajo, y nos vamos a tomar algo
-          ¿estás de broma?
-          No, ¿por qué?
-          Porque no paras de sonreír, cuando me ves
-          Es que me haces mucha gracia, pero no me río de ti
-          Parece otra cosa
-          No quedaría contigo, tengo la suficiente clase para eso
-          Pues de acuerdo, tomaremos algo, aquí cerca hay un sitio de tapeo
-          Me parece bien, pero si tienes hambre, vamos a un restaurante
-          Te gustará, te recordará a otro lugar
-          Pues a las ocho bajo, queda una hora, habré cumplido, y vamos, así me demuestras que has madurado
-          Era madura, ingenua, pero madura, fue otro motivo
-          No importa, a mí me llamaste la atención
-          Ya me has ganado, pero olvídalo
-          Olvidado…
 
Me arrepentí de no llevar ropa interior más bonita, pero luego pensé, quizás sea mejor no hacer nada en la primera cita, ya me arrepentí en otra ocasión, así que mejor no ir preparada. Eso sí, me alegré llevar un vestido ceñido. Ya saben, poco mejor que nada. Y la verdad que una ilusión en la vida, alegra el alma, aunque luego llores en la almohada, pero te pones más guapa, sonríes más y todo te parece más agradable, ya sabes, es mejor estar enamorada, pero no lo confundan con otra cosa, mucho más mundana. Me dio un abrazo, cuando salimos del museo, en el trabajo, nada de afectos, y me llegó al corazón esa muestra de cariño, a veces creía ni merecerlo. Fuimos dando un paseo, y me cogió la mano, hay que ver como un gesto tan sencillo, hace que tu corazón se rompa en pedacitos. Estuvimos hablando de mi proyecto, parecía interesado, ya era algo. Me comentó sus planes en las próximas vacaciones, creo que no trabajaba, que tenía dinero, y eso me molestaba un poco, porque concluí que no iba a estar a la altura del estatus al que estaba acostumbrado, pero lo dicho: Hay que intentarlo…
Estuve relajada, tanto que hasta nos besamos, me estaba enamorando, eso en mí no era muy complicado, pero sí mencionar, que sentí el calor que toda persona necesita, por mucho que haya defraudado. Vimos un hotel cerca, y me dijo que entráramos, no era donde se alojaba, pero es lo que tiene tener poder adquisitivo, haces un poco lo que te da la gana, no te apañas con lo que te van dando. Era bonito, tenía muchas plantas y flores, no sé si artificiales, pero daba calidez a esos suelos brillantes de mármol blanco. Pidió una habitación, cerré los ojos pensando, porque no había tenido más cuidado en la elección de lo que una lleva debajo, rezaba porque me lo quitase rápido. No fue así, me quitó el vestido, las medias y me metió en la cama, no de un salto, si no con uno de sus abrazos. Entre las sábanas me quitó el sujetador, las braguitas seguían con su lazo, y mientras me acariciaba, me susurraba, no sé qué, porque la excitación me nubló un poco los sentidos, y luego ya no me acuerdo, si perdí el ombligo, solo que amanecí llena de algo distinto. En la mesita de noche había un papel con un corazón negro, y abajo su número de teléfono. No me conocía, si pensaba que me iba a atrever a llamarlo, me habían creado la sensación de que molestaba, y eso pasa factura a la hora de tener contactos. Me levanté despacio, sin ganas, hubiese dormido todo el día, pero a las diez, tenía que estar en mi trabajo. Me duché, siempre llevaba una muda en el bolso, pero me daba algo de miedo llevar el mismo vestido, por si molestaba mi jefe, pero no tenía que preocuparme, en la silla del dormitorio había otro, parecido, pero algo distinto, creo que la calidad le daba el colorido. No podía asegurar que fuese negro, pero era oscuro, así que esperaba que pasase desapercibido (pasa siempre: la belleza en algo, camufla imperfecciones, por ejemplo si tienes un pelo bonito, quizás no se fijen que no tengas un pecho erguido). Me lo tomé todo como un regalo de la vida, pero no estaba contenta, a veces cuando te acostumbras a lo malo, crees no merecer algo bonito, crees que pertenece a otra, simplemente porque si lo creó suyo. Ahora en mi madurez me daba un poco risa la honestidad que había tenido, como no había sido perfecta en el comportamiento, creí que no merecía un buen hombre, sino algo muy distinto, y ahora que he visto a cada bruja, con príncipes cautivados por un su encanto fingido, me daba pena pensar, como había dejado pasar una felicidad, casi asegurada, pro no perdonarme, por castigarme hasta el infinito (tampoco ayudaba mi entorno, quienes esperaban mi error, para justificar lo que no tenía ni sentido). No iba a cambiar a estas alturas, pero no me iba a privar de lo que el destino me mostrase en mi camino, quizás no buscaría, no provocaría, pero ya no rechazaría más, por un bien hacer, que quizás nadie tuvo conmigo. Es cierto que una vez que empiezas a tener sexo sin sentimientos, la vida deja de ser algo más dulce, pero la vida también me enseñó, que si no valoran tu amor, quizás no debas darlo, aunque te guste estar rodeada de sus brazos. Mi joya más valiosa era mi corazón, así que debía reservarlo. Y bueno, no era ya una veinteañera, ya estaba entrando en la edad en la que las mujeres deben llevar siempre mangas y los hombres cambian las camisetas por los polos, así que aprendí a controlar mis emociones, algo positivo en un mundo donde el amor era algo secundario, en vez de algo hermoso y primitivo.  
-          Hola, has venido a por mí
-          Claro, no me dio tiempo a avisarte en el papel, pero puse el teléfono, ¿lo viste?
-          Lo vi, está aquí en el bolso, lo guardé como recuerdo
-          Ya tendrás mejores recuerdos
-          Eso espero
-          Ahora eres tú la que ríes
-          Son por nervios, siempre me pasa, existe la risa nerviosa
-          La mía también cuando te veo
-          No, tú te ríes un poco de mí, pero creo que en el buen sentido
-          No me río de ti, me sonrío porque me haces gracia, y también me produces ternura. Mejor eso que enfadado
-          La verdad es que sí, que mucho mejor
-          Vamos a comer con mi hermano
-          ¿si?
-          ¿pasa algo?
-          Es que creo que no le gusto
-          Mi hermano es un snob, no le gusta nadie que no tenga título nobiliario
-          Pues dile que soy como Anastasia
-          Le diré mucho más que eso, cuando llegue el momento
-          Gracias, pero no querría problemas
-          No los habrá, depende un poco emocionalmente de mí, soy su hermano mayor, me hará caso. Cuando existe algún tipo de dependencia, no quieres perder a la otra persona, la quieres a tu lado, aunque sea un asesino, si dependes de alguna forma, no querrás apartarlo. Es triste pensarlo, pero la vida a veces no es un bonito regalo
-          Gracias por el consejo
-          Es un poco traicionero, pero es cierto
-          De mi madre escuché otro, no ese
-          ¿cuál?
-          Deja que se acostumbre a ti, luego ya le dará pereza el cambio, cuando pasen los años, los hombres son muy básicos
-          También es cierto, pero no olvides las excepciones
-          Si, en todo las hay
-          A veces es mejor no usar truco, y que el corazón mande
-          Eso creía, hasta que la vida me demostró lo contario
-          Ya, imagino. Bueno, también quiero avisarte que no quiero una relación, quiero vivir lo que vaya surgiendo. Soy bastante independiente
-          Me parece, bien, yo ya no espero mucho de casi nadie, me dejaré llevar
-          Me alegro
-          Pero ojalá pase lo que decía mi madre, ojalá te acostumbres a mí, y luego te de pereza el cambio
-          Pues a ver qué sucede, mientras disfrutemos, nunca se sabe, el futuro es muy incierto.
-          Es verdad, por lo menos quieres seguir viéndome
-          Y tú también, creo
-          Yo ya me muero por tu aliento, soy pasional, enamoradiza, aunque guardo mucho las formas, quizás por muchos miedos o complejos
-          Pues no las guardes, a veces te gusta sentirte deseado, sin que se convierta en una obsesión, claro
-          Que va, yo lloro, pero  con la experiencia y los años, a los diez días se me ha pasado. Algo he madurado
-          Vaya, es bueno saberlo
-          Qué remedio, ya perdí muchos años
-          Entonces lo entiendo. Hemos llegado, allí está esperando el otro príncipe, aunque él sí parece algo enfadado
-          No me dejes sola con él, ni para ir al baño…
El restaurante al que fuimos, era bastante bueno, me estaba acostumbrando mal. Comí pez espada con una salsa de alcaparras, muy rico, y de postre unas fresas con nata. Un día es un día, ya seguiría con la dieta, al llegar a la casa, con la rutina que la acompañaba. Fue una velada algo fría, como guardando las distancias, lo dicho, no le gustaba, quizás porque no tenía títulos, dinero o lo que fuese, pero no le gustaba. Así que tampoco me esforcé en nada, creo que es peor. Lo mismo para el verano todo era agua pasada, ya he dicho que hacía tiempo que no esperaba nada de nadie, así que mejor dejar pasar las semanas, porque no hay edad para esfuerzos inútiles, que no llevan a nada. Si cambiaba de opinión: me alegraría, pero no iba a vivir con él, así que no pasaba nada, si no le agradaba. Puedo comprender los motivos, soy racional, también lo he dicho, lo comprendo todo, menos el daño, así que a ver qué pasaba con los años. Nos dejó solos, a mí me iba a dar la risa, pero como me miraba serio, pues se me cortaron las ganas, creí que no le apetecía ninguna gracia (no es porque me lo tome todo a broma, son los nervios). No hablamos, solo me miraba, yo ni me atrevía a levantar la cabeza de las fresas con nata, pero me atreví a decirle que quería a su hermano con locura, que ya me dejaría, solo buscaba un recuerdo bonito que alimentara mi alma. No dijo nada, salvo que cuando Nicolás se acercaba, me susurró: “como mi hermano empiece a hacer tonterías por ti, te la ganas”. No sé a qué se refería con eso, pero me temblaron hasta las nalgas. No estaba para jaleos, solo quería bonitos recuerdos, aunque no llegaran a nada. De malos tenía más de una caja, así que necesitaba compensar, lo que otros me ofrecieron, por una maldad malvada. No espero nada, si acaso veladas agradables, que me sanaran un poco las heridas del alma. Me besó en la mejilla, cuando dije una de mis chorradas y el hermano ni sonrió, a pesar de tener gracia. Quiso compensar el gesto feo, con una caricia sana. Nos fuimos, y no se despidió de mí, pero Nicolás no se enfadó, solo me abrazó, y me dijo: “ya se le pasará, es algo exigente con todo, pero no tiene mal fondo, cuando te conozca más te querrá”. La verdad, lo dudaba bastante, pero agradecí las palabras. Lo dicho, no iba a vivir con él, podría existir sin gustarle, no sería el único, es algo que acepté, cuando incitaron a destruirme. A veces no queda más remedio que vivir con determinadas cosas, o morir en el intento al buscar lo contario, así que mejor, seguir sonriendo, porque la arruga es bella, pero si nacen de enfados, no creo que favorezcan, así que mejor aceptar, y seguir soñando, porque nada daño con eso, y a mí se me pasa el desengaño. Recuerden “Todo se pasa, hasta lo malo”, pero no duden en elegir lo que sea más sano.
Pase unos meses preciosos con Nicolás, me llevó a muchos bonitos lugares, incluso aprendí a hacer el amor de forma diferente, era todo tan distinto a lo que había vivido, que a veces me decía: “Teresa cuidado con las ilusiones, que solo te llevan a llantos”, pero bueno, ya con la edad me tomaba mejor las cosas, así que me estaba dejando llevar, aunque andaba muy atrasada con el proyecto de Collage. Nicolás me compró todo el material, porque decía que además de mi pareja, iba a ser mi mecenas, esperaba que no me pidiera una compensación económica, si gustaba, la verdad no lo creía, porque si algo no necesitaba, era chatarra. Le enseñé las fotos de mi modelo perfecto, de mi escondida pasión, que nunca confesaría, aunque me tuviera que morder la legua, y le expliqué lo que iba a hacer con ellas. Le gustó, pero me dijo que quizás me diera otras  con otro modelo. Le dije que no, que me gustaban estas, además no me daría problemas, otros quizás quisiesen llenar más la cartera. Eso le convenció, pero creo que se puso celoso, y sonreí por dentro, ya estaba aprendiendo a controlar los nervios. Mi modelo era un hombre muy distinto a mí, no hubiese funcionado,  pero tendría un lugar en mi corazón, aunque fuese de un nuevo fracaso. No me iba a dar el cariño ni la atención que necesitaba, ni yo tenía la belleza, que su pasión deseaba. Con los años aprendes a pensar más con la cabeza, que con el corazón, así que era mejor pasar página. Le vi por la calle en un par de ocasiones, iba acompañado de una mujer guapa, que le pegaba mucho físicamente, parecían felices. Me alegré por él, aún no habían destruido mi buen fondo, aunque tuviera profundas cicatrices. No lo saludé, no sé porque hacía eso, quedaba mal, pero no era por ninguna maldad, más bien era para evitar alguna vergüenza. Lo bueno es que no me dolió, creo que acepté la derrota antes de empezar la guerra. Todo estaba bien, tenía mis fotos y él su recompensa. Creo que acerté en la elección, aunque a veces me molestara no ser la mujer que él desea, pero los años y la experiencia te dicen cuál es el camino que debes elegir, para no caer por un barranco lleno de piedras. Guardé las fotos en un cajón, y me tiré encima de Nicolás, para que se enfadara, a veces me gustaban esas rabietas, creo que  aún quedaba algo de niña en mí, por lo menos, mientras escribiera. También tenía a mi amorcito para acariciarme las noches de luna llena, y estaba muy contenta, no debía preocuparse de algo que surgió sin planes, con la madurez los sentimientos quedan a parte. NO TENÍA QUE PREOCUPARSE…
-          Deja de morderme
-          Es que el perfume que llevas me encanta
-          Eres muy grande ya para esas tonterías
-          Si te encanta, te lo noto ya sabes donde
-          Déjalo, aún no se ha ido la muchacha
-          Es verdad, perdona, estaba contenta, y me cuesta controlar las emociones
-          Pues también eres grande para no hacerlo
-          Qué más da, si a mí me hace sentirme bien
-          Pues es verdad, a mí tampoco me importa. Anda siéntate bien, que te voy a dar una cosa, que creo que te gustará
-          Pero si no es mi cumpleaños, ni nuestro aniversario
-          Siéntate bien
-          ¿un libro?, si está dedicado es un bonito recuerdo
-          Está dedicado
-          Pero bueno “La fierecilla domada” de W.Shakespeare, que va con segundas
-          Quizás
-          Me encanta. Es antiguo, tiene valor
-          Muchas gracias, pero aunque fuese la última edición, todo lo que venga de ti me halaga
-          Gracias, ábrelo
-          ¡Hay una caja!
-          Ábrela
-          Hay un anillo (una alianza llena de diamantitos, con el nombre de amorcito grabado)
-          Si, trae que te la voy a poner. Te queda bien, menos mal. No dices nada
-          No sé qué decir.
-          Di al menos que sí
-          No hace falta que lo diga, solo que no lo esperaba, llevamos poco tiempo, y creí que si pasaba, tardarías mucho más en decidirte
-          No espero más, estoy bien contigo, si lo dejo más tiempo, me puedo arrepentir o quizás me dé pereza. Si dura poco, que por lo menos me haya casado, no lo intentaré más, pero esta vez voy a poner empeño, en hacerte una mujer feliz
-          Ya soy una mujer feliz, desde que te conocí. Saldrá bien. Nos queremos, lo demás da casi igual, habiendo eso
-          Ojalá tengas razón
-          Estoy segura
-          Mucho mejor, lo quiero intentar
-          No te arrepentirás…
Esa noche le hice el amor, puse todo mis bonitos sentimientos en cada caricia, ya saben, cuando haces las cosas con cariño, todo sale mejor, y es lo que intenté, aunque los nervios me comiesen por dentro, y estuviera deseando decírselo a mi madre, quien nunca creyó que hubiera un hombre capaz de domarme. Me domó el primer día que lo vi, con su sonrisa y sus ojos brillantes, solo que disimulé, porque creí que no era la adecuada (mi humildad, casi mi peor enemiga, menos mal que al destino no le importó en absoluto). Esperaba no defraudarle, porque suelo meter mucho la pata, más con los temas del corazón y de amantes, intentaría tomar una infusión relajante en vez de café, para que mis nervios no destruyesen, lo que me regaló con ese bello instante.
Mi madre se puso contenta, pero su carácter era algo amargo, y me aconsejó que no pusiera muy tarde la fecha de la boda, que puede pasar muchas cosas indeseables. La verdad que también lo pensé, también me dijo que le hiciera una foto al anillo y a todo lo que me regalase de valor (sabía que era un hombre importante), porque si me lo robaban, podía tener un soporte físico en que basarme, cuando lo denunciase. Luego Nicolás me comentó, que además enviase las fotos por correo a mi misma dirección, para no perderlas, y la guardara con los correos importantes (marcar la estrella). Le hice caso a los dos, quien sabe, de aquí a poco quizás tuviera un tesoro escondido en mi casa, que estaba hecha un poco desastre. La verdad que me bastaba algo de bisutería buena en una caja de música, que había visto en Amazon, de estilo vintage, plateada. Un pequeño joyero, pero con mucha clase, que me haría parecer una gran dama importante
Y empecé con los preparativos, nos íbamos a casar en un pueblo de la Alpujarra, donde teníamos la casa familiar. Nicolás iba a invitar a pocas personas, los familiares directos y tres amigos íntimos. Había tenido muchas novias, que había acabado rechazando, y no quería problemas, por haberse decidido, a la que llamarían una cualquiera. Hacía ese festín por mí, porque me hacía ilusión vestirme un poco de princesa, ya saben, los cuentos dejan mella. Me debía decidir por dos vestidos: uno hecho de crochet, recordando a mi abuela, que era una maestra en el oficio u otro que se asemejaba un poco a los trajes de gitanas, también en memoria de otra abuela (creo que fueron las únicas personas que me quisieron algo en la vida, y sin darles opción de elegir, porque sé que saldría perdiendo, pero no me hicieron daño, me cuidaron y dieron cariño, que voy a exigir después de tanto). Mi madre me compró los dos, porque uno era de manga corta y otro larga,  la elección sería según hiciera frío o buen tiempo. Ya habría ocasión de ponérmelos, porque tampoco eran los trajes típicos, y cabía la posibilidad de usarlos, llegado el momento. Sabía que no había sido muy generosa conmigo en ningún aspecto, y creyó que así compensaría un poco el error, quizás por los problemas que tuvieron. Como he dicho, ya habría ocasión de ponérmelos.  El menú lo eligió mi madre, que era buena cocinera. Dijo que nada de salsas con huevo, ni cosas muy pesadas, ni demasiado buenas,  porque la gente a veces no aprecia nada, solo saca defectos. Al final optamos por los aperitivos típicos: croquetas, jamón, queso, canapés variados y un sorbete de limón para terminar. Ya en la mesa elegimos algo sencillo: un coctel de marisco, solomillo a la pimienta y la tarta de tres chocolates, que a mí tanto me gustaba, pero rodeándola una capa del blanco, para que pareciera de novia. Lo iba a pagar mi padre, y no quería arruinarse. Lo probamos y estaba rico. Nicolás hubiese elegido un menú bastante distinto, quizás de estrella Michelin, con una vichyssoise y perdices en salsa de chocolate, por ejemplo, pero iban a venir quince invitados de su parte y el resto eran míos, hasta los cincuenta, así que mi padre dijo que sería lo único que aportaría al matrimonio, porque sabía que iba a tener buena vida a su lado. Carlos dejaba hacer, para él era un mero trámite, no opinaba, solo sonreía como siempre, admitiéndolo todo, pero dijo que de la música del final se encargaba él, no la del baile nupcial, porque ya me había decantado por el fado que os comenté, en el inicio de esta historia, que aunque sencilla, espero que guste como las otras. Decidió que la última canción que pusieran fuera “”You can leave your hat on” de Joe Cocker en Nueve semanas y media, quería que me marchara animada de la fiesta (íbamos a estar diez días sin tocarnos, para ver que ocurría, la noche que toda princesa espera. Luego habíamos decidido llevar a cabo el contrato matrimonial de Jenifer López, para que los cuernos no fueran la costumbre del hombre que había elegido para acompañarla mientras viviera). Mi Teresa estaba muy contenta con la decisión, pero se centró en la ceremonia, y empezó a pensar que debería llevar en el pelo: optó por un moño de bailarina, también recordando su época de baile, con una horquillas sencillas, pero con clase, y los zapatos, unos beige de gitana, con una hebilla a juego con las horquillas, regalo de la familia de Nicolás. Las horquillas y los zapatos valían más que los dos vestidos, el convite y el viaje de novios, pero no dije nada, vaya que mi padre lo pagase todo con ello, y yo quería mis recuerdos, mis bonitos recuerdos, para llenar de color muchos oscuros agujeros. (Mi elección hubiese sido otra, porque ahora para mí la prioridad máxima es la intimidad. Me hubiese casado de forma muy discreta, ante un notario, con un traje de chaqueta claro, con un ramillete de flores azules y moradas, pero si hubiese usado el moño, las horquillas y los zapatos. Hubiesen asistido mis familiares directos en primer grado, y me hubiese ido a comer al parador, sin un menú establecido, como mucho hubiese llevado la tarta, con dos figuras, las de Isolda y Tristán, como símbolo de nuestro amor,  para que luego adornaran nuestra amada casa. Cuando eres joven, aún crees en muchas cosas, ahora cuentas con las traiciones y los fracasos, cuando te llevas muchos desengaños). Pero Teresa estaba feliz, aunque con miedo, con muchos temores, porque dicen que cuando Dios se fija en ti, Lucifer también le hace caso, saben a lo que me refiero, y no a milagros…
 
 
 
 
SEGUNDA PARTE
 
-          Hola Nicolás, ¿qué tal?
-          Bien, me voy a casar
-          ¿Seguro?
-          Si, además muy enamorado
-          ¿De esa que se llama Teresa?
-          Sí, pero algo más de respeto, que va a ser mi mujer
-          No te cases con ella
-          Lo voy a hacer, en mi vida he estado tan bien con alguien, parece que la conozco desde pequeña, y no ha pasado ni un año
-          Es una mala mujer
-          No la conocerás bien, yo sé con quién me acuesto y me levanto
-          Quizás no la conozcas bien tú
-          Si, sé hasta sus defectos, y los acepto
-          Que no es de fiar
-          Te ha mandado alguna ex, para estropear la boda, ¿es eso?
-          No, te lo digo, porque eres mi amigo
-          ¿Pero en qué te basas?
-          Traigo fotos
-          Quiero verlas
-          Siéntate
-          No hace falta
-          ¿conoces al hombre?
-          Es su modelo para un trabajo que está haciendo
-          Pues también es su amante
-          No la veo que sea capaz de hacerme eso. No es una mala mujer
-          Su fama dice lo contario
-          Pues será la fama, que no tiene que ser cierta, a veces se basan en conjeturas, por gente que te tiene antipatía.
-          Mira bien las fotos, hay todo tipo de actos sexuales, ¿crees que eso lo hace una buena mujer?
-          Pero que antiguo eres, claro que sí, a mí también me las hace. Estamos en el siglo veinte, ¿qué esperas de la intimidad con tu pareja?.¿Que se ponga el camisón y a oscuras?
-          No, pero a veces cuando te enganchas sexualmente a una persona, no ves claro las cosas, y te manipulan sin saberlo
-          No es quien dices, no sabe ni mandarse a ella misma, vive sin pensar mucho en las consecuencias, hace lo que le sale del corazón, no tiene esa malicia que cuentas, no sabe manipular, ni creo que quiera
-          Que es una cualquiera, y no me gusta para ti. A tu hermano tampoco
-          Ya se le pasará, quería alguien noble, y por eso no le gusta. Yo la quiero
-          Te estás confundiendo, te la va a jugar, y lo mismo arruinar
-          No la conoces, es incapaz
-          No la conoces tú, mira bien las fotos
-          Serían de antes
-          No, ya te conocía
-          Pues la verdad me hace bastante daño, hablaré con ella, y si no tiene una buena explicación, la confianza se habrá perdido, y no hay futuro sin ella…
Hay cuatro formas de conquistar a un hombre: por los ojos, por el estómago, por el corazón y por la cama. Mi consejo es que aprendan un poco de todas, si están interesadas, aunque según mi experiencia, gana la cama, sin que tenga que ser de forma eterna, pero te lo quitan, si saben utilizar ese arte, que algunos llaman. La noche les confunde y la pasión aún más, pero dicen que siempre sale el sol, y ojalá me ayudara. Es así de sencillo y a la vez triste: se les ciega un poco los demás sentidos, pero no fue lo que me pasó con Nicolás, ahí lo que iba a empezar a fallar era la falta de confianza, empezó a creer que lo había utilizado para algún beneficio, como el económico, y que no había nada más entre nosotros. Una mentira, pero hay personas malas, que simplemente les cuesta ver la felicidad ajena, porque ellas son incapaces de alcanzarla, por un mal corazón, que a todo le sacaba falta. Ven lo malo que hay en ti, sin saber apreciar lo bueno que tu corazón guarda, porque la dependencia a veces mata, pero el egoísmo atrapa. No era consciente de nada, pero Nicolás empezó a faltar a las reuniones de los preparativos, y como no me tocaba, por el pacto que hicimos, pues no sabía realmente lo que pasaba. Ya saben: hay quien siempre piensan mal y otros bien, según lo que guardas, y yo creía que estaba harto de tanta chorrada, que se evadía de tener que aguantar a la familia, porque también le gustaba la intimidad, aunque en las Navidades disfrutara junto a quien le vio crecer y le abrazó cuando lo necesitaba. Yo seguí ilusionada, pensando que antes o después se le pasaría, que cuando la boda terminara, volviéramos a casa, me volvería amar, y todo sería agua pasada. No creía que se estaba terminando la bonita historia de amor, que la vida me había regalado, cuando no la esperaba, porque no hice nada para lo contario, y a él lo veía demasiado noble como para jugármela. “Ya se le pasaría”, pensaba, porque el amor ciega muchas circunstancias, y cuando amas, quieres pensar que eres también amada, incluso con faltas, porque tu corazón se llena con su presencia, y creías que a él le bastaba.
-          ¿Estás enfadado?
-          Un poco
-          Pasará todo rápido, y cuando estemos en casa, te haré los calamares con arroz que tanto te gustan, volveremos a la rutina, y agua pasada. Eso sí, me tendrás que echar una mano con las fotos, porque las tengo que sacar a tamaño natural
-          No voy a aguantar más humillaciones
-          ¿De qué me hablas?
-          Pues sé que has tenido algo con el modelo
-          Pero antes de estar contigo
-          ¿Y por qué debo creerte?
-          Porque sabes que te quiero, que no querría perderte. Lo sabes
-          Me han dicho lo contrario
-          ¿Quién?, que lo denuncio, es mentira. Fue un solo encuentro unos diez días antes de volver a verte, sin pensarlo mucho y sin pensar en más allá
-          ¿solo pasaron diez días?
-          Nicolás tengo más de treinta años, no puedo desaprovechar oportunidades, quizás no volvieras a venir, si te rechazaba
-          Podías haberlo intentado
-          No quise ni intentarlo, quise estar contigo desde que te vi, y no me iba a pasar como otras veces, que por pensar un plan, saliese todo lo contrario
-          Estoy algo decepcionado
-          ¿Cuánto hacías que te habías acostado con otra mujer, antes de verme?
-          Menos de una semana, pero soy un hombre
-          No me vengas con esas. Si hubiese sabido que ibas a venir, quizás hubiese aguantado un año sin ver a nadie, pero ¿qué iba a saber yo?
-          No sé, pero por qué no elegiste a otro modelo. Si me enteraba, me iba a molestar, veo que es un gesto feo hacia mí, y me he portado muy bien contigo
-          Solo fue una vez, como iba a pensar que te ibas a enterar. Son unas buenas fotos, justo lo que quiero. No significó nada, ni para él, ni para mí. No creo que ser el tipo de mujer que él buscase, ni creo que él me fuera a dar lo que necesito. A veces surgen las cosas, y no las piensas mucho, más cuando dejas de ser joven y crees que no habrá muchas opciones. No te enfades, si hubiese sabido que ibas a venir al Museo, guardo celibato, pero no era el caso, creí que no te volvería a ver. No te enfades por eso, me duele el corazón de pensarlo. No hubo sentimientos, solo un encuentro entre dos personas adultas, nada más que eso
-          Es muy guapo
-          Lo es, pero es a ti a quien quiero, como él quiere a su pareja. No le des más vueltas. Lo sabes perfectamente
-          No sé, todo lo que dices tiene sentido, pero sigo dolido
-          ¿Quién lo ha querido estropear?
-          No te lo digo, vaya que le hagas algo
-          Dímelo
-          No, olvidémoslo
-          Por favor, cambiaré el modelo. Cuando volvamos rompo las fotos, y empiezo de cero, seguro que me da tiempo, aunque haya perdido cerca de un mes
-          Haz eso
-          Claro que lo hago, tú eres lo primero, no lo dudes. No pensé nunca que te podría molestar tanto,  porque no le di importancia
-          Si la tiene
-          No la tiene, se la han dado, para estropear la boda, pero no la tiene
-          Pero ¿quién te odia tanto?
-          No lo sé, a veces las cosas empiezan por una tontería, y se acaban convirtiendo en un gran desastre, con mucho dolor por mi parte
-          Ven dame un beso, pero tengo un pellizco en el cuerpo
-          Se te pasará, hoy dormimos juntos, ya todos los días, vaya que se te olvide, de como te quiero. No voy a chantajearte emocionalmente, pero creo que sabes lo que significaría para mí, que me dejases
-          Olvídalo, vamos a la cama
-          ¿Quieres cenar algo antes?
-          No, vamos a la cama, y me recuerdas que soy tu único amante.
Dormimos muy triste, casi sin pegar ojo, ya se había estropeado, la bonita historia de amor que teníamos, se había estropeado. Me sentía algo culpable, porque no lo pensé mucho, como casi siempre, debería haber roto las fotos, era el modelo perfecto para lo que buscaba, pero no merecía la pena dañar a quien quieres, por un buen trabajo, pero no lo pensé. La verdad, creí que nunca se enteraría, y no le di mayor importancia. No sabía cómo lo podía solucionar, dicen que el tiempo lo cura todo, pues a ver si era verdad. Aún quedaban tres días para la boda, creo que la podía salvar. De joven me rendía fácilmente, pero ya no, ya se acabó decir eso: no pasa nada, es un tropiezo más, seré feliz, ya se pasará. Se acabó eso, voy a luchar, aunque pierda, por lo menos que no les sea tan fácil ni tan gratis dañar, quizás la próxima vez se lo pensarán, si no, no pararán (lo digo como consejo, desde la experiencia). No pensé ningún plan, pero me sentía fuerte, tanto o más que la Estatua de la Libertad. A veces la observas, y no ves más que un bloque de piedra con una mujer bella, pero para muchos es mucho más. Hay quien no conoce la libertad, los hay, yo una en muchos sentidos, denle  el valor que tiene, y luchen por su libertad, como otras personas hicieron, por la opresión vivida durante mucho tiempo. Cuando la vean, sientan el valor de lo que significa, piensen que la belleza de la mujer, es la belleza del corazón que brota al acabar con su cautiverio, piensen que la antorcha es el fuego que aniquiló a los hombre crueles de pensamiento, piensen que su majestuosidad es el símbolo de la importancia de la libertad en un mundo sediento de sangre, quizás por lo que nunca les perteneció, pero querían tenerlo. No admiren a un trozo de piedra, piensen en el valor de sus sentimientos, y comprenderán porque todo tiene importancia,  y a la vez carece de ello. Valoren el poder de decisión que tienen, algunos no lo conocieron, y a otros le robaron lo único que su país le concedió con el nacimiento. No menosprecien el valor de los derechos, quizás no les guste el tema, menos profundizar en ello, pero no olviden que lo que tienen, puede desaparecer con el viento, y miedo me daba pensar, que Nicolás se fuera con ellos, que me dejara, porque a otro no le gustó mi realengo. Tenía miserias que esconder, pero quien no tiene sus secretos, pocos tienen ese privilegio, yo no desde luego, pero ya no me sentía tan culpable, por no tener un currículum perfecto. Es como cuando eres joven y coges cinco de kilos, ves un trauma en ello, hasta que embarazas coges veinte, y dices: “quien tuviera aquel cuerpo”. Me iba a poner más guapa para él, sabía cómo hacerlo, ya lo tenía dominado con el estómago, con la cama, con los ojos mejoraría, quizás me fallase el corazón, por culpa de una intromisión, pero olvidaría lo ocurrido, porque a quien ama de verdad, a quien te mima y te da dulces sueños, se le perdona un tropiezo. Lo que se coge como costumbre es un problema, lo ocasional casi ni crees verlo. Le acaricié el vientre, mientras dormía, por ver si le apetecía tenerme, pero no. Me di cuenta de que abrió los ojos, y luego los cerró. Se movió, para que mi mano se quedara inerte. Me dolió, pero era pronto, debía ser cautelosa, porque las prisas no son buenas, y menos para que el perdón llegue a lo más profundo del hombre a quien quieres, y a quien fallaste, por no ser prudente.  
-          ¿Estás mejor?
-          No, la verdad, ni he descansado
-          No voy a hablar más del tema, a no ser que lo veas necesario. ¡Olvídalo!
-          No sé si lo lograré
-          Verás como si, no tiene la importancia que crees
-          Me la dieron
-          Pues eso, te la dieron. Cuando regresemos a casa, poco a poco, será solo un tropiezo, solo eso
-          Ojalá
-          Ven, vamos a desayunar a casa de Paca, que hacen unas catalanas estupendas
-          No tengo mucha hambre
-          Te entrará, y me comentas cosas de tu familia
-          Como se entere mi hermano, veremos
-          No se enterará
-          No se lo voy a decir, pero cualquier excusa le vale. No soy cualquier persona, por tanto no todo vale
-          Lo sé, pero no soy una cualquiera, tengo mejor corazón que muchas, con aires de princesas y finos andares
-          No me hagas sonreír
-          Por favor, sonríe. Ven que te arreglo la camisa
-          Deja, ya lo hago yo, no me toques
-          Ven, te la pongo bien por detrás, que no la ves
-          Anda, vamos a la cama, que creo que se me está pasando el enfado
-          Gracias, lo estaba deseando…
 
TERCERA PARTE
 
Esa noche era su despedida de soltero, que miedo. No quería que fuese, cuando un hombre está despechado, lo más seguro es que cometa una equivocación, sin ni siquiera intentarlo. Hablé con los demás hombres del pueblo, para que lo cancelaran, pero si hay una diversión en juego, poco se puede hacer. Iban a ir a una taberna donde hay actuaciones de flamenco, que a Carlos le gustaba, no sé si para evadirse de la aristocracia, que a veces le agobiaba, o porque había mujeres pasionales, o porque podía charlar de cosas mundanas, sin tanta cursilada, el resultado es que le gustaba echar el rato ahí, sin mí, solo con lo que se encontraba, porque si tenía una cualidad, era la de adaptarse al medio en que habitaba. Era el hombre que siempre soñé: con educación, con curiosidades, buen amante, sin prejuicios, pero sabiéndose alejar de lo que no era prudente. Carlos era un hombre de la calle, pero con mucha clase y con la inteligencia suficiente como para no caer en los pozos, donde existen más que el hambre. Era alguien especial, y creía que lo estaba perdiendo, por una imprudencia, por creer que no importaría, cuando en el amor todo duele, si no eres quien lo sostiene. Hay dos sentimientos que se deben conocer en la vida: el amor y el dolor, si no los conoces, nunca podrás saber la importancia de las cosas, no tendrán el valor real que tienen. Conocí el amor con Nicolás, esperaba no conocer el dolor, porque si algo no aguantaba más mi corazón, era dolor, fue suficiente. No me importaba llorar, mientras que sus pies me tocaran cuando oscureciese. Me gustaban sus dulces ronquidos, me gustaba  el tacto de su piel varonil, ruda, pero no campestre, me gustaba su olor, que se difuminaba con alguna hierba, pero que le hacía diferente. Por eso en ocasiones preferí no tenerlos, a perderles…
-          ¿Estamos todos?
-          Si
-          Pues entremos, he reservado una mesa
-          Pero somos muchos
-          Será grande, cabemos los veinte
-          Te veo algo serio Carlos, ¿todo bien?
-          Si, preocupado por la boda, pero nada importante
-          Me alegro, porque tienes que divertirte, quizás después con los críos, no tengas ocasión, te roban hasta el aire
-          Ya, ya veremos
-          Siéntate en el centro, que hay muchas sorpresas para tu última noche de soltero
-          Hemos contratado una cena fría, creo que se llaman así. Vamos un picoteo de toda la vida, pero habrá de todo, incluso la carne que me ha dicho Teresa, seguro que ella la hará mejor, pero también te gustará, como las restantes sorpresas
-          Si ella la hace rica, cocina bien, no lo hace nada mal
-          Venga, anímate, que se pasa la noche rápido
-          Lo voy a intentar
 
Comieron bien, y todo con el estómago lleno sienta mejor. Charlaron sobre futbol y toros, cosa que a Nicolás le aburría bastante, porque él si había avanzado en la sociedad, no se había quedado estancado en el pasado, ni en gustos, ni en aficiones, ni en tradiciones. La boda la hacía por mí, porque creía que quería mi vestido de princesa, pero me iba a costar muy cara la imprudencia. Cuando iba a la mitad de la cena, se acercó una bailaora, ya saben, de esas con el pelo largo, de tez morena, que aunque no sean gitanas, gusta que se parezca, porque la raza siempre garantiza, que habrá pasión donde fuera. Estuvieron charlando, creo que fue la última sorpresa de la noche, siempre hay una, que la mujer detesta. Se sentó cerca de él, con una malla que tenía bastante escote, con unos labios rojos y uno ojos almendrados, que junto al alcohol, haría que Nicolás se relajase. La taberna tenía habitaciones, varias, y se alquilaban incluso por horas, ya pueden imaginarlo todo. Le desató la corbata, le cogió la mano y se lo llevó, donde no quise ni recordarlo. Lo malo de las libertades, es que pueden marcharse, si otra más les agrada, pero ya estaba el error hecho, siempre por ser bien pensada. Hicieron el amor, no jodieron, Nicolás ponía sentimientos en todo, era un caballero, una pena que no fuera todo lo contario. Se gustaron. Me duele el alma pensarlo, pero lo malo de haber sido tanta veces lastimada, es que sabes curarte las heridas, hasta que no haya piel para rajarla
-          ¿cómo te llamas?
-          Bárbara
-          Te pega el nombre
-          Si es un poco fuerte, pero me gusta
-          No está mal, tiene personalidad
-          Si, la tiene. Mi madre me lo puso, porque dice que lloré tan fuerte al nacer, que le vino a la cabeza el nombre, y no lo pensó, a la hora de decidirse
-          Hizo bien, porque no creo que sea tu intención pasar desapercibida
-          No, eso se quedó en el colegio. Ya me quité el corsé, el aparato y me operé de la vista, ahora quiero ser una diosa en el lugar que me admitan
-          ¿Eres de por aquí?
-          No, soy de Almería
-          ¿Y qué haces en este lugar?
-          La vida
-          Ya, eso es lo que se dice, cuando no se está contento
-          Estoy bien, pero yo también quería mi cuento
-          La vida
-          Si la vida
-          Dame tu teléfono, si quieres
-          Claro que quiero, se lo apunto. Aquí hay papel
-          Tutéame
-          Claro, perdón. No sé muy bien con quien sí, y con quien no
-          Me ha gustado estar contigo, se me han olvidado algunas cosas
-          Me alegro, era el objetivo
-          ¿quieres salir de esto?
-          No, es mi vida. Llevo desde muy joven, por suerte o por desgracia, ya no me veo en otro lugar, aunque admito ayuda económica
-          Llámame, apunte aquí el suyo, y mil gracias
-          De nada, ha sido un placer
 
Se jodió todo. Tenía que haber ido con él, pero como lo iba a hacer con tanto hombre. Como pude ser tan tonta, pero saben, no perdí la ESPERANZA, creí que todo iría bien, que me la había pagado y que volvería a ser feliz junto a él.
-          Cuanto has tardado
-          Estaba ocupado
-          Ya imagino
-          Estamos en paz
-          Si, ya estamos en paz, y lo olvidamos todo
-          No sé si podré, pero ya me siento mejor
-          Verás como sí, como poco a poco lo olvidamos, pero tampoco lo debemos nombrar. Dicen que hay tres fases para un dolor: la negación, el llanto y la aceptación, desde ese momento, todo queda en olvido. Verás cómo lo conseguimos
-          Ven dame un beso, seguro que sí. Perdona
-          No, perdóname tú. Yo ya no me acuerdo de nada. Te quiero Nicolás
-          Yo también, mucho además, no creía que tanto
-          Ven, he comprado unos dulces con almendras, típicos de aquí que te gustarán, coge uno mientras hago leche con canela. El café ya no, que creo que debes descansar
-          Sí, pero no te acuestes conmigo
-          No, descansa y olvida
-          Lo lograremos
-          Claro que sí…
 
Parecía que todo estaba bien, que podríamos empezar de nuevo, y la boda sería un buen comienzo, aunque aún continuaba el miedo. No sabía realmente qué era lo que había pasado, porque me habían hecho ese daño, sin haberles hecho nada, pero a veces, ya lo he dicho en otra ocasión, a veces el motivo es lo de menos, a veces solo se trata de dar con personas malas, quienes encontrarán la excusa, para justificar sus deseos, porque lo importante era conseguir sus objetivos, aunque caigan por el camino polluelos. Quizás creían que Nicolás no debía casarse, había intereses en juego, como una posibilidad de posición social o dinero, y no querían que fuese para mí, mejor para quien estuvo cerca y lo deseó desde el comienzo. Era una intrusa, debía estar lejos, porque había quien tenía más derecho, aunque no fuese cierto. Lo bueno de haberlo pasado mal, y conseguir salir del atolladero, con secuelas, pero quedó atrás el sufrimiento, es que ya una no está tan acomplejada, ves que te mereces la felicidad, que te quitaron durante mucho tiempo. Si no me había rendido bajo presiones y malos tratos, si había incluso creado algo hermoso, en medio de un tornado, si aún sonreía, a pesar de los desprecios. Ya no había nadie mejor, ya si se merecía todo lo que me habían robado, quizás solo había que cambiar de lugar, y todo saldría perfecto, o eso espero.
 
-          Buenas tardes amorcito, ¿dormiste bien?
-          No me llames así, así solo  mi mujer
-          Aún no te has casado
-          Pero es mi mujer
-          No lo volveré a hacer
-          Mejor, ¿cómo sabes que me llama así?
-          Una coincidencia
-          No soy tan ingenuo
-          Es una coincidencia
-          No insisto, ¿llamaste para algo?
-          Si, para decirte que la semana que viene, me voy cinco días a Almería, tengo una casa en la playa allí. Vivo de alquiler donde trabajo, pero la propiedad la compré donde nací.
-          Buen plan, pero no puedo ir, me caso mañana, recuerdas. Estaré de luna de miel, será corta, pero nos vamos
-          ¿A dónde?
-          A París, mi mujer es una romántica
-          Pues ya no tiene edad para tanta tontería
-          Sus tonterías me enamoraron
-          De acuerdo, perdona, quizás no debería haber llamado
-          Quizás no tan pronto
-          De acuerdo, ¿tengo que tirar tu teléfono?
-          No, Bárbara, no hace falta eso. Me agradas, no me importa que me llames, pero aún la quiero, y será lo primero
-          Entendido, que seas muy feliz
-          Gracias, lo vamos a intentar. La quiero…
 
Quedaba poco para la boda, podíamos decir que casi horas, pero mi sexto sentido me decía, que no iba a seguir adelante. Nicolás estaba más relajado, pero algo iba mal, lo presentía. No por su hermano, no por nadie, pero se había roto lo más importante. Me probé el vestido, al final iba a llover y sería el de gitanita, por llamarlo de alguna manera, sabía que le gustaría más también. Lo racial hay a quien le atrae, otros lo rechazan, porque son algo racistas, pero si has avanzado con la sociedad, le encuentras su atractivo, incluso su sexapil, y la verdad, estaba más guapa con él, me hacía hasta más joven. Me tenían que meter un poco del pecho, dije que me quitaran el pequeño volante que tenía ahí, porque me hacía más cantidad y tenía la suficiente, pero mi madre dijo que no se tocaba, que estaba mejor así, le daba un aire más romántico. Lo acepté, llevaba razón, fue un pensamiento impulsivo. No estaba feliz, me acordé del Romancero Gitano de Lorca, no sé muy bien por qué, pero no veía un buen final a mi ansiada boda. Se me saltó una lágrima, y todas sonrieron pensando que me había emocionado, no dije lo contario, pero veía que iba a ser un fracaso.
-          Hola Nicolás, ¿cómo que has venido a la ciudad?. Te casas dentro de poco
-          He venido a comprarle un regalo a mi mujer
-          ¿El qué?
-          Unos pendientes a juego con el anillo de pedida, para que se los ponga en la boda. Es una sorpresa, ha habido algún problemilla, quiero ver si la compenso un poco. Con la distancia las cosas se ven mejor, y creo que me he confundido
-          Quizás no
-          Dejadlo. Nos queremos, que más va a pasar ahora. Ni la conoces
-          Si la policía
-          No digas tonterías
-          Bueno a la familia
-          Eres amigo de Paco, te ha mandado, porque no ha conseguido romper el compromiso con las fotos, y va a intentarlo con otra cosa. Ya buscaré el motivo de tanto odio injustificado, pero primero me caso
-          No lo hagas
-          Pero, ¿qué os pasa?, ¿por qué esa manía?. No os ha hecho nada, que no sea de clase alta como nosotros, no significa que debamos rechazarla.
-          Sabes que tienen familia gitana
-          Si lo sé, no pasa nada. A saber quiénes eran mis antepasados
-          Su familia tiene relación con clanes relacionados con la mafia rumana, mucha relación, por no decir que son uno de los que mandan
-          No lo creo
-          Ven conmigo a la policía, sabes que mi hermano es comisario, te lo puede confirmar. No te cases, a saber en qué líos te meten
-          ¿y Teresa lo sabe?
-          Eso no lo sé. Se marchó joven de casa, no sé si fue consciente o no
-          Seguro que no lo sabe, no hubiese ido adelante, me hubiese tenido como amante, pero no hubiese tenido planes de boda. Me quiere, no me haría eso
-          A lo mejor te quiere, pero también quiere tu posición y si quiere casarse
-          No es de ese tipo de mujer. Es una artista, algo bohemia, cree en el amor, pero no sé si en el matrimonio, quizás lo haga más bien por la familia
-          No la conozco como para opinar, solo te advierto, que si te casas, tendrás pronto problemas por estar relacionado, aunque no sepas nada. Eres un buen amigo, prefiero decírtelo, luego haz lo que te dé la gana. Habla con mi hermano, si no me crees.
-          Te creo, pero no tengo claro qué hacer. No querría dañarla más. Me quiere mucho, hemos tenido una bonita historia de amor, no es muy fuerte, no sé si lo va a soportar, quedan casi horas para la boda
-          Mejor antes que después
-          Hablaré con ella
-          No deberías, me darías problemas. Anula la boda, por el motivo que quieras, y sigue tu vida. Todo se olvida, aunque te quiera. No está sola, que es lo importante, tiene apoyo, la ayudarán a superarlo.
-          Le vas a destrozar la vida
-          No, su vida continuará. No lo estoy difamando, ni me meteré en más relaciones, pero eres mi amigo, y no te deseo ese final, porque todos, antes o después, acaban en la cárcel. Veo injusto que te salpique, aunque estés enamorado, quizás dentro de diez años, ya no lo estés, pero sí estarás marcado
-          No sé qué hacer, por una parte la quiero y me da igual lo que dices, y por otra me da miedo joderme la vida, ¿por qué no me lo has dicho antes?
-          No creí que fuera adelante la historia, os veo tan diferentes, que pensé que sería una aventura más de las tuyas
-          Me he enamorado
-          Todo se pasa, tanto lo bueno como lo malo
-          No sé qué hacer
-          Piénsalo, pero recuerda que el tiempo pasa rápido, y no tendrás mucho tiempo para decidirte. No te cases, hazme caso. Ya encontrarás a otra
-          No, como ella no. A otra quizás, como ella no
-          Tan especial la ves
-          Si lo es
-          Estás enamorado, dentro de un año, verás todo diferente
-          Ojalá, porque me va a doler mucho perderla, más de lo que crees
-          No te insisto más, creí que debía decírtelo
-          No te doy las gracias
-          Con el tiempo me las darás, cuando veas las noticias
-          ¿si?
-          Si
-          Cuídate, solo decirte que las cosas cuanto antes mejor
-          No sé qué hacer, no lo va a superar
-          Todo se supera, más si estás arropado
-          No lo tengo tan claro
-          Habla con la familia, pon una buena excusa
-          Las mentiras antes o después se saben
-          Pero ya estará roto el compromiso, y dará igual
-          No lo tengo tan claro…
Llegó la última noche que iba a pasar sola en la cama, nunca me gustó, solo que no me quedó más remedio, ya saben, como con casi todo. Me costó coger el sueño, el aire pesaba sobre mi cuerpo, notaba que mi respiración era demasiado profunda, los párpados se me cerraban, cuando intentaba abrirlos, sentía mucho calor por dentro, pero el aire que acariciaba mi piel, era frío y húmedo. Y surgió el sueño moribundo: entraba en un túnel oscuro y lúgubre, bailando como cuando era niña, y todo me parecía bueno y bonito, había un luz al final, no brillaba, era como un agujero, en medio de la oscuridad, entonces apareció un hombre vestido como de los años cincuenta, incluido el sombrero, me cogió del brazo y bailamos juntos, que feliz me sentía, aunque fuese solo por un ratito, hasta que se acercó a la luz y entonces me desperté sofocada, como si hubiese caído por el agujero, que aunque no fuese oscuro, el vacío era su destino. Lo sabía, antes de que pasase lo sabía, sabía que no me iba a casar, sin tener muy claro el motivo. Si había heredado algo de mis antepasados, era la brujería, así que no tuve prisas en ducharme, ni en nada parecido. Me asomé por la ventana, dicen que los amaneceres siempre dan alivio, miré mi bonito vestido y lloré sin ningún gemido.
 
-          ¿Bárbara?
-          Si, ¿qué tal Carlos?, también me llamas muy rápido
-          Circunstancias
-          No te casas, y te vienes a Almería conmigo
-          No, quiero que me hagas un favor
-          Claro
-          Por curiosidad, ¿ me grabaste mientras nos acostamos?
-          ¿Por quién me tomas?
-          ¿lo hiciste?
-          No
-          ¿lo hiciste?
-          Sí, pero lo destruyo si quieres, prefiero volver a verte
-          Se lo vas a enviar a Teresa, te doy el número
-          Le vas a hacer eso la mañana de la boda, cuando te casas por la tarde
-          Envíaselo, y dile que nos estamos viendo desde las navidades
-          Es mentira
-          Hazlo, ella es inteligente, sabrá que solo es una excusa para no casarme. Lo comprenderá y anulara la boda
-          ¿y si me hace algo?
-          No te lo hará, es incapaz. Es inteligente y buena
-          Y si le da igual, y no anula la boda, pero hay venganza por la familia, mira que son unos buenos
-          No lo harán, Teresa los frenará
-          No lo tengo claro
-          ¿Cuánto quieres?
-          Me faltan 25.000 para terminar de pagar mi hipoteca
-          Te los doy
-          Hazlo ya
-          Te los doy, tengo mi palabra, y si no enseñarás la conversación, para que la venganza sea sobre mí
-          Es que creo que me pueden hacer daño
-          No te lo harán, Teresa sabrá porque se lo mandas. Le dolerá, pero es honesta, y lo aceptará
-          Yo no lo haría
-          No eres ella
-          Pero así no va la vida
-          Su vida si, quizás le cueste encontrar a quien le parezca bien, pero mejor esperar, que estar con quien no le importan tus valores
-          Necesito ese dinero, para estar más tranquila, me voy a arriesgar. Espero que no me dejes sola , si ves que se lía
-          No se liará, conozco a mi mujer
-          No es tu mujer,
-          Siempre será mi mujer
-          Eso es ahora, conocerás a otra y si te he visto, no me acuerdo
-          No lo creo
-          ¿Lo hago ya?
-          En cuanto colguemos, lo haces, sin pensarlo, luego me mandas tu número de cuenta, y ya hablaremos
-          Me gustaría verte, y sin cobrar
-          Ya veremos Bárbara
-          Pero tenlo presente
-          Lo tendré, gracias si me haces ese favor. Sabré agradecerlo, y no solo con dinero. No puedo casarme con Teresa
-          ¿Te ha hecho algo?
-          No, a mi hermano no le gusta, y no quiero complicaciones familiares
-          No la has querido entonces
-          Piensa eso, es lo que quiero que piense ella
-          Pobrecita
-          No puedo casarme con ella, no por mí, sino por mi familia, no puedo hacerles eso…
Sonó el teléfono, un mensaje, no quería ni mirar, pero miré. Ya lo pueden imaginar. No lloré, me tumbé en la cama, para pensar bien lo que iba a hacer. Fui inteligente y supuse lo que quería dejarme ver. Le mandé otro mensaje, diciéndole que llamaría a mis invitados, que llamase a los suyos. El solo contestó diciendo “de acuerdo y lo siento”, sus últimas frías palabras, después de una historia de amor llena de bonitos sentimientos. La vida, como dicen, que es amarga, pero siempre por culpa de unos cuantos malditos. Llamé a mi madre, sin tener claro que decir, pero mi padre, que era un hombretón, sabría salir airoso del asunto. Antes de casarme me dijo unas palabras: “A veces tu lugar no es el que deseas, si no aquel que te da un buen sitio”. No entendí muy bien lo que quiso decir, pero ahora cobraba un gran sentido. 
 
-          Me puedes explicar bien, qué es lo que ha pasado
-          Lo de siempre, infidelidades
-          Con más de treinta años te vas a asustar por eso
-          No me asusto, pero quiere seguir con ella, no conmigo
-          Te lo ha dicho
-          A veces no hace falta decir las cosas
-          Ha sido la bicharraca esa de Bárbara
-          Han sido los dos. Se han gustado, son cosas que pasan. Las libertades te dan bienestar, pero también te dan peligros, ya según compense a cada uno
-          Hay algunos que no saben llevarlas, y no hay que dárselas. Si lo veías un hombre de esos ingenuos, que por un buen polvo son capaces de destrozar una vida, no tenías que haberle dado ninguna libertad
-          No es ningún ingenuo, le ha gustado sin más
-          Voy a hablar con Bárbara, y ya lo ha dejado
-          No mamá, sinceramente Bárbara es una excusa. La conozco desde joven, vino con 18 al pueblo, no será muy honesta socialmente, pero no tienen malos sentimientos, lo contario. Su motivo habrá tenido, seguramente se lo habrá dicho, para romper el compromiso.
-          ¿tan cruel lo ves?
-          No lo veo cruel, nunca lo fue, pero todo tiene una explicación, y si no me la quiere dar, y quiere poner a Bárbara como excusa, lo acepto
-          No luchas por él
-          Por esa clase hombre no se lucha, agradeces lo que te quiera dar. A ese tipo de hombre no se le obliga, no se le presiona, porque se va antes de ver cómo te humillas
-          Lo das por perdido
-          Si
-          Te vas a arrepentir
-          Yo no le dejo, me ha dejado él
-          Pero pídele alguna explicación
-          No
-          Teresa cuando pasen unos años te vas a arrepentir. Tu padre le obliga
-          No, ya hasta se habrá ido (lo hizo bien temprano, sin que nadie le escuchara)
-          Pero Teresa no te entiendo, te he criado para que seas más fuerte
-          Con Nicolás perdí toda voluntad, se me llenó el corazón de amor, pero lo demás quedó sin sentido
-          Voy a llamar a los invitados, algunos no han salido de sus casas.
-          Devuélveles los regalos
-          Claro hija, en cuanto todo se centre, lo hago. Fue una lista de boda en el Corte Inglés, tu padre fue inteligente
-          Pero la celebración nos la va a pagar
-          Si lo hará, pero que no discuta, que arregle las cosas, y ya está
-          Mejor no liarla mucho, por si hay posibilidades en el futuro
-          No hija, o te casas ahora o no hay marcha atrás. En nuestra familia se nos humilla una vez, no dos
-          Bueno, que no la lie, no quiero acabar mal con él. Le quiero demasiado para eso
-          No llores
-          No, solo se me han saltado las lágrimas
-          Será como dices, hablaré con tu padre, si le hace caso a alguien es a mí, si no lo mata antes
-          No digas tonterías. Que se solucione todo bien, a ver si más adelante quiere darme la explicación verdadera
-          Que la de, mejor que la de…
Guardé mi vestido en su funda con mucho mimo. Ya habrá ocasión de ponérmelo, espero. Lo olí, aún tenía el aroma de la lavandería. Me arrepentí de hacerlo, porque ahora cada vez que fuese a una, me vendría el recuerdo de Nicolás. No buscaba en mi cabeza ninguna explicación, solo quería dejar pasar el tiempo, para ver qué me decía. A veces me dolía hasta el ombligo, y otras me sentía tan ligera, que parecía que no existía en este mundo. No busqué razón alguna, solo intenté volver lo más pronto a Madrid (menos mal que vivimos en mi apartamento, y no nos mudamos al ático, que aún estaban construyendo). Menos mal todo, y que pena haber perdido el sueño, porque nunca más pude dormir, sin que la ciencia no me evadiera de los malos pensamientos.
 
CUARTA PARTE
 
-          Seguro que te quieres quedar sola
-          Si, si me quedo
-          A veces no se puede controlar al corazón y a sus sentimientos
-          Lo haré, lo he aceptado
-          Me quedo una noche contigo, te recojo las cosas de Nicolás, y ya mañana me voy
-          Que no mamá, además Nicolás se habrá llevado todo
-          A lo mejor todo lo importante, pero no todo
-          Lo meteré en una caja, y lo llevaré al trastero
-          Será más duro de lo que crees
-          Sé que será duro, pero lo haré, te estoy diciendo que lo he aceptado
-          Tu padre lo ha hecho bien, como querías, sin mucho escándalo. Nicolás le dio el dinero del convite y de los vestidos, e incluso algo más por las molestias, y se dijeron adiós, por si te da curiosidad saberlo
-          Gracias, no cuento con nada, pero no quería más problemas
-          Antes de irme decirte, que sé que estás aún enamorada, y que si te lo pide, volverás con él, pero quiero advertirte, que la vida me demostró una cosa muchas veces, y es que quien te la hace una vez, te la hará más veces (siempre)
-          Nicolás no me la ha jugado, ha tenido que pasar algo, y espero que algún día me lo explique
-          Tu padre contó con esa posibilidad desde el principio
-          ¿Por qué?
-          Porque no era como nosotros, y quizás no le gustase lo que viera
-          Tampoco vivimos en barracones
-          Pero no es como nosotros
-          Si lo llego a saber, le digo que no al matrimonio, y seguimos como antes
-          A lo mejor hubiese tardado más, pero el resultado no hubiese sido diferente
-          Hubiésemos continuado con nuestra monotonía, lejos de las familias, y no hubiésemos seguido amando
-          No pienses eso cariño, no lo hagas, porque no es cierto, si se alejó es porque no te quería lo suficiente, por lo que antes o después lo hubiese hecho. No por Bárbara, pero hubiese encontrado otra excusa con los años. El tiempo es sabio, a veces para bien, y otras para mucho malo.
-          Gracias, creo que pensaré eso, para no llorar más. Me duele tanto el corazón, que creo que  me va a estallar
-          Te hago una infusión y me voy, tu padre viene en un rato, ha ido a solucionar unos asuntos
-          ¿A ver si le va a hacer algo a Carlos?
-          No, sabía lo que iba a pasar, solo se enfadó porque llegara tan lejos, pero mi marido es inteligente y te quiere, nada más que por eso, le deja tranquilo, con la esperanza de que se arrepienta, y con ello pague su precio
-          Yo le quiero, no soportaría que le pasase algo, aunque esté con otra
-          No te preocupes por eso, pero si veo que no avanzas, me vengo contigo, te lo advierto, sin avisarte, pero me vengo
-          Ahora mismo no avanzaré, pero dame tiempo
-          Te lo daré, dame un beso, que bajo a esperarlo. Te viniste a un barrio sin aparcamiento
-          No caí, como no tengo coche
-          No importa, tienes al lado el metro y más o menos casi todo cerca
-          Por eso lo elegí
-          Bien hecho, dame un beso
-          Te quiero…
 
Cuando dejé las maletas, me senté en el sofá, uno grande que habíamos comprado para ver las películas relajados, a los dos nos encantaba el cine (una pena que no se fijara en mí antes). Mire por la casa, y hasta ahí fue galante: no dejó nada, ni un pelo, para que pudiera recordarle. Todo estaba intacto, parecía que había hasta limpiado. Entonces vi mi trabajo de collage, con la fotografía del modelo. Me subió un calor por todo el cuerpo, creo que así se representa la rabia, y sin pensarlo mucho: rompí todas las fotografías, incluso di alguna patada, mientras lloraba y casi gritaba. Que dolor tan grande, haber perdido a quien quería a mi lado cada madrugada. A veces pensaba que me debía sentir afortunada, que había conocido lo que era un verdadero amor, mientras otras se conforman con migajas, pero no me bastaba. Sabía que jamás lo podría volver a tener, pero por segundos mi mente lo imaginaba acariciando mi piel, que tanto le gustaba, besándome el cuello, mientras sus dedos al climax me llevaban. ¡Qué torpeza tan grande!, sabiendo que el orgullo es un problema en la aristocracia, y quizás su sangre no fuese roja, pero era el príncipe, el que siempre había esperado, cuando aún era alguien, no nada. Me miré al espejo, y sin saber por qué, me tiré de los pelos, supongo que sería la mencionada rabia, pero con ese gesto supe, que no iba a soportar perder a quien tanto amaba. No deshice la maleta, me metí en la cama vestida y cuando sonó la alarma para que me tomara la pastilla, simplemente me peiné, me pinté los labios,  me eché perfume y me tomé todo el frasco, para evadir la realidad, esa que a muchos les agradaba, esa que me inventaron, simplemente porque la maldad a veces manda.
Estuve un mes en el hospital, dormida, sedada, a ver si todo el dolor se marchaba, cuando me despertaran. No fue así, pero tampoco me importaba, no quería perderlo también en la memoria, eso me decía, cuando tenía algo de conciencia acostada. Entonces escuché una canción en mi cabeza, una que me gustaba, no sé si la conocen: “Die with a smile” de Lady Gaga y Bruno Mars. Preciosa y melancólica, ideal para que tu imaginación se dejara llevar; y mientras mi cuerpo se despertaba, mientras empezaba a sentir incluso a mi alma, me dieron un beso, uno dulce y apasionado, que borró las cicatrices que mucho tiempo bloquearon una vida difícil, pero muy válida
 
-          ¿Cómo estás?
-          Creo que bien, ¿dónde estoy?
-          En el hospital (Nicolás no quitó las cámaras de la casa, sabía cómo lo amaba. Cuando cogí el bote de pastillas, llamó a una ambulancia inmediatamente, y le puso un mensaje a mis padres. Nada más supimos de él, creyó ser mejor la temida nada)
-          ¿Qué me ha pasado?
-          No recuerdas nada.
-          Creo que me tomé las pastillas, por Nicolás
-          Sí, pero llegamos a tiempo
-          Gracias
-          De nada
-          ¿Qué sientes?
-          La temida nada
-          ¿El dolor desapareció?
-          Si, eso parece. Le recuerdo, pero no me siento tan desgraciada
-          Mejor
-          Si, mejor. Muchas gracias
-          De nada. Me llamo Francisco
-          Encantada, yo Teresa, bueno María Teresa, pero me llaman Teresa
-          Yo te llamaré Nana
-          ¿si?
-          Si
-          Así solo me llamaba un vecino de la niñez, que también se llamaba Francisco
-          Vaya coincidencia
-          ¿Eres tú?
-          Sí, soy yo
-          Dame un abrazo
-          No, que estás delicada, ya te he dado muchos, mientras no los esperabas
-          Siento volverte a ver en estas circunstancias
-          La vida, siempre te sorprende. Mejor así, que no volvernos a ver
-          Nunca te olvidé, aunque no te tuviera presente
-          Gracias
-          Nos tuvimos que marchar de allí
-          Ya eso no importa, al pasado solo hay que darle las gracias, por no molestar
-          ¡Qué alegría verte!
-          Yo también me alegro, guapa
-          Debo estar fatal
-          Todo tiene arreglo, menos la muerte
-          Es verdad, y casi muero
-          No pasa nada, el amor a veces juega malas pasadas
-          Gracias otra vez
-          De nada, no seas pesada, descansa. Voy a seguir con las vistas, pero cuando termine, vengo a cenar contigo, ¿quieres?
-          Me encantaría
-          ¿te doy otro beso?
-          Si quieres, aunque no debo ser ningún objeto de deseo
-          No importa, para mí eres algo más que eso ( y aunque no quería que me moviera mucho, le abracé fuerte mientras me lo daba)
 
Dicen que al final de la vida vuelves al primer perfume, yo volví al primer perfume       “Anais, Anais”, y también al primer hombre, porque desde ese instante Francisco y yo no nos separamos. Y volví a estar enamorada, quizás sin tanto dolor, fue un amor más calmado, más maduro, pero no por ello más malo. Me hacía sentirme bien a su lado, lo más básico, porque hay quien me hizo sentir lo contario, no Nicolás. No lo van a creer, pero estaba contenta, creí que nunca lo volvería a estar, y me sentía feliz, menos mal que las pastillas no funcionaron, y  por ello decidí hacer las cosas que antes no me atreví. Me hice un tatuaje de un corazón negro y una cruz, que simbolizaban el dolor que sentí  y también la Fe, que me ayudó a superar todo lo que la maldad me había regalado. Me lo hice en el tobillo izquierdo, por dentro. Quería en la muñeca, pero Francisco me dijo que no, por si molestaba en algún trabajo, que fuese tan visible, y le hice caso, si me había cuidado, sería porque me quería bien, y a esas personas hay que tenerlas en cuenta, por lo general, te desean bonito, mientras otras te pegan y te desean lo contrario. También pude terminar con el trabajo que empecé con Nicolás, con el que nos separó, Francisco lo vio como una terapia para superar el fracaso. Pude hacerlo, porque iba a estar un año de baja, el suficiente para terminarlo, luego me buscaría algo relacionado con el arte, pero no me metería en proyectos tan elaborados: haría cuadros por encargos, algún regalo, nada estresante, hay que saber las limitaciones de las personas, y yo ya estaba delicada del corazón, así que las emociones se las dejaba para los jóvenes, quienes tenían fuerzas para luchar incluso contra Lucifer disfrazado. Tendría mi  pequeño éxito exponiendo, donde esperaba que se vendieran bien los cuadros, y luego a vivir lo mejor que pueda, junto a Francisco, con quien estuvo a mi lado, mientras otros huían, por tener un enemigo endemoniado. Me apoyó y me cuidó, si le debía obediencia y amor a alguien; sería a él, por haberme dado tanto, cuando me sentía tan sola y tan hecha pedazos.
Expuse en la galería donde trabajé, donde empecé con Nicolás. Todo un reto, para afrontarlo, pero no estaba sola, que es como cuesta más trabajo. Me respetaron el calendario, pero solo quince días, no un mes. No importaba, porque estaban gustando, y estaban casi todos vendidos, menos uno, creo que por caro: donde el modelo, que todos conocemos, estaba tumbado, con los ojos cerrados, serio, con los pies cruzados  y con los brazos detrás de la cabeza, pudiéndole ver unos brazos musculados, pero naturales, no de esos que te desagradan, porque no sabes si te podrán pegar un guantazo. Algo más suave, que te den ganas de tocar, no que te den miedo. Estaba bronceado, y también se le veía una bonita axila, con vello negro, pero no una selva, algo más sensual, todo era más  agradable, que lo sexual o lo artificial (el arte para mí es algo más calmado). Estaba desnudo, pero le puse un trozo de sábana con cola, para que no se moviera (igual que a Jesucristo) también su corona de espinas, que pude coger un día del campo. El fondo era negro y la foto algo oscura, pero se le distinguía bien, incluso alguna vena, sin haberlo ni pensado. El toque de color lo ponían unas manchas de pintura roja alrededor de su figura, de pintura espesa, dando relieve, una especie de gotelé espaciado y sin orden, como si fuesen sus gotas de sangre, por todo el cuadro, algo gótico y a la vez romántico. Creo era mi obra maestra, por lo menos todo el mundo se acercaba a ver el cuadro, lo admiraba, y no decía nada, pero sus ojos se emocionaba, creo que por lo que significaba y por la belleza que guardaba. Era precioso, pero no lograba venderlo, también el tamaño era algo grande, por lo que no le iba a venir bien a cualquiera, me lo llevaría, si no se vendía, pero no lo iba a rebajar, como ya he dicho: era mi obra maestra, quizás no le vieran nada especial al describirlo, pero les aseguro que no les pasaría desapercibido, si lo vieran.
-          ¡Qué buen trabajo Teresa!
-          Gracias, estoy muy contenta
-          Me alegro.
-          Gracias
-          Ha venido Nicolás con su familia
-          ¿Si?
-          Si, dijo que si hacías la exposición, le avisásemos. Es un hombre importante, lo hemos tenido que hacer
-          No pasa nada, me gustará verle
-          Ahí está, vienen para acá
-          Ya te he dicho, que no pasa nada (aunque mi corazón cambió de tamaño)
-          Hola, ¿cómo estás?
-          Bien, ¿y tú?
-          Bien también. Esta es mi mujer Constance, una prima lejana, no habla español
-          Encantada
-          Y estas mis hijas : María y Teresa
-          Que detalle tan bonito
-          No quería que desaparecieras del todo
-          Por favor, no me hagas eso
-          Perdona, perdona por todo
-          Estoy bien, de verdad. ¿Qué dice tu mujer?
-          Que el modelo es igual a Jesucristo (los dos nos miramos y sonreímos, con los ojos empañados)
-          Dile que por eso lo elegí
-          Me debo marchar, pero dejaré en recepción mi tarjeta, por si alguna vez necesitas algo, lo que fuese.
-          No lo hagas, ya me las apañaré
-          No la cojas, solo quiero que sepas que estará ahí, por si llegara el caso
-          Adiós
-          Adiós, mi amor..
 
Se me saltaron las lágrimas, pero Francisco no me vio, porque se estaban interesando en el cuadro una galería importante, y tenía todos los sentidos puestos en venderlo. Con lo que consiguiéramos, nos iríamos a Canarias, porque había pedido destino allí, para que empezásemos de cero, y mejor en una isla, que en otro infierno. Se iba a jubilar pronto, pero aún le quedaban años, por lo que tendríamos contactos para relacionarnos, sin sentirnos abandonados. Mientras me limpiaba las lágrimas, vi como entraba mi modelo para ver mi trabajo, también venía con su pareja, y se le veía igual de contento, aunque hubiese pasado más de un año. Me miró desde la distancia, nos sonreímos, creo que no le había defraudado. No sé porque me dio algo de nostalgia, no sé bien por qué, quizás por Nicolás, quizás por no haberlo intentado con él, no sé el motivo, pero sentí algo, sin poderlo definir, quizás estaba emocionada, ya dije que a veces los sentimientos se confunden, más bajo presión, pero la cosa es que sentí algo. Se marchó sin decirme adiós, pero levantó el dedo, dando su aprobación, por un buen trabajo. Entonces Francisco me cogió de la cintura, para presentarme al director de la galería interesado en mi cuadro. Todo estaba bien, incluso mejor, que si nos hubiésemos decidido por lo contario. Quizás eso de que la vida te pone en tu lugar, tenía razón, lo que pasa es que a veces tarda demasiado
SI NO AMÉ MÁS, FUE PORQUE NO ME DEJARON….
 
 
                                                                       MARISA MONTECRISTO
 
 
 
 
 

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