Extraña sensación
No se exactamente como me sentía. No tenía palabras para definir todo ese conjunto de sentimientos y emociones.
Decidí refugiarme en la capilla de la universidad, aunque no fuese precisamente a venerar a una estatua, solamente necesitaba estar en paz conmigo misma, llorar hasta quedarme seca, hablar con Dios tratando de encontrar solución a la culpa tan grande que sentía.
Era como si mi mundo se viniese abajo, era como si yo fuese la persona que estaría cometiendo el pecado de abortar a un pequeño que no tenía la culpa de la irresponsabilidad de sus padres.
Tal vez no compartimos la misma sangre, ni el mismo apellido, pero yo estuve cuando supo que estaba embarazada, yo la apoyaba mientras ella buscaba solución alguna, pero cuando la encontró supe que no podía convencerla de que evitara un asesinato.
Era el camino más fácil, pero a la vez el más difícil porque su vida estaba de por medio. Sin embargo, no pude hacer nada…
Pasó una semana desde que nos dejamos de hablar, no entendía motivo alguno, no encontraba la acción que pude haber hecho para que se alejara de mí. Temía perderla como había sucedido con Sarah. Era un dolor y una preocupación por ella porque no sabía si estaba bien o necesitaba de alguien.
Decidí acercarme a ella, hablamos, lloré y sus palabras fueron
- Prefiero alejarme por las buenas Yulissa, agradezco todo lo que has hecho por mí, pero ya no sé si estoy haciendo bien o no al alejarme, de todas maneras, nadie deja de hablar de mí, sigo siendo el top número 1 de la lista, todos me siguen señalando. No sé qué haré sin ti, pero es lo mejor, agradezco todo lo has hecho por mí y por acompañarme en este proceso, pero es hora de alejarme.
Sentí un golpe en mi pecho, un dolor tan inmenso, mis ojos se llenaron de lágrimas, la había perdido. Una vez más la vida hacía conmigo lo que quería y no sabía qué hacer, nuevamente me estaba quedando sola.
Sin poder detenerme o controlarme, mis lágrimas salían, el aire me faltaba, el dolor se concentraba y la vida se burlaba de mi a carcajadas.
¿Qué podía yo hacer?
Entre el dolor, las lágrimas y mi voz quebrantada le dije:
- Respetaré tu decisión, aunque te comportes demasiado envidiosa, solo quiero que sepas una cosa, me estás matando lentamente, hiciste lo que prometiste que no harías, me estás dejando sola y no se vale.
Sabía que ya no estaba en mis manos arreglar el asunto, hacerla ver que no podía poner en riesgo su vida, pero su familia era más importante que esa criatura que llevaba dentro.
Ya no sabía si había hecho lo correcto o no en ir a platicar con ella, pues en el intento de solucionar las cosas salí perdiendo, fui yo la lastimada, fui yo la dejada.
Nuevamente esa extraña sensación que sentí cuando Sarah se había marchado para siempre de mi vida
Decidí refugiarme en la capilla de la universidad, aunque no fuese precisamente a venerar a una estatua, solamente necesitaba estar en paz conmigo misma, llorar hasta quedarme seca, hablar con Dios tratando de encontrar solución a la culpa tan grande que sentía.
Era como si mi mundo se viniese abajo, era como si yo fuese la persona que estaría cometiendo el pecado de abortar a un pequeño que no tenía la culpa de la irresponsabilidad de sus padres.
Tal vez no compartimos la misma sangre, ni el mismo apellido, pero yo estuve cuando supo que estaba embarazada, yo la apoyaba mientras ella buscaba solución alguna, pero cuando la encontró supe que no podía convencerla de que evitara un asesinato.
Era el camino más fácil, pero a la vez el más difícil porque su vida estaba de por medio. Sin embargo, no pude hacer nada…
Pasó una semana desde que nos dejamos de hablar, no entendía motivo alguno, no encontraba la acción que pude haber hecho para que se alejara de mí. Temía perderla como había sucedido con Sarah. Era un dolor y una preocupación por ella porque no sabía si estaba bien o necesitaba de alguien.
Decidí acercarme a ella, hablamos, lloré y sus palabras fueron
- Prefiero alejarme por las buenas Yulissa, agradezco todo lo que has hecho por mí, pero ya no sé si estoy haciendo bien o no al alejarme, de todas maneras, nadie deja de hablar de mí, sigo siendo el top número 1 de la lista, todos me siguen señalando. No sé qué haré sin ti, pero es lo mejor, agradezco todo lo has hecho por mí y por acompañarme en este proceso, pero es hora de alejarme.
Sentí un golpe en mi pecho, un dolor tan inmenso, mis ojos se llenaron de lágrimas, la había perdido. Una vez más la vida hacía conmigo lo que quería y no sabía qué hacer, nuevamente me estaba quedando sola.
Sin poder detenerme o controlarme, mis lágrimas salían, el aire me faltaba, el dolor se concentraba y la vida se burlaba de mi a carcajadas.
¿Qué podía yo hacer?
Entre el dolor, las lágrimas y mi voz quebrantada le dije:
- Respetaré tu decisión, aunque te comportes demasiado envidiosa, solo quiero que sepas una cosa, me estás matando lentamente, hiciste lo que prometiste que no harías, me estás dejando sola y no se vale.
Sabía que ya no estaba en mis manos arreglar el asunto, hacerla ver que no podía poner en riesgo su vida, pero su familia era más importante que esa criatura que llevaba dentro.
Ya no sabía si había hecho lo correcto o no en ir a platicar con ella, pues en el intento de solucionar las cosas salí perdiendo, fui yo la lastimada, fui yo la dejada.
Nuevamente esa extraña sensación que sentí cuando Sarah se había marchado para siempre de mi vida
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