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Espionaje

V
vikher@vikher
25 may 2009·4 min de lectura

            Fue solo una reunión mundana y superficial la de la primera noche. Un intercambio de frivolidades y humo que se trenzaba en lo alto. Yo tenía bien en claro para que estaba ahí, debía mantener cordura y frialdad en mi actitud y palabras: no dejar entrever el objetivo. Mi interlocutor, instrumento para llegar al secreto, se mostró gentil, altivo, de mirada fija y perspicaz. Ahora pienso que algo sospechaba, algo en sus ojos delataba; aunque quizás era solo el reflejo de mis ojos en su mirada, mi propia revelación a flor de alma, en mis ojos, en sus ojos. Luego del café de cortesía, más humo y un par de palabras innecesarias: la despedida e invitación para reunirnos la semana próxima.
             Paso rápida esa semana. Nada me impedía urdir la trama para llegar al secreto. Mis superiores me habían dado total libertad de acción, sin preocupaciones; sin precauciones también, acaso por la impunidad que me confería ser yo el observador y no el observado. Decidí llegar hacia el mediante el silencio: que sus palabras me conduzcan al abismo, que el humo sea mi velo.
            A la segunda reunión llegue tarde (la impuntualidad es mi virtud). El café estaba frío pero poco importo. Nos sentamos frente a frente y como si el supiera que yo estaba preparado para oírlo toda la noche en la vaga tertulia comenzó a hablar de pretéritos insondables para mi persona, de aventuras nocturnas, de alcohol y putas; me sorprendió, y mas aun cuando comencé (y seguí) intercalando las mías entre las suyas. Todo esto, claro estaba en mi estratagema, para adueñarme de su confianza mientras mi mirada penetraba aun mas es sus escrutadores ojos...
            Otra semana pasaría para nuestro próximo encuentro y tenía la certeza de que me acercaba cada vez más al secreto. Mi táctica seguía intacta: el silencio. Aunque me preocupaba la coincidencia de puntos interiores y casi me asustaba la convergencia, era solo eso. Ya había pasado por casos símiles y no me amedrentaría frente a su astucia, no me dejaría llevar a su territorio, no me inmiscuiría en su jardín: yo era el bosque. En mis informes mis superiores algo habrán notado por que me hicieron llegar un telegrama que decía: "no interrumpir misión. Guardar secreto en café". No lo entendí, algo me decía que no era para mí, pero ¿Para quién? No conteste y me pareció que la semana tuvo un día y medio o dos de mas.
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            Para la tercera reunión llegue puntual. Estaba seguro de que el secreto era mío. Otra vez nos sentamos frente a frente y en medio de tabaco y café empezó a hablar:
            -No se que pensara usted, pero para mi los secretos son innecesarios: anda uno como con un peso encima, un pequeño globo en la cabeza, una bola de boliche en el estomago. Yo amigo no puedo mas. Nosotros tenemos mucho en común, la suerte esquiva, la tristeza, vivencias paralelas en líneas de tiempo distintas, convergentes en algunos casos (rozante diría). Todo esto me ha hecho recapacitar. Algo en mi debe decírselo: el secreto esta en mi y te pertenece. Mis superiores me han dado la orden de asesinato, de su asesinato. Nada de otro mundo: veneno en el café que hará efecto mas tarde, cuando duermas, te he estudiado, se que duermes. Mis superiores te han descubierto espía. Ellos han hecho que transites por la senda que conduce a tu muerte, saben que eres enemigo, saben que has desbaratado otros intentos con astucia ajedrecística. Fuiste el que planifico tu muerte desde el primer día. Buscabas el secreto y lo encontraste. Confiaste en mí y ahora te lo confío: tu plan no ha fallado.
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© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
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