En un jardín abandonado, donde la maleza crecía descontrolada, cubriendo el suelo como un manto opresivo, un enigmático reloj de sol se erguía orgulloso, sobre un pedestal de piedra, proyectando sombras que danzaban entre álamos y cipreses en los días claros. Contaba la leyenda que aquellos que se situaban a su lado podían percibir los tristes lamentos de las almas solitarias que habían partido y habían sido olvidadas. Y al llegar la noche se  podían ver  sus espíritus vagando sin rumbo entre los árboles fundiéndose con las tinieblas.

Una tarde, cuando el astro rey desaparecía  en el horizonte, tiñendo el mundo con los colores del ocaso, un anciano, cuyo cuerpo delgado y frágil mostraba las huellas dolorosas de una existencia llena de sufrimiento, se aproximo al reloj . Sus pasos eran lentos y titubeantes, apoyándose en un cayado como si cada movimiento le costara un esfuerzo desmedido. A medida que se acercaba, unas ráfagas de viento frío lo recibieron besando su piel arrugada ,trayendo consigo un lamento desgarrador que pareció penetrar en lo más profundo de su ser. Desbloqueando en su memoria trágicos recuerdos del pasado; penalidades, injusticias y perdidas.

Al despuntar el amanecer, cuando las primeras luces comenzaban a romper la penumbra y las tonalidades en el horizonte mudaban rápidamente de un profundo azul oscuro a un delicado celeste, seguido por suaves matices de rosado y amarillo, la atmósfera se volvió densa y llena de expectativa. En ese instante, algo insólito sucedió: el reloj de sol, que había estado marcando las horas en silencio con su delgado y sombrío gnomon sobre su esfera, durante décadas —quizá incluso siglos— se detuvo de manera irrevocable. Su alargada franja oscura, que indicaba el paso del tiempo, se disolvió en el aire, como si nunca hubiera existido. Y justo al mismo tiempo  el anciano , sentado a su orilla , exhaló su último aliento , como si ambos hubieran estado conectados por un hilo invisible que traspasara la misma urdimbre de la  realidad. Su vida se apagó con un debil soplo, y su alma liberada voló a la eternidad, abriendo el camino hacia la luz a aquellos que moran y lloran en el jardín del olvido

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