Dicen que, en las montañas del norte, hay un bosque al que nadie entra después del anochecer. Lo llaman el Bosque de los Susurros.
Nadie sabe si el nombre viene del viento entre los árboles… o de las voces que allà se escuchan.
1. El viaje
Una noche de otoño, Marcos y sus tres amigos —Lina, Óscar y Samira— decidieron acampar en ese bosque.
QuerĂan probar si las historias eran verdad.
Rieron mientras subĂan la colina, cargando mochilas, linternas y una tienda vieja.
Al caer el sol, el viento comenzĂł a soplar y el bosque se volviĂł tan silencioso que podĂan escuchar sus propios corazones.
2. Las marcas en los árboles
Mientras armaban el campamento, Lina notĂł algo extraño: en los troncos de los árboles habĂa sĂmbolos tallados, cĂrculos con cruces y lĂneas torcidas.
—“¿QuiĂ©n harĂa esto?” —preguntĂł.
Nadie respondiĂł.
De pronto, un aullido largo y profundo rompiĂł el silencio.
Pensaron que era un lobo, pero sonó demasiado… humano.
3. La primera noche
Esa noche, la fogata apenas iluminaba sus rostros. El fuego crepitaba y los árboles parecĂan moverse.
Óscar se levantó para ir por más leña, pero pasaron diez minutos y no regresó.
Cuando fueron a buscarlo, solo hallaron su linterna, encendida en el suelo, y una huella grande en el barro.
ParecĂa una mano… pero con seis dedos.
4. Los susurros
Al volver al campamento, Samira empezĂł a llorar. DecĂa que oĂa voces llamándola desde la oscuridad:
—“Ven con nosotros… Samira… ven…”
Marcos tratĂł de calmarla, pero tambiĂ©n las escuchĂł. Voces frĂas, cercanas, que parecĂan salir de todos lados.
La fogata se apagĂł de golpe.
Todo quedĂł negro.
Y entonces, vieron ojos brillando entre los árboles.
5. El regreso imposible
Marcos y Lina corrieron por el bosque, gritando el nombre de sus amigos.
Pero el bosque era un laberinto; los caminos cambiaban, los árboles parecĂan moverse para impedirles salir.
Cada vez que intentaban volver sobre sus pasos, encontraban las mismas marcas en los troncos… solo que esta vez tenĂan sangre fresca.
6. El final
Al amanecer, solo Marcos logrĂł encontrar el borde del bosque.
LlegĂł al pueblo pálido, con la ropa rasgada y los ojos vacĂos.
Cuando la policĂa fue a buscar a los demás, no hallaron ni rastros del campamento.
Solo una cámara enterrada bajo un árbol.
En el video, se veĂa a Marcos mirando a la cámara y diciendo con voz temblorosa:
—“Nunca estuve solo… ellos siguen aquĂ.”
Desde entonces, cada otoño, algunos viajeros dicen escuchar susurros en ese bosque…
Y si escuchas bien, entre los árbol
es todavĂa se oye su voz:
“No entres… no entres…”
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