No sé bien qué viene después.
No tengo certezas.
No tengo garantías.
No tengo respuestas que me calmen del todo.
Pero tengo algo más fuerte que todo eso:
una intuición.
Una voz chiquita que me dice:
“vas a estar bien.”

No es una certeza de calendario.
Es una promesa que me hago con los ojos cerrados.
Porque si ya sobreviví tanto,
si ya encontré paz en medio del caos,
si ya lloré y me levanté mil veces…
algo en mí sabe que todavía hay lugar para lo bueno.
Para lo que no duela.
Para lo que me abrace.
Para lo que me haga reír sin culpa.

Todavía no sé cómo,
pero estoy aprendiendo a vivir sin miedo.
A poner límites sin dejar de amar.
A quererme sin permiso.
A elegir sin explicaciones.
Y cada día, un poco más,
vuelvo a mí.
Tal vez el camino no sea fácil.
Tal vez me caiga otra vez.
Pero ya no me voy a quedar ahí.
Porque ahora tengo algo que antes no tenía:
la certeza de que puedo.
Y la decisión de seguir.

 
 
¿Qué parte tuya ya sabe que vas a estar bien?
¿Qué te ayuda a seguir incluso sin tener todas las respuestas?
 
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