Suave Patria 3: Secretos y Sangre

CAPÍTULO 1: EL REGRESO DE LA SOMBRA CRIMINAL

El año 2027 había comenzado con una paz que parecía casi milagrosa. Apenas habían pasado unos cuantos meses desde la brutal batalla final en el búnker del desierto, donde Tuto y Cacho creyeron haber disuelto para siempre sus problemas en un contenedor de ácido radiactivo junto a una manada de cocodrilos hambrientos. Tras superar los salvajes enredos y malentendidos del hotel, Tuto se había alejado en su rugiente motocicleta Italika junto a Rosana para disfrutar de una merecida luna de miel.

Hoy, la realidad en la Ciudad de México era una mezcla disparatada de bendiciones y fatiga. En la sala de su casa, Cacho se encontraba tirado en la alfombra, completamente despeinado y sin aliento, intentando sobrevivir a una acción más extrema que las persecuciones policiacas: los tres trillizos de tres años que había adoptado formalmente junto a la imponente y bella excomandante Alma Flake le brincaban en las costillas, usando su camisa favorita como pista de carreras, mientras el motor del auto descansaba contento en la cochera.

La puerta de la casa se abrió de un azotón, interrumpiendo el caos infantil. Entró Tuto caminando en círculos, pálido como un fantasma y tomándose el estómago con una mano mientras sostenía una bolsa de paletas de hielo para controlar las náuseas.

—¡Cacho, bájale al desmadre de tus huercos y escúchame! —exclamó Tuto con la voz entrecortada—. Llevo un mes entero haciéndome pruebas médicas por estos mareos malditos. Pensé que me había hecho daño la comida de mi suegra Gina, pero la doctora Rosario me lo acaba de confirmar... ¡Rosana tiene un mes de embarazo! ¡Voy a ser papá por primera vez, cabrón!

Cacho se quitó a un trillizo de la frente y, con una enorme sonrisa, abrazó a su eterno compañero de andadas, felicitándolo por el próximo heredero. Han pasado ya catorce años desde aquella loca anécdota del secuestro original de Don Toño que comenzó como una broma pesada en la primera película, y el destino los encontraba convertidos en hombres de familia.

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Sin embargo, la tregua duró un maldito segundo. El teléfono celular de Cacho comenzó a vibrar con una fuerza salvaje en el piso, mostrando una llamada de un número oculto. Cacho activó el altavoz de una patada mientras apartaba a uno de los niños del cable de la televisión. Al otro lado de la línea, la voz de su suegro, Don Toño, sonó temblorosa, cargada de un terror puro que congeló el ambiente de la sala.

—¿Muchachos? ¿Cacho? ¿Tuto? Escúchenme bien y no me interrumpan... Se nos acabó la tranquilidad —dijo Don Toño respirando agitadamente—. El desierto nunca se quedó con él... ¡El Señor Apache está vivo!

Tuto se olvidó por completo de los mareos y Cacho se quedó de piedra con el niño en brazos.

—¿De qué habla, Don Toño? —reclamó Tuto con incredulidad—. Si vimos cómo los cocodrilos se daban un festín con él en el búnker hace unos meses.

—¡Pues nos vio la cara de idiotas a todos! El infeliz que cayó al contenedor de ácido era un maldito androide hiperrealista de utilería, un doble de efectos especiales que le robó al camarógrafo Abimael —explicó Don Toño con desesperación—. El Apache real está aquí en la Ciudad de México en pleno 2027. Se cortó el cabello, usa trajes caros y se metió de lleno a la alta política. Se alió con un candidato corrupto cercano a Mauro González para la Jefatura de Gobierno y planea usarlo como peón para gobernar todo el país.

Cacho parpadeó, completamente desconcertado.

—¡Ah cabrón! ¿Apache metido a la política? Si ese salvaje apenas sabía hablar arriba de los microbuses...

—Pues ahora maneja presupuestos millonarios y un ejército de sicarios, muchachos —sentenció Don Toño con voz lúgubre—. Me buscó en secreto en una oficina clandestina y me puso entre la espada y la pared con un trato mafioso. Me apuntó con su escopeta y me juró que si no lo ayudamos a ganar las elecciones de la CDMX, mandará a ejecutar a Tuto, a Cacho, a mi hija Rosana con su mes de embarazo, a tus trillizos adoptados y a Doña Gina. El verdadero director ha salido a escena, muchachos, y viene a masacrar a toda la familia si no cooperamos...

***Continuará****

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Luis Borrayo

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