Capítulo 4: El cuerpo como refugio cuando la mente se cansa
No sé qué siento, pero sé que estoy acá A veces me pasa.
No sé si estoy bien, no sé si estoy mal.
Solo sé que estoy llena de cosas adentro y vacía a la vez.
No tengo palabras.
No tengo explicación.
No tengo fuerzas para traducir lo que siento.
Y está bien.
Hay días en los que me cansa hasta existir.
Me cansa que me pregunten, que me miren, que me hablen.
Quiero desaparecer y, a la vez, que alguien me abrace sin decir nada.
Quiero estar sola, pero no sentirme sola.
Y entonces… aparece eso.
Una pausa.
Una taza.
Un baño.
Una página en blanco.
El cuerpo que me dice: “vení, quedate conmigo.”
Aprendí que no necesito tener todo claro.
Que decir “no sé” no es fracasar.
Es ser honesta.
Es estar sintiendo.
Es dejar de correr.
No tener respuestas no me hace menos.
No saber cómo seguir no me deja atrás.
Es solo una curva del camino.
Una noche más.
Un silencio fértil.
Y en ese no saber…
también estoy.
Estoy cuando me lavo la cara y suspiro.
Estoy cuando me acuesto sin entender qué me pasa.
Estoy cuando me baño para no llorar tanto.
Estoy cuando estudio algo que me ordena la mente aunque tenga el alma enredada.
No sé qué siento. Pero estoy.
Y eso, hoy, me alcanza.
¿Qué hacés cuando no sabés cómo te sentís?
¿Tenés alguna pausa que te devuelva a vos?
¿Qué parte de tu cuerpo te pide que la escuches?
No sé si estoy bien, no sé si estoy mal.
Solo sé que estoy llena de cosas adentro y vacía a la vez.
No tengo palabras.
No tengo explicación.
No tengo fuerzas para traducir lo que siento.
Y está bien.
Hay días en los que me cansa hasta existir.
Me cansa que me pregunten, que me miren, que me hablen.
Quiero desaparecer y, a la vez, que alguien me abrace sin decir nada.
Quiero estar sola, pero no sentirme sola.
Y entonces… aparece eso.
Una pausa.
Una taza.
Un baño.
Una página en blanco.
El cuerpo que me dice: “vení, quedate conmigo.”
Aprendí que no necesito tener todo claro.
Que decir “no sé” no es fracasar.
Es ser honesta.
Es estar sintiendo.
Es dejar de correr.
No tener respuestas no me hace menos.
No saber cómo seguir no me deja atrás.
Es solo una curva del camino.
Una noche más.
Un silencio fértil.
Y en ese no saber…
también estoy.
Estoy cuando me lavo la cara y suspiro.
Estoy cuando me acuesto sin entender qué me pasa.
Estoy cuando me baño para no llorar tanto.
Estoy cuando estudio algo que me ordena la mente aunque tenga el alma enredada.
No sé qué siento. Pero estoy.
Y eso, hoy, me alcanza.
¿Qué hacés cuando no sabés cómo te sentís?
¿Tenés alguna pausa que te devuelva a vos?
¿Qué parte de tu cuerpo te pide que la escuches?
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