Hay cosas que me sostienen y nadie sabe.
Pequeños rituales.
Pequeñas decisiones.
Pequeños refugios que me rescatan cuando siento que me pierdo.
No son grandes gestos.
A veces es solo un baño caliente.
A veces una taza de café.
A veces estudiar algo para enfocarme,
para no explotar, para no gritar, para no romper nada.
A veces es solo el sonido de mi corazón en la madrugada.
Ese pulso que me dice:
“seguís viva, aunque todo duela.”
Y otras veces…
es simplemente escribir en silencio todo lo que no puedo decir en voz alta.
No necesito que nadie lo entienda.
No necesito explicarlo.
Solo necesito que no me lo quiten.
Porque eso, eso que hago cuando nadie me ve,
es lo que me mantiene entera.
Y sí… hay días en los que ya no puedo más.
En los que volver a mi casa es una batalla muda.
En los que me duele que alguien que me ama
también me ahogue.
Y no quiero odiar.
Pero ya no sé cómo sobrevivir sin dejar de ser yo.
Entonces vuelvo a mis refugios secretos.
Los que no se tocan.
Los que no se critican.
Los que me arman otra vez cuando todo se desarma.
Y me digo, bajito:
“Aunque no me entiendan…
yo me entiendo.
Y me voy a cuidar.”

 
¿Qué cosas te sostienen aunque nadie lo sepa?
¿Qué hacés en secreto para no romperte?
¿Qué parte tuya necesitás proteger del juicio ajeno?
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