Alcohol: agente con potencial tumorigénico
Por Roberto Gutiérrez Alcalá
Desde la década de los años 50 del siglo XX se sabía que el consumo de tabaco causaba cáncer de pulmón; sin embargo, no fue hasta 1966 cuando las cajetillas de cigarros salieron al mercado de Estados Unidos con una etiqueta en la que se leía: “Precaución: fumar puede ser peligroso para la salud”.
Hace unas semanas -es decir, poco más de cincuenta y ocho años después de aquel hecho-, el cirujano general de Estados Unidos -que encabeza el Cuerpo Comisionado del Servicio de Salud Pública y, como tal, es el encargado de proteger, promover e impulsar la salud de los estadounidenses- propuso que las botellas y latas que contengan cualquier bebida alcohólica lleven una etiqueta en la que se advierta que el alcohol puede ocasionar cáncer.
En su informe Alcohol and cancer risk (2025) afirma que, según evidencia científica, el alcohol es la tercera causa prevenible de dicha enfermedad en Estados Unidos y contribuye a que cada año haya unos cien mil casos de cáncer y alrededor de veinte mil muertes por este mal.
Asimismo, describe las pruebas científicas de la relación causal entre el consumo de alcohol y el aumento del riesgo de padecer cuando menos siete tipos de cáncer: de mama, colorrectal, de esófago, de laringe, de hígado, de boca y de garganta.
Cabe señalar que el vínculo entre el alcohol y el cáncer se estableció en la década de los años 60. La propuesta de poner una advertencia en las botellas y latas que contengan cualquier bebida alcohólica tendría que ser aprobada por el Congreso estadounidense.
Acetaldehído
El cáncer se desarrolla cuando las células del organismo se multiplican de manera descontrolada y se extienden a los tejidos circundantes como resultado de algunos cambios en el ácido desoxirribonucleico (ADN), los cuales ocurren en los genes.
Estos cambios en el ADN pueden ser originados por una combinación de factores genéticos y agentes físicos, como las radiaciones ultravioletas y las radiaciones ionizantes; químicos, como el asbesto, el arsénico, las sustancias del humo de tabaco y el alcohol; y biológicos, como algunos virus, bacterias y parásitos.
“El alcohol, per se, no es dañino, pero nuestro organismo lo metaboliza, mediante ciertas enzimas, en un aldehído conocido como acetaldehído, y este metabolito es altamente reactivo con diversos compuestos, incluyendo el ADN, por lo que produce mutaciones en éste. El efecto final es el mismo que arroja cualquier proceso mutagénico: se altera el código de almacenamiento y de lectura de información genética de las células”, indica Alejandro Zentella Dehesa, investigador del Departamento de Medicina Genómica y Toxicología Ambiental, y coordinador del Programa de Cáncer de Mama, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.
De acuerdo con Zentella Dehesa, hay mutaciones genéticas con ganancia de función y otras con pérdida de función. El cáncer es consecuencia de una combinación de estas mutaciones, la cual empujan a las células a dividirse más rápidamente y sin control.
“Y cuando las células se dividen más rápidamente y sin control, se introducen en ellas más mutaciones tanto con ganancia de función como con pérdida de función (estas últimas frenan la proliferación de las células o, bien, las reparan), y así…”, agrega.
Enzimas
En Estados Unidos, alrededor de 80% de la población está consciente de que el tabaco es un poderoso cancerígeno, pero tan sólo 45% de ella sabe que el alcohol puede ocasionar cáncer.
“Yo creo que aquí, en México, la gran mayoría de la población tampoco sabe que el alcohol es un agente con potencial tumorigénico. Y ya vendría siendo hora de que empezara a enterarse de ello”, comenta el investigador universitario.
El informe antes citado refiere que alrededor de 83% de las veinte mil muertes anuales por cáncer relacionadas con el alcohol en Estados Unidos está ligado a niveles de consumo superiores a los límites recomendados en las Guías Alimentarias para los Estadounidenses de 2020-2025, que son de dos bebidas alcohólicas diarias para los hombres y una diaria para las mujeres. No obstante, en cuanto al porcentaje restante de decesos (17%), se asocia a niveles que están dentro de los límites recomendados...
Ahora bien, ¿por qué algunas personas con un bajo consumo de alcohol desarrollan cáncer? Zentella Dehesa responde: “Porque tienen enzimas muy eficientes para metabolizarlo y, por lo tanto, con la misma dosis de alcohol producen más acetaldehído que otras. En un estudio se vio que, con la misma dosis de alcohol, personas de origen asiático se emborrachaban antes que otras de origen distinto, porque eran capaces de metabolizar más eficientemente el alcohol en acetaldehído, y más lentos en destoxificarlo. En teoría, ellas correrían más riesgo de desarrollar cáncer. Y debe de haber un sector de la población humana que tiene enzimas no muy eficientes para metabolizar el alcohol en acetaldehído, y ese sector de algún modo estaría protegido contra el cáncer.”
No más de tres onzas a la semana
En opinión del investigador, es fundamental tener en cuenta que beber más de tres onzas (90 mililitros) de alcohol a la semana, que equivalen a tres litros de cerveza o a una botella y media de vino, aumenta el riesgo de desarrollar cáncer.
“No importa qué bebida alcohólica tomemos: vino, cerveza, tequila, mezcal, brandy, whisky, vodka… Todas contienen el mismo tipo de alcohol: etílico. El peligro estriba en el daño que se va acumulando en nuestro organismo. En este sentido, habría que aprovechar la iniciativa del cirujano general de Estados Unidos para empezar a reflexionar al respecto. Creo que ponerle una etiqueta a las bebidas alcohólicas en la que se advierta que pueden ocasionar cáncer no será posible en México en el corto plazo. Las industrias del ramo (vitivinícola, cervecera, tequilera, etcétera…) harán todo lo necesario para impedirlo. Sin embargo, los consumidores tenemos derecho a estar informados sobre todas las consecuencias de beber alcohol”, concluye.
Informe de la OMS/Europa
De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud/Europa, publicado en febrero de este año, es urgente que las bebidas alcohólicas muestren etiquetas en las que se advierta que el consumo de alcohol puede ocasionar cáncer.
Esta medida, se cree, permitiría empoderar a los consumidores para que tomen decisiones informadas que ayuden a reducir los daños relacionados con el alcohol.
A pesar de que el cáncer es la principal causa de muerte atribuible al alcohol en la Unión Europea (UE), sólo un porcentaje alarmantemente bajo de la población está consciente de ello.
Hasta la fecha, Irlanda es el primer país de la UE y el segundo país del mundo (después de Corea del Sur) en promulgar una ley para poner etiquetas de advertencia sanitaria en las bebidas alcohólicas (entrará en vigor en 2026).
Prohíben el colorante Rojo N° 3
Hace unas semanas, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos prohibió el uso del colorante eritrosina en alimentos y medicamentos ingeridos, porque se llegó a la conclusión de que es cancerígeno.
Estudios llevados a cabo hace más de treinta años demostraron que, en animales (roedores), este colorante sintético elaborado a partir del petróleo aumentaba el riesgo de padecer cáncer de tiroides.
Conocido también como E-127 en Europa y Rojo N° 3 en América del Norte, no podía utilizarse desde 1990 en cosméticos ni en medicamentos aplicados directamente sobre la piel, debido a que se tenía la sospecha de que provocaba alergias, problemas tiroideos y cáncer en las personas.
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