Padre nuestro
Por Roberto Gutiérrez Alcalá
Padre nuestro
que estás en los cielos,
quédate allá arriba,
entre las nubes vaporosas
y etéreas,
y no volteés a ver
lo que somos,
seres marchitos,
tristes,
abandonados de sí mismos,
ni prestes atención
a nuestras plegarias
y lamentaciones convenencieras
y oportunistas,
y permite que hagamos nuestra voluntad
bajo cualquier circunstancia,
siempre,
y deja que nos hundamos
cada vez más
en la fanfarronería
y la necedad,
hasta que el dolor
y la desolación
alcancen niveles insoportables
y nos derroten
y nos hagan comprender
y aceptar
que lo más conveniente,
entonces,
es diluirse
en el silencio.
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