Se escribe incansablemente,

como si las palabras, en algún momento, decidieran abandonar mis paisajes.

Entonces no queda más que escribir, escribir y escribir.

Bajo la noche con un cigarrillo en la boca y unas cuantas cervezas en el cuerpx.

El cielo está demasiado ennegrecido como para que las estrellas decidan bajar a acompañarme.

Pongo play al mismo grupo de siempre, el que me acompaña de lunes a viernes:

Khoiba.

Un grupo de trip hop checo que, desde hace años, resguarda esos rincones donde el vacío suele hacer ruido.

La voz de Emma Brabcová llega como un oleaje manso a mis oídos.

Me pierdo en cada compás, como si las notas que alcanza fueran abriendo una grieta en la noche,

y, por unos minutos,

consiguieran llevarme muy lejos de aquí.

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