En el punto exacto donde convergen
Borgoño con Tres Poniente
veo a la Carmela interrogando a pájaros
y drogadictos sobre el paradero de su Hijo
 
Atraviesa la calle en zigzagueante
línea recta cuando me reconoce
se aferra a mi brazo como loca
me muestra los últimos estigmas
a falta de mejores fotografías
 
Como no dejo de ser psicólogo
ni siquiera cuando me olvido
le sugiero se calme
con una voz que más bien se parece
al silencio
 
La Carmela, por fin, escucha mis ruegos
y me pide la lleve, otra vez, de regreso
a su reino
no sin antes anatematizar por los siglos
de los siglos tanta humana bajeza
 
En la cuadra número seiscientos
sesenta y seis
de una calle demasiado oscura
para recordar su nombre
balbuce ideas ininteligibles
 
Yo la ciño del talle translúcido
para que no se desmaye
le ordeno la aureola que se enreda en sus greñas
seco la sangre que rueda por sus mejillas
con una astucia infinita la empujo a vivir
 
"Ud. se parece a mi madre señora" -le digo-
 
Y tras un púdico beso me aparto de ella
en el frontispicio de su pocilga
sin que se diera cuenta, por cierto
de que en ese momento yo ni siquiera lloraba
pero tampoco reía, pero tampoco reía.
9740

Cargando comentarios...