VENEZUELA: S.O.S. AL MUNDO (UN MANIFIESTO)
VENEZUELA: S.O.S. AL MUNDO
(UN MANIFIESTO)
En esta tierra que sueña con la libertad amanece temprano y caluroso. Una tensa calma envuelve ciudades y pueblos que decidieron oponerse a los desmanes de un régimen dictatorial y abusivo que mediante trampas ha logrado perpetuarse en el poder pese a su fracaso en todos los ámbitos, y que intenta obligar al ciudadano común a transitar la senda de un sistema incapaz de satisfacer sus necesidades elementales, como alimentación, educación, salud y servicios, un régimen que se erige en empresario, confiscando empresas, fundos y granjas que daban sostenimiento a una calidad de vida hasta cierto punto aceptable, para traer a cambio ruina, escasez, desabastecimiento, desempleo y miseria.
Para quienes nos ven desde afuera, puede resultar inexplicable que se reclame por temas tan esenciales como alimentación o salud si organismos multilaterales como FAO o la OMS y otros similares registran elocuentes cifras en torno a la reducción de la pobreza crítica y el mejoramiento de la calidad de vida, expresadas en planes y programas como Mercal que patentiza la soberanía alimentaria; el Currículo Bolivariano, que afianza valores éticos y morales en los educandos además de preparar a las nuevas generaciones para los retos planteados; Barrio Adentro, que vela por la salud integral del pueblo; y el Plan Patria Segura, que permite transitar por espacios antes dominados por la delincuencia.
Desde ahí, todo luce coherente con el discurso de quienes gobiernan; pero hay que recordar que son los mismos gobiernos de cada país quienes hacen llegar esos datos a los entes internacionales, y estamos hablando de un gobierno mentiroso y fraudulento que maquilla las cifras de sus fracasos y ha arrodillado a los poderes públicos para conformar una sola voz, un solo discurso, un solo pensamiento. Nadie de la FAO o la OMS se viene a vivir al país para corroborar la veracidad de esas cifras.
Por eso, tales organismos no pueden constatar que Mercal abastece solo a una ínfima parte de la población y que muchos de sus productos no tienen la calidad requerida, y por eso, las amas de casa deben hacer un verdadero tour por toda la ciudad, para comprar con su escaso salario los productos básicos, y conseguir solo algunos de ellos después de largas horas haciendo fila, esfuerzo que a veces resulta infructuoso pues ciertos rubros simplemente no están en los anaqueles, amas de casa que en forma indigna son marcadas con un número correlativo en sus brazos para que no cometan el grave delito de comprar dos unidades del mismo rubro.
Tampoco pueden confirmar que el Currículo Bolivariano es parte de una reforma que fue presentada a consideración y derrotada en referéndum popular, y que hoy en día es un tema de discusión para los maestros y representantes en escuelas y liceos por ser inconstitucional y atentatorio de derechos expresados en la Constitución, como libertad de pensamiento y libre accionar del ciudadano. No pueden, entonces, observar el evidente adoctrinamiento e ideologización de niños en colegios y liceos, así como el enaltecimiento de valores reñidos con el pluralismo, aspecto que intenta sustituir una formación libre y ciudadana orientada al respeto mutuo y la tolerancia de las ideas de quien no piensa igual.
Del mismo modo, no pueden verificar que Barrio Adentro es apenas una simple red de salud primaria, ineficiente y de escasos recursos, que no es capaz de atender a toda la población, además con un alto porcentaje de módulos clausurados. Desde esos centros, las emergencias son remitidas a hospitales, que a su vez, están totalmente desabastecidos, donde cada paciente debe llevar los insumos para poder ser atendido y en los que a los médicos se les prohíbe divulgar las carencias y necesidades que les impide llevar a cabo su trabajo de manera adecuada. No pueden darse cuenta, entonces, que los mismos jerarcas del régimen y sus familias cuando tienen una necesidad médica acuden a centros de salud privados o del exterior, y no a Barrio Adentro precisamente.
Menos podrán entonces comprobar que el Plan Patria Segura es sólo uno de los innumerables planes de seguridad ensayados en quince años pues entre 1999 y 2014 se han aplicado veinte planes de seguridad para disminuir el índice delictivo, siendo inefectivos todos ellos, pues se juega a ensayo y error con la seguridad del pueblo. Por eso, en el pasado año 2013 murieron en Venezuela 25.000 personas por la inseguridad, más que en México, que cuadruplica nuestra población y enfrenta la guerra de los carteles de la droga, más que en Colombia cuyas pérdidas anuales por ese tema son muchísimo menores con una vez y media más habitantes y el grave problema de la guerrilla traficante y asesina. No pueden entonces comprobar que en 15 años van más de 200.000 fallecidos por el hampa.
Todo ello sintetiza la realidad de un pueblo que no puede acceder con dignidad a sus derechos elementales aunque en los últimos quince años, con un barril de petróleo fluctuando por encima de 100 dólares, Venezuela ha recibido más divisas que en todo el resto de su historia republicana sin que nadie pueda explicar dónde están esos recursos, pues la explicación de que han sido invertidos en planes sociales es risible y fantasiosa. En ese punto, es importante considerar que esos recursos han servido para comprar conciencias adentro y afuera mediante dádivas y regalos.
Una parte ha servido para mantener costosas campañas de promoción al gobierno y para fines electorales o electoreros; y otra, simplemente se ha despilfarrado en gastos superfluos y para asegurar la adoración de personajes mesiánicos cuyo ego ha transpuesto las fronteras del país y de la imaginación. Hablamos de un país donde la inflación cerró en febrero del último año, acumulando una tasa anualizada de 57,3 %, y hasta las cifras oficiales revelan una escasez que raya en el 30 % y se quedan cortos, pero además, los alimentos subieron de precio más del 80 % en un año y en lo que va de 2014 se ha importado más de un millón de toneladas de alimentos sin que eso garantice satisfacción de necesidades en un país que, además de petróleo, ahora no produce más nada.
En otro perfil, según las cifras del gobierno, en Venezuela estudian diez millones de personas, un 37 % de los treinta millones de habitantes que tiene el país, repartido en los distintos niveles educativos, con un gran porcentaje de nuevos preescolares, escuelas, liceos, universidades y misiones educativas creadas por el gobierno bajo la visión bolivariana. No obstante, la calidad de esa educación se ve comprometida por el simple afán de presentar cifras propagandísticas a la opinión pública interna y externa, cuando lo cierto es que sus contenidos son realmente pobres y se abunda en una férrea y aberrante enseñanza ideologizada, descuidando la verdadera preparación del estudiante en base a su buen rendimiento desde preescolar hasta la universidad.
En ese mismo tenor, Venezuela posee una larga lista de gravísimos problemas que la aquejan, como la crisis hospitalaria que diariamente afecta a los venezolanos, donde fallecen personas en los hospitales, en sus emergencias y sitios de hospitalización mientras esperan ser atendidos, porque, aunque no se crea, no hay equipos, materiales, medicamentos o camas para atenderlos, pero tampoco personal suficiente para prestar atención al gran número de personas que diariamente acuden en busca de la salud y donde cada vez se hace más evidente el deterioro de las instalaciones y la escasez de medicinas.
De igual modo, pese a los innumerables planes, se ha incrementado la tasa de homicidios en el país y hoy Caracas y otras ciudades del país están entre las ciudades más peligrosas del mundo. Con la puesta en marcha del Plan Patria Segura, se anunció que los índices de secuestros, homicidios y robos habían disminuido. No obstante, las ONG (Y mira que les doy crédito a esta gente, porque siempre dice la verdad) revelan que en 2013 las muertes violentas se incrementaron 14 % respecto a 2012, información que fue desestimada por las autoridades. En ese caso, es bueno recordar que en Venezuela está prohibido a los medios de comunicación revelar cifras que provengan directamente de las morgues ¿Qué tal?
Claro, es el país de lo insólito, donde los gatos ladran, el país del mundo al revés, el país bizarro…, y todas esas definiciones configuran una realidad en la que el gobierno, causante inexcusable de la crisis, no asume nunca su cuota de responsabilidad, desestima cualquier observación y descalifica a quien se atreva a ponerla en el tapete, buscando siempre la manera de endilgar a otros sus fallas y errores, porque el venezolano de nuestros días no cuenta con la responsabilidad de sus gobernantes para hablar claro y asumir los costos políticos que haya que asumir.
En esa perspectiva, tenemos que los enchufados del gobierno son golpistas declarados (dos golpes de Estado en 1992), que además han manifestado públicamente su participación intelectual en el “Caracazo”, pero señalan como golpistas a otros: la culpa de la crisis la tiene la Cuarta República (Dios mío, tienen quince años en el poder), denominan fascistas a otros (y todos sabemos que, por definición, sólo puede ser fascista quien detenta el poder), y acusan a otros de apátridas y vende patria (por aquello de que se intenta regalar el país al imperio) y resulta que es el gobierno cubano quien está metido en todos los aspectos de la vida nacional, léase salud, deporte, registros públicos y notarías e inclusive en la Fuerza Armada y tienen poder de decisión por sobre los oficiales venezolanos.
Sí… amanece temprano y caluroso. Hoy saldré de nuevo a la calle a protestar, aunque el Tribunal Supremo de Justicia, que no tiene nada de tribunal ni de supremo ni menos de justicia, acaba de firmar una ilegítima sentencia según la cual para que una protesta pueda ser “legal” debe ser autorizada por el gobierno… Habrase visto mayor desfachatez… ¿Cómo explicárselo a Gandi, a Mandela, a Walesa y su Movimiento Solidaridad o al Movimiento OTPOR si la propia Constitución honra ese derecho a disentir sin mayor requisito que los que dicta su contenido y la propia conciencia? ¿Cómo puedo mostrar a alguien mi descontento si debo hacerlo bajo su previa anuencia? ¿Qué legitimidad podría tener para mí un acto como ese si precisamente protesto por todo ese estado de cosas?
No importa. Besaré a mi mujer, a mis hijos, a mi nieta y me iré a la calle…, no sé si volveré porque uno nunca lo sabe. La Constitución me ampara, y que eso se cumpla es tarea del TSJ, que en lugar de hacer coro al régimen y correr a ejecutar sus órdenes, deben entender que cada poder público tiene que ser autónomo, sin jefes ni parcialidades políticas… No tengo miedo porque cuando la patria exige sacrificios ineludibles a sus hijos, como el de ahora, el premio tiene que ser la gloria de la libertad. ¿Cuál libertad? La mía, la de todos, y en especial la de los niños que hoy existen y los que vendrán, a quienes tocará pagar deudas irresponsables de aquellos que vendieron el futuro de la patria al mejor postor.
Es bueno saber que en el actual conflicto que existe en Venezuela la crispación política es total. El país luce polarizado y pensar distinto marca la diferencia. En lo económico, el régimen no tiene capacidad para resolver los graves problemas de carestía que aquejan al ciudadano común y la cesta básica pasó de 10.000 Bs. a 17.000, casi cinco salarios básicos. En lo social, la inseguridad personal no es un decir, es una amenaza que se patentiza todos los días, basta transitar las calles o descubrir en la prensa los niveles de criminalidad que están acabando con la gente. La perspectiva moral, esa es quizá la más grave pues el sentimiento de impotencia y desencanto está haciendo estragos en los principios y valores sembrados durante los años de democracia vividos.
De esos valientes muchachos que día a día se arriesgan a tomar las calles para mostrar su descontento a pecho abierto, algunos regresarán muertos a su casa y no podrán ver la nueva Venezuela por la que tanto lucharon: cayeron en combate, fueron masacrados y ofrendaron su sangre y sus sueños en la más grande apuesta que han podido hacer: una patria mejor; otros deberán pagar largas y penosas condenas por su osadía de revelarse contra un régimen opresor, por sostener con decisión las banderas de la libertad de pensamiento y acción ciudadana, por no estar dispuestos a permitir la destrucción de la patria.
Cuando a un pueblo se le cercenan sus valores más preciados y se le divide moralmente es inevitablemente colocado al borde del precipicio, tal como está ocurriendo en esta tierra bendita cuyos hijos son hijos que ya han parido libertad varias veces.., ¡y cuidado! porque la sangre libertaria de nuestros próceres aún fluye en las venas de sus herederos: niños que cambiaron sus libros de escuela por banderas y se fueron a entonar el Himno Nacional: ¡Abajo cadenas…! Sí… pero esa sangre derramada y los sueños rotos serán cobrados en algún momento de la historia. Al menos, hoy en día los juicios por violación de derechos humanos fundamentales no prescriben, de eso debe tomar nota los jerarcas del régimen y recordar los casos de Videla, Pinochet y otros tiranos en las cortes internacionales.
Aunque a fin de cuentas, nada consolará a las madres que perdieron a sus hijos en la atroz arremetida que intenta someter la protesta popular. ¿Cómo pueden justificar ante esas madres que sus muchachos ya no volverán a casa? ¿Qué se les puede decir a quienes esperan en algún retén penitenciario que liberen a sus hijos, hermanos o padres que están presos por opinar o por activarse en una protesta que debe estar bendecida por Dios por ser justa e igualitaria? Podríamos, por ejemplo, intentar entender los argumentos de la Fiscalía General de la República al explicar que quienes protestan son delincuentes, sabiendo que los colectivos armados del gobierno saquean e incendian comercios para criminalizar la protesta.
Sin embargo, las decisiones electorales del pueblo son desestimadas por un Tribunal Supremo de Justicia en componenda con una Defensoría del Pueblo que no defiende más que al régimen tramposo que se perpetúa de manera fraudulenta, mientras desconoce a quienes han asumido de manera legítima cargos de elección popular regional o local, montándoles gobiernos paralelos y negándoles los recursos que les corresponden sólo para entorpecer su trabajo. Pero, además de eso, se criminaliza la protesta, se persigue a la disidencia y se encarcela a los líderes fundamentales de la alternativa democrática. Nadie está exento… ni quiere estarlo.
De ese modo, mientras se depone del cargo a alcaldes que obtuvieron altísimos porcentajes de votación y se les apresa e inhabilita, y se allana la inmunidad a diputados, destituyéndolos de manera inconstitucional, se llama a una mesa de diálogo por la paz donde cualquier demanda, en señal de buena fe, es rechazada; y se nombra una comisión de la verdad para dilucidar el fallecimiento de venezolanos en los recientes disturbios, la cual tiene mayoría sustancial del gobierno, como si no existiera suficiente documentación de la acción brutal de cuerpos militares, policiales y parapoliciales del régimen, con una participación considerable de los colectivos armados que han llegado hasta a quemar universidades.
Señores: Venezuela es hoy un país sin libertad… aún cuando su referencia histórica es ser tierra de héroes que lucharon contra la tiranía y la injusticia para lograr la paz y la libertad. No hay paz sin libertad ni libertad sin paz. Venezuela, la cuna de Bolívar y la de Bello: el primero, padre insigne de la independencia americana; el otro, un excelso maestro que con su pluma sin igual alumbró los saberes de todo un continente. Dos formas de lucha distintas que convergen en una misma dirección: libertad, justicia e igualdad. En Venezuela, hoy, igual que ayer, también mueren sus hijos luchando por esa ansiada condición inherente al ser humano como principio y valor esencial de vida: la libertad.
Venezuela es una tierra de gracia que siempre supo, sin distingos de clase, raza, credo o preferencia política, dar cobijo a quienes vio nacer y a quienes vio llegar, hermana solidaria en el sentimiento y fiel a su raíz latinoamericana. Quienes observen hoy de cerca la realidad venezolana, pero muy especialmente nuestros hermanos de Latinoamérica, deben estar viendo con asombro cómo se han perdido en poco tiempo los mayores espacios de paz, justicia y libertad que alguna vez existieron en América y que tanto costó conseguir, y se ha reducido la convivencia social y el pluralismo para dar paso a la pretendida imposición de un pensamiento único, la segregación, el soborno social y la censura.
Si bien es cierto, la democracia venezolana estaba siendo asaltada por la corrupción y el pillaje, aún quedaban vestigios de honorabilidad y de decencia en la clase política gobernante, más aún, en los Poderes Públicos actuantes, de hecho, un presidente fue enjuiciado y condenado en esa Venezuela de entonces, donde, en efecto, las barraganas tenían poder. Bueno, hoy en día, quien detenta el poder no puede habitar La Casona, el hogar presidencial, porque está habitada todavía por la familia del difunto Chávez, que se atornilló en esos espacios...
De cualquier manera, quince años después, el panorama no ofrece los cambios prometidos y esperados: ha aumentado la corruptela y el tráfico de influencias así como la pérdida de credibilidad en las instituciones y en los Poderes Públicos, que, arrodillados a una parcialidad política, no les tiembla el pulso para perseguir, condenar y ejecutar una sentencia firme contra el que disienta de la práctica autoritaria de quienes detentan el poder, autócratas consumados que con el más crudo nepotismo acomodan en cargos públicos importantes a hijos, hermanos, padres y sobrinos.
Venezuela es un país que se dice dividido en dos grandes mitades: oficialistas y opositores; pero donde, en realidad, la verdadera división se registra entre un pequeño grupo de nuevos oligarcas, enchufados en el poder, y una mayoría que sufre los embates del empobrecimiento, la escasez y la inseguridad. Venezuela es un país sumido en la violencia, el radicalismo y el odio entre hermanos. Es la era de la boliburguesía.
Durante los últimos tres lustros, en Venezuela se desaprovechó la oportunidad de concretar un crecimiento económico sostenido con el cual abandonar la economía rentista de la industria petrolera, pero también se han perdido inmensos recursos provenientes de la exportación de crudo que han ido a parar a los bolsillo de grandes jerarcas del poder, que en el pasado no tenían donde caerse muertos y en la actualidad habitan lujosas mansiones mientras hablan de igualdad… Qué paradoja, pareciera que en la Venezuela actual la democracia es una metáfora.
Siempre se ha dicho que los países no tienen amigos sino intereses, y ello cobra fuerza y vigencia en el caso venezolano, pues en el contexto latinoamericano, sólo algunas naciones han alzado su voz para reclamar el cese del atropello contra el pueblo venezolano: rindo honor a Panamá ¡VALIENTE! por anteponer sus principios y valores a la dádiva mezquina. Contrariamente, no ha habido acción alguna de los organismos ideados para defender los derechos de los pueblos, la resolución de conflictos y la búsqueda del entendimiento entre las naciones: ni los ya obsoletos y prácticamente desarticulados, como la OEA, ni otros más nuevos y marcados con el estigma de la vulgar conveniencia circunstancial y el negocio, como UNASUR, todos ellos sostenidos con la generosa cuota de unos pocos para el disfrute de muchos, pero que son, sin duda, simples clubes para la trampa engañosa, el acuerdo interesado y la celada política.
Pero hay que dejar claro que para la mayoría de los venezolanos lo que mostraría al mundo su realidad no es una sentencia favorable de esos organismos podridos y amarrados a la dádiva, lo cual no ocurrirá; sino el apoyo honesto y desinteresado en las voces de los pueblos que habitan el continente, a quienes, por cierto, les conviene no prospere en la región el autoritarismo y la dictadura, odiosos fantasmas que ya han sufrido hasta la saciedad esos pueblos, y que se niegan a morir en América Latina, como amenaza latente de la que tarde o temprano podrían ser fácil presa.
En las fauces podridas de la ignominia, el oprobio y la deshonra podemos caer si no alzamos nuestra voz, pues las acciones del gobierno están dirigidas sólo a satisfacer insaciables apetitos de quienes, con el único fin de eternizarse, desecharon principios y valores esenciales que marcaron el rumbo y el accionar del venezolano, amante de la libertad, la democracia, la igualdad. Por esos están los jóvenes en la calle, para mostrarnos cómo impedir que se nos imponga una ideología que intenta manejar todos los actos de su vida, muchachos que a veces ni siquiera logran expresar su punto de vista porque una bala lo impidió.
No obstante, ese ímpetu de la juventud que clama libertad no puede morir nunca, como no lo hizo en la Batalla de La Victoria, donde todos fueron héroes, aunque muchos murieron… y donde todos vencieron a la tiranía… En estos días mueren muchachos que salen a mostrar su descontento hasta que aparece un guardia nacional (así en minúsculas) y cercena la vida de quien pudo ser un médico, educador o simplemente alguien para dar aliento y fortalecer las bases sociales de su país.
Por eso no es extraño que la intolerancia se refugie en la impunidad violando la Carta Magna que exige en cada actuación de toda autoridad electa popularmente, la equidad, transparencia y probidad que propende en sus artículos, aunque algunos la interpreten según sus conveniencias, y por eso, los cuarteles militares pueden exhibir estandartes y consignas del partido político que está en el poder sin que intervengan los órganos jurisdiccionales, pues todos son ingredientes del mismo guiso.
Cobra fuerza ahí el realismo mágico genialmente expresado por Gabo en sus obras, y cualquier cosa contraria a lo esperado, según las leyes, puede estar ocurriendo: la criminalización de algún derecho consagrado en la Constitución, como la protesta, o la judicialización de la política o la politización de las instituciones que deberían velar por el cumplimiento de la ley, siendo destacable en ello el accionar del Tribunal Supremo de Justicia, que realiza juicios como un tribunal ordinario, destituyendo y apresando a quienes fueron electos por voluntad popular.
Por eso Venezuela ha lanzado un S.O.S al mundo a la espera de ser escuchada y lo que pase en Venezuela ya está avisado, no habrá sorpresas. Venezuela lucha por su libertad… no hay marcha atrás. Al momento de este escrito, van 85 días de protesta en las calles, más de 40 muertos, casi 800 heridos y como 2.600 detenidos y torturados. Y aunque se dice que todo está calmado, no es cierto. Sólo hay una tensa calma. Pero siguen vivos los reclamos, exigencias y demandas, que poco a poco se extenderán a la conciencia de todos los que vivimos en esta bella patria.
(UN MANIFIESTO)
En esta tierra que sueña con la libertad amanece temprano y caluroso. Una tensa calma envuelve ciudades y pueblos que decidieron oponerse a los desmanes de un régimen dictatorial y abusivo que mediante trampas ha logrado perpetuarse en el poder pese a su fracaso en todos los ámbitos, y que intenta obligar al ciudadano común a transitar la senda de un sistema incapaz de satisfacer sus necesidades elementales, como alimentación, educación, salud y servicios, un régimen que se erige en empresario, confiscando empresas, fundos y granjas que daban sostenimiento a una calidad de vida hasta cierto punto aceptable, para traer a cambio ruina, escasez, desabastecimiento, desempleo y miseria.
Para quienes nos ven desde afuera, puede resultar inexplicable que se reclame por temas tan esenciales como alimentación o salud si organismos multilaterales como FAO o la OMS y otros similares registran elocuentes cifras en torno a la reducción de la pobreza crítica y el mejoramiento de la calidad de vida, expresadas en planes y programas como Mercal que patentiza la soberanía alimentaria; el Currículo Bolivariano, que afianza valores éticos y morales en los educandos además de preparar a las nuevas generaciones para los retos planteados; Barrio Adentro, que vela por la salud integral del pueblo; y el Plan Patria Segura, que permite transitar por espacios antes dominados por la delincuencia.
Desde ahí, todo luce coherente con el discurso de quienes gobiernan; pero hay que recordar que son los mismos gobiernos de cada país quienes hacen llegar esos datos a los entes internacionales, y estamos hablando de un gobierno mentiroso y fraudulento que maquilla las cifras de sus fracasos y ha arrodillado a los poderes públicos para conformar una sola voz, un solo discurso, un solo pensamiento. Nadie de la FAO o la OMS se viene a vivir al país para corroborar la veracidad de esas cifras.
Por eso, tales organismos no pueden constatar que Mercal abastece solo a una ínfima parte de la población y que muchos de sus productos no tienen la calidad requerida, y por eso, las amas de casa deben hacer un verdadero tour por toda la ciudad, para comprar con su escaso salario los productos básicos, y conseguir solo algunos de ellos después de largas horas haciendo fila, esfuerzo que a veces resulta infructuoso pues ciertos rubros simplemente no están en los anaqueles, amas de casa que en forma indigna son marcadas con un número correlativo en sus brazos para que no cometan el grave delito de comprar dos unidades del mismo rubro.
Tampoco pueden confirmar que el Currículo Bolivariano es parte de una reforma que fue presentada a consideración y derrotada en referéndum popular, y que hoy en día es un tema de discusión para los maestros y representantes en escuelas y liceos por ser inconstitucional y atentatorio de derechos expresados en la Constitución, como libertad de pensamiento y libre accionar del ciudadano. No pueden, entonces, observar el evidente adoctrinamiento e ideologización de niños en colegios y liceos, así como el enaltecimiento de valores reñidos con el pluralismo, aspecto que intenta sustituir una formación libre y ciudadana orientada al respeto mutuo y la tolerancia de las ideas de quien no piensa igual.
Del mismo modo, no pueden verificar que Barrio Adentro es apenas una simple red de salud primaria, ineficiente y de escasos recursos, que no es capaz de atender a toda la población, además con un alto porcentaje de módulos clausurados. Desde esos centros, las emergencias son remitidas a hospitales, que a su vez, están totalmente desabastecidos, donde cada paciente debe llevar los insumos para poder ser atendido y en los que a los médicos se les prohíbe divulgar las carencias y necesidades que les impide llevar a cabo su trabajo de manera adecuada. No pueden darse cuenta, entonces, que los mismos jerarcas del régimen y sus familias cuando tienen una necesidad médica acuden a centros de salud privados o del exterior, y no a Barrio Adentro precisamente.
Menos podrán entonces comprobar que el Plan Patria Segura es sólo uno de los innumerables planes de seguridad ensayados en quince años pues entre 1999 y 2014 se han aplicado veinte planes de seguridad para disminuir el índice delictivo, siendo inefectivos todos ellos, pues se juega a ensayo y error con la seguridad del pueblo. Por eso, en el pasado año 2013 murieron en Venezuela 25.000 personas por la inseguridad, más que en México, que cuadruplica nuestra población y enfrenta la guerra de los carteles de la droga, más que en Colombia cuyas pérdidas anuales por ese tema son muchísimo menores con una vez y media más habitantes y el grave problema de la guerrilla traficante y asesina. No pueden entonces comprobar que en 15 años van más de 200.000 fallecidos por el hampa.
Todo ello sintetiza la realidad de un pueblo que no puede acceder con dignidad a sus derechos elementales aunque en los últimos quince años, con un barril de petróleo fluctuando por encima de 100 dólares, Venezuela ha recibido más divisas que en todo el resto de su historia republicana sin que nadie pueda explicar dónde están esos recursos, pues la explicación de que han sido invertidos en planes sociales es risible y fantasiosa. En ese punto, es importante considerar que esos recursos han servido para comprar conciencias adentro y afuera mediante dádivas y regalos.
Una parte ha servido para mantener costosas campañas de promoción al gobierno y para fines electorales o electoreros; y otra, simplemente se ha despilfarrado en gastos superfluos y para asegurar la adoración de personajes mesiánicos cuyo ego ha transpuesto las fronteras del país y de la imaginación. Hablamos de un país donde la inflación cerró en febrero del último año, acumulando una tasa anualizada de 57,3 %, y hasta las cifras oficiales revelan una escasez que raya en el 30 % y se quedan cortos, pero además, los alimentos subieron de precio más del 80 % en un año y en lo que va de 2014 se ha importado más de un millón de toneladas de alimentos sin que eso garantice satisfacción de necesidades en un país que, además de petróleo, ahora no produce más nada.
En otro perfil, según las cifras del gobierno, en Venezuela estudian diez millones de personas, un 37 % de los treinta millones de habitantes que tiene el país, repartido en los distintos niveles educativos, con un gran porcentaje de nuevos preescolares, escuelas, liceos, universidades y misiones educativas creadas por el gobierno bajo la visión bolivariana. No obstante, la calidad de esa educación se ve comprometida por el simple afán de presentar cifras propagandísticas a la opinión pública interna y externa, cuando lo cierto es que sus contenidos son realmente pobres y se abunda en una férrea y aberrante enseñanza ideologizada, descuidando la verdadera preparación del estudiante en base a su buen rendimiento desde preescolar hasta la universidad.
En ese mismo tenor, Venezuela posee una larga lista de gravísimos problemas que la aquejan, como la crisis hospitalaria que diariamente afecta a los venezolanos, donde fallecen personas en los hospitales, en sus emergencias y sitios de hospitalización mientras esperan ser atendidos, porque, aunque no se crea, no hay equipos, materiales, medicamentos o camas para atenderlos, pero tampoco personal suficiente para prestar atención al gran número de personas que diariamente acuden en busca de la salud y donde cada vez se hace más evidente el deterioro de las instalaciones y la escasez de medicinas.
De igual modo, pese a los innumerables planes, se ha incrementado la tasa de homicidios en el país y hoy Caracas y otras ciudades del país están entre las ciudades más peligrosas del mundo. Con la puesta en marcha del Plan Patria Segura, se anunció que los índices de secuestros, homicidios y robos habían disminuido. No obstante, las ONG (Y mira que les doy crédito a esta gente, porque siempre dice la verdad) revelan que en 2013 las muertes violentas se incrementaron 14 % respecto a 2012, información que fue desestimada por las autoridades. En ese caso, es bueno recordar que en Venezuela está prohibido a los medios de comunicación revelar cifras que provengan directamente de las morgues ¿Qué tal?
Claro, es el país de lo insólito, donde los gatos ladran, el país del mundo al revés, el país bizarro…, y todas esas definiciones configuran una realidad en la que el gobierno, causante inexcusable de la crisis, no asume nunca su cuota de responsabilidad, desestima cualquier observación y descalifica a quien se atreva a ponerla en el tapete, buscando siempre la manera de endilgar a otros sus fallas y errores, porque el venezolano de nuestros días no cuenta con la responsabilidad de sus gobernantes para hablar claro y asumir los costos políticos que haya que asumir.
En esa perspectiva, tenemos que los enchufados del gobierno son golpistas declarados (dos golpes de Estado en 1992), que además han manifestado públicamente su participación intelectual en el “Caracazo”, pero señalan como golpistas a otros: la culpa de la crisis la tiene la Cuarta República (Dios mío, tienen quince años en el poder), denominan fascistas a otros (y todos sabemos que, por definición, sólo puede ser fascista quien detenta el poder), y acusan a otros de apátridas y vende patria (por aquello de que se intenta regalar el país al imperio) y resulta que es el gobierno cubano quien está metido en todos los aspectos de la vida nacional, léase salud, deporte, registros públicos y notarías e inclusive en la Fuerza Armada y tienen poder de decisión por sobre los oficiales venezolanos.
Sí… amanece temprano y caluroso. Hoy saldré de nuevo a la calle a protestar, aunque el Tribunal Supremo de Justicia, que no tiene nada de tribunal ni de supremo ni menos de justicia, acaba de firmar una ilegítima sentencia según la cual para que una protesta pueda ser “legal” debe ser autorizada por el gobierno… Habrase visto mayor desfachatez… ¿Cómo explicárselo a Gandi, a Mandela, a Walesa y su Movimiento Solidaridad o al Movimiento OTPOR si la propia Constitución honra ese derecho a disentir sin mayor requisito que los que dicta su contenido y la propia conciencia? ¿Cómo puedo mostrar a alguien mi descontento si debo hacerlo bajo su previa anuencia? ¿Qué legitimidad podría tener para mí un acto como ese si precisamente protesto por todo ese estado de cosas?
No importa. Besaré a mi mujer, a mis hijos, a mi nieta y me iré a la calle…, no sé si volveré porque uno nunca lo sabe. La Constitución me ampara, y que eso se cumpla es tarea del TSJ, que en lugar de hacer coro al régimen y correr a ejecutar sus órdenes, deben entender que cada poder público tiene que ser autónomo, sin jefes ni parcialidades políticas… No tengo miedo porque cuando la patria exige sacrificios ineludibles a sus hijos, como el de ahora, el premio tiene que ser la gloria de la libertad. ¿Cuál libertad? La mía, la de todos, y en especial la de los niños que hoy existen y los que vendrán, a quienes tocará pagar deudas irresponsables de aquellos que vendieron el futuro de la patria al mejor postor.
Es bueno saber que en el actual conflicto que existe en Venezuela la crispación política es total. El país luce polarizado y pensar distinto marca la diferencia. En lo económico, el régimen no tiene capacidad para resolver los graves problemas de carestía que aquejan al ciudadano común y la cesta básica pasó de 10.000 Bs. a 17.000, casi cinco salarios básicos. En lo social, la inseguridad personal no es un decir, es una amenaza que se patentiza todos los días, basta transitar las calles o descubrir en la prensa los niveles de criminalidad que están acabando con la gente. La perspectiva moral, esa es quizá la más grave pues el sentimiento de impotencia y desencanto está haciendo estragos en los principios y valores sembrados durante los años de democracia vividos.
De esos valientes muchachos que día a día se arriesgan a tomar las calles para mostrar su descontento a pecho abierto, algunos regresarán muertos a su casa y no podrán ver la nueva Venezuela por la que tanto lucharon: cayeron en combate, fueron masacrados y ofrendaron su sangre y sus sueños en la más grande apuesta que han podido hacer: una patria mejor; otros deberán pagar largas y penosas condenas por su osadía de revelarse contra un régimen opresor, por sostener con decisión las banderas de la libertad de pensamiento y acción ciudadana, por no estar dispuestos a permitir la destrucción de la patria.
Cuando a un pueblo se le cercenan sus valores más preciados y se le divide moralmente es inevitablemente colocado al borde del precipicio, tal como está ocurriendo en esta tierra bendita cuyos hijos son hijos que ya han parido libertad varias veces.., ¡y cuidado! porque la sangre libertaria de nuestros próceres aún fluye en las venas de sus herederos: niños que cambiaron sus libros de escuela por banderas y se fueron a entonar el Himno Nacional: ¡Abajo cadenas…! Sí… pero esa sangre derramada y los sueños rotos serán cobrados en algún momento de la historia. Al menos, hoy en día los juicios por violación de derechos humanos fundamentales no prescriben, de eso debe tomar nota los jerarcas del régimen y recordar los casos de Videla, Pinochet y otros tiranos en las cortes internacionales.
Aunque a fin de cuentas, nada consolará a las madres que perdieron a sus hijos en la atroz arremetida que intenta someter la protesta popular. ¿Cómo pueden justificar ante esas madres que sus muchachos ya no volverán a casa? ¿Qué se les puede decir a quienes esperan en algún retén penitenciario que liberen a sus hijos, hermanos o padres que están presos por opinar o por activarse en una protesta que debe estar bendecida por Dios por ser justa e igualitaria? Podríamos, por ejemplo, intentar entender los argumentos de la Fiscalía General de la República al explicar que quienes protestan son delincuentes, sabiendo que los colectivos armados del gobierno saquean e incendian comercios para criminalizar la protesta.
Sin embargo, las decisiones electorales del pueblo son desestimadas por un Tribunal Supremo de Justicia en componenda con una Defensoría del Pueblo que no defiende más que al régimen tramposo que se perpetúa de manera fraudulenta, mientras desconoce a quienes han asumido de manera legítima cargos de elección popular regional o local, montándoles gobiernos paralelos y negándoles los recursos que les corresponden sólo para entorpecer su trabajo. Pero, además de eso, se criminaliza la protesta, se persigue a la disidencia y se encarcela a los líderes fundamentales de la alternativa democrática. Nadie está exento… ni quiere estarlo.
De ese modo, mientras se depone del cargo a alcaldes que obtuvieron altísimos porcentajes de votación y se les apresa e inhabilita, y se allana la inmunidad a diputados, destituyéndolos de manera inconstitucional, se llama a una mesa de diálogo por la paz donde cualquier demanda, en señal de buena fe, es rechazada; y se nombra una comisión de la verdad para dilucidar el fallecimiento de venezolanos en los recientes disturbios, la cual tiene mayoría sustancial del gobierno, como si no existiera suficiente documentación de la acción brutal de cuerpos militares, policiales y parapoliciales del régimen, con una participación considerable de los colectivos armados que han llegado hasta a quemar universidades.
Señores: Venezuela es hoy un país sin libertad… aún cuando su referencia histórica es ser tierra de héroes que lucharon contra la tiranía y la injusticia para lograr la paz y la libertad. No hay paz sin libertad ni libertad sin paz. Venezuela, la cuna de Bolívar y la de Bello: el primero, padre insigne de la independencia americana; el otro, un excelso maestro que con su pluma sin igual alumbró los saberes de todo un continente. Dos formas de lucha distintas que convergen en una misma dirección: libertad, justicia e igualdad. En Venezuela, hoy, igual que ayer, también mueren sus hijos luchando por esa ansiada condición inherente al ser humano como principio y valor esencial de vida: la libertad.
Venezuela es una tierra de gracia que siempre supo, sin distingos de clase, raza, credo o preferencia política, dar cobijo a quienes vio nacer y a quienes vio llegar, hermana solidaria en el sentimiento y fiel a su raíz latinoamericana. Quienes observen hoy de cerca la realidad venezolana, pero muy especialmente nuestros hermanos de Latinoamérica, deben estar viendo con asombro cómo se han perdido en poco tiempo los mayores espacios de paz, justicia y libertad que alguna vez existieron en América y que tanto costó conseguir, y se ha reducido la convivencia social y el pluralismo para dar paso a la pretendida imposición de un pensamiento único, la segregación, el soborno social y la censura.
Si bien es cierto, la democracia venezolana estaba siendo asaltada por la corrupción y el pillaje, aún quedaban vestigios de honorabilidad y de decencia en la clase política gobernante, más aún, en los Poderes Públicos actuantes, de hecho, un presidente fue enjuiciado y condenado en esa Venezuela de entonces, donde, en efecto, las barraganas tenían poder. Bueno, hoy en día, quien detenta el poder no puede habitar La Casona, el hogar presidencial, porque está habitada todavía por la familia del difunto Chávez, que se atornilló en esos espacios...
De cualquier manera, quince años después, el panorama no ofrece los cambios prometidos y esperados: ha aumentado la corruptela y el tráfico de influencias así como la pérdida de credibilidad en las instituciones y en los Poderes Públicos, que, arrodillados a una parcialidad política, no les tiembla el pulso para perseguir, condenar y ejecutar una sentencia firme contra el que disienta de la práctica autoritaria de quienes detentan el poder, autócratas consumados que con el más crudo nepotismo acomodan en cargos públicos importantes a hijos, hermanos, padres y sobrinos.
Venezuela es un país que se dice dividido en dos grandes mitades: oficialistas y opositores; pero donde, en realidad, la verdadera división se registra entre un pequeño grupo de nuevos oligarcas, enchufados en el poder, y una mayoría que sufre los embates del empobrecimiento, la escasez y la inseguridad. Venezuela es un país sumido en la violencia, el radicalismo y el odio entre hermanos. Es la era de la boliburguesía.
Durante los últimos tres lustros, en Venezuela se desaprovechó la oportunidad de concretar un crecimiento económico sostenido con el cual abandonar la economía rentista de la industria petrolera, pero también se han perdido inmensos recursos provenientes de la exportación de crudo que han ido a parar a los bolsillo de grandes jerarcas del poder, que en el pasado no tenían donde caerse muertos y en la actualidad habitan lujosas mansiones mientras hablan de igualdad… Qué paradoja, pareciera que en la Venezuela actual la democracia es una metáfora.
Siempre se ha dicho que los países no tienen amigos sino intereses, y ello cobra fuerza y vigencia en el caso venezolano, pues en el contexto latinoamericano, sólo algunas naciones han alzado su voz para reclamar el cese del atropello contra el pueblo venezolano: rindo honor a Panamá ¡VALIENTE! por anteponer sus principios y valores a la dádiva mezquina. Contrariamente, no ha habido acción alguna de los organismos ideados para defender los derechos de los pueblos, la resolución de conflictos y la búsqueda del entendimiento entre las naciones: ni los ya obsoletos y prácticamente desarticulados, como la OEA, ni otros más nuevos y marcados con el estigma de la vulgar conveniencia circunstancial y el negocio, como UNASUR, todos ellos sostenidos con la generosa cuota de unos pocos para el disfrute de muchos, pero que son, sin duda, simples clubes para la trampa engañosa, el acuerdo interesado y la celada política.
Pero hay que dejar claro que para la mayoría de los venezolanos lo que mostraría al mundo su realidad no es una sentencia favorable de esos organismos podridos y amarrados a la dádiva, lo cual no ocurrirá; sino el apoyo honesto y desinteresado en las voces de los pueblos que habitan el continente, a quienes, por cierto, les conviene no prospere en la región el autoritarismo y la dictadura, odiosos fantasmas que ya han sufrido hasta la saciedad esos pueblos, y que se niegan a morir en América Latina, como amenaza latente de la que tarde o temprano podrían ser fácil presa.
En las fauces podridas de la ignominia, el oprobio y la deshonra podemos caer si no alzamos nuestra voz, pues las acciones del gobierno están dirigidas sólo a satisfacer insaciables apetitos de quienes, con el único fin de eternizarse, desecharon principios y valores esenciales que marcaron el rumbo y el accionar del venezolano, amante de la libertad, la democracia, la igualdad. Por esos están los jóvenes en la calle, para mostrarnos cómo impedir que se nos imponga una ideología que intenta manejar todos los actos de su vida, muchachos que a veces ni siquiera logran expresar su punto de vista porque una bala lo impidió.
No obstante, ese ímpetu de la juventud que clama libertad no puede morir nunca, como no lo hizo en la Batalla de La Victoria, donde todos fueron héroes, aunque muchos murieron… y donde todos vencieron a la tiranía… En estos días mueren muchachos que salen a mostrar su descontento hasta que aparece un guardia nacional (así en minúsculas) y cercena la vida de quien pudo ser un médico, educador o simplemente alguien para dar aliento y fortalecer las bases sociales de su país.
Por eso no es extraño que la intolerancia se refugie en la impunidad violando la Carta Magna que exige en cada actuación de toda autoridad electa popularmente, la equidad, transparencia y probidad que propende en sus artículos, aunque algunos la interpreten según sus conveniencias, y por eso, los cuarteles militares pueden exhibir estandartes y consignas del partido político que está en el poder sin que intervengan los órganos jurisdiccionales, pues todos son ingredientes del mismo guiso.
Cobra fuerza ahí el realismo mágico genialmente expresado por Gabo en sus obras, y cualquier cosa contraria a lo esperado, según las leyes, puede estar ocurriendo: la criminalización de algún derecho consagrado en la Constitución, como la protesta, o la judicialización de la política o la politización de las instituciones que deberían velar por el cumplimiento de la ley, siendo destacable en ello el accionar del Tribunal Supremo de Justicia, que realiza juicios como un tribunal ordinario, destituyendo y apresando a quienes fueron electos por voluntad popular.
Por eso Venezuela ha lanzado un S.O.S al mundo a la espera de ser escuchada y lo que pase en Venezuela ya está avisado, no habrá sorpresas. Venezuela lucha por su libertad… no hay marcha atrás. Al momento de este escrito, van 85 días de protesta en las calles, más de 40 muertos, casi 800 heridos y como 2.600 detenidos y torturados. Y aunque se dice que todo está calmado, no es cierto. Sólo hay una tensa calma. Pero siguen vivos los reclamos, exigencias y demandas, que poco a poco se extenderán a la conciencia de todos los que vivimos en esta bella patria.
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